Benimerines (Banñ Marin)
Categoria:
Cultura
Pueblo perteneciente a la gran tribu beréber de los zanátas, creador de un Imperio en el norte de África durante los s. XIII y XIV. Como la mayoría de los zanátas, eran nómadas y ocupaban las altas mesetas y los confines del Sahara, al sur y oeste de Argelia. Eran musulmanes ortodoxos y no crearon ninguna reforma religiosa como los almorávides (v.) o almohades (v.). No eran muy numerosos y para combatir a los almohades buscaron el apoyo de otras tribus. A principios del s. xiii invaden el norte de Marruecos y exigen pesados tributos a las ciudades que van conquistando. La reacción del califa almohade alSa’id logra la retirada de los b. de la mayor parte del territorio marroquí e incluso consigue su sumisión.
Breve historia de la dinastía. A la muerte del califa atacan de nuevo los b. que se instalan definitivamente en Marruecos creando el emir Abú Yahyb el reino de Fez hacia 1250. Sin embargo, fue su hermano Abú Yúsuf Ya’gúb (1258-1286) el verdadero fundador de la dinastía de los b. La primera preocupación de Abú Yúsuf fue conquistar la capital de los almohades, Marrákus (Marrakech), hecho que tiene lugar en 1269, fecha significativa porque marca el fin del Imperio almohade y la constitución de un nuevo Imperio beréber en Marruecos que pretende, sin éxito, extender sus dominios hacia Libia, enfrentándose los b. con los hafsíes de Túnez y los Banú `Abd alWád de Tremecén. Pacificado Marruecos, Abñ Yúsuf excluyó a los elementos almohades de su gobierno o mafzen. En él participaban los grandes jefes b. y notables personalidades de otras tribus zanátas; los secretarios eran norteafricanos o españoles. En el ejército contaban con los mercenarios cristianos y orientales y sobre todo con las tribus árabes. Abú Yúsuf fundó Fez la Nueva (Fás alyadid), con su doble recinto amurallado y tres barrios: el palacio, los alojamientos de la milicia cristiana y el barrio de los funcionarios. Poco después se unió a este conglomerado el barrio de los judíos o mellr h, que disponía también de sus murallas y estaba bajo la protección real.Amenazado por Castilla, el rey nazarí de Granada (v. GRANADA, REINO DE) Muhammad II pidió ayuda al sultán de Fez cediéndole las plazas de Algeciras y Tarifa y comprometiéndose a abastecer al ejército norteafricano durante la campaña. En la primavera de 1285 las tropas del sultán Abú Yúsuf desembarcaron en Tarifa. Cerca de );tija, las fuerzas castellanas del adelantado D. Nuño fueron completamente derrotadas y aunque Abú Yúsuf no pudo conquistar Écija, amenazaba seriamente con sus algaras a Córdoba y Sevilla. Otras dos expediciones dirigió Abñ Yúsuf, pero las intrigas de los granadinos anularon sus esfuerzos y las fronteras no se modificaron.Su hijo y sucesor Abú Ya’qúb Yúsuf (1286-1307) fracasa en su política española, pues no puede impedir que Sancho IV el Bravo (v.) conquiste Tarifa en 1292, y compromete el futuro de la dinastía en su empeño de conquistar el reino de Tremecén. A su muerte sigue una grave situación crítica que dura hasta 1331 con problemas dinásticos, continuas rebeliones, pillajes y saqueos de los beduinos árabes. El sultán más importante de los b. fue sin duda Abú1,Rasan (1331-1351), que gobernó con energía y dignidad y que estuvo a punto de restaurar el gran Imperio de los almohades. En su política norteafricana consiguió apagar todas las revueltas y después de ocupar Tremecén en 1337 emprendió la conquista de Túnez, donde entró solemnemente en 1347. Pero su política imperial fracasa cuando tiene que hacer frente a una coalición de tribus árabes. Derrotado Abñ1Rasan en un primer encuentro, corre el rumor de su muerte y esta falsa noticia desencadena una serie de acontecimientos que dan al traste con toda su política. Su hijo Abú `In¿ín se proclama sultán en Fez, los reyezuelos de Tremecén y Túnez recuperan sus estados y Abñ1Rasan, después de muchas peripecias puede salir de Túnez y refugiarse en Siyilmása, donde será sitiado por su propio hijo. Finalmente muere cuando entablaba negociaciones con Abñ `Inán que exigía ser reconocido como heredero.En su política española consiguió AbñIIjasan algunos éxitos iniciales, como la recuperación de Gibraltar en 1333, pero termina con el desastre del Salado (v.) en noviembre de 1340. El sultán marroquí se refugia en Gibraltar y cruza el Estrecho de noche. Dos años más tarde no puede impedir el sitio de Algeciras por Alfonso XI (v.), que se apodera de ella el 27 mar. 1343.Abñ `Inán (13511358) intenta restaurar el reino de su padre y consigue conquistar de nuevo Tremecén en 1352, Bugía en 1353 y tres años más tarde dirige una expedición por Argelia y Túnez ocupando las principales ciudades. Pero choca también con los beduinos árabes y tiene que retirarse a Fez, siendo sus tropas expulsadas de Túnez. En 1358 cae gravemente enfermo. Todos esperan su muerte, pero se recupera milagrosamente. Su visir alRasan b. `Umar le asesina y se convierte en el verdadero dueño de Marruecos. Desde entonces, reina la anarquía y los sultanes son juguetes de los visires. El último sultán, `Abd alHagq, m. asesinado en 1465 y una nueva dinastía, la de los wattásíes sustituye a la de los b.Arte y cultura. Hasta Abñ1Rasan los sultanes b. utilizaron el título de emir de los musulmanes (’amir almuslimin). Abñ1Rasan utilizó al fin de su reinado el título de califa (Jalifa) y su hijo Abñ `Inán se llamó ya emir de los creyentes (’amir almu’minin). La influencia hispánica es indudable en Marruecos bajo los b., sobre todo en las ciudades de Fez y Marrakech. Como buenos mecenas, los sultanes b. se rodearon de los mejores poetas y literatos de la época como ’Ibn Jaldlin (v.) e ’Ibn alJatib. Es en el arte donde se manifiesta con cierta grandeza la política de estos sultanes que son grandes constructores. De esta época son la fundación de Fez la Nueva, la fortificación de Uyda, Taza, etc.; la creación de Madrasas, o centros de estudios superiores, como las de Saffárin y de `Attárin en Fez; la construcción de la mayor parte de las puertas monumentales de esta ciudad, y el conjunto monumental de Chella (1511a) en Rabat. La influencia hispanoárabe es evidente; la decoración es lujosa y la policromía se emplea con habilidad.El movimiento de cofradías religiosas que se inicia con los almohades, prosigue con singular actividad y acaba por dar un matiz especial al Islam marroquí con el culto a los santos transmisores de las bendiciones de Dios o barakas. Reflejo de esta situación es la abundante literatura hagiográfica de esta época. Si el Islam oficial está representado por las madrasas, las creencias populares más o menos ortodoxas buscan su refugio en las zawiyas y morabitos. V. t.: ALANDALUS; BERÉBERES; ALMOHADES.J. VALLVÉ BERMEJO.
BIBL.: TERRASSE, Histoire du Maroc, II, Casablanca 1950, 399; M. GASPAR REMIRO, Una reclamación de laime II de Aragón al sultán de Marruecos, Abusaid Otman ben Abdelhac (1323), en Homenaje a Menéndez Pidal, I, 1925, 819837; E. LÉVIPROVENQAL un nouveau texte d’histoire merinide: Les Musnad d’lbn Marzuq, "Hesperis" V, 1925, 182.
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