SANTA ÁNGELA DE MÉRICI (1470-1540)
por Enzo Lodi
Nació alrededor del año 1470 en Desenzano, junto al lago de Garda, en la región de Venecia. Tomó el hábito de la Tercera Orden Franciscana y reunió un grupo de jóvenes para instruirlas en las obras de caridad. El año 1535 fundó en Brescia un instituto femenino, bajo la advocación de Santa Úrsula, dedicado a la formación cristiana de las niñas pobres. Murió el año 1540. 1. Nota histórico-litúrgica Hoy es, en la celebración litúrgica de la Iglesia, la memoria facultativa de una santa que vivió en una cristiandad necesitada de reforma, y que se adelantó y acompañó al concilio Tridentino en la renovación de la vida cristiana.
Nació en Desenzano sul Garda (Brescia, Italia) en 1474, en una familia de humildes campesinos. En una época en que la Iglesia bresciana tenía que atender a ejércitos de paso de toda especie, aquejada por guerras y destrucciones, por epidemias y hambre, Angela, huérfana a los quinceterciaria francisc renunció a su patrimonio para vivir pobremente. A partir de 1516 ya se hallaba en la ciudad de Brescia (en Sant’Afra), donde reunió en torno a sí a un laicado seriamente cristiano, desde la noble matrona hasta la más humilde persona del pueblo. Aquí fundó (1535) la Compañía de Santa Úrsula, dedicada a la asistencia espiritual y material de las muchachas, especialmente huérfanas, queriendo que las primeras ursulinas se consagraran a Dios y al servicio del prójimo sin abandonar el mundo, precediendo de este modo a los institutos religiosos seculares modernos. Vivió las experiencias religiosas características del pueblo, peregrinando primero a Tierra Santa (1524) y luego a Roma (1525), después de haber ido algunos años antes en peregrinación a Mantua a venerar la tumba de una terciaria franciscana a quien estimaba muchísimo (la beata Osanna Andreasi), en busca de inspiración para su misma fundación. Aunque a instancias del papa Clemente VII colaboraba en la gestión de los lugares piadosos o de instituciones asistenciales y caritativas ligadas normalmente al Divino Amor, prefirió volver a su Iglesia, donde, después de las dos últimas peregrinaciones al santuario de Varallo (1529), que la habían confirmado en la realización de su futura Compañía, se estableció para estar más cerca de quien la consultaba como madre espiritual y como agente de pacificación. Murió en Brescia el 27 de enero de 1540, dejando una herencia de nada menos que veinticuatro ramas de ursulinas, dedicadas a todos los servicios en la Iglesia. Fue canonizada sólo en 1807 por Pío VII, porque sus ideas parecían demasiado modernas. A las ursulinas se las impuso también la clausura en 1566, pero sólo para la oración coral. 2. Mensaje y actualidad En la nuecolect de la misa, que sustituye a la anterior (donde se jugaba con la aliteración relativa al nombrangelus)nosta: Ángela- encomendamos a la misericordia del Señor «para que, siguiendo los ejemplos de caridad y prudencia de Ángela de Mérici, sepamos guardar su doctrina y llevarla a la práctica». Ante todo esta caridad se manifiesta en su papel de fundadora, porque como madre en una «compañía» (este término, de sabor militar, se comprende en el clima del tiempo, en el que los ejércitos estaban de paso y la Iglesia germánica se había desligado de la de Roma) sabe crear una regla que por su voluntad debe ser siempre flexible, con nuevas adaptaciones a las condiciones de los lugares y de los tiempos. Esto explica el cambio frecuente del modo de vivir de las ursulinas a lo largo de la historia. Leyendo tal regla, aprobada por Pablo III en 1544, descubrimos una rara cordura: además de la insistencia en la oración vocal y mental, que anima una religiosidad realmente popular (las ursulinas están vinculadas siempre con la propia iglesia parroquial), recomienda la obediencia a la Iglesia, porque dice la verdad; al propio obispo, al padre espiritual, al gobernador y a las gobernadoras (cuatro viudas sabias y prudentes) de la compañía, al padre y a la madre, a las leyes y a los estatutos y sobre todo a los consejos y a la inspiración del Espíritu Santo. Esta última alusión revela también el espíritu de coraje que evoca la colecta. El mismo san Carlos Borromeo tuvo cierto miedo de que esta presencia inspiradora del Espíritu fuese confirmada por la regla, dictada a sus hijas por una mujer fuerte del siglo XVI. La actualidad de este recurso al Espíritu significa también para nosotros creer que el Espíritu en la Iglesia no suple a la jerarquía, pero anima a todos y se les da a todos para el bien de toda la comunidad. Esta mujer de fuerte espiritualidad, en la Lectura II del Oficio de lasTestamento espiritua(dictado a su confesor junto con los Recuerdos de las consejeraconseja a las educadoras de las jóvenes que no cedan al riesgo del profesionalismo asistencial y que las jóvenes mismas sean respetadas en su libertad, evitando toda imposición coactiva, o sea, no persuasiva. Así se convierten, como laicas, en verdaderas maestras espirituales. Estas vírgenes del mundo, plenamente realizadas como mujeres y como cristianas, permanecían en sus propias casas, sin clausura y sin casarse, viviendo de su trabajo. Sólo en 1566 las ursulinas fueron obligadas a llevar un hábito religioso. En el séptiRecuerdo recomienda: «Seguid el antiguo camino y la tradición de la Iglesia, ordenada y confirmada por tantos santos mediante la inspiración del Espíritu Santo. Y vivid una nueva vida... Pero rezad y haced rezar para que Dios no abandone a su Iglesia, sino que se digne reformarla como a él le plazca y mejor crea para nosotros y para mayor honra y gloria suyas». Son palabras de perenne actualidad. Enzo Lodi Los santos del calendario roma. Madrid, San Pablo, 1; págs. 64-66]
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Del Testamento espiritual de Santa Ángela de Mérici Queridísimas madres y hermanas en Cristo Jesús: En primer lugar, poned todo vuestro empeño, con la ayuda de Dios, en concebir el propósito de no aceptar el cuidado y dirección de los demás, si no es movidas únicamente por el amor de Dios y el celo de las almas. Sólo si se apoya en esta doble caridad, podrá producir buenos y saludables frutos vuestro cuidado y dirección, ya que, comoUnfirma nuestro Salvador: árbol sano no puede dar frutos .alos El árbol sano, dice, esto es, el corazón bueno y el ánimo encendido en caridad, no puede sino producir obras buenas y santas; por esto, decía san Agustín: «Ama, y haz lo que quieras»; es decir, con tal de que tengas amor y caridad, haz lo que quieras, que es como si dijera: «La caridad no puede pecar». Os ruego también que tengáis un conocimiento personal de cada una de vuestras hijas, y que llevéis grabado en vuestros corazones no sólo el nombre de cada una, sino también su peculiar estado y condición. Ello no os será difícil si las amáis de verdad. Las madres en el orden natural, aunque tuvieran mil hijos, llevarían siempre grabados en el corazón a cada uno de ellos, y jamás se olvidarían de ninguno, porque su amor es sobremanera auténtico. Incluso parece que, cuantos más hijos tienen, más aumenta su amor y el cuidado de cada uno de ellos. Con más motivo, las madres espirituales pueden y deben comportarse de este modo, ya que el amor espiritual es más poderoso que el amor que procede del parentesco de sangre. Por lo cual, queridísimas madres, si amáis a estas vuestras hijas con una caridad viva y sincera, por fuerza las llevaréis a todas y cada una de ellas grabadas en vuestra memoria y en vuestro corazón. También os ruego que procuréis atraerlas con amor, mesura y caridad, no con soberbia ni aspereza, teniendo con ellas la amabilidad conveniente, según aquellas palabras de nuestro SAprended de mí, que soy manso y humilde de cor imitando a Dios, del cual Lo dispuso todo con suavidad. Y también dice Jesús: Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
Del mismo modo, vosotras tratadlas siempre a todas con suavidad, evitando principalmente el imponer con violencia vuestra autoridad: Dios, en efecto, nos ha dado a todos la libertad y, por esto, no obliga a nadie, sino que se limita a señalar, llamar, persuadir. Algunas veces, no obstante, será necesario actuar con autoridad y severidad, cuando razonablemente lo exijan las circunstancias y necesidades personales; pero, aun en este caso, lo único que debe movernos es la caridad y el celo de las almas. [Segunda lectur de Liturgia de las Ho]as
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La fiestaSanta Ángela de Mérici, Fundadora de las Ursulinas, bajo la regla de la Tercera Orden de San Francisco, fue insertada en el calendario de la Iglesia Universal en 1861 por Pío IX. Las peregrinaciones de Ángela a Palestina y a Roma recuerdan, en cierto modo, las que cerca de dos siglos antes había hecho Santa Brígida de Suecia. La misma fe, el mismo crédito dispensado por parte de los Papas. Clemente VII no quería permitir que sus hijas se alejasen de la Ciudad Eterna. Después de haber congregado en torno suyo un grupo de sagradas vírgenes dedicadas a la cristiana educación de las niñas, Ángela, cargada de méritos, voló al cielo el 27 de enerA.I. SchusteLiber Sacramentorum , tomo VII. Barcelona, Ed. Herder, 1947, pág. 247].
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Santa Ángela de Mérici.Día de su muerte 27 de enero de 1540 (canonizada en 1807). En el calendario eclesiásticoSepulcroEn61. Brescia, en la iglesia de SanRepresentaciónComo religiosa ursulina, con una escalera (mediante la cual, en visión, subió al cielo con las ursulinasVida La santa es originaria de la diócesis de Verona y desde su más tierna juventud se consagró a su esposo Jesucristo. A la muerte de sus padres quiso retirarse a la soledad, pero su tío la obligó a ponerse al frente de su casa. Al fin, y mediante la renuncia de sus bienes paternos, pudo entrar en la Orden Tercera de San Francisco. Durante una peregrinación a Tierra Santa (1524), perdió la vista, que después recobró. En Roma visitó al papa Clemente VII, el cual se opuso a que abandonara la ciudad. Más tarde fundó en Brescia una congregación de vírgenes bajo la protección de Santa Úrsula, que fue el comienzo de la tan esplendorosa Orden de las Ursulinas. Murió cuando rayaba en los setenta años. Con su testamento y exhortaciones de última hora dejó «un preciado tesoro de ilustración, experiencia y amor maternal» (Pastor). Su cuerpo conservó el frescor por espacio de treinta días. Acaecieron varios prodigios al ser enterrada en la iglesia de Santa AAplicación Ángela llevó un nombre que fue el programa de toda su vida. Por esto hoy pide la Iglesia que por la intercesión y el ejemplo de la santa, «vivamos vida de costumbres angélicas». Y la Iglesia nos advierte que para vivir de tal forma no hay más camino que la renuncia de los bienes de este mundo. Su intención es que renunciemos al mundo en la medida que lo permita nuestro propio estado. ¿Qué podemos hacer hoy en este sentido? Roguemos por la Orden dePius Parschn, Año litúrg, vol. II. Barcelona, Ed. Litúrgica Española, 1962, pp. 636-637].
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Santa Ángela de Mérici. Vive el cristianismo auténtico de sus padres, en Desenzano, junto al lago de Garda. Todas las noches se leía en familia el Santoral. Para poder llevar una juventud fuerte y espiritual, y comulgar con la máxima frterciaria de San Franc. Pierde a sus padres muy joven; y lo siente tanto, que llega a creerlo falta de confianza en Dios, y pide perdón por ello. Tiene que enfrentarse sola con una vida dura; y la supera, añadiendo prácticas fortificantes de penitencia. Quiere hacer todo el bien posible; para ello, reúne a sus amigas; y durante toda su juventud, organiza con ellas catequesis entre gente humilde y visitas a enfermos y necesitados. «¿En mi ambiente mismo, cómo podré santificarme? », le pregunta un hombre de la calle. Y ella responde: «Haga en cada momento lo que querrá haber hecho en la hora de la muerte». Con gran temple penitencial peregrina en 1524, a sus cuarenta años, hasta Tierra Santa y Roma, las tierras de Cristo y de su Vicario, el Papa Clemente VII, por quien es paternalmente recibida en audiencia. Frente a la corrupción de costumbres, aumentada por el humanismo pagano de algunos renacentistas, pronto dará cima en Brescia a una institución dedicada a formar, mediante la enseñanza, jóvenes cristianas, capaces de las Compañía deetas. Será la Santa Ursul. Desde el 25 de noviembre de 1535, el nombre de Ursulinas se irá desplegando por el mundo en el campo de la formación femenina, multiplicando su ideal en diversos Institutos y Congregaciones. Al morir Santa Ángela el 27 de enero de 1540, sus últimas palabras resumen su vida: «Sí, Dios mío; yo te amoV. Ordóñez Los santos, noticia di. Barcelona, Ed. Herder, 1983, pp. 48-49].
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Santa Angela de Méric.-
Nació en Desenzano, pequeña ciudad italiana, el 21 de marzo de 1471, en una familia pobre, pero que leía antes de terminar el día la vida del santo. Desde pequeña, Ángela buscaba todos los medios para imitar en su casa las penitencias de los solitarios. A los diez años quedó huérfana de padre y madre; a los trece, después de muchas instancias, logró que la admitiesen a hacer la primera comunión, y algo después tomaba el hábito terciaria de San Franc. Tenía veintidós años cuando se la vio juntamente con otras muchachas reunir a las niñas de la población para enseñarles el catecismo, y hacer otras obras de caridad. Ángela tenía gracia para explicar la doctrina cristiana, y una ciencia infusa llenaba de sabiduría sus palabras. En Brescia continuó sus piadosas tareas. Después visitó los principales santuarios de Italia, y, asociándose a una peregrinación hizo también el viaje de Palestina. Rezó delante de los Santos Lugares, pero sin verlos, pues al pasar por la isla de Candía se había quedado ciega. Recobró la vista cuando ya estaba de vuelta. Al llegar a Brescia de nuevo, organizó definitivamente su Asociación de la Enseñanza, y dio a sus compañeras el nombre de ursulinas. Era en 1535. Los últimos años de su vida fueron una época de gran actividad externa y de muchos favores espiriJustos. Murió en 1540. [ Pérez de Urbe, Año cristi, tomo V. Madrid, Ediciones Fax, 1, pág. 420].
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que sentía necesidad, y por inspiración divina entró en la Tercera Orden de S. Francisco, en la que llevó una vida piadosa y austera, dándose a las obras de caridad. Con gran devoción hizo la peregrinación a Tierra Santa. De vuelta a Italia, viendo extenderse cada vez más la desmoralización producida por el Renacimiento, comenzó en 1535 la fundación de una congregación religiosa que tuviera por fin la educación de las jóvenes, para así asegurar las reformas de la familia y de la sociedad. Esta congregación, puesta bajo el patrocinio de la ilustre virgen y mártir Sta. Ursula, fue aprobada por el cardenal Cornaro con el título de Unión romana de Ursulinas el 8 de agosto de 1536. Ángela se consagró totalmente a su obra hasta su muerte acaecida el 24 de enero de 1540. Canonizada por Pío VII en 1807, su fiesta fue extendida a la Iglesia uElogio de la Santa Combatiste los combates del Señor, oh Ángela, y tu vida tan llena de obras santas te ha merecido un descanso glorioso en las moradas eternas. Un celo insaciable por el servicio de Aquel que te había elegido por Esposa, una ardiente caridad hacia todos aquellos que Él rescató con su sangre, tales son los aspectos que caracterizan toda tu existencia. Este amor por el prójimo te ha hecho madre de una familia innumerable porque nadie podría contar las niñas que han bebido en las escuelas de tus hijas la leche de la doctrina sana y de la piedad. Contribuiste poderosamente al mantenimiento de la familia cristiana preparando tantas madres y esposas para sus sublimes deberes, y de tu institución han salido otras que para consuelo de la Iglesia y para beneficio de la sociedad han sido llamadas al mismo fin. El Sumo Pontífice ordenó que tu nombre fuera solemnizado en toda la catolicidad, y al promulgar este decreto declaró que quería con ello colocar bajo tu protección materna toda la juventud femenina expuesta hoy a tantos peligros por los enemigos de Cristo y de su Iglesia. Protege especialmente a las personas de tu sexo, alimenta en ellas el sentimiento de la dignidad de la mujer cristiana, y la sociDomd podrá todavía salvarse. [ Próspero Gueranger El año litúrgi, vol. III. Burgos, Ediciones Aldecoa, 1956, pp. 953-954].
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SANTA ÁNGELA DE MÉRICI (1470-1540)
Terciaria Franciscana. Fundadora de las Ursulinas por Edelvives
Nació alrededor del año 1470 en Desenzano, junto al lago de Garda, en la región de Venecia. Tomó el hábito de la Tercera Orden Franciscana y reunió un grupo de jóvenes para instruirlas en las obras de caridad. El año 1535 fundó en Brescia un instituto femenino, bajo la advocación de Santa Úrsula, dedicado a la formación cristiana de las niñas pobres. Murió el año 1540. El nombre de Santa Ángela de Mérici es de los que mayor celebridad han alcanzado en la historia de la Iglesia. En pleno Renacimiento, cuando se está elaborando un mundo nuevo, en el momento en que la herejía de Lutero empieza sus estragos, esta humilde creyente sin letras comprende que la ignorancia es la gran plaga de la Iglesia, y organiza para la educación de las niñas lo que San Ignacio de Loyola en favor de los jóvenes. Por donde se ve cómo Dios sabe escoger a su debido tiempo instrumentos dóciles para realizar sus designios providenciales. Funda lCompañía de Santa Úrsula primera Congregación de mujeres dedicadas a la enseñanza. Para cumplir su misión, las primeras Ursulinas vivirán en medio del mundo; transformarán el ideal de la vida religiosa, que para las mujeres no pasaba del claustro y del hábito monacal. Por otra parte, la fundadora determina que, dócil a la autoridad eclesiástica, el Instituto se adapte a los tiempos y lugares. «A estas dos Compañías de Ursulinas y Jesuitas, deben principalmente muchas naciones de Europa haber conservado la verdadera doctrina católica». Una familia piadosa. Infancia de una santa Ángela nació el 21 de marzo de 1474, en Desenzano, puerto de pesca a orillas del lago de Garda, a treinta kilómetros de Brescia. Su padre, Juan de Mérici, y su madre, Biancosi, vivían en la granja de los Grezze, subsistente en la actualidad, de la cual eran propietarios. Ángela era la última de cinco hijos: tres niños y dos niñas. La casa paterna era un verdadero santuario; se vivía y trabajaba continuamente con el pensamiento de «Dios me ve»; se rezaba en común; por la tarde, la lectura de un libro de pieVida de los Sant daba fin a los trabajos del día. Ángela seguía con extremado esmero e íntima satisfacción estas piadosas prácticas. Con tan santas ideas y elevados pensamientos, se trazó un género de vida que tenía mucho de retiro y soledad. Con la ayuda de su hermana, que tenía aspiraciones muy semejantes, transformó en oratorio una habitación reducida, donde se retiraban cada tarde a horas determinadas para orar y cantar las divinas alabanzas. A estos ejercicios juntaba Ángela los rigores de la penitencia. A los nueve años consagró a Dios su virginidad, haciendo voto de guardarla, y persuadió a su hermana para que hiciera lo mismo. Desde entonces renunció a todos los adornos mundanos, y su única preocupación era complacer en todo a Nuestro Señor Jesucristo. Ángela estaba dotada de rara hermosura: poseía una abundante cabellera, cuyos bucles de oro flotaban a merced del viento. Un día, oyendo alabar su belleza se turbó y, no pudiendo cortar sus doradas trenzas sin singularizarse imprudentemente, optó por anular su brillo empleando una extraña loción, compuesta de agua, hollín y miel. Tenía trece años cuando, a sus instancias, fue admitida a la primera comunión. Hubiera querido comulgar todos los días, pero la lamentable costumbre de las comuniones tardías y raras, esclavizaba a las almas amantes de Jesús en la Eucaristía. Por lo cual, cuando Jesús venía a su alma estaba en el colmo de la felicidad: pasaba todo aquel día sin querer tomar ningún otro alimento, y tenía sabrosísimos coloquios con su dulce y amable Jesús. Nueva morada. Huida al desierto Hacia el año 1487, Juan de Mérici, que contaba sólo unos cuarenta años, fue atacado por una fiebre maligna que en contados días le quitó la vida. Dos años más tarde su virtuosa mujer le seguía a la tumba. Con motivo de esta repetida desgracia, las dos huérfanas buscaron quien pudiese guiarlas y dirigirlas por el buen camino emprendido, y abandonaron la población de Desenzano. Bartolomé Biancosi, hermano de su madre, las tomó a su cargo y las llevó consigo a Salo, población situada igualmente a orillas del lago de Garda, a unos 25 kilómetros al norte de Desenzano. Era un rico comerciante y, sobre todo, un cristiano ejemplar muy respetado por sus conciudadanos. En esta mansión hospitalaria, donde todo favorecía sus deseos de perfección, fue fácil a las dos jóvenes trazarse acertado reglamento de vida, distribuyendo el día entre el trabajo y la oración, sin dejar un solo instante a la ociosidad. Si la desgracia había aumentado el cariño entre Ángela y su hermana, haciendo que cada día sirviesen con más amor a Dios, el bienestar de su nueva existencia contrariaba sus deseos de mortificación. Enardecidas con la lectura de los Padres del desierto, determinan un día buscar en la montaña alguna cueva donde poder llevar vida eremítica. Con mucho ardor y decisión parten después de oír misa, solas, sin provisiones y sin manifestar nada a nadie. Al anochecer escogen un abrigo entre los árboles y las rocas. Su buen tío, inquieto al ver que no volvían a casa al mediodía, búscalas por todas partes, y acaba por descubrir a las dos fugitivas en el retiro donde se creían completamente aisladas del mundo. No les dice ninguna palabra de reproche: se contenta con manifestarles los peligros a que las exponía una piedad mal entendida. Pero, lejos de combatir el atractivo de sus sobrinas por la vida silenciosa y retirada, les prepara en su propia casa una celda. En ella pudieron practicar lo que en el desierto no les hubiera sido fácil poner por obra. Santa Ángela, Terciaria Franciscana Hacía ya unos seis años que Ángela y su hermana vivían en casa de su tío, cuando esta hermana tan querida fue arrebatada a su cariño por una muerte repentina, sin que el sacerdote tuviese tiempo de administrarle los últimos sacramentos. Ángela quedó muy apenada por esta nueva desgracia. Una angustia dolorosa la apesadumbraba; temblaba por la suerte de esta alma, llamada de improviso al tribunal de Dios. Algún tiempo después, cuando llevaba la comida a los segadores, vio sobre su cabeza, en una revuelta del camino, una nube luminosa, y en ella a la Santísima Virgen, que le presentaba a su hermana llena de gloria y rodeada de un cortejo de ángeles. «¡Oh Ángela! -dijo la feliz predestinada-, persevera como has empezado, y gozarás conmigo de la misma alegría y felicidad». Este acontecimiento tuvo grandísima influencia sobre nuestra Santa, y fue causa de que cada día se desprendiese más de las cosas de la tierra. Por esta época determinó entrar en la Orden Tercera de San Francisco, cuyo espíritu y Regla abrazó en toda su plenitud y eficacia. Desde aquel momento se llamó «Hermana Ángela». Revestida del hábito franciscano, que llevó hasta la muerte y con el cual quiso ser enterrada, nuestra Santa pudo, aun permaneciendo en el mundo, vivir como perfecta religiosa. También por este tiempo, en 1495 ó 1496, la muerte le arrebató a su tío Bartolomé; Ángela volvió a habitar la casa paterna en Desenzano, en donde permaneció veinte años más. Al principio de su regreso a Desenzano, Ángela administró el patrimonio que había heredado; pero, por amor a la pobreza, poco a poco fue despojándose del mismo y acabó por vivir de limosna. Sus penitencias fueron cada día más rigurosas: una tabla o una estera sobre el suelo formaban su cama, y unos sarmientos o una piedra le servían de almohada. Salía de casa raras veces; el cilicio, las flagelaciones y los ayunos continuos, mortificaban sin compasión su cuerpo. La Sagrada Eucaristía, que recibía todos los días con el asentimiento de su director, la alimentaba y sostenía milagrosamente. Entre las almas que en esta época trabaron amistad con nuestra Santa, se contaba una joven cuyo nombre no nos es conocido, y que durante largo tiempo fue su compañera. Juntas rezaban, trabajaban y visitaban a los pobres. Este cariño entre ambas amigas, fue también roto por la muerte hacia el año 1506. Un mes, poco más o menos, después de este acontecimiento, Ángela va al campo en compañía de algunas amigas. Mientras éstas meriendan, ella se retira para orar a la sombra de un emparrado, en un lugar llamado Brudazzo. De pronto, las nubes se separan, rodéala una luz resplandeciente y surge una escala semejante a la de Jacob, que llega hasta el cielo. Muchedumbre innumerable de vírgenes suben y bajan por ella, vestidas con túnicas resplandecientes y llevan diadema real. Van de dos en dos dándose la mano, y un cortejo celestial de ángeles músicos las acompañan con arrobadoras melodías. Separándose del grupo, una de las vírgenes -en la que Ángela reconoce a la amiga que acaba de perder- se acerca a nuestra Santa y le dice: «Ángela, has de saber que Dios te ha enviado esta visión para indicarte que, antes de morir, fundarás en Brescia una Sociedad de vírgenes muy semejantes a éstas». Ángela comunicó a sus compañeras lo que acababa de suceder, y ellas se pusieron bajo su dirección para consagrarse a obras de celo, educar a los parvulitos, reunirlos para enseñarles las oraciones y el catecismo, visitar y socorrer a los pobres y enfermos, entrar en los talleres y lugares de trabajo para combatir la blasfemia. Era como un bosquejo de la obra anunciada por la visión. La acción de la naciente Sociedad se dejó pronto sentir; un renuevo de vida cristiana floreció en Desenzano y en toda la región. Ángela se trocó entonces en persona veneranda; venían a visitarla, a recibir sus consejos y encomendarse a sus oraciones. Sin embargo, la visión había hablado de Brescia: en efecto, en dicha población había decidido la Providencia poner las bases de la futura Congregación. Había por entonces en Brescia una familia rica, los Pentagola, grandes bienhechores de toda buena obra, de las iglesias y de los monasterios, que iban cada año a pasar los meses de verano en su casa de campo de Patengo, aldea próxima a Desenzano. Habiendo conocido las virtudes y los méritos de Ángela, pronto fueron amigos y protectores de su naciente Sociedad. Aconteció en 1516 que los Pentagola, recién llegados a Brescia, tras una estancia de cuatro meses en Patengo, perdieron por muertes súbitas y seguidas a sus dos hijos. Abrumados de pena acuden a la caridad de Ángela y le ruegan los . . vaya a consolar. Obedeciendo a sus superiores espirituales, que le mandan acceder a la súplica, Ángela toma las providencias que juzga necesarias para asegurar durante su ausencia el buen funcionamiento de su pequeña Sociedad de Desenzano, y sale para Brescia, en donde van a cumplirse las divinas promesas. En Brescia. Peregrinaciones a Jerusalén y a Roma Brescia acababa de sufrir el triste azote de la guerra que durante veinte años desoló a Italia, y particularmente al Milanesado y al Véneto. En medio de tal desolación, Ángela aparece en verdad como el ángel de Dios. Predica a todos la conversión y reforma de vida. Su pobre celda, cerca de la iglesia de San Bernabé, puede apenas contener a los que desean verla; aquello parece una Universidad, pues entre otras gracias sobrenaturales, Ángela ha recibido el don de la ciencia infusa; habla latín sin haberlo estudiado nunca; explica los puntos más difíciles de las Sagradas Escrituras y trata los asuntos teológicos con tan grande precisión, que los más graves doctores acuden a sus consejos de vidente. Un estudiante de la Universidad de Padua, fue a Brescia para cerciorarse de cuanto se decía de la sierva de Dios. Presentóse magníficamente vestido, con bonete encarnado de doctor, y en él la pluma vistosa y larga que imponía la moda de aquella época. -- Estudio -le dijo- con gran deseo de llegar a ser sacerdote, y anhelo saber si es ésta, efectivamente, la voluntad de Dios. -- Tiene usted que mejorarse mucho -le respondió ella- antes de abrazar un estado que pide sencillez y modestia, pues me parece que está muy inclinado a la vanidad. El joven, confundido, confesó su equivocación y comenzó con denuedo la reforma de su vida. Consiguió también Ángela reconciliar personajes de la aristocracia que hacía largo tiempo se profesaban un odio mortal; este hecho tuvo una resonancia considerable. El duque de Milán, Francisco Sforza, encantado de la sabiduría de sus consejos, la llamaba su «madre espiritual» y procuraba retenerla a su lado. Aunque Ángela nada haya manifestado de sus tentaciones, no se puede dudar que el demonio, ante tanta santidad, redoblaría sus esfuerzos para inducirla a vanidad, valiéndose de las astucias propias del espíritu maligno. Se sabe de cierto, que un día el demonio se le presentó en forma de ángel de luz y le dirigió palabras de alabanza. Ángela advirtió el engaño; un ángel que adula, no puede ser más que un demonio. «Retírate -le dijo-, tú eres el espíritu de la mentira. No soy más que una pecadora indigna de ser visitada por los ángeles del cielo». En el mes de mayo de 1524, Ángela emprendió con uno de sus primos, Biancosi, y un rico gentilhombre bresciano, la peregrinación a Tierra Santa; pero, al desembarcar en Candía, perdió de repente la vista. No obstante, resolvió seguir el viaje. Al llegar a la santa colina del Calvario renovó sus votos, y en la iglesia del Santo Sepulcro recibió nuevas luces acerca de su misión. A la vuelta, como el navío hiciera escala nuevamente en Candía, Ángela fue conducida a una iglesia donde se veneraba un Santo Cristo milagroso. Púsose después de haberse salvado milagrosamente de una terrible tempestad, y haberse podido librar de la persecución de los piratas berberiscos. Apenas desembarcaron en Venecia, la sierva de Dios fue objeto de la admiración de todas las gentes; las autoridades civiles y religiosas le ofrecieron la dirección de los hospitales. Ella lo rehusó muy agradecida y, viendo lo que hacían para retenerla, huyó en secreto y se encaminó a Brescia. Al año siguiente fue a Roma para ganar el jubileo. Al entrar en la basílica de San Pedro encontró a un camarero del Papa, que había sido compañero suyo de viaje al regresar de Tierra Santa, el cual la presentó al Sumo Pontífice. Sabedor de las maravillas debidas a la santidad de esta humilde mujer, Clemente VII hubiera querido que fijase su residencia en Roma, para ponerla al frente de las casas de caridad; pero Ángela le dio a conocer su visión de Brudazzo y la misión que de Dios había recibido. El Papa la escuchó y bendijo la fidelidad que ponía para seguir el divino llamamiento. Fundación de las Ursulinas Cinco años han de pasar antes de que la fundadora ponga las bases de su Instituto. La guerra ha vuelto a Italia, por la histórica rivalidad de Francisco I y Carlos V. En 1529, Brescia es de nuevo atacada; sus habitantes buscan refugio en Cremona y no vuelven hasta que se firma la paz, por Navidad del mismo año. La Providencia interviene al fin, y Nuestro Señor en persona ordena a Ángela que ponga manos a la obra sin más pérdida de tiempo. Nuestra Santa escoge entonces doce jóvenes de Brescia, y les propone, de parte del divino Maestro, llevar una vida retirada en sus respectivas casas; luego, en sucesivas reuniones las instruye en el amor y práctica de la pureza, mortificación, obediencia, pobreza y en la perfecta caridad. Hacia el fin del año 1533 sus hijas espirituales son veintiocho, y las reúne todos los días. Les hace ver los males de la Iglesia: pues Inglaterra es arrastrada al cisma por su rey; Lombardía amenazada por el protestantismo que destroza a Alemania, y en todas partes la ignorancia religiosa trae males sin cuento; a la vez, les pone de relieve el bien que puede producir en el mundo la fundación de un grupo de religiosas que sepan hermanar la vida activa con la contemplativa. Las primeras religiosas de este Instituto emitieron los votos el 25 de noviembre de 1535 en Brescia, en la iglesia de Santa Afra: eran veintisiete; un mes después su número llegaba a sesenta; a los tres votos de religión añadían el de consagrarse a la enseñanza. Ángela no quiso que se diera su nombre al nuevo Instituto: lo puso bajo la protección de Santa Úrsula, la virgen mártir de Colonia, que se le había aparecido tres veces para guiarla y animarla, y a quien las Universidades de la Edad Media habían escogido ya como patrona de la juventud y de los estudios. -- Formaremos -decía-Compañía de Santa Úrsu... Ella será vuestra patrona y la mía. Trabajaremos bajo su estandarte por la propagación de la fe y la extinción del vicio y del error; instruiremos en la santa doctrina de Jesucristo a las personas de nuestro sexo. Y, repartiéndose los barrios de la ciudad, comenzaron diligentes su labor bienhechora. La Regla recibió la primera aprobación del cardenal Cornaro, obispo de Brescia, el 8 de agosto de 1536. Las Constituciones recibieron la primera aprobación de Paulo III, en 1544. En ese mismo año la Compañía adoptó la Regla de San Agustín. El movimiento se tomó con gran entusiasmo y se propagó rápidamente por Italia, Alemania y Francia. En pocos años la Orden contó muchas casas. Ángela, Superiora General. Su muerte Algunos meses más tarde, el 18 de marzo de 1537, se reunía el primer Capítulo general, y la Hermana Ángela, a pesar de todas sus instancias, fue elegida Superiora General de la Compañía. Continuó durante tres años instruyendo, guiando y, sobre todo, edificando a sus primeras hijas, cuyo número iba aumentando rápidamente. Cayó enferma al principio de enero de 1540, y, habiendo reunido a sus hijas apenadas y entristecidas alrededor de su lecho, les dio sus últimas instrucciones. Luego recibió los santos sacramentos «con angélica devoción», cerró los ojos y entregó suavemente su alma a Dios, el 28 de enero de 1540, musitando sus labios el santo nombre de Jesús. Ángela iba a cumplir sesenta y siete años. Su cuerpo fue llevado con gran pompa y solemnidad a la catedral de Santa Afra, donde estuvo expuesto durante un mes. Los prodigios se manifestaron muy pronto ante el sepulcro de la «virgen de Brescia», y la iglesia llegó a ser pronto un centro de peregrinaciones. Clemente XIII aprobó, el 30 de abril de 1768, el culto que el pueblo daba espontáneamente a la sierva de Dios. En 1790, el papa Pío VI iba a proceder a su canonización, mas la Revolución francesa se lo impidió, y Pío VII la canonizó el 24 de mayo de 1807. Desarrollo y extensión del Instituto Santa Ángela no había hecho más que poner los primeros fundamentos de la obra que Dios le había ordenado establecer, y que debía extenderse por el mundo entero con maravillosa rapidez. Las hijas de Santa Ángela se dedicaron, sobre todo, a formar el corazón de la infancia en los principios de la vida cristiana, y a reformar de esta suerte la sociedad corrompida por la doctrina luterana. En pocos años tomaron tal desarrollo, aun en las comarcas más lejanas, que se vio verdaderamente que la obra correspondía a los designios de la Providencia, y que, si el hombre planta y riega, sólo Dios da el crecimiento. Por todas partes reclamaban a las hijas de Ángela, y todos deseaban procurar a la infancia maestras tan prácticas y experimentadas en el arte de la Pedagogía. La Compañía de Santa Úrsula fue aprobada por la Santa Sede el 9 de junio de 1544. Las comunidades de Santa Úrsula eran independientes entre sí; pero un deseo general de unión se manifestó en el seno de la Orden a fines del siglo XIX. De aquí nació «La Unión romana de las Ursulinas», realizada por el papa Pío X, por un decreto del 14 de septiembre de 1903. [Santa Ángela de Méri, enEl Santo de cada, tomo III. Zaragoza, Editorial Luis Vives, 1947, pp. 311-319]
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