Bolívar, Simón
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Biografía GER
General venezolano, fundador de la república de Bolivia y libertador de cinco naciones hispanoamericanas. N. en Caracas, el 24 jul. 1783, y es bautizado en la catedral de la misma ciudad. Su padre se llamaba Juan Vicente Bolívar, y su madre, María de la Concepción Palacios.1. Primeros años. No han faltado biógrafos que han insistido en la orfandad de B. para explicar su excesivo apego a los asuntos amorosos en la edad madura, desvíos de carácter que influirán en los momentos decisivos de su carrera ejemplar, y, sobre todo, a fraguar las situaciones difíciles en las que se vio envuelto. Esta debilidad del carácter de B., aun siendo de índole privada, selló su fisonomía espiritual.
Su educación es encomendada a Simón Rodríguez, que figurará de nuevo en una etapa decisiva de su formación política; los estudios secundarios los realiza bajo la influencia de Andrés Bello, que si en la enseñanza de la Retórica y de la Gramática sólo pudo determinar la recta y lucida inteligencia de su discípulo, en el sentimiento de la naturaleza americana que respiran sus Silvas americanas (1823) bien pudo imbuirle los primeros barruntos de la idiosincrasia personalísima de lo americano. Y a buen seguro que lo hizo. Hay que señalar también la presencia de la tradición española en la formación juvenil de B. Así como O’Higgins fue formado por un misionero español, también B. lo fue por un capuchino, el P. Andújar. 1792 es un año triste para B.: muerte de su madre; nueva experiencia de orfandad y motivo directo de su viaje a España.
2. Estancia en Europa. Siete años más tarde, en 1799, completa su formación en España, ahonda en sus conocimientos de lengua, historia y ciencias. Recibido en la corte de Carlos IV, mala impresión debió de sacar de la madre patria. Muchos son los datos posteriores de la vida del Libertador, de sus escritos, que permiten afirmar que en esta estancia cortesana apreció la escasa consistencia de la monarquía española, tan desarbolada, experiencia a la que se añadió la de su viaje por Francia en 1800 y 1801, decidiendo sus convicciones republicanas posteriores. De regreso a España, casa con María Teresa Rodríguez de Toro. Aquí comienza un periodo decisivo para la formación de las ideas de B. que se inicia durante la corta duración de su matrimonio, ya que queda viudo, sin hijos, el 12 mayo 1803, y se dedica a la explotación de sus propiedades. Este periodo de meditación, según confiesa en su Diario de Bucaramanga, quedó truncado por la muerte de su mujer, causa directa de su segundo viaje a Europa, en 1804, recibiendo nuevas ideas en cuanto a la concepción centralizada y fuerte del poder, y teniendo ocasión de asistir a la coronación de Napoleón, por quien siempre sintió tina gran admiración, aunque no sea difícil encontrar en sus escritos críticas duras contra el Corso.
Durante 1805, viaja por Italia, con su maestro Simón Rodríguez, y, en Venecia, asiste a la coronación de Napoleón I como rey de Italia. En Nápoles conoció a José Bonaparte; siguiendo su ruta, y tras cruzar los Alpes, pasa a Francia, dirigiéndose a Alemania, donde embarca, en septiembre, hacia América del Norte, algunas de cuyas ciudades visita, con ello adquiere una nueva experiencia decisiva para su ideario político: el federalismo americano. Cuando regresa a su patria, acaba de fracasar la segunda expedición del general Miranda en pro de la independencia.
3. Comienzos de su carrera política. B. considera que ha llegado el instante de prepararse para utilizar el primer momento oportuno e intervenir en política, pero adopta una actitud cauta: aparenta estar alejado y desinteresado de toda cuestión pública. El momento llega, en julio de 1808, iniciada ya la guerra de la Independencia, con la formación de la Junta Gubernativa de Caracas, la cual prepara no sólo el primer Congreso de Caracas, sino que envía a B. y al joven Luis López Mindy a Inglaterra, con la misión de convencer al Gobierno inglés de que la Junta sólo trataba de conciliar los intereses particulares de los habitantes del Nuevo Mundo con aquellos del atacado Imperio español, por lo que Inglaterra no sólo tenía que interceder ante la Junta de Regencia española para que ésta reconociera la nueva autoridad de Venezuela, sino que debería apoyar marítimamente la acción venezolana y así oponerse a Napoleón. A juzgar por los resultados prácticos, esta misión no logró mucho éxito, si bien B. consiguió de Inglaterra la promesa de su intercesión entre los intereses de las colonias americanas y el Gobierno español. Mientras B. realizaba esta misión en Londres, la prensa inglesa no dejó de llamarle "embajador de América".
Retorna a su patria aureolado por la misión realizada. No pierde el tiempo; a petición suya, el 11 jul. 1811, el Congreso proclama la independencia de Venezuela. Aquí comienza la vida azarosa de B., pero también su siembra de realidades políticas. La primera Constitución aprobada por el Congreso venezolano lleva su sello; Venezuela nace como una república centralizada, pero federal, al estilo norteamericano. Toda la experiencia política de B., recogida durante sus viajes europeos y americanos, está aquí, al igual que esa nota de federalismo, la primera semilla de su gran sueño, que no llegará a realizarse nunca. Primera vicisitud: en 1812, España recobra el dominio de Venezuela, tras las capitulaciones del general Miranda ante el español Monteverde. El 11 de noviembre, B., ante la nueva situación, emigra a Cartagena de Indias, donde publica sus obras doctrinales: Las capitulaciones de Miranda y Monteverde, Alocución a los americanos y Manifiesto a los granadinos. En este último documento político B. invita a los habitantes de Nueva Granada a salvar a ésta y liberar a Venezuela del yugo español, es decir, constituye la primera declaración expresa del pensamiento bolivariano consistente en la solidaridad de destino entre todas las provincias españolas de ultramar. Estamos, pues, ante la manifestación de la gran talla de estadista de B., quien consiguió, en diciembre, ser nombrado coronel del ejército de Nueva Granada bajo las órdenes del general Labatur.
4. Actividad militar e ideales bolivarianos. Al frente de las tropas neogranadinas, consigue las victorias de Cúcuta y Pamplona, y es ascendido a comandante de brigada, el 7 mayo 1813. Utiliza su creciente prestigio militar para obtener permiso de ocupar las provincias de Mérida y Trujillo. Vive atento a cualquier acontecimiento que le empuje hacia la cumbre, hacia la consecución de sus ideales. La despótica actuación del gobernador español de Barinas, Antonio Tizcar, le impulsa a declarar la guerra sin cuartel, y pronuncia aquella célebre frase: "Españoles, contad con la muerte, aun siendo indiferentes. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables". Atraviesa los Andes, ocupa Barinas y Valencia, entra, por primera vez victorioso, en Caracas, el 6 de agosto, y es proclamado comandante general de los ejércitos de patriotas y liberador de Venezuela. Acaso pensó que estaba muy cerca de iniciar el edificio de la gran realidad americana, pero no había llegado el momento. En las provincias de Occidente se produce la primera reacción adversa contra B., fomentada por clérigos Y llaneros, al mando de José Tomás Boves. Esta reacción político-militar-económica incita a B. a seguir adelante en su empresa. Considera que ya es oportuno despertar en los territorios y en las sociedades hispanoamericanas la propia conciencia de su significación internacional, y redacta los célebres documentos en los que propugna un equilibrio internacional entre continentes - de nuevo el sentido de la solidaridad y de la unidad de las tierras y los pueblos colonizados por España-, oponiendo a Europa un continente americano unido, integrado por pocos y grandes Estados, identificados por una misma política. Mientras tanto, la actividad de Boves seguía haciendo estragos en los llanos del Orinoco. Paralelamente a este desorden interior al que hay que sumar las disensiones entre los mismos venezolanos, que no siempre aceptaban de buen grado las decisiones del Libertador, B. no cesa en su afán de ordenar, organizar y legislar.
Acosado por Boves, a B. le molestaba también la presencia resistente y perspicaz de Monteverde, que se había hecho fuerte en Puerto Cabello, al que pone sitio, mientras los llaneros de Boves se acercan peligrosamente a Valencia; al fin, Monteverde es obligado a salir de su plaza fuerte y es derrotado por el coronel Girardot, que muere en la acción. La desunión y la falta de sentido de la situación parece abundar tanto entre los venezolanos, como entre los mismos españoles de Monteverde, que se ve obligado a declinar el mando. La opinión pública considera que B. desea una dictadura, por lo que renuncia a sus títulos y prerrogativas ante la Asamblea Constituyente de Caracas, y abandona la capital, el 6 jul. 1814. Ese mismo año, el 2 de enero, había sido nombrado Dictador. Boves entra en Caracas. La situación, para los venezolanos, no podía ser más desesperada; a Puerto Cabello seguían llegando refuerzos españoles. B. reside en Nueva Granada, desde el 8 de septiembre. Se pone al servicio de la Unión de Granada, participando en la campaña de Bogotá, donde instala provisionalmente su residencia, y recibe el nombramiento de "ilustre y religioso pacificador". No obstante, en Venezuela, el nombre de B. es víctima del mayor de los desprestigios. Por el contrario, su prestigio personal se impone poco a poco en los ambientes políticos de Bogotá. Toda Nueva Granada era víctima de la anarquía. Las autoridades independizantes eran impotentes ante el desorden, pero el mismo B. fracasa en la tarea de poner orden; surge el desacuerdo entre autoridades indígenas y B., y éste tiene que huir a Jamaica, el 9 mayo 1815. B. no se desentendía de los asuntos peninsulares.
Desde su refugio poco duradero de la isla redacta la llamada Carta de Jamaica. La situación peninsular es favorable a la independencia total (política y económica) de las antiguas provincias de ultramar. B. propone a toda Europa que considere a la América española como un amplio y libre campo de comercio, un mercado virgen, que la metrópoli no puede abastecer. Un complot contra su vida, quizá urdido por el presidente Morillo, le obliga a huir de Jamaica, hacia Haití, en diciembre de 1815. En la isla traba amistad con su presidente, Alexandre Pétion, conoce al armador de Curaçao, Luis Brion; comparte las reuniones de los numerosos refugiados políticos de Venezuela; conoce de cerca sus múltiples opiniones y sus grandes ambiciones. B. consigue aunar tantas individualidades y, con la ayuda de Pétion y Brion, organiza una expedición, que se dirige hacia la isla de Margarita, en cuyo suelo es elegido, por aclamación popular, presidente de la república venezolana. La expedición fue un fracaso, no sólo porque no estaba suficientemente preparada, sino también por la falta de moral de los expedicionarios. B. es obligado a replegarse hacia el litoral, desde Carúpano, donde había sentado sus reales, ante el empuje de las fuerzas del general Mariño. B. embarca hacia Haití: una nueva derrota.
En medio de la derrota, del aislamiento, de las dudas que anidaban en su corazón, y que se traslucen en la correspondencia del Libertador, éste recibe una carta de Juan Martín de Puyrredón, desde el nuevo Estado independiente de las Provincias Unidas del Río de la Plata: carta llena de sentido de solidaridad entre los nuevos pueblos hispanoamericanos y un aliciente para el decaído ánimo de B. El 28 dic. 1816, al frente de la acción de los patriotas, B. desembarca, de nuevo, en las costas de la isla Margarita; el español Arizmendi huye con sus escasas tropas a la ciudad de Barcelona. El 31 de diciembre, las tropas de B. desembarcan en la costa firme, muy cerca de Barcelona, y se inicia la marcha sobre Caracas; aquí sufre una derrota ante el capitán español Jiménez, y huye hacia la Guayana, donde Piar tiene sitiada la ciudad de Angostura, desde enero de 1817, que, al fin, cae en manos de los republicanos venezolanos, y B. Decide sea la capital provisional de la República, en octubre de 1817. En una relativa tregua de campañas y contracampañas militares, B, organiza un pequeño Estado, y un diminuto gobierno, con tres ministerios: interior, exterior y finanzas; marina y guerra; justicia y policía. 1818 es decisivo para la liberación de las tierras venezolanas.
5. El Congreso de Angostura y la Gran Colombia. B. considera que ha llegado el instante de convocar un Congreso, el de Angostura, inaugurado, bajo su presidencia, el 15 feb. 1819. B. se asigna el mando civil y el militar, e inicia la genial "guerra de desgaste" contra las tropas españolas; atraviesa los llanos, en una gesta casi tan heroica como las de los conquistadores, cruza los Andes, y, tras la decisiva victoria de Boyacá, entra en Bogotá el 9 de agosto. El Congreso le confirma el nombramiento de Libertador. El general Francisco Santander es nombrado presidente, y B. se dedica a la labor, de la que tanto gustaba, de organizar la administración pública. Sin embargo, no son muy tranquilizadoras las noticias que le llegan de Angostura, en donde el vicepresidente Zea se ve impotente para acallar las disensiones. El 11 dic. 1819, B. vuelve a Venezuela, y propone al Congreso la unión de todos los territorios de Venezuela, Ecuador y Nueva Granada, que formarían la república de la Gran Colombia. El sueño de B. parecía que iba ser realidad; ese sueño se realiza en el papel el 17 de diciembre y B. es nombrado presidente. Su primer acto de gobierno es convocar el Congreso general de Colombia para el 1.en. 1821, en una proclama presidencial del 8 mar. 1820, en la que, al mismo tiempo, se anunciaba la iniciación de una nueva campaña para la liberación de las provincias meridionales de Nueva Granada, Ecuador y Perú.
El general Morillo, que además de ser un buen militar no carecía de sentido político, comprendía que las cosas públicas habían avanzado demasiado lejos por el camino de la democracia, y propuso negociaciones con el fin de llegar a un armisticio, sobre la base del reconocimiento, por parte de la metrópoli, de la independencia administrativa, pero manteniendo la soberanía española sobre todos los territorios. Zea y el duque de Frías, embajador de España en Londres, continúan las negociaciones, que B. rompe inesperadamente, seguro de haber asestado el golpe decisivo para la independencia. En septiembre, propone mantener conversaciones directamente con el comandante general Morillo, siempre que se parta de la base del reconocimiento de la república de Colombia. El 25 de noviembre se firma un armisticio por seis meses, en el que, al mismo tiempo, queda reglamentada la guerra con un espíritu verdaderamente filantrópico, poniendo fin al fusilamiento de prisioneros que llevaban a cabo, por igual, realistas y republicanos. El 27 de noviembre, Morillo y B. celebran una entrevista en la aldea de Santa Ana, en la que el Libertador consigue el reconocimiento de la Gran República de Colombia. B. se lleva de esta entrevista la convicción de que había conseguido la libertad para su patria y la posibilidad de realizar sus sueños federalistas; Morillo, la certeza de que había llegado el ocaso del Imperio español, y embarca para España el 14 dic. 1820. B., tras Santa Ana, tenía el firme propósito de respetar el compromiso al que había llegado con Morillo, pero he aquí que los patriotas de Maracaibo se alzan contra los realistas, deseando unirse a la república colombiana.
La Torre, sucesor de Morillo, acusa a B. de haber faltado a su palabra, y éste aprovecha la ocasión para proseguir adelante su campaña, para llegar al final, la definitiva liberación de Venezuela. Así se inicia de nuevo la campaña en 1821. B. provoca el encuentro de Carabobo, el 24 jun. 1821; las tropas españolas, diezmadas por la batalla y por las deserciones, se refugian en Puerto Cabello, que será el último foco de resistencia. B. se apodera de Valencia y se dirige hacia Caracas. Organiza Venezuela en tres distritos militares. El 3 oct. 1821 firma la Constitución en Cúcuta. Parece que ha llegado el momento de poner en práctica las ideas y los proyectos de la Carta de Jamaica; sin embargo, otros sucesos van a imponer a B. nuevas acciones militares: la campaña de San Martín, por liberar Perú. B. envía a Sucre en ayuda del argentino, mientras prepara una fuerte expedición, al tiempo que recibe la grata noticia de que Washington había reconocido su república de Colombia y que los panameños habían conseguido su independencia. Dentro de este marco de acontecimientos, parte hacia Quito, a principios de 1822, mientras Sucre había ya ocupado Guayaquil, poniéndola bajo la jurisdicción de la república colombiana. Conquista Quito, donde es acogido con entusiasmo, y conoce a Manuelita Sáez. El 11 jul. 1822 entra en Guayaquil y confirma la hegemonía colombiana sobre esta ciudad, adelantándose a los planes de San Martín; la entrevista entre ambos era inevitable; debían confrontar sus planes. San Martín renuncia a sus derechos sobre Perú, tras haber conversado con B., quien le impone sus convicciones republicanas contra las monarquizantes del argentino, que había llegado a un acuerdo de principio con el español La Serna para crear una monarquía peruana (acuerdo de Punchauca).
6. Dictador del Perú y creación de Bolivia. Al ausentarse del Perú San Martín y B., resulta fácil a los realistas españoles recuperar su influencia e imponer el dominio nuevamente. Es entonces cuando, tras la negativa de San Martín a reconquistar Perú, el congreso acude a B., y éste envía a Sucre, quien tiene que luchar contra una anarquía creciente. B. se presenta en el congreso, que le confiere plenos poderes (10 de octubre) y en febrero de 1824 le otorga el título de Dictador. Cae enfermo de tuberculosis, que le retiene inactivo casi todo el año; mientras, se produce la rebelión de El Callao, puesto clave en la independencia peruana, en poder nuevamente de los españoles. Se avecinaba otra batalla decisiva, la de Pasco, en los llanos de Junín, el 6 ag. 1824, a la que siguió la victoria de Ayacucho, conseguida por Sucre, frente a un poderoso ejército realista, a las órdenes de La Serna, el 9 de diciembre. La guerra parecía haber terminado, pero comenzaba la de la envidia contra los laureles de B., quien recibe confidencias y amenazas de muerte para que deje de ser el dictador del Perú, cuyo gobierno, al fin, en 1825, le nombra "padre y salvador de la Patria"; es el año en que Inglaterra reconoce la independencia de los nuevos Estados hispanoamericanos, invitando a seguir su ejemplo a todas las otras naciones europeas.
El 16 de mayo, B. funda, en Arequipa, la república del Alto Perú, cuyo nombre es sustituido, por votación del congreso, por el de república Bolívar, siendo B. nombrado su primer presidente con todos los poderes ejecutivos máximos mientras residiera en el territorio. Había llegado el momento de convocar un magno congreso de todos los países hispanoamericanos independientes; no sin dificultades, logra reunir en Panamá, verano de 1826, a una parte de los representantes de esos países. Los Estados Unidos no fueron invitados porque las intenciones de B. eran facilitar una plena comprensión entre las naciones que habían formado parte del Imperio español. Rivadavia, presidente argentino, tampoco envía emisario alguno, porque temía que el Congreso convocado sólo tuviera como objeto poner todas las riendas del poder hispanoamericano en manos de B., cuyos verdaderos propósitos podemos resumir así: neutralidad de los países e ilegalidad de la guerra entre ellos; oposición a las intromisiones europeas; unificación del cuerpo legislativo de los distintos Estados; abolición de la esclavitud; los derechos del hombre deberían ser la base de la organización de todos los Estados; el país que violare los acuerdos, sería sancionado; ejército y marina de guerra comunes. Quizá eran ideas demasiado generosas para su época, por eso el Congreso puede considerarse como un fracaso casi absoluto.
Mientras tanto, la acción organizadora y legislativa de B. no cesaba desde su residencia en Perú, en donde su presencia servía para mantener el orden, pero el descontento, inspirado en el nacionalismo, era creciente. En Venezuela, la situación no era más alentadora: el gobierno del general Páez se hacía caprichoso y arbitrario; el pueblo sentía la ausencia y la falta de un poder legítimo y justo; se deseaba la vuelta de B., lo que hace en noviembre de 1926, siendo aclamado espontánea, entusiásticamente; se le suplica que tome en sus manos el mando supremo; el gobierno, cansado de las arbitrariedades de Páez, le ha destituido, y éste, refugiado en Valencia, promueve un movimiento sedicioso, apoyado por el ayuntamiento de la ciudad, en busca de los poderes dictatoriales y con la intención de separar Venezuela de la vecina Colombia, destruir la obra, los sueños casi realizados, consolidados de B. La guerra civil estalla en Venezuela. B. inicia una campaña de pacificación. Páez es abandonado por los mismos que le alentaron a la rebeldía. La paz reinaba en Venezuela, pero no había acabado el sosiego para B.
7. Ruptura de la federación bolivariana. Las tropas colombianas, residentes en Perú, se levantan contra B. y se adhieren a la Constitución de 1821, que personifica el vicepresidente Santander. El gobierno peruano remite las tropas a Colombia, y el general Santa Cruz, presidente del consejo peruano, convoca inmediatamente un congreso general en la capital, en el que se decide abolir la constitución bolivariana y restablecer la de 1823. Perú se separa de la gran confederación americana soñada por B. Eterno afán separatista, pero también vientos románticos, nacionalistas, individualistas. La República de Bolívar, Bolivia, sigue el ejemplo peruano. B. decide pasar a Bogotá. El vicepresidente Santander tiembla ante la idea de enfrentarse al Libertador, quien consigue, con su presencia y su prestigio, que el congreso colombiano le otorgue de nuevo facultades extraordinarias para decidir el futuro del país. Pero la fiebre separatista, o, mejor dicho, nacionalista, cunde y enciende el fuego por todas partes. B. comprende que lo ha hecho todo o casi todo, que apenas le quedan ya recursos, ni fuerzas físicas, para continuar la lucha.
El complot contra su vida, en la noche del 28 sept. 1828, le da la clave de la situación. Logra salir ileso, pero no consigue que el Congreso de Bogotá (20 en. 1830), ratifique de nuevo sus poderes, y es aceptada su dimisión. Antes asiste a la guerra entre Colombia y el Perú, a causa de Guayaquil. Consigue imponer la paz, su paz, una vez más, ayudado por el fiel Sucre, pero las fuerzas de la historia comienzan a oponerle una fuerte resistencia, y B., al conocer el asesinato de Sucre, después de haber sido nombrado presidente de Colombia, en el mencionado congreso de 1830, comprende que es inútil luchar más contra la historia, y cede. Renuncia. El 4 de mayo, tras la renuncia de B., es elegido Joaquín Mosquera. El 8 del mismo mes, B. sale hacia Cartagena. Su enfermedad avanza incansable y consigue acabar con su vida el 17 dic. de 1830, en Santa Marta, donde también residiera el descubridor de Colombia, Gonzalo Ximénez de Quesada.
8. La obra y el pensamiento de Bolívar. La obra y la figura histórica de B. deben quedar, inevitablemente, ligadas a su época. Su viejo maestro, Simón Rodríguez, le enseñó el pensamiento francés del XVIII, representado por Montesquieu y Rousseau. Cuando se reflexiona sobre la obra y las ideas de B., se vislumbra una contradicción; por una parte, parece haber estado atento siempre a conseguir un poder personal, de dictador; por otro lado, sus grandes sueños políticos nos le presentan como un federalista.
Es posible que la exacta valoración de B. esté en un término medio: partidario de un poder central fuerte y, al mismo tiempo, de la individualización de los Estados en federación. Algunos le acusaron en vida de querer elevarse al rango de monarca, quizá pensando en el ejemplo de Napoleón, al que B. nunca dejó de admirar, pero lo cierto es que en sus relaciones con San Martín y en todo lo referente a la liberación del Perú se mostró convencido partidario del sistema republicano y democrático.
J. VILA SELMA.
BIBL. : Fuentes: Col. de documentos inéditos relativos a la vida pública del libertador, 21 vol. Caracas 1826-33; V. LECUNA (ed.), Cartas del Libertador, 12 voI. Caracas 1929-59; H. A. BIERCH (ed.), Selected Writings, 2 vol. Nueva York 1951. Estudios. R. BLANCO FOMBONA, El pensamiento vivo de Bolívar, Buenos Aires 1942; G. MASUR, Bolívar, México 1948; V. LECUNA, Crónica razonada de las guerras de Bolívar, Nueva York 1950; ÍD, Catálogo de errores y calumnias en la historia de Bolívar, Nueva York 1956-58; F. CUEVAS CANSINO, El ideal panamericana del Libertador, México 1951; S. DE MADARIAGA, Bolívar, 3 ed. Buenos Aires 1952; R. A. AUBERT, Crítica razonada a la biografía de Bolívar de Salvador de Madariaga, Buenos Aires 1964; G. PORRAS TROCONIS, Campañas bolivarianas de la libertad, Caracas 1953; A. RUMAZO, Bolívar, Caracas 1956; E. LUDWIG, Bolívar; caballero de la gloria y de la libertad, 3 ed. Buenos Aires 1958; Y. A, BELAMIDE, Bolívar y el pensamiento político de la revolución hispanoamericana, Madrid 1959; F. ENCINA, Bolívar.. Duelo con el sino, Santiago de Chile 1964; I. BOSCH, Bolívar y la guerra social, Buenos Aires 1966.
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