Atenas (atenai) III. Historia Antigua. HIST.
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Historia
1. Introducción. Según la tradición los habitantes de A. eran autóctonos y sus primeros pobladores los pelasgos (v.), sin que otros pueblos hubieran conseguido ocupar la ciudad. Las excavaciones y descubrimientos, realizados en el presente siglo, muestran que el poblamiento de A. se remonta al Neolítico y el primer núcleo corresponde a la zona de la Acrópolis y sus laderas. Es allí también donde la tradición situaba la primitiva ciudad real. Los resultados modernos no invalidan esta referencia, aunque no parece pueda hablarse de un núcleo urbano anterior a la Edad de Bronce. La primera A. es una ciudad micénica, no muy distinta de la propia Micenas (v.), situada en la Acrópolis y rodeada de aldeas emplazadas en colinas cercanas, como el Areópago, la colina de las Musas, o en valles como él ocupado más tarde por el Ágora. La Acrópolis aparece, propiamente, como una fortaleza en cuyo interior se hallaban el palacio real, las casas de los nobles, una fuente y quizá algún santuario (v. II). Esta apariencia es un tanto modesta, pero ya aquella A. era una ciudad con cierta actividad comercial; la leyenda de Teseo recuerda las navegaciones hasta Creta y la llegada de productos de Oriente y Egipto. Respecto a las posibilidades militares de esta fortaleza bastará recordar que no sólo pudo rechazar a los dorios sino dar refugio a las gentes de ciudades menos afortunadas, como Pylos. Gracias a ella los atenienses pudieron mantener su carácter autóctono.La historia de A. entre los s. XII y VIII a. C. es poco conocida. Esto es de lamentar, puesto que en este periodo, la llamada Edad Media griega, se sitúan acontecimientos importantes. El primero es la unión, sinoicismo, de las ciudades del Ática bajo la hegemonía de A. Este acontecimiento lo atribuía la tradición a la labor personal de Teseo. Parece debe situarse en el s. VII a. C. Otro acontecimiento es la caída de la monarquía y su sustitución por un gobierno aristocrático. Es difícil suponer que el sinoicismo se efectuara sin violencias y de una sola vez. Tampoco la caída de la monarquía fue repentina.2. El gobierno aristocrático. Según la tradición, uno de los sucesores del rey Codro habría sido el último rey hereditario. La nueva forma de gobierno habría quedado en manos de siete magistrados vitalicios, arcontes (v.), elegidos entre los miembros de la casa real. Sólo. a partir de la mitad del s. viii se habría modificado el sistema en beneficio de la designación anual. La narración tradicional no es inverosímil, y muestra ciertas semejanzas con el gobierno de los Batíadas en Corinto (v.). Hay que pensar por otra parte, en la especialización de funciones, militares, judiciales y religiosas, que requiere el gobierno de un Estado y tener en cuenta las ambiciones de las familias aristocráticas. Poco a poco éstas debieron despojar a los reyes de sus poderes efectivos con excepción de los religiosos vinculados a la dinastía. De aquí el mantenimiento de un arconterey, cuyos poderes estaban limitados a lo religioso. Sólo en un momento ulterior este cargo dejó de ser personal y vitalicio para pasar a ser anual y electivo. Electores y elegidos correspondían al reducido sector de las familias aristocráticas, los llamados eupátridas o "bien nacidos". Junto a este sector que decidía el gobierno de A., y cuya riqueza se basaba en sus propiedades rurales, existía un grupo considerable de campesinos modestos, algunos artesanos y. unos pocos marineros, a quienes correspondía aceptar las decisiones tomadas por los aristócratas, al igual que en otras ciudades de Grecia.La Edad Media griega no supuso una interrupción total del comercio marítimo. Limitado en un principio a la zona del Egeo se observa su desarrollo a partir del s. viii. Pronto sigue la colonización al comercio y la piratería. Si bien la actividad de A. en estos campos no fue precoz, ya que sólo a fines del s. vii comienzan a aparecer en Sicilia cerámicas fabricadas en A. Sin embargo, se manifestaron en ella los factores creadores de lo que se ha llamado "independencia psicológica". Este fenómeno fue acompañado del enriquecimiento de los comerciantes y artesanos, y también, en parte, gracias a las importaciones de trigo barato del sur de Rusia, unido a la ruina de los pequeños propietarios campesinos. A fines del s. VII, A. vivía una compleja crisis. Los ricos, no aristócratas, reclamaban derechos, los pobres justicia y seguridad. Unos y otros pedían leyes escritas y participación en el gobierno de A. Algo de ello obtuvieron con las leyes de Dracón. Éstas sustituían el régimen aristocrático por una limitación de los derechos públicos a aquellos ciudadanos que gozaban de cierta fortuna, el llamado sistema timocrático, considerándose como básica la que permitiera disponer de un equipo propio de guerra (la armadura y panoplia del hoplita). A tenor de la mayor o menor fortuna podían ocuparse los cargos de estratego general, arconte, tesorero o miembro del consejo del Areópago encargado de la custodia de la legislación de Dracón. Todo ello significaba un progreso en cuanto independizaba la justicia del arbitrio del aristócrata, pero difícilmente bastaba a satisfacer las reclamaciones de unos y otros, en especial de los desheredados.3. La democracia. El intento de Cilón el a. 630 a. C. había demostrado la existencia de una tensión política en A., capaz de conducir a unos y a otros a la violencia, bien para imponer una nueva forma de gobierno, en este caso la tiranía, bien para conservar la antigua. Las leyes de Dracón no habían resuelto los problemas de los más pobres, singularmente los llamados hektemoroi o arrendatarios de fincas que pagaban a su propietario un sexto de las cosechas. Si éstos no cumplían con su contrato podían ser vendidos como esclavos juntamente con sus familiares y el propietario podía disponer de las tierras. En la misma situación se encontraba el deudor moroso, con lo cual quedaba afecta al sector comercial. El problema no era nuevo, pero sí lo era la resolución de los afectados a no seguir soportando esta situación. El enriquecimiento de unos con la producción de aceite o el comercio y el empobrecimiento de otros, hacía más violentos los contrastes. Por su parte tampoco los aristócratas presentaban un frente unido. Los jefes de las facciones partidarias de reformas, como Solón o Pisístrato y en general la familia de los Alcmeónidas, procedían de familias aristocráticas.El 594 a. C. Solón (v.), enriquecido por el comercio, fue nombrado arconte con la misión de pacificador. Su personalidad y sus partidarios han sido muy discutidos en los últimos años. En todo caso puede concluirse que alcanzó grandes resultados con el decreto de anulación de deudas y al mismo tiempo manteniendo las formas existentes de la propiedad agraria frente al sector que solicitaba una reforma, y tendiendo al monocultivo del aceite. La población fue ordenada en clases con un concepto timocrático basado en la propiedad agrícola, a través del número de medidas de trigo, o medimnos obtenidas por cosecha. Esto no dejó de perjudicar al sector de los artesanos y comerciantes. De otra parte Solón dejaba en manos de los propios ciudadanos el mantenimiento de las leyes. Faltaba en su constitución un poder central, quizá por temor a la tiranía, que coordinara la acción de los distintos órganos de gobierno, autónomos y en ocasiones opuestos, los arcontes, el Areópago, la asamblea y la elea. De hecho, dada su composición, el Areópago, formado por antiguos arcontes, debía continuar siendo durante mucho tiempo un bastión aristocrático. Los peligros se manifestaron pronto con nuevas luchas e intentos de tiranía, como el del arconte Damasias y la clara formación de los tres partidos llamados "de la montaña", "de la llanura" y "de la costa" por los distintos intereses, trigueros, olivareros y comerciales, que representaban, respectivamente. Pisístrato (v.), al frente de las gentes "de la montaña", que reclamaban la reforma agraria, consiguió tras diversas vicisitudes adueñarse del poder. Un golpe de estado le permitió ponerse al frente de los atenienses por un corto periodo (561-555 a. C.). Una revolución le obligó a abandonar A. Ésta corrió de nuevo hacia una tiranía, con Cimón, y a los desastres militares en la guerra con M6gara. Pisístrato recuperó el poder, por la fuerza el 545 manteniéndose en 61 hasta su muerte. Su gobierno fue una época próspera gracias a la plata de las minas del Laurión, que permitió financiar obras públicas, constituir una gran escuadra y dar un respaldo a la moneda ateniense. En lo social y civil se mantuvieron las leyes de Solón y se eligieron anualmente los magistrados. Pisístrato recuperó Salamina e impuso el predominio de A. sobre Delos.4. La restauración democrática. Los hijos de Pisístrato (Hipias e Hiparco, llamados los Tiranicidas) siguieron a su muerte la política paterna. El asesinato de Hiparco (514513 a. C.) llevó a Hipias a una política más dura. Aprovecharon el descontento de los atenienses los miembros de la familia de los Alcmeónidas. Apoyados por el rey de Esparta Cleómenes y los sacerdotes de Delfos (v.) consiguieron, tras algunos fracasos, expulsar a Hipias. Esto pudo conducir a un golpe oligárquico, pretensión de Esparta que contaba con guarnición propia en A., pero no eran tales los designios del jefe alcmeónida Clístenes. Éste restauró la democracia en A. y emprendió la reforma de las instituciones en sentido democrático. En primer lugar intentó reformar la Boulé o Consejo de los Quinientos. Aunque los aristócratas de Iságoras y los espartanos consiguieron expulsarle de A., una rebelión popular le devolvió al poder. Sus reformas fueron complejas. En primer lugar suprimió las viejas tribus personales, y las sustituyó por otras 10 territoriales. El Ática fue dividida en distritos, demos, agrupados en 30 unidades, 10 para la costa, 10 para la llanura y 10 para la montaña. Se evitó todo posible predominio de los viejos partidos, reuniendo en cada tribu unidades de las tres áreas, pero de modo tal que éstas, excepto en el caso del territorio fiel a los Alcmeónidas, no fueran contiguas. El reclutamiento y la distribución de la presión fiscal fueron confiados a las tribus. El Consejo de los Quinientos se compuso de tal número de representantes elegidos por sorteo a razón de 50 por tribu. Diez grupos de consejeros, 50 en total con representación de todas las tribus, quedaron encargados de presidir el Consejo durante la décima parte del año. Tales grupos fueron denominados pritanias. Los nueve arcontes y su secretario debían representar a su vez a todas las tribus. Las clases establecidas por Solón fueron mantenidas por Clístenes, si bien el cómputo de las fortunas no se realizó ya valorando las rentas agrícolas, sino la fortuna en dinero. En lo fiscal Clístenes fue más innovador al suprimir algunos de los impuestos establecidos por Pisístrato. La Asamblea popular aumentó sus poderes al concedérsele el derecho de sancionar los proyectos de ley presentados por la Boulé y poder decretar la pena de ostracismo. En cierto modo Clístenes, más que Solón, fue el fundador de la democracia en A., aun manteniendo como monopolio de los más ricos las magistraturas más importantes.5. La época de las guerras Médicas (v.). Prescindiendo de los aspectos militares hay que anotar en primer lugar la victoria, exclusivamente de A., en Maratón (490 antes de Cristo), la destrucción de la ciudad el 480 a. C. y la victoria, también de A., en Salamina, que mostró cuán acertada había sido la política de construcciones navales en los a. 490-480 a. C. Las batallas de Platea y de Mícale (479) fueron el lógico colofón. El prestigio de A. creció tanto como su poder, confirmándose éste en el medio siglo siguiente con la llamada Pentecontaetia. La formación de la llamada Liga ateniense, en origen una liga naval, fue destinada a luchar contra los persas, pero en realidad era un instrumento del imperialismo de A.’ Entre el 480 y el 470 a. C., A. vivió una lucha de partidos con intervalos renovadores, como el de Cimón y sus campañas navales contra los persas, seguidos del periodo conservador del 470 al 460 a. C. que llevó a Temístocles al ostracismo, señaló la decadencia de Cimón, el triunfo de Efialtes y la anulación del Areópago como instrumento político. Un tanto en contra de A. fue en estos momentos la quiebra de los gobiernos democráticos del Peloponeso, debida a la presión de Esparta y el desastre de la guerra de Egipto que produjo la caída de Cimón y señaló el principio de la brillante carrera de Pericles (v.).6. El triunfo de la democracia. El asesinato de Efialtes, consecuencia de sus disposiciones que reducían la competencia del Areópago, y el ostracismo de Cimón, abrieron paso a Pericles. De su política apenas puede hablarse con detalle. Gobernó A. con moderación durante la época de paz. Ésta correspondió también al periodo de mayor potencia de A. Demócrata, supo guiar al pueblo sin caer en la demagogia, pero sus reformas democráticas abrieron, en cierto modo, el camino a los desórdenes y a habituar al pueblo de A. a vivir a costa del Estado. Al otorgar dietas a los jueces hizo posible que el pueblo interviniera en la administración de la justicia. A ello siguió el estipendio de todos los magistrados. En consecuencia, todas las clases tuvieron acceso a las magistraturas no electivas. Éstas fueron, por consiguiente, el centro del poder, singularmente el colegio de estrategos. El propio Pericles ejerció el poder desde este cargo, que ocupó durante 30 años.La política exterior de este periodo ha sido definida como imperialista; sus objetivos fueron la hegemonía en Grecia y la expansión en Jonia, y tuvo como enemigos a Esparta y Persia. De aquí las alianzas con los enemigos de Esparta (v.), como Argos (v.), Tesalia (v.) o el apoyo a Egipto en su lucha con Persia. La lucha con Egina desencadenó la guerra con Esparta, la llamada primera guerra del Peloponeso (v.). No podemos exponer aquí el desarrollo de la guerra. Episodios más destacados fueron, tras la derrota en Egipto, el traslado del tesoro de la liga, depositado en Delos a A., el endurecimiento de las relaciones entre A. y los miembros de aquélla, las grandes construcciones de la Acrópolis, la reducción de los derechos de ciudadanía en A. a los hijos de matrimonios de ciudadanos, y el desarrollo de una oposición que comparaba a Pericles con Pisístrato. En estos años hay que recordar la gran peste de A. que costó la vida al propio Pericles y las dificultades de la población campesina del Ática refugiada en A. al amparo de sus murallas, mientras sus tierras eran arrasadas por repetidas oleadas de invasores espartanos.La política en A. se caracterizó por un contraste creciente entre grupos conservadores partidarios de la paz y la demagogia del partido de la guerra. Tras largos años de lucha las guerras del Peloponeso dejaron una A. humillada y empobrecida, con sus campos arrasados, sus templos expoliados y una sociedad dividida. Incluso su constitución democrática fue suprimida por imposición de Esparta. Una guarnición espartana cuidó de garantizar la nueva constitución oligárquica redactada por un comité de 30 miembros, los llamados Treinta tiranos, y la política de terror que desencadenaron. Trasíbulo, al frente de un grupo de desterrados, consiguió derrotar a los oligarcas e implantar de nuevo la constitución democrática de Clístenes y Pericles sin que Esparta interviniera (v. ESPARTA).7. La lucha contra la hegemonía espartana. Los enemigos de Esparta buscaron el apoyo de Persia. A., humillada, pero con un evidente resurgir económico, intentó restaurar su poder marítimo. La larga e indecisa guerra de Corinto señaló la primacía de Persia en los asuntos griegos (paz del rey) y lo precario de la hegemonía espartana. Esta debía caer bajo la espada de Epaminondas que instauraría un breve periodo de hegemonía de Tebas (v.). A. aprovechó este periodo para crear la segunda liga marítima, desprovista del carácter imperialista de la primera y sin un predominio tan marcado de A. Esta escuadra debía asegurar por mar los éxitos de Tebas frente a Esparta al destruir en Naxos la escuadra de esta ciudad. El predominio de Tebas, tras la batalla de Leuctra (371 a. C.), dio lugar a que A. buscara de nuevo el equilibrio político en Grecia con cierta aproximación a Esparta, que concluyó en un pacto de alianza que duró como la meteórica hegemonía de Tebas.8. El conflicto con Macedonia. La época helenística. La muerte de Epaminondas en Mantinea (362 a. C.) marcó un periodo de paz coincidente con la disolución violenta de la liga marítima. A. inició entonces una etapa modesta, alejada de aventuras políticas y militares, que permitió reconstruir su economía y en especial, gracias a la administración de Eubulo, sanear las finanzas públicas. Es una política de bienestar particular que conduce poco a poco, incluso por conveniencia militar, a sustituir los ejércitos de ciudadanos por otros de tropas mercenarias. Paralelamente, los contrastes sociales se hicieron más agudos, más marcado el odio de clases y los conflictos violentos. Esto es común a toda Grecia, al igual que los intentos de reforma con nuevas constituciones o sistemas ideales, como el de Platón o las ideas monárquicas de Jenofonte e Isócrates. Pronto, sin embargo, A. debía encontrarse ante otro conflicto militar debido al desarrollo de Macedonia y a la política belicista de Demóstenes (v.) frente a la pacifista de Eubulo. Filipo II de Macedonia (v.) se mostró amable con A., cuya potencia, naval necesitaba, pese a la política de Demóstenes y la liga helénica, dirigida por A. La derrota de Queronea (338 a. C.) señaló el final de estas esperanzas de A. que pasó a formar parte de la liga panhelénica, presidida por Filipo. No menos indulgente fue Alejandro (v.), por iguales razones. De nuevo A. luchó, a la muerte de éste, contra el dominio macedónico, junto a otras ciudades griegas, sin otro resultado que la destrucción de su escuadra en Amorgos (322 a. C.). Esto significó para A. el pago de importantes indemnizaciones, una constitución oligárquica y una guarnición macedónica en el Pireo. Bajo Casandro y Demetrio esta situación se agravó con la reducción de la escuadra. A pesar de ello, bajo el gobierno paternalista de Demetrio de Falero, A. pudo vivir un periodo de paz y prosperidad. La lucha entre Casandro y Demetrio Poliorcetes dio lugar a la restauración democrática durante un breve periodo. El 266 a. C., reinando Antígono Gonatas, A. aliada con Esparta y Egipto, promovió una importante rebelión. La derrota implicó nuevas guarniciones macedónicas en el Ática, el desmantelamiento de las fortificaciones, la prohibición de acuñar moneda y la reducción de las asambleas a funciones puramente formales. Aunque capital intelectual del mundo griego, A. carecía ya de personalidad en la vida política.9. Atenas bajo el dominio romano. Las amenazas de Filipo V de Macedonia a A. motivaron la segunda guerra macedónica, cuya consecuencia fue la proclamación, por parte de los romanos victoriosos (196 a. C.), de la "libertad de Grecia". La instauración del dominio romano en Acaya dio lugar a que A., aliada de Roma, fuese gobernada por oligarcas prorromanos. Esta política se interrumpió el 88 a. C. con Mitrídates VI del Ponto (v.) que provocó una sublevación antirromana. A. sufrió un duro y largo asedio por las tropas de Sila (v.) que tomaron la plaza el a. 86 a. C. (v. ROMA III).Augusto (v.) protegió a A. notablemente. Varios emperadores fueron nombrados ciudadanos de A., una distinción que se concedía fácilmente a los visitantes ilustres, e incluso arcontes. Pero su mayor protector fue Adriano (v.). Bajo su reinado A. conoció una nueva vida, la ampliación de su área urbana y la construcción de notables edificios. La importancia de A. como centro cultural, singularmente de su Academia, era indiscutida e indiscutible. La ciudad, que había conocido la predicación de S. Pablo (v.), mostró en sus círculos culturales poca simpatía por la nueva religión; aun en el Bajo Imperio A. sería considerada uno de los baluartes del paganismo. Las antiguas instituciones se mantenían. Adriano restauró las leyes de Solón, pero el gobierno quedaba en manos de los ricos y buen número de las iniciativas en manos de los Emperadores. El 267 d. C. A. fue saqueada por los godos. Expulsados por Dexippo, la ciudad fue protegida por nuevas murallas, llamadas "de Valeriano", ca. el 280 d. C. Durante los dos siglos siguientes se reconstruyó intensamente, aunque en plan modesto y con dimensiones reducidas. En ello colaboró Teodosio II y su esposa la emperatriz Eudoxia. Poco a poco A. debía reducirse a su núcleo de la Acrópolis, el medieval castillo de Santa María.10. Aspectos socioeconómicos. Nuestras primeras noticias sobre las instituciones de A. son poco precisas. Antes de la invasión doria, A. debía diferenciarse poco de otras ciudades micénicas. El poder personal del rey va unido a sus poderes religiosos; el aumento de su autoridad, apoyada en la Asamblea, debía debilitar en cierto modo el poder de los nobles propietarios de tierras. La actividad artesana y comercial, poco conocidas en el caso de A., no significaron la creación de una burguesía. La sociedad se escalonaba en una serie de jurisdicciones: el rey sobre el noble, el noble sobre los vasallos o siervos. Unos y otros, dentro de esta estructura piramidal, quedaban sometidos a la autoridad de su propio cabeza de familia, de su jefe de clan o su jefe de tribu. Esta concepción militar del poder real y feudal en cuanto a las relaciones mutuas entre los distintos escalones de la sociedad, se acentuó con la invasión doria (v. DORIOS). A., que no estuvo sometida a los dorios (los atenienses se gloriaron siempre de ser autóctonos), no participó de las rígidas formas de la sociedad doria, como en Esparta o Creta, pero sí conoció ciertas formas análogas, como el clan o liga de familias que se remontan a un antecesor común, generalmente mítico, que recibe el nombre de heteria o genos. Una asociación de clanes formaba la f ratria, y varias de éstas la tribu o f ilé. El genos y la f ilé representaban no sólo vínculos de sangre o religión, cultos familiares, sino también económicos, y se comportaban como grupos de presión en. defensa de intereses comunes.Tras la invasión doria, el Ática apareció dividida en pequeños Estados o principados con su propio monarca, su capital y sus cultos propios. A., en principio, fue uno más de estos Estados unidos entre sí por alianzas de carácter militar o religioso, generalmente, las más de las veces temporales, pero en ocasiones definitivas. La unidad política impuesta por A., como cabeza de la confederación de ciudades del Ática, no significó que este estado de cosas careciera de reflejo en las instituciones de A. Aunque los cultos de las antiguas capitales se concentraban en A., los viejos reyes continuaron siendo sus sacerdotes y las magistraturas locales sobrevivieron con carácter municipal. La decadencia de la monarquía fue una consecuencia, en parte, de la especialización de funciones con la aparición de magistrados para las diferentes misiones, como los arcontes (y.), y también de la lucha con los jefes de genos. La autoridad judicial y militar se concentró en manos de los cuatro jefes de tribu que formaban el consejo o Pritaneo. El rey conservó sus poderes sacerdotales perpetuados, tras la caída de la monarquía, en la figura del arconterey. La unión del Ática concedió un carácter territorial a las cuatro tribus con carácter admiüistrativo, mientras acentuó el carácter comarca¡ del génos.Junto a éstos existía un segundo grupo, plethos, formados por quienes no pertenecían a un genos, es decir, pequeños propietarios y artesanos. Su base de unión eran las organizaciones religiosas, vinculadas especialmente al culto de Dionisa, llamadas thiasai, o las rurales llamadas demos. Son singularmente estos grupos los que desarrollaban la actividad económica de la época, agricultura (trigo, olivo y vid), pastoreo, un pequeño comercio de importaciones suntuarias, desarrollado más tarde gracias a las colonizaciones, y la artesanía, singularmente la cerámica a partir del s. vii a. C. Principal problema de la agricultura fue la concentración de la propiedad en manos de los aristócratas, la conversión del pequeño agricultor en arrendatario y la multiplicación de la mano de obra servil. La condición del arrendatario era especialmente dura, puesto que podía ser encarcelado por deudas y vendido como esclavo. La multiplicación de las empresas colonizadoras, la navegación y la presión de los propietarios rompían los vínculos de deberes y derechos, estos últimos teóricos, entre lbs distintos grupos de la sociedad de A. El prestigio de la aristocracia, aparte la sangre, se basaba en su situación económica y en su preponderancia militar; aunque pronto el comercio y la artesanía permitieron labrar fortunas muy superiores y, en lo .militar, el aristócrata jinete sucumbió ante el infante hoplita, y las nuevas tácticas (v. EJÉRCITO II) dieron prevalencia a los conjuntos disciplinados frente a los campeones de duelos singulares.La administración de la justicia se basaba en una tradición oral sólo conocida de la aristocracia, por lo cual constituía su poder más efectivo. Por ello el primer impulso de la lucha social en A. estribó en obtener una codificación a través de un derecho escrito: las leyes de Dracón. La lucha de clases unió frente a la aristocracia grupos muy distintos, comerciantes, artesanos, marineros y agricultores, incluso como Solón (v.) o Pisístrato (v.), gentes de familia aristocrática. Las instituciones políticas, arcontes, polemarcas o generales, el consejo o Boulé, la administración militar, tribus y naucrarias (distritos de leva marítima) se hallaban en manos de la aristocracia. Grupos políticos, legisladores y tiranos intentaban aportar su solución a este estado de cosas. Generalmente la posición de la tiranía fue la solución ocasional como la de obras públicas de Pisístrato o sus repartos de tierras. Dracón significó ante todo la aparición de un procedimiento judicial y la sustitución del arbitrio por la ley. La reforma de Solón fue sobre todo económica y social, aunque abrió a quienes no eran aristócratas el acceso a las instituciones; el concepto fortuna sustituyó por el momento al de sangre, aunque los indigentes no tenían acceso a las magistraturas. Al introducir Solón el sorteo para la designación de magistrados y jueces o al ampliar la Boulé a 400 miembros, tendía a impedir el mantenimiento de grupos de aristócratas que pudieran paralizar el ejercicio del poder. Con su ataque a ciertas formas institucionales aristocráticas (genos, fratria) o populares (demos) intentó impedir no sólo esta formación de grupos, sino también concluir con la inmovilización de la propiedad agraria, al igual que los aspectos socioeconómicos de la agricultura se intentaron resolver con la supresión de la aparcería y la esclavitud por deudas. Este sistema, llamado democrático, triunfó en A. durante el s. V al compás de la prosperidad económica, aunque la política de Solón condujo a la larga a la fragmentación de la propiedad rural evidente en el s. IV, hasta el extremo de no ser suficiente su producción para atender al sustento del cultivador, para entrar en crisis a fines del mismo dando lugar a la conocida literatura proespartana, o sea oligárquica y aristocrática, de aquel periodo. Incluso la generosa postura de Solón concediendo la ciudadanía de A. a los forasteros se restringió, de acuerdo con el sentir aristocrático, en época de Pericles. Sin duda fue también esta prosperidad la principal razón de la extensión de los derechos a los diferentes grupos sociales, puesto que en medio siglo los indigentes pasaron de ser el 75% de los ciudadanos a ser sólo el 50%. Esto explica que el rango de arconte fuera accesible a todos y el cargo de general quedara reservado a los propietarios. También es esta prosperidad económica, favorecida en parte por el tesoro de la liga marítima, la principal causa de la reducción de la imposición fiscal a la clase de los ricos y de los caballeros. Por ello las posiciones de los grupos aristocráticos se enconaron, con su admiración por Esparta, su crítica a las instituciones democráticas (caso de Aristófanes) y sus asociaciones políticas, eteriai, al igual que un sector de la población se sentía empujado a intervenir en la vida de partido y en la actividad política mediante los donativos, los pagos de dietas y los estipendios.V. t.: ÁTICA; PERICLES; GRECIA IV.ALBERTO BALIL.
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