Becerra, Gaspar
Categoria:
Biografía GER
Escultor y pintor español. Se le supone n. en Baeza, ca. 1520, hijo tal vez del pintor Antón Becerra. Hacia 1545 está en Roma, donde permanece por espacio de unos 20 años. Allí casa, en 15 jul. 1556, con Paula Velázquez. En 1557 se encuentra en España, estableciéndose en Valladolid. En 26 nov. 1562 entra al servicio de Felipe II, y el 23 ag. 1563 obtiene el título de pintor del rey. Hizo testamento en Madrid el 22 en. 1568.Sus modelos para la pintura proceden del Juicio Final de la Sixtina y de los frescos de la capilla Paolina. Es el iniciador en España del manierismo de tipo romanista. Post ha resaltado que su temperamento estético siguió siendo español. Interviene al servicio de Vasari y en compañía de su compatriota Pedro de Rubiales, en la decoración del salón del Palacio de la Cancillería de Roma. También ayuda a Daniel de Volterra en la pintura de la capilla de Lucrecia della Rovere, en la iglesia de la Trinidad del Monte. Se movió, por tanto, en la órbita de los discípulos de Miguel Angel, pero no llegó a ser colaborador de éste, a pesar de que puede pertenecerle un dibujo del Juicio Final de la Sixtina. Se discute que sea autor de los grabados de la Anatomía, del médico español Valverde, publicada en Roma en 1556.Su producción es escasa, en parte porque muere joven y también porque la desgracia ha perseguido a sus obras. En el incendio de 1734 del Alcázar de Madrid se perdieron sus frescos de la Torre Dorada, los de las Artes Liberales y de las Cuatro Estaciones.
Hacia 1563 trabaja en la decoración del palacio de El Pardo, donde se conserva la pintura del techo de una pieza. Las nueve pinturas están colocadas dentro de marcos de estuco, con arreglo al sistema de quadri riportati (B. no empleó la quadratura).Le ayudaron J. B. Castello y Rómulo Cincinatto, pero parece que en labores muy secundarias. La vocación de B. hacia lo mitológico y el empleo de la técnica del fresco dan a su arte una importancia singular. La elección de la historia de Perseo para esta decoración habrá de responder, como dice Angulo, a deseos de Felipe II, ya que el héroe mitológico encarnaba el ideal de prudencia y la necesidad de una guerra (la religiosa que Felipe II sostiene con Inglaterra). Los aspectos realistas de la descripción habrán de imputarse al temperamento español del maestro. En un incendio de 1862 se perdió el retablo mayor de las Descalzas Reales de Madrid, de escultura y pintura. Asimismo en otro incendio de 1936 resultaron prácticamente destruidos los retablos colaterales, que contenían pinturas suyas. No se conserva tampoco una Piedad que pintó para el claustro de la catedral de Toledo.
La obra escultórica ha tenido una mayor resonancia. Juan de Arfe observó que sus figuras estaban compuestas con más carne que las de Berruguete. Pacheco señala que B. rebajó la gloria de Berruguete, por haber seguido puramente el ideal de Miguel Angel, de figuras más enteras y de mayor grandeza. El ambiente español hubo de experimentar una violenta conmoción al divulgarse el concepto de B. que imponía la proporcionalidad del cuerpo humano, la perfección anatómica, y la calma, de acuerdo con el ideal de impersonalidad del arte clásico. El 8 ag. 1558 contrató el retablo mayor de la catedral de Astorga, de cuya arquitectura se encargó Bartolomé Hernández. Es una obra decisiva, que influye en la evolución de toda la escultura española (el mismo retablo de Santa Clara de Briviesca está afectado por él). Las esculturas y relieves presentan un modelado de gran bulto, en tanto que la arquitectura manifiesta su monumentalidad. Sobre este mismo esquema dio la traza para el retablo mayor de la iglesia de Santa María, de Medina de Rioseco, que no pudo realizar.
En la catedral es suyo el púlpito. Le corresponde un Cristo yacente, de las Descalzas Reales de Madrid; pero no pueden ser suyos ni el Cristo de las Injurias de la catedral de Zamora, ni la Muerte del Museo de Valladolid.
J. J. MARTÍN GONZÁLEZ.
BIBL. : E. TORMO, Gaspar Becerra, "Bol. Soc. Esp. Exc.", 1912- 1913; G. WEISE, spanische Plastik, Reutlingen 1925-39; I. M. DE AZCÁRATE, Escultura del siglo XVI, Madrid 1958; D. ANGULO, Pintura del Renacimiento, Madrid 1954; CH. R. POST, A History of spanish Painting, XIV, Cambridge, Mass. 1966.Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.