Anacreonte
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Biografía GER
Poeta lírico griego, hijo de Escítines, n. en Teos, ciudad de Jonia, en el Asia Menor, ca. 570 a. C. Hacia el 545, con otros muchos de sus conciudadanos, se vio obligado, ante la amenaza de invasión persa, a dejar su ciudad natal y a establecerse en Abdera, ciudad de Tracia. Allí debió escribir varios fragmentos en que describe costumbres tracias, censurando la desmesura en el beber de este pueblo; otro famoso (fragmento 78) dirigido a una joven y arisca muchacha del país; citas que demuestran familiaridad con ritos de tipo dionisiaco y epigramas que indican que pudo verse envuelto en luchas contra pueblos nórdicos. Fue llamado, como otros escritores, entre ellos el poeta íbico, a la corte del tirano Polícrates de Samos (537-520), de la que fue ornato con sus versos: se conocen los nombres de varios muchachos cantados en tonos eróticos, como Esmerdies, que provocó celos de Polícrates. A. se adaptó muy bien al ambiente sensual de aquella sociedad jónica; elogia a Polícrates y le defendió, según parece, ante alguna conspiración; pero no incurre en franca adulación. Al caer el tirano, Hiparco, hijo de Pisístrato, lo llevó a Atenas, donde el poeta, que ya antes había conocido a Jantipo, padre de Pericles, pudo tratar a Critias, a quien celebra sinceramente, y quizá a Esquilo. Al ser asesinado Hiparco marcha a Tesalia, donde fue huésped del rey Equecrátidas. Nada más se sabe de su vida, excepto que murió a los 85 años (ca. 485), y según leyenda probablemente fabulosa, atragantado por un grano de uva. Su tumba se mostraba en Teos, y obtuvo honores póstumos en Atenas y otros lugares.Se conservan 206 fragmentos suyos, algunos transmitidos por papiros egipcios y el resto por citas de otros autores. Son todos ellos cortos, sin que al parecer se haya transmitido ni una sola oda completa. La mayoría corresponden a composiciones mélicas escritas para recitación individual al son de la lira, pero hay también epigramas, elegías y trozos yámbicos. Como peculiaridades propias de A., se aprecian su elegancia enraizada en el ambiente refinado de su Jonia natal; buen gusto, incluso en la exhortación a la moderación en los placeres de la mesa y el amor; indiferenciación amorosa, con propensión al homosexualismo, pero sin que falten pasajes dirigidos a mujeres de no muy alta condición en general; desinterés por los problemas políticos, filosóficos o religiosos, excepto en un fragmento, quizá espurio (fr. 36), en que se estremece ante una ultratumba inexorable; falta de sentencias, moralejas o ejemplos míticos; inhibición ante el porvenir y afán del goce presente; cierto vivo sentido de la naturaleza; gracia inimitable cuando describe escenas turbulentas o satiriza con ferocidad, como en el fr. 82. Se trata, en fin, de un artista de la vida cuya figura fue deformada en el tópico tardío del viejo lascivo y beodo. Muy al contrario, A., seguidor, más o menos en serio, del culto simposiaco de Dioniso, ensalza una y otra vez, en estilo sencillo y sobrio, la gracia decorosa, la medida, el amor dentro de ciertos límites, sin que llegue a convertirse en obsesión trágica y con aceptación de lo que puede ser inevitablemente pasión exigente y aun fatal. Su poesía, menos profunda y vigorosa que la de Safo y Alceo, debió de poseer, incluso en la música, apta para instrumentos complicados y ricos en tonalidades, un encanto singular.La fama de A. ha sido eclipsada por la de las Anacreónticas, colección de 60 poesías, escritas la mayor parte de ellas en hemiambos (dímetros yámbicos catalécticos), que proceden unas de época romana y otras de la bizantina. En ellas, la nota anacreóntica es en general exagerada y, como tales poemas han ejercido enorme influencia, la imagen no muy grata del anciano borracho y entregado a los placeres del amor fácil, ha quedado como tópico en las creaciones poéticas de muchos idiomas.M. FERNÁNDEZ-GALIANO.
BIBL.:Ed. de B. GENTILI, Roma 1958, a la que se ha seguido en la numeración de los fragmentos; Ed. de las Anacreónticas de K. PREISENDAZ, Leipzig 1922; A. LESKY, Historia de la Literatura griega, Madrid 1968, 201 ss.; J. FANTINI, Anacreonte y Anacreónticas, Madrid 1946; M. F. GALIANO, Anacreonte, ayer y hoy, "Atlántida" VII, 570-591.
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