Aislacionismo POLÍTICA
Categoria:
Política
Noción. Por a. se viene entendiendo. la conducta exterior de un Estado de no implicación política. En ningún caso esta política significa desinterés por el fomento de relaciones internacionales de otra naturaleza. El a. no impone, pues, antes al contrario, excluye toda actitud autárquica cultural o económica. De ahí el carácter ambivalente que la noción misma tiene y sobre el que volveremos más adelante.Según parece, esta expresión fue utilizada por primera vez por Charles Summer en 1851 y después se hizo uso con profusión de ella en Norteamérica para designar una corriente de pensamiento contraria a la que propugnaba la realización de los cambios revolucionarios que por aquella época tenían lugar en Europa. El término recibió una nueva consagración con Sir Wilfred Laurier, primer ministro del Canadá, cuando en 1896 calificó la actitud de Inglaterra de splendid isolation (magnífico aislamiento). De todos modos, la conducta designada por tal término tenía raíces más profundas. Ya antes de la guerra de la Independencia, John Adams había exigido para su país la neutralidad en todos los conflictos entre los Estados europeos, y Washington, en su conocido FarewellAdress (mensaje de despedida), advertía a sus conciudádanos los peligros de las "alianzas permanentes", aun que no hacía de su exclusión una cuestión de principio: "podemos ciertamente seguía diciendo Washingtonconfiar en alianzas temporales para circunstancias extraordinarias".Historia del aislacionismo norteamericano. En el origen del término se establece así una casi identidad entre la noción misma del a. en política exterior y la actitud tradicional de Norteamérica respecto de Europa. La historia del a. norteamericano puede quedar enmarcada en tres etapas bastante bien diferenciadas.En la primera etapa de afirmación y consolidación nacional, que va desde los comienzos hasta 1823 (doctrina Monroe), el a. propugnado por los Founding Fathers (Padres Fundadores) estaba animado de un profundo dinamismo interno. La debilidad de una nación incipiente, establecida además como república, exigía la no implicación en las combinaciones de un sistema de Estados monárquicos, algunos con posesiones coloniales en las fronteras de la Unión. Esta no implicación permitió sacar provecho de esas mismas rivalidades coloniales a través de una constante política de expansión territorial.En 1823 el a. recibió una modulación nueva con la doctrina Monroe. En su célebre mensaje al Congreso el 2 dic. 1823, Monroe (v.) tomó posición contra la posible intervención de la Cuádruple Alianza en las antiguas colonias españolas de América. En la fórmula Hands of f (manos fuera) Monroe quería aislar al Nuevo Mundo de las maliciones y diferencias políticas del Viejo; el nuevo matiz consistía, por una parte, en añadir a la tradicional política de neutralidad de los Estados Unidos de Norteamérica en los asuntos europeos, la exigencia de la no intervención de los Estados europeos en los asuntos americanos; por otra, en ser un programa intervencionista (de los Estados Unidos en los países de América Central y del Sur) en nombre de la no intervención. En contraste con el a. de la primera fase, el de la segunda en la versión de Monroe, exigió ya la articulación con la política de un Estado europeo. En ningún caso el monroísmo hubiera sido eficaz sin la benevolencia de Inglaterra.El tercer periodo del a. norteamericano abarca desde la guerra HispanoNorteamericana (1890) hasta la II Guerra mundial (1945). En la raíz misma del a. yacía un claro desvío y hasta desprecio para la política de alianzas practicada en Europa. Rasgo peculiar del puritanismo norteamericano fue la preocupación por la pureza moral de la política exterior. Mas, a medida que este país fue adquiriendo compromisos y responsabilidades en el exterior, la opinión pública norteamericana, no sin una cierta perturbación de conciencia, fue comprobando que sus procedimientos en política internacional cada vez se asemejaban más a los tan vituperados del Viejo Continente. La primera vez que se planteó esa crisis fue con ocasión de la expansión colonial a costa de España.Las nuevas posesiones asiáticas abrieron al comercio exterior norteamericano nuevos mercados y llevaron a los intereses políticos a la otra banda del Pacífico, en directo contacto con Japón y China que sucesivamente iban a ser también grandes potencias. Para algunos norteamericanos 1898 significó ya el arrumbamiento de la doctrina de la no intervención. Pero el a. era una idea demasiado arraigada en el sentimiento del pueblo norteamericano. Ni los propósitos imperialistas de Mahan, invitando al país en 1894 "a prescindir de la política de aislamiento", ni los esfuerzos de uno de sus discípulos más aprovechados, el presidente Theodore Roosevelt, consiguieron una modificación sustancial de la postura tradicional.Fue también este a. el que condicionó la acción política de NVilson en la I Guerra mundial y el que, en última instancia, motivó la negativa del Senado norteamericano a ratificar los tratados de paz y con ellos el Pacto de la Sociedad de Naciones. Esta actitud aislacionista llegó hasta los mismos días de la entrada de los EE. UU. en la II Guerra mundial (Leyes de neutralidad de 193537).Perspectivas actuales de aislacionismo norteamericano. Cualquiera que sea la realidad y amplitud de ese sentimiento en el gran país del Norte, es indudable que se ha hecho imposible el retorno a una tal política. Otra cosa sería la abdicación de su condición de gran potencia. Solamente por la falta de claridad creada por ese a., fue posible a los dirigentes alemanes equivocarse dos veces en el curso de una generación sobre las intenciones reales de los EE. UU. ante una eventual mutación radical del orden político europeo. La política aislacionista, lejos de preservar al país del flagelo de una guerra como quería el viejo credo, lo precipitó en dos que pudieron evitarse.El aislacionismo como categoría de la política exterior. Con ser el caso norteamericano el más típico, no es el único. En el esquema histórico que antecede, quedan expuestas las distintas motivaciones y sentidos de una política aislacionista en las diferentes fases que ésta pueda atravesar. Más que como casi aislado, el norteamericano puede ser tomado como paradigmático para llegar a la conclusión de que es una de las posibles actitudes en política exterior. La actitud tradicional de Suiza y Suecia, la de España, Suiza, Suecia, Turquía y Argentina en la II Guerra mundial son supuestos de actitud aislacionista en el sentido más arriba reseñado que, ciertamente, se dobla en algunos casos con una neutralidad permanente u ocasional.Esto nos llevaría necesariamente al planteamiento de las similitudes entre situaciones de a., neutralidad (v.) y neutralismo, si ello no sobrepasara el marco de este artículo. Del a. se ha afirmado que es un obstáculo a la cooperación internacional (StrauszHup¿), lo que sólo parcialmente es exacto; ya hemos visto que el a. únicamente en un sentido, esto es, en el político, implica abstención. En todos los demás campos la cooperación internacional es posible dentro de él.Finalmente, cabe preguntarse: ¿Dónde se encuentra como categoría política el a.? Aceptando los esquemas de Morton A. Kaplan, parece claro que el a. sólo es posible en dos tipos de sistemas internacionales, a saber, el de equilibrio de poder y el de bipolaridad atenuada. Solamente en ellos existe una insuficiente cohesión social que permita actitudes singulares, en cierto sentido insolidarias. La diferencia en ambos radica en que el primer sistema es más propicio que el segundo a una actitud aislacionista en un Estado poderoso. El segundo, en cambio, tolera más el a. de los Estados medios y pequeños.V. t.: NEUTRALIDAD II;ESTADOS UNIDOS IV.
J. PUENTE EGIDO.
BIBL.: B. ADAMs, The Spanish War and the Equilibrium of the World, "Forum" 25 (1898) 64151; C. BARCIA TRELLEs, Doctrina de Monroe y Cooperación internacional, Madrid 1930; ID, El Pacto del Atldntico, Madrid 1950; P. BELRIONT, National Isolation an Illusion, Nueva York 1925; R. A. BILLINGTON, The Origin of middlewestern Isolationism, "Political Science Quarterly" 60 (1945) 44 ss.; E. M. BORCHARD y W. P. LAGE, Neutrality for the United States, 2 ed. New Haven 1940; W. JOHNsoN, The Battle against Isolationism, Chicago 1944; G. F. KENNAN, American Diplomacy, 19001950, Chicago 1951; W. LIPPMANN, Isolation and Alliances: An American Speak to the British, Boston 1952; J. B. MooRE, American Diplomacy: Its Spirit and Achiel:ements, Nueva York 1905.
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