Ángeles ARTE
Categoria:
Arte
Los á. son los únicos seres que tienen una representación plástica entre los elementos esenciales del culto dentro del pueblo hebreo; desempeñan el oficio de custodios del Arca de la Alianza y son fabricados por los israelitas en el desierto con preciosos metales, según unos rigurosos cánones. La presencia de los á. en toda la Biblia es bien patente y en ella se ha basado el arte posterior: un ejemplo fehaciente lo tenemos en el Libro de Tobías, que inspiró delicados lienzos. Uno de los rasgos primordiales de su representación lo constituye la incorporación a la misma de las alas, aunque primitivamente, como ocurre en S. María la Mayor de Roma, aparezcan sin ellas. Igual sucede posteriormente en el altar de los Scrovegni de Arena de Padua, donde los dos á., a ambos lados de la Señora, aparecen sin alas, y en la Capilla Sixtina. Pero, sin embargo, no deja por esto de ser peculiar de ellos ese distintivo. Quizá sea éste un influjo de las Victorias griegas o de las divinidades del mismo pueblo. Sus vestidos son muy parecidos a los de los santos. Pero multitud de veces, sobre todo a partir del Renacimiento, aparecen desnudos. En otras ocasiones, para demostrar su incorporeidad, sólo se les representa con una cabecita orlada de alas. Los a. se hallan en su representación pictórica o escultórica insistentemente ligados a un ministerio divino, en relación con el mundo creado o simplemente como mero adorno de los cuadros de mótivación religiosa.Dentro del arte bizantino tenemos numerosas representaciones de este tipo con la particularidad de figuras frontales, cuyas alas policromadas rellenan los frescos de múltiples templos: interior de la iglesia de S. Vital, Rávena; ábside de S. Apolinar in classe, Rávena; altar Pala d’Or en S. Marcos de Venecia, etc.El románico además de la representación angélica en numerosos códices: Salterio de la catedral de Reims (Biblioteca de Utrecht); Cantigas de Alfonso X (Bibl. de El Escorial), nos ha legado también hermosas esculturas de á., como la de la iglesia de S. Pedro el Viejo de Huesca, en la que dos de éstos transportan un alma al Paraíso. Un arcángel de factura muy perfecta y que delata un influjo de escuela bizantina, se encuentra en el fresco de Santangelo de Formi. A veces los á. asumen la representación de la misma divinidad como ocurre en el icono de la Trinidad de Andrei Rublico de 1425 en el Museo Trotzaia Lavra de Moscú. Los á. proliferan muchísimo dentro de la miniatura carolingia; tal ocurre en la placa de marfil del Evangeliario de Saint-Gall, con los á. alados. Las esculturas angélicas abundan menos que las pinturas o decoraciones miniadas. Del gótico se conservan bellos ejemplares como el á. sonriente de la catedral de Reims, figura señera de un estilo y de una época. Como bajorrelieves importantes son de citar los á. del Tabernáculo de S. Cecilia, de Arnolfo de Cambio, Roma.Una de las representaciones más frecuentes de los á. en la ornamentación de los lienzos o frescos, es tocando instrumentos musicales, especialmente en el Renacimiento; tal ocurre en los bellísimos á. de Melozzo da Forli en la capilla de los Canónigos de S. Pedro de Roma. De especial interés son los á. de Donatello (v.) y Lucca della Robbia (v. DELLA ROBBIA, FAMILIA) de la catedral de Florencia. Hay un cuadro de ascendencia alemana que llega a dedicar particular atención al menester de los á. como músicos sagrados; se trata del Concierto angélico de Grünewald (v.) en el Museo de Colmar. Los á. que acompañan a misterios de la vida de Cristo o imágenes y pinturas de la Virgen y santos son también innumerables por su variedad y posiciones. Sería tarea de recorrer toda la gama de pintores de las escuelas de primitivos italianos para darnos una ligera idea del mismo. Todas las maestú de las escuelas toscana, sienesa o de Padua tienen una gran proliferación de á. Generalmente están colocados con una simetría regular y sus rostros son de muy poca variedad estilística, como legado de la escuela bizantina. Duccio (v.), Cimabue (v.), Giotto (v.), cte., son otros tantos maestros de las primitivas escuelas que reiteran hasta lo infinito los coros y corros de á. alrededor de sus figuras preferidas. Ya dentro del pleno Renacimiento no cesa esta corriente, pero ateniéndose a las direcciones de cada estilo. Leonardo pinta en un segundo plano dos delicados á. en el cuadro de Verrochio del Bautismo de Jesús. Donde más diminutas aparecen las figuras angélicas es en el cuadro de Lochner (v.) de la Adoración de los Magos de la catedral de Colonia, bajo pequeños doseles de decoración gótica. El barroco no descuidará tampoco este delicado tema, y así los vemos en el relieve de Algardi (v.) de la Basílica de S. Pedro. La estatua de la Virgen y el Niño de Luisa Roldán (v.) también tiene un dosel de estas figuritas.Hay, no obstante, dentro de todas las corrientes artísticas, una serie de á. que acaparan la atención de los artífices. Se trata de aquellos que han ocupado un ministerio más directo y trascendente dentro del plan redentor. Así S. Gabriel (v.) será referido con multitud de detalles y coloridos en todos los lienzos de la Anunciación de María, desde el famosísimo de Fra Angélico (v.), hasta los neorrafaelistas, sin dejar los imponderables lienzos del Greco de primera época, Murillo, etc. Ya en el Giotto (v.) tuvo el arcángel Gabriel un pintor cuidado y deferente. No menos trascendencia, dentro de la escultura y pintura, tienen las representaciones de S. Miguel. Este arcángel y el diablo pesan cuidadosamente las almas en el tímpano de la iglesia de Autun. El maestro de Arguís, Museo del Prado, le dedica un retablo de plena significación primitivista y delicada atención por la leyenda. En un lienzo del Museo del Prado, J. Sánchez nos da una visión del arcángel S. Miguel en ruda batalla. La idea del arcángel envainando la espada de la ira de Dios, que culmina el mausoleo de S. Angelo de Roma, tendrá eco también en el cuadro de M. Ximénez, del Prado. S. Rafael, medicina de Dios, tiene retratistas en Bliverti, Lorena y Andrea del Sarto en el mismo museo. En buen número de templos góticos aparecen asimismo, como queriendo emular a S. Angelo, los á. supremos guardianes de la Iglesia: campanile de Venecia, catedral de Burgos, catedral de Milán, etc. V. t.: ICONOGRAFÍA.F. SAGREDO FERNÁNDEZ.
BIBL.: L. SCHREYER, Bildnis der Engel, Friburgo 1940; R. P. REGAMEY, ángeles, París 1946; G. MENASCI, Gli Angeli nell’Arte, Florencia 1902; M. GASNIER, S. Michel Archange, París 1944; E. M%LE, L’art religieux du XII siécle en France. Étude sur les origines de 1’iconographie du moyen dge, París 1949; íD, L’art religieux de la fin du XVI siécle, du XVII siécle et du XVIII siécle. £tude sur l’iconographie aprés le Concile de Trente: Italie-Espagne-Flandes, París 1951.
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