SOBRINO, Antonio (1556-1622)
Franciscano, predicador y escritor místico. Nació en Salamanca en 1556, de familia numerosa, noble y de alto nivel en la vida política y eclesiástica. Se graduó en Artes en Valladolid. De joven entró al servicio del rey Felipe II en la Secretaría de Cámara. Tuvo amistad con el cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo, y con Arias Montano. A los 22 años tomó el hábito en el convento de San Bernardino de Madrid, perteneciente a la provincia descalza de San José de Castilla, y, hecho el noviciado, profesó en 1579. Cursados los estudios eclesiásticos, recibió la ordenación sacerdotal en Palencia el año 1585. El año 1597 fue nombrado Visitador de la Provincia descalza de San Juan Bautista de Valencia, y, una vez cumplido su cometido, huyendo del rumor de la Corte y de las honras que recibía en Castilla, pidió y obtuvo la autorización para incorporarse a la Provincia que acababa de visitar. ésta le confió los más altos cargos: guardián de varios conventos, comisario provincial cuando se ausentaba el Provincial, definidor y por último Ministro provincial (1612-1615)
Asistió al Capítulo general celebrado en Roma el año 1612. El P. Antonio Sobrino fue predicador de Corte de Felipe III, de quien era amigo personal, y consultor de los reyes Felipe II y Felipe III; renunció a la mitra para la que le proponía el Duque de Lerma. Trabajó con celo en la conversión de los moriscos. Profesó gran devoción a la Inmaculada Concepción, en cuya defensa escribió dos obras, y consiguió que Felipe III pidiera al Papa la declaración del dogma mariano; también defendió el título de María como Medianera de todas las gracias. Por espacio de nueve años fue director espiritual del sacerdote Francisco Jerónimo Simó, quien, sospecho de un cierto quietismo, dio origen a enfrentamientos y procesos, en los que se vio involucrado el P. Sobrino. La Inquisición de Valencia, a instancias del Arzobispo, lo tuvo alejado de la capital y puso trabas a la publicación de sus escritos. En verdad el P. Antonio no propugnaba un pre-quietismo, sino la espiritualidad del recogimiento, tan desarrollada por los grandes místicos franciscanos, carmelitas y nórdicos. Murió en el convento de San Juan de la Ribera de Valencia el 10 de julio de 1622, con fama de santidad. Se dice que Dios honró su sepulcro con milagros. Felipe IV escribió a Urbano VIII en 1624, interesándole en favor de su beatificación. Sin duda fue uno de los grandes autores místicos de su tiempo, aunque muchos de sus escritos quedaran inéditos. Indicamos: De la vida espiritual y perfección cristiana, Valencia 1612; Diez Diálogos sobre... el misterio de la Inmaculada Concepción, Salamanca 1612; Notaciones sobre el Apocalipsis; Sermones de Adviento, Cuaresma y de Santos.
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