Bouts, Dlerick
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Biografía GER
Indistintamente, el nombre de este insigne pintor puede aparecer como Dierick, Dirk, Thierry e incluso Theodor, según donde actuase. Había nacido en Haarlem ca. 1415-20 y a ese origen corresponden las dos primeras variantes, pero hacia 1440 marcha a Bruselas, se cree que como discípulo de R. Van der Weyden, y entonces se le comenzaría a denominar Thierry. No permanece demasiado tiempo en dicha ciudad, sino que antes de 1449 ya lo encontramos, casado y con taller propio, en Lovaina, ciudad que será escenario de sus mejores éxitos. Realmente, éstos son de fechas más bien tardías, como el agudo retrato de desconocido de la National Gallery, de Londres, fechado en 1462. Se ha perdido un tríptico de la misma fecha que se conservaba en Lovaina. Pero de 1464 es una cruel versión del Martirio de S. Erasmo, en la iglesia de S. Pedro, de Lovaina. Precisamente para este templo iba a realizar su obra maestra. La cofradía del Santísimo Sacramento de S. Pedro de Lovaina contrató con B., el 15 mar. 1464, la confección de un tríptico, cuya escena central representaría la Institución de la Eucaristía, y las tablas laterales, cada una compartida en dos escenas, La recogida del maná por los israelitas y Elías alimentado por un ángel, a la izquierda; Abraham y Melquisedec y La pascua de los judíos, a la derecha. El tríptico estuvo diseminado algún tiempo, pero hoy está completo en su destino original. Siendo todo él de gran belleza, no hay duda de que la tabla central, con su cuidado sentido de la perspectiva y su diáfana atmósfera; resulta ser una de las obras maestras de la pintura flamenca cuatrocentista. Consta su terminación en 1468, y en este mismo año, el Ayuntamiento de Lovaina encargaba a B. el tríptico del Juicio Final, acabado en 1472. Se tiene por perdido, a lo menos el panel central, puesto que se piensa que las tablas laterales sean La caída de los réprobos, en el Louvre, y La ascensión de los elegidos hacia el Paraíso, en el Mus. de Lille. Seguramente, ésta es una de las pinturas más seductoras y más valientes de B.; el hecho de que el ángel que guía a los elegidos dé rotundamente la espalda al espectador se ha considerado siempre como una de esas licencias con que un artista de verdadero genio quiebra el peso de una larga tradición iconográfica.Otra obra de B. fue la que hizo por encargo de la magistratura de Lovaina para ilustrar el buen sentido en la administración de justicia. La idea no era nueva, puesto que ya Van der Weyden la había llevado a efecto para el Ayuntamiento de Bruselas. Pero los dos cuadros de B., hoy en el Mus. Real de Bruselas, son impresionantes, porque midiendo cada uno 3,24 por 1,82, sus figuras resultan de tamaño natural. Entre las dos tablas (El suplicio del inocente y La prueba de fuego) se narra la justicia ejercida por el emperador Otón III contra su esposa, calumniadora de un inocente, y la narración queda provista de abundante sentido dramático, acrecentado por el hieratismo y la un poco exagerada verticalidad de las figuras protagonistas.
Hasta aquí no se ha hecho mención sino de las obras más justamente famosas de B., pero la altísima calidad que resplandece en las mismas continúa presidiendo cualquier otra de sus pinturas menos conocidas, a las que no sin injusticia pudiéramos llamar menores, como el excepcional Entierro de Cristo, de emoción tan contenida y recogida, en la National Gallery de Londres; El martirio de s. Hipólito, en la iglesia del Salvador, de Brujas; el tríptico Anunciación-Visitación-Adoración de los ángeles Epifanía, del Mus. del Prado; la bellísima Virgen rodeada de ángeles, de la Capilla Real de Granada.
B. es el autor de un afortunado, dulce y amable prototipo de Virgen y Niño, que, con no pocas variantes iconográficas, ha llegado a muchos museos. El gran artista, que hizo testamento el 25 abr. 1475, m. el 6 de mayo de ese mismo año. Dejaba dos hijos, Dirk el Joven y Albert (ca. 1460-1549), éste imitador en Lovaina, con escasas cualidades, del padre. Y no podía ser de otro modo, ya que B., por encima de todas otras facultades en que quizá pueda ser aventajado por otros de sus colegas del mismo siglo, poseía una en grado eminente, y era la de la originalidad en el componer y en el narrar. Realmente, fue uno de los pintores de toda la historia del arte que mejor y más convincentemente supieron narrar un hecho.
J. A. GAYA NUÑO.
BIBL. : W. SCHONE, Dierick Bouts und seine Schule, Berlín 1938; A. GOFFIN, Thibrri Bouts, Bruselas 1967.Guarda este contenido en tu perfil
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