Orden I. Filosofía.
1. Concepto y clases. Orden deriva del latín ordo y éste, a su vez, del griego ortos. El verbo latino ordiri tenía su mejor aplicación en la tejeduría, significando urdir, agregar o enfilar. El griego ortos significa recto y correcto. Por eso, o. quiere decir disposición -correcta de unidades de un conjunto. Lo recto supone una dirección o una meta; y cuando está configurado en unos límites precisos da lo correcto. Orden, pues, es régimen de conexión en las estructuras (v.), corrección en ellas. No es extrínseco a la estructura, ni significa para ésta algo no sustantivo, sino, por el contrario, el o. es algo constitutivo de una estructura, sin que estorbe a ello el que los elementos se agrupen y reúnan para nuevas unidades, y que todo o. se ensanche en nuevos órdenes.
Desde un punto de vista más descriptivo y cosmológico, de las puras relaciones de las cosas entre sí, el o. más que residir intrínsecamente en los elementos que se ordenan, se centra en la estructura. Ordenados de otro modo, habría otra estructura. En el aislamiento como tal no hay posibilidad de o., porque sólo aparece en la composición y en la pluralidad. Desde un punto de vista esencial y ontológico, puesto que el ente existe en la medida que es uno en sí mismo y, en general, aparece con una cierta pluralidad sólo en sus realizaciones finitas, el conjunto de lo real se muestra como una gradación ontológica ordenada en lo más íntimo, pues la unidad pura del Ser subsistente precontiene en sí, de modo eminente, toda la multiplicidad de las perfecciones finitas (v. SER; ANALOGÍA). Pero el orden del enté finito no se manifiesta solamente en la unión, por el acto del existir sustancial, de todos los principios del ser que constituyen un ente, sino también por la unión de todos los entes mediante las variadísimas relaciones que, en última instancia, los remiten a la unidad del Ser subsistente. La realidad (v.) está compuesta, pues, de muchos seres, pero ser no ha de ser tomado en sentido unívoco ni equívoco, sino análogo: en el o. real, la gradación ontológica de seres se muestra en que todos coinciden en algo y difieren en algo.
Para que haya o., los elementos deben tener una precisa relación entre sí. El o. es fundamentalmente una relación: "el orden no es sustancia, sino relación" (S. Tomás, Sum. Th. 1 g116 a2 ad3). Orden alude a lo recto y correcto, pero rectus es participio pasivo de regere (regir y exigir); regir alude a un principio de autoridad. En el o. hay también un principio que configura (de modo autoritario y jerárquico) el conjunto ordenado. Sólo en la estructura puede haber orden. En el agregado o montón hay sólo des-orden, pues no hay un principio o forma de agrupamiento. Para que se establezca un o. real los elementos exigen: a) algo que sea primero y máximo, respecto del cual surja la efectuación de una serie ordenada; b) la misma relación de los elementos ordenados, bien entre sí, bien sobre todo a algo primero y máximo que es principio y razón de la ordenación. Esto, en lo que atafle a la misma ordenación. En sí mismos, los elementos exigen: una existencia real; pluralidad o multiplicidad real; referibilitpd conveniencia los mismos entre sí; distinción real; cierta conveniencia real entre ellos. Entonces, o. es "la relación que una pluralidad de elementos distintos (pero que mantienen una cierta conveniencia) guardan respecto de lo que es primero y único según la razón de anterioridad y posterioridad, o según un más y un menos". El o. es, así, una relación de conveniencia, proporción y armonía (v. RELACIÓN).
Lo que se ordena pueden ser cosas o actividades: de ahí que el o. estático o de composición sea la conveniencia armónica de los elementos del ser con relación al todo; y el o. dinámico o de finalidad sea la adaptación de causas y efectos, de medios a fines. El o. se especifica por una razón común. Sin embargo, no cualesquiera elementos se pueden disponer con arreglo a un principio. Resumiendo: en cualquier o. concreto encontramos un aspecto material (elementos del o. o partes de una pluralidad) y un aspecto formal (principio del o., pues los elementos están ordenados desde una perspectiva, y estructura del o., que es el efecto formal, pues la posición de cada elemento en el todo está determinada por aquella relación).
Hay tantos tipos de o. como principios del mismo. El concepto de o. se podrá aplicar a la obra ordenada en un sentido pasivo; a la actividad ordenadora en un sentido activo; al o. concreto mismo, prescindiendo de cualquier influjo ordenador, en un sentido objetivo. En su sentido objetivo, y por lo que respecta a los principios y elementos del o., habrá un o. del ser, un o. del pensar, un o. natural, un o. sobrenatural, un o. del valor, un o. lógico, un o. real, un o. de la intención, un o. de la ejecución, etc. En su sentido activo el o. es disposición de las cosas según planes y fines, conjunto de acciones que ordenan a una pluralidad. La idea es aquí el principio del o. Aunque también se da en el ámbito técnico y cultural, y en el moral, se puede considerar especialmente en el ámbito de lo social, donde los ó. se constituyen a partir de una autoridad que dicta una ley o mandato sobre la conducta libre de los miembros de esa sociedad (v. in). En su sentido pasivo, el o. se puede entender como la cosa hecha y en general como cosmos, siempre que se entienda por tal el mundo (v.) en cuanto ordenado con un sentido.
La realidad de un orden universal inmanente en la naturaleza (v.) la evidencian las leyes de la ciencia, leyes uniformes y constantes en el ser y en el obrar. Dentro del o. natural hay un orden espacial (simetría, paralelismo, convergencia, circularidad, etc.) y un orden temporal (simultaneidad, periodicidad, alternancia, compás, ritmo, etc.). La realidad del orden moral presenta sus peculiaridades propias, tanto en el sentido objetivo como en el activo y en el pasivo, debido a la libertad humana que ha de descubrirlo y realizarlo o no (v. LEY).
2. Consideración histórica. a) El pensamiento griego se orientó a la búsqueda de un orden cósmico, viendo un principio o arjé que dominaba todos los procesos. Filolao, influido para la teoría pitagórica de la armonía y los números, elaboró la doctrina de un orden determinado por relaciones matemáticas, donde el cosmos figuraba como un complejo armónico universal. El logos de Heráclito (v.) y el nous de Anaxágoras (v.) eran principios ordenadores, razón y ley necesaria del mundo, que determinaban la unidad de todos los elementos en un o. universal. Para Platón (v.), el o. tiene su fundamento fuera del o. de la sensibilidad, en el reino de las ideas, aunque siempre hay un elemento de desorden, ya que la eternidad de la materia es para él un dato incontestable. Aristóteles (v.) pone el fundamento del o. en la naturaleza (v.) del ser particular, en la sustancia segunda, por la que el ser queda estructurado y finalizado, es decir, ordenado; aquello que determina al ente como species es el fundamento del o.
b) S. Agustín considera el o. desde el punto de vista de la creación. Dios crea las cosas según forma (species), medida (modus) y orden (ordo). "El orden es aquella disposición de las cosas semejantes y desemejantes que le da a cada una su lugar propio" (De Civit. Dei, 1. XIX, c.3). El o. consiste en una disposición apropiada de la cosa, y esto supone ya que esté ordenada en sí misma, que realice el elemento inteligible que Dios le ha puesto. Así, pues, el o. es la subordinacióli de lo inferior a lo superior, de la criatura a su Creador. El desorden no es más que la rebelión contra lo superior. Los seres creados constituyen una jerarquía de perfecciones y de relaciones, jerarquía que se da también en el o. moral.
c) S. Tomás considera que "el orden siempre se dice por comparación á un cierto principio" (Sum. Th. 1 q42 a3). Puede distinguirse así un triple o. "pues el orden puede ser de lugar, de dignidad o de origen" (In I Sent. dist. 20,a3,sol.1). Con ello afirlña que la razón de o. incluye en sí la razón de prioridad y posterioridad según lugar y tiempo (la cual constituye un o. puramente intrínseco), la de distinción (que presupone el o. que lo significa) y la de origen (que es propiamente el -o.). En la Trinidad hay o. sólo en virtud de la razón de origen, sin prioridad de ninguna clase. El o. de la naturaleza proviene también de una ordenación "según el origen", de una relación a Dios. Cuando las actividades de un ser se consideran en sí mismas, se llaman naturales, pero si se consideran por relación a otros seres, se llaman ordenadas, ya que se refieren al o. más abarcador: al o. de la naturaleza. Así, lo natural será siempre algo ordinario, mientras que lo que no lo es será extra-ordinario.
En otro lugar, perfila aún más S. Tomás este análisis del o. "El orden puede ser referido de cuatro modos a la razón: hay un orden que la razón no hace, sino que únicamente considera, cual es el orden de las cosas naturales. Hay otro orden que la razón hace en su propio acto cuando piensa, p. ej., cuando ordena sus conceptos entre sí y también los signos de los conceptos, porque son voces significativas. En tercer lugar, hay un orden que la razón, pensando, hace en las operaciones de la voluntad. En cuarto lugar, hay un orden que la razón, pensando, hace en las cosas exteriores, cuya causa es ella misma, como son el arca y la casa" (In I Ethic. lect. 1,1-6). Por tanto, el o. estudiado por S. Tomás en toda su amplitud como o. real, como o. racional, como o. moral y como o. cultural o técnico, cada uno con sus peculiaridades propias.
Por lo que respecta al o. real afirma S. Tomás que "en las cosas podemos considerar un doble orden: uno, en cuanto que proviene de un principio; otro, en cuanto que se ordenan a un fin" (De Verit. q5 al ad9); pues bien, "la disposición pertenece al orden de procedencia de las cosas de un principio, pero la providencia requiere aquel orden que se refiere al fin" (íb.). Es más, la providencia es, en definitiva, causa de la disposición, pues "en cuanto que encontremos una pluralidad ordenada entre sí, es preciso que sea ordenada por relación a un principio externo" (íb. q5 a4).
d) Racionalismo. El concepto de o. se puede enfocar como referido a una pluralidad de cosas en cuanto afectadas por una serie de relaciones (concepto horizontalcuantitativo del o., el o. como serie). La Metafísica se centra en la consideración profunda del o.: una sola cosa aislada está ordenada al encarnar la idea que Dios tiene de ella (concepto vertical-ontológico del o., el o. como jerarquía). Ahora se pasa a la consideración del o. como "relación de realidades entre sí", que si se despreocupa del tema de la trascendencia, se queda en meras cuestiones descriptivas y cosmológicas. Más aún, los autores empiristas y racionalistas con facilidad restringen el concepto de o. a un puro mecanicismo de los procesos naturales o a la mera actividad organizadora de la razón.
Galileo (v.), Bacon (v.) y Descartes (v.) inciden fácilmente en el mecanicismo (v.). En el mundo reina siempre el principio de la previsibilidad y determinación, pues todo funciona mecánicamente, pasando unas cosas a otras de modo necesario. Las ideas simples a las que sistemáticamente tiene que llegar la "duda metódica", no son los universales (v.), sino el primer eslabón de una cadena deductiva (V. t. FÍSICA NUEVA, IDEAS FILOSÓFICAS EN LA, 7).
Spinoza y Leibniz se esfuerzan por mantener un concepto verticabontológico del o. Spinoza (v.), sobre todo, no llega a conseguirlo plenamente. Para él, las formas del verdadero pensamiento están situadas en el pensamiento mismo, sin relación a otras; el objeto no es conocido como causa, sino que depende de la misma naturaleza y potencia del entendimiento. El o., por tanto, no está conectado a un elemento trascendente. Existe, a lo sumo, un paralelismo, en el que "el orden y conexión de las ideas es lo mismo que el orden y conexión de las cosas" (Ethica, II, prop. 7). Del mismo modo, a pesar que Leibniz (v.) defiende un o. en que se da la causa final y el principio de razón suficiente, su armonía preestablecida entre las mónadas se parece bastante al paralelismo spinozista, y al ocasionalismo (v.) de Malebranche. No obstante, Leibniz afirma la ordenación de las mónadas en una serie infinita y continua que posee un principio universal del o. Leibniz intenta, pues, unir el concepto de o. como serie, con el de o. como jerarquía, sin conseguirlo del todo.
Por lo que respecta a Kant (v.), la noción de o. va unida a su intento de obviar la alternativa "causalidad mecánica"-"finalidad", según la Crítica del juicio. La "facultad de juzgar" es una disposición subjetiva que no tiene un objeto determinado (tal cosa sucede sólo en el juicio determinante), tratando a la naturaleza como si tuviera una inteligibilidad o finalidad propia (y tal cosa ocurre en el juicio ref lexionante) . El o., entonces, no compete a la ciencia natural, la cual exige únicamente juicios determinantes.
Finalmente, las nociones que la teoría lógica del o. utiliza, pertenecen a la doctrina de las relaciones. Así, el o. es la disposición de un conjunto de entidades, es decir, la relación entre elementos de una clase, según anterioridad y posterioridad. Si su relación es reflexiva, transitiva y antisimétrica, el conjunto está parcialmente ordenado; si además esa relación es conexa, el conjunto está simplemente ordenado. Si esa relación es sólo transitiva y reflexiva, el conjunto está casi-ordenado. Ese conjunto estará bien ordenado cuando se configure como una cadena descendente.
V. t.: CAUSA; PRINCIPIO; FIN; OBJETO; LEY.
J. CRUZ CRUZ.
BIBL.: J. M. RAMfREz, De Ordine, Placita quaedam thomistica, Salamanca 1963; M. SCHELER, Muerte y supervivencia, Ordo amoris, Madrid 1934; H. BERGSON, La evolución creadora, Madrid 1963; H. KUHN; F. WIEDMANN y oTRos, Das Problem der Ordnung, Munich 1962; 1. WAHL; A. DE WAELHENS y OTROS, Ordre, Desordre, Lumiére, París 1952; A. CHOLLET, De la notion d’ordre, París s. a.; H. KRINGS, Ordo, Philosophisch-historische Grundlegung einer abendliinudischen Idee, Halle 1941; A. SILvA TARoUCA,
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