TEJEDA, Juan de (-1550)
Franciscano, místico. Nació en Torrejón (Cáceres) a finales del siglo XV y, después de una juventud desordenada y de un tiempo de vida eremítica en su tierra, huyendo de la veneración en que se le tenía, pasó a Barcelona, donde vistió como hermano lego el hábito de la Orden franciscana en el Convento observante de Santa María de Jesús. Su vida en el claustro fue desde el principio edificante, más para admirar que para imitar. Su alimento era sólo pan y agua; dormía muy pocas horas; hacía el oficio de todos y pasaba de rodillas en oración muchas horas, a veces hasta ocho seguidas. Dios le concedió gracias y carismas extraordinarios y en su vida menudeaban los éxtasis. Fue uno de los grandes representantes de la oración y espiritualidad del recogimiento, de tanto arraigo en aquel tiempo. Fray Juan de Tejeda entabló en Barcelona una estrecha amistad con el entonces Virrey de Cataluña, san Francisco de Borja, el cual solía decir: «He encontrado una joya más preciosa que todos los tesoros de la tierra, un escogido del Señor». Fray Juan, aunque era todavía lego, fue ya desde entonces el director espiritual de este santo Duque, al que inició en la oración del recogimiento. éste obtuvo de los superiores de la Orden y aun del mismo papa Pablo III licencia para llevarse a fray Juan a su palacio y para trasladarlo más tarde, en 1543, a Gandía (Valencia), cuando, al morir su padre, tomó posesión de aquel Ducado. Ya en Gandía, parece que fray Juan habitó por poco tiempo en compañía de los Jesuitas, aunque su residencia habitual fue el convento de los menores levantado por el infante D. Pedro de Aragón. Sus frailes, incluido Tejeda, desde que las Clarisas se establecieron junto al mismo, se hicieron cargo del cuidado espiritual de las monjas. A instancias de san Francisco, fray Juan explicó a los jesuitas de su casa recién fundada en Gandía, poco después Universidad, la oración del recogimiento, y abrazaron esta vía espiritual, entre otros, Andrés Oviedo y Antonio Cordeses. El obispo de Cartagena, Juan Martínez Silíceo, admirado de la santa vida de fray Juan y de la ciencia infusa que le había concedido el Señor, le mandó que estudiara latín y completara su formación, y lo ordenó de sacerdote. Finalmente, en 1550, san Francisco de Borja lo envió a Valladolid, donde murió el 8 de agosto del mismo año, tras una enfermedad de sólo tres días. Antes de morir tuvo la fortuna y el consuelo de recibir la visita de san Pedro de Alcántara, que aún vivía. Fue enterrado en la iglesia del convento de San Francisco, en el sepulcro en que, siete años más tarde, lo sería la madre Francisca de Jesús, clarisa procedente de Gandía, tía de san Francisco de Borja.
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