Teocrasia II. Historia de la Filosofia.
La palabra t. tiene un doble significado en la historia del pensamiento filosófico: 1) Por una parte se usa para designar el intento de los griegos, y más concretamente en el campo filosófico, de los estoicos, de unificar los diversos dioses de su politeísmo en uno solo, del que los demás no serían sino distintas teofanías (Macrobio, Saturn. 1,18,17). 2) Por otra parte, designa el estado último y de suma perfección, dentro de la temática del neoplatonismo, en el que el alma humana, una vez ya purificada, se une con Dios (Jámblico, De vita Pythagorae, 33,240).
1) Teocrasia como unificación de los dioses en uno solo. El politeísmo griego de la religión olímpica (v. OLIMPO), con todos sus defectos, no podía satisfacer las aspiraciones religiosas y morales del hombre heleno, en especial de los pensadores y filósofos (v. POLITEÍSMO). De ahí el intento de unificar la pluralidad de dioses en uno solo, considerando los dioses tradicionales como distintas teofanías o manifestaciones de la única divinidad (v. I). Esta tendencia, que se aprecia ya a partir de los s. VI-V a. C. en el orfisrimo (v.) y en diversos autores, aparece claramente en el s. III a. C. y siguientes con la escuela estoica (v. ESTOICOS).
Los estoicos, que forman el núcleo filosófico más importante de la llamada época helenística (v.), admiten laexistencia de un solo Dios, con frecuencia de carácter o tendencia panteísta, en el que se pueden distinguir una pluralidad de atributos, a cada uno de- los que se hace corresponder algunos de los dioses de la mitología griega. Y así establecen que dios en cuanto dominador y señor del agua es Poseidón; en cuanto dueño de la Tierra, Deméter; por ejercer su poder sobre el aire, Hera; por dominar el fuego, Hefaistos; por ser principio de la vida, Zeus (v.); etc.
De esta manera, quisieron armonizar su deseo de una religiosidad más depurada y profunda, basada en el monoteísmo, con la religiosidad tradicional del pueblo griego, que había sido tan criticada por los filósofos. Y esta t., con acento monoteísta, fue usada con profusión por los pensadores paganas cuando, al aparecer el cristianismo, quisieron, como, p. ej., hizo Celso (v.) en el s. iI, oponerle una concepción de Dios más digna y elevada que la ofrecida por la antigua religión politeísta grecorromana.
2) Teocrasia como unión con Dios. Dentro de las doctrinas neoplatónicas de los s. I-V d. C., la t. es uno de los conceptos de máximo interés (v. NEOPLATÓNICOS).
Para el neoplatonismo, toda la realidad se distiende en una concepción panteísta que discurre por un doble camino: el próodos (descenso) y la epistrofé (ascenso). En el primero, y a partir de lo Uno, la Divinidad va emanando una pluralidad de hipóstasis, cada vez más numerosas en los sucesivos autores, hasta llegar a la materia, que según los neoplatónicos se identifica con el principio del mal. El hombre, dentro de la serie producida por este sucesivo emanantismo (v.), es un ente intermedio, un puente tendido entre el espíritu (el bien) y la materia (el mal). De sus dos componentes, el cuerpo le inclina al mal de la materia, y el alma le lleva a inclinarse al bien del espíritu.
En el neoplatonismo, análogamente que en Platón (v.) y en los pitagóricos (v.), la unión del alma y del cuerpo es accidental y forzada, siendo el cuerpo una cárcel y destierro para el alma: "el alma está en el cuerpo como en una cárcel y en una tumba", dirá Plotino (v.; Ennead. IV,8,3). El fin último del hombre es regresar, ascender a la divinidad, unirse con ella, alcanzar la teocrasia. La ascensión hacia Dios, la consecución de la t., es un proceso muy complejo en el neoplatonismo. Se realiza mediante la práctica jerarquizada de una serie de virtudes, distribuidas en escalones o grados, que cada vez se fueron complicando más para los distintos neoplatónicos.
Así, p. ej., Jámblico distingue cinco grados de virtud: 1) las virtudes sociales (politicaí aretaí), integradas por las cuatro virtudes cardinales, ya clásicas por entonces; 2) las virtudes purificadoras (catharticaí aretaí), que liberan al hombre de lo sensible, haciendo que se vuelva hacia su vida interior; 3) las virtudes paradigmáticas (paradeigmaticaí aretaí), que le predisponen para la contemplación del mundo inteligible; 4) las virtudes contemplativas (theoreticaí aretaí), que le otorgan la contemplación de lo inteligible; 5) las virtudes sagradas (hieraticaí aretaí), con las que el hombre se eleva a la unión con la Divinidad. Entonces, en el éxtasis, se alcanza la t., la fusión con Dios, con lo que se obtiene la máxima perfección.
No cabe duda de que, dentro de sus limitaciones naturalísticas y panteístas, hay en las doctrinas neoplatónicas interesantes atisbos y expresiones de una religiosidad natural que por la ascesis y el perfeccionamiento busca una unión con Dios (V. ASCETISMO; MÍSTICA; UNIÓN CON DIOS).
J. BARRIO GUTIÉRREZ.
BIBL.: L. GERNET y A. BOULANGHR, El genio griego en la religión, Barcelona 1937, 461-470; M. P. NILssoN, Historia de la religiosidad griega, Madrid 1953, 141-166; G. MARTANO, L’uomo e Dio in Procio, Nápoles 1952; J. TROUILLARD, La purilication plotinienne, París 1955.
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