BASÍLICA DE SANTA CLARA (SAN JORGE)
por Fernando Uribe, o.f.m.
Historia de la Basílica En el sitio donde hoy se levanta la Basílica de Santa Clara estaba ubicada la iglesia de San Jorge y, a su lado, un hospital para pobres. A comienzos del siglo XIII, estas dos edificaciones se encontraban fuera de los muros de la ciudad, muy cerca de la puerta sur (hoy «Arco dei Pucci»), al lado del camino que conducía a Spello y a los poblados del sur. La iglesia de San Jorge había sido construida en el siglo XI, pero sólo se tienen noticias escritas de ella a partir del año 1125. Esta iglesia estuvo muy ligada a la vida de Francisco por un cuádruple motivo: 1. Fue allí donde aprendió a leer y a escribir, puesto que en ella funcionaba la escuela canonical de Asís entre fines del siglo XII y comienzos del XIII. Durante esa época, la iglesia de Santa María Mayor estaba en reconstrucción después del incendio sufrido, y San Rufino en construcción. 2. En ella ejerció varias veces el ministerio de la predicación y, como lo recuerda Tomás de Celano, fue allí donde hizo su primera predicación. 3. Su cuerpo permaneció sepultado allí durante cuatro años (1226-1230), en un sarcófago de piedra colocado debajo del altar. 4. El 16 de julio de 1228, el papa Gregorio IX proclamó solemnemente en ella la canonización del bienaventurado Francisco. De la iglesia de San Jorge hoy no quedan más que algunos restos, especialmente el muro sur de las capillas laterales (la de la reserva eucarística y la de las reliquias), pues la antigua edificación hubo de dar paso a la construcción de la iglesia dedicada a Santa Clara y del monasterio para las hermanas que habitaban en San Damián, las cuales intercambiaron su antigua morada con el Capítulo de la Catedral por el hospital y la iglesia de San Jorge. Los trabajos de la construcción de la actual basílica de Santa Clara se iniciaron en 1257 bajo la dirección de fray Felipe de Campello. Tres años después la obra estaba terminada en sus elementos esenciales, de tal manera que el 3 de octubre de 1260 fueron trasladados los restos de santa Clara a la iglesia construida en su honor y colocados en un sarcófago debajo del altar mayor. El papa Clemente IV consagró solemnemente esta iglesia en 1265. A comienzos del siglo XIV se construyó la capilla de Santa Inés, y a fines del mismo siglo se añadieron los contrafuertes laterales. El cuerpo de santa Clara permaneció durante siete años en el mismo lugar donde había sido sepultado el de san Francisco. En 1260 fue colocado debajo del altar mayor y allí permaneció durante casi seis siglos, hasta el 23 de septiembre de 1850, cuando fue descubierto, incorrupto, después de ocho noches de trabajos. En la cripta se puede ver todavía hoy el lugar exacto de su sepulcro. Una vez concluida la construcción de la cripta neogótica en 1872, el cuerpo incorrupto de la santa ha permanecido expuesto a la veneración del público en una urna de bronce dorado que desde comienzos de 1988 ha sido cambiada por otra más sencilla y segura, después de que el rostro y las manos de la santa fueron cubiertos de cera. Descripción En la Basílica de Santa Clara se combinan los estilos románico y gótico. Sus muros exteriores se caracterizan por las franjas horizontales de piedras rojizas y blancas. Los grandes contrafuertes laterales abiertos en arcos botales la hacen agradable y a la vez le dan una nota característica. La fachada está dividida en tres zonas por dos cornisas simples y contiene los elementos arquitectónicos estrictamente necesarios: una puerta de entrada rodeada de un arco simple escoltada por dos animales simbólicos (zona inferior), un rosetón doble de finísimos radios (zona intermedia), y el ojo o tragaluz que perfora el triángulo superior. La torre da al conjunto un toque de armonía y elegancia gracias a sus buenas proporciones de volumen y altura (es la más alta de Asís)
Su interior es de nave única con transepto y un ábside poligonal. Es espaciosa, austera y un tanto oscura. El altar mayor está sostenido sobre doce columnas que rematan en capiteles góticos; fue construido en el siglo XIV y el cancel que lo rodea fue colocado en el siglo XVIII. Sobre el altar pende un gran crucifijo pintado sobre madera entre 1255 y 1260 por orden de la abadesa Benedetta, la cual aparece a los pies del mismo, junto a san Francisco y santa Clara. Es atribuido al llamado «Maestro de la señora Benedetta», recientemente identificado como Benvenuto Benveni de Foliño. En el ábside hay pintados varios personajes en relación con el crucifijo: la Virgen, san Juan; santa Clara, san Francisco y la abadesa Benedetta (sucesora de santa Clara y fallecida en 1260)
Sobre el altar, en el cruce del transepto, se pueden observar ocho figuras de santas atribuidas a un discípulo de Giotto. Varias paredes de la iglesia estaban decoradas con frescos multicolores hasta el siglo XVII, cuando fueron tapados con cal como consecuencia de las epidemias. De estos frescos hoy no quedan más que algunos fragmentos de escenas bíblicas, la más interesante de las cuales es indudablemente la Natividad (lado izquierdo); en el brazo derecho aparece representada la muerte y los funerales de santa Clara. En todos estos frescos se nota el estilo de los pintores florentinos y de algunos pintores de Siena, todos del siglo XIV. En el transepto derecho se encuentra también un retablo que representa a santa Clara y ocho escenas de su vida (véase la imagen al final de esta página web)
Esta obra tiene un gran interés iconográfico, pues fue hecha 30 años después de la muerte de la santa, o sea en 1283, aunque sufrió varios retoques en el siglo XVII. Se desconoce su autor, pero algunos dicen que es Benvenuto Benveni, el mismo que pintó el crucifijo del altar central. La capilla de la reserva eucarística está adornada con varios frescos, casi todos del siglo XIV, entre los cuales sobresale un políptico de la Virgen con el Niño, santa Clara, san Juan Bautista, san Miguel y san Francisco, atribuido a Stefano Fiorentino, discípulo de Giotto. En la capilla de las reliquias se conserva el auténtico crucifijo de San Damián, transportado a este lugar por las hermanas clarisas cuando abandonaron el convento de San Damián. Es una pintura en madera de fuerte influjo bizantino, cuyo origen se remonta al siglo XII. Se desconoce su autor, pero se pueden descubrir en él las características de los crucifijos umbros, más concretamente de la escuela espoletana de Alberto Sozio. Su mayor interés reside, más que en su aspecto artístico, en su valor histórico, dado que aparece estrechamente ligado al proceso inicial de la conversión de san Francisco: su encuentro con el Crucificado y su misión en el mundo. Ante este crucifijo Francisco rezó muchas veces la corta y densa oración que hoy conservamos como uno de sus escritos más antiguos. En la misma capilla de las reliquias, al frente del crucifijo, se conservan varios objetos valiosos por su significado, como el breviario que usaba Francisco con las anotaciones hechas por su compañero León, el alba confeccionada por santa Clara, las túnicas de Francisco y de Clara, y otros. Acontecimientos franciscanos y actualización -- Desde el momento en que el sacerdote de la Porciúncula le explicó el Evangelio a Francisco, éste «comenzó a predicar a todos la penitencia con gran fervor de espíritu y gozo de su alma... Y cosa admirable en verdad: comenzó a predicar [en San Jorge] allí donde, siendo niño, aprendió a leer y donde primeramente fue enterrado con todo honor. De este modo, los venturosos comienzos quedaron avalados por un final, sin comparación, más venturoso. Donde aprendió, allí enseñó, y donde comenzó, allí felizmente terminó» (1 Cel 23)
[La iglesia de San Jorge (en el lugar de su emplazamiento se encuentra hoy la capilla del Santísimo Sacramento de la basílica de Santa Clara) se hallaba a pocos pasos de la casa de Bernardone; en ella había una escuela presbiterial que frecuentó Francisco; santa Clara le escuchó predicar en ella; y fue también allí donde en 1228 se desarrollaron las ceremonias de la canonización de Francisco]. -- Los componentes del cortejo fúnebre que trasladaba el cadáver de san Francisco de la Porciúncula a la ciudad de Asís, «llegados por fin, radiantes de júbilo, a la ciudad, depositaron con toda reverencia el precioso tesoro que llevaban en la iglesia de San Jorge. éste era precisamente el lugar en que siendo niño aprendió las primeras letras y donde más tarde comenzó su predicación; aquí mismo, finalmente, encontró su primer lugar de descanso» (LM 15,5)
[Francisco fue enterrado provisionalmente en la iglesia de San Jorge, en donde tiempo atrás había aprendido a leer. Esta iglesia se convirtió en anejo de la basílica de Santa Clara el día en que (a. 1260), por motivos de seguridad, las clarisas tuvieron que abandonar San Damián y establecerse dentro de las murallas de Asís]. -- También el cadáver de santa Clara fue trasladado para su entierro, de San Damián, a la iglesia de San Jorge. Así lo refiere la Leyenda de la Santa: «A continuación, los cardenales presbíteros, con devota deferencia, rodean el santo cadáver de Clara y, en torno al cuerpo de la virgen, terminan los oficios de ritual. Al final, considerando que ni es seguro ni conveniente que tan inestimable tesoro quede a trasmano de los ciudadanos, en medio de himnos y cánticos, entre sones de trompeta y júbilo extraordinario, la levantan y la conducen con todo honor a San Jorge. éste es el mismo lugar donde el cuerpo del santo padre Francisco había sido enterrado primeramente, como si quien le había trazado mientras vivía el camino de la vida, le hubiese preparado como por presagio el lugar de descanso para cuando muriera» (LCl 48)
-- La presencia en este lugar del cuerpo venerable de santa Clara da pie para muchas reflexiones sobre el valor de esta mujer admirable y sobre su sólida espiritualidad. Pero sobre todo vale la pena profundizar sobre el significado que tiene la mujer en la vida franciscana, el papel que jugó Clara en la vida de Francisco, el alcance y dimensiones de la profunda amistad que los unió. Es una buena oportunidad para revisar con sinceridad y valentía el sentido que nosotros tenemos de la mujer, nuestro comportamiento hacia ella, la solidaridad y comunión con la misma para llevar a la práctica de una manera más profunda, equilibrada y completa el Evangelio siguiendo las huellas de Jesús y de nuestros Fundadores. [Fernando Uribe, O.F.M., Por los caminos de Francisco de Asís. Notas para el itinerario por los lugares franciscanos. Oñate (Guipúzcoa), Ed. Franciscana Aránzazu, 1990, pp. 58-62]
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