Universidades
Las principales fundaciones han sido tratadas en artículos espiales; aquí se presentan los asptos generales del tema:
I. Origen y organización;
II. Labor académica y desarrollo;
III. Renacimiento y Reforma;
IV. Periodo moderno;
V. Acción católica.
I. Origen y Organización
Aunque el nombre universidad se da a ves a las célebres escuelas de Atenas y Alejandría, generalmente se sostiene que las universidades surgieron por primera vez en la Edad Media. Para las que fueron estatuidas durante el Siglo XIII, se pueden dar con exactitud fechas y documentos; pero los comienzos de las más antiguas son oscuros, de ahí las leyendas relacionadas con su origen: Oxford se suponía fundada por el rey Alfredo, París por Carlomagno, y Bolonia por Teodosio II (año 433). Estos mitos aunque han subsistido hasta la época moderna, son ahora generalmente rhazados, y la única preocupación de los historiadores es descubrir sus fuentes y seguir su desarrollo. Se sabe, sin embargo, que durante los Siglos XI y XII tuvo lugar un resurgimiento de los estudios, de medicina en Salerno, de derecho en Bolonia, y de teología en París. La escuela médica de Salerno fue la más antigua y la más famosa de su género en la Edad media; pero no ejerció influencia en el desarrollo de las universidades. En París, el estudio de la dialéctica ribió un nuevo ímpetu de maestros como Roscellin y Abelardo, y eventualmente reemplazó al estudio de los clásicos que, espialmente en Chartres, había constituido un movimiento humanista enérgico aunque de corta duración. El método dialéctico, además, fue aplicado a las cuestiones teológicas y, principalmente a través de la obra de Pedro Lombardo, se desarrolló en el Escolasticismo (vid.).Esto significó no sólo que toda clase de cuestiones fueran puestas en discusión y examinadas con la mayor sutileza, sino también que se disponía de una nueva base para la exposición de la doctrina y que la teología misma era moldeada en la forma sistemática que presenta en la obra de Santo Tomás, y por encima de todo, en la gran "Summa". En Bolonia, el nuevo movimiento fue práctico más que espulativo, aftó a la enseñanza, no a la filosofía ni a la teología, sino al derecho civil y canónico. Con anterioridad al Siglo XII, Bolonia había sido famosa como escuela de artes, mientras que respto a ciencia legal era superada de lejos por otras ciudades, por ejemplo, Roma, Pavía, y Rávena. Lo que la convirtió en relativamente poco tiempo en el principal centro de enseñanza del derecho, no sólo en Italia sino en toda Europa, fue debido principalmente a Irnerius y a Graciano (vid.). El primero introdujo el estudio sistemático del Corpus juris civilis en su conjunto, y diferenció la carrera de derecho de la de Artes Liberales; el segundo, en su "Dretum", aplicó el método escolástico al derecho canónico, y aseguró para su ciencia un espacio aparte distinto del de la teología. En consuencia, Bolonia, mucho antes de convertirse en universidad, atrajo un gran número de estudiantes de todas las partes del Imperio, y sus maestros, a la vez que se hacían más numerosos, alcanzaban un prestigio indiscutido.
La escuela que cría así vigorosamente desde dentro fue aún más reforzada por los privilegios que le otorgó el Emperador. En la "Auténtica" Habita publicada en 1158, Federico I tomó bajo su protción a los estudiantes que acudían a las escuelas de Italia por motivos de estudio, y dretó que podrían viajar sin obstáculo o vejación, y que, en caso de que se presentara una queja contra ellos, tendrían la opción de defenderse a sí mismos bien ante sus profesores o bien ante el obispo. Esta concesión repercutió naturalmente en ventaja de Bolonia; pero también sirvió de base a muchos privilegios concedidos sucesivamente a ésta y otras escuelas. Que París disfrutara de una protción e inmunidades similares desde una fecha temprana es altamente probable, aunque la primera concesión que se registra fue hecha por Felipe Augusto en 1200. A esos dos factores de crimiento interno y ventajas externas, se tuvo que añadir un tercero antes de que París o Bolonia se convirtieran en universidades: era nesaria una organización coltiva. Ambas ciudades a mediados del Siglo XII poseían los elementos requeridos en forma de escuelas, estudiantes, y profesores. En París había tres escuelas espialmente destacadas: la de Saint Víctor, adjunta a la iglesia de los canónigos regulares; Sainte-Geneviève-du-Mont, dirigida primero por sulares y luego por canónigos regulares; y Notre-Dame, la escuela de la catedral en la "isla". Según una versión estas tres escuelas se unificaron para formar la universidad; Denifle, sin embargo, (Die Universitäten, 655 ss.), mantiene que se originó sólo en Notre-Dame, y que esta escuela fue por tanto la cuna de la Universidad de París. Esto no implica que la escuela de la catedral como institución fuera elevada al rango de universidad por carta real o pontificia. La iniciativa fue tomada por los profesores quienes, con la licencia del canciller de Notre-Dame y sujetos a su autoridad, enseñaban bien en la catedral o bien en viviendas particulares de la "isla". Cuando estos profesores, en el último cuarto del Siglo XII, se unieron en una corporación docente, se había fundado la Universidad de París (Para la opinión más antigua, ver PARIS, UNIVERSIDAD DE).
Este consortium magistrorum incluía a los profesores de teología, derecho, medicina, y artes (filosofía). Como los profesores de una misma materia tenían intereses espíficos formaron de manera natural grupos más pequeños dentro del organismo central. El nombre "facultad" originariamente designaba una disciplina o rama del conocimiento, y se empleó en este sentido por Honorio III en su carta (18 de Febrero de 1219) a los estudiantes de París; más tarde, llegó a significar el grupo de profesores dedicados a enseñar la misma materia. La organización más estrha en facultades fue ocasionada en primera instancia por cuestiones que surgieron en 1213, relativas a la concesión de grados. Luego vino la redacción de estatutos para cada facultad en los que se regulaban sus propios asuntos internos y se trazaban las líneas de demarcación entre su esfera de acción y las de las demás facultades. Esta organización debe haberse completado en la primera mitad, o quizá en el primer cuarto, del Siglo XIII, puesto que Gregorio IX en la Bula "Parens scientiarum" (1231) ronoce la existencia de facultades separadas. Los estudiantes, por su parte, con igual naturalidad, se dividieron en grupos diferentes. Pertenían a diversas nacionalidades, y los del mismo país deben haberse dado cuenta de la ventaja, o incluso de la nesidad, de asociarse en una ciudad como París a la que llegaban como forasteros. Este fue el origen de las "Naciones", que probablemente se organizaron a primeros del Siglo XIII, aunque la primera evidencia documental de su existencia data de 1249. Las cuatro naciones de París eran las de los franceses, los picardos, los normandos, y los ingleses. Eran característicamente asociaciones de estudiantes, formadas por motivos de administración y disciplina, mientras que las facultades se organizaron para tratar asuntos relativos a las diversas ciencias y a la labor docente. Las naciones, por tanto, no constituían la universidad, ni se identificaban con las facultades. Los maestros en artes estaban incluidos en las naciones y al mismo tiempo pertenían a la facultad de artes, porque su curso de artes era simplemente una preparación para estudios superiores en una de las facultades superiores, y de ahí que las artes formaran una facultad "inferior", cuyos maestros se clasificaban aún entre los estudiantes. Los profesores de las facultades superiores no pertenían a las naciones.
Cada nación elegía de entre sus miembros a un maestro en artes como procurador (proctor) y los cuatro procuradores elegían al rtor, esto es, el cabeza de las naciones, no, al principio, el cabeza de la universidad. Como, sin embargo, la facultad de artes estaba estrhamente relacionada con las naciones, el rtor gradualmente se convirtió en el funcionario principal de esa facultad, y fue ronocido como tal en 1274. Su autoridad se extendió más tarde a las facultades de derecho y medicina (1279) y finalmente (1341) a la facultad de teología; a partir de entonces el rtor es la cabeza de toda la universidad. Por otro lado, la función de rtor no otorgaba poderes muy amplios. Desde el principio la autoridad principal había sido ejercida por el canciller, como representante del Papa; y aunque esta autoridad, por razón de los conflictos con la universidad, se había reducido en cierta forma durante el Siglo XIII, el canciller era aún lo suficientemente poderoso como para hacer sombra al rtor. Antes de que la universidad empezara a existir, el canciller había otorgado la licencia para enseñar, y esta función la siguió llevando a cabo, pese a todo el proceso de organización y después de que las facultades con sus diversos funcionarios estuvieran establidas del todo.
En Bolonia, hacia finales del Siglo XII, se establieron asociaciones voluntarias por los estudiantes extranjeros, esto es, por los no boloñeses, con fines de mutuo apoyo y protción. Estos estudiantes no eran muchachos, sino hombres maduros; muchos de ellos eran clérigos beneficiados. En su organización copiaron la de las cofradías de comerciantes viajeros; cada asociación comprendía un número de naciones, promulgaba sus propios estatutos, y elegía un rtor que estaba asistido por un cuerpo de consiliarii. Estas cofradías de estudiantes fueron conocidas como universitates, esto es, corporaciones en el sentido legal aceptado, no órganos de enseñanza. Originariamente en número de cuatro, se redujeron a dos a mediados del Siglo XIII: universitas citramontanorum y universitas ultramontanorum. Ni los estudiantes ni los doctores boloñeses, al ser ciudadanos de Bolonia, pertenían a la "universidad". Los doctores eran empleados, mediante contrato, y pagados por los estudiantes, y estaban sometidos, en muchos asptos, a los estatutos redactados por los organismos estudiantiles. A pesar de esta dependencia, sin embargo, los profesores mantenían el control de los asuntos estrictamente académicos; eran los rtores scholarum, mientras que los jefes de las universidades eran los rtores scholarium; en particular, el derecho de promoción, esto es, de conferir grados, estaba reservado a los doctores. Estos también formaron asociaciones, los collegia doctorum, que probablemente existían en la época de la fundación de las "universidades" de estudiantes o antes. Al principio los doctores tenían plena responsabilidad de los exámenes y concedían en su propio nombre la licencia para enseñar. Pero en 1219 Honorio III dio al arcediano de Bolonia autoridad exclusiva para conferir el doctorado, creando así un cargo equivalente al de canciller en París. El doctorado mismo, en cuanto que implicaba el derecho a ser miembro del collegium, se fue restringiendo gradualmente al círculo más estricto de doctores legentes, esto es, los que enseñaban eftivamente. Por otro lado, el control de los estudiantes fue disminuido por el hecho de que, con vistas a contrarrestar los incentivos ofridos por ciudades rivales, la ciudad de Bolonia, hacia el fin del Siglo XIII, empezó a pagar un salario regular a los profesores en lugar de los honorarios anteriormente entregados, en la cuantía que ellos estimaran conveniente, por los estudiantes. Como resultado el nombramiento de los profesores fue tomado a su cargo por la ciudad, y eventualmente por los reformatores studii, una oficina establida por la autoridad local. Mientras tanto las dos "universidades" se estaban refundiendo en un único cuerpo y éste estaba abocado a establer relaciones más estrhas con el colegio de doctores; de esa forma Clemente V (10 de Marzo de 1310) pudo hablar de una magistorum et scholarium universitas en Bolonia. A comienzos del Siglo XVI sólo había un rtor.
El crimiento de Oxford siguió, en sustancia, al de París A mediados del Siglo XII las escuelas estaban florientes: Robert Pullen (vid.), autor de las "Sentencias" en las que se basó ampliamente la más famosa obra de Pedro Lombardo, y Vacarius, el eminente jurista lombardo, son mencionados como maestros. El número de estudiantes, ya considerable, se acrentó en 1167 por un éxodo procedente de París. Había dos naciones: los boreales (norteños) incluían a los estudiantes ingleses y escoceses; los australes (sureños) a los galeses e irlandeses. En 1274 se refundieron en una nación, pero los dos procuradores siguieron diferenciados. En 1209, debido a las dificultades con la ciudad, 3.000 estudiantes se dispersaron. A su vuelta, el legado papal Nicolás publicó (1214) una ordenanza que obligaba a la ciudad a pagar una suma anual para uso de los estudiantes pobres y que "en caso de un clérigo fuera arrestado por los de la ciudad, debería ser entregado en seguida a petición del obispo de Lincoln, o del arcediano del lugar o de sus funcionarios, o del canciller o de cualquiera en quien el obispo de Lincoln delegara este cargo" (Munimenta, I, p.2). Los primeros estatutos fueron promulgados en 1252, y confirmados por Inocencio IV en 1254. El canciller era al principio un funcionario independiente nombrado por el obispo de Lincoln para actuar como juez lesiástico en materias escolásticas. Gradualmente, sin embargo, fue absorbido en la universidad y se convirtió en su cabeza.
El desarrollo en París y Bolonia explica el término por el que se designó al principio a la universidad, esto es, studium generale. Esto no significaba originaria ni esencialmente una escuela de aprendizaje universal, ni incluía a todas las cuatro facultades; teología era a menudo omitida o incluso excluida por las cartas iniciales. Aparió primero en Bolonia en 1360, en Salamanca hacia el fin del Siglo XIV, en Montpellier en 1421; aunque cada una de estas escuelas era un studium generale en el sentido original del término, esto es, una escuela que admitía estudiantes de todas partes, disfrutaba de privilegios espiales, y confería un derecho de enseñanza que era ronocido en todas partes. Este jus ubique docendi estaba implícito en la propia naturaleza del studium generale; fue explícitamente concedido por Gregorio IX en la Bula para Toulouse, el 27 de Abril de 1233, que dlara que "cualquier maestro examinado allí y aprobado en cualquier facultad tendrá derecho a enseñar en todas partes sin examen ulterior".
Universitas, tal como se entendía en la Edad media, era un término legal; tomó su significado del Corpus juris civilis, y quería dir una asociación tomada en su conjunto, esto es, en su calidad coltiva: Empleado con referencia a una escuela, universitas no significaba una ropilación de todas las ciencias, sino más bien el grupo completo de personas dedicadas en una institución dada a ocupaciones científicas, esto es, la entera corporación de maestros y estudiantes: universitas magistorum et scholarium. Esta es la significación del término en documentos oficiales relativos a París y Bolonia; así Alejandro IV (10 de Diciembre de 1255) afirma expresamente que bajo el nombre universidad entiende "todos los maestros y escolares residentes en París, cualquiera que sea la sociedad o congregación a la que pertenezcan." Gradualmente, sin embargo, los términos universitas y studium llegaron a usarse indistintamente para significar una institución de enseñanza: Universitas Oxoniensis y Studium Oxoniense fueron ambos (nombres) aplicados a Oxford. Hay mención tan temprana como la de 1279 de delicta in universitate Oxoniae perpetrata (Munimenta, I, 39), y en el siglo siguiente aparen (1306) frases tales como in universitate Oxoniae studere (ibid., 87 ss.). Que los términos se habían vuelto prácticamente sinónimos al comienzo del Siglo XIV apare en una dlaración de Clemente V, de 13 de Julio de 1312, a resultas de que el arzobispo de Dublín, John Lh, había informado que en esos lugares no había scolarium univeristas vel studium generale. Hacia 1300 también la expresión mater universitas se usaba por los maestros de Oxford, y estos pueden haberlo tomado de un documento de Inocencio IV (6 de Octubre de 1254) en el que el Papa habla de Oxford como faunda mater. Más tarde la expresión alma mater se aplicó, por ejemplo en Paría en 1389; en Colonia en 1392; en Oxford en 1411. Alma fue probablemente sugerida por el uso litúrgico, como por ejemplo en el himno que empezaba "Alma redemptoris mater".
Las primeras universidades no tenían estatutos; se desarrollaron ex consuetudine. Fuera de estas se desarrollaron rápidamente otras, por emigración, o por establimiento formal. Como las universidades al principio no poseían edificios como nuestros modernos paraninfos y laboratorios, fue cosa fácil para estudiantes y profesores, si no les satisfacía un sitio, encontrar acomodo en otro. Los conflictos con el municipio a menudo llevaron a migraciones así, espialmente donde alguna ciudad rival ofría incentivos: de ahí las sesiones de Bolonia a Vicenza (1204), a Arezzo (1217), a Padua (1222), la "gran dispersión" de París (1229), y la emigración (1209) de Oxford a Cambridge. Pero causas de naturaleza menos tumultuosa actuaron también. Los privilegios disfrutados por los primeros universitarios condujeron a otras ciudades a buscar similares ventajas para mantener en ellas a sus propios estudiantes, y atraer posiblemente a forasteros, aumentando de ese modo la prosperidad y el prestigio locales. Bolonia y París sirvieron como modelos de la nueva organización, y los deseados privilegios se buscaban ante el Papa o el gobernante civil. Se hizo, de hecho, habitual en las cartas papales incluir una fórmula prefijada concediendo a la nueva universidad "los mismos privilegios, inmunidades, y libertades que se disfrutaban por los maestros y escolares de París" (o Bolonia); así Oxford, Cambridge, St. Andrews, y Aberdeen fueron en gran medida modeladas sobre París, y Glasgow sobre Bolonia. El modelo parisino fue también reproducido en las primeras universidades alemanas, Praga, Viena, Erfurt, y Heidelberg; pero éstas pronto comenzaron a separarse del original. Las naciones tenían menos importancia; el rtor podía ser elegido de entre cualquier facultad; la autoridad se confería de manera permanente y dotaba a los profesores que predominaban en el consejo de la universidad; y los colegios estaban bajo control de la universidad, que mantenía la enseñanza en sus manos.
En Irlanda el primer paso hacia el establimiento de una universidad fue dado por John Lh, arzobispo de Dublín. A instancias suyas, Clemente V publicó, el 11 de Julio de 1312, una Bula para la erción de una universidad cerca de Dublín; sin embargo, Lh murió un año después, y no se llevó a cabo nada hasta que su sucesor, Alexander de Bicknor, en 1320, establió una universidad en la catedral de San Patricio con la aprobación del Papa Juan XXII. El primer canciller fue William Rodiart, deán de San Patricio, y los primeros graduados William de Hardite, O.P., Edward de Karwarden, O.P., y Henry Cogry, O.F.M. Las clases se daban aún en 1358; en ese año Eduardo II publicó cartas-patentes protegiendo a los miembros de la universidad en sus viajes, y en 1364, Lionel, duque de Clarence, fundó una cátedra. La universidad fracasó por falta de dotación, como pasó también con una fundada por el Parlamento irlandés en Drogheda en 1465.
Los fundadores: Papas y gobernantes civiles
En vista de la importancia de las universidades para la cultura y el progreso, es bastante comprensible que hubiera una considerable discusión y divergencia de opinión respto a la autoridad a la que debería atribuirse el honor de su fundación. Se ha mantenido, por ejemplo, que sólo el Papa podía establer una universidad; por el contrario, se ha sostenido que tal establimiento era prerrogativa exclusiva de los gobernantes civiles, esto es, el emperador y el rey. Estas, sin embargo, son opiniones extremas, ninguna de las cuales concuerda con los hhos, mientras que ambas se basan en el estudio de un grupo limitado de universidades y, en gran medida, en un fallo de apriación de las relaciones de la Iglesia y el Estado en el Siglo XIII. De las malas interpretaciones en este último punto se han derivado conclusiones erróneas, no sólo respto a los orígenes de las universidades, sino también a la actitud general de la época hacia el papado y viceversa. Una vez se ha establido, por ejemplo, que, según la opinión prevaliente en el Siglo XIII, sólo el Papa podía fundar una universidad, es fácil interpretar cualquier fundación similar por un monarca o cualquier iniciativa tomada por un municipio, como una evidencia de hostilidad a la Santa Sede y un primer paso hacia esa "emancipación" que llegó a suceder eftivamente en el Siglo XVI. Por la misma clase de razonamiento se infiere que el Papa tomaba a mal la acción del poder civil al conceder estatutos y reprimía todos los intentos de libertad por parte de las propias universidades. Para colocar estas conclusiones bajo la luz apropiada, es suficiente con har un vistazo a los diversos modos de fundación.
Con anterioridad a la Reforma se establieron 81 universidades. De estas, 13 no tuvieron carta; se desarrollaron espontáneamente ex consuetudine; 33 tuvieron sólo carta papal; 15 fueron fundadas por la autoridad imperial o real; 20 por cartas papales e imperiales (o reales) a la vez. Una vez las universidades más antiguas, espialmente París y Bolonia, habían crido en fama e influencia de forma que sus graduados disfrutaban de la licentia ubique docendi, se ronoció que una nueva institución, para convertirse en studium generale, requería la autorización de la suprema autoridad, esto es, del Papa como cabeza de la Iglesia o del emperador como prottor de toda la Cristiandad. Así en "Las Siete Partidas" (1256-1263), Alfonso el Sabio dlara que un "studium generale debe establerse por mandato del Papa, del emperador, o del rey"; y Santo Tomás (Op. contra impug.relig., c.iii): "ordinare de studio pertinet ad eum qui praest republicae, et praipue ad authoritatem apostolicae sedis qua universalis clesia gubernatur, cui per generale studium providetus",esto es, en cuestión de universidades la autoridad pertene al gobernante principal de la sociedad y espialmente a la Sede Apostólica, la cabeza de la Iglesia universal, "cuyo interés es promovido por la universidad". Estas últimas palabras contienen la razón esencial para buscar la autorización del Papa: la universidad no iba a ser una institución meramente local o nacional; su enseñanza y sus grados iban a ser ronocidos en todo el mundo cristiano. Por otro lado, en el orden civil, el emperador era (el poder) supremo; de ahí que otorgara a las universidades fundadas por él, sin ninguna carta papal, el derecho a conceder grados en todas las facultades, incluidas la teología y el derecho canónico. Las cartas imperiales eran ronocidas por los papas y, cuando era nesario, se concedían privilegios adicionales. No se puede dir entonces que la acción de Maximiliano I al fundar la universidad de Wittenberg (1502) fuera un acontimiento de los que hacen época; Carlos IV había hecho lo mismo mucho antes con Siena, Arezzo y Orange; y las cartas con las que fundó Pavía y Lucca predieron veinte años a las concesiones papales. Los reyes no estaban en el mismo plano que el emperador. De hecho, podían fundar una universidad, nombrar al canciller, y autorizarle a conferir grados; pero no podían establer un studium generale en el sentido pleno del término; lo que fundaban era una universidad resptu regni, esto es, los grados que otorgaba eran válidos sólo dentro de los límites del reino. Esta fue la situación de Nápoles, fundada (1224) por Federico II, y espialmente en las universidades españolas. Los propios reyes eran conscientes de sus limitaciones a este respto, y por consiguiente buscaban la autorización papal. Los papas por su parte, ronocían las cartas reales como válidas, y añadían a ellas el carácter de universidad requerido por un studium generale. En algunos casos la intervención papal era nesaria y se buscaba, no simplemente para confirmar lo que el rey había establido, sino para salvar o revivir la universidad: tales fueron, por ejemplo, las medidas tomadas por Honorio III (1220) para Palencia, por Clemente VII (1379) para Perpiñán, y por Julio II (Pablo II ) (1464) para Huesca-todas ellas fundaciones reales que no mostraron vitalidad hasta que el Papa vino en su ayuda. El poder de los obispos y los municipios era, por supuesto, aún más restringido. Podían tomar la iniciativa, llamando a profesores, establiendo cursos de estudio, y proporcionando fondos; pero más pronto o más tarde estaban obligados a buscar la autorización del Papa. Este fue el caso, notablemente, en Italia, donde las ciudades libres y emprendedoras (Treviso, Pisa, Florencia, Siena), estimuladas por el ejemplo de Bolonia, acometieron la fundación de sus propias universidades. En Siena, parió al principio que el intento de prosperar sin carta imperial o papal tendría éxito; el studium, inaugurado en 1275, tenía abundantes fondos y un extenso cuerpo de profesores y estudiantes que continuamente se incrementaba por emigración desde Bolonia (1312); con todo en 1325 estaba al borde del colapso, y su existencia no se vio asegurada hasta que obtuvo privilegios de universidad de Carlos IV en 1357 y concesiones papales de Gregorio XII en 1404. San Andrews en escocia fue más afortunada. Fue fundada por el obispo Henry Wardlaw en 1411; pero poco después de su apertura el obispo en un documento dirigido el 27 de Febrero de 1412 a los maestros y estudiantes habla de la "universitas a nobis salva tamen sedis apostolicae auctoritate de facto instituta et fundata". Seis meses después (28 de Agosto de 1412), Benedicto XIII (Aviñón) publicó la carta de fundación, y nombró a Wardlaw canciller. No hay base, por tanto, para la inferencia de que la fundación de universidades por el poder civil y su organización por laicos para estudiantes laicos fuera un síntoma de antagonismo contra la Santa Sede o un intento de emancipación de la autoridad de la Iglesia. Tal interpretación de los hhos meramente proyta ideas modernas hacia un periodo anterior en el que prevalía un espíritu enteramente diferente. Ese espíritu fue de cooperación, incluso de emulación, en una causa común; y ni el espíritu ni la causa habría sido posible si no fuera por la unidad de fe y de jurisdicción jerárquica que mantenía a Occidente reunido en una Iglesia. Si esta unidad hubiera incluido a toda la Cristiandad, el Oriente habría tenido sin duda su parte en el movimiento universitario; en cualquier caso, es significativo que en Rusia y los demás países dominados por la Iglesia Cismática Griega no se establiera ninguna universidad durante la Edad Media.
Aparte de publicar cartas los papas contribuyeron de diversas maneras al desarrollo y prosperidad de las universidades. (1) Los clérigos que tenían beneficios fueron dispensados de su obligación de residencia, si se ausentaban para acudir a la universidad. Los estudiantes, tanto clérigos como laicos, disfrutaban de ciertas exenciones, por ejemplo, de impuestos, del servicio militar, de la jurisdicción de los tribunales ordinarios, y de citación a tribunales que estuvieran a cierta distancia de París (privilegium fori ). Salvaguardar estos privilegios era tarea espial del conservador apostólico, habitualmente un obispo o arzobispo nombrado por el Papa con este fin. (2) Por la Bula "Parens scientiarum" (1231), la carta magna de la universidad de París, Gregorio IX autorizó a los maestros, en el caso de una ofensa cometida por alguien contra un maestro o un estudiante y no reparada dentro de los quince días, a suspender sus clases. Este derecho de suspensión fue fruentemente usado en los conflictos entre ciudad y toga. (3) En diversas ocasiones los papas intervinieron para proteger a los estudiantes contra las usurpaciones de las autoridades civiles locales: Honorio III (1220) tomó partido por los estudiantes de Bolonia cuando el podestà redactó estatutos que interferían sus libertades; Nicolás IV (1288) amenazó con suspender el studium
en Padua salvo que las autoridades municipales abrogaran en quince días las ordenanzas que habían redactado contra los maestros y estudiantes. Incluso el canciller de París, cuando pidió a los maestros un juramento de obediencia personal a él, fue frenado por Inocencio III (1212), y sus poderes muy reducidos por acción de papas posteriores. De hecho se convirtió en bastante común para la universidad presentar sus quejas ante la Santa Sede, y su apelación habitualmente obtenía éxito. (4) En muchos casos, espialmente en Alemania, la dotación de las universidades se obtenía, en gran parte, si no completamente, de las rentas de los monasterios y capítulos. Más de una vez el Papa intervino para asegurar el pago de su salario a los profesores, por ejemplo, Bonifacio VIII (1301) y Clemente V (1313) en Salamanca; Clemente VI (1346) en Valladolid; y Gregorio IX (1236) en Toulouse, donde el Conde Raimundo había rhazado pagar los salarios. Los papas también dieron ejemplo de dotar colegios, y estos, fundados por reyes, obispos, sacerdotes, nobles, o ciudadanos privados, no sólo fueron lugares de residencia para estudiantes sino también el principal apoyo financiero de la universidad.
II. Labor Académica y Desarrollo
El año académico
En un primer periodo se daban clases a lo largo de todo el año, con cortos descansos en Navidad, Pascua, y Pentostés y unas vacaciones más largas en verano. En París estas vacaciones fueron limitadas por orden de Gregorio IX (1261) (1231?) a un mes, pero para finales del Siglo XIV se había extendido para la facultad de artes del 25 de Junio al 25 de Agosto, para teología y derecho canónico del 28 de Junio al 15 de Septiembre. El año empezaba realmente el 1 de Octubre, y estaba dividido en dos periodos; el ordinario largo, de 1 de Octubre a Pascua, y el ordinario corto, de Pascua a finales de Junio. En Bolonia las vacaciones comenzaban el 7 de Septiembre, y el año escolar se abría de nuevo el 19 de Octubre; éste, sin embargo, se interrumpía durante diez días en Navidad, dos semanas en Pascua, y tres semanas en carnaval. En Alemania, había considerable diferencia entre los calendarios de las diversas universidades e incluso entre los de las diferentes facultades de la misma universidad. En general, el año empezaba hacia mediados de Octubre y terminaba hacia mediados de Junio. Pero en Colonia, Heidelberg y Viena había un ordinario corto del 25 de Agosto al 9 de Octubre. Las vacaciones, sin embargo, no constituían una suspensión completa de la labor académica; continuaban las clases extraordinarias, dadas en su mayor parte por licenciados, y se daba crédito a los estudiantes que asistían a ellas. Hacia mediados del Siglo XV, la división del año en dos semestres, verano e invierno, se introdujo en Leipzig, y eventualmente fue adoptada por las demás universidades alemanas.
Clases
Tanto el calendario anual como el programa diario tenían en cuenta la distinción entre clases ordinarias y extraordinarias o cursillos. Esto se originó en Bolonia donde ciertos libros de derecho civil ("Digestum Vetus" y "Codex") eran ordinarios, mientras que otros ("Infortiatum", "Digestum novum", y los libros de texto más breves) eran extraordinarios. En derecho canónico, los libros ordinarios eran el Dretum y los cinco libros de las Dretales (Gregorio IX); los extraordinarios eran las Clementinas y las Extravagantes. Las clases ordinarias estaban reservadas a los doctores, y se daban por las mañanas; las clases extraordinarias, conocidas en parís como cursillos, y dadas por maestros o por licenciados, se asignaban a las tardes durante el año; en vacaciones podían darse a cualquier hora del día, pues las clases ordinarias estaban entonces suspendidas. Cursillo quería dir o que la clase era seguida por los cursores, esto es, los candidatos a la licencia, o que pasaba rápidamente por la materia, mientras que el tratamiento en la clase ordinaria era más completo.
En todas las facultades el trabajo de enseñanza se centraba en libros, esto es, los textos, compilaciones, y glosas que eran considerados como las autoridades principales en cada materia. Al comienzo del año (o semestre) los libros se distribuían entre los profesores, que estaban obligados a usarlos de acuerdo con las regulaciones establidas por cada facultad relativas al programa diario, la duración del curso, el aula que debía usarse, el vestido académico que se había de lle
Universidades Hispano-Americanas
La Universidad de San Marcos en Lima goza de la reputación de ser la más antigua en América; tiene la distinción de haber iniciado sus cursos por un dreto real. La Universidad de Santo Domingo en las Indias Occidentales fue la primera en ser establida mediante una Bula papal. Otras instituciones similares surgieron pronto por toda América Hispana, floriendo durante el periodo colonial bajo los auspicios conjuntos de la Iglesia y el Estado. Luego, cuando llegó la Revolución, pasaron del control dirto de los primeros al de los últimos, con excepción de la Universidad de La Habana, la cual permanió en posesión de una orden religiosa hasta finales del siglo XIX. Fue en 1538 que una Bula de Pablo III dretó la creación de la Pontificia Universidad de Santo Tomás en Santo Domingo, a solicitud de los Dominicos. Sin embargo, dicha institución no fue definitivamente establida, sino hasta que Felipe II le dio existencia legal en 1558, siete años después de la fundación de la de San Marcos en Perú. La Universidad de Santo Domingo tenía facultades de teología, jurisprudencia, filosofía y medicina, se mantuvo en funciones durante todo el periodo colonial. La Universidad de Lima fue fundada por dreto de Carlos V en 1551 en el monasterio del Santo Rosario, permanió bajo la dirción de los Dominicos hasta 1571, cuando, siendo confirmado por el Papa Pío V, pasó a manos de autoridades laicas. Sin embargo, los Dominicos continuaron ocupando puestos de honor. Durante siglos la universidad ejerció una influencia que se extendió por sobre todas las colonias españolas en Sudamérica, y muchos hombres prominentes salieron de sus aulas. El famoso Pedro Peralta y el erudito francés Godin, se contaron entre sus profesores durante el siglo XVIII, mientras hombres de la talla de los poetas Oña, Castellanos y Olmedo, y el primer bibliógrafo americano, León Pinelo, estuvieron entre sus estudiantes. Las facultades de la universidad incluían teología, jurisprudencia, filosofía, medicina, y, durante un tiempo, la lengua de los Incas.
La siguiente en importancia de las universidades peruanas fue la de Cuzco, fundada en 1598 como la Universidad de San Antonio Abad. En el siglo XVII, la Universidad de Guamanga en Perú fue establida con las mismas facultades que la de Cuzco. Mientras tanto, los estudios universitarios se habían inaugurado en Quito con la creación, en 1586, de la Universidad de San Fulgencio bajo la dirción de los padres Agustinos, mediante una Bula de Sixto V. Una segunda universidad en Quito, la cual obtuvo gran prestigio durante el periodo colonial, fue la de San Gregorio Magno, fundada por los Jesuitas en 1620. A principios del siglo diisiete se dio un periodo de considerable actividad literaria y educativa en Hispanoamérica, y varias universidades fueron creadas. En 1627 los Dominicos establieron con éxito su Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás, en Santa Fe de Bogotá, mientras los Jesuitas reestructuraron su antiguo Colegio de San Luis, fundado en 1592, como la Universidad Xavieriana. La Universidad de Santo Tomás obtuvo renombre gracias a eminentes juristas como Luis Brochero y lingüistas como el Dominico Bernardo de Lugo. El célebre historiador de Nueva Granada, Fernández de Piedrahita, Obispo de Panamá, fue doctor de esta universidad.
Los Jesuitas llegaron a Chile en 1593 y de inmediato inauguraron estudios superiores con cátedras de filosofía y teología. Sin embargo, el honor de fundar la primera universidad en Santiago corresponde a los Dominicos. Esta fue establida en el Monasterio del Santo Rosario, bajo el título de Santo Tomás, en 1619 por una Bula de Paulo V que permitió su existencia durante diez años. En 1684 sus privilegios fueron renovados por Inocencio XI durante un lapso de tiempo hasta que la ciudad de Santiago pudiera poseer, al menos, una universidad pública. Las facultades incluían lógica, historia, filosofía, física, matemáticas, derecho canónico, y teología. Mientras tanto, en 1621 los Jesuitas obtuvieron del Papa Gregorio XV la Bula "In eminenti", la cual les concedió el privilegio de conferir títulos por diez años. Este privilegio fue renovado por Urbano VIII para otros diez años, hasta que finalmente les fue concedido sin ninguna limitación en 1634. Fue así que hubo dos universidades pontificias en Santiago. Finalmente, en la primera mitad del siglo diiocho, Santiago contempló la fundación de su Real Universidad de San Felipe por un dreto de Felipe IV en 1738, con cátedras de teología, derecho civil y canónico, matemáticas, cosmografía, anatomía, medicina y lenguaje Indio. Por el mismo tiempo que las universidades de Dominicos y Jesuitas se establían en Santiago, Caracas y el Alto Perú, en Bolivia se levantó la de San Francisco Javier, fundada en 1623. Esta se convirtió en una de las más famosas del Nuevo Mundo. Sin embargo, hacia finales del siglo XVIII el espíritu de esta universidad se volvió completamente anticlerical. Pero aún produjo una cantidad de hombres distinguidos, como Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo, José Ignacio Gorriti y José Mariano Serrano. En 1622 el colegio Jesuita en Córdoba del Tucumán, fundado pocos años antes en lo que ahora es la República Argentina, fue elevado a la categoría de universidad por una Bula de Gregorio XV y un dreto de Felipe III. Luego de la expulsión de los Jesuitas pasó durante un breve periodo a los Franciscanos, hasta que a finales del siglo XVIII fue adquirida por sulares. Dos universidades se establieron en el siglo XVIII, una en Venezuela y la otra en Cuba. En 1722 el antiguo seminario de Santa Rosa, fundado en Caracas por Don Diego de Baños y Sotomayor, fue elevada al rango de real y pontificia universidad por un dreto de Felipe V y una Bula de Inocencio XIII, incorporando las facultades de derecho civil y medicina a las ya existentes. El año anterior al otorgamiento de las facultades a la Universidad de Venezuela, los Dominicos de La Habana habían conseguido del Papa mismo el privilegio de establer una universidad, la cual, debido a algún malentendido con el obispo, no inició sus cursos en el monasterio de los Dominicos sino hasta 1728. El título de Real y Pontificia Universidad le fue concedido en 1734.
Tal era el estado de la educación universitaria en las Indias Occidentales y Sudamérica hasta la época de la Revolución. La mayoría de las antiguas universidades siguieron, aunque no por mucho tiempo, bajo el control dirto de la Iglesia, pasando este con el transcurso del tiempo al Departamento de Educación Pública. La de San Marcos en Lima aún existe, conservando su autonomía con el viejo título de pontificia y con una facultad de teología, aunque se día que en sus departamentos sulares su influencia religiosa había terminado. La Universidad de Cuzco ocupa actualmente una parte del antiguo colegio Jesuita. La de San Cristóbal en Guamanga desaparió en 1878. La Universidad de San Agustín en Arequipa todavía existe, y Trujillo, donde se fundó un colegio en 1621, goza hoy en día de los beneficios de una universidad. La Universidad de Sucre (Caracas) aún es considerada como la mejor en Bolivia, en donde también se cuentan las universidades de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba. Las universidades Bolivianas poseen facultades de teología sujetas al control lesiástico.
Actualmente, Colombia cuenta con una universidad nacional en Bogotá, constituida por facultades ubicadas en colegios separados. Están también las universidades de Cauca, Antioquía, Nariño y Cartagena. En Quito la educación superior es impartida en la Universidad Central de uador, entre cuyos maestros sacerdotes hay Jesuitas a quienes se les ha permitido conservar sus cátedras. Actualmente Venezuela cuenta con dos universidades, la Universidad Central y la de Los Andes. La antigua Universidad Jesuita de Córdoba es, hoy en día, una de las tres universidades nacionales de Argentina. En Santiago de Chile, el convictorio de San Francisco Javier se ha convertido en el Instituto Nacional, el cual sirve como escuela preparatoria de la Universidad Nacional, la que, a su vez, es la suela histórica de la de San Felipe. La Universidad de La Habana permanió a cargo de los Dominicos hasta 1842, cuando fue sularizada. Aún está abierta y cuenta con facultades de literatura y ciencias, derecho y medicina. Al presente hay dos universidades Católicas en Sudamérica, la de Santiago de Chile, fundada por el Arzobispo Casanova en 1888, y la de Buenos Aires. La primera tiene facultades de derecho, matemáticas, agricultura e industria, e ingeniería. La Universidad Católica de Buenos Aires, aún en etapa de formación, cuenta con facultades de derecho y ciencias sociales. La tendencia de las universidades Sudamericanas hoy en día es mucho más práctica que teórica y clásica, poniendo más énfasis en estudios como ingeniería y otros de naturaleza práctica.
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CHARLES WARREN CURRIER
Transcrito por Michael T. Barrett
Dedicado a la clase 111 de Español del Otoño de 1999 en el Chemeketa Community College
Traducido por Salvador Gómez Contreras
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