Arniches, Carlos
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Biografía GER
Carlos Arniches Barrera n. en Alicante el 11 oct. 1866. Muy joven se trasladó a Barcelona, donde colaboró en La Vanguardia; al poco tiempo se estableció en Madrid, consagrándose por completo a la labor teatral. M. en Madrid el 16 abr. 1943.Continuador del "género chico" - sainete musical o cuadro de costumbres populares -, junto con los hermanos Álvarez Quintero , contribuyó a la transformación ¿el sainete que se amplía y alcanza categoría de comedia, perdiendo al mismo tiempo la parte musical. Su punto de partida lo encontramos en el "género chico" del s. XIX, permaneciendo ajeno a la renovación teatral que en aquel momento intentaba Benavente tanto en la técnica como en los temas y preocupaciones. Siendo levantino de origen, logró, sin embargo, penetrar en el alma madrileña e interpretar con acierto su psicología. EI pueblo de Madrid se ha visto reflejado en sus comedias y ha adoptado a menudo frases y ademanes de ellas. Así se ha discutido si es mayor la influencia de Madrid en A. o la de éste en Madrid. Dentro de su producción hay que distinguir tres modalidades: "género chico", sainete extenso y "tragedia grotesca".Durante muchos años se dedicó a escribir libretos para zarzuelas y sainetes musicales que han alcanzado aran popularidad: El santo de la Isidra (1898), El puñao de rosas (1902), El pobre Valbuena (1904), El amigo Melquiades (1914), Alma de Dios (1908), etc. La chica del gato (1921), La ’casa de Quirós (1915), La sobrina del cura (1914), Doloretes (1901), son obras cómicas con tendencia sentimental y frecuentes rasgos melodramáticos. En esta misma línea, pero advirtiéndose ya cierta inclinación a la astracanada, se encuentran: El señor Badanas (1930), La condesa está triste (1930), Las veleidades de Elena (1927) y La venganza de la Petra (1917).A. conoció la gloria entre las gentes sencillas y su gratitud por haberse dedicado de forma especial a ellas. El Madrid popular y castizo de fin de siglo es el ambiente en que se desarrolla la acción de estas obras. Apenas cultivó el tema y ambiente burgueses. En cuanto a los personajes, también proceden del pueblo: "el albañil, el guardia, el borracho, la moza de trapío, la ’señá’ sentenciosa, la vecina murmuradora, la familia cursi...". Rasgo esencial de estos sainetes es, por tanto, la presentación de tipos; junto a ello, la comicidad del lenguaje. Abunda el chiste fácil y el retorcimiento verbal, palabras cultas, imágenes y metáforas en contraste con los ademanes de los personajes. Entonaciones, superlativos descoyuntados, retruécanos, variantes de una expresión popular cualquiera. A. no se ha limitado a imitar el lenguaje de la realidad madrileña; a partir de unos elementos reales observados, transformando y estilizando esta materia, llega a la creación de un lenguaje propio que luego ha pasado al pueblo. Como centro de estos breves cuadros de costumbres, introduce una pequeña intriga sentimental, aspirando a dar una imagen viva de lo pintoresco local.Cultiva más tarde la "tragedia grotesca", modalidad en la que tiene excepcional fortuna. En los géneros anteriores - sainete y comedia- continúa la tradición, introduciendo algunas innovaciones en la tipología y el lenguaje. En la "tragedia grotesca" es auténtico creador. El paso del sainete a la "tragedia grotesca", de la forma en que lo realiza A., revela una profunda intuición dramática. En ella se funde lo dramático con lo caricaturesco. Por lo general, encontramos el mismo ambiente de las obras anteriores, pero ahora lo cómico encubre una emoción grave. La presentación de estos seres que hacen reír cuando sufren y que despiertan también en el espectador un cálido sentimiento de piedad y compasión¡ el hecho de suscitar la emoción por lo grotesco y arbitrario supone una novedad que ha dado pie a algunos críticos para entroncar al teatro español actual con los conceptos más nuevos del teatro europeo. Se ha encontrado relación entre el teatro de A. y ciertas obras de Pirandello y de Andreiev. Con este último le compara Fernández Almagro, quien descubre un espíritu similar entre Es mi hombre (1921) de A. y El hombre que recibe las bofetadas (1914), de Andreiev.La "tragedia grotesca" nos presenta una España salida del desastre del 98 y expresa la participación de A. en el dolor ante esta situación nacional y su feroz protesta contra los caciques, los vagos, los señoritos, los fanáticos, los injustos, los falsos patriotas, los envidiosos. Hay en estas obras un predominio de lo arbitrario. El protagonista, un hombre bondadoso, apocado, insignificante, ante unas determinadas circunstancias, reacciona de forma inesperada, tomando decisiones impropias de su carácter que dan un final feliz a la obra. Los héroes grotescos de A., de gran profundidad humana, encuentran en esa misma bondad que debilitaba su carácter la fuerza para sobreponerse en el momento preciso. Así ocurre con los protagonistas de La locura de don Juan (1923) y Es mi hombre.Dentro de esta modalidad, hay que señalar obras como La señorita de Trévelez (1916), drama de la solterona pueblerino, en la que se combina hábilmente lo sentimental y lo ridículo; La diosa ríe (1931). Es mi hombre, la más famosa, exagerada en tipos y situaciones; La locura de don Juan, cuyo personaje central es también un hombre sin energía ni iniciativa que, fingiendo un ataque de locura, logra hacerse respetar y temer de todos; Que viene mi marido (1918), que pierde calidad por su comicidad un poco forzada.Estas obras han dado lugar a los más diversos comentarios; desde los que no ven en ellas más que efectismos burdos y moralización vulgar, hasta los que las consideran como fruto de inspiración digna de Goya. Así logra interesar al crítico más exigente e intelectual de su tiempo, Pérez de Ayala, que llevado por su actitud polémica contra Benavente le’ valora y elogia excesivamente. No goza, sin embargo, de la admiración del público burgués. Ninguno de los dos extremos puede negarse, ya que encontramos tendencia al melodrama, rasgos moralizadores y también emoción tragicómíca. Como valores positivos podemos señalar el fondo de humanidad latente en toda su obra y la admirable fusión de lo trágico y de lo cómico, de humor y de pesimismo. Hay que añadir a esto la gracia y jugosidad de su estilo, el ingenio, el chiste casi siempre espontáneo y la agilidad del diálogo.M. T. VALDEMOROS IGLESIAS.
BIBL.: C. ARNICHES, Teatro completo, 4 vol., Madrid 1949-50; R. PÉREZ DE AYALA, Las máscaras, Buenos Aires 1948; G. ToRRENTE BALLESTER, Teatro español contemporáneo, Madrid 1957; A. MARQUERÍE, Sobre la vida y la obra de don Carlos Arniches, "Cuadernos de Literatura Contemporánea" 9-10, Madrid 1943.Guarda este contenido en tu perfil
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