Bética HIST.
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Historia
1. Historia política. Antigua provincia romana en España.Sabemos por los textos clásicos que, bajo el pretexto de la destrucción de Sagunto, aliada de Roma, y el odio de ésta a Cartago a la que se deseaba atacar directamente, el Senado romano envió a España en el a. 218 a. C. un cuerpo expedicionario que entretuviera en la península a Aníbal; siendo su primer objetivo hacerse con la línea del Ebro para, desde allí, ver el modo de destruir el imperio cartaginés en España. Vinieron al mando de las tropas romanas los hermanos Cneo y Publio Cornelio Escipión (V. ESCIPIONES, FAMILIA DE LOS), quienes, tras la batalla de Cissa (Tarragona), lograron nueva victoria sobre el ejército de Asdrúbal Barca en la desembocadura del Ebro. Este triunfo causó la deserción de los marinos indígenas que luchaban junto a los cartagineses y provocó una revolución entre los españoles, que ingenuamente pensaron que, con la ayuda de Roma, conseguirían su independencia. Chalbón, jefe tartesio, se puso a la cabeza de los sediciosos, los cuales, pese a su arrojo y éxito en la toma de Ascua (al parecer cerca de Antequera), fueron reducidos por los cartagineses a causa de su falta de preparación militar y, sobre todo, de su indisciplina.Asdrúbal, dándose cuenta de la inseguridad que le ofrecía el pueblo ibero, antes de arriesgarse a pasar a Italia como le ordenara el Senado de Cartago, pidió refuerzos, viniendo entonces Himilcón a España con un ejército y una escuadra. Subió Asdrúbal hacia el Ebro protegido por los suyos, mas los Escipiones, que asediaban la ciudad de Hibera (alrededores de Tortosa), se decidieron a atacarle, consiguiendo una rotunda victoria (a. 215). Sucedióse una tregua de labor diplomática en tanto Asdrúbal marcha a África para combatir a Sífax, aliado de los Escipiones. A su regreso a España, en el 211, Cneo y Publio C. Escipión deciden atacar la B. Asdrúbal situóse en Cartagena a fin de cerrarles la ruta de la costa v el acceso hacia el distrito minero sudoriental. Mag6n y Asdrúbal Giscón quedáronse junto a Sierra Morena para defender el camino del Guadalquivir, por donde el enemigo podría invadir Andalucía y el distrito minero septentrional. Publio atacó a estos últimos, pero fue vencido y muerto. Cneo, que pensaba luchar contra Asdrúbal, al observar la defección de gran parte de sus tropas, decidió emprender la retirada; mas, perseguido por Asdrúbal Barca, murió en las proximidades de Lorca. Entonces las tropas romanas se replegaron primeramente hasta el Ebro, pasando luego al Cuello del Perthus, en los Pirineos, hasta que llegó en el 210 Publio Escipión el Joven, hijo del procónsul muerto el año anterior.Pese al éxito cartaginés del 211, Asdrúbal, entretenido en la reorganización de sus tropas, no había podido marchar a Italia; y cuando se decide, en el 209, se entera de que el joven Escipión había tomado por sorpresa Cartagena, con lo que la B. quedaba seriamente amenazada. Entonces regresó Asdrúbal Barca a Sierra Morena para proteger lá región de Cazlona y las minas de plata, tomando posiciones en Bailén (Baecula), donde fue vencido por Escipión, bien que pudiera escapar de la refriega, retirándose hacia el N por el valle del Jándula para ganar el Tajo y seguir a Francia.Asdrúbal Giscón, que quedó al frente del ejército cartaginés, decidió jugar su última carta, a principios del a. 206 en Alcalá del Río (Ilipa), mas vencido por los romanos, retiróse primeramente a Sevilla y luego a Cádiz, desde donde pasó a África, juzgando perdida España. Escipión dejó a Mario en la B. hasta reducir los últimos focos cartagineses. En dicho año tuvo lugar la trágica heroicidad de los habitantes de Estepa (Astapa), equiparable a la de los saguntinos en el 219 y posteriormente a los de Numancia (133); acaeciendo entonces la fundación de Itálica en las proximidades de Sevilla, por Escipión. Con todo, la guerra no había terminado. Los españoles, al darse cuenta de que sólo habían cambiado de amos, opusieron a los romanos la más viva resistencia; y si el triunfo de Roma sobre Cartago en España había durado 11 años, en cambio, para hacerse dueños de la Península hubieron de transcurrir 200.
Recordemos, aunque sea a grandes rasgos, las más destacadas sublevaciones que hubieron de reprimir los romanos en la B., por no salirnos de nuestro tema:1° En 197196, la de Luxinio, rey de Carmona, y Baldo (?), aliado con el celtíbero Culchas, las villas fenicias de la costa y los pueblos de la Baeturia (v.).
2° En 194185, la de .los lusitanos y turdetanos, estando complicados entre éstos sus altos jefes, como se desprende del bronce Turris Lascutana, en la región de Jerez. Resonante victoria obtenida por los lusitanos fue la de Lyco (Ilurco, en Granada).3° En 155150, nuevamente los lusitanos, aprovechando la guerra declarada en Celtiberia, adonde enviaron los estandartes cogidos a los romanos en el 153 en la toma de Conistorgis (?, probablemente en Andalucía), llegaron hasta el estrecho de Gibraltar, pasando incluso a África.4° En 147139, la rebelión de Viriato (v.), verdadero héroe de leyenda, quien supo dar unidad de mando a su ejército y practicó la guerra de guerrillas en gran escala; haciéndose virtualmente dueño de la B., de donde percibía grandes tributos para sostener sus tropas y apoderándose más tarde de casi todo el interior de la península, salvo el valle del Ebro. Los celtíberos, excitados por tantos éxitos, comenzaron a dejar de temer a Roma. Pero el destino de España era otro. En el 139 es asesinado Viriato.
En 8074 se suceden las guerras de Sertorio (v.), quien vino a la B. con un pequeño ejército de romanos y moros, desembarcando en Bolonia (Baelo), subiendo a Sevilla y pasando a la Lusitania (v.). Siguió también la táctica de guerrillas y ofreció serios combates en Espejo (Ucubi), Itálica y Segovia, ésta en el valle del Genil.6° En el 6160 es nombrado protector de la B. C. Julio César, de la que había sido anteriormente quaestor. Pacificó sus pueblos e hizo mucho bien en esta provincia, mas le sucedió un legado de Pompeyo que predispuso contra él los ánimos de la región.7° En el 4645 se sucede una lucha sangrienta en la B. entre César y los hijos de Pompeyo. César mandó socorros a Montemayor (Ulia), porque le había sido fiel, pero no pudo tomar Córdoba, defendida por Sexto Pompeyo. Entonces asedia Teba la Vieja (Ategua), tomándola. Cneo Pompeyo le presenta batalla en Munda (¿Montilla?, ¿entre Lora de Estepa y Casariche?) el 17 mar. 45. César obtiene un éxito brillante y rotundo gracias a su arrojo personal y a la ayuda del rey moro Bogud. Seguidamente, entra en Córdoba, Sevilla, Mesas de Hasta y Cádiz, quedando sometida la Ulterior. A partir de este momento puede decirse que se inicia definitivamente la pacificación de la B., aunque con posterioridad sufriera incursiones de moros en el a. 35 a. C. y durante los s. ii y iii de nuestra Era. A fines del s. in, cuando el paso de los francos hacia África, se producen los primeros síntomas de decadencia de la provincia B. hasta que, a principios del s. v, con la invasión de los vándalos (v.) puede decirse que desaparece la B. romana, siéndole dado el golpe mortal en el 427 por el rey Gunderico al destruir Sevilla y asesinar la mayor parte de su población.2. División administrativa. Como se ha visto, posesionados al fin los romanos de España, decidieron reorganizarla administrativamente. Al principio de la romanización enviaban anualmente a la provincia de Hispania dos procónsules extra ordinem, hasta que en el 197 a. C., previas elecciones en Roma el año anterior, decidieron seccionarla o subdividirla en dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior, nombrando gobernadores de las respectivas zonas a los pretores que en aquel año ejercían allí su mando: Cayo Sempronio Tuditano y Marco Helvio, quienes recibieron la orden de fijar oficialmente la frontera entre ambas provincias, según nos transmite Tito Livio.Agripa, al reformar en el 27 a. C. las anteriores divisiones administrativas, hizo surgir como provincias independientes, desglosándolas de la Ulterior, las de Baetica y Lusitania. La B. denominóse entonces Provincia Hispania Ulterior Baetica, nombre que perduró hasta el s. ii después de Cristo, en que prevalece tan sólo el de Baetica.La extensión de la B., cuya voz debe al río Guadalquivir (Baetis), comprendía entonces casi todo el territorio de la actual Andalucía. Limitaba, por el E, con la desembocadura del río Nogalte, en Murcia, cuyo curso remontaba hasta empalmar con el Guadalimar, en la parte meridional de Cazlona (Jaén); por el N, seguía desde dicho punto y NE de Almadén, en La Mancha, hasta cerca de Badajoz, donde se une el río Guadajira con el Guadiana; por el O seguía el curso del último río citado hasta su desagüe en el océano Atlántico; y, por el S, sus límites bordeaban toda la zona costera, desde el Guadiana al Nogalte. Quedaban, por tanto, incluidas en la B. las actuales provincias de Almería, Málaga, Cádiz y Huelva por el mediodía y las de Granada, Jaén, Córdoba y Sevilla, más parte de las de Badajoz y Ciudad Real, en el interior.Una nueva reforma, ordenada por el emperador Augusto hacia los a. 127 a. C., cercenó parte del NE de la B., por pasar a incorporarse a la Citerior una porción de la zona meridional; debiendo rectificarse los indicados límites haciéndolos retroceder desde el Nogalte hasta la desembocadura del río Mojácar, en Almería, cuyo curso subía hasta enlazar con Andújar (Jaén), excluyendo Pechina, Guadix, La Guardia y Cazlona, pero pasando por Jaén (Aurgi) y Andújar (Asturgi). Plinio el Viejo concreta en su Historia Natural que los referidos límites iban desde el mojón murgitarius (Punta de las Sentinas, al O del golfo de Almería, donde comienza la Citerior) hasta el Mons Solorius (Sierra Nevada) y cordilleras Oretana y Carpetana (Sierra de Almadén y sur de Castilla la Nueva). Los límites del perímetro restante coincidían con los del a. 27.Hacia el cambio de Era, finalizada totalmente la etapa históricomilitar de Roma en la península Ibérica, se inicia la pacificación de la misma de forma rápida y eficiente merced al gran tacto político y sabia regulación administrativa de los poderes romanos. Implantáronse sus instituciones, religión inclusive, con energía pero sin intransigencias y, apoyándose en la colaboración del pueblo sojuzgado, logró una verdadera simbiosis entre vencedores y vencidos, por lo que pudo canalizar satisfactoriamente sus propósitos civilizadores a la par que explotaba una fuente de riqueza inigualable.Para su consecución se dividió la B. en cuatro conventos jurídicos; entendiéndose por conventus, según el Derecho romano y desde el punto de vista judicial, las reuniones o asambleas que los gobernadores tenían con cierta frecuencia en las principales ciudades de su provincia; y, por extensión, las capitales de circunscripción judicial donde se celebraban aquéllas, e incluso el territorio que les era afecto. Es decir, el conventus iuridicus de los latinos no era sino una circunscripción judicial dentro de una provincia, con su capital, donde residían los magistrados, gobernadores o quaestores, en la que se administraba justicia y se celebraban las audiencias del distrito. Eran, pues, equivalentes a nuestras Audiencias Territoriales, debiendo advertirse que aquel término viene a ser sinónimo del griego diokésis, diócesis, que también arraigó en la península. Nos informa Plinio que los cuatro conventos jurídicos de la B. eran: el gaditano, con su capital en Cádiz (Gades); el cordubense, con su sede en Córdoba (Corduba); el astigitano, con su residencia en Pcija (Astigi); y el hispalense, con su centro en Sevilla (Hispalis).El convento gaditano comprendía toda la costa y algunas localidades del interior. Su capital más importante era Cádiz. Había algunas de sus ciudades, según testimonia Plinio, que gozaban de derecho romano, como Regina y Laepia Regia (aún por localizar); otras disfrutaban de derecho latino, como Bornos (Carissa), Urgía y Caesaris Salutariensis, y otras sólo estipendiarias: Besaro, Belippo, Torre de Guadiaro (Barbesula), Blacippo, Barbate (Baesippo), Callet, Cappa, Oleastrum, Prado del Rey (Iptuci), Ibrona, Mesa de Ortega (Lascuta), Gigonza (Saguntia), Saudo y Usaepo, y entre los oppidum, Baelo y Mellaria, correspondiendo el primero a Bolonia.El convento cordubense extendíase por ambas orillas del Guadalquivir en su parte N, llegando por el E hasta Porcuna y por el NO hasta Zafra y, adajoz. A él .pertenecía gran parte de la antigua Baeturia (v.). Sus ciudades más importantes, además de la capital, Córdoba, y las ya recogidas en la citada voz Baeturia, eran Ossigi (cerca de Mengíbar, Jaén), Iliturgi (próxima a Andújar), Isturgi (cerca de Los Villares), Ucia, Porcuna (Obulco), Montoro (Epora), El Carpio (Sácili Martialium), Onuba (hacia Villafranca de Córdoba), Carbula (cerca de Almodóvar del Río) y Posadas (Detumo).El convento astigitana tenía por eje el valle del Genil, extendiéndose hacia el S hasta el río Corbones y Sierras de Abdalaxis, Tejada y Nevada, subiendo a NE hacia el río Guadalbullón. Plüio dícenos que de él eran colonias inmunes las ciudades de Martos (Tucci), Iluci, Espejo (Ucubi), Osuna (Urso), Montilla (Munda?); y ciudades libres: la Écija indígena (Astigi Vetus, en contraposición de la Écija nueva, Astigi, que era colonia y capital del convento), Estepa (Ostippo, luego Astapa); y ciudades estipendiarlas: Callet (hacia El Coronil), Callicula (hacia Marchena), Castra Gemina, Repla (Hipula Minor), Marruca, Sacrana, La Luisiana (Obulcula), Oningi, Sabora (cerca de Teba del Condado), Casariche (Ventippo), Olontigi, Laelia y Lastigi.El convento hispalense comprendía la porción occidental de la provincia de Sevilla, la provincia de Huelva, partes importantes de las de Cádiz y Badajoz, y algo de Málaga. Exactamente, como ya dejó consignado en su Chorografía del Convento jurídico de Sevilla Rodrigo Caro, los límites del convento, partiendo de las Mesas de Hasta (Hasta Regia), se extendían por Medina Sidonia (Asido), Zahara (Lastigi), Ronda (Arunda), Ronda la Vieja (Acinippo), Morón (Lucurgentum), Marchena (Colonia Marcia), Alcalá del Río (Ilipa), Zafra (Segida), Castillo de Feria, el Guadiana, Serpa, Moura,. Ayamonte, Huelva, Palos, Redondela, Lepe, Carteia .(entré Algeciras y San Roque), Sanlácar de Barramedá (EÍiora), y Trebujena. Eran Oppida o pueblos de cierta importancia, aparte de la capital, Sevilla, los de Peñaflor (Celti), Axati (despoblado junto .a Lora del Río), Peña de la Sal (Arva), Alcolea del Río (Canamia), Cantillana (Nueva), Alcalá del Río (Ilipa Magna), Osset (hacia el Cerro de Chamoya, entre San Juan de Aznalfarache y Castilleja de la Cuesta), la ya citada Lucurgentum, Torre de los Herberos (Orippo, próximo a Dos Hermanas), Coria del Río (Curra), Sarro (Siarum, cerca del Cortijo de Zarracatín), Lebrija (Nabrissa), Cqlobona y Huelva (Onoba Aestuaria), entre las confluencias de los ríos Tinto (Luxia) y Odiel (Urium). Entre las colonias menciona Plinio las de Sevilla, Mesas de Hasta y Medina Sidonia. Debiendo señalarse entre los municipios el de Itálica, convertido en colonia en época de Adriano. Al mismo convento pertenecían las ciudades de los celtas beturienses, así como otras que nos son conocidas por los textos de Avieno, Pomponio Mela, Ptolomeo, César, Estrabón, etc., y aun por monumentos epigráficos. Así parece que Alanís corresponde a la antigua Ancanicum; Constantina a Iporci, Llerena a Regina; El Pedroso a Augustóbriga, Aroche a Arucci; Paymogo a Fines; Puebla de Moguer a Praesidio; Cabezas Rubias a Ad Rupras; Palos de Moguer a Etrephea Palus; Sanlúcar de Barrameda a Lucifer¡ Fanum (con Ebora en sus cercanías); Chipiona a Turris Caepionis, Puerto de Santa María a Menesthei Portus; Utrera a Leptis Magna; Alcalá de Guadaira a Hienipa; Carmona a Carmo; la Torre del Cincho a Basilippo, cerca. de El Arahal; Cortegana a Corticata; Niebla a Elepla; Espartinas a Spoletino; Ayamonte a Ab ostio fluminis Anae, esto es, en la boca del río Guadiana (Anas), etc.Las gentes que habitaban la B. eran en su mayoría turdetanos (v. TURDETANIA), descendientes de los tartesios (v. TARTESSOS); también había población céltica y túrdulos; y, si hemos de dar crédito a Hecateo, Heródoto y Avieno, había elbestios desde el Guadiana hasta el río Tinto, con la ciudad de Olba, que parece recibió su nombre de ellos; cinetes (v.) en el extremo occidente de Huelva y sur de Portugal; cilbicenos o selbisinios junto a los tartesios; e ileates entre Córdoba y Sevilla.Respecto de los rasgos administrativos de la España romana, debemos apuntar que el título legal de los gobernadores era algo flotante, pues los sucesores de Escipión el Joven, designados por Tito Livio como procónsules, eran de origen pretoriano. Realmente, debían ser nombrados por plebiscito. Desde el 197 a. C. las provincias españolas fueron regidas por dos pretores, aunque algunos figuran con el título de procónsul en los Fasti Triumphales. Cuando las circunstancias lo exigieron, se enviaron cónsules; dándosele a veces el mando consular a un pretor. Sabemos que la B., a raíz de la reorganización administrativa de Augusto fue gobernada en nombre del Senado; sólo quedó dependiendo directamente del Emperador bajo el mandato de Marco Aurelio, a causa de las incursiones de moros. Pero, normalmente, estuvo gobernada por un procónsul de rango pretoriano con residencia en Córdoba, al que ayudaba en administración de justicia un legado, que al parecer tuvo residencia en Sevilla; estando en manos de un quaestor la administración económica. Ellos eran los únicos representantes del poder central en la provincia. Por su parte, los emperadores tenían en ella varios agentes que vigilaban sus intereses financieros. A la cabeza estaba el procurador de la provincia B., con destino en Córdoba. Para diferentes fuentes de ingresos había dispuestos otros procuradores especializados para los impuestos en las herencias, aduanas, minas, etc. La administración de las ciudades corría a cargo de los magistrados (quaestores, duumviros, quattorviros y ediles). El mecanismo de la vida religiosa (cuyo panteón grecoromano hizo desaparecer los cultos indígenas), así como el de los espectáculos, vida financiera, régimen de aguas, autorización de construcciones o demoliciones, vida moral, etc., era regulado por la Curia (Senado Municipal) y, en su nombre, por los decuriones.En el s. ni, en que se produjo nueva división administrativa en la B. y perdió entonces partes de las provincias de Ciudad Real y Badajoz bajo Diocleciano, el procónsul senador fue sustituido por una praeses de rango ecuestre; y en el s. iv bajo Constantino la B. fue miembro de la diócesis de las Españas, a las órdenes de un vicario de España radicado en Sevilla.La B., aunque pacificada, tuvo necesidad de protección militar para combatir las incursiones moras, por lo que se destacaron en ella la Legio X Gemina en el s. Iy luego la VII Gemina, ésta con sede en Itálica, aparte las Cohortes Auxiliares de Infantería y de Caballería, así como de Marina.3. Vida económica. En cuanto a la vida económica de la B., debe manifestarse en primer lugar que era la más rica de las provincias de Hispania. Su principal fuente de riqueza era la agricultura, habiéndose hecho famosa su exportación de aceite, vino, trigo y cebada, como nos recuerda Estrabón al hablar del comercio de Andalucía (Turdetania) con Italia. Igualmente gozaron de renombre sus campos de olivos y viñedos, así como de amygdalinas (almendras obtenidas de ciruelo injertado en almendro). Otro factor esencial lo constituyó su abundante ganado de ovejas, caballos, asnos, corderos de lana fina y abundante, etc. Rica además en conejos y, en lo referente a productos de pesca, en atunes, escombros, congrios, etc. Del producto de unos y otros deriváronse importantes industrias como lo fueron las conservas de pescado, elaboración del garum (salsa muy codiciada en la Antigüedad), viveros de muria (murex) para uso de los tintoreros, fabricación de tejidos de lana, apicultura, etc. Explotaciones industriales de otro tipo fueron las de los fabricantes de tejas, ladrillos, ánforas, etc. Sus centros más importantes con haberlos a lo largo de toda la cuenca del Guadalquivir estuvieron en Écija y en la Peña de la Sal; de ellos salían las ánforas de cuello largo y estrecho para la exportación del vino y las de cuello corto y ancho para la del aceite.No menos importante era su abundancia en minas. La actividad minera proporcionaba oro en pepitas en los ríos Guadalquivir y Guadiana; oro con plata y cobre en Cotina, Sierra Morena; arenas auríferas en el lecho de los ríos; plata en Cazlona, Almadén, Alcalá del Río y Jaén; plomo en Cazlona; cinabrio en Almadén y cobre en Riotinto. A ello debe añadirse la importante recaudación de impuestos en dinero que anualmente se obtenía de la B., amén de los ricos botines especialmente en plata que se recogieron más o menos legalmente durante su romanización. Se explotaron igualmente sus canteras de piedra y mármol y se utilizó el bosque a diferentes fines comerciales, entre los cuales destacaron las construcciones navales.En suma, la latinización de la B. fue paulatina pero profunda, hasta el punto de haber perdido su idioma, su religión y sus costumbres.C. FERNÁNDEZ CHICARRO Y DE DIOS.
BIBL.: Fuentes: PLINIO, Naturalis Historia, III, 6, 7, 8 ss., IV, 116, VIII, 191; POhiPONIO MELA, Chorographia, H, 87, 88, 94, III, 3, 6, 46; TITo Llvio, XXXII, 28, 11; A. SCHULTEN, Fontes Hispaniae Antiquae, IIV~General: R. CARO, Antigüedades y principado de la Ilma. ciudad de Sevilla y Chorographia de su Comento jurídico, Sevilla 1634; C. FDEZ.CHICARRO, El Convento jurídico hispalense según los textos clásicos y los hallazgos arqueológicos, "HelmánticaD, no 14, 1953, 8 y ss.; íD, Las primeras incursiones de moros en la Bética, publ. en las Actas del Congreso Arqueológico celebrado en Tetuán en 1953; A. GARCÍA Y BELLIDO, La España del siglo 1 de nuestra Era, según P. Mela y C. Plinio, Madrid 1947; R. THOUVENoT, Essai sur la province romaine de Bétique, París 1940.
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