Antigua, Edad I HIST.
Categoria:
Historia
1. Introducción. El humanismo, que consideró la caída del Imperio Romano como una obra de la barbarie y que tuvo los siglos siguientes a la invasión como una época de ruina e ignorancia, hizo la división, aún vigente, de E. A. y Edad Media. Esta periodización es hoy fuertemente criticada, porque ni se estima en tan alto grado la barbarie de la Edad Media, ni se juzga justa tal discriminación cronológica del mundo, que si en cierto modo es válida para Occidente, en manera alguna puede admitirse para el resto de los pueblos que deben integrarse en la Historia Universal. Además, siendo la historia un suceder sin solución de continuidad, cualquier periodización es siempre arbitraria e imprecisa. Sin embargo, razones prácticas, sobre todo de orden didáctico, permiten y aun aconsejan esta fragmentación del suceder histórico y una especialización en la tarea investigadora.El clasicismo, o mundo de la historia antigua, entraña, como toda la historia, un valor para nosotros; no sólo como modelo al que volvemos los ojos, sino porque es algo real, lleno de vitalidad y permanencia actual: la civilización occidental es por su raza, lengua, pensamiento, religión, una auténtica continuación de la Antigüedad. De pocas instituciones y modos de vida actual podríamos decir que no tienen su origen y fundamento en el clasicismo. Tradicionalmente el campo de la historia antigua se ha venido estructurando en tres grandes etapas: historia de Oriente, historia de Grecia e historia de Roma. Sucesivamente cada una de ellas se muestra heredera y complementaria de la anterior. Pero también entran en el periodo cronológico convencional de la Antigüedad dos pueblos cuyas culturas brillaron a gran altura: China (v.) e India (v.). Ambas se forjaron independientes de las mediterráneas; cronológicamente evolucionan también con cierta independencia, por lo que nuestra ya arbitraria periodización lo es aún más con respecto a estas culturas. Estableciendo para el Lejano Oriente cierto realismo cronológico, aunque no consecuente con las culturas occidentales, se pueden considerar tres periodos: el primero comprende los albores de la historia de China bajo las dinastías míticas y semilegendarias ubicadas en torno al valle del río Amarillo y se extiende aproximadamente hasta el 1766 a. C. El segundo periodo abarca las dinastías históricas Chang (v.) y Chu (v.) y llega hasta el 221 a. C. El tercero registra la formación del periodo unitario en el 221 a. C. y alcanza, tras la disgregación y la época de las grandes invasiones, hasta finales del s. vi. Entonces, la restauración de la unidad por la dinastía de los Suei (v.) inicia un nuevo periodo. Esta periodización política apenas si tiene sentido histórico desde el momento en que no lleva aneja una paralela periodización cultural.En la India podemos considerar dos periodos fundamentales en la E. A.: el primero constituido por los pueblos prearios, con la cultura de Mohenjo-Daro (v.), aproximadamente entre el 3000 y 1800 a. C., y el segundo, constituido por la civilización de los pueblos indoeuropeos llegados a la India ca. el 2000 a-. C. y que destruyen aquella adelantadísima cultura. Triunfantes los indoeuropeos, aparece primeramente la civilización dravídica (V. DRÁVIDAS) y, a partir del 1500, la de otro pueblo también indoeuropeo, los indos védicos que tienen- por lengua el sánscrito y cuentan con una abundante y perfecta literatura; brahmanismo (v.) y budismo (v.) sintetizaron sus grandes movimientos religiosos y culturales en este periodo.Así, pues, la historia del Antiguo Oriente comprende diversas áreas culturales: Mesopotamia y meseta del Irán, costa de Siria y Palestina, Egipto, Asia Anterior, junto con India y China. Fueron los romanos los que designaron a estas regiones con el nombre de Oriente, como simple definición de aquella parte de su Imperio que ocupaba el este de sus dominios. Nacido, pues, el término de una mera relación topográfica, después que la ciencia histórica ha ido complicando el campo geográfico de su estudio, el concepto de Oriente se ha precisado, y distinguimos por su orden de cercanía: el Próximo, Medio y Extremo Oriente; pero este concepto geográfico moderno apenas si tiene valor para la historia antigua que se ve obligada a seguir una estructuración por civilizaciones. A medida que la investigación acrecienta los conocimientos sobre el Antiguo Oriente, se confirma que éste es la cuna y fuente de nuestra cultura. De Oriente vienen a Occidente desde la más elevada y abstracta moral de salvación que se incorpora a los misterios órficos, hasta los más prosaicos conocimientos sobre cálculos, astronomía o datación. Así, la idea de un Dios único, la sanción de ultratumba como base de’ lá moral individual, la concepción de la autoridad como sagrada y base de la obediencia y disciplina ante el poder constituido, son valores morales heredados del Oriente.La prioridad e impresionante magnitud que en Egipto y Mesopotamia alcanzó la civilización, se vio ante todo favorecida por las ventajosas condiciones geográficas, al ser centro de tres continentes, lo que permitió la difusión de buena parte de sus conquistas espirituales. Además, estos valles eran de una gran fertilidad, pues unían a un clima seco y cálido las condiciones de sus ríos que inundan periódicamente las tierras enriqueciéndolas de aluviones y cuentan en primavera con un abundante caudal, al ser alimentados, sobre todo, por las nieves de los montes de Armenia y Zagra o Abisinia respectivamente. Así, pues, estos valles fecundos en medio de amplias zonas desérticas, atraen a la población e invitan a los hombres a una vida sedentaria. El hombre pasa del nomadismo a la sedentarización y pronto camina asociado a la conquista de la técnica agrícola, a la estructuración orgánica de la sociedad, que dio origen a tantos progresos técnicos y espirituales. El hombre, para el dominio de la tierra, hubo de practicar una progresiva canalización y allanamiento y los que se erigieron en jefes tuvieron que establecer normas, perfeccionar la lengua, aniquilar el individualismo y disciplinarse. Aglomerados en estrechos y codiciados límites, sólo el mutuo respeto a estas normas, voluntaria o forzosamente impuestas, permitió el desarrollo. Así, en el espacio de un milenio, el hombre pasa de la máxima barbarie al sedentarismo urbano e imperial. Y este hombre de hace 5.000 años adquiere las mismas leyes externas que hoy rigen nuestro mundo, la misma capacidad de pensar y organizarse. En pocos siglos de vida sedentaria desarrolló el habitante de los valles del Nilo, Mesopotamia y Amarillo toda su capacidad creadora en arte, literatura, leyes, instrumentos de agricultura, etc.La evolución histórica de estos pueblos ofrece una serie de caracteres específicos que dan a cada uno de ellos entidad suficiente para que se les estudie aisladamente. Durante más de dos milenios, la historia de cada uno de estos pueblos se ’desarrolla con entera independencia. Y, cuando en la segunda mitad del segundo milenio, la vida internacional se complica con mutuas relaciones entre egipcios, hititas y asirios, estos contactos serán más bien de tipo externo y habrá qué esperar a que la invasión de los persas y el Imperio de Alejandro (v.) empiece a borrar diferencias. Algo análogo ocurre con las grandes vías comerciales, particularmente la ruta de la seda entre India y China, que aunque son vehículos de influencias religiosas y culturales, apenas si consiguen modificar la estructura tradicional de cada pueblo. Analicemos, pues, brevemente los caracteres específicos de cada una de las antiguas culturas.2. Egipto y Mesopotamia. La historia del antiguo Egipto (v.) llena 3000 años desde la primera dinastía hasta la conquista romana. Pero la plenitud creadora de esta cultura hay que limitarla al periodo comprendido entre 2650 y 1450 a. C. Ya tan magna duración constituye una extraordinaria hazaña y fue posible gracias a que Egipto produjo una cultura adecuada perfectamente al lugar y a sus gentes. Egipto es uno de los ejemplos más característicos de tradicionalismo inalterable. Al producirse la concentración de una masa de pobladores en estrechos límites, se vieron obligados a ceder de su personalidad y egoísmo ante el bien general; llegaron a una ordenación casi perfecta de las tierras y las aguas fecundantes del Nilo. Y en pos de esta ordenación surgieron multitud de conocimientos técnicos, astronómicos, matemáticos, etc. La expresión artística en el antiguo Egipto fue un producto autóctono, por su idealización y cubismo, a fin de expresar así la eternidad. Las mejores obras de arte se producen precisamente en una época remota, en el tercero y segundo milenio. Aunque rasgo característico de este arte y del que surgirá posteriormente es la inalterabilidad de los modelos creados. La ciencia médica y la cirugía gozaron de alta consideración. Conocieron la importancia del corazón en el cuerpo humano y penetraron en los más interesantes secretos de la anatomía a través de las prácticas de momificación y sus estudios médicos. La ciencia en Egipto fue meramente práctica; conoció el calendario de 365 días, y con un embarazoso sistema de anotación podían calcular volúmenes cilíndricos y piramidales. En el orden religioso y ético descubrieron los valores del hombre e insistieron en su derecho a la justicia. El egipcio renunció a su propio individualismo en pro del bien común y cedió al faraón, representante del poder divino, la defensa de estos intereses; su respeto a la fuerza suprema que él encarnaba fue permanente.Frente a este trascendente idealismo egipcio, en Mesopotamia (v.) se revela un sentido utilitarista que ha imprimido sus huellas en toda la organización política, judicial y científica. Su espíritu práctico nos ha dejado un precioso ejemplo en el Código de Hammurabi, como síntesis de los que le precedieron. Dados al comercio y a la industria, buscan el propio provecho más que el interés común, que desconocen. Miden sus delitos no por la sanción de ultratumba, sino por el perjuicio material que de ellos se deriva. Las sanciones están meticulosamente reglamentadas. Consecuentes con el utilitarismo que profesan, avanzan en el estudio de las ciencias prácticas: contabilidad, astronomía y matemáticas. Gracias, por otra parte, a este sentido práctico, pueden imponer de manera permanente su autoridad a los pueblos vecinos. Pero nunca ninguno de los pueblos que prevaleció pudo aunar la cultura ni atraerse la voluntad de los vencidos, ni ninguno enseñó al pueblo una religión de salvación capaz de darle la esperanza en una vida mejor, ganada en la tierra por el sufrimiento y la buena conducta.3. Hititas y fenicios. Es difícil señalar el origen y fecha en que llégaron a Asia los hititas (v.). Hrozny estima que procedían de una rama indoeuropea, asentada al sur de Rusia ca. el 2700 a. C. Las primeras oleadas entran por el Bósforo en Asia Menor ca. el 2600 a. C. y aquí, fuertemente mezclados con otros pueblos llamados asiánicos, crearon un Imperio con grandes alternativas, pero de extraordinaria influencia cultural en la península minorasiática. Los antiguos hititas tomaron múltiples préstamos culturales a los pueblos del Próximo Oriente, especialmente a los sumero-babilonios, pero presentan rasgos de originalidad directamente relacionados con su origen indoeuropeo, como es, p. ej., no considerar al rey como un dios, al menos en vida, y la codificación de sus leyes con espíritu profundamente humano. Por esta mezcla étnico-cultural no menos que por su posición geográfica, los hititas son los mejores intermediarios entre Asia y Europa. Grecia con su rápido auge cultural representa esta herencia oriental precisamente a través del comercio y civilización minorasiática.Junto a sumerios y egipcios, los semitas han desempeñado un papel primordial en el desarrollo de la historia del antiguo Oriente. Pueblo sin fronteras y siempre en busca de mejores tierras, debido a ser habitantes de un país inhóspito, es nómada por necesidad y se hace guerrero y aventurero. Este carácter nómada imprimió su sello sobre las instituciones que persisten a través de milenios, a pesar de este nomadismo y pese a las obligadas modificaciones que en las instituciones impone el cambio al sedentarismo. Su influencia fue trascendental: egipcios y mesopotámicos debían guardar sus fronteras contra estos incansables nómadas, cuya aportación racial hacía renovar constantemente el espíritu belicoso de estos imperios. Y dentro de la raza semita, resalta el papel universalista de depositario de la verdad revelada concedido al pueblo hebreo. Esto le convierte en eje de la influencia semita dentro de la evolución histórica del Oriente antiguo.A partir del primer milenio antes de Cristo, Fenicia (v.) se hace portadora de los elementos básicos que conmoverán las culturas mediterráneas. Divulga por medio de su activo comercio un sistema simple de escritura, y a través de esta admirable invención realizada en el s. xv a. C., se inicia en Europa el máximo desarrollo científico, técnico y cultural. Pero por extraña ironía, el pueblo fenicio, que sirvió de intermediario para el resto del mundo mediterráneo, del instrumento de expresión del pensamiento, el alfabeto y su uso, no nos ha dejado ningún instrumento escrito apreciable. Sin duda en el mercantilismo apagó el ansia de espiritualidad. Su florecimiento como pueblo fue excesivamente fugaz para producir una conciencia de comunidad estable entre todo aquel cúmulo de factorías diseminadas por el mundo conocido y permitir a la metrópoli una eficaz acción creadora de cultura. Con todo, fue una gran promotora de cultura en cuanto traspasó al norte de África y al occidente Mediterráneo objetos artísticos que adquiría en Egipto, Grecia y Asia Menor. De este modo los fenicios nos son conocidos ante todo por sus restos arqueológicos; faltos de documentos escritos, ellos nos demuestran que son los mejores agentes del universalismo y los mejores intermediarios de los distintos elementos culturales Ael mundo antiguo porque su transmisión no fue obligada por la fuerza expansiva de un Imperio, ni limitada a sus estrechos límites, sino que esta cultura cabalgó sobre la cordialidad de intercambios voluntariamente aceptados por los pueblos.4. India y China. Entre todos estos pueblos es de destacar el papel histórico de la India’ (v.) Ésta y Europa nunca han estado totalmente aisladas, pues la misteriosa India acució siempre poderosamente la imaginación del mundo occidental desde los griegos hasta nuestros días. Además el comercio, desde los tiempos más remotos, estableció no pequeño contacto e intercambio cultural. Gracias a los descubrimientos modernos, la India ha retrasado su periodo histórico conocido y ha entrado de lleno en las grandes culturas protohistóricas del antiguo Oriente entre los a. 2500-2000 a. C. La cultura de la India prevédica ha demostrado su amplitud e intensidad a través de las excavaciones de Mohenjo-Daro y Harapa; aunque hemos de tener en cuenta que esta cultura no se limita a las dos ciudades, sino que alcanza una amplitud de terreno doble que la que llegó a alcanzar Egipto. La perfecta organización de sus poblados, sus estatuas y objetos artísticos y religiosos, la abundancia de pesos y medidas entre el material arqueológico, todo nos revela que los propulsores de aquella adelantada civilización constituyeron primordialmente un pueblo comercial e industrial, pero con los refinamientos propios de un pueblo rico dado a todos los placeres del lujo y la fastuosidad. Sin embargo, son escasos los elementos de esta primitiva civilización que pasan a los invasores indoeuropeos, creadores de la cultura védica. En efecto, ca. el 1800 a. C. Harapa y Mohenjo-Daro fueron destruidas por la invasión de un pueblo extranjero, el ario. Este pueblo era hermano de los que por esas mismas fechas habían irrumpido por las distintas regiones de Europa y Asia Menor, dando por tanto a las culturas derivadas un matiz común.Prontamente la India se define por la superioridad que los principios religiosos ejercen sobre toda iniciativa política y social. La fugacidad de sus imperios antiguos y de la doctrina budista son bien sintomáticos. En efecto, la India es el pueblo en el que se han originado las más diversas religiones y donde han nacido más hondos y diferentes esquemas filosóficos. Pero, siendo esencialmente tradicionalista, la India ha absorbido toda innovación en sus viejos elementos. La profunda religiosidad del indio y su orientación hacia lo permanente, es precisamente la más honda característica de este pueblo, preocupado siempre por el saber religioso y la indagación teosófico-filosófica; su literatura será casi totalmente religiosa también.El valor cultural y humano logrado por China es tal que la hace acreedora a un lugar de predilección en el concierto de la historia universal. Valores particularmente notorios son su típica y original genialidad creadora y la grandiosidad de sus conquistas científicas y técnicas; la atención prestada por las clases dirigentes a todos los problemas vitales; un permanente sentido democrático que hace extensibles los bienes y cuidados materiales y espirituales a toda la sociedad sin distinción de clases; su profundo sentido filosófico; la armonía de sus concepciones del mundo y de la vida, el respeto a la libertad del hombre patentado en todas las esferas, etc. China constituye un mundo aislado y creador absoluto de su propio humanismo. Y sobre el módulo forjado hace cuatro milenios y apenas alterado ha vivido y vive.Es grande la deuda que Occidente tiene con Oriente, reconocido después que el descubrimiento de aquellas culturas y tras el desciframiento de su escritura y la sistematización de las investigaciones, nos han permitido conocer cuáles y cuántas elementos científicos, políticos y religiosos pasaron a los propios griegos de aquellos a quienes llamaban bárbaros. En las ciencias, las letras, las artes y en todos los aspectos de la cultura nos dejaron precedentes de incontestable originalidad sobre los que asentó sus bases sólidas el esplendor de la cultura griega. La extensión del Imperio de Alejandro hasta los bordes del Indo y posteriormente la presencia de Roma sobre los del P-ufrates y Tigris fueron el mejor vehículo de interpenetración cultural entre Oriente y Occidente.5. Grecia. Resulta difícil concretar los límites del mundo heleno cuando los propios antiguos no estaban de acuerdo sobre la cuestión. En todo caso, siendo la historia de Grecia una historia de la cultura más que una historia política, esta cuestión de los límites afecta sólo indirectamente a los propósitos del historiador de Grecia. Con todo, es menester consignar que en este concepto geográfico de Grecia (v.) se ha de entender la Grecia continental, la Grecia insular, la constituida en la costa minorasiática y asimismo la Grecia colonial. Pues a lo largo y ancho de todo este mundo donde los griegos pusieron pie, surgió un espíritu creador y difusor de la cultura. El mundo del helenismo extendido por Oriente y asimilado luego por Roma, aunque perdió en originalidad, ganó en poder civilizador y creador. En la Grecia continental constituida por una ininterrumpida cadena de montes y depresiones de N a S y de E a O, abundan los valles, no siempre productivos, porque la torrencialidad de las lluvias y de los ríos dejan un suelo descarnado por la erosión. El calor y los vientos que abrasan los campos de mayo a septiembre, obligan a los ganados a una necesaria trashumancia. No obstante, bosques y prados eran la mejor fuente de la riqueza griega, ya que la producción de trigo y legumbres no alcanzaba para el consumo de la población; la excelente calidad de sus vinos y aceites le permitía exportarlos para cubrir esta necesidad de cereales mediante la importación, realizando así un beneficioso comercio, mientras que de sus pastos obtenía un fuerte rendimiento de cueros, lana, carne y leche. El subsuelo apenas proporcionó a los griegos unas cuantas minas y se vieron obligados a importar productos manufacturados. Sólo contó Grecia con abundantes canteras, especialmente Paros, de donde salieron los más bellos mármoles del mundo para sus monumentos y esculturas.Los sistemas montañosos al prolongarse hasta el mar forman infinitas circunscripciones territoriales completamente aisladas unas de otras. En cada una de ellas tomó asiento un núcleo de griegos. En tales condiciones de fraccionamiento geográfico no eran de esperar grandes agrupaciones humanas con un eficiente sentido político de comunidad. El sentimiento de tal destino común, raramente alcanzó más allá de lo que su vista podía señalarles. Por la fuerza de las circunstancias encerraron en el estrecho límite de la ciudad la capacidad política del Estado. Es el régimen de la polis. Tal fraccionamiento reforzó, por otra parte, el congénito espíritu individualista indoeuropeo, trayendo como consecuencia natural no sólo la falta de unidad y colaboración entre las ciudades hermanas, sino hasta la más peligrosa de las rivalidades.El mar brindó a los pueblos de Grecia la posibilidad de lograr los beneficios que una tierra hostil les había negado. El griego será por naturaleza marino, ya que el mar lame todas sus costas con profundas y abrigadas bahías. Los vientos regulares de sus aguas prestan un precioso concurso al navegante, al mismo tiempo que la proximidad de las islas alienta su espíritu marinero. Hacia Oriente, Grecia continental y Asia Menor están materialmente unidas por numerosos puentes de islas. Chipre y Creta desempeñan igual papel en el camino hacia Egipto, Siria y Fenicia. Y no mucha mayor dificultad encuentra el griego en la navegación por Occidente. Pero todo esto no significa que ignore o desprecie los peligros del mar; sólo porque es valiente, arriesgado y emprendedor no duda en buscar en el mar el producto de la pesca y el comercio y el modo de dar medios de vida al excedente de su población. Todo el Mediterráneo era mar propio: irá a Iberia en busca de metales, traerá granos de Sicilia y perfumes de Oriente. El pueblo griego encontrará en el mar el lazo de unión para el helenismo. Lejos de la metrópoli y de sus rencillas, el griego sentirá la comunidad de la raza y la afinidad de la cultura, pese a luchas pasajeras o locales, en la confrontación de su superioridad humana y cultural frente a las poblaciones bárbaras que colonizan. Grecia participa del dulce clima común a todo el Mediterráneo; ni la intensidad, ni la duración del invierno son extremas y el calor del verano se ve atenuado por la brisa del mar y la violencia de los vientos etesios. Por eso el griego usa vestidos ligeros y es frugal en el comer y en el beber. Tampoco es perezoso ni por temperamento ni por imposición climática; pero prefiere el trabajo estético e intelectual al físico. Prefiere invertir su vida en alguna actividad en la que pueda dejar plasmada una manifestación de su genio y de su espíritu. Imbuido de un humanismo integral, ama el deporte y aprecia la perfección corporal y la estética y la elegancia del porte sin menoscabo de una esencial virilidad. Ama la vida política, el deporte, el arte y los negocios de la ciudad por los que se interesa apasionadamente. En su fuerte personalidad e individualismo halló el resorte creador, aunque a su vez fue el principal inconveniente para la realización de su unidad, o al menos para la unánime participación en una tarea común al helenismo.El tipo humano del griego clásico era la resultante de la íntima promiscuación de dos grupos étnicos que confluyeron en la península con opuestas características y procedencias: los mediterráneos y los indoeuropeos. El sustrato racial mediterráneo dio al griego la fina sensibilidad artística y el supremo ideal de lo espiritual. Los indoeuropeos aportaron la virilidad y sentido práctico de que escaseaba el hombre mediterráneo. Gracias al equilibrio humano resultante, Grecia se convirtió en el prototipo histórico del mundo entero. Y este sentido universal fue posible, porque situó al hombre frente a todos los problemas e inquietudes del espíritu y trató de abrir camino definitivo a todos los campos de las ciencias, las letras y las artes. Encajado el pueblo griego en las inmediaciones de las grandes culturas egipcia, asiática y cretense, en contacto directo con ellas, tomó lo mejor de cada una asimilándolas y perfeccionándolas con increíble facilidad y superándolas luego con sorprendente perfección. Después, Grecia esparció esta cultura por el propio Oriente y Occidente y así conquistó el mundo, precisamente por su propia debilidad material y su fuerza espiritual. Atenas (v.) llegó a ser escuela de la Hélade, logradas las victorias de Hímera y Salamina. Allí simultáneamente en el a. 480 a. C. fueron vencidos los dos enemigos que se habían propuesto acabar con el individualismo griego, los cartagineses (v.) y los persas (v. PERSIA IV). Pero estas victorias se habían logrado gracias al esfuerzo de una sola ciudad: Atenas, y sólo ella fue capaz de recoger la herencia jonia y emprender la tarea de unificar a Grecia política y espiritualmente. Gracias a este esfuerzo Atenas llegó a ser escuela del mundo entero: Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes en el teatro; Sócrates, Platón y Aristóteles en filosofía; Heródoto y Tucídides en historia; Fidias y su escuela en arte. En teoría política se llegó a un perfecto equilibrio entre los derechos del Estado y los del individuo, mientras las ideas de igualdad, libertad y filantropía se abrían camino de modo firme y progresivo.Sin embargo, sólo después de Alejandro (v.) se puede hablar con propiedad del helenismo, puesto que es él quien acaba con todos los prejuicios de raza y de familia para dar paso a la hermandad universal. Fenecido el Imperio al poco de fundarse, al hundimiento de la forma política sobrevivirá la espiritual. El . periodo helenístico recuerda a la época de la colonización. Los griegos se convirtieron en señores en diversos lugares del Oriente, gracias a la conquista de Alejandro, y la cultura griega se adaptó por doquier a las circunstancias del país en el que se asentaron sin perder su entera personalidad. Nuevas experiencias en el orden político, social, económico e intelectual, caracterizan el periodo y buena parte de estas experiencias son aprovechadas por Roma. Sobre todo la economía recibió impulsos hasta entonces insospechados; los pueblos que Alejandro había intercomunicado y en parte hermanado no cesarían en sus intercambios a favor de una lengua y una moneda común. Y de la mano de un mundo enriquecido y que podía entenderse caminó el progreso helenístico hasta límites inverosímiles, y con ellos el arte y la’s letras: Alejandría, Siracusa, Pérgamo junto con Atenas, serían sus mejores exponentes.6. Roma. El interés de la historia de Roma (v.) radica principalmente en el hecho de ser vencida moral y espiritualmente por el mundo griego al que únicamente subyuga con la fuerza de sus legiones. El equilibrio de Roma se establece justamente en el momento en que se realiza la fusión armónica de las virtudes cívicas y temperamentales del Occidente con los valores espirituales y creadores del Oriente; el desequilibrio se produce cuando, vencido el Occidente, no precisamente por la elevación real del espíritu, sino por una aparente cultura de refinamiento, se abandona a su propia vida holgada y fácil. Pero el equilibrio de fuerzas en el propio Oriente falta en absoluto. Allí Roma es tan dominada como dominadora. De ahí el eterno problema del Oriente y Occidente por el que tuvieron que luchar gran parte de los emperadores. A Roma le cabe la gloria de haber logrado con las virtudes excepcionales de su pueblo un Imperio universal al que había estructurado orgánicamente con la perfección de su Derecho y pacificado con la fuerza de sus legiones. Y esta unidad, extendida ahora a campos desconocidos por el Imperio dé Alejandro, hizo viable la difusión del helenismo en lo cultural y del cristianismo en lo religioso; se constituye así, sobre esta síntesis heleno-romano-cristiana, la base espiritual de nuestro mundo. Roma no destruye las culturas regionales de sus provincias, sino que las permite e incluso frecuentemente las hace prevalecer o al menos mantenerse con sus tendencias y características propias. Así llega a convertirse en una entente mantenida por una especie de tradición y herencia de hermandad. Se puede afirmar que sólo la Roma espiritual, no la imperial, es mantenida a través de los periodos sucesivos de la evolución del imperialismo romano. Este imperio espiritual será representado en su valor más legítimo por la mente agustiniana, a punto de finalizar los días de Roma.Por doquier que pasemos revista a personajes y hechos históricos relevantes de Occidente, encontraremos que muestran su perfecta vinculación a la Roma creadora y son síntesis de las primordiales y más acabadas conquistas espirituales de la Antigüedad que Roma resumiera en sí y en su Imperio. Su legado permanece a través de la Historia tanto en el aspecto político como en el cultural. La Edad Media heredó de Roma esa unidad que se llama Occidente, a su vez heredero del Imperio Romano, contra idénticas pretensiones de Bizancio, con lo que consiguió ampliar los límites de la romanidad en el oeste de Europa, incorporando activamente los pueblos anglosajones y germanos, y. propendió a la unidad política, tanto bajo los carolingios como en el Sacro Imperio. La historia de Occidente es ciertamente el fracaso de estas tentativas de unificación política. Pero la religión cristiana y el Papado como instrumento suyo, suplió este fracaso y mantuvo una religión y una cultura como elemento unificador; sólo esto dio a Occidente una misión en el mundo y un concepto, de común destino, que aún sobrevive.¿Cómo pudo derrumbarse tan formidable Imperio?-Algunos quieren ver la causa de la caída de Roma, ya en el triunfo del cristianismo, ya en la crisis económica, en la del sentido nacional, o, en definitiva, en una crisis de la sociedad o de la moral. Pero ciertamente no fue consecuencia de ninguna crisis interna. En efecto, en los comienzos del s. v, precisamente cuando empieza la desintegración de Roma, su Imperio aparecía fuerte y más sólido que nunca. Teodosio había zanjado definitivamente la cuestión religiosa a favor del cristianismo con lo que Roma había recuperado la unidad religiosa, había elevado la moral y reforzado el sentido de autoridad, mientras la caridad cristiana había restablecido el equilibrio económico y social. Por ello, la caída del Imperio radica precisamente en la confianza nacida de la estabilidad. A favor de la tolerancia romana fueron penetrando los bárbaros (v.) en el Imperio y traicionándolo poco a poco, abusando de aquella confianza y generosidad que Roma les otorgaba. Y, cuando, por la multitud de pueblos que habían entrado se sintieron capaces de desbordar a Roma, lo hicieron; no precisamente con la intención de destruirla, sino por el simple placer de obrar a ’su antojo. Roma seguía en pie y no teóricamente, sino real en la conciencia de todos. Aquella unidad que la vigencia de Roma significaba fue más que una realidad efectiva en los distintos pueblos bárbaros que pretendieron asignarse la perpetuación de ésta, y que estuvo a punto de verificarse en favor de los visigodos, como llegó en parte a lograrse en favor de Carlomagno y luego del Sacro Imperio. Así se explica la vigencia de Roma en la Edad Media, política, social, religiosa y culturalmente. Roma sigue siendo la idea céntrica de los reinos bárbaros occidentales, aunque con la nueva orientación que le da la mezcla de sangre germana.A. MONTENEGRO DUQUE.
BIBL.: R. LIVINGSTONE, El legado de Grecia, Madrid 1956; C. BAILEY, El legado de Roma, Madrid 1956; G. T. GARRATT, El legado de la India; Madrid 1950; R. K. GLANVILLE, El legado de Egipto, Madrid 1950; A. I. ARBERRY, El legado de Persia, Madrid 1967; W. G. DE BURGH, El legado del Mundo Antiguo, Madrid 1967; 11. DAwsoN, El legado de China, Madrid 1968; BEVAN y SINGER, El legado de Israel, Madrid 1968; U. WmcKEN, Alexander der Grosse, Madrid 1931; R. N. FRYE, La Herencia de Persia, Madrid 1965; R. CHAMOUX, La Civilización Griega, Barcelona 1967; P. GRIMAL, La Civilización Romana, Barcelona 1965; H. BENGTSON, Einführung in die alte geschichte, Munich 1965.
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