Alberti, Rafael
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Biografía GER
Poeta y dramaturgo español; n. en el Puerto de Santa María en 16 dic. 1902. Ha vivido en la República Argentina y en Italia. Gustó de la pintura y la crítica, aunque su nombre siempre quedará ligado a una lírica, que intenta armonizar lo culto y lo popular, englobada más o menos dentro de la llamada Generación del 27.Vida y obra. Cursa parte del bachillerato en el colegio de los jesuitas de su ciudad natal. Su familia se traslada a Madrid y, llevado de su afición a la pintura, abandona los estudios para entregarse con pasión a la plástica. Realiza una exposición en el Ateneo, pero aquejado de una enfermedad debe guardar reposo en la sierra de Guadarrama. Su forzado enclaustramiento le conduce a la poesía: a partir de 1922 vivirá con intensidad este quehacer. En 1931 se afilia al partido comunista y se ve envuelto en la vorágine de la política. Participa activamente en la Guerra española de 1936-39 y al final de la misma se exilia.Su primer libro fue Marinero en tierra (1925); con él obtuvo el Premio Nacional de Literatura y se reveló como un lírico de honda raigambre popular y tradicional. Felices adaptaciones de los Cancioneros, de Gil Vicente y de los clásicos españoles se unen a un amor acendrado por el mar gaditano. La crítica le saludó como un valor positivo y el poeta respondió con dos libros nuevos, La amante (1925) y El alba del alhelí (1926). Ambos cierran un primer ciclo pleno de garboso andalucismo y salpicado de felices evocaciones castellanas. En 1927 los poetas españoles celebraron el tercer centenario de la muerte de Góngora y A. contribuyó al homenaje con un libro culterano, Cal y canto, donde junto a logrados sonetos como Busca y Amaranta, a retorcidos poemas como la Soledad tercera, alternan aladas piezas cómicas, tales como Venus en ascensor y A Miss X, enterrada en el viento del Oeste. Obra transicional, apuntaba ya en ella, aunque tímidamente, el surrealismo. Este movimiento cuajó en una obra definitiva, Sobre los ángeles (1929), con la que el poeta llegó a su cenit. Libro humanísimo, cuenta en esquemáticos poemas, llenos de hondo dramatismo, una crisis de fe y la renuncia al imposible paraíso de la felicidad. El motivo más bello lo encontraremos en el romántico Tres recuerdos del cielo.En los años inmediatamente anteriores a la Guerra española de 1936-39, la producción de A. baja de calidad e incurre en lamentables prosaísmos. Consignaremos como dato curioso el público rechazo del poeta a esa poesía burguesa de los años 20 para dedicarse al servicio del pueblo. El verdadero lírico se encuentra en sus primeras y últimas obras, y las creaciones proletarias son un alto en su tarea de producción. Sermones y moradas (1929-30), Con los zapatos puestos tengo que morir (1930), Consignas (1933) y 13 bandas y 48 estrellas (1936), no pueden compararse, ni en inspiración ni en delicadeza, con los bellísimos poemas del primer A. De sus piezas dramáticas salvaremos, la intención y algunos momentos logrados por el camino de la evasión. El hombre deshabitado, El adefesio, La Gallarda y El trébol florido, nada nuevo aportan a la dramaturgia española de la época, tan necesitada de renovación. En su etapa americana, iniciada en 1941, A. ha vuelto a ser el gran lírico de antaño. Los temas tradicionales eternos se han rejuvenecido con la savia virgen del indigenismo americano. Entre el clavel y la espada y Pleamar anuncian la nueva poesía que estallará vibrante en A la pintura: Poema del color y la línea (1945), Baladas al Paraná, Oda Marítima y Retornos de lo vivo lejano. El recuerdo de su infancia y la nostalgia de Cádiz adivinan una nueva etapa poética que parece prometedora. Ha publicado dos interesantes libros en prosa. Imagen primera de... (1945), donde traza hábiles páginas en torno a una larga serie de escritores conocidos por el propio poeta, y La arboleda perdida (1953), una especie de confesión autobiográfica que importa mucho al A. ideólogo de ayer y de hoy.Popularismo y cultismo, surrealismo y tradicionalismo albertianos. No hay una línea uniforme en la lírica variada y compleja de A. Lo culto y lo popular, lo clásico y lo barroco, la elegancia y el prosaísmo se entremezclan no sólo en sucesivas etapas poéticas, sino dentro de un mismo libro. A. es un poeta de altibajos. Excesivamente formal en unas ocasiones, descuidado en otras. Los aspectos positivos pesan más que los negativos. Como poeta popular alcanza cimas inigualables. Cualquier poema suyo de honda raigambre tradicional puede compararse con la muestra más bella de los Cancioneros, del Romancero, de Gil Vicente o de Lope. La imitación es consciente y lo imitado iguala y a veces supera al original. En esta poesía de entraña tradicional se percibe una gran influencia del popularismo folklórico andaluz. A este níveo mundo, oliendo a mar, se superponen los influjos culturales de una tradición poética humanísima y delicada. La muestra más perfecta de esta clase de lírica es el poema Mi corza. El andalucismo albertiano no es estridente ni dramático como el de los Machado; también es menos real. A. elabora una cancioncilla andaluza de acuerdo con unos moldes perfectamente estructurados. Se percibe lo popular como un eco, no como una esencia. Puede ser que la severidad y dureza conceptual del poema sean debidos a la progresiva castellanización tradicional, perceptible p. ej. en el poemilla Peñaranda de Duero. Hay más andalucismo en Marinero en tierra; por el contrario, se mira a lo esencial castellano en su libro La amante.Esta lírica vivaz, juvenil, remansada a ratos, se adorna de exquisiteces formales cuando el poeta imita conscientemente a Góngora. Crea entonces unos poemas herméticos pero clásicos. En ellos es perceptible el contenido emocionadamente humano del A. eterno. Este último rasgo es también característico de su poesía surrealista: Sobre los ángeles no es desgarrado, sino dramático. La añoranza del paraíso, transida de espiritualismo, posee un no sé qué saudadoso que aletea por encima de las pizarras, ceniza o carbón de sus ángeles de ensueño. El libro posee un indudable valor pictórico; la galería de seres alados monstruosos y deformes por la conciencia poética, son como un friso de figuras románicas contorsionadas. El barroquismo más dinámico pervive en los mejores poemas como un eco lejano de la etapa gongorino. Aquí suavizado por el hontanar de un puro romanticismo o desgarrado por la furia de un mundo anhelante y lejano. Olvidada esta bellísima y desconcertante pesadilla, A. volvió a su poesía perenne en libros estructurados.Sus aficiones a la plástica resucitan en A la pintura, libro misceláneo donde alternan sonetos a la técnica pictórica, algunos de ellos con la perfección de los de Marinero en tierra y Cal y canto, con poemas libres inspirados en la magia de famosos pinceles de todos los tiempos. Es un prodigio de juguetón popularismo folklórico la danza verbal del poema dedicado a El Bosco. Esta lírica ondulante más propia para el recreo del lector culto, sabiamente elaborada con la tradición más castiza de nuestra poesía popular, en línea recta desde el Arcipreste hasta Bécquer, Machado y Juan Ramón, hace del poeta una figura cumbre de la literatura contemporánea. Con la perspectiva de los años, hoy podemos enjuiciar a la generación de A. con objetividad y sin prejuicios de ninguna clase, y siendo ello así, hemos de afirmar que nos encontramos ante un verdadero clásico, ante el maestro si no de las generaciones españolas posteriores, por razones de todos conocidas, sí de las hispanoamericanas, lo que a la postre significa lo mismo.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.:Fuentes: No hay ed. completa de sus obras pero sí abundantes antologías. Las más importantes son: Poesía (1924-30), "Cruz y Raya", Madrid 1934; Poesía (1924-37), "Signo", Madrid 1938; Poesía (1924-38), Buenos Aires 1940; Antología poética, Buenos Aires 1942; Antología poética (1924-44), Buenos Aires 1945; Poesías completas, Buenos Aires 1961; Abierto a todas horas (1960-63), Madrid 1964.-Tratados: R. MARRAST, La estética teatral de Rafael Alberti, en Puesta en escena de obras del Pasado, París 1957, 53-79; L. F. VIVANco, Rafael Alberti, en su palabra acelerada y vestida de luces, en Introducción a la poesía española contemporánea, Madrid 1957, 223-258; C, ZARDOYA, El mar en la poesía de Rafael Alberti, en Poesía española contemporánea, Madrid 1961, 601-633; fD, La técnica metafórico albertiana (en "Marinero en tierra"), "Papeles de Son Armadans" XXX, 88 (1963) 12-75; fD, Rafael Alberti y sus "Primeras poesías", "Rev. Hispánica Moderna" XXX (1964) 12-19; G. W. CONNELL, El elemento autobiográfico en "Sobre los ángeles", "Bol. de Estudios hispánicos" XL, Londres 1963, 160-173; J. L. CANO, Poesía española del s. XX. De Unamuno a Blas de Otero, Madrid 1960. (Obra de conjunto interesante.)
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