Antisépticos MEDICINA
Categoria:
Medicina
Las primeras demostraciones de la utilidad clínica de los a. tuvieron lugar a mediados del siglo xix. Efectivamente, en 1843, el médico húngaro Semmelweiss comunicó que la mortalidad por fiebre puerperal en el Hospital General de Viena se reducía espectacularmente al hacer que los estudiantes y los médicos, que pasaban directamente desde la sala de autopsias a la de obstetricia, se lavaran las manos con una solución que contenía hipoclorito de cal. Por otra parte, Lister, en 1867, introdujo en Glasgow la "cirugía aséptica" consistente en la utilización de fenol para desinfectar la piel del paciente, las manos del cirujano, los instrumentos quirúrgicos y el ambiente del quirófano. Desde entonces, el desarrollo habido en la Química y en la Microbiología ha permitido notables avances en el conocimiento farmacológico de los a.En general, el término a. se aplica a las sustancias que matan a los microorganismos o impiden su crecimiento. Es habitual en la práctica médica, sin embargo, denominar así a los compuestos antibacterianos que se utilizan localmente para reducir la población bacteriana de la piel o de las mucosas con finalidad profiláctica o curativa. Los a. se usan casi siempre al estado de soluciones cuya eficacia antibacteriana aumenta de modo proporcional a su concentración; no obstante, por tratarse de compuestos irritantes, las soluciones concentradas sólo pueden emplearse como "desinfectantes" de objetos inanimados. La elección de un determinado a. para un uso clínico definido debe hacerse teniendo en cuenta los siguientes factores: a) potencia (se suele expresar mediante el denominado coeficiente fenólico); b) rapidez de efectos; c) duración de efectos (que depende esencialmente de su adherencia residual a la piel); d) espectro antimicrobiano (aunque la mayoría suele actuar sobre todo tipo de bacterias, algunos pueden hacerlo más específicamente sobre gram positivos o gram negativos, y otros puede comportarse, además, como antifúngicos y antivíricos); e) tolerancia local; f) conservación de actividad en presencia de materia orgánica; g) capacidad de dispersión en superficie; h) grado de absorción percutánea o transmucosa; i) propiedades tintoriales; j) capacidad alergénica.Los a. afectan a los microorganismos por mecanismos diversos, casi siempre inespecíficos o combinados. En resumen, se han propuesto los siguientes: 1) precipitación de las proteínas del protoplasma bacteriano (v. gr. fenol y ciertos materiales pesados); 2) combinación con grupos químicos vitales, como sulfhidrilos o aminos; 3) oxidación de componentes citoplásmicos (v. gr. permanganato potásico); 4) hidrólisis de constituyentes de citoplasma bacteriano.El espectacular desarrollo de la antibioticoterapia ha hecho que los a. pasen a ocupar un lugar secundario en la lucha antiinfecciosa. A pesar de todo, existen una serie de situaciones en las que su empleo resulta de utilidad, a saber: a) reducción de la población bacteriana en la piel del campo quirúrgico o en los lugares donde se va a practicar una punción transcutánea; b) limpieza de manos previa a cateterismos, intubaciones y sondajes, particularmente en enfermos inmunodeprimidos; c) tratamiento de algunas infecciones cutáneas (impétigo, foliculitis) casi siempre acompañando a la antibioticoterapia; d) prevención de infecciones en heridas cuyo tamaño no haga prever una absorción masiva del a.; e) limpieza y descostrado de heridas; f) prevención de infección en quemaduras; g) tratamiento de algunas infecciones por hongos. Como es lógico, los problemas infecciosos que afecten a mucosas o a zonas de piel delicada requerirán siempre el uso de a. poco irritantes. Dentro del contexto de las aplicaciones clínicas de los a., cabe señalar que la costumbre ha impuesto el uso del término "antiséptico urinario" para designar un grupo de fármacos que administrados al interior del organismo, alcanzan elevadas concentraciones en la orina y en el parénquima renal, con lo que su efecto antibacteriano se localiza preferentemente en el trac.to urinario. Por tanto, no son a. en el sentido anteriormente indicado.Clasificación y descripción. Existen alrededor de unos setenta a. de uso clínico, excluyendo los antifúngicos específicos y los conservantes. Por ello, sólo es posible aquí presentar su clasificación y hacer una sucinta enunciación de las características de aquellos de mayor interés o de uso más frecuente. El lector interesado puede acudir a las fuentes bibliográficas que se citan al final donde hallará una información más detallada.Los antisépticos se clasifican del siguiente modo: 1) halógenos y compuestos halogenados: yodo, cloro y derivados; 2) oxidantes: agua oxigenada y permanganato potásico; 3) alcoholes y aldehidos: alcohol etílico, alcohol isopropilico, formaldehido, glutaraldehido; 4) metales pesados: compuestos orgánicos e inorgánicos de mercurio, plaza, zinc y cobre; 5) ácidos orgánicos e inorgánicos: acético, benzoico, bórico; 6) fenoles: fenol, cresol, hexilresorcinol, hexaclorofeno, parabenes, clorxilenol, triclosán; 7) colorantes: violeta de genciana, fucsina básica, azul de metileno; 8) biguanidas: clorhexidina; 9) aceites esenciales y derivados: mentol; 10) detergentes aniónicos (jabones) y catiónicos (benzalconio, cetilpiridinio, dequalinio); 11) nitrofuranos: nitrofurazona.Las acciones antisépticas del yodo se estudian en el artícu10 YODO II. El cloro (v.), a pesar de su elevada potencia germicida, no puede usarse como antiséptico, dada su extraordinaria acción irritante. En su lugar, pueden utilizarse soluciones diluidas de hipocloritos, así como los denominados "cloróforos" (cloraminas y oxicloroseno) que resultan mejor tolerados.El agua oxigenada (v. AGUA I) es un a. de muy escasa potencia y fugaz efecto. Ello se debe a que, una vez en contacto con las catalasas tisulares, se transforma rápidamente en oxígeno y agua, ninguno de los cuales posee acción bactericida (excepto el oxígeno para los anaerobios). Su empleo produciría más bien un reblandecimiento de los detritus celulares, lo que facilitaría la limpieza de las heridas. Su uso, por ello, se reserva para este fin, así como para la reposición de apósitos. El permanganato potásico es un potente agente oxidante que posee las desventajas de resultar cáustico, aun en soluciones al 1 %, y de colorear la piel.El alcohol etílico es uno de los a. de uso más común. Aplicado en la piel durante dos minutos, y a la concentración del 7001o (v/v), destruye casi el 90% de las bacterias. Un menor tiempo de exposición o concentraciones diferentes de aquélla, aunque sean más elevadas, reducen considerablemente su eficacia. Tiene la desventaja de que no actúa sobre esporos, virus hongos, por lo que no debe utilizarse para la esterilización de objetos. Habitualmente se emplea para la limpieza de la piel previa a punciones transcutáneas y a cirugía menor. A este respecto puede añadirse que su evaporación desde la piel produce un enfriamiento localizado, lo que conlleva un ligero efecto anestésico. El isopropanol es algo más germicida que el etanol, pero es más irritante. Los aldehidos son a. potentes, pero excesivamente agresivos para la piel; a bajas concentraciones pueden utilizarse, no obstante, en el tratamiento de las hiperhidrosis palmo-plantares.Clasificación de los antisépticos1. Halógenos y compuestos halogenados.
2. Oxidantes.
3. Alcoholes y aldehidos.4. Metales pesados.
5. Ácidos orgánicos e inorgánicos.6. Fenoles.
7. Colorantes.8. Biguanidas.
9. Aceites esenciales y derivados.
10. Detergentes aniónicos y catiónicos.11. Nitrofuranos.
Son varios los compuestos de metales pesados que se usan como antisépticos. Entre los inorgánicos cabe citar el cloruro mercúrico y el óxido (amarillo) de mercurio; entre los orgánicos, el timerosal (mertiolato) y el mercurocromo (mercromina). Esto por lo que respecta a los mercuriales, los cuales están siendo abandonados por su escasa actividad y potencial toxicidad. Las sales inorgánicas de plata son potentes germicidas; de ellas, el nitrato de plata en solución al 1% puede usarse para prevenir la oftalmia del recién nacido, y, al 0,5%, en las quemaduras. En forma sólida tiene acción cáustica, por lo que se le ha utilizado en el tratamiento de las verrugas. Un derivado orgánico de plata, la sulfadiazina argéntica, ha resultado de utilidad en la profilaxis de las infecciones en las quemaduras. Por último, diversas sales de zinc (cloruro, óxido, sulfato, estearato) y de cobre (sulfato) poseen poder a. y astringente; son útiles en el tratamiento de lesiones exudativas.Algunos ácidos orgánicos, como el acético y el benzoico, desarrollan una efectiva actividad a., si bien no gozan de amplio uso. Por su parte, el ácido bórico, frecuentemente empleado en el pasado, ha caído en desuso dada su escasa potencia.Aunque el fenol fue uno de los primeros a. incorporados a la terapéutica, se le usa infrecuentemente como tal. En su lugar existe una larga lista de derivados entre los que destaca el hexaclorofeno, que posee una potente acción bacteriostática, preferentemente contra gram positivos. Posee la desventaja de ser absorbido por la piel y las mucosas, lo que puede determinar la presentación de toxicidad, sobre todo neurológica, en casos de absorción masiva. Otro derivado fenólico de interés es el triclosán.De los a. colorantes, los más conocidos y utilizados son el violeta de genciana (derivado de trifenilmetano) y el azul de metileno (derivado de la tionina). El primero se emplea en forma de soluciones para combatir algunas dermatofitosis; el segundo, aparte de su acción antiséptica, es útil en el tratamiento de algunos cuadros de metahemoglobinemia.La clorhexidina, una biguanida, es un a. dotado de propiedades ventajosas. Posee acción bactericida sobre gérmenes gram positivos y gram negativos; permanece adherido a la piel, en forma activa, más de 24 horas; no se absorbe a través de la piel; no provoca sensibilización alérgica; y, por último, es poco irritante. Consecuentemente, el catálogo de sus aplicaciones es amplio.Los detergentes constituyen un grupo de a. de uso frecuente. En general, se llaman detergentes a las sustancias que producen una disminución de la tensión superficial, lo que se manifiesta por su capacidad para emulsionar las grasas; cuando tal acción se desarrolla sobre las gotículas grasas de suciedad depositadas en las superficies, su posterior arrastre por el agua se ve extraordinariamente facilitado. Los detergentes se caracterizan por su capacidad para disociarse ionicamente en solución acuosa. Así, los detergentes aniónicos (jabones) muestran una fuerte carga electronegativa en solución, mientras que en los catiónicos (benzalconio, dequalinio) ésta es positiva y procedente, casi siempre, de un amonio cuaternario. Se entiende fácilmente que ambas clases de compuestos, dadas sus cargas opuestas, no puedan utilizarse simultáneamente ya que se antagonizarían. Estas sustancias poseen acción germicida in vitro; mas in vivo, su acción a. parece discutible, por lo que suele asociárseles otros a.Por último, la nitrofurazona es un a. de amplio espectro (puede incluso actuar sobre algunos protozoarios) cuyo uso se restringe a la antisepsia de las quemaduras.Por su relación con la antisepsia, a continuación se hace una breve referencia a los dentífricos. El dentrífico es una preparación tópica que facilita la limpieza dental producida por el cepillado. Los que se encuentran en el comercio consisten en pastas y polvos. Ambos contienen abrasivos para impedir las acumulaciones residuales en los dientes; el borato sódico es uno de los más conocidos. En muchos dentífricos se han incorporado otros principios con la intención de obtener efectos tales como remineralización, antisepsia, blanqueamiento, etc. Sin embargo, salvo el caso del flúor, cuya acción en la prevención de las caries es indudable, el logro de esos otros efectos no ha podido confirmarse.J. BOADA JUÁREZ.
BIBL.: AMERICAN MEDICAL ASSocIATION, Drug Evaluations, 6 ed. Filadelfia 1986 (W. B. Saunders) pp. 1523-1528; VARios, Drugs: facis and comparisons, San Luis 1985 (Lippincot), pp. 1823-1834; J. FLóREz, J. ARmiio, A. MEDIAVILLA, Farmacología humana, vol. II, Pamplona 1988 (Eunsa) pp. 1005-1011; A. FONSECA, L. NOGUEIRA, Manual de terapéutica dermatológica y cosmetológica, Barcelona 1987 (Jims) pp. 52-57; S. C. HARvEY, Antisépticos y desinfectantes, fungicidas, ectoparasiticidas, en Las bases farmacológicas de la terapéutica, Madrid 1986 (Panamericana) pp. 914933; S. C. HARvFY, Drogas antimicrobianas, en REMINGTON, Farmacia, vol. II, Buenos Aires 1987 (Panamericana), pp. 1573-1588; A. R. MARTÍN, Antiinfective agems, en R. F. DOERGE (ed.), Wilson and Gisvold’s Textbook of Organic Medicinal and Pharmaceutical Chemistry, Filadelfia 1982 (Lippincot) pp. 129-149.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.