JESÚS, Francisca de (1498-1557)
Isabel de Borja, nombre de pila de la monja clarisa sor Francisca de Jesús, nació en Gandía (Valencia) el 5 de enero de 1498. Sus padres fueron Juan de Borja, II Duque de Gandía, y María Enríquez de Luna, que tuvieron dos hijos: nuestra Isabel y Juan, III Duque de Gandía, el padre de san Francisco de Borja y de otros muchos hijos. En sus primeros años recibió una sólida formación humanística; aprendió latín y manejaba los clásicos, la Biblia y los Santos Padres. Cuando estaba ya concertado su matrimonio con el primogénito de los Duques de Segorbe, acertó a entrar a edad temprana en el Monasterio de las Descalzas de Gandía (Valencia), fundado por doce discípulas de santa Coleta, la reformadora de las clarisas, del que ya no quiso salir, vistiendo luego el hábito en 1511 y profesando al año siguiente. Brilló por sus virtudes. Era de conversación agradable, compuesta y amable en sus acciones, consejera discreta, paciente en los trabajos y de un corazón magnánimo. Se distinguió por su acendrada devoción al Sagrado Corazón de Jesús. La madre Francisca de Jesús fue elegida abadesa de Santa Clara de Gandía en 1533, y gobernó sabia y santamente su monasterio hasta que, en 1548, renunció al cargo para poder hacer fundaciones lejos de su entorno familiar. Tuvo la satisfacción de ver religiosas de su monasterio de Gandía a su propia madre, sor María Gabriela, y a cinco sobrinas, hijas de su hermano Juan III de Borja, hermanas por tanto de san Francisco de Borja. Liberada de su servicio como abadesa, salió a fundar algunos monasterios, y mientras trabajaba en la fundación del de las Descalzas Reales de Madrid, le sorprendió la muerte en Valladolid el 28 de octubre de 1557, siendo enterrada en el mismo sepulcro en que siete años antes lo había sido el P. Juan de Tejeda. Escribió algunas cartas y, además, compuso unas Exhortaciones espirituales, dirigidas a sus religiosas, que fueron impresas en Madrid el año 1616 con la Historia de la Fundación de las Descalzas Reales. Otro opúsculo suyo, publicado recientemente con los Tratados espirituales de san Francisco de Borja (Barcelona 1964), es: De la imagen de Dios borrada, que es el alma del pecador.
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