Bentham, Jeremy
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Biografía GER
Fundador y teórico de la escuela utilitaria inglesa, n. el 15 feb. 1748, en Houndsditch. Profesionalmente, prolongó la tradición de una conocida familia de juristas. De carácter tranquilo y optimista, mostró siempre una espontánea e inagotable confianza en los nacientes ideales del progreso. Su colaborador íntimo fue James MilI, economista de la escuela de Ricardo, miembro del parlamento y funcionario de la Compañía de Indias; y su continuador en la teoría utilitaria, el hijo de éste, John Stuart MilI. Su obra más importante, lntroduction to the principies of morals and legislation (Introducción a los principios de moral y legislación) apareció en 1789, año de la Revolución francesa, y su Deontology después de su muerte, en 1834. Otro de sus libros The Rationale of Punishment (El castigo racional) y The Rationale of Reward (El premio racional) fueron publicados en Francia, donde el radicalismo democrático de su sistema tenía más aceptación que en Inglaterra.Situación de su obra. La figura y la obra de B. hay que situarlas en la confluencia de los ideales racionalistas de la Ilustración con la teoría roussoniana del contrato social, que habían de conducir, en el terreno de los hechos históricos, al gran acontecimiento de la Revolución francesa. En la segunda mitad del s. XVIII llega al mundo de lo humano, individual o social -a la moral, a la economía, a la política-, el espíritu del racionalismo, que llevaba ya siglo y medio inspirando las concepciones filosóficas de su tiempo. La Ilustración y el enciclopedismo fueron los iniciadores de este movimiento y constituyeron, quizá, una exacerbación del espíritu racionalista, pero sin ser todavía revolucionarios. Su punto de partida era la visión de la sociedad de su época (el antiguo régimen) como una formación "irracional" en cuya génesis han colaborado arbitrariamente creencias, supersticiones, poderes y tradiciones injustificables a la luz de la razón.
Para los ilustrados, las diversas religiones y, en general, todas las creencias que ha profesado la Humanidad, eran visiones meramente populares de una más profunda verdad, que es la comprensión racional, científica, del Universo. Y a lo largo de la historia se va operando, para ellos, un proceso de racionalización y de abandono del irracional, en el cual se va abriendo paso la razón a través de las nieblas de la ignorancia y la rutina hasta culminar en el ideal luminoso del progreso. La actitud del enciclopedista seria un desdén hacia las periclitantes creencias del pueblo y del ambiente, y la expectación pasiva del "iniciado", que se limita a esperar lo que habrá de suceder por sus pasos contados.
Sin embargo, en el seno de la Ilustración surge una voz que, aunque participante en su espíritu general, era disidente respecto a su filosofía de la historia y a la actitud personal derivada de ella: es la de J. J. Rousseau, que introduce en el seno de ese movimiento la idea de revolución. Para este autor, el advenimiento de la era racional de la Humanidad no se realizará en un tranquilo y necesario proceso de abandono de los ídolos, porque la irracionalidad - con sus productos culturales y sociales- no es meramente un estadio preparador de la Ilustración, sino la causa misma del mal, del único mal posible; origen de la perversión del hombre, que es bueno por naturaleza. Las instituciones, las leyes, las costumbres (históricas), no sólo malean al hombre, sino que perpetúan el mal con un ambiente definitivamente viciado. Será preciso, por tanto, destruir esa sociedad para, sobre ella, edificar de raíz una nueva sociedad racional en la que el hombre, libre de esas influencias deletéreas, y sometido sólo a un poder autominimizado y racional (liberal), recupere el máximo posible de libertad, y con ella, de su espontánea inocencia. Surge así el espíritu revolucionario, en contraste con el plácido espíritu enciclopedista que se limitaba a esperar la evolución.
El utilitarismo de Bentham. B. y su utilitarismo pueden considerarse la versión inglesa de esos ideales. Su espíritu se caracteriza, ante todo, por ese racionalismo ingenuo que se cree liberador del secreto racional del Universo, y que no desconfía en alcanzar soluciones fáciles y expeditas con el simple uso de la razón para problemas que pesaron durante siglos en un mundo conformado por la rutina y la ignorancia. Así, su primera obra fue el conocido Panopticon, proyecto de cárcel racional cuyos pabellones, en forma de abanico, se prestarian (teóricamente) a su vigilancia por un solo guardián. Las cárceles modelo o "abanicos" que aún existen proceden de aquel proyecto benthamiano. Igualmente, los pueblos de la América española que por su tiempo se hacían independientes bajo la influencia del liberalismo europeo, pedían a B. que les redactase Constituciones políticas que él les enviaba; acabadas y perfectas, sin moverse de su despacho ni conocer las condiciones reales del país en cuestión.
La idea de que los sistemas morales y jurídicos están viciados por prejuicios irracionales, y que una moral y un derecho naturales, racionales, harán cesar las antinomias entre la convivencia y el interés, entre el placer y la moral, entre el provecho de cada uno y el bien de todos, inspira la obra de B. De aquí su intento de una moral en que la prosecución del verdadero placer coincida con las exigencias ético-racionales. En esto consistió su utilitarismo moral, que Stuart MilI prolongaría más tarde.
Para B. resulta evidente que el hombre se decide y actúa siempre por el placer o en evitación del dolor. Por tanto, una moral racional habrá de llevar al hombre a la mayor cantidad posible de placer dentro del menor dolor inevitable: la moral tradicional basada en el sacrificio y la represión interna es una falsa moral que consagra las antinomias y el irracional del Universo. Sobre esta base e inspirado siempre por una concepción asociacionista (sobre unidades simples) de la vida psíquica, construye B. su famosa aritmética de los placeres. El hombre, moral a la vez que eficaz - buen administrador de sí-, calibra los placeres aplicándoles unas categorías o normas a través de las cuales se objetivan, es decir, dejan de ser un mero estado subjetivo para convertirse en un fin concreto y de todos deseable.
Esos criterios de objetivación del placer son siete, cuatro de ellos en consideración aislada de cada placer: su intensidad, su duración, su certidumbre, su distancia. Otros tres para relacionar entre sí esas situaciones: su fecundidad o posibilidad de engendrar nuevos placeres, su pureza o posibilidad de que provoquen su contrario, su extensión o realidad vital que cubrirá el placer. La prudencia - ponderada medición de esos factores- será para B. la virtud fundamental. Sin embargo, surge la objeción de que, si todos los hombres coinciden, más o menos, en unos mismos objetivos placenteros; si sus prudentes cálculos les conducen a análogas decisiones, se producirá un choque general de intereses, causa de mayor dolor para todos. B. lo resuelve optimistamente añadiendo a la virtud de la prudencia la de la benevolencia, por la cual el goce de los demás constituye un natural placer para el hombre: de aquí que el placer buscado racionalmente conduce, de suyo, a la armonía general. Dickens pintó en Míster Pickwick ( Los papeles póstumos del Club Pickwick una cariñosa caricatura del utilitarista inglés, siempre prudente, siempre benévolo.
Como ya dijimos, B. coincide con Rousseau en su idea de que, hasta su tiempo, los sistemas morales y políticos están fundados en el irracional histórico y deben ser sustituidos por una moral y un orden político naturales, es decir, racionales. Pero el sistema de B. no es revolucionario, sino como inglés, reformista. Su revista "Westminster Review" sostuvo la necesidad de la reforma constitucional que se verificó el mismo año de su muerte (6 jun. 1832). El radicalismo democrático de B. es un sistema de reforma política sobre bases utilitarias o de progresiva adaptación racional. Para él, el derecho penal tiene como función añadir o restar un motivo más en el cálculo de placeres; pero, al carecer de fundamento natural (divino), es preciso buscar el origen de la legislación en el sufragio universal.
En la obra de B. se alían el espíritu racionalista con un empirismo individualista típicamente elemental e ingenuo. Su continuador en la sistematización del utilitarismo - John Stuart MilI - trató de incorporar a esta teoría la noción ética de deber y la cualidad como categoría del verdadero placer. El fracaso de estos intentos evidenciará la debilidad teórica del sistema utilitario.
R. GAMBRA CIUDAD.
BIBL. : I. BENTHAM, Works, 11 vol. Londres 1843; I. s. MILL, Bentham, Londres 1838; E. HALEVY, La formation du radicalisme philosophique, París 1904; ÍD, Évolution de la doctrine utilitaire, París 1906; T. R. BIRKS, Modern Utilitarianism or the systems of Bentham and MilI, Londres 1874; C. M. ATKINSON, Bentham, his life and Ivorks, Londres 1905;.H. BURTON, lntroduction to the study of Bentham’s Works, Edimburgo 1843; D. BAUMGARDT, Bentham and Ethics of Today, Princeton 1952.Guarda este contenido en tu perfil
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