Vivencia
Introducción. Este vocablo, de tan aceptado y difundido uso en el lenguaje psicológico, filosófico y literario de los últimos tiempos, es la traducción castellana propuesta por el filósofo García Morente de la palabra alemana Erlebnis. El propio sustantivo alemán es un neologismo relativamente moderno. Aparece por primera vez en un escrito de Hegel hacia 1870. La voz que le dio origen gramatical es el verbo erleben, derivado de leben, vivir. Ni erleben -vivenciar-, ni Erlebnis -vivenciatienen voz equivalente en inglés, francés, italiano o portugués. Es indudable que el éxito de estos neologismos (v. está incluido en la última edición del Diccionario de la Lengua) se debe, más allá de su eufonía, a la influencia que en pensadores españoles contemporáneos han tenido ciertas ideas filosóficas que, iniciadas en Alemania en la segunda mitad del s. XIX como reacción frente al racionalismo de la Ilustración (v.), alcanzan su máximo desarrollo hacia 1930 (v. VITALISMO). Esas ideas comprenden una serie de corrientes y escuelas teóricamente afines y cuyo despliegue histórico viene señalado por los estudios e investigaciones de Husserl (v.), Dilthey (v.), Simmel (v.), Max Sheler (v.), Karl Jaspers (v.), Heidegger (v.) y Spranger (v.) (principalmente sobre su relación con pensadores españoles, v. GARCÍA MORENTE, MANUEL; ORTEGA Y GASSET, JOSÉ).
El concepto v. supone, pues, una actitud intelectual. Semánticamente comporta dos predicados esenciales que aclaran dicha postura: algo se sabe porque lo ha experimentado el sujeto personalmente, a diferencia de la simple noticia objeto de un relato; pero, además eso que se ha sabido de manera experiencia) deja una huella más o menos indeleble y activa, a pesar de la sucesión de los acontecimientos.
Vivenciar es tanto como convertir el hecho en sí en dato histórico y personal, como ha subrayado López Ibor (o. c. en bibl., 15). En Dilthey existía el propósito de conceder a las ciencias históricas su estatuto propio, diferenciándolas de las de la Naturaleza, pero no situándolas en un rango inferior. La unidad de la conciencia ya no es, para Dilthey, la sensación (v.), como lo fuera en la filosofía empirista que desemboca en Kant (v.) y en los positivistas sobre todo, sino la vivencia.
Vivencia y Psicología. La fecundidad de este punto de vista para la Psicología resulta evidente. Los contenidos de conciencia no importan tanto como algo objeto de relación o medida, cuanto por su significación personal. De esta suerte, la Psicología de los elementos -empírica y experimental-, cede el paso a la Psicología de las funciones. La noción de causalidad, típica de las ciencias de la Naturaleza, es sustituida en Psicología por la de motivación (V. FENÓMENOS PSÍQUICOS Y FENÓMENOS FISICOS).
La fenomenología (v.) tiende a acentuar la contraposición entre los términos aprehender y experimentar. Aprehender (more intelectualis) sería como el corolario de un simple registro de las realidades, tal y como éstas aparecen objetivadas en la conciencia psicológica, por medio de la sensopercepción (v. APREHENSIÓN; CONCIENCIA II; SENSACIÓN; PERCEPCIÓN). Justamente porque dicho fenómeno encuentra más su adecuada expresión en el experimento característica del método de las ciencias naturales, es decir, por ser algo externo de puro objetivo, subrayaron los fenomenólogos la nota de interioridad de toda experiencia espontánea. En rigor, el riesgo de caer en una abstracción capaz de desfigurar los hechos es común a ambas posturas, a la únicamente objetiva y a la únicamente subjetiva. La mejor prueba de la esterilidad de uno y otro exclusivismo la muestra la insuficiencia de todos los esquemas simplificadores en Psicología (v.). La evolución conceptual del término v. puede servir igualmente de testimonio, pues, si bien es cierto que el vivenciar, como predicativo subjetivo, alude a un modo peculiar de experiencia (v.), contraer ésta a lo interno equivaldría a negar que la realidad ontológica de todo sujeto es inseparable de referencias objetivas. Vivenciar es, precisamente, un modo de estar referido al sujeto en cuestión. No un simple modo de estar del yo según la noción de los sentimientos vitales (v. SENTIMIENTO), sino una manera de sentir y sentirse entre las realidades que adquiere, a través de la v., una peculiar significación personal.
Es así como el vocablo v. se ha convertido en uno de los lugares comunes más importantes de la Psicología actual, alcanzando la plena significación técnica que se encuentra en las publicaciones especializada a partir, sobre todo, de Lersch (v.). Vivenciar es, para este autor, la función cardinal del psiquismo. Toda v. constituye un circuito funcional cuyos elementos o etapas integran en forma global y unitaria los diversos modos o cualidades del ser psíquico.
Elementos integrantes. El primer elemento o miembro del vivenciar "se produce cuando la comunicación del ser vivo con el mundo circundante se acompaña de’ un percatarse". "Este reparar en algo no ha de comprenderse en el restringido sentido racionalista del conocimiento de objetos". Se trata de "un descubrimiento de sectores del ambiente bajo la forma de determinados completos de significación", desde la captación rudimentaria (p. ej., el reclamo del macho por la hembra) hasta lo plenamente cognoscitivo (P. Lersch, o. c. en bibl.). El segundo momento viene dado por la selección, en el plano de la consciencia, de todo aquello que para convertirse en contenido real de la misma pertenece al mundo propia del sujeto; es decir, de lo que le atañe vitalmente. De este modo se establece el esquema básico bipolar dentro del cual transcurre la vida psíquica: por un lado, el horizonte objetivo del ambiente; por otro, la constitutiva tendencia de toda subjetividad que se actúa como impulso vital básico, para asumir esa realidad circundante (cfr. A. Millán Puelles, o. c. en bibl.).
El tercer elemento del circuito lo representa la valoración o estimación significativa de lo percibido. Tal capacidad en el hombre es la- condición más expresiva del vivenciar ligada directamente a la cualidad del ser psíquico humano conocida en Psicología con el nombre de afectividad (v.). Vivenciar supone siempre un sentirse afectado. Y con el hecho de sentirse afectado relaciona Lersch el término final del proceso, a saber: "la conducta activa en el mundo descubierto en la percepción".
La v. como experiencia íntima, personal y subjetiva, al unificar el tender, percibir, sentir y actuar, trasmuta el simple vivir en existencia temporal. Lo vivenciado en un ahora concreto no desaparece con este presente ni queda reducido a él. Por una parte se convierte en memorial experiencial, en pasado personal y propio que actúa sin necesidad de alcanzar la forma de los recuerdos; por otra, resulta determinado por presentimientos valorativos: lo que se espera, desea, o teme, se hace presente como posibilidad. De este modo, el futuro, al igual que el pasado, se contiene en el aquí y ahora de la vivencia. Justamente el vivenciar, a la vez que revela la temporalidad del existir personal, convierte el pasado y el futuro en ese trasfonso apenas perceptible’ que la Psicología profunda (v.) designa como inconsciente (v.) o subconsciente y que de manera hipotética ha convertido en el lugar común de las llamadas motivaciones (v.).
La importancia del vivenciar como fenómeno psíquico descansa en un doble significado. De un lado, señala la frontera insalvable, el novum, entre lo meramente biológico -la vida como relación mutua y dinámica del ser vivo (vegetal o animal) como su hábitat o perimundo específico- y lo espiritual -psíquico por antonomasia y propio del hombre-. La v. revela que la vida humana no puede interpretarse como un simple proceso de adaptación: el tender, percibir, sentir y actuar personales suponen la realidad de un mundo que trasciende todo horizonte sensible. Fenómenos como el amor y el odio, el respeto, el arte y las creencias no podrían comprenderse desde la biología, las respuestas reflejo o el tender adaptativo. De otro lado, toda v. concreta muestra siempre un peculiar estado de ánimo (v. ÁNIMO, ESTADO DE) del cual en gran medida depende. La doctrina de las neurosis (v.) como anomalías del vivenciar ha encontrado así su definitiva formulación actual, superando los puntos de vista clásicos de la psicogenía y la somatoeenia.
V. t.: PERCEPCIÓN; SENSACIÓN; SENTIMIENTO.
J. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: P. LERSCH, La estructura de la personalidad, 8 ed. Barcelona 1971; J. J LÓPEZ IBOR, Lecciones de Psicología médica, Madrid 1964; A. MILLÁN PUELLES, La estructura de la subjetividad, Madrid 1967.
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