Barcelona II. Historia. HIST.
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Historia
Ciudad. Edad Antigua. En el espacio, por donde actualmente se extiende la ciudad de B. se desarrollaron diversos poblados iberos. Del s. III a. C. data una moneda con la inscripción Barkeno. Ausonio habla de la púnica Barcino, dato que, vinculado con tradiciones que afirman la fundación de B. por los cartagineses, puede dar a entender que éstas tuvieron algún contacto con los iberos radicados en aquel ámbito. La presencia romana en la ciudad data de la venida de Cneo Cornelio Escipión (218 a. C.) en el curso de las guerras contra Cartago, y ya en el s. II a. C. puede estimarse constituido un centro urbano de base étnica ibérica, administrado por los romanos. Esta agrupación recibiría en la segunda mitad del s. I a. C. el estatuto jurídico de colonia y los títulos de Faventia, Julia, Augusta y Paterna añadidos a su nombre de Barcino. Poseyó un magnífico templo, probablemente dedicado a Augusto, foro, teatro, termas, circo y otros edificios que aseveran su esplendor.En el 263, unas bandas de estirpe germánica arrasaron Barcino. Es verosímil que el cataclismo diera pábulo a dos tipos de convulsión: en primer término, una reacción de los grupos cristianos, que existirían ya a la sazón en B., contra el paganismo oficial, y luego una subversión, más o menos abierta, de las clases proletarias contra las minorías gobernantes. Así, la muralla defensiva que los barceloneses comenzaron a construir a finales del s. III y principios del IV, contiene como materiales de construcción numerosos vestigios de la época imperial, evidentemente menospreciados por la población de esta segunda B. De modo concordante, vemos construirse la primera basílica cristiana, en el s. IV, y la tradición nos transmite los nombres de algunos de los primitivos obispos y la noticia de haberse celebrado concilios en la ciudad (V. ESPAÑA VIII, 4).En el transcurso del s. V, los visigodos (v.) se asientan en Hispania y su rey Ataúlfo establece la capital en B., la cual conservaría esta primacía hasta el reinado de Atanagildo. Esta fase quedó cancelada con la ocupación musulmana (B. fue considerada como una importante plaza fuerte de la España árabe, al frente de la cual se puso un gobernador o valí), a la cual puso término a su vez la reconquista cristiana operada con ayuda de los carolingios, durante el reinado del emperador Ludovico Pío (803).Medievo. El condado de B., nació dentro del ámbito político carolingio y se independizó de éste en tiempo del conde Wifredo I (v.), 874898. Durante el primer periodo condal, la ciudad vivió prósperamente al abrigo de las murallas romanas. Testimonia este auge la aparición de una serie de núcleos urbanos extramuros. El conde Mir (m. 966) construye la Acequia Condal para traer las aguas de las montañas vecinas. El 6 jul. 985 B. fue destruida por Almanzor. Tal como la devastación del s. III había dado fomento a la B. cristiana, esta prueba estimula una nueva etapa, la de la B. románica, cuyo símbolo más descollante es la construcción de una nueva catedral, consagrada en 1058. Sabemos que por las mismas fechas existían también otros templos de renombre, como los de S. María del Mar, S. María del Pino, S. Miguel, S. Justo y Pastor y S. Jaime, al paso que los diversos núcleos desparramados por el llano de B. erigían sus propias parroquias, centro de su respectivo desarrollo urbano. Los soberanos barceloneses de esta centuria otorgaron protección al comercio, y el conde Ramón Berenguer I el Viejo (103576) impulsó el florecimiento testimoniado por la acuñación de monedas de oro y la promulgación del código de los Usatges. En el tráfico mercantil, tomaba parte una nutrida y brillante comunidad hebrea. La ciudad estaba ya dotada de una serie de instituciones y servicios que merecían la admiración de los viajeros de la época: existían varios hospitales de pratocinio eclesiástico y real, a los que se agregó en 1147 el instituido por Bernat Marcús y alrededor de 1150 el de leprosos de S. Lázaro; sehabía fundado una cofradía de correos y abundaban los albergues y hosterías.
En tiempo de Jaime I (1213-76) se construyó una nueva muralla para incluir los núcleos habitados crecidos fuera de la romana. También fue este monarca el creador del municipio de B.: organizó un consejo de cuatro miembros, que se asistían de ocho consejeros suplementarios.La jurisdicción de la ciudad de B. se extendió más allá de las murallas urbanas, de suerte que en plena época feudal existía ya una extensa comarca íntimamente unida a la ciudad. En enero de 1283, el rey Pedro III el Grande dictó en Cortes el célebre privilegio intitulado Recognoverunt proceres, primer compendio del Derecho privativo de B., cuya validez se extendió a otras poblaciones como Gerona, Igualada, Moyá, Granollers, Villafranca del Panadés, Villanueva y Geltrú, Martorell, Mollet, etc. La ciudad de B. practicó en los s. xiu y xiv una intensa política de adquisición de castillos y señoríos, llevada a límites tan amplios que entre ellos se contaron los términos de Flix y La Palma, en la ribera del Ebro, y los de Elche y Crevillente, en el litoral levantino. Buen número de localidades catalanas aspiraban a convertirse en "calles de B.", por el anhelo de liberarse del yugo feudal y la mayor confianza que desde el s. xiv pusieron en el protectorado de B. antes que en la tutela del monarca. Para ello las poblaciones procedieron a simular su acogimiento a la soberanía municipal de B., constituyéndose en carrers de la misma. La primera que se acogió a este privilegio fue Cardedeu (1343) y la última Igualada (1499).El reinado de Pedro III (127685), con el dominio catalán del Mediterráneo, prepara la enorme prosperidad comercial y cultural de que gozará B. durante el s. xiv y de la cual es símbolo la necesidad de ensanchar la muralla de Jaime I, como lo practicará, a partir de 1358, Pedro IV el Ceremonioso. Los astilleros barceloneses, las célebres atarazanas, construyeron las naves que protegieran el despliegue comercial barcelonés por todo el Mediterráneo en cada una de cuyas plazas principales, así como en otras de la Europa atlántica, se establecieron consulados de la ciudad. En 1298 había comenzado la obra de la tercera catedral, la gótica, y en el siglo siguiente se elevaron, dentro de tal estilo arquitectónico, varios de los monumentos más preciados que subsisten en la ciudad (v. iv), mientras en diversas calles, como las de Lladó y Mercaders, la burguesía enriquecida levantó mansiones magníficas. El Consejo municipal barcelonés, cuyo germen data de 1248, alcanzó un poder económico y un relieve político enormes.Este esplendor llegó a un apogeo precursor de la crisis en el s. XV que presenció el desarrollo más refinado del arte gótico y la construcción de palacios majestuosos, como los de la calle de Montcada. De 1451 data la Univ. de B., fundada por Alfonso el Magnánimo. El estallido de la crisis se produjo durante el reinado de Juan II (145879) con una rebelión de motivaciones políticas, en cuyo sustrato militaban violentas tensiones sociales suscitadas por el crecimiento de la masa proletaria.Tiempos modernos. La pacificación patrocinada por Fernando el Católico preparó otro siglo de esplendor para B., el xvi. La ciudad vivió, durante el reinado de Carlos I, en íntima comunión con el soberano y éste reunió en ella al capítulo del Toisón de Oro (1519) y efectuó 11 estancias en B. La riqueza de la ciudad en esta época mereció generales elogios. Dos crisis relativamente concordantes pusieron término al equilibrio de las relaciones entre B. y la Corona. Son la de 1640, con la rebelión catalana contra el centralismo de Olivares (V. CATALUÑA, REVOLUCIÓN Y GUERRA DE), y la de 1714, en que la ciudad llevó a sus últimas consecuencias su adhesión a la causa del archiduque Carlos de Austria en contra de Felipe V. En una y otra, hay en común la nostalgia de la época de relaciones pactadas entre el trono y la colectividad ciudadana. Después de la cruenta toma de B., Felipe V, con el Decreto de Nueva Planta, suprime las peculiaridades políticas y administrativas de Cataluña y extingue el régimen municipal característico de B. Durante el s. XVIII, la ciudad vivió una de sus etapas más laboriosas y fecundas. En este tiempo, B. alcanzó los 100.000 hab., superándose el tono relativamente estacionario del censo de la ciudad durante varios siglos. Este desarrollo se explica gracias a la venida de copioso contingente de inmigrados que acudieron a trabajar en las factorías barcelonesas, figurando entre las más prósperas las indianas. La libertad de comercio con América, dictada en 1778 por Carlos III, dio enorme impulso a la vida fabril y al puerto de B. La guerra napoleónica y las convulsiones políticas del s. xix representaron un freno grave a esta expansión industrial que no se reanudó hasta mediados de siglo. En 1875, la población de la ciudad era de 183.787 hab., y en 1887 de 248.943. En 1854, se acometió el derribo de las murallas, y en 1858 se puso en marcha el plan Cerdá de ensanche. La ciudad fue dilatándose hasta entrar en contacto tan íntimo con las demás poblaciones del llano que el 20 abr. 1897 se agregaron a ella los municipios de Gracia, San Gervasio, Sans, Las Corts, San Martín y San Andrés; Horta y Sarriá no se incorporaron hasta 1904 y 1921, respectivamente.Provincia. La creación de la provincia de B. data, como todas las de España, del propósito de las Cortes de Cádiz de 1812 de establecer una nueva división del territorio nacional. De acuerdo con esto, el 30 nov. 1812 el jefe del ejército español de Cataluña, general Luis de Lacy, constituyó en Vich el primer consistorio de la Diputación de B., cuya gestión quedó cancelada cuando en 1814 Fernando VII restauró el régimen absolutista. En 1820 renació el constitucionalismo, y el 3 de mayo volvió a integrarse la Diputación barcelonesa. El RD de 30 nov. 1833 constituyó las 49 provincias españolas y el 21 abr. 1834 se establecieron los partidos judiciales que integraban B. Es digno de tener en cuenta que el ámbito administrativo de la provincia tiene apreciable congruencia con la antigua jurisdicción de la ciudad de B. La provincia comprende trece partidos judiciales (Areriys de Mar, Barcelona, Berga, Granollers, Igualada, Manresa, Mataró, Sabadell, San Feliú de Llobregat, Tarrasa, Vich, Villafranca del Panadés y Villanueva y Geltrú), y 309 municipios, cuyos destinos globales estuvieron incorporados al condado de Barcelona hasta el s. XII, y más tarde, a la Corona de Aragón (V. ARAGÓN, HISTORIA MEDIEVAL III). A partir del s. XVIII, comenzó en el área barcelonesa un intenso movimiento industrializador que atrajo copiosa población inmigrada, promoviendo el rápido crecimiento demográfico de la provincia.
Entre 1857 y 1877, la población de B. creció dos veces más aprisa que la de la provincia, y entre 1887 y 1900 la capital aumentó en 237.000 hab., mientras que la provincia ganó 132.000. El ritmo de desarrollo se ha igualado, en cambio, dentro del siglo actual, salvo los últimos años en que se ha acelerado el correspondiente al resto de la provincia, excluida la capital. Esta inmigración, creadora de frecuentes desajustes socioeconómicos, está en el sustrato de las conmociones políticas vividas por B. y su área en nuestro siglo. Tras el movimiento calificado de Semana Trágica (1909), comenzó una etapa efímera de prosperidad y orden, que volvió a enturbiarse, a partir de 1917, con los desequilibrios resultantes de la I Guerra mundial, traducidos en lo laboral a las inquietudes sindicalistas, que derivaron pronto hacia una oleada de terrorismo; en lo financiero, por crisis tales como la quiebra del Banco de Barcelona (1920), y en lo político, por la redicalización de las reivindicaciones catalanistas, cada vez menos compatibles con el esquema político de la Restauración. En 1923, el general Primo de Rivera (v.), desde la Capitanía General de B., reclamó el ejercicio del poder y su etapa de gobierno se tradujo en B., en la pacificación de las tensiones citadas, y tuvo como momento culminante la apertura de la Exposición Internacional de 1929. El agotamiento de este experimento político dio fomento a los sectores adversos a la monarquía, que triunfaron en B. en las elecciones municipales de 1931 y, haciéndose cargo de los puestos clave de la ciudad, proclamaron en ella la república horas antes que en Madrid. Los años de la Guerra civil fueron catastróficos para B., cuya población retrocedió a los niveles de 1930 y en cuya riqueza se produjeron destrucciones cuantiosas. En 1 mar. 1961 el municipio de B. recibió por ley un régimen especial (carta municipal).V. t.: CATALUÑA IV.PEDRO VOLTES.
BIBL.: AYUNTAMIENTO DE BARCELONA, Publicaciones del Gabinete Técnico de Programación y del Znst. Municipal de Estadística; F. CARRERAS CANDI, Geografía General de Catalunya, II, Barcelona s. a.; I. M. MARTÍNEZ MARí, La inmigración en el área de Barcelona, "Estudios Geográficos" 105, XXVII; ORGANIZACIóN SINDICAL DE BARCELONA, Barcelona en cifras, Barcelona 1966; A. A. PI Y ARIMóN, Barcelona antigua y moderna, Barcelona 1854; L. PERICOT, A. CASTILLO y J. VICENS, Barcelona a través de los tiempos, Barcelona 1944; C. SOLDEVILA, Guía de Barcelona, Barcelona 1951; F. UDINA y 1. M. GARRUT, Barcelona, veinte siglos de historia, Barcelona 1963; P. VILAR, La Catalogne dans 1’Espagne moderne, París 1962; P. VOLTEs, Historia de Montiuich y su castillo, Barcelona 1960.
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