JANSENISMO
El j. fue un movimiento interno de la Iglesia durante los siglos XVII y XVIII que tuvo lugar en Francia y en los Países Bajos. Representa una nueva tentativa - rechazada por el magisterio de la Iglesia católica como demasiado unilateral - dentro del esfuerzo con que se constituye toda existencia cristiana consciente. Este esfuerzo se debe a que la antinomia fundamental del cristianismo (el sí al mundo como un juicio absoluto sobre él; y viceversa: la salvación como algo que hay que realizar por sí mismo y con la propia responsabilidad de una parte, y como un don inmerecido y libre bajo todos los aspectos, de otra parte) no se puede abandonar a una división dualista, ni se puede eliminar en forma monista reduciéndola a uno u otro aspecto, sino que es preciso aprehenderla como unidad en que se concilian ambos aspectos (-> gracia y libertad).
1. La doctrina de Jansenio
El fundador teológico de esta nueva articulación de la conciencia cristiana fue Cornelio Jansenio (Jansen, t 1638), que tras sus estudios en Lovaina y París fue profesor de teología en Lovaina y desde 1636 obispo de Ypres. Su obra capital Augustinus seu doctrina S. Augustini de humane naturae sanitate, aegritudine, medicina adversus Pelagianos et Massilienses se publicó por vez primera en Lovaina (1640ss).
Temáticamente Jansenio enlaza con las disputas (suscitadas por la reforma protestante y, dentro del campo católico, por el molinismo y el -> bayanismo) en torno a la correcta concepción de la gracia divina y de su relación con la autonomía del hombre. Bajo este aspecto, y en oposición tanto a la tradición escolástica como a la concepción humanista del hombre que se configura a sí mismo libre y soberanamente en orden a la perfección humana y religiosa, Jansenio vuelve a la teología patrística y en especial a la de Agustín (concretamente en su enfrentamiento al pelagianismo), hasta tal punto que sus adeptos pudieron llamarse "amigos de san Agustín" y que es posible caracterizar el movimiento jansenista como una forma moderna de agustinismo. Partiendo de ahí desarrolla un sistema teológico propio, en el que le sirve de hilo conductor un triple esquema de la historia de la salvación: originariamente, en el estado de "naturaleza pura", "Adán" era libre y dueño de sí mismo, en el sentido de que, con la asistencia de la gracia (que le era debida y en cierto modo estaba a su disposición) indispensable para alcanzar el fin sobrenatural (el adiutorium sine quo non), podía decidir de forma personal y libre acerca de su salvación. Pero con el pecado original el hombre perdió su autonomía tan completamente, que ya no le fue posible en modo alguno orientarse sobre el valor religioso y moral de su conducta, ni tomar una decisión propia y plenamente responsable de cara al bien; por el contrario, su voluntad quedó sometida a la determinación de la "-> concupiscencia victoriosa", la fuerza de atracción de lo creado, con lo que en toda su conducta está abandonado al pecado.
Todos los intentos de corrección personal y autónoma, bien en el terreno práctico a través de las virtudes universalmente reconocidas, o bien en el plano teórico del filosofar, sólo pueden ser "espléndidos vicios" al servicio de las malas inclinaciones, una vez que el hombre ha sucumbido tan ampliamente a la libido sentiendi, sciendi, excellendi. Sobre este trasfondo absolutamente negativo de total aniquilación de la libertad, la redención viene presentada ahora, no como restauración de la libertad y como nueva responsabilidad propia, sino como una nueva determinación de la voluntad, movida ahora por el gozo celestial. Tal transformación determinante de la voluntad por medio de la gracia (el auditorium quo) en orden a su salvación, en orden al amor de lo divino en lugar de las cosas creadas, no nos llega en modo alguno a través de un sí humano, sino que es eficaz por sí misma con una eficacia irresistible. Con una exposición literalista de la antítesis entre la "servidumbre del pecado" y la "servidumbre de Cristo", la libertad de los cristianos es descrita, no como una libertad interior en y frente a la libertad de Dios y de su amor, sino, en el mejor de los casos, como libertad de coacción exterior. Por lo que hace a su salvación, el hombre queda a merced de una elección divina totalmente arbitraria; es concebido como un objeto, no como un sujeto que responde a la voluntad divina. Entre las consecuencias de esta idea -como uno de los lugares teológicos más esenciales y discutidos- está el hecho de que la voluntad salvífica de Dios y la fuerza salvadora de la muerte de Cristo se restringen por principio a los predestinados efectivamente a la salvación.
El agudo contraste entre la corrupción humana (como extinción total y bajo todos los aspectos de la capacidad de disponer de sí mismo en forma responsable) y la redención (como determinación arbitraria del individuo movido por la "concupiscencia victoriosa" de lo divino) sigue siendo una convicción fundamental y decisiva hasta en las formas posteriores del j. francés, más interesadas por el aspecto práctico de la cuestión que por la sistematización teológica.
2. Establecimiento del jansenismo en Francia
Esta opinión dogmática tuvo consecuencias prácticas ante todo y sobre todo en Francia, y concretamente en Port-Royal, un gran monasterio de religiosas cistercienses con dos casas filiales, una en París y otra en sus alrededores. La reforma del monasterio se llevó a cabo dentro de este espíritu bajo la dirección del confesor, el abad de Saint-Cyran, Jean-Ambroise Duvergier de Hauranne, llamado Saint-Cyran (
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