Autoeducación EDUC.
Categoria:
Educación
El término "autoeducación" (autós, uno mismo) se emplea cuando es el mismo educando el que se responsabiliza de su educación, cuando sé convierte en su propio educador. En la a., el sujeto se educa a sí mismo. Frente a este término existe "heteroeducación", que hace referencia a la educación recibida.A lo largo de la historia de las ideas pedagógicas se advierten distintas formas de interpretar la a. El individualismo, al convertir al individuo en suprema realidad, le atribuye la fuerza de poder desenvolverse y realizarse solo, al margen de la sociedad; esta postura de autodesarrollo es la forma más radical de entender la a. El biologismo cree en una constitución humana inmodificable, haciendo superflua, por tanto, toda forma externa de actuación. El idealismo, al negar la bipolaridad educadoreducando, no admite otra forma de educación que no sea la autoeducativa. El empirismo representa la postura contraria; es necesario disponer de unos medios educativos para poder operar sobre el hombre a fin de que despliegue sus potencialidades. El estímulo exterior es necesario porque somos producto de las fuerzas que operan sobre nosotros, no concibiéndose en esta postura otra forma de educar que no sea la heterónoma. En el empirismo la a. no tiene cabida.En el proceso educativo intervienen dos elementos personales, el educando y el educador; el sujeto que se educa y el que educa. La heteroeducación es, en consecuencia, la forma propia de realizar este proceso. La inmadurez del educando justifica la presencia de una persona madura. El niño, el adolescente y el joven se encuentran frente a la cultura objetiva en un estado de absoluta inferioridad, dada la extraordinaria complejidad de ésta, ya que el desarrollo cultural ha llegado a un estado tal de riqueza que para incorporarlo en los miembros que advienen a la sociedad se hace necesaria la existencia de profesionales especialmente preparados y dedicados a esta tarea. Ésta es la justificación de la presencia del educador (v.). Está claro, por tanto, que la heteroeducación es la única forma posible de hacer viable el proceso educativo. Ahora bien, la heteroeducación termina cuando el educando llega a tal estado de madurez que es capaz de continuar sin ayuda su propia educación; a partir de este momento la presencia del otro se hace innecesaria, y la educación se debe a la propia voluntad y actividad del individuo. Es el mismo educando el que se fija las metas a conquistar, y él mismo, sin la asistencia del educador, trata de llegar a ellas. Sin embargo, ni siquiera en este momento se puede hablar de una a. pura, ya que siempre es preciso disponer de libros y otros materiales que escapan a la realización del que se educa.Con todo lo que llevamos dicho queda claro el carácter analógica del concepto a. Como advirtió H. Nohl, hemos llegado a 61 por una transposición del proceder auténticamente educativo que exige siempre una relación personal respecto a un conductor. En la heteroeducación un hombre (educador) actúa sobre otro (educando); y, de manera similar, en la a. dividimos el yo del educando en algo dominante y en algo guiado, conducido. En el gráfico están representados en el eje de la abscisa los grados de influencia del educador y en la ordenada las distintas edades del sujeto educando. Se advierte que a medida que la edad cronológica aumenta, la heteroeducación cede terreno a la a.En ambas formas de educación el educando es el elemento personal más importante. Aunque en los primeros estadios educativos el educador tenga que suplir con la suya la falta de voluntad educativa de aquél, no puede dejar de contar en ningún momento con su actividad. Es erróneo seguir creyendo que en la heteroeducación le corresponda al sujeto que educamos un papel pasivo y receptivo; como puso en claro la llamada "escuela activa", el educando es siempre un ser eminentemente activo y, aunque la ayuda personal del educador sea necesaria, el educando es la causa principal.Después de todo lo expuesto podemos afirmar que la hetero y la a. no son formas antinómicas como ha creído M. Maresca. Si el hombre es educable durante toda su existencia como hoy se cree comúnmente, parece claro que a lo largo de toda ella no necesita la presencia del educador. Llega un momento en que el proceso educativo se convierte en autónomo, fundiéndose entonces las funciones del educador con las aspiraciones del educando en la persona de éste. El educando se convierte en educador de sí mismo, realizándose por voluntad personal. Ahora bien, es paradójico pensar que esta forma de a. sea incompatible con las irremediables influencias externas de toda tipo: culturales, religiosas, económicas, sociales, etc., que el sujeto ha de seguir recibiendo. Habrá siempre por parte del educando una peculiar manera de incorporarlas. El mismo Schneider ha hablado de una "autoeducación colectiva", consistente en el esfuerzo que realiza el hombre para la elevación de la propia personalidad dentro de la colectividad en que vive.El vocablo autodidactismo es el correlativo de a. en el campo de la Didáctica (v.). Sin embargo, no podemos creer que significa la enseñanza (v.) de sí mismo por sí mismo. La palabra "enseñanza" (insignare, mostrar por medio de signos) exige por propia naturaleza un sujeto que enseñe y otro a quien se enseñe, no pudiendo incidir ambos papeles en una misma persona. Es imposible que el que aprende pueda a su vez enseñarse, ya que si necesita aprender es porque no sabe, y si no sabe no puede enseñar, ya que para transmitir unos contenidos hay que poseerlos primero. Por esto, cuando hablamos de autodidacta nos referimos al sujeto que no ha aprendido en contacto personal con un maestro, sino que su saber se debe en gran parte al enfrentamiento directo con la vida, con libros, discos, medios de comunicación, etc. Pero hemos de reconocer que los libros, los discos o los programas radiados o televisados han desempeñado el papel de docentes en el aprendizaje de los autodidactas. Parece claro que el término "autodidactismo" no puede sustentarse, y que es preferible sustituirlo por "aprendizaje" (v.), ya que en el aprender la actividad fundamental es la discente, puesto que no es posible aprender por otro.Dentro del heterodidactismo, propio de la situación escolar, ha habido sistemas que han defendido la autonomía del alumno. Entre ellos están los métodos individualizados que han surgido para adecuarla enseñanza a las peculiaridades de los distintos escolares. Helen Parkhurst puso en práctica en Dalton un sistema de enseñanza _individualizada conocido con el nombre de "Plan Dalton". En este plan es el propio alumno el que se responsabiliza de su trabajo por medio de contratos que realiza con entera libertad. El maestro sólo interviene para orientar en los casos necesarios. Carleton Washburne (v.) experimentó en Winnetka un método similar, pero más apto para el cultivo de los sentimientos sociales de los escolares. Robert Dottrens se preocupó de subsanar la carestía de los sistemas anteriores confeccionando una serie de fichas de trabajo que permitan el aprendizaje individualizado y autónomo del alumno.En nuestros días ha surgido un nuevo sistema de enseñanza conocido con el nombre de "enseñanza programada", que se aplica prescindiendo totalmente de la presencia del profesor. Sus creadores han sido B. F. Skinner y N. A. Crowder. Este método de "enseñanza programada" es muy apto para ofrecer información con gran economía de tiempo. Se exige que lo que se programe esté rigurosamente ordenado de lo más simple a lo más complejo, y que el contenido se ofrezca en pequeñas fracciones. El "programa" se presenta al alumnado mediante máquinas, que ofrecen al aprendiz una información y luego éste debe dar respuesta escrita o pulsar el botón correspondiente a la respuesta verdadera.Para otros aspectos de la a. (en relación con la autoformación del carácter, de la personalidad, etc.) v. ASCETISMO; PERSONALIDAD IIIII; LUCHA ASCÉTICA; etc. V. t.: EDUCACIÓN.E. SOLER FIRREZ.
BIBL.: E. REDONDO GARCÍA, Educación y comunicación, Madrid 1959; R. MARÍN IBÁÑEZ, Autonomía y heteronomía en el adolescente, aBordónn 46 (1954) 409418; J. M.+Irrovuvi, Educación y plenitud humana, 2 ed. Buenos Aíres 1944; F. A. BENEDETTI, Autodidáctica, Madrid s.£; M. MonmsoRI, La autoeducación en la escuela, Barcelona s. L; F. SCHNEIDER, La educación de sí mismo, 3 ed. Barcelona 1967.
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