Antioquia de Siria REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
RITO SIRIO-ANTIOQUENO. Es la expresión cultural de la celebración eucarística, la recitación del oficio divino y la administración de los sacramentos (v. RITO) en la iglesia antioquena (o sirio-occidental), dividida actualmente en dos: la sirio-católica, unida a la Santa Sede, y la sirio-ortodoxa o jacobita, que no aceptó el conc. de Calcedonia (v.) y su formulación de la doble naturaleza de Cristo (v. MONOFISISMO). Se llama jacobita porque fue el obispo monofisita Jacobo Baradai, favorecido por la emperatriz Teodora, quien reorganizó la iglesia siriaca, después de la gran represión del emperador Justiniano (v.) contra la jerarquía no calcedoniana (v. JACOBITAS). El grupo de los sirio-católicos constituye una parte de esta Iglesia que en 1656 se unió a Roma, y que, después de algunas vicisitudes, creó una sucesión patriarcal siriocatólica (v. SIRIA VII).Las liturgias orientales se dividen en dos grupos: el alejandrino y el antioqueno. Al grupo alejandrino pertenecen los ritos Copto (V. ALEJANDRÍA VIII) y etiópico (V. ETIOPÍA VIII, 2). El grupo antioqueno se subdivide en el sirio-occidental y el sirio-oriental; el rito sirio-occidental comprende el sirio-antioqueno y el maronita (v.), y como ritos derivados, el bizantino (v. CONSTANTINOPLA IV) y el armenio (V. ARMENIA V, 2); en cuanto al rito sirioOriental, v. SIRIO-CALDEO, RITO.Como las formas rituales son las mismas, tanto en la iglesia sirio-católica como sirio-jacobita, salvo raras excepciones, hablaremos aquí del rito sirio-antioqueno como común a ambos. El siriaco sigue siendo en la actualidad la lengua oficial de este rito, si bien en Siria las lecturas y buen número de oraciones se hacen en árabe. En el s. xvii, algunos malabares (v. MALABAR, IGLESIA) de la costa occidental de la India, que no querían la unión con Roma, se unieron al patriarcado monofisita de Antioquía y adoptaron también la liturgia sirio-antioquena; a partir de 1930 varios de sus obispos se han unido a Roma: se les denomina malankares; conservan su rito antioqueno, que celebran en su lengua nacional, el malayalam. En cuanto a las características de los templos sirio-antioquenos, v. SIRIO-CALDEO, RITO. A partir de la exposición de la forma de la celebración actual de la Misa en la liturgia sirio-antioquena, haremos las observaciones de carácter histórico más convenientes.La celebración eucarística comienza con dos oficios preparatorios llamados de Melquisedec y de Aarón, que se celebran en el interior del santuario (algo separado de la nave del templo) de manera privada, mientras los clérigos acaban el oficio coral de la mañana (Saphro) y la tercia. En el primer oficio el sacerdote, sin los ornamentos sagrados, después de una oración introductoria y el salmo 50 (pshito), sube al altar, lo besa y coloca el pan y el vino sobre el ketono o corporal. Concluye con una serie de oraciones: Proemio, sedro (serie, orden; originariamente versos ordenados alfabéticamente y en rima), qolo (cántico métrico), ’etro (incienso) y hutomo (conclusión), según el modelo de las horas menores del oficio canónico. Después de revestirse en la sacristía, profundamente inclinado (los jacobitas se ponen en cuclillas con las manos extendidas) reza en voz baja una oración preparatoria, besa la grada del altar y sube a él. Cruzando los brazos, toma con la mano derecha la patena y con la izquierda el cáliz, y elevándolos recita el ofertorio en que se conmemora la economía salvadora del Señor. Depositados de nuevo sobre el altar, y cubiertos con el velo, inciensa ofrendas y altar, acompañando la acción de un Proemio; sedro y ’etro, como en el primer oficio.A continuación tiene lugar la procesión alrededor del altar con el evangeliario, cantando el himno O monogenés (en siriaco eraremokh Mor) en honor a la Palabra divina revelada. Se coloca el evangeliario sobre el altar, cantando el Trisagio: "Santo eres, oh Dios, Santo eres, oh Fuerte, Santo eres, oh Inmortal". Después de las lecturas del apóstol S. Pablo y del Evangelio, tiene lugar el Introito. En él, durante el sedro, el sacerdote inciensa la cruz, y el diácono inciensa el altar, al celebrante, al clero y a los fieles. Al final el sacerdote entona el Credo de Nicea, e inciensa nuevamente altar, clero y pueblo; luego, el diácono da vuelta a la nave incensando al pueblo, mientras el sacerdote se lava las manos; y, después de una oración profundamente inclinado (los jacobitas en cuclillas), besa la grada del áltar y sube al mismo para empezar la anáfora (v.) o Canon de la Misa.Lo descrito hasta ahora forma parte del ordo común, que, a diferencia de la anáfora, es siempre igual, excepto las lecturas y sus cánticos. Resulta una acumulación incoherente de elementos dispares, con repeticiones que recargan notablemente la simple acción primitiva de preparar el pan y el vino sobre el altar. De lo que se puede colegir de las fuentes, la evolución ha sido larga y complicada. Hay una gran variedad de oraciones y gestos en los manuscritos. Culmina con el resultado de diferentes costumbres en los s. xiv y xv, en que los sirios no brillaban por su cultura, y que han dado origen a la complicada praxis actual (cfr. G. Khouri-Sarkis, L’anaphore syriaque de saint Jacques..., "L’Orient Syrien" IV, 1959, 415-423; ib. VII, 1962, 287-296).La anáfora (v.), base de la liturgia antioquena, bajo cuyo modelo se han redactado posteriormente alrededor de 70 anáforas diversas, es la llamada anáfora de Santiago que, en líneas generales, tiene su origen en la liturgia judeo-cristiana del Cenáculo, en Jerusalén, y que rápidamente pasó a las comunidades cristianas de Antioquía. Encontramos ya testimonios más o menos completos de esta anáfora en el Testamento del Señor (1. E. Rahmani, Testamentum D.N.J.C., Mayence 1899),. las homilías antioquenas de S. Juan Crisóstomo (PG 49, 15-222), la liturgia del Seudo-Dionisio Areopagita (M. de Gandinac, Oeuvres Complétes du Pseudo-Denys, París 1943, La Hiérarchie Ecciésiastique, c. 3), la 5a catequesis mistagógica de S. Cirilo de Jerusalén (PG 33, 1109-1126), las Constituciones apostólicas (ed. F. X. Funk).En líneas generales, la parte anafórica de la Misa comenzaba con tres oraciones pre-eucarísticas: oración antes de la paz, oración de la imposición de manos, oración del velo. Actualmente el sacerdote reza la oración propia en cada anáfora, y, al quitar el velo que cubre las ofrendas, reza otra que es igual en todas las anáforas. Bendice a los asistentes e inicia la oración eucarística, o anáfora propiamente dicha, con una invocación equivalente al Prefacio del rito latino: una acción de gracias a Dios Padre por la creación de las cosas visibles e invisibles, que desemboca en el Santo que cantan los espíritus celestiales y la asamblea reunida. Después se hace memoria de la obra de Dios, creador y redentor, hasta llegar a la enumeración de las obras de salvación, a la encarnación del Hijo y a la institución de la Eucaristía en la última Cena.Las palabras consecratorias varían de forma curiosa en algunas de las 70 anáforas. En los manuscritos que usan todavía hoy los jacobitas, faltan a veces por completo, p. ej., en dos anáforas atribuidas a S. Pedro: "Tomó el pan en sus santas manos... y dijo: tomad, comed, para la remisión de los pecados y la vida eterna..." (E. Renaudot, Liturgiarium orientalium collectio, 2 ed. J. Baer, II, Francfort 1847, 160-161). Las palabras que faltan de la consagración no son suplidas por el sacerdote, que se limita a leer el manuscrito, tal como personalmente he presenciado en Damasco y en Jerusalén. Según los jacobitas, la transubstanciación se verifica en la epiclesis, que tiene lugar después de la conmemoración (v. ANAMNESIS) de la muerte, resurrección, ascensión, entronización y segunda venida del Señor.En la epiclesis (v.) se pide que descienda el Espíritu Santo sobre los dones, los transforme en el cuerpo y en la sangre de Jesucristo, y sirvan para la santidad de alma y cuerpo de aquellos - que participen. Sigue la oración de la gran intercesión: el diácono invita a los fieles a orar por quienes el sacerdote, en secreto, ha empezado a orar con las manos sobre el pecho e inclinado. A continuación, el sacerdote ya erguido, con los brazos extendidos y en voz alta, concluye la intercesión. A estas oraciones se les llama cánones o dípticos, porque los nombres de los vivos y difuntos que se habían de conmemorar se contenían en dos tablillas o dípticos. Esta plegaria se divide en seis secciones: memoria de los Padres (Patriarcas y obispos) vivos, de los hermanos presentes y ausentes, de los reyes, de los santos y la Virgen, de los Padres difuntos y doctores, de todos los difuntos, y acaba con una doxología. Aquí concluye la anáfora propiamente dicha; aunque prosigue con el rito de la fracción y signación del pan eucarístico con el sanguis: bendición, seguida del Padre nuestro y su embolismo (una ampliación de la última petición: "mas líbranos del mal"); una segunda bendición de los fieles, con imposición de manos, precede la elevación de la patena y el cáliz acompañada de la exclamación: "las cosas santas se dan a los santos y a los puros". Concluye esta sección una doxología al Padre creador, al Hijo redentor y al Espíritu Santo vivificador que lleva a término "todo lo que es y será".El celebrante, después de unas oraciones preparatorias, comulga con la partícula que ha echado al cáliz en el rito de la fracción, sacándola con una cucharilla. De la misma forma da también la comunión a los presbíteros y diáconos asistentes. Después presenta al pueblo las sagradas especies, llevándolas hasta la puerta del santuario y recitando tres oraciones (originariamente era una procesión con los santos misterios a través de la nave del templo). Los fieles comulgan de pie, con partículas mojadas con el sanguis en el rito de la signación. Después, el sacerdote muestra los santos misterios a los fieles con una oración en que, glorificando a Jesucristo, pide que la comunión no sea motivo de juicio y condenación, sino de vida eterna y redención. La liturgia acaba con una acción de gracias y una tercera bendición de los fieles con imposición de manos. El diácono despide a los fieles diciendo "Id en paz" y el sacerdote recita el Hutomo o conclusión, y despide a los fieles bendiciéndoles tres veces e invitándoles a irse en paz. Purifica los vasos sagrados ayudado por el diácono, recitando salmos y oraciones, y se despide finalmente del altar con una oración y besándolo. en el centro y en los lados (cfr. V. Janeras, en "L’Orient Syrien" V, 1960, 476-478).En la parte anafórica de la liturgia que acabamos de examinar, se intercalan una serie de oraciones que pertenecen al ordo común del que antes hemos hablado: las admoniciones del diácono y las respuestas de los fieles son iguales en todas las anáforas, lo mismo que algunas oraciones sacerdotales. Es difícil precisar la fecha de fijación del ordo común. Antes del s. viii no tenemos ninguna indicación precisa, y después solamente de algunos autores como Jaime de Edesa (640-708) en su epístola al sacerdote Tomás, Moisés bar Kefa (813-903) en su comentario sobre la liturgia, y Dionisio bar Salibi (m. 1171) en la Exposición de la liturgia.El oficio coral (v. OFICIO DIVINO) reproduce la antigua tradición jerosolimitana. Cada día comienza con el crepúsculo del precedente. La oración del crepúsculo se llama Ramsho. Las vigilias nocturnas se llaman Sluto-d-lilyo (oración de la noche); se dividen normalmente en tres nocturnos. A la aurora se recita el Safro u oración de la mañana. En el curso del día, las horas de tercia, sexta y nona. Antes de retirarse al descanso, la oración llamada Sutoro. Como características generales, podemos decir que la salmodia ocupa un lugar secundario en el oficio antioqueno: no se intenta recitar un número determinado de salmos en un lapso determinado de tiempo. Los salmos diferentes de cada una de las horas mayores, son generalmente los mismos todos los días. Las horas menores están hoy desprovistas de salmos; antiguamente se recitaba al menos un salmo en cada una, tal como se colige del oficio de Semana Santa, que refleja mejor el uso primitivo. La sobriedad salmódica está compensada por un desarrollo abundante de la himnodia (v. ximNos LITÚRGICOS), con sus diferentes metros y tipos de composición.B. M. GIRBAU PERMANYER.
BIBL.: A. RAES, Introduclio in Liturgiam orientalem, Roma 1947; fa, L’étude de la Liturgie syrienne, en Miscellanca Liturgice in honorem L. Cuniberti Afohlbcrg, Roma 1948, 333-346; I. ZIADE, Syrienne (église), en DTC 14, 2024-2028; ID, Orientale (messe), en DTC 11, 1434-1489; J. PUYADE, Composition interne de 1’office syrien, "L’Orient Syrinn II (1957) 77-92, III (1958) 25-62; fD, Les heures canoniales syriennes et leur composition, ib. III (1958) 401-428; A. RAES, Anaphorae Syriacae..., Roma 1939-1954; Liturgisch woordenboek (Roermond en Maaseik, 1958-1964) en la palabra Oosterse ritussen; 1. M. SAUGET, Bibliographie des Liturgies orientales, Roma 1962.
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