Atención II. Educación y Enseñanza. EDUC.
Categoria:
Educación
Etimológicamente, del latín adtendere, tender o dirigirse hacia algo, y también attendere, tensar, p. ej. un arco. Es una función mental por la que nos concentramos en un objeto. Está muy íntimamente relacionada con el interés, pero no depende de 61 de modo absoluto. Su base es cognoscitiva y también afectiva. En general podemos afirmar que la a. es directamente proporcional a la motivación (v.). Lersch define la a. como la preparación y adaptación de nuestros órganos y funciones de concienciación y de orientación en el mundo hacia algo que se halla en el horizonte de nuestra percepción. Para Rohracher, en la a. una función psíquica es empleada conscientemente en el más alto grado de su capacidad de rendimiento al servicio de un fin. La importancia de la a. es extraordinaria, ya que, en realidad, únicamente percibimos aquellas cosas que suscitan, en mayor o menor grado, nuestra a., o hacia las que nosotros la dirigimos conscientemente. Lo mismo sucede con la memoria, que sólo nos permite evocar aquello a lo que atendimos, y con mayor viveza según el grado de a. que pusimos. La a. se manifiesta externamente en forma de movimientos musculares y otros cambios físicos tales como mayor afluencia de sangre al cerebro, incremento de actividad cortical, adaptación de los órganos sensoriales, etc. Entre sus efectos está la intensificación del estado mental: percepción, emoción o pensamiento, mayor nitidez, aumento de sensibilidad variando incluso ciertos umbrales, aumento del recuerdo y disminución del tiempo de aprendizaje. La clasificación más elemental de la a. es la que distingue entre a. activa o voluntaria y a. pasiva, que es la que se produce involuntariamente, por la fuerza de atracción del objeto, por su interés. Es la más frecuente. También se le llama a. vital y a. pática. No interviene en ella la conciencia reflexiva. Para Lersch, ésta es la verdadera a. y, en cuanto tal, no es todavía fenómeno volitivo. Lo será cuando mediante la voluntad pasamos por alto las restantes impresiones sensoriales que perturban el foco deseado. Es una inhibición que produce una concentración. Pero, en cualquier caso, la a. tiene un carácter preparatorio de los órganos receptivos. Los rasgos que diferencian la a. voluntaria de la pasiva o pática son: la primera es fijadora, dominable y distribuible, y la segunda, fluctuante y ligada al estímulo. En el niño, al principio no hay sino a. pasiva. Progresivamente, según va madurando su sistema nervioso, va dejando un lugar cada vez mayor a la a. voluntaria. Con la vejez vuelve a darse con mucha frecuencia un descenso de ésta. La a., que depende de la intensidad, vivacidad e interés afectivo que los objetos nos presenten, también está condicionada por nuestra manera de percibir. Sobre ello han estudiado a fondo los psicólogos de la escuela de la Forma (Gestalt). Lersch acepta la hipótesis de que la estructura gestáltica del campo sensorial en campo perceptivo tiene su raíz en la dinámica de las tendencias: el hombre recorta de su contorno lo que es o puede ser favorable o nocivo para su bienestar. Eso es lo que le llama la a. El resto le resulta indiferente.Amplitud y campos de la atención. La a. es atraída por los objetos con diversa extensión e intensidad. Ambas cualidades son inversamente proporcionales: a mayor cantidad de elementos incluidos en el campo de la a., la intensidad con que se les atiende será menor, y viceversa. No todas las personas tienen la misma facilidad para atender a varios objetos a la vez ni, por el contrario, la misma fuerza de concentración. Esto es lo que se llama limitación del campo de la conciencia. En circunstancias especiales la a. espontánea o, como dice Buytendijk, instintiva, puede crecer inusitadamente; p. ej., ante un peligro de muerte, en un concurso, etc. En cambio,’ cuando debe atenderse a algo que muy raramente ocurrirá, o cuidar de un proceso mecánico (servicios de vigilancia en el ejército o sobre una industria), la intensidad de a. decrece rápidamente y es preciso sustituir al responsable con frecuencia. Contra lo que se cree, las posibilidades de concentración de la mente humana son mucho mayores de lo que habitualmente se manifiestan. Están en buena parte sin explotar. Sobre el número de elementos captables a la vez, intuitivamente, está claro que hay un límite, aunque no es igual para todos los sujetos y puede variar con la actividad. Por su parte, la posibilidad de realizar varias tareas simultáneamente, parece posible siempre que sólo atraiga una a. involuntaria, mecánica en las actividades que podríamos llamar "suplementarias".El gran secreto de la publicidad reside en atraer la a. de la mayor cantidad posible de personas hacia lo anunciado. Para ello, se procurará la mayor originalidad, viveza, intensidad; a veces, incluso, por contraste, monotonía y repetición, fealdad, etc. También se estudian minuciosamente los mecanismos de percepción para saber, p. ej., que en un periódico se presta mayor atención a las páginas pares y en ellas al ángulo superior izquierdo, seguramente por el hábito de la lectura, que comienza siempre en ese lugar. Éste es un campo bien estudiado en España por el prof. Álvarez Villar, que señala como características principales para atraer nuestro campo psíquico a una a. involuntaria: su tamaño, la intensidad de los estímulos, el contraste, la posición y la relación con ciertas tendencias conscientes e inconscientes del sujeto.La a. es el primer factor que influye en el rendimiento, el cual depende de la fuerza de concentración. Roig Ibáñez estudia los inconvenientes que sufre el escolar con su tendencia a la distracción y a la obsesión, y también las deficiencias patológicas de la atención, que clasifica en: 1) aprosexia, o ausencia de atención por exceso de fatiga (surmenage); 2) hiperprosexia, o exagerada dispersión por inestabilidad emotiva; 3) seudodistracción, de fondo epiléptico. Los mayores defectos de a. se dan por interferencia de un fenómeno o de un objeto en nuestra a. hacia otro, p. ej., ruidos de ascensor, de un tren, etc., sobre los que, con mayor o menor rapidez, el hombre acaba habituándose a estas interferencias, que dejan de surtir el efecto perturbador. Es muy importante educar a los niños para que sepan abstraerse de cuanto les rodea (acomodación). Otro defecto es la dificultad para fijar atención en algo, cuya etiología se señala más adelante. Su contrario es la distracción, que no es, como frecuentemente se piensa, falta de a., sino desenfoque del objeto hacia otro que interesa más. La distraibilidad, o dejarse desviar continuamente por las impresiones externas sin poder mantener unidos representaciones y pensamientos, es un defecto de la voluntad, así como la fantasía exagerada, que es desatender al mundo concreto para volcarse en el mundo irreal, en la imaginación. La falta de a. es síntoma, cuando es grave, de un trastorno físico, tales como psicastenia, defectos en los sentidos (sordera, visión deficiente), fallos en el sistema nervioso central, fatiga, debilidad mental, corea o baile de San Vito, demencia epiléptica, etc.Educación y medida de la atención. Se trata de conseguir una rápida acomodación al objeto de estudio, una a. concentrada y sostenida. La posibilidad de relacionar e integrar con lo conocido, el interés y la vivacidad, ayudan a una mejor a. en el estudio. Las actividades automatizadas (caminar, escribir) requieren mucha menor a. Para Lipmann un medio esencial es la mayéutica socrática por la que el alumno descubre sus fallos y desea saber. El comienzo de la atención se despierta: 1) por un fuerte estímulo sensorial o mental; 2) por el interés; 3) por la voluntad. Dada la fuerza de la a. espontánea,debe fomentarse la utilización didáctica del interés (así lo hacen los métodos globalizadores y el de Decroly). La brevedad, variedad de materias y cambio de métodos son mejores que las tópicas "llamadas de a.". En cuanto a la medida de la a., interesa su cantidad o extensión, su rapidez, ritmo, uniformidad y profundidad. Tests de tachar letras, encontrar errores, descubrir signos distintos, números impares, etc., son algunas de las técnicas usadas por Toulouse, Pieron, Kri pelin, Rupp, Cattegno, etc. El español Ayuda Morales preparó la prueba de a. 101103, de 84 series de figuras paralelas a otras muy semejantes, teniendo el sujeto que señalar las idénticas. Hizo también la prueba de números, en la que hay que tachar las parejas que sumen ocho. Otros tests accesibles son el P.M.A., a base de un alfabeto distinto del latino (el ruso, en la edición española del CSIC) en el que hay que tachar determinado signo, el del Instituto Saint Georges, de Montreal, adaptado por Alcalde y Sauras, consta de tres series: reconocimiento de cuadrados, laberintos y letras. Para Guil Blanes, que desconfía de los tests de Bourdon, Hamburgo, etc., los más aceptables son el de fichas y ranuras, el de velocidad de reacción y el aparato clasificador de Giesse.
E. FERNÁNDEZ CLEMENTE.
BIBL.: A. ÁLVAREZ VILLAR, Elementos de Psicología experimental, Madrid 1964; J. AYUDA MORALES, Cómo explorar y diagnosticar la atención en los escolares, en "Tiempo y educación", Madrid 1968; W. A. KELLY, Psicología de la educación, Madrid 1964; P. LERscH, La estructura de la personalidad, Barcelona 1962; H. LUBIENSKA, Entrainement á Vattention, París 1953; O. LIPMANN, Psicología para maestros, Madrid 1935.
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