Animal
Categoria:
Cultura
La analogía (v.) ha llevado a un gran sector de la religiosidad, en general a cuantos adoran a los dioses celestes (v. DIOS II, 3; RELIGIONES ÉTNICO-POLÍTICAS), a concebirlos dotados de cualidades somáticas y anímicas al modo humano (v. ANTROPOMORFISMO). Pero históricamente no está menos comprobado que el resaltar la distinción de la divinidad respecto del hombre, la vinculación más estrecha de lo telúrico (lo agrario sacralizado) con los a., y quizá la mente menos desarrollada de los adoradores de la Madre Tierra (V. TIERRA V; MISTERIOS Y RELIGIONES MISTÉRICAS), inclinaron a otro gran grupo de personas hacia lo teriomórfico, o sea, a la figuración a. de lo divino. Los dioses no son hombres y, obviamente, no radica en la divinidad el motivo de su representación antropomórfica. Pero el hombre debe concebir lo divino de alguna manera, con rasgos perceptibles por la razón y, en la medida de lo posible, por los sentidos. Un amplio sector de la religiosidad arcaica, sobre todo los practicantes de la telúricomistérica, prefirieron la figuración teriomórfica. De ahí su veneración de algunos a. elevados a la categoría de encarnación y epifanía de alguna deidad (v. ENCARNACIONISMO; TEOFANÍA I).Panorama de la zoolatría. Basta enumerar una serie de a. que fueron objeto de culto en distintas formas religiosas, sin que esto suponga siempre una encarnación originariamente teriomórfica de los dioses relacionados con ellos; p. ej., el dios germano Thor, representado a veces como macho cabrío, era un numen concebido como antropomorfo (su figura rupestre es de hombre con cuernos y un hacha) en un tiempo tan antiguo, por lo menos, como el de su representación teriomórfica. Ya en el arte rupestre de todas las épocas se nota una diferenciación notable. Los grabados rupestres del norte de Europa pertenecientes a pueblos pastores y de constitución patriarcal, en el caso de admitir el teriomorfismo, relacionan sus dioses con a. o seres machos: caballo (V. CABALLO II), macho cabrío, Sol (V. SOL II) (no la Luna); en cambio, en el sur prefieren seres femeninos: la serpiente (v. SERPIENTE II), la Luna (V. LUNA II), el agua (V. AGUA VI) y también el toro (v. TOROS I). Esta división vale asimismo para América, Asia Menor y la India. En el campo zoolátrico puede afirmarse que la serpiente, el toro, el caballo, el carnero, la oveja, el reno y el macho cabrío cierran, con ligeras intermitencias ocupadas por otros a., la figuración teriomórfica de las deidades (v. AVES IV: ARÁCNIDOS II; CABALLO II; CERDO III; DRAGÓN; ESCORPIÓN II; 050 II; PAVO REAL; SERPIENTE II; TOROS I; VACA II).Proceso antropomorfizador y desacralizador de los animales objeto de culto. El uso homérico de los epítetos llamados "tradicionales" nos permite oír las resonancias de la tradición. Así, p. ej., el empleo repetido de boopis, la de ojos de vaca -Hera- (Homero, Ilíada, 1, 551; 4, 50; etc.) o de glaucopis, la de ojos de lechuza -Palas Atenea- (Hom., Il., 1, 206; Odisea, 1, 44; etc.), etc., parece ser, según opina A. B. Cook (cit. por G. Murray en La religión griega, Buenos Aires 1956, 37) residuo de una época anterior en que, debido probablemente a influencias egipcias, representaban los dioses con cabezas de a. Más aún, G. Murray (o. c., 34-39), de acuerdo con su concepto evolucionista de la religión, sostiene que los dioses antropomórficos surgieron de un a. dotado de mana o extraordinaria fuerza vital, cuya piel o cabeza vistieron algunos hombres en funciones cúlticas. Puede admitirse que en algunos casos se operó la antropomorfización de divinidades teriomórficas. Pero este proceso se efectuó en el seno mismo de divinidades en forma de a., p. ej., los casos de la diosa con cabeza de caballo en Japón, de los cuentos alemanes de origen céltico-germano y de diversas divinidades egipcias con cabeza de a. Así, también, la Madre Tierra, encarnada en la serpiente en la época más arcaica, con el tiempo, por influjo de la religión celeste-antropomórfica de los indoeuropeos vencedores, aparece junto a una divinidad en forma humana "el joven dios, que muere y resurge": Dioniso, Atis, Adonis, etc. (v. detallado este proceso en: M. Guerra: El pecado original, un mito etiológico..., "Burgense" 8, 1917, 11-15).Sin embargo, de ordinario, siempre que figura algún a. junto a una divinidad originariamente antropomórfica, se debe a que la religión de los vencedores se lo apropió dejándolo reducido a simple atributo suyo o,’ quizá mejor, conservándolo como despojo de la lucha contra la religiosidad telúrica de la que ellos (dioses antropomórficos de los indoeuropeos y semitas) salieron victoriosos. Éste es el caso de la serpiente Pitón reemplazada en Delfos por Apolo (Pollux, 4, 84) o el de la serpiente en las representaciones de Palas Atenea (en la égida), así como de otras divinidades (Pausanias, 1, 24); así permaneció hasta que se operó su total profanación, tras la cual no se conservó sino el temor adherido a todos los reptiles. Casi siempre se tardó mucho en llegar a la total desacralización. En°i el tiempo de extinción del teriomorfismo, absorbido unas veces, otras sofocado por el antropomorfismo (v.) de las religiones oficiales, continuaron perviviendo arcaicas intuiciones acerca de la sacralidad de los a. Estas intuiciones han solido perpetuarse por la sublimación operada por obra de la evolución religiosa, caso de la sangre del toro mitraico, o también por religación a las zonas oscuras de la religiosidad, caso del dios-toro Apis, a cuyo paso las mujeres egipcias se alzaban los vestidos para exponer su pudenda a su influjo sagrado y fecundante todavía en el s. i (Diodoro, 85, 3); la serpiente en el relato del Génesis y en la creencia popular cristiana; el macho cabrío, diablo en el mundo de las brujas; etc.Razón y naturaleza del culto a los animales. El culto tributado a los a. no terminaba en su naturaleza zoológica. Por muy primitiva que sea una persona no venera a un a., inferior al hombre, por lo que tiene de a., sino por creer que se trata de la epifanía de una divinidad y que, por consiguiente, unido a lo numinoso encarnado en él opera su poder. La serpiente,-el toro, el caballo, etc., participan de todos o, al menos, de alguno de los poderes característicos del dios presente en ellos. Este valor tuvieron algunas figuras de animales del arte rupestre, p. ej., muy probablemente el relieve del toro-bisonte de la galería del Cráneo (Ojo Guareña, Burgos). De ordinario guardan relación con ej origen de la vida vegetal y humana, con la fertilidad agraria y la fecundidad humana (caso del toro, de la serpiente, etc.; v. FERTILIDAD II), incluida la pervivencia de los hombres tras la muerte (serpiente "encarnación-sostén de las almas y de los héroes", "el caballo del alma" muy popular en la religión germánica, etc.). Se trata de una presencia-encarnación de una divinidad con su potencialidad sobrehumana, pero sería absurdo pensar en una especie de unión hipostática, ya que en el caso de la zoolatría coexiste la doble naturaleza, la a. y la divina. V. t.: ANTROPOLATRÍA; CULTO 1; IDOLATRÍA; AYUNO I; AFRicA VII, 4.M. GUERRA GÓMEZ.
BIBL.: A. ÁLVAREZ MIRANDA, Ritos y juegos del toro, Madrid 1962; !D, Magia y religión del toro norteafricano, en Obras, 2, Madrid 1959, 115-178; F. ALHEIM, Rómische Religionsgeschichte, 1, Baden-Baden 1951, 17-41; F. KóNIG, Cristo y las religiones de la tierra, II, Madrid 1961, 269-274, 301, 305-307, 530, etc.; H. KuHN, El arte rupestre en Europa, Barcelona 1957; M. GUERRA, La serpente, épifanía y encarnación de la suprema divinidad ctónica-mistérica: la Madre Telus, "Burgense" 6 (1965) 9-71; íD, Constantes religiosas europeas, Burgos 1971, nos 344-356.
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