Aceleración, Principio de FÍS.
Categoria:
Física
Parece lógico suponer que, para cada nivel de producción, las empresas desean tener un determinado volumen de equipo capital, dados el tipo de interés, la tecnología, el coste de la maquinaria, etc., y que desean aumentar o disminuir dicho equipo a la par con el volumen de producción. El principio de a. relaciona las variaciones de la demanda de capital con las de la producción, estableciendo, en su forma más sencilla, que aquéllas son proporcionales a éstas. El factor de proporcionalidad se llama "acelerador" o "coeficiente de aceleración", y coincide con la relación marginal capitalproducto (y con la relación media, si es constante). El nombre y la primera formulación del principio de a. como hipótesis empírica se deben a J. M. Clark (v. bibl.), con precedentes en T. N. Carver y A. Aftalion.El principio de a. es, propiamente, una teoría sobre el volumen de capital (v.) deseado, pero se usa habitualmente para explicar la inversión (v.) neta; en este caso, hay que tener en cuenta sus limitaciones. En primer lugar, las empresas no suelen ajustar en sólo un periodo su capital existente al deseado; por ello, la inversión neta será sólo una fracción del aumento de capital deseado, haciendo el acelerador inferior a la relación capitalproducto (y, por ello, difícil de calcular). La relación puede seguir siendo de proporcionalidad, pero es probable que esa proporción no sea constante en el tiempo (viéndose afectada, p. ej., por el tipo de interés); en tal caso, el principio de a. perdería su sencillez y su utilidad.La relación entre las variaciones de la producción y las de la inversión puede no ser sencilla. En primer lugar, lo que induce la ampliación del equipo no es, probablemente, el aumento de la producción, sino el de la demanda, y ésta puede no traducirse en una producción mayor si existen stocks amortiguadores (aunque, si se mantiene una proporción determinada entre stocks y ventas, la reducción de aquéllos obligará, tarde o temprano, a aumentar la producción). Por otro lado, puede lograrse un aumento de la producción sin necesidad de nuevo equipo, si existe capacidad no utilizada; como sea que ésta varía, el acelerador no será constante, sino también variable cíclicamente y, por tanto, poco útil, salvo que podamos traducirlo en una fórmula sencilla. Por otro lado, también cabe atender a la mayor demanda con un uso más intenso del equipo existente (e incluso retrasar el servicio de los pedidos, elevar los precios, etc.). Por lo general, las empresas empezarán usando más intensamente su capacidad productiva y sólo la ampliarán cuando se aseguren de que la mayor demanda tiene carácter duradero. Esto es particularmente importante cuando existen discontinuidades en el equipo (así, sólo aumentos muy importantes de la demanda de hierro inducirán la instalación de un nuevo alto horno).Lo dicho en el párrafo anterior obliga a tratar el principio de a. no como una relación tecnológica, sino más bien psicológica, influida por las expectativas empresariales. En primer lugar, los empresarios tardan en darse cuen. ta de la tensión que la nueva demanda impone a su equipo. En segundo lugar, no amplían su capacidad, sino cuando se convencen de la permanencia de la nueva demanda; ello supone que la inversión de un periodo está inducida por cambios en la demanda de algún periodo anterior (retardo simple) o de una serie de ellos (retardo distribuido). Pero, más plausiblemente, lo que induce la ampliación es la expectativa de una demanda futura suficientemente elevada. Si en el principio de a. relacionamos la inversión con los cambios de la producción en el pasado, es porque suponemos que éstos guardan una proporción con los futuros, proporción que constituye el "coeficiente de expectativas" que introdujo Metzler y que puede alterar el valor y, lo que es más importante, la constancia del acelerador.El uso del principio de a. como explicación de la inversión no tiene en cuenta dos límites a ésta: uno, superior, la capacidad productiva de las industrias de bienes de capital, que pone un techo a la ampliación del equipo, y otro, inferior, el volumen de reposición, que es un límite a la desinversión inducida por una reducción de la producción.Debido a las limitaciones citadas, la verificación empírica del principio de a. como explicación de la inversión ha dado resultados insatisfactorios. Sin embargo, en combinación con otros factores (disponibilidades financieras, tipo de interés, etc.), ha dado excelentes resultados, como era de esperar. También se ha utilizado en la inversión en stocks por Abramovitz (v. bibl.), Tinbergen y otros, y en la de bienes duraderos de consumo. Pero donde ha tenido aplicaciones más importantes, combinado con el multiplicador (v.), es en las teorías sobre el crecimiento (Harrod, Domar, Hicks, Alexander, etc.) y sobre el ciclo (v.) económico (Harrod, Domar, Hicks, Baumol, Goodwin, Bennion, etc.), sobre todo a partir de un artículo ya clásico de Samuelson (v. bibl.). El principio de a. amplía los aumentos de renta debidos al multiplicador, "acelerando" el crecimiento; sin embargo, como sea que, según el principio de a., la inversión inducida depende de los aumentos de la producción, cuando estos aumentos se reducen la inversión disminuye también, y con ella la renta, variando el signo de la coyuntura; otro tanto ocurre, en sentido contrario, cuando disminuye el ritmo de producción: el resultado final es un movimiento cíclico.V. t.: MULTIPLICADOR, EFECTO; CAPITAL I; INVERSIÓN.ANTONIO ARGANDOÑA.
BIBL.: J. M. CLARK, La aceleración de la actividad . y la ley de la demanda: un factor técnico en los ciclos económicos, en Ensayos sobre el ciclo económico, G. HABERLER (ed.) México 1956, 245268; G. ACKLEY, Teoría Macroeconómica, México 1965, cap. 17 (inserción en la teoría del capital y de la inversión); G. HABERLER, Prosperidad y depresión, 3 ed. México 1953, cap. 3; A. D. KNox, The Acceleration Principle and the Theory of Investment: A Survey, "Economican 19 (ag. 1952) 269297; P. A. SAMUELSON, Interrelaciones entre el análisis por medio del multiplicador y el principio de aceleración, en Ensayos, o. c., 269276; M. ABRAMOVITZ, Inventories and Business Cycles, Nueva York 1950, 1926. V. bibl. adicional en Ensayos, o. c., 496497.
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