ESTELLA, Diego de (1524-1578)
Franciscano, predicador incansable y maestro de predicadores, autor de obras teológicas y espirituales que ejercieron gran influencia. Diego de San Cristóbal, más conocido como Diego de Estella, nació en Estella (Navarra) el año 1524, de familia noble. Estudió en Toulouse (Francia) y en Salamanca, en cuyo convento de San Francisco, perteneciente a la Provincia de Santiago, tomó el hábito franciscano. A principios de 1552 marchó a Portugal en la comitiva de la infanta Dña. Juana, como predicador, y regresó a España dos años después. A partir de 1560 ó 1561 residió en Madrid como predicador de la corte de Felipe II. De 1565 a 1567 se vio envuelto en un proceso dentro de la Orden a causa de sus acusaciones contra el también franciscano P. Fresneda, obispo de Cuenca y confesor del rey. El P. Estella fue obligado a retirarse al convento de Salamanca. Desde allí, llevado de su carácter impetuoso, envió a Roma nuevas acusaciones falseando firmas; descubierto el fraude, fue procesado y condenado a recluirse en el convento de Toro. En el proceso el P. Estella pidió humildemente perdón a quienes había ofendido. Rehabilitado, en 1573 volvió a Salamanca y desarrolló una gran actividad apostólica y literaria. En los años 1575 y 1578 fue procesado por la Inquisición de Sevilla que decomisó sus Enarrationes. Murió en Salamanca el 1 de agosto de 1578. Durante su estancia en Portugal escribió una Vida de San Juan Evangelista (Lisboa 1554), y en 1576 publicó en Salamanca un tratado de oratoria, el Modus concionandi, al que van anejas unas predicaciones cuaresmales (Explanatio in Psal. 136)
Las Enarrationes sobre el Evangelio de san Lucas (Salamanca 1574-75, y Alcalá 1577-78), donde se encuentran expresiones imprecisas, le causaron un largo pleito con la Inquisición. Pero las obras que le ganaron fama universal, con muchas traducciones (incluso al árabe) e incontables ediciones, y que contienen el núcleo de su doctrina espiritual, son el Libro de la Vanidad del mundo (Toledo 1562; refundido y ampliado, Salamanca 1574) y las Meditaciones devotísimas del amor de Dios (Salamanca 1576), la primera más austera y ascética, la segunda más afectiva y mística. El P. Estella no elaboró un sistema acabado de pensamiento. Dentro de la corriente ascética cristiana, se sitúa en el marco del pensamiento espiritual franciscano: simplicidad, voluntarismo afectivo, espíritu renovador, tierna devoción al Verbo encarnado y a su Madre, teología del bien y de la caridad, etc. Sus escritos ponen de manifiesto la buena formación teológica y humanista del P. Estella, así como su vasta cultura y su conocimiento de la lengua castellana.
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