Bizancio ARTE
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Arte
ARTE. Se llama arte bizantino al desarrollado en el Imperio romano de Oriente, de cuya capital, Bizancio, toma el nombre, y en las regiones próximas sometidas a su influencia. Cabe distinguir en él los siguientes periodos: 1) desde Justiniano (527565) hasta el final de la crisis iconoclasta (843); 2) de la dinastía macedónica al final del Imperio latino (1261); 3) desde el comienzo de la dinastía de los Paleólogos a la caída de Constantinopla en poder de los turcos (1453).1. Desde Justiniano hasta el final de la crisis iconoclasta. Mientras tiene lugar una desintegración progresiva del Imperio romano de Occidente, el de Oriente conserva su cultura intacta, e incluso con Justiniano (v.) se observa un verdadero progreso como evolución del arte imperial romano civil. La escasa conservación de manifestaciones artísticas, a excepción de los restos arquitectónicos, hace difícil dar una visión de conjunto de este periodo, pero podemos resaltar la perduración de sus tipos arquitectónicos y fórmulas iconográficas en el arte de la Edad Media occidental. Conviene distinguir en esta época tres periodos: a) justinianeo (527565), etapa de máximo esplendor y de gran desarrollo arquitectónico y del mosaico; b) posjustinianeo (565726), de decadencia, con repetición de formas consagradas; c) iconoclasta (726843), afanoso de verdad y observación, que prepara el renacimiento posterior.a) Arquitectura. En la época de Justiniano se impone definitivamente la iglesia con cúpula, que será una constante en el arte bizantino. El origen de este tipo de iglesia está quizá en los martyria de planta central de Tierra Santa, pero también en una razón simbólica, que considera la cúpula como el lugar celestial y el resto como el mundo terreno. El contrarresto de las cúpulas se consigue por medio de otras medias cúpulas o bóvedas de medio cañón, utilizando, para aligerar más los empujes, materiales leves como el ladrillo y la piedra porosa. La columna, que cumple función de pulo de apoyo, se realiza en materiales ricos y termina en n capitel de tipo corintio en el que las hojas de acantolcada vez se destacan menos. Entre el arco y el capitel se coloca el cimacio, cuerpo en forma de tronco de pirámide invertido, más tarde capitel y cimacio se funden o desaparece el capitel. Toda la importancia de los edificios radica en su interior, en el que el predominio de un muro liso con decoración ininterrumpida origina un espacio continuo opuesto al espacio estático romano, basado en el orden y la división. En el exterior suele emplearse solamente ladrillo desnudo.Los tipos de planta más importantes en esta época son los siguientes: ’basilical, como S. Apolinar il Nuovo (493526) y S. Apolinar in Classe (535549), de Rávena (v.), la primera iniciada bajo Teodorico y la segunda por Justiniano, ambas de tres naves; y S. Demetrio de Salónica, con cinco naves; central, generalmente de forma octogonal, como la de S. Sergio y Baco de Constantinopla (526), imitada en S. Vital de Rávena (526547); basilical con cúpula, combinando los dos tipos anteriores, cuyos ejemplos principales son S. Irene y sobre todo S. Sofía de Constantinopla (v.), construida entre 532 y 537 por Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, obra maestra del arte bizantino; cruz griega, que será el tipo propiamente bizantino, destacando en esta época la de los S. Apóstoles de Constantinopla (536546), destruida en parte para edificar la mezquita de Mubammad 11, con cinco cúpulas sobre el crucero y sobre cada brazo de la cruz; y S. Juan de 1feso, con seis cúpulas.Los monumentos de tipo civil fueron destruidos y sólo se conservan las ruinas del Palacio Sagrado de Constantinopla, cuyo gigantesco plan ha podido reconstruirse gracias a los cimientos.En el periodo posjustinianeo se siguen repitiendo en Constantinopla los tipos anteriores. Chrysotriclinium reproduce S. Sergio y S. Baco, y S. Andrés se inspira en S. Sofía. Desde mediados del s. vii comienza a manifestarse la influencia bizantina en Roma como puede observarse en S. Inés, S. Teodoro y S. Anastasia. Pero los focos más importantes de esta época se localizan en Armenia y Georgia. Las iglesias armenias, construidas en piedra, destacan por el uso de plantas centrales de tipo cuadrado a veces con ábside en los centros de cada lado del cuadrado; y por el empleo de columnillas pareadas, pilastras y arquerías ciegas como decoración exterior. Como ejemplos cabe señalar la catedral de Etchmiadzin, restaurada en el 611628, y la iglesia de la ciudadela de Ani (622), con excepcional planta basilical. Georgia presenta tipos de iglesias semejantes a los armenios y algunos inéditos, como el de basílica alveolada de BolnisKapanaktehi (s. vi) y UplisTzike (s. vzz). Su mayor importancia radica en los tímpanos esculpidos, que tanta influencia tendrán en el arte románico (v.), como son los de Aten¡ y Djvari de comienzos del s. VII.Menos importancia tiene la época iconoclasta, en la que se manifiestan influencias musulmanas y armenias sobre todo en las plantas. En este periodo se realizaron diversas construcciones en el Palacio Sagrado de Constantinopla.b) Escultura. Durante la época de Justiniano es patente la decadencia de la estatuaria, alcanzando únicamente cierto desarrollo la escultura de tipo decorativo con relieves en capiteles, parapetos y canceles, siguiendo el modelo de S. Sofía. Lo más importante en el periodo anterior a los iconoclastas son las obras en marfil, tales como arquetas, píxides, tapas de evangeliarios, dípticos, etc. Las piezas más notables son el políptico Barberini (Louvre), formado por cinco placas y representando en la central a un Emperador a caballo, y la cátedra del obispo Maximiano, en Rávena (546556) que representa al Bautista y los cuatro evangelistas, el anagrama del prelado y motivos naturalistas de estilo alejandrino. Son de destacar también numerosos dípticos conmemorativos, sobre todo consulares, que ya aparecían en época tardorromana. Con la crisis iconoclasta desaparece la escultura exenta, mientras en la escultura decorativa se nota una evolución hacia la abstracción. Algunas piezas en marfil se atribuyen con dudas a este periodo.c) Pintura y mosaico. La formación y antecedentes del estilo bizantino en pintura y mosaicos, que se han hecho famosos, son muy discutidos. Aunque parece que el origen está en Constantinopla, es en Rávena donde se manifiesta con mejores muestras. Sin embargo, más que producto de una región determinada, parece tratarse de una evolución grecorromana tendente al abandono del canon clásico, que aseguró su difusión gracias al fervor religioso y a la importancia política de la capital del Imperio de Oriente. Se,trata de un estilo que corresponde esencialmente a su contenido. Las figuras aparecen generalmente de frente, rígidas e inmóviles, con pocos y lentos gestos, mostrando sólo realismo en las cabezas con ojos grandes y mirada fija llena de vida interior. La composición es simétrica y repetida, reduciendo al mínimo el paisaje y otros elementos secundarios, a la vez que se descarta la perspectiva y las escenas se desarrollan en un solo plano. El color muestra gran variedad de tonos yuxtapuestos con carácter ideal y se utilizan materiales preciosos como oro y plata para resaltar la brillantez del conjunto.En lo que respecta a la iconografía, aparecen como temas religiosos más frecuentes Cristo en Majestad, principalmente en la Ascensión y la Transfiguración, y Cristo Crucificado de tipo siriaco, vestido con larga túnica; la Virgen entronizada o de pie con el Niño, como consecuencia de la proclamación de su Maternidad divina en el conc. de Éfeso (v.) (431), y escenas evangélicas organizadas según reglas rigurosas e inspiradas en la liturgia y en los ciclos narrativos de los manuscritos. También existen otros temas de carácter imperial, especialmente en Rávena, por influencia quizá del ceremonial de la corte teocrática oriental.Las manifestaciones de la época justinianea se refieren al mosaico, porque la pintura se usó escasamente. Las obras realizadas en Constantinopla fueron destruidas por los iconoclastas, primero, y por los musulmanes, después, y sólo se conocen por referencias literarias, a excepción de algunos restos conservados del Palacio Sagrado. En Oriente destacan los mosaicos de S. Demetrio de Salón¡ca y en Occidente los de las iglesias de Rávena. En la nave central de S. Apolinar il Nuovo aparece una composición cristológica dividida en bandas; las dos superiores que representan profetas y otros personajes del A. T., y ciclos de milagros y de la Pasión son anteriores al 526; la inferior, que representaba cortejos imperiales, fue sustituida por procesiones oferentes de santos y vírgenes, que parten del palacio imperial y del puerto respectivamente, en época de Justiniano; los mosaicos absidales se han perdido. En S. Apolinar in Classe son en cambio los únicos conservados, representando a S. Apolinar conduciendo a sus fieles figurados por un rebaño de ovejas, bajo el signo de la cruz. Los de S. Vital (547)MarianiSalmer.
La Virgen María, mosaico del s. XI. Iglesia de S. Sofía, Salónica, Grecia, muestran un ciclo eucarístico con prefiguraciones bíblicas del sacramento en las paredes que preceden al ábside, y el cordero místico en la bóveda; lo más notable son los cortejos de Justiniano y Teodora que aportan sus ofrendas, retrato colectivo con raros efectos de modelado y diferenciación individual y especial preocupación por el efecto decorativo y de suntuosidad; en el ábside se representa a Cristo imberbe entregando a S. Vital la corona del martirio y recibiendo del obispo Eclesio la maqueta de la propia iglesia.Las pinturas y mosaicos del periodo posfustinianeo aparecen principalmente en Roma, en gran parte por influencia del papa griego Juan VII. Entre los mosaicos destacan los de S. Inés (625640) y los del oratorio de Juan VII en S. Pedro (s. VIII). De las pinturas cabe citar los frescos de S. María la Antigua, la mayoría del s. VIII, realizados quizá por monjes sirios huidos de lós árabes y entre los que destaca una Crucifixión. Los restos conservados de la época iconoclasta no son numerosos. La temática se inspira en la naturaleza con un retorno al pintoresquismo antiguo, apareciendo también motivos ornamentales orientales. Los mosaicos más importantes de esta época son los de la mezquita mayor de Damasco, ejecutados por artistas bizantinos llamados por los árabes, con motivos de arboledas y castillos imaginarios, y ausencia total de la figura humana. En las iglesias rupestres de Capadocia, por lo apartado del lugar, ;se vieron preservados diversos frescos de la furia iconoclasta que, aunque deteriorados y de cierta rusticidad, tienen gran interés.d) Miniatura. Aunque muchos originales desaparecieron, se han conservado copias que nos permiten apreciar la importancia de este arte en B. El predominio del color sobre la forma es evidente. Destacan en la época anterior a los iconoclastas dos estilos: el pintoresco, de ejecución ligera y graciosa, tiene sus raíces en el arte alejandrino; a él pertenece el Génesis de Viena, la obra más antigua de iluminadores cristianos conservada (s. v ?vi) y el Rollo de Josué (s. vri), una de las pocas obras escritas en rollo. El otro estilo de tradición oriental es de tipo monumental y gusta de la ornamentación rica y elegante a imitación del mosaico; deben citarse el Evangeliario de Rábula, monje siriaco (586), el de Rossano (fines s. vi) y la Topografía de Cosme Indicopleustes (s. VII). Durante la época iconoclasta la miniatura es el arte refugio de la ortodoxia perseguida, que se sirvió de ella como medio de enseñanza. Las obras que más frecuentemente se minian son salterios y octateucos. El estilo monástico acostumbra a pintar viñetas al margen del texto y sus libros son los de mayor difusión, influyendo en el románico occidental; en el estilo cortesano, por el contrario, se realizan miniaturas de folio completo.e) Tejidos. Justiniano introdujo en B. el cultivo del gusano de seda, creando una industria oficial de telas con talleres propios en el 552. Los motivos decorativos de elefantes, leones afrontados, cacerías de leones y aurigas siguen modelos persas, apareciendo dentro de redes de ruedas tangentes. Destacan el tejido de Mozac del s. vxz y el de la catedral de Sens del s. VIII.2. De la dinastía Macedónica a la caída de Bizancio. El conc. de Nicea (v.) (786) estableció la veneración, aunque no adoración, de las imágenes. En el 843 Teodora repone su culto, quedando superada la crisis iconoclasta. A partir de Basilio I la dinastía Macedónica (8671081) abre un nuevo periodo de poderío y expansión al Imperio bizantino, que origina también un florecimiento artístico, continuado durante la dinastía de los Comnenos (v.) (10811185). El arte bizantino alcanza, a partir de entonces, una gran difusión exterior, principalmente en Italia (Venecia, Sicilia), los Balcanes y Rusia. Tras esa llamada segunda edad de oro, el Imperio oriental pasa por un momento de crisis anunciada bajo la dinastía de los Angelos (v.) (11851204) y que se consuma con la fundación del Imperio latino (v.) (120461). Tras esta época de decadencia, nuevamente surge la potencia artística bizantina en el renacimiento paleólogo con la dinastía de ese nombre (v. PALEÓLOGOS, DINASTíA) (12611453), que termina con la caída de B. en poder de los turcos otomanos, en 1453. Aunque los dos periodos de esplendor artístico estén separados por un siglo de crisis, existe uña relación íntima entre ellos que hace conveniente estudiarlos sin una total separación.a) Arquitectura. Se impone con carácter definitivo la planta de cruz griega inscrita en un cuadrado, a veces en un rectángulo, que resultará ser la planta típica de las iglesias bizantinas. Al mismo tiempo se tiende a aligerar el sistema de equilibrio sustituyendo a veces el pilar por la columna. En el crucero se levanta una cúpula sobre tambor poligonal perforado por pequeñas ventanas; cuatro cúpulas más pequeñas cubren los ángulos del cuadrado, mientras los brazos de la cruz tienen bóvedas de medio cañón. Las cúpulas exteriormente suelen presentar radios muy marcados o gallones. La constancia de este tipo de iglesias se. debe en gran parte al simbolismo de la cúpula como bóveda celeste. En el interior de los templos domina el empleo de mármoles y materiales ricos con una gran policromía; en el exterior, a diferencia de la época justinianea, se concede importancia al efecto del aparejo y a la ordenación de volúmenes por medio de la disposición de las piedras y de la dirección de las hiladas, por el empleo de arquerías ciegas y perforadas y por la introducción de cerámica policromada. En la segunda edad de oro cabe señalar como monumentos más importantes en Constantinopla la nueva iglesia de Basilio I (s. ix), seguida en BodrumCamii (940941), KiliseCaami (s. xi). con arcos concéntricos en la portada y empleo alternado de piedra y ladrillo, y la del Pantocrátor (1124). En Grecia la Theotokos (1028) e IsakieCaami (s. XII) de Salónica y la Pequeña Metrópoli (s. x), S. Teodoro (1069) y Capricarea (s. xu) en Atenas. En Armenia y Georgia, bajo la dinastía de los Bagrátidas, hay un brillante desarrollo artístico en los s. xxr, destacando la catedral de Ani en la segunda mitad del s. x. En Italia las regiones adriática y meridional están bajo influencia bizantina. En el 1063 se comienza S. Marcos de Venecia siguiendo a los S. Apóstoles de Constantinopla, con planta de cruz griega y cinco grandes cúpulas sobre el crucero y los brazos. Las iglesias del grupo siciliano, por lo general del s. xit, con planta basilical de tres naves, presentan una peculiar mezcla de elementos árabes, normandos y románicos, además de bizantinos, dando origen al estilo denominado siculonormando. Destacan entre ellas las catedrales de Cefalú y Monreale y las Capillas Palatina y Martorana de Palermo.Durante los Paleólogos no hay evolución apreciable respecto a los tipos arquitectónicos anteriores. Sin embargo,. se acentúan las diferencias provinciales y surgen nuevos centros importantes. En los lugares de tradición arquitectónica, destacan KahriyeCamii de Constantinopla y S. Apóstoles de Salónica, ambas del s. XIV. Los principales núcleos que surgen en esta época son Trebisonda (iglesias de S. Eugenio, S. Sofía y Crisocefalos del s. xiii) y Mistra en el Peloponeso (S. Teodoro de Brontoquión, 1296; y Pantanasa, del s. xv).b) Escultura. El retorno al culto de las imágenes dio un nuevo impulso a la escultura, aunque en este campo nunca destacó el arte bizantino, a no ser en obras de marfil. El afán de evitar la idolatría lleva a una deshumanización en las figuras que muestran un alargamiento y una estilización anticlásicas. Las vestiduras son, por lo general, de líneas rígidas y angulosas de acuerdo con esquemas geométricos. Aunque se conservan algunos relieves de pared, p. ej., en S. Marcos de Venecia, la producción más importante se realiza en marfil, tanto figuras exentas como relieves, sirviendo de modelo a todo Oriente y teniendo gran influencia en Occidente. El apogeo de los marfiles se sitúa en los s. xXII, destacando los trípticos (como el famoso Harbavillé del Louvre), las placas con las doce fiestas del año y los cofres y cajas. En la iconografía adquiere gran preponderancia el tema de la Virgen en varios tipos distintos: como orante con los brazos hacia arriba, sentada con el Niño como Madre de Dios (Theotokos) o con Él de pie en actitud caminante (Odegetria). Cristo suele aparecer con el libro de la ley en la mano, barbado y casi viejo, bendiciendo con dos dedos o adoctrinando; a veces está acompañado por la Virgen y S. Juan (Deesis).e) Pintura y mosaicos. La crisis iconoclasta trastornó el concepto iconográfico antes existente, y a partir de la dinastía Macedónica no tienen la pintura y el mosaico sentido estético sino simbólico, de acuerdo con la teología y la liturgia. Ese simbolismo supone una expresión abstracta de la economía de salvación y de acuerdo con ella los temas siguen una disposición canónica, aunque no inflexible, según normas de jerarquía divina. Cristo y la milicia angélica se sitúan en la cúpula, la Virgen en el ábside y las imágenes de quienes anunciaron, consolidaron y establecieron la Iglesia, profetas, mártires, obispos y santos, van colocados en las bóvedas y en lo alto de los muros completando la representación del universo cristiano. Generalmente en las naves se dispone otro tipo de decoración más comprensible con representaciones de las vidas de Cristo y de la Virgen, estas últimas suelen ir colocadas en el nártex de la iglesia. Las escenas que aparecen con mayor constancia son: Natividad, Bautismo, Crucifixión y Resurrección. De igual manera influyó el conflicto de los iconoclastas en el estilo de pinturas y mosaicos. La finalidad de las imágenes es acercarnos a la santidad y, por tanto, ha de buscarse el parecido, lo cual lleva a una fijación cada vez mayor de los rasgos individuales. Se observa también un marcado gusto por las armonías cromáticas de colores ideales. Las figuras se adaptan al marco representándose, p. ej., de cuerpo entero y de pie en el tambor de la cúpula o sobre los arcos y de medio cuerpo en los lunetos. Los ejemplos de mosaicos más importantes en la época macedónica son los del nártex de S. Sofía de Constantinopla, que representan al emperador León VI a los pies de Cristo (s. ix) y sobre todo los griegos de Dáfné, cerca de Atenas; S. Lucas de Fócide y Nea Moni de Quíos, todos de fines del s. xi y comienzos del xii. El estilo de Dáfné refleja el de la capital y constituye una verdadera obra maestra por la matización de los colores, el equilibrio y la sencillez de la composición, la unidad de las escenas a través de miradas y actitudes y zu ambiente irreal, noble y delicado, al margen del tiempo y el espacio. Características similares presentan los de S. Lucas y Nea Moni, aunque con cierta rigidez en las actitudes y colorido más expresivo. Al s. xi pertenecen los de S. Sofía de Kiev.Durante la dinastía de los Comnenos hay que destacara respecto a la iconografía, una ampliación del ciclo evangélico debido por una parte a la influencia de obras literarias y litúrgicas y por otra a la sustitución progresiva de los mosaicos por frescos que recubren enteramente las superficies. No se representan ya únicamente los hechos principales de la vida de Cristo, Pasión, Sepultura, Resurrección, sino los que se refieren al Nacimiento, a los años de la vida oculta y a los tres de vida pública. También comienza a surgir en esta época un sentimiento nuevo en las manifestaciones artísticas que discurre por caminos abiertos por la literatura. Se insiste especialmente en los sufrimientos de la Virgen o en la ternura y humildad de Jesús; hay una humanización de sentimientos, que repercute también en una mejor observación de la realidad, captando aspectos más vivos y naturales que anteriormente. Apenas se ha conservado nada en Constantinopla perteneciente a este periodo, a excepción de los mosaicos de la tribuna sur de S. Sofía representando a Juan II Comnenos e Irene a los lados de la Virgen.Los núcleos más destacados están lejanos de la capital. Así los frescos de las iglesias yugoslavas de S. Sofía de Ohrid (s. xi) y sobre todo los de Nerezi (1164), que añaden sólo algunas escenas de la Pasión a los ciclos de siglos anteriores, pero llenas de ternura y emoción, como en el magnífico Descendimiento de la Cruz, y con una observación profunda de la realidad, que se manifiesta en detalles pintorescos, o en la expresividad e individualidad de los retratos de santos. También pertenecen a este periodo y estilo las pinturas de S. Demetrio de Vladimir, realizadas por maestros bizantinos que trabajaron en Rusia y que ponen un acento personal, muchas veces de melancolía, en el tratamiento de los temas tradicionales. Este movimiento artístico parece que quedó interrumpido en Constantinopla por la ocupación latina, pero continuó con amplitud a lo largo del s. xiii en iglesias de Bulgaria: Batchkovo, Bojana; y Yugoslavia: Milechevo (1230) y Sopotchani (1265). En esta misma época se decoran con numerosos mosaicos las iglesias italianas de las zonas veneciana y siciliana. Los de S. Marcos de Venecia se inician a fines del s. xi por artistas bizantinos y continúan en los siglos siguientes hasta el xiv, con mayor intervención de mosaicistas venecianos; cubren muros, bóvedas y cúpulas representando escenas de la vida de Cristo, milagros de S. Marcos y temas del A. T. En la catedral de Torcello, cerca de Venecia, aparece la Virgen en el ábside, destacando fuertemente del fondo uniforme de teselas doradas, sobre una faja decorada con apóstoles; quizá se inspira en la que existía en el Palacio Sagrado de Constantinopla. Los reyes normandos decoran también con mosaicos sus capillas sicilianas de Palermo: Palatina y Martorana en el s. xii; en ellas aparecen elementos paisajísticos y pintorescos dentro de un estricto estilo bizantino. Las catedrales de Cefalú y Monreale (s. XII) muestran a Cristo en el ábside y a la Virgen en la faja inferior siguiendo la disposición jerárquica establecida por el arte bizantino.El periodo de los Paleólogos supone en general una prolongación del movimiento artístico anterior. Como características más notables de su desarrollo hay que señalar el continuo crecimiento del ciclo iconográfico, tratando con detalle la vida de Cristo y de la Virgen, y las imágenes de los santos con escenas de su vida y martirio; la ampliación de las composiciones, multiplicando personajes que invaden la escena entre paisajes y arquitecturas, introduciendo detalles de la vida cotidiana y buscando el movimiento en las figuras; el sentimiento, más humano cada vez, de emoción y ternura, pero no tanto de sufrimiento y dramatismo, que invade todas las obras;, y el estilo narrativo, que hace que las escenas, por lo general, cubran el muro, sucediéndose como si se tratara de un rollo, en oposición a la línea monumental de adap. tación al marco, más rara en este periodo. Sin embargo, este movimiento de renovación inspirado en las líneas maestras del arte del s. xii no produjo tantos frutos como hubiera cabido esperar.Las tendencias realistas y el retorno a la naturaleza fueron frenadas en gran parte por el triunfo del misticismo arcaizante de los monjes Hesicastas (v. HESICASMO), que supuso una decidida vuelta al pasado, a imágenes idealizadas e inmutables. Aunque la pintura domina al mosaico en esta época, todavía encontramos manifestaciones de sumo interés en esa técnica como son los de la galería sur de S. Sofía representando una Deesis y los de KariehCaami (s. xiv) en Constantinopla con un ciclo de escenas, llenas de ternura, de la vida de la Virgen y un Descenso al Limbo, verdadera obra maestra. Los frescos más representativos se encuentran fuera de Constantinopla. Las pinturas de las iglesias búlgaras y yugoslavas siguen la tradición de las ya mencionadas del s. xiii sin solución de continuidad, localizándose en estas regiones los ejemplos más patentes de la unidad de este periodo con el anterior. Núcleo fundamental hasta el s. xv es, como en el aspecto arquitectónico, Mistra en el Peloponeso; allí se sitúan las pinturas de S. Teodoro de Brontoquión (s. xiv) y las de Metrópoli, Peribleptos y Pantanasa (s. xv).d) Miniatura. Desde la época de los Comnenos se aprecia una perduración de las tendencias anteriores, que ya se manifestaron en el periodo iconoclasta, para irse afirmando,poco a poco rasgos de carácter helenístico. Dentro de la corriente monástica o popular cabe señalar el Salterio del British Museum (s. xi) y el Salterio Barberini del Vaticano; entre los aristocráticos o cortesanos el Salterio Parisinus (s. x) y el Menologio de Basilio II en el Vaticano (s. xi), verdadera obra maestra. El estilo es siempre monumental y brillante con fondos de oro como los mosaicos, y colores relucientes como en los esmaltes. A veces los retratos, de santos, soberanos o dignatarios, constituyen la única ilustración. Predomina la decoración de libros Sagrados especialmente salterios, menologios (santorales) y homiliarios, pero no faltan obras profanas relacionadas con la cetrería o como la Crónica de Juan Skylitzes de la Bibl. Nacional de Madrid.e) Orfebrería y esmaltes. Las técnicas de orfebrería y esmalte alcanzan en estos periodos una completa perfección. Ya en el s. x se habla de la preferencia del gremio de los orfebres en las recepciones cortesanas. La mayoría de las obras conservadas suelen llevar incrustadas piedras preciosas o esmaltes, que contribuyen a realzar el aspecto general de lujo y suntuosidad a que tan aficionados eran los artistas bizantinos. Normalmente en los esmaltes (v.) se utiliza la técnica de cloisonné. Las obras de mayor interés suelen ser objetos destinados al culto, como cálices, patenas, cruces o tapas de evangeliarios. A veces algunas de ellas se decoran con bustos de santos, como los esmaltes en forma de medalla para llevar sobre el pecho, o con figuras de animales. La mejor colección de piezas de orfebrería y esmalte se guarda en S. Marcos de Venecia, destacando por encima de todas ellas la famosa Pala d’Oro, con esmaltes y piedras preciosas representando escenas de la vida de Cristo, de la Virgen y de S. Marcos. Fue encargado este retablo por el dux Pedro Orseolo a artistas de Constantinopla en el 978, y decorado después de 1204 con placas de esmalte tomadas del monasterio del Pantocrátor de Constantinopla. La forma actual es del s. xiv, cuando fue montado de nuevo por el orfebre .veneciano Giampaolo Boninsegna.3. Supervivencia y expansión del arte bizantino. Tras la toma de Constantinopla por los turcos otomanos en 1453 termina el arte bizantino en el Imperio de Oriente, pero todavía goza de una supervivencia aproximada de dos siglos en zonas alejadas de Constantinopla. Los pintores griegos siguen trabajando, en especial en los monasterios del monte Athos, J Kastoria, en islas alrededor de Atenas y en Creta y Chipre. El estilo y la iconografía de sus obras se atienen a fórmulas antiguas y no hay elementos nuevos. Donde más se desarrolla el arte bizantino, después de la caída de la capital, es en Rusia (v. UNIÓN SOVIÉTICA Ix), que desde la conversión al cristianismo del príncipe Vladimiro de Kiev en el 989 y de su matrimonio con una princesa bizantina se había abierto a este estilo artístico, aunque mezclando influencias del Cáucaso, Balcanes y Anatolia. Las influencias bizantinas en arquitectura son patentes incluso hasta fines del s. XVII, aunque ya en el xvi cabe hablar de un estilo nacional ruso y de la introducción paulatina de elementos artísticos occidentales. En pintura fue decisivo el papel de Teófanes el Griego a fines del s. xiv, que dejó la impronta de su personal estilo bizantino en la obra de los siglos siguientes, que culmina con Andrei Rubliov (v.), para iniciar en el s. xvi su decadencia.JOSÉ LUIS BARRIO.
BIBL.: General: J. STRZYGOWSKI, Orient oder Ronz, Leipzig 1901; L. BRÉHIER, L’art byzantin, París 1924; Ce. DIEHL, Manuel d’art byzantin, París 192526; J. STRZYGOWSKI, Altslavische Kunst, Augsburgo 1930; A. GRABAR, L’art byzantin, París 1938; G. GALAssi, Roma o Bisanzio, Roma 1953; P. A. MicHELIS, Esthétique de 1’art Byzantin, París 1959; D. T. RICE, Arte di Bisanzio, Florencia 1959; I. BECKWITH, The Art of Constantinople, Londres 1961; A. GRABAR, La edad de oro de Justiniano, Madrid 1966; W. SASZALOZIEcKY, Arte bizantino, Bilbao 1967.
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