Barcelona, Condado de GEOG.
Categoria:
Geografía
Demarcación que formaba parte del Imperio carolingio y que, paulatinamente, fue adquiriendo personalidad propia hasta convertirse en independiente y constituir el centro político y económico del principado de Cataluña.1. Primeros tiempos. Después de la conquista de B. por Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno (801), la ciudad y su territorio fueron entregados para su gobierno a un godo, el conde Bera (80120). El mal gobierno de éste en el interior y su intromisión en los asuntos de alta política, provocaron su destitución; ello hizo que el monarca carolingio decidiese instalar en el país hombres de su absoluta confianza, con lo que se introdujo en la región el dominio franco propiamente dicho. El conde Rampón (82026), que fue el primero de estos condes francos, gobernó los condados de B., Gerona y Besalú. Su sucesor, Bernardo (826832, primer mandato), hijo de S. Guillermo de Tolosa y hermano de Gaucelmo de Rosellón, gobernó, además del núcleo antes citado, la región de Narbona, por lo que se le conoce también con el sobrenombre de Bernardo de Septimania.El alzamiento de Aisón y de Guillemundo, hijo este último de Bera (826827), contra Bernardo, logró aglutinar el descontento indígena por el dominio franco de los hijos de S. Guillermo. Berenguer de Tolosa (832835) fue seguido durante unos años y hasta su muerte, por este grupo disconforme con el gobierno de Bernardo, el cual pagaría con su vida sus sublevaciones posteriores. Ya en el 832 el rey Luis le había privado de sus honores, que le fueron devueltos en el 835, año en que inició su segundo mandato.Al ser ejecutado Bernardo de Septimania (844), Carlos el Calvo entregó sus extensas posesiones a Sunifredo (m. 848), padre de Wifredo el Velloso, que ya desde el 834 era conde de UrgelCerdaña por concesión de Luis el Piadoso. Sunifredo formó, pues, un patrimonio que abarcaba, además de los condados citados, los de B. GeronaBesalú y Narbona. Si tenemos en cuenta que su posible hermano Suñer era a su vez conde de AmpuriasÍ nos daremos cuenta del extraordinario poder que reunió la familia carcasonense (ambos eran hijos de Belón de Carcasona). En el 842, Sunifredo tuvo que rechazar en la Cerdaña un intento musulmán de invadir el reino franco.Fracasado el intento de Guillermo, hijo de Bernardo de Septimania, de apoderarse de B. (848), donde logró mantenerse precariamente con la ayuda musulmana hasta que fue ejecutado (850), todos los condados catalanes pasaron de nuevo a manos extranjeras (Sunifredo era originario del país que gobernaba). Alertn (850-852), conde de Troyes, fue el primero de estos extranjeros. Durante su gobierno B. fue saqueada por los musulmanes (ca. 852). Destituido su sucesor Odalrico (852-858), en tiempos del cual B. fue nuevamente devastada por los musulmanes (856), le sucedió Humfrido (858-64). Éste, originario de Italia, gobernó la Narbonense y gran parte de lo que sería Cataluña. Acusado de infidelidad, fue desposeído de una parte de sus dominios en beneficio de Frodoín, obispo de B., y del conde Suñer de Ampurias. En el 863, se apoderó por las armas del condado de Tolosa y de CarcasonaRasés. Al año siguiente, abandonó el país y se refugió en Italia, donde poseía una poderosa hacienda, por lo que el rey Carlos entregó una parte de la marca de Gotia (condado de Narbona y región del Ródano) y los condados de Rosellón y B. al franco Bernardo de Gotia (865-878), el cual, llevado por su ambición, se preocupó más de mantener buenas relaciones con el rey Carlos y con los altos dignatarios de su corte, que de gobernar la región que le había sido encomendada, la cual fue abandonada a manos incompetentes de terceros. Aprovechando la ausencia del monarca, que se hallaba en Italia, se sublevó contra 61 (877), pero pronto se llegó a un acuerdo pacífico con el rey Luis el Tartamudo, hijo y sucesor de Carlos, acuerdo al que Bernardo de Gotia no quiso adherirse (habían participado en la sublevación a su lado Bernardo de Tolosa y Bosó, cuñado de Carlos el Calvo). En el concilio de Troyes (agostoseptiembre 878) Bernardo de Gotia, que se había negado a comparecer, fue desposeído de sus condados. B. y Gerona fueron adjudicados a Wifredo I el Velloso (v.) (878-97) y el Rosellón al conde Mirón de Conflent.2. Wifredo I y sucesores (hasta 1032). La labor más importante llevada a cabo por Wifredo fue la repoblación y organización del llano de Vich, región que cortaba las comunicaciones entre Urgel y B. Durante su gobierno, se produjo un cambio trascendental en el régimen que regulaba las relaciones entre los distintos condes y el soberano. La importancia del poder condal fue haciéndose cada día mayor (contribuyó a ello la dudosa legitimidad de la proclamación de Odón, 888, que no pertenecía a la familia carolingia) y el poder real fue debilitándose. Al convertirse en hereditario el condado, se había dado un paso de gigante en la constitución de unas regiones autónomas, aunque todavía durante algún tiempo el sucesor del conde anterior gozaría de la concesión real. "La marcha de los condados catalanes hacia la soberanía no fue animada por el visigotismo ni por ningún otro sentimiento nacional, que no existía. Fue provocada por la desintegración general del reino franco, creación superior a las posibilidades de los tiempos y por ello inviable y utópica" R. d’Abadal, Els primers comtes catalans, Barcelona 1958).Wifredo I, sin intervención real, dividió sus posesiones en varios lotes que repartió entre sus hijos. El condado de Urgel quedó para Sunifredo II; el de CerdañaConflent y el Bergadán para Mirón; el de Besalú continuó bajo la regencia de su hermano Radulfo, y, finalmente, el núcleo central B. GeronaAusona fue otorgado a su primogénito Wifredo II, llamado también Borrell 1 (897-911), que debería gobernar conjuntamente con su hermano Suñer (897-947). Todos ellos gobernarían su lote con absoluta independencia, aunque el conde de B. adquiriría en seguida un relieve superior a los restantes.Durante el gobierno de Wifredo II, el rey Carlos el Loco (hijo de Luis el Tartamudo), sucesor de Odón, y restablecedor de la dinastía carolingia, aunque fortaleció su autoridad durante los primeros años de su reinado, no pudo evitar la enajenación del patrimonio real (cesión de predios y derechos fiscales), con lo que la autoridad de la monarquía disminuyó todavía más frente al poder del conde que había pasado, como dice Abadal, de simple administrador de la región que gobernaba, a propietario de la misma. El momentáneo robustecimiento de la autoridad del rey, del que hemos hablado, se puso de relieve con ocasión de la embajada a la corte, en la que participó probablemente el conde de B., Wifredo II, el cual, a cambio de prestar fidelidad y homenaje a Carlos el Loco, obtuvo de éste la posesión de las tierras despobladas en las comarcas de Ausona y Bages (899), lo que representó un nuevo paso hacia la formación de un dominio personal. A su muerte (911), su hermano Suñer siguió en el gobierno del condado. Durante los años que duró su gestión (hasta 947), la autoridad de la monarquía carolingia fue debilitándose hasta tal extremo que apenas tenemos noticia documental de su existencia. Las relaciones que poseemos de Cataluña con el poder real se efectuaron a través de tres monjes, la personalidad de los cuales adquiere un singular relieve; fueron éstos, Gomar de San Cugat del Vallés, que alcanzaría probablemente el obispado de Gerona; Cesario de Santa Cecilia de Montserrat, que pretendería obtener el arzobispado de Cataluña, y Suñer de Cuixá, que actuó en tiempos del conde Borrell II.A la esposa del conde Suñer, Riquilda, debemos la iniciativa de la fundación del citado monasterio de Sta. Cecilia y del barcelonés de S. Pedro de las Puellas (945). En el 912, Suñer tuvo que hacer frente a un ataque musulmán desencadenado por alTáwil, señor de Lérida, en el valle de Tárrega. Esta acción fue, sin embargo, de poca importancia; no en cambio la expedición que en el 936937 dirigió Suñer hacia el sur, el resultado de la cual fue el momentáneo abandono de Tarragona y la obtención del pago de un tributo por parte de las autoridades musulmanas de Tortosa. En el 947, Suñer se hizo monje, probablemente de la Grasa, donde moriría dos años después. Le sucedieron sus hijos Borrell II (94792) y Mirón (947966). El primero gobernó sólo desde la muerte de su hermano. En el 948, incorporaron a sus dominios el condado de Urgel, por muerte de su tío. Borrell viajó a Roma (970971) con Gerberto (futuro Silvestre II), al que presentó al pontífice Juan XIII, el cual estableció en este momento en arzobispado de Vich como continuador del de Tarragona, que se hallaba en poder de los musulmanes. Con ello, Borrell obtenía la independencia eclesiástica de Cataluña, pero la muerte del obispo de Vich, Atón, arruinó este intento de creación de un arzobispado independiente del de Narbona.A diferencia de su padre, Suñer, Borrell II inició su gobierno con un acercamiento a Córdoba, a donde se dirigió personalmente (ca. 950) en busca de la paz con Abderramán III (v.). Aunque desconocemos los resultados de esta embajada, sabemos que Tarragona había pasado en el 960 de nuevo a poder musulmán. La muerte de Abderramán III (961) provocó un cambio de actitud de los cristianos frente a su sucesor Alhaquem II, el cual, en represalia al reinicio de las hostilidades por parte de los Estados cristianos, emprendió varias acciones de castigo: en el 965 fue atacado el territorio de B. En las posteriores embajadas catalanas, no sólo se firmó la paz (966), sino que Borrell II prestó obediencia y vasallaje al califa cordobés (971, 974), lo que pone de relieve el absoluto desligamiento existente ya entre Cataluña y la monarquía carolingia.De nada le valió a Borrell II esta sumisión a Córdoba. En tiempos del sucesor de Alhaquem II, Hixem II, Almanzor, con la única finalidad de obtener un rico botín, saqueó violentamente B. (julio 985), que fue casi totalmente arrasada. Los monasterios de S. Cugat, S. Pablo del Campo y S. Pedro de las Puellas sufrieron también el paso de los ejércitos de Almanzor. Esta acción acercó a Borrell II a los reyes francos, Lotario (m. 898) y Luis V. A la muerte de este último (987), y gracias a la intervención del arzobispo de Reims y de su secretario, el ya conocido Gerberto, fue elegido rey de Francia Hugo Capeto. El rompimiento de la legitimidad carolingia era esta vez definitivo.La negativa tácita del conde de B. a prestar fidelidad al nuevo monarca franco (988), puso fin de manera irrevocable al dominio de los reyes de Francia sobre Cataluña. El alejamiento del peligro musulmán, las embestidas del cual se dirigirán en el futuro hacia León y Castilla, hizo que el conde catalán no necesitase el apoyo de Francia que había solicitado a raíz del ataque de Almanzor. Esta situación de hecho de absoluta independencia de Cataluña, no se sancionaría jurídicamente hasta el tratado de Corbeil (1258), entre Jaime I el Conquistador (v.) y S. Luis de Francia, lo cual pudo influir en que los primeros condesreyes de Cataluña no se atreviesen a usar el título de reyes de Cataluña y tomaron para su titulación el de reyes de Aragón, con lo que el nombre de Cataluña no aparecerá en la titulación real hasta los monarcas intrusos del s. XV.Durante los últimos años de su reinado, Borrell II asoció a sus hijos Ramón y Armengol en el gobierno de sus estados. En su testamento, separó el condado de Urgel (que fue atribuido a Armengol) del núcleo central, B. GeronaAusona, que heredó el primogénito Ramón, llamado Ramón Borrell (992-1018). Éste, afianzada su soberanía en el interior y acrecido su prestigio en Roma, donde estuvo en 1002, reconsideró su actitud en relación a Córdoba en el sentido de reiniciar las hostilidades, que habían cesado después del saqueo de B. El resultado de esta política fue una razzia en el Panadés (destrucción de Manresa, 1001-1002) y una campaña de mayor envergadura que llevó a cabo el hijo de Almanzor, `Abd alMalik alMuzaffar, que con la ayuda del conde castellano, Sancho García, y del monarca leonés, Alfonso V, atacó el llano de B. La contrapartida a este ataque musulmán fue la gran expedición catalana a Córdoba (1010). El motivo inmediato de dicha empresa, fue el apoyo que prestó Cataluña al omeya Muhammad alMahdi para instalarse en el trono de Córdoba en competencia con Sulaymán (objetivo que se logró) y el resultado, bastante negativo según muchos historiadores, fue la obtención de oro musulmán y el acrecentamiento del prestigio catalán en el interior de la península. Todavía en 1018, emprendería Cataluña una nueva expedición a Andalucía en apoyo de una de las facciones (la omeya) que se disputaban el poder. Ramón Borrell, sintiéndose enfermo de muerte, regresó a Cataluña antes del término de la campaña, que fue un fracaso para la causa que apoyaban los catalanes.La repoblación de una parte del Panadés, llano de Bages, Segarra, Conca de Barberá y Campo de Tarragona, adquirió bajo Ramón Borren un empuje considerable. A su muerte, dejó el gobierno del condado a su hijo, Berenguer Ramón I el Curvo (101835) y a su viuda Ermesenda, mujer de extraordinarias dotes políticas que gobernó durante toda su vida juntamente con su hijo, aunque jerárquicamente Berenguer Ramón ocupase un lugar preeminente. Éste casó con Sancha, hija de Sancho García de Castilla (ca. 1021), matrimonio del que nacería el heredero del condado, Ramón Berenguer I. Durante el gobierno de Berenguer Ramón I, de temperamento más bien reposado, el país vivió en absoluta paz interior y exterior, lo que, si bien no hizo avanzar ni retroceder la reconquista y la repoblación, creó una estabilidad política que permitió estructurar las instituciones del condado de B., que iba adquiriendo cada día una mayor supremacía sobre los otros condados catalanes. En su testamento (1032), siguiendo una costumbre normal en la época, dividió sus condados entre sus hijos.Ramón Berenguer I el Viejo (1035.76). Heredó de su padre B. Gerona; a Sancho había dejado las marcas de B. hacia la frontera musulmana y a Guillermo (juntamente con su madre, Guisla), el condado de Ausona. El nuevo matrimonio de Guisla, con la consiguiente pérdida de sus derechos, y las renuncias de Sancho (1049) y Guillermo (1054), volvieron a agrupar las posesiones que había separado Berenguer Ramón I en el referido testamento. Durante la infancia del conde, gobernó su abuela Ermesinda (hasta ca. 1039), pero, alcanzada una indeterminada mayoría de edad, Ramón Berenguer I entró en conflicto con ella por no quererle ceder la condesa el condado de Gerona(1041). A estas dificultades hay que añadir la lucha que por estos años sostenía el conde de B. contra los musulmanes de Zaragoza y contra el conde de Cerdaña. La necesidad de obtener ayuda de Ermesenda para combatir a Mir Geribert, un poderoso noble, primo del conde, que, titulándose príncipe de Olérdola, se rebeló en el Panadés (104952), provocó un momentáneo acercamiento entre Ramón Berenguer I y la poderosa condesa Ermesenda, la cual, enemistada de nuevo con su nieto poco después, consiguió de Roma su excomunión y la de su esposa Almodis. Si a esto añadimos la infidelidad del conde de Besalú y unos graves actos insurreccionales acaecidos dentro de los muros de B., nos daremos cuenta de la extrema gravedad a que había llegado la situación (1055-56). Sólo la excepcional habilidad política de Ramón Berenguer 1 y la solidez que había alcanzado la estructura políticosocial del país, alcanzaron a enderezar tantas dificultades: se firmó la paz con Ermesenda (1057), que moría al año siguiente, y se establecieron unos pactos con los condes de Urgel y Cerdaña ante una posible lucha contra los musulmanes. En 1058-1059, Mir Geribert se sometía también al conde de B.
R. Berenguer I dio un extraordinario empuje a la reconquista en una doble dirección. Hacia levante, y con la ayuda de Armengol III de Urgel, reconquistó Ager (ca. 1048) y*Camarasa (1050). Por el sur, repobló Tamarit y otras plazas en la Segarra e ideó un ambicioso proyecto, no realizado, de repoblar Tarragona. Durante el gobierno de Ramón Berenguer I, el condado de B. adquirió un extraordinario prestigio en el interior y en el exterior. El conde recuperó numerosos castillos vendidos en tiempos anteriores y compró otros nuevos. Obtuvo la fidelidad total de los condes de Urgel (1063) y Ampurias (1067), y los de Besalú (1054, 1057) y Cerdaña (1058) reconocieron también, aunque de forma más imprecisa, su supremacía. Las parias de Zaragoza, Lérida y Tortosa, que cobraba en oro, le permitieron realizar las compras antes citadas y además acuñar onzas de oro en B. También la construcción de naves se inició en la capital, lo que nos da ya idea del de un tímido comercio mediterráneo. Con la compra de los condados de Carcasona y Rasés (1068-70) que habían quedado sin sucesión directa ni colateral a la muerte de Ramón II de Rasés (1065), Ramón Berenguer 1 inició la expansión ultrapirenaica, que caracterizará la política de sus sucesores. La muerte del primogénito, Pere Ramón, en tierras musulmanas, a donde había ido en penitencia al ser condenado por Roma a causa del asesinato de su madrastra Almodis (1071), hizo que Ramón Berenguer I entregase todas sus posesiones a los hijos del segundo matrimonio, Ramón Berenguer II Cap d’Estopes (1076-82) y Berenguer Ramón II el Fratricida (1076-96), los cuales gobernaron conjuntamente o a través de un turno rotativo.3. Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II. La empresa de reconquista fue poco brillante en vida de los dos hermanos y se limitó a intervenciones en la política interna de los musulmanes: durante los primeros años de su gobierno ayudaron a alMu’tamid de Sevilla contra Murcia, en una expedición que fue un completo fracaso. Años más tarde (1082), B. apoyaba a alMundir de Lérida en la lucha que éste sostenía contra su hermano de Zaragoza, alMu`tamin, que gozaba del apoyo mercenario del Cid. La acción fue también un fracaso (Berenguer Ramón II cayó prisionero). Mayor eficacia tuvo la acción repobladora que se extendió por una parte del llano de Urgel y por la Conca de Barberá. La oposición entre los dos hermanos, surgida a causa de la aplicación prácticadel testamento paterno, dejó sentirse muy pronto, pues, al parecer, Berenguer Ramón II gobernaba con cierta inferioridad con respecto a su hermano. La intervención del enérgico pontífice Gregorio VII logró de momento restablecer la concordia entre ambos (convenio de 1079), pero unos años más tarde (diciembre 1082) Ramón Berenguer II caía asesinado, muy probablemente, por orden de su hermano.
A la misma intervención papal parece que se debe el matrimonio de Ramón Berenguer II con Mahalta, hija de Robert Guiscard de Apulia y Calabria (ca. 1078). Por esta unión (seguida de otras de la familia condal catalana en sentido parecido) el condado de B. entraba dentro de la órbita de las grandes potencias de Occidente, lo que pone de relieve el prestigio que iba adquiriendo el país en el ámbito internacional.Los primeros años del gobierno personal de Berenguer Ramón II fueron difíciles: Carcasona y Rasés le negaron la obediencia, y una parte de la nobleza, encabezada por Ramón Fo1c de Cardona, Bernat Guillem de Queralt y Guillem Ramón de Cerdaña, se mostró también remisa a obedecer al Fratricida, lo que provocó una grave crisis interna (hubo incluso un proyecto, que no prosperó, de entregar la señoría del condado a Alfonso VI de Castilla). Establecida la paz interna, Berenguer Ramón II siguió con la política de intervención en los asuntos internos de los distintos soberanos musulmanes. Sus aspiraciones se orientaron hacia Valencia, reino que pretendía incorporar al de su protegido alMund_ir de Lérida. Alfonso VI y el Cid, que mantenían idénticas aspiraciones de predominio sobre Valencia, se encargaron de que esta política catalana terminase en el más absoluto fracaso. El restablecimiento de la sede metropolitana de Tarragona, concedido por el papa Urbano II (julio 1091) a instancias del conde, representó la consecución de la absoluta libertad eclesiástica de Cataluña con respecto a Narbona, si bien el país no tuvo, una vez más, la suficiente potencialidad demográfica para repoblar el Campo de Tarragona.4. Ramón Berenguer III, el Grande. Durante los últimos años de su vida política (1093-96), Berenguer Ramón asoció a su sobrino Ramón Berenguer III (1097-1131), a las tareas de gobierno y él, después de ser vencido en una batalla judicial ante Alfonso VI, se retiró de la escena política; es muy probable que muriese en alguna batalla de la cruzada que por estas fechas se estaba llevando a cabo. Fracasada a causa de la muerte del Cid, con cuya hija se había casado el conde catalán en busca de un aliado poderoso la política levantina de Ramón Berenguer III, cuyo principal fin era la toma de Tortosa, objetivo imprescindible si se quería efectuar la repoblación de Tarragona, el conde orientó su expansión hacia poniente, donde colaboró con Armengol VI de Urgel en la toma de Balaguer (1106). El empuje de los almorávides (que invadieron el Panadés, 1107, y por el llano de Urgel y la Segarra llegaron hasta B. donde fueron rechazados, 1115) fue la causa que frenó la acción reconquistadora, que durante unos años quedó completamente coagulada en su faceta peninsular. Otro _cariz tomaron, sin embargo, las cosas en el mar. En 1114-15 y a instancias del papa Pascual II, se emprendió una cruzada contra los musulmanes de Mallorca con la finalidad básica de castigar las acciones piráticas en el Mediterráneo. Aunque Pisa fuese originariamente la encargada de dirigir la expedición, Ramón Berenguer III fue el alma de la misma. Esta acción (que terminó felizmente de momento y aglutinó a todas las potencias mediterráneas y a todos los condes catalanes) pone de relieve la madurez marítima de Cataluña, cuyo débil potencial demográfico no permitió la repoblación de las islas, que pasaron de nuevo a manos musulmanas (1115 6 1116).La política ultrapirenaica jugó un papel relevante durante el gobierno de Ramón Berenguer III. Aparte de la recuperación de Carcasona y Rasés (1112), condados perdidos prácticamente en época de Berenguer Ramón II y de los que ahora el conde catalán obtendrá sólo la soberanía superior, lo más importante fue la incorporación de Provenza. En efecto, al morir Gilberto (1110), conde consorte de Provenza, su esposa Gerberga buscó en Ramón Berenguer III un apoyo contra las pretensiones de los condes de Tolosa. Para ello, casó a su hija Dulce, a la que hizo donación de todas sus posesiones, con el conde de B. (1112), que recibió Provenza en calidad de propietario. La posesión de esta región llevaba consigo la de Millán, Gabaldá y el Carlat, lo que representaba un paso trascendental en la política ultrapirenaica de Cataluña y en su enriquecimiento material y espiritual. Este acceso de la dinastía condal barcelonesa al trono de Provenza, provocó el recelo de Alfonso Jordán, conde de Tolosa, que ostentaba el título de marqués de Provenza. La paz que se firmó después de la lucha entre éste y Ramón Berenguer III (1125) restableció el dominio del conde de B. en la Provenza, aunque para ello tuvo que hacer importantes concesiones al conde de Tolosa.En el aspecto interior, Ramón Berenguer III llevó a cabo una política de prestigio. La incorporación de Besalú (1111), Cerdaña (1118) y de la batllía de Peralada (1128) significó el establecimiento de una total soberanía del condado de B. y de su titular sobre los restantes condados catalanes. Este prestigio tuvo también su manifestación en el exterior donde se mantuvo la tradicional amistad con Pisa y se llegó a alcanzar un acuerdo de colaboración con Génova. La restauración y repoblación de Tarragona fue llevada a cabo por fin durante estos años. En 1118, Ramón Berenguer III dio Tarragona al obispo de B., Olaguer, el cual, a su vez, cedió el dominio temporal de la región a Roberto Bordet, un normando que estaba al servicio del monarca aragonés y que se encargó de dirigir la repoblación. Desde 1118, Olaguer era arzobispo de Tarragona.5. Ramón Berenguer IV, fusión de Aragón y Barcelona. En su testamento, R. Berenguer III dejó el condado de Provenza a su segundo hijo Berenguer Ramón, mientras que el resto de sus posesiones, entre ellas el condado de B., quedaron para su primogénito Ramón Berenguer IV (v.) 113162. Al morir Alfonso I de Aragón (1134) dejó el reino a las órdenes Militares, pero los electores eligieron rey a su hermano Ramiro II el Monje (v. ARAGÓN, REINO DE). Las pretensiones de Alfonso VII de Castilla al trono aragonés hicieron que Ramiro II buscase el apoyo de Ramón Berenguer IV, con el que pactó (1137) el futuro matrimonio del conde catalán con su hija Petronila y con el que estableció un gobierno conjunto. En 1140, Ramón Berenguer obtuvo todos los derechos de las órdenes Militares, lo que le permitió actuar con mayor libertad. Desde 1137 se tituló conde de B. y príncipe de Aragón. Desde tal situación conquistó Tortosa (1148), Lérida y Fraga (1149) y Ciurana (1154) y por el tratado de Tudillén (1151), a cambio de prestar vasallaje a Alfonso VII, obtuvo de éste el derecho de conquista de Valencia, Denia y Murcia. Su hijo, Alfonso el Casto (116296), se tituló ya rey de Aragón y conde de B. A partir de este momento el condado de B. formó parte de la Corona de Aragón, aunque siguió constituyendo el nervio de la confederación (V. ARAGÓN, CORONA DE).6. Sociedad y economía del Condado de Barcelona. La población de Cataluña experimentó cambios de poca consideración en la Alta Edad media. Los movimientos migratorios fueron sólo internos y las aportaciones francas, en el aspecto étnico y demográfico, de poca importancia. Los francos fueron, como los visigodos, una simple superestructura política que dejó una huella casi imperceptible sobre la población del país.Ramon d’Abadal ha establecido la siguiente división social de los hombres que habitaban el condado de B., libres o siervos; los primeros se dividían en eclesiásticos y laicos; estos últimos, a su vez, en grandes ("potentes") y pequeños ("humildes"). Los potentes eran aquellos que vivían de sus rentas, mientras que los humildes lo hacían de su trabajo. El grupo más numeroso, muy mayoritario, era el de los hombres libres y, dentro de éstos, el que hemos calificado de pequeños. El noble era aquel que tenía dinero para mantener un caballo; de aquí que en la Alta Edad Media catalana caballero (milites) y noble fueran dos términos sinónimos. La nobleza era, por tanto, militar. Por encima de ellos, se encontraban los magnates: condes y vizcondes. En las ciudades, la clase elevada estaba representada por los burgueses o ciudadanos, equiparados en importancia a los caballeros. Los eclesiásticos, muy numerosos, gozaban de un estatuto sociojurídico privilegiado, pero dentro de este grupo cabría también distinguir a los grandes (obispos, canónigos y abades) y a los pequeños. El último escalón social lo ocupan los esclavos y los cautivos, los cuales: "primero, no tienen personalidad jurídica, es decir, son considerados como simples instrumentos; segundo, pertenecen a sus dueños como bienes particulares; tercero, pueden ser objeto de compraventa; cuarto, alguna vez son muy útiles por sus aptitudes naturales o adquiridas" (Ramon d’Abadal, La preCatalunya, en Historia dels Catalans, II Barcelona 1966).Las ciudades llevaron una vida muy escuálida hasta el s.XI O XII y, a excepción hecha de aquellas que fueron sedes episcopales (Elna, Gerona, Barcelona, Vich, Seo de Urgel), las restantes apenas tuvieron importancia ninguna. Fue el campo, sea en forma de pequeñas agrupaciones urbanas, sea de mansos aislados, el que tuvo un peso específico de primer orden: la agricultura y la ganadería constituían la base del sustento del país. En general puede afirmarse que la tierra dedicada al cultivo (campos, vides, huertos, olivares, dehesas...) era de propiedad privada, mientras que los bosques, las zonas de pastos y las aguas, si no eran de propiedad comunal, pertenecían al fisco. En general, en estos siglos, el agricultor poseía la absoluta propiedad de la tierra que cultivaba (alodio). Sólo a partir del s. XI, los condados catalanes vieron aparecer el régimen feudal (v. FEUDALISMO): los alodios y beneficios se transformaron en feudos. Si bien no existieron grandes propiedades, sí hubo, en cambio, grandes propietarios (los monasterios, la familia condal y altos administrativos) que acumularon numerosos predios de mediana extensión y dispersos. El cultivo más importante del país, fue el de los cereales (trigo y cebada, sobre todo) y leguminosas (habas, lentejas y guisantes). Le siguieron después, la vid, que daría un vino de escasa calidad y que se cultivaba en zonas muy altas. Los productos hortícolas ocuparon el tercer lugar en importancia. Las fibras textiles (lino y cáñamo) merecen también un lugar destacado dentro del panorama agrícola del condado. Por último, cabe mencionar los frutales, los olivares y los almendros. En otro aspecto, habría que referirse también a la ganadería, dentro de la cual se criaban las mismas especies que hasta hace muy pocos decenios. Mucho menor interés ofrecía la economía industrial. Debemos referirnos, sin embargo, por su relativa importancia, a los molinos harineros, que con el tiempo se convirtieron en monopolios señoriales; a las fraguas, que producían el hierro necesario para el consumo interno y a las salinas (como las de Cardona). También lo que habría de ser gran industria textil catalana en los s. XIII y XIV aparece documentada en estos siglos de la Alta Edad Media. A partir del año 1000, se nos ofrece ya con una cierta especialización. El comercio interior, excepto en épocas de crisis muy marcada no se interrumpió nunca absolutamente, pero, en cambio, en el aspecto exterior, quedó mucho más disminuido, aunque tenemos noticia de tratos comerciales con el mismo califato de Córdoba.V. t.: NVIFREDO I EL VELLOSO; RAMÓN BERENGUER IV.J. SOBREQUÉS CALLICÓ.
BIBL.: R. D’ABADAL, Els primers comtes catalans, Barcelona 1958; S. SOBREQUÉS, Els grass comtes de Barcelona, Barcelona 1961 (contienen ambas obras toda la bibliografía moderna y antigua sobre los aspectos parciales de este artículo).
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