Alma del mundo.
(gr. megálh vuch1; lat. anima mundi; ingl. world-soul; franc. ame du monde, alem. Weltseele; ital. anima del mondo). Noción que por lo común se apoya en la cosmología tradicional, que concibe al mundo como "un gran animal", dotado, por lo tanto, de un Alma propia. Así describió Platón al mundo en el Timeo e imaginó que el demiurgo había construido y distribuido geométricamente su alma (Tim., 34 b). La noción fue adoptada por los estoicos, que identificaron a Dios con el mundo y lo concibieron como "un animal inmortal, racional, perfecto, inteligente y feliz" (Dióg. L., VII, 137). Para Plotino, el Alma del mundo es la segunda emanación del Uno o Dios y procede del Entendimiento, que es la primera emanación y que también procede del Uno. El Alma universal ve por un lado al entendimiento y por el otro a las cosas inferiores o materiales que ordena y gobierna (Enn., V, 1, 2). En la escolástica, el Alma del mundo es identificada a veces con el Espíritu Santo. Así lo hicieron Abelardo (Theol. Christ., I, 17) y algunos representantes de la Escuela de Chartres, como Bernardo Silvestre y Teodorico de Chartres. Durante el Renacimiento esta doctrina fue aceptada por Giordano Bruno, que consideró a Dios como el entendimiento universal "que es la primera y principal facultad del Alma del mundo, que es forma universal de él [del mundo mismo]" (De la causa, III). Fue aceptada en general por todos los que admitían la validez de la magia y que, por cierto, constituyeron un gran número (Cornelio Agripa, Paracelso, Fracastoro, Cardano, Campanella, &c.), ya que la consideraban como la "simpatía universal" entre las cosas del mundo, que el mago utiliza para sus encantamientos y para sus acciones milagrosas. Schelling se sirvió del concepto del Alma del mundo (Sobre el Alma del mundo, 1798) para demostrar la continuidad del mundo orgánico y del inorgánico en un todo que, a su vez, es un organismo viviente. Hegel negó, en cambio, el "Alma mundial", ya que para él, el Alma "tiene su verdad efectiva sólo como individualidad, subjetividad" (Enc., § 391). Con el predominio de la ciencia y de la concepción mecánica del mundo, la noción de Alma del mundo resultó inoperante por razones obvias.
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