Blasco Ibáñez, Vicente
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Biografía GER
Novelista español; n. en Valencia el 29 en. 1867 y m. en Menton (Francia) el 28 en. 1928. Por circunstancias de la época fue el escritor más leído y de más éxito en Europa. Si sus novelas de ambiente cosmopolita carecen hoy de interés, no podemos negarle fuerza y acierto en la evocación del mundo levantino. Es el mejor novelista regional de finales de siglo.Vida y obra. Estudió en su ciudad natal hasta segundo de la carrera de Leyes, pero no encontrándose con fuerzas suficientes la abandonó sin pena ni gloria. Llevaba dentro de sí un espíritu aventurero e inconformista que le condujo a Madrid donde creía poder realizar sus ilusiones. Sus primeros tiempos fueron difíciles y hubo de colocarse como amanuense del fértil escritor posromántico M. Fernández y González. Con él aprendió a novelar y se dice que en alguna ocasión continuó por su cuenta y riesgo redactando páginas de la novela que su maestro le dictaba. Había en él una indudable capacidad creadora. Revolucionario por naturaleza, se vio envuelto en una intriga republicana y forzado al exilio de París. Vuelto a Barcelona, escribió una obra histórica inconclusa, la Historia de la Revolución española. Se inició luego en el periodismo. Fundó, en Valencia, el periódico republicano Pueblo, desde el que lanzó continuos y virulentos ataques demagógicos contra la política exterior española. Sus artículos eran admirados por la masa y atacados por los políticos sensatos que adivinaban sus malévolas intenciones. Su poco patriótica actitud ante la guerra de Cuba le valió un año de prisión, pero salió de la cárcel convertido en héroe. Una fulgurante campaña política le hizo diputado por Valencia. Mantuvo su mandato durante seis legislaturas seguidas. En esta etapa se dio a conocer con las novelas levantinas. Su inconstancia le llevó a abandonar la vida pública para dedicarse a grandiosos planes de colonización. Marchó a la Argentina y en la Patagonia fundó dos colonias agrícolas inspiradas según un teórico patrón económico, con lo que muy pronto fracasó. Totalmente arruinado, hubo de regresar a Europa.
Fijó su residencia en París, donde le sorprendió la guerra europea. Allí se dedicó a redactar una monumental Historia de la guerra europea y emprendió apasionadas campañas de prensa para interesar a España en la suerte de los aliados. Terminada la guerra volvió a su país, pero la implantación de la Dictadura, con cuyas ideas no estaba de acuerdo, le obligó al exilio final en su amada Francia, donde vivió como un auténtico príncipe y exclusivamente de su pluma. Los ataques virulentos y malintencionados contra la Monarquía y la persona del rey provocaron algún roce diplomático. A lo largo de su apasionada existencia participó en decenas de duelos, lo que nos revela la inquietud y el desequilibrio de su alma.
B. I. se dio a conocer como escritor en el periódico Pueblo, donde aparecieron una serie de relatos centrados en su tierra natal, llenos de colorido y fantasía, y que más tarde recogió en su colección de Cuentos valencianos.
Dividió su producción novelesca en cinco series; la clasificación es incompleta y heterogénea. El grupo primero lo constituyen las novelas de ambiente levantino. Aparte su sensualismo, el acierto en evocar el mundo valenciano tradicional hacen de este grupo el conjunto más acertado del autor. La Albufera, el mar, la huerta, la ciudad y el pasado remoto viven y bullen en páginas chispeantes de espléndidas descripciones. Diez años intensos de creación literaria se plasman en Cañas y barro, Flor de mayo, La barraca, Entre naranjos, Arroz y tartana y Sónnica la cortesana. El segundo grupo está formado por una serie de novelones ideológicos. Aparece un B. I. luchador, socializante y redentor del proletariado. Constituyen el núcleo más flojo de su obra, al subordinar el arte a la política. Son La catedral, La horda, La bodega y El intruso. El grupo tercero está definido como psicológico y comprende la mundialmente famosa Sangre y arena, La maja desnuda y el conjunto de novelas en las que reflejó sus fracasadas experiencias americanas, Los Argonautas y La tierra de todos. Por los años de la I Guerra mundial aparecieron Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Mare Nostrum y Los enemigos de la mujer, que constituyen el cuarto grupo. Fue la etapa más gloriosa del escritor y las obras que más beneficio económico le reportaron. El quinto y último grupo está formado por una serie de obras reivindicadoras de la historia española. Es el menos tendencioso y significan un visible descenso de sus facultades creadoras. Lo integran En busca del gran Khan, El paje del mar y A los pies de Venus. Escribió también libros de viajes muy amenos y coloristas como En el país del arte y La vuelta al mundo de un novelista, producto de un periplo realizado por tierras exóticas. Una producción variadísima en la que hay de todo.
El naturalismo y las novelas levantinas. Suprema encarnación en España del naturalismo francés, B. I., el Zola español, como alguna vez se le ha llamado, cultivó una tendencia ya superada en el resto de Europa incluso en Francia, su cuna. Observemos que B. I. comenzó a escribir muy a finales del s. XIX y gran parte de su producción novelesca nace en los primeros 20 años del presente siglo, cuando nuevas formas y técnicas se imponían en la novela. Pese a ello, él permanece impermeable a toda novedad, inmerso en un naturalismo decadente, superficial, sin apenas calar en la entraña del submundo de Zola. Ni sus tesis, ni sus visos científicos, ni la hondura dramática de la bestia humana le dicen nada. A B. I. le interesan la miseria, la podredumbre y la falta de moral como elementos decorativos y atrayentes, sin un convencimiento pleno de su verismo y realidad. Escribe para la masa, para un público poco exigente y ésa puede ser la razón de su superficialidad y quizá radique ahí el secreto de sus éxitos. Fue el escritor español más leído y traducido en Europa y Estados Unidos; gozó de una inmensa popularidad, sobre todo en Francia; contribuyó con sus novelas a la causa aliada, novelas pannetarias y propagandísticas del mismo estilo que los títulos editados por la Editorial Prometeo, cuya dirección regentó muchos años. B. I. fue un maestro de la novela naturalista a lo Pierre Loti y Anatole France y si no hizo una obra definitiva fue porque le faltó cultura y, lo que es más grave, no se molestó en adquirirla. Dotado de una gran fantasía y pródigo en palabras, suplió con malabarismos retóricos su falta de escuela y contención.
De entre la extensa producción de B. I. salvaríamos los libros de viajes y las novelas de ambiente valenciano. Los escritores levantinos, pensemos en Miró, Azorín y Salinas, aunque este último no lo sea de nacimiento, imprimen a su obra un sello muy personal: plenitud de luz y color, y en muchas ocasiones tales rasgos sensitivos se deben a su región de origen. B. I. no iba a ser una excepción; las notas mediterráneas abundan en casi todas sus obras. El perfume de los naranjos, el azul del mar, los contrastes de color en el paisaje dan un cierto halo poético a las novelas de su primera época. Refinamiento sensual, paisaje brillante y ambiente dan la mano a un potente visualismo pictórico en el que fue un verdadero maestro. Pero no todo es oro de ley; B. I. nunca conoció la mesura; no hay proporción entre narración y descripción. No fue su fuerte el diálogo ni acertó en la elección temática. Unas veces lo argumental queda ahogado por un falso retoricismo natural y otras por un carácter populachero de proclama propagandística. Fe ciega en la naturaleza, creencia en algo inasequible, dolor por la muerte, se mezclan con ritos y supersticiones, con gritos de ansiedad, para tratar de llenar ese vacío que siempre le atormentó. En lo más hondo de su alma había, sin embargo, una llama de esperanza. Dice el novelista del pintor Renovales, una de sus criaturas, "aunque vivía como un incrédulo, conservaba un alma religiosa, que en los momentos difíciles de su existencia lo impulsaba a aclamar a todos los poderes sobrehumanos y maravillosos, como si éstos tuviesen el deber ineludible de acudir en su auxilio. Señor, quítame este horrible pensamiento. Aleja la mala tentación. Que no muera; que viva, aunque yo perezca".
P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL. : V. BLASCO IBÁÑEZ, Obras completas, 40 vol. Valencia 1923-34; ÍD, Obras completas, 3 vol. Madrid 1946; E. ZAMACOIS, Mis contemporáneos. I: Vicente Blasco lbáñez, Madrid 1910; E. GASCÓ, Blasco lbáñez y su obra, 2 ed. Madrid 1926; C. PITOLLET, Vicente Blasco lbáñez. Sus novelas y la novela de su vida, Valencia 1921; P. GÓMEZ, Psicología del pueblo valenciano según las novelas de Blasco lbáñez, Valencia 1931; I. A. BALSEIRO, Vicente Blasco lbáñez, en Blasco lbáñez, Unamuno, Valle-Inclán, Baroja. Cuatro individualistas de España, Chapel Hill 1949, 3-76; E. GASCÓ, Genio y figura de Blasco lbáñez. Agitador, aventurero y novelista, Madrid 1957; E. BETORET-PARÍS, El costumbrismo regional en la obra de Blasco lbáñez, Valencia 1958; R. ROSAS, Las imposturas de Vicente Blasco lbáñez. Verdades sobre México. Refutación política de la obra intitulada "El militarismo mexicano", Barcelona 1923; I. DE ENTRAMBASAGUAS, Vicente Blasco lbáñez, en Mejores novelistas contemporáneos, Barcelona 1958, 1-80.Guarda este contenido en tu perfil
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