Asorey, Francisco
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Biografía GER
Uno de los más grandes escultores españoles del s. XX. N. en Cambados (Pontevedra) el 4 mar. 1889 y allí surgió también su vocación. Para encauzarla, su padre le envió a la Escuela de Artes y Oficios de Sarriá (Barcelona), donde logró tales progresos que tres años después, a los 18 de edad, era ya profesor de Dibujo en Baracaldo, teniendo como discípulos a escultores vascos de la talla de Julio Beobide y Juan Guraya. En 1909 se instaló en Madrid, completando su formación con el análisis y crítica de esculturas de Rodin, Bourdelle y Mestrovic. Surgieron sus primeras obras, entre las que sobresalen los grupos rodinianos de Caballeros negros (Col. Vaamonde, Santiago) y Rezos de beatas (Col. Gil, Madrid), así como el espléndido relieve de Mater, cuyos rotundos y abocetados volúmenes acusan ritmos de raigambre impresionista. En 1919, A. casó con Jesusa Ferreiro y se estableció definitivamente en Santiago, donde abrió taller cabe el evocador rincón de Caramoniña, cerca de S. Domingo de Bonaval. En contacto con su tierra y con sus tradiciones plásticas, evolucionó hacia un primitivismo novecentista que informa algunas creaciones magistrales, Picariña (Col. Martínez de la Riva, Madrid), Naiciña (Col. particular argentina) y Ofrenda a San Ramón (Museo de Lugo) son soberbias tallas en madera, policromada directamente, sin empastes, aunque sí con incrustaciones metálicas, como los reveladores y revolucionarios hierros de la Ofrenda. Dentro de análogas características deben citarse 0 tesouro (Col. ABC, Madrid), segunda medalla en la exposición nacional de 1924, Santa (Ateneo, Montevideo) y el magistral San Francisco (Museo de Lugo), primera medalla en 1926. Algunos monumentos, como el de Soage en Cangas de Morrazo, el del Médico Rodríguez en Mondariz (Pontevedra), el de García Barbón en Vigo, la estatua de Colón en el de Cuba de Madrid y, sobre todo, el de San Francisco en Compostela, completan el panorama de esta etapa. Tal primitivismo desembocó en el surrealismo de la Soledad de Bilbao, cuya aureola representa la danza de los recuerdos de María después de la tragedia del Calvario.Hacia 1931, el traslado del taller a las inmediaciones de Santa Clara y los acontecimientos históricos de la hora deciden el triunfo del poscubismo en la obra de A. Así, cuando esculpe la Lápida de homenaje "al buen azabachero Mayer", logra en la cabeza de Santiago la sobriedad de un esquema. Y este tratamiento intelectual de los seres todavía se espiritualiza hasta conseguir la pura geometría de los Monumentos a Loriga (Lalín, Pontevedra) y al P. Feijoo (Samos, Lugo) o las escuetas líneas del Sagrado Corazón (La Enseñanza, Santiago), cuyas formas parecen mera cristalización de su material granítico, evocando el recuerdo de V. Macho en la grandiosa Estatua de Palencia. Y todavía otro logro. El último resultado de la abstracción cubista es el descubrimiento de la oquedad y de la trascendencia escultórica del hueco, que Gargallo lleva hasta la vibrante expresividad de sus hierros y que A. ensaya sobre la dura piedra galaica cuando hace la Virgen de Guadalupe de Tanxil. La brisa marítima modela sus telas en largos planos cóncavos, los cuales, oponiéndose a la masa, pero también colaborando con ella, destacan la modernidad de la estatua.Los últimos 15 años de la vida de A. se caracterizan por un íntimo y lírico neohumanismo. Filliña (Inst. de Previsión, La Coruña), la Virgen de Fátima (Col. Barrios, Aranjuez), la Señora de Hall (Col. Asorey, Santiago) y los Monumentos al astrónomo Aller en Lalín y al Alcalde López Pérez en Lugo son otros tantos testimonios. Sin embargo, ninguno tan representativo de este neohumanismo contemporáneo como el Cristo de Moyá (Barcelona), cumbre máxima de toda la producción asoreyana. Abiertos los brazos, erecta la cabeza, fundidos hombre y cruz en parigual misión redentora, representa una apoteosis cristiana del triunfo a lo griego de los cánones humanos, como poetizó Rabanal. M. el gran artista el 2 jul. 1961. Cuatro años después se le dedicó un monumento en Cambados, en cuyo pedestal se grabaron los versos de Cabanillas: "Soupeche eternizarte abrindo a porta santa da catedral do arte".
R. OTERO TÚÑEZ.
BIBL.: M. RABANAL, El Cristo de Asorey, Santiago 1954; J. A. GAYA NUÑO, Escultura española contemporánea, Madrid 1957; R. OTERO TÚÑEZ, El escultor Francisco Asorey, 2 ed. Santiago 1962.Guarda este contenido en tu perfil
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