Bartolomeo Della Porta, Fra
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Biografía GER
Pintor italiano n. en Florencia en 1475, m. en Pian di Mugnone el 6 oct. 1517. Había sido discípulo de Piero di Cosimo y de Cosimo Roselli, aprendizaje que compartió con Mariotto Albertinelli, con el que colaboraría tiempo después. Parece que, mientras fue laico, no pintó mejor obra llegada hasta nosotros que un retrato de Jerónimo Savonarola, cuyas predicaciones y desastrosa muerte le habían conmovido. Esta conmoción, que alcanzó a muchos florentinos, movió a B. a abandonar los pinceles y a profesar en el Convento de San Marcos, donde se guarda el referido retrato, y, en efecto, tomó el hábito dominicano en 1500. Pero la comunidad, rehecha después de las turbulencias originadas por el proceso de Savonarola, no deseó prescindir de otro posible Fra. Angélico y obligó al nuevo monje a continuar pintando, y no sólo para la casa, sino para otros lugares. Comenzó, pues, un periodo de larga y profusa actividad del artista, la que, aun no durando sino 17 años, se caracteriza por su abundancia.De 1504 procede una de sus más estimables obras, Aparición de la Virgen a San Bernardo, en la Badía de Florencia, más notable por su originalidad - la Virgen en levitación, aupada por los ángeles- que por su belleza, propósito que no parece fuera el dominante en la ardiente religiosidad de B. Trataba menos de hacer obras bellas que sermones convincentes y emotivos, por lo que los más de sus cuadros, de escaso lirismo, presentan grandes figuras, recias, pero sin delicadeza. De 1506 data el fresco de Los discípulos de Emmaús, sobre la puerta del refectorio del Convento de San Marcos, de Florencia, obra interesante por contener retratos de varios priores del cenobio. Del mismo año, el Noli me tangere, del Louvre. En 1508 realiza un viaje a Venecia, es verdad que breve, pero de harta importancia para su complexión estética, ya que no le abandonarán desde entonces los recuerdos de Bellini y Carpaccio. Primeras consecuencias de este viaje son las obras pintadas para la catedral de Lucca, La Magdalena y Santa Catalina ante el Padre Eterno y La Virgen del Santuario, la primera de ellas, muy sencilla y hermosa, en la pinacoteca de esa ciudad.Por el mismo año, Fra. B. reanuda la colaboración con su antiguo condiscípulo, Mariotto Albertinelli, rota poco antes del fallecimiento de éste en 1515. Frutos de esta colaboración parecen haber sido, entre otras obras menores, el retablo de Los Santos Protectores de Florencia, para la Señoría de la ciudad, Los Desposorios de Santa Catalina, en el Louvre, y La Virgen de Ferry Carondelet, en la catedral de Besançon. Rota la colaboración - en verdad, un tanto difícil, por serIa entre un pintor sujeto a una regla monástica y otro laico-, Fra. B. reanuda, por cierto que con alguna baja en su paleta, la fecunda producción. Otras influencias se le habían deslizado en 1514, luego de una brevísima estancia en Roma, y los ecos de Rafael y de Miguel Angel resultan observables en la pintura de sus últimos años. Pero ésta es, precisamente, la más interesante, la más dominada y controlada. Hasta conviene reputar como su obra maestra la del Descendimiento, en la Galería Pitti, de Florencia, tabla creída de 1516, y que, si contiene algún eco de Perugino, no dejará de influir, a su vez, en Andrea del Sarto. La composición en triángulo es de total belleza, y las dos grandes manchas de rojo - manto de S. Juan y vestido de la Magdalena-, diestrísimamente equilibradas.Otra gran pieza, ésta de 1516, el Cristo Resucitado, entre los Evangelistas, en la propia Galería Pitti, sorprende por la elemental, sobria, más que nunca comedida grandeza del concepto. Por lo demás, es imposible dar la larga lista de las obras de este pintor honestísimo, esencial, nada seductor, en ningún modo elegante ni refinado, del todo fiel a la disciplina teológica que se impusiera al profesor en el Convento de San Marcos. Regular colorista, mezquino compositor, era un soberano dibujante, y, no menos que a Andrea del Sarto, sería difícil hallarle errores. No fue genial, y todo lo mejor que se puede expresar en su elogio son las dotes de buen trabajador y de artista convencido de la verdad de lo que sentía y trasladaba. Y, acaso, lo mucho o poco que de él pudiéramos encontrar de excelente artista no reside en sus pinturas, sino en sus dibujos.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL. : E. FRANTZ, Fra. Bartolomeo de/la Porta, Ratisbona 1879; K. KNAPP, Fra. Bartolomeo de/la Porta und die Schule von S. Marco, Hallen 1903.Guarda este contenido en tu perfil
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