Pragmatismo
Caracteres generales. El término p. procede del griego pragma, que quiere decir acción. El p. es, pues, un movimiento ideológico que subraya el carácter de agente consciente que tiene el hombre dentro de su ambiente físico y social. El p. tiene como idea general el que la verdad (v.) no es algo especulativo ni abstracto, ni real en sí, sino simplemente "útil". Los representantes más importantes de esta escuela son los pensadores norteamericanos Charles Sanders Peirce (1839-1914), William James (v.; 1842-1910) y John Dewey (v.; 1859-1952), a los que pueden asimilarse algunos otros europeos.
Algunos han visto el p. como expresión característica de la cultura industrial y comercial de los EE. UU. Una creencia es verdadera si tiene un valor en metálico, dirá James, en una frase metafórica llamativa, que abre la puerta a la acusación de materialismo craso. Es justo recordar que James también dijo que una creencia es verdadera si establece una norma de conducta valiosa, lo cual implica, en contra del presupuesto, admitir que hay criterios independientes de la praxis. Peirce, el mejor lógico del trío, decía que una idea es un plan de acción o una regla de acción. Evitaba así el tono utilitarista de James.
La afirmación de que la verdad es apariencia que tiene éxito podría ser un resumen del pragmatismo. W. Marnell ilustra la doctrina pragmatista mediante dos ejemplos: hay en una ciudad norteamericana un edificio alto con unas luces en una especie de cúpula en su tejado; cuando se enciende la luz roja, se sabe que amenaza mal tiempo; curiosamente, en otra ciudad norteamericana hay un sistema similar de anunciar el tiempo, pero allí el rojo significa buen tiempo. El pragmatista diría que la verdad varía según las ciudades, y que depende de las circunstancias; en ambos casos, la señal tiene éxito y es útil. Según el p. todos nuestros conceptos funcionan como las luces en cuanto a sus variaciones circunstanciales y a la necesidad de que sean útiles. El p. pretende superar la afirmación de que la proposición verdadera refleja o copia la realidad.
Unos ejemplos de Peirce son más ilustrativos: el peso no significa nada, aparte de que un cuerpo libre cae; esa acción o resultado práctico es todo lo que el concepto de peso significa. La electricidad también ofrece un ejemplo claro de concepto que se reduce a la acción: la electricidad para la mayoría de la gente es meramente lo que enciende las bombillas, hace sonar la radio, etc.; la electricidad no se entiende más que como sus resultados. Pues bien, para el p., peso y electricidad son sólo paradigmas o modelos, más evidentes de lo normal, de lo que sucede con todo concepto.
Ya aparece evidente en estos ejemplos que en el p. hay una confusión de la Física con la Filosofía, y del conocimiento meramente sensible con el conocimiento intelectual (v. CONOCIMIENTO). La Física (v.) con sus métodos empíricos, basados en la medida, no puede ni trata de conocer la realidad tal como es, sino sólo el comportamiento de la realidad, los procesos y cambios que en ella se verifican sensiblemente (v. MATERIA II, 1); la Filosofía (v.) y sobre todo la Metafísica (v.) se preguntan por la realidad tal como es, por la realidad en cuanto tal, en cuanto es, y ello no al margen de la experiencia, sino en lo más profundo de la misma (v. SER). El p., con una confusión de métodos (v.) diversos, se inscribe así en la línea del empirismo (v.) y positivismo (v.), a los que no logra superar, abocando con facilidad al más craso materialismo (v.) y utilitarismo (v.).
Diferencias internas. Se debe hacer notar que en el apartado anterior hemos presentado varias teorías pragmáticas y no una monolítica. Un historiador del p. llegó a afirmar que había no uno sino 13 p., lo cual es una exageración, pero se deben distinguir dos corrientes fundamentales. Peirce sostenía que el significado de las proposiciones depende exclusivamente de sus resultados, mientras que James añadía que también la verdad de las proposiciones depende de ellos.
Para Peirce, el p. no es una doctrina metafísica sino un método (v.); el objeto del método es descubrir el significado de conceptos difíciles y abstractos, bien porque dan una norma a seguir, bien porque tienen resultados concretos; es decir, distinguir entre lo que sucedería si el juicio en que aparecen esos conceptos fuera verdadero de lo que sucedería si fuera falso. El método que concibe Peirce no es otro que el de las ciencias empíricas, aunque ellas mismas son a su vez -nota Peirce con cierto humor- una simple aplicación del principio antiguo y hasta evangélico de que por sus frutos los conocerás. El p. de Peirce no tiene que ver con atribuciones de propiedades sensibles; los juicios son exactamente lo que pretenden ser. Pero los conceptos intelectuales traen consecuencias prácticas y se entienden sólo mediante éstas; sean las consecuencias para el hombre, sean para las cosas. Peirce, mucho más sutil y mejor conocedor de la Historia de la filosofía que James Dewey, no era nominalista sino realista a la manera de Duns Escoto (v.); no descartaba la metafísica y tenía una base cristiana bastante aceptable.
En cambio, James se consideraba empirista radical a la manera de Hume (v.). Era nominalista; las ideas para él sólo sirven como indicadores; apuntan a una realidad, no la captan (v. NOMINALISMO; EMPIRISMO). Una idea sería meramente lo que nos hace reconocer a un individuo de cierta especie si se nos confronta con él. James era psicólogo y subrayaba que la conciencia (v.) humana es un fluir. A la luz de esa visión psicológica es antirealista en lógica: lo primario no son ideas generales sino impresiones sensibles. Pero en epistemología es realista, en el sentido de que para él no hay mente humana aparte del fluir de la experiencia, y ésta, a su vez, se identifica con su objeto. La experiencia mental no es un medio que nos liga con la realidad, sino que nos da la misma realidad.
James distingue entre el materialismo (v.) y el teísmo (v.) porque, si cada uno puede dar cuenta perfectamente del futuro (lo cual al parecer sucede en la opinión de )ames), sólo el teísmo nos da esperanza, ya que posibilita acciones que de otra forma no tendrían motivo. De lo contrario materialismo y teísmo significarían lo mismo pragmáticamente. Pero, ya que el teísmo tiene un valor adicional en cuanto a la acción, se puede aceptar como verdadero. Otro ejemplo más evidente es el de la libertad (v.) o libre albedrío. El creer en la libertad tiene muchos resultados positivos, mientras que una actitud determinista desanima. En este mismo sentido, puede que no haya ninguna diferencia teórica entre el modo con que el materialismo, o monismo (v.), explica el mundo y la del pluralismo (v.), pero el pluralismo posibilita futuras acciones, mientras que el monismo las inutiliza. Pese a que la filosofía de lames parece prestarse a pensar lo que se quiera (lo que es útil desde el punto de vista psicológico), él distingue entre filósofos "blandos" y "duros" (que vienen a ser los "idealistas religiosos" y los "realistas laicos") y se sitúa más bien del lado de los "duros", aunque pretende ofrecer un término medio en el cual, p. ej., se puede elaborar la creencia, no en el Absoluto, pero sí en un Dios finito.
Más anti-metafísico y anti-religioso es Dewey. Para él la filosofía no tiene valor perenne, es simplemente una expresión de los ideales de una cultura. En nuestra cultura buscamos el saber con fines prácticos; como decía Bacon: "la ciencia es poder". La lógica es un instrumento para ayudar a la solución de problemas reales; no es algo que nos facilita la comprehensión especulativa o el conocimiento de lo que las cosas son en realidad. Las ideas las considera como meras guías para los experimentos; así, las ideas son válidas, si los experimentos dan los resultados deseados. Esta actitud se ha tenido hacia las ciencias físicas desde hace siglos, pero Dewey quería extenderla a las ciencias sociales y psicológicas y en el fondo a toda clase de ciencias. En concreto, las ideas que debe crear la filosofía son las de valores que no son ni racionales ni trascendentes, sino meramente empíricos; valores que no se descubren sino que se construyen después del estudio científico de la naturaleza humana y de nuestro ambiente.
No está claro si fue resultado de su idea de que la filosofía es reflejo de la cultura de la época, o más bien la incapacidad de superar su ambiente, pero el valor supremo para Dewey es la democracia. Más exactamente el valor supremo es el crecimiento de cada individuo en la sociedad, y la democracia es el sistema que mejor promueve ese ideal. La democracia (v.), además, no es un simple sistema electoral sino toda una actitud social. Según Dewey, como el fin de cada individuo es el crecimiento, la educación no es algo que puede terminar en un momento dado. Al contrario, lo que interesa es que la educación (v.) posibilite el crecimiento ulterior (ello es cierto, aunque incompleto, y no tiene el fundamento que pone Dewey). Para los niños, el desarrollo intelectual será el experimentar, al igual que para los adultos: "learning by doing", se aprende haciendo cosas, decía Dewey. Cualquier imposición de ideas desde arriba es rechazada por Dewey, que ha tenido enorme impacto en los sistemas educativos norteamericanos.
Filosofía del Derecho. Algunos juristas norteamericanos también están identificados con el pragmatismo. Se destacan especialmente dos famosos jueces del Tribunal Supremo norteamericano cuya labor dejó profunda huella: Oliver Wendell Holmes, Ir (1841-1935) y Louis Brandeis (1856-1941). Ambos se caracterizaban por menospreciar la importancia de la ley (v.) natural, y ambos entendían que había factores jurídicos de peso fuera de la interpretación de los escritos de la Constitución de los EE. UU. Los dos creían que la experimentación y el cambio social podían e incluso tendían siempre a ser beneficiosos.
En la aplicación del p. jurídico, sin embargo, Holmes y Brandeis seguían a veces caminos jurídicos diametralmente opuestos. El primero entendía que la experimentación era función de la rama legislativa a nivel nacional y local, lo cual implicaba que la rama judicial tenía la obligación de interferir lo menos posible para no estorbar la experimentación; fomentaba la experimentación a base de interpretaciones de la ley, que aflojaban todo lo posible las barreras legales existentes o al menos aparentes. Brandeis, en cambio, entendía que la rama judicial debía fomentar la experimentación directamente y empleaba argumentos sociológicos, médicos, etc., en apoyo de reformas. Tanto uno como otro, en el ejercicio de su profesión, arguyeron a favor de leyes que limitaban las jornadas ’ laborales. Brandeis lo. hizo porque creía que el exceso de trabajo podría ser dañino para la salud del trabajador; Holmes, más escéptico, creía que el Gobierno tenía la obligación de averiguar si el exceso de trabajo era dañino; sus ideas sociales no entraban en sus fallos judiciales. Se puede decir que tanto Holmes como Brandeis apoyaron los intentos del Gobierno de promover cambios o reformas y tendían a remover los obstáculos jurídicos que podían suponer derechos antiguos, contratos preexistentes, etc.
Crítica del pragmatismo. Pese a la opinión de lames, el p. no es una filosofía "dura", en el sentido de rigurosa; tiende a ser, sobre todo en Dewey, un humanitarismo mal defendido. Desde el punto de vista epistemológico, se ha objetado que el p. da valor exclusivamente a la verificación experimental y, por tanto, sólo reconoce proposiciones que de alguna manera tratan ,sobre el futuro. Dewey cree que las proposiciones de futuro posibilitan la acción; pero una pregunta sobre el pasado, o incluso sobre el futuro remoto, puede no llevar a la acción y, sin embargo, ser inteligible y verdadera o falsa. Esta crítica alcanza más a James y a Dewey que a Peirce. Éste contestaría que sólo es necesario imaginarse lo que sucedería en caso de una hipótesis, y que además no se trata de resultados reales sino del tipo de resultado que se seguiría de esa proposición. Peirce no estaría de acuerdo con Dewey en hacer que el significado dependiera de acciones reales y no meramente posibles.
Hay, al menos en el caso de Dewey y lames, un problema metafísico de fondo. No creen que la inteligencia humana penetra en la realidad (pese al "realismo" a ultranza de lames) para captar cómo es, ni tampoco que la realidad (v.) tiene una estructura determinada (v. ESCEPTICISMO; RELATIVISMO). Contra Peirce se puede decir que su posición, por estar más de acuerdo con el sentido común (una proposición es verdadera por el hecho de corresponder con la realidad, pero tiene sentido aun cuando sea imposible averiguar si es verdadero o no), es más débil en su pragmatismo. Es difícil decir que una proposición no tiene un significado intrínseco cuando podemos entender sus resultados meramente posibles.
"El p. deja ordinariamente en la penumbra su concepto básico de utilidad. Si esta laguna es ya bastante sospechosa, ofrece aún mayores dificultades la cuestión fundamental de si, fuera de los sueños y cuentos, podrá ser siempre el deseo el padre de nuestros pensamientos. Mientras esta posibilidad significa una seria objeción contra su tesis, el p. hace de la debilidad humana un sistema. Cree ver la justificación de esto en el hecho de que no se da un conocer enteramente libre de prejuicios y que... es la vida la que imprime su sello al conocer; no el conocer a la vida. Ocurre así efectivamente no pocas veces en la realidad. Pero ¿es así siempre?, ¿ha de ser siempre así?" (J. Hirschberger, o. c. en bibl., 356). Cierta dosis de p. siempre será necesaria; a fin de cuentas el entendimiento (v.) humano, aunque sea capaz de captar la verdad y realidad de las cosas, nunca llegará a hacerlo de forma acabada; las ciencias (v.) y sus métodos son múltiples, siempre podrá investigar y mejorar (v. INVESTIGACIÓN VI); el excesivo prurito de profundidad y racionalidad puede ser paralizante y alambicado. Pero, en principio, el p. como concepción general es falso; "descansa en la nivelación de verdad y utilidad y deja, por lo demás, un gran vacío en su mismo concepto fundamental de utilidad, que permanece siempre oscuro e indeciso, ¿qué es lo provechoso y útil? Todo depende de esto. Es demasiado fácil mirar como útil lo primero agradable que nos sale al paso, y entonces resbala sin sentir el p. a trivialidades y acaso también a vilezas". El p. viene a ser una forma de la filosofía del poder y una expresión de la arrogancia del hombre, aunque a veces sea muy sutil, frente a lo que es más que el hombre (Hirschberger, o. c., 358-359). Los pragmatistas americanos aunque quieren fundamentar un pluralismo (v.) en lo social y político, lo hacen sin consistencia; el p. puede llevar fácilmente a justificar las imposiciones arbitrarias del poder, a formas de totalitarismo (recuérdese el caso del p. marxista, v.).
V. t.: RELATIVISMO; UTILITARISMO; PLURALISMO; ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA VI.
JAMES G. COLBERT, JR.
BIBL.: J. DEWEY, The Quest for Certainty, Nueva York 1929; E. GILSON, T. LANGAN y A. MAURER, Recent Philosophy, Nueva York 1966; M. HEBERT, Le pragmatisme, étude de ses formes anglo-américaines, franpaises et italiennes, París 1908; J. HIRSCHBERGER, Historia de la Filosofía, 11, 4 ed. Barcelona 1972, 355360; W. JAMES, Pragmatismo, México 1966; A. O. LoVEJoy, The Thirteen Pragmatism, Baltimore (EE. UU.) 1963; W. MARNELL, Man-Malle Morals, Garden City 1966; E. C. MOORE, American Pragmatism, Nueva York 1961; C. S. PEIRCE, The Collected Papers of Peirce, 5 vol. Cambridge (Mass.) 1960; 1. DE VRIES, Pensar y ser, 4 ed. Madrid 1963; H. K. WELLS, El pragmatismo, filosofía del imperialismo, Buenos Aires 1964; H. VAN WESEP, Siete sabios y una filosofía: itinerario del pragmatismo, Buenos Aires 1965.
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