Bélgica (belgique, Belgig) III. Historia Antigua y Medieval. HIST.
Categoria:
Historia
A mediados del periodo Paleolítico, el territorio de la actual B. sufrió los rigores de un frío intensísimo, mientras que se registraba la aparición de unos tipos neanderthalienses, que adoptaron una vida troglodítica en los valles regados por el Mosa y sus afluentes. A fines de este periodo, el hombre de Neanderthal (v.) fue sustituido por un tipo de cazador, hombre de CroMagnon (v.), dotado de una inteligencia superior y provisto de instrumentos de piedra más perfectos, y que habitó en cavernas de mayor amplitud espacial. En el 500 a. C., se establecieron en la región comprendida entre el Rin, los Vosgos, el Marne, el Sena y el mar, los belgae, un pueblo de lengua celta, con algunos elementos germanos que se manifestaban en sus costumbres y organización sociopolítica. De este pueblo, precedente remoto de lo que sería población belga, elogió Julio César su valentía, aunque no supieron armonizar sus esfuerzos para hacer frente a la invasión romana.La Bélgica romana. A pesar del encarnizamiento con que se defendieron los nervios y los aduaticos, y a pesar de que los levantamientos de algunos jefes de tribus como Ambiorix e Indutiomar dieron la impresión de poder liberar al país de la dominación romana, los ejércitos de Julio César ocuparon B. de manera definitiva. El país, que acabó por adoptar la lengua, las costumbres y la religión de los conquistadores, tuvo en su estructura socioeconómica un carácter esencialmente agrícola. Alrededor de los ricos terratenientes de las villas se agruparon colonos semilibres, a quienes se permitía poseer tierras en arrendamiento con carácter permanente. La presencia de Roma se vio inquietada a partir de la segunda mitad del s. III, cuando la Confederación germánica de los francos (v.) proyectó la ocupación de la B. romana. Los francos ripuarios se asentaron lentamente en la región salvaje entre el Rin, el Mosela y el Mosa; por su parte, los francos salios encontraron muchos obstáculos por la fuerte. resistencia de los galoromanos, que se habían organizado adecuadamente, dirigidos por los obispos y grandes propietarios, de tal manera que sólo llegaron a colonizar las llanuras del norte y oeste de B., donde originaron el pueblo flamenco, caracterizado por su cabello rubio, ojos azules y una estatura considerable, mientras que el Sur y Sudeste sólo fue conquistado militarmente, no asimilándose la población nativa, que dio lugar al pueblo valón, de superior complexión física, delimitándose además una divisoria lingüística entre las dos regiones.La época de las invasiones. El s. V significó para la actual B. casi la supresión total de la presencia romana. En el 450, los francos llegaron hasta el Somme. Las obras arquitectónicas romanas erigidas en B. fueron una presa fácil a la acción devastadora de los invasores, quedando sólo como huella de. la dominación romana los enlosados de algunos pueblos, y objetos de escaso valor. En los últimos años del s. V, las regiones de la B. actual quedaron incorporadas al reino de Clodoveo (v.), fundador de la monarquía francesa, siendo campo de batalla de las luchas de los príncipes de Neustria (v.) y Austrasia (v.), reinos situados en la parte occidental y oriental de la Galia (v.), respectivamente, y que mantuvieron una rivalidad tradicional. Posteriormente, el territorio belga fue sometido de forma sucesiva a la autoridad de los reyes holgazanes (s. VII), de los mayordomos de palacio y, por fin, del Imperio de Carlomagno (771=814). Durante esta época, aumentó el poder de la aristocracia terrateniente, rodeada de un grupo de colonos semilibres, que constituía el precedente inmediato del régimen feudal. La Iglesia adquirió un elevado prestigio, pues la labor evangelizadora de los monasterios ayudó a despertar los sentimientos humanitarios que borraron el aspecto negativo de, las invasiones bárbaras.La aparición del feudalismo. El tratado de Verdún (v.) (843) representó para B. el comienzo de su posterior configuración fisonómica. En él se concedió al emperador Lotario el territorio situado entre Francia y Germania, que recibió el nombre de Lotaringia y, más tarde, en su, parte septentrional, el de Países Bajos, al agrupar las regiones situadas en las desembocaduras de los ríos Mosa, Escalda y Rin.La B. originada en Verdún fue, sobre todo, una B. feudal. Esta organización social, por consideraciones de tipo defensivo, se desarrolló en los s. ix y x en los Países Bajos. Los señores hicieron construir castillos a lo largo y a lo ancho de todo el territorio belga, para hacer frente a las continuadas invasiones de los vikingos normandos, quienes, tras la derrota de Lovaina (891), fueron detenidos en su avance. La futura B. se fue gestando a través de la aparición de una serie de dinastías o señoríos locales. En Verdún, la corona francesa recibió lo que más adelante será territorio del condado de Flandes. En cambio, desde el 925 toda la Lotaringia quedó incluida en Germania (v.), siendo dividida en el 959 por el arzobispo de Colonia, duque de Lotaringia, en dos regiones: la Alta Lotaringia (Lorena) y la Baja o ducado del Lothier; esta última se fraccionó, al poco tiempo, entre pequeñas dinastías locales: el ducado de Brabante, que se extendía hasta el Bajo Mosa; el condado, y más tarde ducado, de Limburgo; el condado de Hainaut, con su capital en Valenciennes; el condado, luego marquesado, de Namur; el condadoducado de Luxemburgo (v. LUXEMBURGO III); y el principado episcopal de Lieja, cuya trayectoria histórica fue independiente de la de los otros Estados de los Países Bajos.La Edad dorada del feudalismo. A pesar de la fragmentación impuesta por el feudalismo, fue precisamente este espíritu individualista el que permitió a los príncipes realizar una política expansionista, de manera que es entonces cuando los belgas pueden fechar su primera afirmación de independencia. La Iglesia (v. V, 1) jugó también un importante papel en el aspecto cultural, como lo demuestra, entre los s. XI y XII, el clero imperial del principado de Lieja, que hizo del territorio belga un centro de cultura cristiana, como ya lo había sido con Carlomagno, convirtiéndose la escuela catedralicia de S. Lamberto en el centro receptor de muchos estudiosos. Por otra parte, numerosos monasterios de órdenes religiosas, como los cistercienses (v.), fundados gracias a la iniciativa de los abades borgoñones, llevaron a cabo una im. portante labor de depuración de la fe y remisión de las miserias sociales, además de otras actividades, como la redacción de crónicas y la elaboración de objetos de orfebrería y miniatura. La Caballería también desempeñó en esta época un papel destacado, favorecido por las Cruzadas (v.). Godofredo de Bouillon, un duque del Lothier, fue el gran director de la primera dé estas expediciones. Y, en la cuarta Cruzada, un conde de Flandes, Balduino IX, fue designado primer Emperador latino de Constantinopla (1204-05).
La aparición de las ciudades. Gradualmente, se impusieron los principios de orden y seguridad, condiciones esenciales para la gestación del régimen ciudadano. Así, las dinastías de Flandes y del Lothier implantaron en sus pequeños Estados regímenes autoritarios, aumentando las facultades de sus tribunales y cancillerías. Como consecuencia de este giro en la política, las campañas de pillaje efectuadas por los señores, que sólo habían sido contenidas por las instituciones eclesiásticas como la Paz de Dios y la Tregua de Dios (v.), fueron duramente combatidas y reprimidas por los condes de Flandes y los duques del Lothier, que se convirtieron de esta manera en una especie de "jueces supremos" (s. XII).El nacimiento de las ciudades en los Países Bajos se asentó sobre sólidas bases. Convertidas en auténticos emporios del comercio internacional, las ciudades belgas acogieron un gran número de mercaderes. La nueva población burguesa que habitó estas ciudades no redujo sus aspiraciones a reclamar privilegios económicos (mercados, ferias) o exenciones tributarias, sino que se preocupó por conseguir, y obtuvo en el s. xiii, el derecho de administración, legislación y jurisdicción autónomas, así como el poder erigir murallas, reclutar soldados y firmar alianzas. Por este motivo, algunas ciudades de la futura B., como Brujas, centro neurálgico del comercio europeo, Gante e Yprés, con importantes industrias textiles, Lieja, Bruselas y Lovaina, con industrias de diverso tipo, se convirtieron en auténticos Estados dentro del Estado. De este modo, paralelamente al desarrollo de las cortes principescas, donde tenía cabida la poesía del trovador, se cimentaba con firmeza una brillante civilización urbana, burguesa, que se complacía en la fundación de escuelas, creación de obras didácticas y construcción de edificios religiosos y civiles.El nacimiento de la nacionalidad belga. Al igual que en Inglaterra y Francia, en el s. xiii se hizo visible el nacimiento de la nacionalidad belga. Para la realización de este proceso se conjugaron varios factores: la aparición en los campos de una clase de hombres libres que llevaba una vida holgada y cómoda; la costumbre extendida entre los grupos urbanos de discutir colectivamente los problemas que afectaban a la comunidad; y la acción centralizadora ejercida por las dinastías. Esta nueva conciencia sólo se desarrolló, de momento, en el seno de cada principado.A pesar de que Flandes (v. FLANDES II) se había convertido en el Estado más rico, próspero y poderoso de los Países Bajos, que ejercía una hegemonía económica y un atractivo social, los Estados de la B. central y oriental, cegados por sus preocupaciones particulares, no percibían aún que los intereses de Flandes simbolizaban los de todo el país. En cambio, las grandes monarquías de Occidente adquieren conciencia de que, arrastrados por el peso de las circunstancias, los dispersos territorios belgas llegarían a formar una comunidad. Hasta que tal cosa ocurriera, Francia intentó aprovecharse de la falta de cohesión interna. Felipe Augusto II (v.), vencedor en Bouvines (1214), subyugó momentáneamente Flandes. Sin embargo, Inglaterra, preocupada ya por impedir que alguna potencia enemiga dominase la desembocadura de los grandes ríos belgas, no permitió que Francia, su gran rival, aumentara su poderío, por lo que no sólo favoreció los intereses flamencos, sino que también coadyuvó a los esfuerzos de los príncipes lotaringios.El predominio de Flandes. En el s. XIV, no parecía aún que Flandes estuviese preparado para desempeñar un papel importante en la política de los Países Bajos, a juzgar por la conmoción experimentada, durante este siglo, a causa de tumultos y luchas civiles. El 11 jul. 1302, la Caballería francesa sufrió la importante derrota de Las Espuelas de Oro, en Groninga, cerca de Courtrai, ante los flamencos. Sin embargo, la situación política del condado de Flandes fue poco segura en esa época, a causa de las luchas promovidas por las corporaciones de los oficios, que intentaron sacudirse la dura tutela de los gildas (antiguos gremios) de ricos comerciantes que habían ejercido severos monopolios comerciales al mismo tiempo que un rígido despotismo político. Existía el peligro de que las disparidades de intereses y las luchas intestinas entorpecieran el desarrollo del ya iniciado sentimiento de nacionalidad en B. Sin embargo, Flandes reaccionó a tiempo, aprovechando, con una perfecta visión política, la pugna que durante una centuria libraron Francia e Inglaterra (V. CIEN AÑOS, GUERRA DE LOS). Por ello, no sólo fue eliminando la dependencia foránea y las rivalidades internas, sino que el condado logró aunar las iniciativas de los otros Estados belgas, firmando con varios del Lothier (1339) una alianza defensiva, un acuerdo comercial monetario y un tratado de arbitraje político. Se estaba trazando de manera evidente el bosquejo y panorámica de la B. futura.El paso dado por Flandes había calado hondo en los demás Estados belgas. Brabante, ducado que gozaba de cierta homogeneidad, gobernado por una familia ilustre, consiguió en 1356 implantar una auténtica democracia con la const. de la Alegre entrada, que prolongó su vigencia sirviendo de base al Derecho público brabantés hasta el fin del Antiguo Régimen. Otro ejemplo es el del principado de Lieja, conmovido por luchas civiles hasta que su príncipeobispo Adolfo de la Marck decidió otorgar la Paz de Fexhe que protegía a la comunidad de las arbitrariedades del soberano.El "fundador" de Bélgica. Por medio de combinaciones matrimoniales, el condado de Flandes pasó a manos de Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, a finales del s. XIV. Ni él, ni su hijo Juan Sin Miedo, preocupados por los asuntos franceses, se percataron de la auténtica importancia de este acontecimiento, considerándolo sólo como una nueva posibilidad de ejercer un nepotismo familiar, que les permitiese dotar a sus hijos de ricos y extensos dominios.Felipe III el Bueno, por el contrario, trazó un programa político tendente a la unificación políticoterritorial, beneficiándose acertadamente de la larga evolución anterior que le había preparado el camino. Según este programa, el duque borgoñón logró, entre 1419 y 1467, agrupar bajo una misma corona todos los Estados que se extendían desde el Mosela y el Somme hasta el Zuyderzée, desligándose de toda atadura de vasallaje, tanto del francés Carlos VII como del emperador Segismundo (V. BORGOÑA II). Con una habilidad estudiada y una diplomacia digna de una príncipe maquiavélico, respetó las constituciones territoriales de cada provincia, al mismo tiempo que, en su calidad de conde de Flandes, duque de Brabante, etc., juró solemnemente cumplir con estas obligaciones, respetando y favoreciendo incluso la institución de los Estados Provinciales y Generales; aunque, disimuladamente, superpuso a las instituciones administrativas y judiciales de carácter regional, el centralismo de una política única, pero favorecedora de intereses comunes. No triunfó, sin embargo, esta tendencia de apertura al Derecho colectivo, sin que antes hubiera de dominar, a veces en conflictos sangrientos, el espíritu de individualismo político y exclusivismo económico de las repúblicas comunales flamencas. Pero, una vez superados estos obstáculos, se afirmó sólidamente la obra iniciada por el llamado "fundador" de B.El fin del Medievo. Continuando la obra de Felipe III el Bueno, su hijo Carlos el Temerario (v.) (1467-77) se propuso la unión de los Países Bajos a Borgoña, aunque desagradó a sus súbditos por su absolutismo político, aniquilando Lieja, al descubrir la alianza del partido demócrata de esta ciudad con Luis XI de Francia (1468). La reacción democrática se hizo más encarnizada a su muerte, pues al no poseer heredero varón, hubo de dejar el poder a su joven hija María de Borgoña, quien tuvo que enfrentarse con las peticiones regionalistas que intentaban recuperar sus antiguos derechos. Forzado por los acontecimientos, el esposo de María, Maximiliano I de Austria (v.), tuvo que luchar contra las reivindicaciones de las repúblicas urbanas, que, sin embargo, poco después, se sintieron más atraídas por la culminación de un programa político colectivo, favorecedor del concepto comunitario. Como contrapeso a la política habsburguesa, impregnada de un espíritu palaciego poco práctico, el pueblo exigía el alejamiento de las tropas extranjeras, el respeto a las constituciones provinciales, la reunión de los Estados Generales, la formación de un ejército propio, la administración de los asuntos internos belgas por administradores y consejeros nacionales y el mandato de un príncipe autóctono que estuviese compenetrado con los asuntos particulares del país. Este programa de la consecución de una B. unida fue realizado por Carlos I de España (v.), que abría así las puertas de la B. moderna.V. t.: HOLANDA III.M. DE LA FUENTE LOMBO.
BIBL.: Sigue siendo fundamental H. PIRENNE, L’Histoire de Belgique, Bruselas 194850. Puede consultarse también L. GENICOT y J. RUWET, Histoire de Belgique, Tournai 1962. Un breve, pero buen resumen es l. DRONDT, Histoire de la Belgique, París 1963. Además, V. TouRNEuR, Les Belges avant César, Bruselas 1944; J. BREUER, La Belgique romaine, Bruselas 1944; F. L. GANSHOF, La Belgique carolingienne, Bruselas 1960.
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