Teología Ascética
La ascética, entendida como una rama de la Teología, puede ser definida brevemente como la exposición científica del ascetismo cristiano. Ascetismo (askesis, askein), según su sentido literal, significa pulimento, refinamiento o suavizamiento. Los griegos utilizaban esa palabra para indicar el ejercicio realizado por los atletas para desarrollar las fuerzas dormidas en el cuerpo y entrenar a éste para que alcanzase su belleza natural. El fin que se perseguía con la realización de estos ejercicios gimnásticos era la obtención de la corona de laureles que se otorgaba al vencedor en los juegos públicos. La vida del cristiano, como lo asegura el mismo Cristo, es una lucha para conquistar el reino de los cielos (Mt 11,12). San Pablo, quien había sido educado a la manera griega, utiliza la figura del pentatlón griego (I Cor. 9, 24) para dar a sus ltores una lción objetiva de esta batalla espiritual y de este esfuerzo moral. Las prácticas que deben ser realizadas en este combate tienden a desarrollar y fortificar la energía moral, y su objetivo es la perfción cristiana que conduce a la persona a su fin último: la unión con Dios. Estando la naturaleza humana debilitada por el pado original e inclinada, consuentemente, a lo malo, tal fin no puede ser alcanzado si no es sobreponiéndose- con la ayuda de la gracia de Dios- a obstáculos muy serios. La lucha moral, así entendida, consiste ante todo en atacar y eliminar los obstáculos, o sea, las malas concupiscencias (de la carne, de los ojos y del orgullo de la vida), eftos del pado original que sirven para probar al hombre (Trid. Ses. V, De pcato originali). El apóstol Pablo llama a este primer deber "despojarse del hombre viejo" (Ef 4, 22). El segundo deber, en palabras del mismo Apóstol, es "revestirse del hombre nuevo", según la imagen de Dios (Ef 4, 24). El hombre nuevo es Cristo. Es nuestro deber pugnar por asemejarnos a Él, viendo en Él "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14, 6). Debe quedar claro que este esfuerzo es de orden sobrenatural y no puede ser realizado sin la gracia divina. Su fundamento está en el bautismo, por el que somos adoptados como hijos de Dios a través de la repción de la gracia santificante. Eso significa que debe ser perfcionado por medio de virtudes sobrenaturales, los dones del Espíritu Santo, y la gracia actual. Así pues, dado que la ascética es el tratado sistemático de esa búsqueda de la perfción cristiana, se puede definir como la guía científica para adquirir la perfción cristiana y que consiste en expresar al interior de nosotros mismos, con ayuda de la gracia divina, la imagen de Cristo, a base de practicar las virtudes cristianas y de poner en práctica los medios de vencer los obstáculos. Examinemos más detenidamente los diversos elementos de esa definición.
A. Naturaleza de la perfción cristiana
1. Por principio de cuentas, debemos rhazar la concepción de los protestantes que afirma que la perfción cristiana, según la entienden los católicos, es esencialmente un ascetismo negativo (Cfr. Seberg en Herzog-Hauck, "Realencyklopädie für prot. Theologie", III, 138), y que la noción corrta de ascetismo fue descubierta por los reformadores. No hay duda posible en lo que toca la postura católica, si prestamos atención a las claras voces de Santo Tomás y San Buenaventura. Esos maestros de la teología católica, que nunca cesaron de repetir que el ideal del ascetismo defendido por ellos era el del pasado católico, el de los Padres, el de Cristo mismo, afirman enfáticamente que el ascetismo corporal no tiene un valor absoluto sino sólo relativo. Santo Tomás lo llama "medio para el fin", que debe ser usado con prudencia. San Buenaventura dice que las austeridades corporales "preparan, fomentan y preservan la perfción" (ad perftionem præparans et ipsam promovens et conservans; "Apolog. pauperum", V, C, VIII). Para probar su tesis, él demuestra que conceder un valor absoluto a las austeridades corporales sería caer en el maniqueísmo. Señala, igualmente, que Cristo, el ideal de la perfción cristiana, fue menos austero en su ayuno que Juan el Bautista. Explica también que los fundadores de órdenes religiosas prescribieron para sus comunidades menos ejercicios ascéticos que los que se exigieron a si mismos (cf. J. Zahn, "Vollkommenheitsideal" en "Moralprobleme", Friburgo, 1911, p. 126 ss). Por otro lado, los católicos no niegan la importancia de los ejercicios ascéticos para alcanzar la perfción cristiana. Tomando en consideración la condición de la naturaleza humana, dlaran que dichos ejercicios son nesarios para quitar los obstáculos y para liberar las fuerzas morales del hombre. Con ello, le dan al ascetismo un carácter positivo. De igual valor son considerados aquellos ejercicios que domeñan y guían las fuerzas del alma. De esa manera los católicos dan cumplimiento, y siempre lo han dado, a lo que Harnack ve como una exigencia del Evangelio, y que él afirma haber buscado en vano entre los católicos. Los católicos sí "batallan contra Mamón, las preocupaciones y el egoísmo, y practican la caridad que gusta de servir y sacrificarse" (Harnack, "Essence of Christianity"). El ideal católico de ningún modo se reduce a los elementos negativos del ascetismo, sino que tiene una naturaleza positiva.
2. La esencia de la perfción cristiana es el amor. Santo Tomas (Opusc. de perftione christ., c. II) dice que es perfto aquello que es conforme a su fin (quod attingit ad finem eius). Ahora bien, el fin del hombre es Dios y aquello que une más íntimamente al hombre con Dios, aún en esta vida, es el amor (I Cor 6, 17; I Jn 4, 16). Todas las demás virtudes están al servicio del amor, o constituyen sus prerrequisitos naturales, como son la fe y la esperanza. El amor toma la totalidad del alma humana (inteligencia y voluntad), la santifica y le infunde nueva vida. El amor vive en todas las cosas, así como todas las cosas viven en el amor y por el amor. El amor da a cada cosa su corrta dimensión y la dirige hacia su último fin. "El amor es el principio de la unidad, sin importar la diversidad de los estados, las vocaciones y las tareas particulares. Hay muchas provincias, pero todas constituyen un solo reino. Los órganos son muchos, pero sólo hay un organismo" (Zahn, l. c., p. 146). Es por ello que el amor ha sido apropiadamente llamado "el vínculo de perfción" (Col 3, 14), o "plenitud de la ley" (Rom 13, 8). Ha sido enseñanza perenne de los escritores ascéticos católicos que la perfción cristiana consiste en el amor. Bastan pocos testimonios de ello. Escribiendo a los corintios, Clemente Romano dice (Ep. I Cor., XLIX, 1): "Fue el amor lo que hizo perftos a los elegidos; sin amor nada es aceptable a Dios" (en te agape ateleiothesan pantes oi eklektoi tou theou dicha agapes ouden euareston estin to theo; Funk, "Patr. apost.", p. 163). La Epístola de Bernabé insiste que el camino de la luz es "su amor que nos ha creado" (agapeseis ton se poiesanta; Funk, l. c., p. 91), "amor hacia el prójimo, que ni siquiera se cuida de su propia vida" (agapeseis ton plesion sou hyper ten psychen sou), y afirma que la perfción no es otra cosa que "amor y alegría acerca de las buenas acciones que dan testimnio de la justicia" (agape euphrosyns kai agalliaseos ergon dikaiosynes martyria). San Ignacio nunca se cansa en sus cartas de proponer la fe como la luz y el amor como el camino, ya que el amor es el fin y la meta de la fe ("Ad Ephes.", IX,XIV; "Ad Philad.", IX; "Ad Smyrn.", VI). Según la "Didache", el amor a Dios y al prójimo es el inicio del "camino de la vida" (c.I), y en la Epístola a Diogneto el amor activo es llamado el fruto de la fe en Cristo. El "Pastor de Hermes" resalta el mismo ideal cuando afirma que es la "vida por Dios" (zoe to theo) la suma total de la existencia humana. A esos Padres de la Iglesia podemos añadir a San Ambrosio (De fuga sæculi, c. iv, 17; c. vi, 35-36) y a San Agustín. Este último piensa que la justicia perfta es equivalente al amor perfto. Tanto Santo Tomás como San Buenaventura hablan el mismo lenguaje y su autoridad es tan imponente que los escritores ascéticos de las épocas subsuentes han seguido fielmente sus huellas (cf. Lutz, "Die kirchl. Lehre von den evang. Räten", Paderborn, 1907, pp. 26-99).
Sin embargo, aunque la perfción consiste esencialmente en el amor, es igualmente cierto que no cualquier grado de amor es suficiente para constituir la perfción moral. La perfción ética de los cristianos consiste en la perfción del amor, que exige tal disposición "que podamos actuar rápida y expeditamente aunque haya muchos obstáculos en nuestro camino" (Mutz, "Christl. Ascetik", 2a. ed., Paderborn, 1909). Pero esta disposición del alma presupone que las pasiones han sido domadas. Ello es resultado de una lucha trabajosa, en la que las virtudes morales, aceradas por el amor, rhazan y apagan los hábitos y las inclinaciones malas, substituyéndolas con buenas inclinaciones y hábitos. Es hasta entonces que se convierten en "la segunda naturaleza del hombre, por así dir, para probar su amor a Dios en ciertos momentos y bajo ciertas circunstancias, para practicar la virtud y, hasta donde le es posible a la naturaleza humana, preservar su alma incluso de la mancha más pequeña" (Mutz, l. c., p. 43). Debido a la debilidad humana y a la presencia de la concupiscencia (fomes pcati: Trid., Sess. VI, can. XXIII), sin un privilegio espial, en esta vida no puede ser lograda una perfción libre de deftos (cf. Prov., 20, 9; cl., 7, 21; Sgo 3, 2). Del mismo modo, la perfción, de este lado de la tumba, nunca llegará a tal grado de perfción que ya no admita crimiento, como queda claro de la enseñanza de la Iglesia y de las características mismas de nuestra naturaleza actual (status viae). En otras palabras, nuestra perfción siempre será relativa. Como dice San Bernardo: "Un celo incansable de avanzar y una lucha continua en pos de la perfción constituyen por si mismos la perfción" (Indefessus proficiendi studium et iugis conatus ad perftionem, perftio reputatur; "Ep. ccliv ad Abbatem Guarinum"). Ya que la perfción consiste en el amor, no es ella privilegio de ningún estado en particular, sino que puede ser, y de hecho ha sido, algo alcanzable en cualquier estado. (Cf. PERFCIÓN, CRISTIANA Y RELIGIOSA). Sería, por tanto, un error identificar la perfción con el así llamado "estado de perfción" y con la observancia de los consejos evangélicos. Santo Tomás corrtamente enseña que también hay hombres perftos fuera de las órdenes religiosas y hombres imperftos dentro de ellas (Summa theol., II-II, Q. CLXXXIV, a. 4). Cierto que, en general, las condiciones para realizar la vida cristiana ideal son más favorables en el estado religioso que en el sular. Pero no todos son llamados al estado religioso, ni todos pueden encontrar en él su satisfacción (Cf. CONSEJOS, EVANGÉLICOS). Para resumir, el fin es el mismo; los medios son diferentes. Esto responde suficientemente a la objión de Harnack (Essence of Christianity) acerca de que la Iglesia considera la perfción cristiana como algo posible únicamente para los monjes, mientras que visualiza la vida cristiana en el mundo como algo apenas suficiente para alcanzar el último fin.
3. El ideal al que el cristiano debe conformarse y hacia el cual debe tender con todas sus fuerzas, tanto naturales como sobrenaturales, es Jesucristo. Su justicia debe ser nuestra justicia. Toda nuestra vida debe ser penetrada por Jesucristo de tal modo que nos convirtamos en cristianos en el sentido pleno de la palabra ("Hasta ver a Cristo formado en ustedes", Gal. 4, 19). La Escritura prueba que Jesucristo es el modelo supremo y el patrón de conducta de la vida cristiana. Por ejemplo: Jn 13, 15 y I Pe 2, 21, en donde se romienda dirtamente la imitación de Cristo; Jn 8, 12, en donde Cristo es llamado "luz del mundo". Véase también Rom 8, 29; Gal 2, 20; Fil 3, 8; Heb 1, 3, en donde el Apóstol alaba el conocimiento excelente de Jesucristo, por quien él ha sufrido la pérdida de todas sus cosas, considerándolas basura, para poder ganar a Cristo. De entre los numerosos testimonios de los Padres, sólo citaremos el de San Agustín que dice: "Finis ergo noster perftio nostra esse debet; perftio nostra Christus" (Por tanto, nuestro fin debe ser nuestra perfción; nuestra perfción es Cristo) (P. L., XXXVI, 628; cf. también "In Psalm.", 26, 2, en P. L., XXXVI, 662). En Cristo no hay sombra alguna; nada incompleto. Su divinidad garantiza la pureza del modelo; su humanidad, por la que se asemejó a nosotros, hace atractivo el modelo. Pero esta imagen de Cristo, libre de añadiduras u omisiones, sólo se encuentra en la Iglesia Católica y, por la infalibilidad de ésta, siempre continuará en ella como en su sitio ideal. Por la misma razón, solamente la Iglesia puede garantizarnos que el ideal de la vida cristiana permanerá puro y sin adulteraciones, sin ser identificado con ningún estado en particular ni con ninguna virtud subordinada (cf. Zahn, l. c., p. 124). Un examen libre de prejuicios prueba que el ideal de la vida católica ha sido conservado fielmente en su pureza original a través de los siglos y que la Iglesia siempre ha sabido corregir los intentos de desfiguración que han hecho algunas personas. Los colores frescos que definen la figura viva de Cristo se derivan de las fuentes de la revelación y de las disiones doctrinales de la Iglesia. Ellos nos cuentan de la santidad interna de Cristo (Jn 1, 14; Col 2, 9; Heb 1, 9, etc.). Su vida derrama gracia, de cuya plenitud todos hemos ribido (Jn 1, 16). Su vida de oración (Mc 1, 21- 35; 3, 1; Lc, 5, 16; 6, 12; 9, 18; etc.), su devoción al Padre celestial (Mt 11, 26; Jn 4, 34; 5, 30; 8, 26-29), su relación con los hombres (Mt 9, 10; Cf. I Cor 9, 22), su espíritu de desprendimiento y sacrificio, su paciencia y mansedumbre y, finalmente, su asceticismo según queda revelado por su ayuno (Mt 4, 2; 6, 18).
B. Peligros de la vida ascética
La segunda función de la teología ascética es señalar los peligros que pueden amenazar el logro de la perfción cristiana e indicar los medios para evitarlos exitosamente. El primer peligro que debe ser advertido es la concupiscencia. Otro peligro reside en la atracción de la creación visible, que puede llegar a ocupar el corazón humano con exclusión del fin más alto. A esa misma clase pertenen las tentaciones del mundo pador y corrupto (I Jn 5, 19), o sea, aquellos hombres que propagan doctrinas perversas y contrarias a Dios, negando u ofuscando el sublime destino del hombre; aquellos que a base de dar malos ejemplos y pervertir los conceptos éticos intentan dar cauces falsos a la sensualidad humana. En tercer lugar, la ascética no sólo nos hace conscientes de la malicia del diablo, para que no seamos presas de sus intrigas, sino también de sus debilidades, para que no nos desanimemos. Por último, no satisfha con indicar los medios generales nesarios para triunfar en la batalla, la ascética nos ofre remedios espíficos para tentaciones espiales (cf. Mutz, "Ascetik", 2ª. ed., p. 107 ss.).
C. Medios para realizar el ideal cristiano
1. Sobre todas las cosas está la oración, entendida en su sentido más estricto. Ella es uno de los medios para lograr la perfción. Las devociones espiales, aprobadas por la Iglesia, y los medios sacramentales de santificación, están espialmente relacionados con la búsqueda de la perfción (confesión y comunión fruentes). La ascética prueba la nesidad de la oración (II Cor 3, 5) y enseña el modo más provhoso en resultados espirituales. Explica la oración vocal y enseña el arte de meditar según los métodos de San Pedro de Alcántara, de San Ignacio y de varios otros santos, en espial los "tres modi orandi" de San Ignacio. Se le da un lugar muy espial al examen de conciencia, y con mucha razón, pues la vida ascética desmaya o cre dependiendo de la calidad de su práctica. Si no se practica regularmente, no se puede hablar de verdadera purificación del alma ni de avance espiritual. Ella centra la visión interior en cada acción: son sometidos a riguroso escrutinio todos los pados, sean cometidos con plena conciencia o semivoluntariamente, incluyendo las negligencias que, sin ser paminosas disminuyen la perfción del acto (pcata, offensiones, negligentioe; cf. "Exercitia spiritualia" de San Ignacio, ed. P. Roothaan, p. 3). La ascética distingue dos clases de examen de conciencia. Uno general (examen generale), y otro espial (examen particulare). Simultáneamente enseña cómo pueden ser realizados ambos de manera provhosa, utilizando apoyos prácticos y psicológicos. En el general, se trata de rordar las faltas del día; en el particular, se enfoca la atención en un defto particular para observar su fruencia, o en una virtud, para aumentar el número de sus acciones.
Los ascetas romiendan la visita al Santísimo Sacramento (visitatio sanctissimi), práctica útil para alimentar y fortaler las virtudes divinas de fe, esperanza y caridad. También inculcan la veneración de los santos, cuyas vidas virtuosas deben movernos a imitarlas. Claro que imitar no significa copiar exactamente. Lo que los ascetas proponen como el método más natural de imitación consiste en eliminar, o por lo menos disminuir, el contraste entre nuestras vidas y las vidas de los santos; el perfcionamiento de nuestras virtudes, de acuerdo a nuestra disposición natural y a las condiciones puliares de lugar y tiempo. Por otra parte, el ronocimiento de que las vidas de algunos santos más son sujetos de admiración que de imitación no nos debe llevar a atarnos con el peso de la blandura y la comodidad humanas, y a ver con suspicacia todo acto heroico, como si fuera algo que estuviese más allá de nuestras capacidades y ajeno a nuestras circunstancias. Tal suspicacia quedaría justificada si el acto heroico no fuera congruente con el desarrollo predente de nuestra vida interior. La ascesis cristiana no puede pasar por alto a la Bienaventurada Madre de Dios. Ella es, después de Cristo, el ideal más sublime. Nadie más ha ribido la gracia con tal plenitud, ni ha cooperado con la gracia de una forma tan fiel como Ella. Es por ello que la Iglesia la alaba como Espejo de Justicia (spulum justitae). El simple pensamiento de su trascendente pureza basta para repeler los encantos del pado y para inspirar placer en el maravilloso brillo de la virtud.
2. La autonegación es el segundo método enseñado por los ascetas (Mt 16, 24-25). Sin ella, el combate entre carne y espíritu, que son mutuamente contrarios (Rom 7, 23; I Cor 9, 27; Gal 5, 17), no podría llevarnos a la victoria del espíritu (Imitatio Christi I, XXV). La condición humana posterior a la caída de Adán nos indica claramente qué tan lejos debe llegar esta autonegación. La inclinación al mal domina tanto la voluntad como los apetitos inferiores. No solamente el intelto está sujeto a esta propensión al mal, también lo están los sentidos interiores y exteriores. De ahí que la autonegación y el autocontrol deben extenderse a todos esas facultades. La ascética reduce la autonegación a la mortificación exterior e interior. La exterior consiste en la purificación de las facultades del alma (memoria, imaginación, inteligencia y voluntad) y al dominio de las pasiones. Sin embargo la palabra "mortificación" no debe ser entendida como un proceso de limitación de una vida "fuerte, plena y saludable" (Schell). Su objetivo es evitar que las pasiones sensuales dominen sobre la voluntad. Es prisamente a través de domeñar las pasiones por medio de la mortificación y autonegación que la energía vital ribe nueva fortaleza y queda libre de grilletes limitantes. Ahora bien, aunque los maestros del ascetismo ronocen la nesidad de la mortificación y de la autonegación, y están muy lejos de pensar que sea "criminal adoptar sufrimientos voluntarios" (Seeberg), también distan mucho de promover la así llamada "tendencia asensual", que considera al cuerpo y su vida como un mal nesario, y propone evitar sus eftos perniciosos mutilándolo o debilitándolo voluntariamente (cf. Schneider, "Göttliche Weltordnung u. religionslose Sittlichkeit", Paderborn, 1900, p. 537). Los católicos, por otro lado, tampoco abogan por el "evangelio de la sensualidad saludable", que no es sino un nombre atractivo para promover una vida de concupiscencia irrestricta.
Se pone espial atención al dominio de las pasiones porque ellas son, más que cualquier otra cosa, el enemigo contra el que debe dirigirse incansable el combate moral. La filosofía escolástica enumera las siguientes pasiones: amor, odio, deseo, horror, alegría, tristeza, esperanza, desesperanza, audacia, miedo, ira. A partir de la idea cristiana de que las pasiones (passiones, según las entiende Santo Tomás) son inherentes a la naturaleza humana, los ascetas afirman que ellas no son ni enfermedades, como sostenían los estoicos, los reformadores y Kant; tampoco son inocuas, como lo afirmaban los humanistas y Rousseau, quien negaba el pado original. Al contrario, se insiste en que por si mismas son indiferentes, y pueden consuentemente ser utilizadas para el bien o para el mal; que riben su carácter moral solamente a partir del uso que uno les dé. El objetivo de los ascetas es señalar las formas y medios con los que las pasiones pueden ser controladas y dominadas, para que, en vez de que ellas inciten la voluntad al pado, se conviertan en confiables aliadas del hombre para la realización del bien. Además, como las pasiones se desordenan en cuanto se vuelcan hacia las cosas ilícitas o exceden los límites nesarios de lo lícito, la ascesis nos enseña cómo convertirlas en algo inocuo a base de evitarlas o controlarlas, o de utilizarlas para lograr fines más elevados.
3. El trabajo también es nesario para buscar la perfción. El trabajo incansable es contrario a nuestra naturaleza corrupta que gusta de la facilidad y de la comodidad. El trabajo, bien ordenado, incansable y con un propósito, implica la autonegación. Ello explica porqué la Iglesia Católica siempre ha visto el trabajo, mental y manual, como una regla ascética valiosísima (cf. Cassian, "De instit. coenob.", X, 24; Sn. Benito, Regla, XLVIII, LI; Basilio, "Reg. fusius tract." c. XXXVII, 1-3; "Reg. brevius tract.", c. LXXII; Orígenes, "Contra Celsum", I, 28). San Basilio llega a afirmar que la piedad y el aborrimiento del trabajo son irronciliables en el ideal cristiano de la vida (cf. Mausbach, "Die Ethik des hl. Augustinus", 1909, p. 264).
4. El sufrimiento es otro elemento integral del ideal cristiano y, consuentemente, también es objeto de la ascética. Pero su verdadero valor sólo apare cuando es visto a la luz de la fe, la cual enseña que el sufrimiento nos asemeja a Cristo, en cuanto que somos miembros de su Cuerpo Místico, del que Él es cabeza (I Pe 2, 21). El sufrimiento es el canal de la gracia que sana (sanat), preserva (conservat) y prueba (probat). Por último, la ascética nos enseña a convertir el sufrimiento en canal de gracia celestial.
5. Las virtudes son tratadas a profundidad. Como lo prueba la teología dogmática, el alma, al ser justificada, ribe hábitos sobrenaturales. Y no sólo los tres divinos, sino también las virtudes morales (Trid. Ses. VI, De justit. C. VI; Cat Rom, p. 2, c. 2, n 51). Tales fuerzas sobrenaturales (virtutes infusae) se ven reforzadas por las facultades naturales o por las virtudes adquiridas (virtutes acquisitae), formando un único principio de acción. Es tarea de la ascética mostrar cómo las virtudes, teniendo en cuenta los obstáculos y medios ya mencionados, pueden ser puestas en práctica en la vida real del cristiano de modo que se perfcione el amor y la imagen de Cristo riba su configuración perfta en nosotros. De acuerdo al breve de León XIII "Testem benevolentiae", del 22 de enero de 1899, los ascetas insisten en que las así llamadas "virtudes pasivas" (mansedumbre, humildad, obediencia, paciencia) nunca deben tomar un segundo lugar ante las "virtudes activas" (dedicación a los deberes propios, actividad científica, trabajo social y educativo). Eso sería igual que negar que Cristo es el modelo supremo. Lo que se debe hacer es armonizar ambas virtudes en la vida cristiana. La verdadera imitación de Cristo no debe ser un freno, ni debe achatar la iniciativa cristiana en ningún área del quehacer humano. Todo lo contrario, la práctica de las virtudes pasivas son el soporte y el apoyo de la verdadera actividad. Aún más, pasa con fruencia que las virtudes pasivas revelan un mayor grado de energía moral que las activas. El breve de León XIII nos refiere a Mt 21, 29; Rm 8, 29; Gal 5, 24; Fil 2, 8; Heb 13, 8 (Cfr. también Zahn 1, c., 166 ss.).
D. Aplicación de los medios en los tres grados de la perfción cristiana
La imitación de Cristo es el deber de quienes buscan la perfción. Pero es natural que ese proceso de formación en pos de la imagen de Cristo sea gradual y que deba sujetarse a las leyes de la energía moral. Pues la perfción moral es el término de un largo camino, la corona de una batalla muy costosa. Los maestros de la ascética dividen en tres grupos a quienes buscan la perfción: principiantes, avanzados y perftos. En correspondencia, también establen tres etapas o vías de perfción cristiana: la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva. Los medios de los que se habló arriba se deben aplicar con más o menos diversidad e intensidad de acuerdo a la etapa en que se encuentre el cristiano. En la vía purgativa, durante la cual los apetitos y las pasiones desordenadas aún poseen considerable fuerza, se deben practicar más intensamente la mortificación y la autonegación. Las semillas de la vida espiritual no fructificarán a menos que se hayan arrancado previamente la cizaña y los cardos. En la vía iluminativa, cuado las nieblas de la pasión ya se han levantado un tanto, se debe insistir en la meditación y en la práctica de las virtudes a imitación de Cristo. Durante la última etapa, la vía unitiva, el alma debe afirmarse y perfcionarse en conformidad con la voluntad de Dios ("Y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi", Gal 2, 20). Debe tenerse cuidado, sin embargo, de no pensar que esas tres etapas son bloques separados de la búsqueda de la virtud y la perfción. Aún en la segunda y tercera etapas aparen a ves luchas violentas y, por otra parte, el gozo de sentirse unido a Dios a ves se ronoce en la etapa inicial como un aliciente para avanzar más (Mutz, "Aszetik," 2a ed., 94 ss.).
E. Relación de la ascética con la Teología Moral y con la Mística
Todas esas disciplinas tienen relación con la vida cristiana y con su fin en la otra vida. Pero difieren entre si por el modo en que tratan esos temas. La Teología Ascética, que está separada de la Teología Moral y de la Mística, tiene como objeto la búsqueda de la perfción cristiana; enseña cómo se puede alcanzar ésta a base de una intensa formación y práctica de la voluntad, apoyándose en ciertos medios espíficos para evitar los peligros y atracciones del pado, y en la práctica cada vez más asidua de la virtud. Por otra parte, la Teología Moral es la doctrina de los deberes, por lo que se contenta con dar una explicación científica de la virtud. La Mística trata esencialmente de la "unión con Dios" y de la extraordinaria "oración mística". Aunque también comprende en su estudio esos fenómenos, accidentales a la mística, como el éxtasis, la visión, la revelación, etc., de ningún modo se les puede considerar esenciales a la vida mística (cf. Zahn, "Einführung in die christl. Mystik", Paderborn, 1908). Es verdad que la Mística incluye también algunos asuntos de la Ascética como la búsqueda de purificación, la oración vocal, etc., pero eso lo hace porque tales ejercicios se consideran preparatorios para la vida mística y nunca, ni siquiera en las etapas más elevadas, deben ser dejados de lado. No es, sin embargo, la vida mística simplemente un grado más alto de la vida ascética, sino que difiere de ella esencialmente. La vida mística es una gracia espial que se otorga al cristiano sin mérito alguno de su parte.
F. Desarrollo histórico de la Ascética
1. La Sagrada Biblia
En ella abundan las instrucciones prácticas para la vida de perfción cristiana. El mismo Cristo dio los lineamientos básicos de sus exigencias negativas y positivas. Su imitación es la ley suprema (Jn 8, 12; 12, 26). La caridad es el primer mandamiento (Mt 22, 36-38; Jn 15, 17). La intención rta es lo que da valor a las obras exteriores (Mt 5-7). La negación de si mismo y el cargar con la propia cruz son condiciones para ser su discípulo (Mt 10, 38; 16, 24; Mc 8, 34; Lc 9, 23; 14, 27). Tanto con su ejemplo (Mt 4, 2) como por sus exhortaciones (Mt 17, 20; Mc 9, 28) Cristo romendó el ayuno. También nos inculcó la sobriedad, la vigilancia y la oración (Mt 24, 42; 25, 13; 26, 41; Mc 13, 37; 14, 37). Señaló la pobreza como medida para ganar el reino de los cielos (Mt 6, 19; 13, 22; Lc 6, 20; 8, 14; 12, 33). Aconsejó al joven rico que se deshiciera de todo y lo siguiera (Mt 19, 21). Que eso fuera simplemente un consejo y no una orden estricta, dado en el contexto particular de la apego del joven a las cosas de este mundo, queda demostrado por el hecho mismo de que el Maestro había repetido ya "guarda los mandamientos", y de que él romendó la renuncia a los bienes terrenos únicamente bajo la reiteración de la pregunta acerca de los medios que conducen a la perfción perftion (cf. Lutz, l. c., contra los Protestantes Th. Zahn, Bern, Weiss, Lemme,y otros). Cristo alabó el celibato vivido por Dios como algo digno de una rompensa celestial espial (Mt 19, 12). Empero, no condenó el matrimonio, y sus palabras: "No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido" implican que el matrimonio es el estado normal y que el celibato por Dios es meramente un consejo. Igualmente, Cristo ensalza la obediencia voluntaria como medio de alcanzar la más íntima unión con Dios (Mt 18, 4; 20, 22-25). Los apóstoles desarrollaron lo que Cristo había simplemente delineado en su enseñanza. Es espialmente en San Pablo que podemos encontrar ya bien definidos los dos elementos de la ascesis cristiana: la mortificación de los deseos desordenados es el elemento negativo (Rom 6, 8-13; II Cor 4, 16; Gal 5, 24; Col 3, 5). El elemento positivo consiste en la unión con Dios en todos nuestros pensamientos, palabras y acciones (I Cor 10, 31; Gal 6, 14; Col 3, 3-17), y en el amor positivo de Dios y de nuestro prójimo (Rom 8, 35; I Cor 13, 3).
2. Padres y Doctores de la Iglesia
Basados en la Biblia, los Padres y Doctores de la Iglesia explicaron algunas características de la vida cristiana en una manera más coherente y detallada. Los Padres Apostólicos llamaron "sol" de la vida cristiana al amor de Dios y del prójimo, porque anima todas las virtudes con sus rayos vitales e inspira desprio del mundo, pureza inmaculada y sacrificio de uno mismo. La "Didache", que servía como manual para los catecúmenos, describe así el camino de la vida: "Primero, debes amar a Dios que te creó. Segundo, debes amar a tu prójimo como a ti mismo. Lo que no quieras que te hagan a ti, no lo hagas a los demás". Probablemente siguiendo a la "Didache", la así llamada "Epístola de Bernabé", escrita al fin del siglo II, representa la vida cristiana bajo la forma de dos caminos: el de la luz y el de la oscuridad. Dos cartas, aparentemente fruto de la pluma de San Clemente, aunque quizás escritas en el siglo III, califican de celestial, divina y angélica la vida de virginidad cuando ésta se encuentra fundamentada en el amor de Dios y acompañada por las obras correspondientes (Cfr. Encíclica "Sacra Virginitas", de S.S. Pío XII, del 25 de marzo, 1954. N.T.). También mencionaremos a San Ignacio de Antioquía, de cuyas cartas San Policarpo afirma que contienen "fe y paciencia y toda la edificación en el Señor", y al Pastor de Hermas, cuyos doce mandamientos inculcan simplicidad, veracidad, castidad, mansedumbre, paciencia, continencia, confianza en Dios y combate perpetuo contra la concupiscencia. Al llegar el siglo III las obras de la ascética cristiana comenzaron a tomar un carácter más científico. En las obras de Clemente de Alejandría y Gregorio Magno ("Moral.", XXXIII, c. xxvii; cf. también Cassian, "Coll,", IX, XV) se pueden observar huellas de la triple vía que posteriormente fue desarrollada sistemáticamente por Dionisio el Aeropagita. En su obra, "Stromata", Clemente pone al descubierto plenamente la belleza y grandeza de la "verdadera filosofía". Es de notar espialmente que este autor detalla, en forma por demás pormenorizada, lo que ahora se conoce como cultura ética, y que él intenta armonizar con el ejemp
Teología Dogmática
La teología dogmática es la parte de la teología que trata de las verdades teóricas de fe que se refieren a Dios y a sus obras (dogmata fidei), mientras que la teología moral tiene como materia las verdades prácticas de moralidad (dogmata morum). A ves la apologética o teología fundamental es llamada "teología dogmática general", distinguiéndose de ella la teología dogmática propiamente dicha como "teología dogmática espial". Sin embargo, según la costumbre actual, la apologética ya no se trata como parte de la teología dogmática sino que ha alcanzado el rango de ciencia independiente, que se considera generalmente como la introducción y fundamento de la teología dogmática. El presente artículo tratará primero de las cuestiones que son fundamentales para la teología dogmática y luego revisará brevemente su desarrollo histórico debido a la perspicacia y a la infatigable laboriosidad con que los teólogos de todos los países civilizados y de todos los siglos han cultivado y promovido esta ciencia.
Definición y naturaleza de la Teología Dogmática
Para definir la teología dogmática, lo mejor será empezar por la noción general de teología. Considerada etimológicamente, teología (del griego Theologia, esto es, peri Theou logos) significa objetivamente la ciencia que trata de Dios, subjetivamente, el conocimiento científico de Dios y de las cosas divinas. Si se define como la ciencia relativa a Dios (doctrina de Deo), el nombre de teología se aplica también al conocimiento filosófico de Dios, que se da en forma científica en la teología natural o teodicea. Sin embargo, salvo que la teodicea esté libre de errores, no puede rlamar el nombre de teología. Por esta razón, la mitología pagana y las doctrinas paganas sobre los dioses deben enseguida dejarse de lado como una teología falsa. También la teología de los herejes, en cuanto que contiene graves errores, debe excluirse. En un sentido superior y más perfto llamamos teología a esa ciencia de Dios y las cosas divinas que, objetivamente, se basa en la revelación sobrenatural, y subjetivamente, se ve a la luz de la fe cristiana. La teología así se ensancha en la doctrina cristiana (doctrina fidei) y abarca no sólo las doctrinas particulares de la existencia, esencia y personalidad trina de Dios, sino todas las verdades reveladas por Dios. La época patrística no tomó, por regla general, la teología en este sentido amplio. Pues los primeros Padres, limitando estrictamente el término teología a la doctrina sobre Dios, la distinguían de la doctrina sobre su actividad externa, espialmente de la Encarnación y Redención, que incluían bajo el nombre de "onomía divina". Ahora bien, si Dios no es sólo el objeto primordial sino también el primer principio de la teología cristiana, entonces de manera similar su fin último ha de ser Dios; es dir que debe enseñar, llevar a efto y promover la unión con Dios a través de la religión. Por consiguiente, está en la misma esencia de la teología ser la doctrina no sólo de Dios y de la fe, sino también de la religión (doctrina religionis).Esta triple función es la que dio nacimiento al viejo refrán de la escuela: Theologia Deum docet, a Deo docetur, ad Deum ducit (La teología enseña sobre Dios, es enseñada por Dios y conduce a Dios).
Sin embargo, ni la teología sobrenatural en general, ni la teología dogmática en particular está suficientemente espificada por su objeto material o su fin, puesto que la teología natural también trata de Dios y de las cosas divinas y muestra que la unión con Dios es una tarea religiosa. Lo que esencialmente distingue a las dos ciencias es el así llamado principio formal u objeto formal. La teología sobrenatural considera a Dios y las cosas divinas solamente a la luz sobrenatural de la revelación externa y de la fe interior, las analiza científicamente, las demuestra y penetra en su significado tanto como es posible. De esto se sigue que la teología comprende todas las doctrinas y sólo aquellas que deben encontrarse en las fuentes de la fe, a saber, la Escritura y la Tradición, y que la Iglesia infalible nos propone. Ahora bien, entre estas verdades reveladas hay muchas que la razón, por su propia potencia natural, puede descubrir, comprender y demostrar, espialmente las que pertenen a la teología natural y a la ética. Estas verdades, pese a ser accesibles a la razón sin ayuda, riben una coloración teológica sólo por ser al mismo tiempo reveladas sobrenaturalmente y aceptadas sobre la base de la autoridad infalible de Dios. Al no ser el acto de fe más que la rendición incondicional de la razón humana a la autoridad soberana del Dios que se revela, es evidente que la teología católica no es puramente una ciencia filosófica como las matemáticas o la metafísica; debe más bien, por su propia naturaleza ser una ciencia de autoridad, que basa sus enseñanzas, espialmente de los misterios de la fe, en la autoridad de la revelación divina y de la Iglesia infalible fundada por Cristo; pues es misión divina de la Iglesia preservar intacto todo el depósito de la fe (depositum fidei), para predicarla y explicarla con autoridad. Hay, es cierto, muchos no católicos e incluso algunos católicos que se irritan al ver a la teología católica inclinarse ante una autoridad externa. Se ofenden por los dretos conciliares, las disiones papales ex cathedra, la censura de opiniones teológicas, el índice de libros prohibidos, el Syllabus, el juramento contra el Modernismo. Aun así esta reglas eclesiásticas surgen de manera natural y lógica del principio formal de la teología cristiana: la existencia de la revelación divina y el derecho de la Iglesia a pedir, en nombre de Cristo, una creencia inquebrantable en ciertas verdades relativas a la fe y la moral. Rhazar la autoridad de la Iglesia sería equivalente a abandonar la revelación sobrenatural, y despriar al mismo Dios, que no puede ni engañar ni ser engañado, puesto que es la Verdad misma, y quien habla por boca de la Iglesia. Por consiguiente, la teología como ciencia, si quiere evitar el peligro del error, debe siempre permaner bajo la tutela y guía de la Iglesia. Para un católico, la teología sin la Iglesia es tan absurda como la teología sin Dios. La teología dogmática, entonces, puede definirse como la exposición científica de toda la doctrina teórica relativa al propio Dios y a su actividad externa, basada en los dogmas de la Iglesia.
La teología dogmática como ciencia
Al considerar que la teología dogmática depende esencialmente de la Iglesia, surge en seguida una seria dificultad. Uno se puede preguntar, ¿cómo puede la teología pretender ser una ciencia en el sentido genuino de la palabra? Si el objeto y resultado de la investigación teológica está establido por adelantado por una autoridad que se atribuye la infalibilidad y no permitirá la contradicción, si la línea de marcha está, como lo está, claramente marcada y estrictamente prescrita, ¿cómo se puede plantear la cuestión de una verdadera ciencia o de libertad científica? Las pruebas dogmáticas, que supuestamente demuestran un dogma infalible, ¿no son, después de todo, mero juego dialéctico, ciencia vergonzante, razonamiento hecho para ordenar? El prejuicio contra la teología católica, predominante en el mundo en general, está empezando a portar frutos; en muchos países las facultades teológicas, aún existentes en las universidades del estado, se consideran tanto como un lastre inútil, y se está pidiendo que sean relegadas a los seminarios episcopales, donde ya no pueden dañar a la libertad inteltual de la gente. La abierta injusticia de esta actitud es obvia cuando uno considera que las universidades surgieron y se desarrollaron a la sombra de la Iglesia y de la teología católica; y que, además, la exageración de la libertad científica puede demostrarse fatal también para las ciencias profanas. Salvo que presuponga ciertas verdades, que no pueden demostrarse más que muchos misterios de la fe, la ciencia no puede lograr nada; y salvo que ronozca los límites que se establen a la investigación, la alardeada libertad degenerará en desordenada y arbitraria anarquía. Igual que el lógico parte de nociones, el jurista de textos legales, el historiador de hhos, el químico de sustancias materiales como cosas que no exigen prueba en su caso, así el teólogo ribe su material de manos de la Iglesia y trata con él según las reglas que el científico aplica en su propia rama.
Además, la opinión de que la investigación científica es absolutamente libre e independiente de toda autoridad es antojadiza y distorsionada. Para la libertad de la ciencia, la autoridad de la conciencia individual, y también de la sociedad humana, constituye un límite infranqueable. Incluso el poder civil tendría que ejercer su autoridad en forma de castigo si un profesor de universidad, abusando de la libertad de pensamiento e investigación científica, enseñara abiertamente que el atraco, el asesinato, el adulterio, la revolución y la anarquía son permisibles. Podemos conceder que el teólogo católico, que está sujeto a la autoridad lesiástica, se halla más estrhamente ligado que el profesor de una ciencia sular. Aun así, la diferencia es de grado sólo, puesto que toda ciencia y todo investigador está ligado por el deber moral y religioso de subordinación. Es cierto que algunos escolásticos, por ejemplo, Durandus y Vázquez, negaban a la teología cristiana carácter estrictamente científico, sobre la base de que el contenido de la fe es oscuro e incapaz de ser demostrado. Pero su argumento no transmite convicción. Como mucho, prueba que la ciencia dogmática no es de la misma clase y orden que las ciencias profanas. Lo que es esencial a cualquier ciencia no es la evidencia interna, sino meramente la certeza de sus primeros principios.
Hay muchas ciencias profanas que toman prestados sin pruebas sus principios supremos de una ciencia superior; estos son los así llamados lemmata, proposiciones auxiliares que sirven como premisas para ulteriores conclusiones. El teólogo hace lo mismo. Él también, toma prestados los primeros principios de su ciencia de un conocimiento superior de Dios sin probarlos. Toda ciencia subordinada supone naturalmente en la disciplina superior el poder de dar una estricta demostración de las premisas que se dan por supuestas. Pero todos los axiomas científicos descansan últimamente en la metafísica, y la propia metafísica es incapaz de probar de manera estricta todos sus principios, todo lo que puede hacer es defenderlos contra los ataques. Está claro entonces que toda ciencia sin excepción descansa en axiomas y postulados que, aunque ciertos, no admiten aun así demostración. El matemático es consciente de que la existencia de la geometría, la más segura y palpable de todas las ciencias, depende enteramente de la solidez del postulado de las paralelas. Sin embargo, este mismo postulado dista mucho de ser demostrable. De hecho, puesto que no era previsible ninguna prueba convincente del mismo, desde la época de Gauss ha surgido una geometría más general, no euclidiana, de la que la euclidiana es sólo un caso espial.
¿Porqué, entonces, debe negarse el nombre de ciencia a la teología católica a causa de sus postulados, lemmata y misterios? Aparte del dominio del dogma propiamente dicho, el teólogo puede aproximarse a las numerosas cuestiones controvertidas y a los problemas más intrincados con la misma libertad que disfruta cualquier otro científico. Una cosa, sin embargo, nunca debe perderse de vista. Ninguna ciencia tiene libertad para alterar teoremas que han sido establidos de una vez por todas; deben considerarse como dogmas inmutables sobre los cuales se basa toda la estructura. De manera similar, los artículos de fe no deben ser considerados por el teólogo como incómodas barreras, sino como faros que advierten al marinero, le muestran el verdadero camino y le salvan del naufragio.
Métodos de la teología dogmática
Mientras otras ciencias, como, por ejemplo, la teodicea, comienzan probando la existencia de Dios, está más allá de la finalidad de la teología descubrir las verdades dogmáticas. La materia con la que tiene que tratar el estudioso de la teología se le ofre en el depósito de la fe y, reducida a su forma más breve, se encuentra en el catismo.
Si el teólogo se contenta con derivar los dogmas a partir de las fuentes de la fe y con explicarlos, se ocupa de la teología "positiva". Guiado por la autoridad doctrinal de la Iglesia, llama en su ayuda a la historia y a la crítica para encontrar en la Escritura y la Tradición la verdad genuina sin mezcla. Si a este elemento positivo se une una tendencia polémica, tenemos la teología de "controversia" que llevó a su máxima perfción en el Siglo XVII el cardenal Bellarmino. La teología positiva debe probar sus tesis mediante argumentos concluyentes sacados de la Escritura y la Tradición; de ahí que esté estrhamente relacionada con la exégesis y la historia. Como exegeta, el teólogo debe en primer lugar aceptar la inspiración de la Biblia como Palabra de Dios. Pero incluso cuando está aclarando su significado, siempre tiene en mente la interpretación unánime de los Padres, los principios hermenéuticos de la Iglesia, y las dirtrices de la Santa Sede. En su faceta de historiador, el teólogo no debe dejar de lado su creencia en el origen sobrenatural del Cristianismo y en la institución divina de la Iglesia, si quiere dar un relato objetivo y verídico de la tradición, de la historia del dogma y de la patrología. Pues, igual que la Biblia, que es la Palabra de Dios, fue escrita bajo la inmediata inspiración del Espíritu Santo, la Tradición fue, y es, guiada de manera espial por Dios, que la preserva de ser restringida, mutilada o falsificada.
Por consiguiente, quien dlara desde el principio que la Biblia es un libro ordinario, los milagros y profías imposibles y anticuados, la Iglesia una gran institución para amortiguar el pensamiento, los Padres de la Iglesia charlatanes piadosos, es totalmente incapaz, incluso desde un punto de vista puramente científico, de comprender las trascendentales designios de Dios sobre la humanidad. De esto podemos concluir cuán antilesiástico y al mismo tiempo cuán anticientíficos son los historiadores que prefieren explicar las obras de los Padres sin la debida consideración a la tradición lesiástica, que era el medio ambiente mental en el que vivían y alentaban. Pues sólo cuando descubrimos el lazo viviente que los liga a la Tradición Apostólica de la que son testigos, podemos comprender sus escritos y determinar la heterodoxia de algunos pasajes, como por ejemplo la apocatastasis de Orígenes en los escritos de Gregorio de Nisa. Cuando Pío X en su Motu Proprio de 1 de Septiembre de 1910, obligó solemnemente a los sacerdotes a adherirse a estos principios, hizo más que rordarnos las reglas consagradas por el tiempo de la fe cristiana, liberó a la historia y a la crítica de las funestas excrencias que impedían el desarrollo de una verdadera ciencia.
Cuando se ha derivado de sus fuentes el material dogmático con la ayuda del método histórico, aguarda al teólogo otra trascendental tarea: la apriación filosófica, el examen espulativo y el esclarimiento del material sacado a la luz. Esta es la finalidad del método "escolástico" del que toma su nombre la "teología escolástica".
La finalidad del método escolástico es cuádruple:
* desvelar completamente el contenido del dogma y analizarlo por medio de la dialéctica;
* establer una conexión lógica entre los diversos dogmas y unirlos en un sistema bien soldado;
* derivar nuevas verdades, llamadas "conclusiones teológicas" de las premisas por medio del razonamiento silogístico;
* encontrar razones, analogías, argumentos congruentes para los dogmas
Pero por encima de todo mostrar que los misterios de la fe, aunque más allá del alcance de la razón, no son contrarios a sus leyes sino que pueden ser aceptables a nuestro intelto. Es evidente que la última finalidad de estas espulaciones filosóficas no puede ser disolver el dogma finalmente en meras verdades naturales ni despojar a los misterios de su carácter sobrenatural, sino explicar las verdades de la fe, proporcionarles una base filosófica, acercarlas más a la mente humana. La Fe debe seguir siendo siempre el sólido fondo sobre el que construye la razón, y la fe a su vez se esfuerza tras el entendimiento (fides quoerens intelltum). De ahí el famoso axioma de S. Anselmo de Canterbury: Credo ut intellegam. Por mucho que uno pueda estimar los resultados de la teología positiva, una cosa es cierta: el carácter científico de la teología dogmática no se basa tanto en la exactitud de sus pruebas exegéticas o históricas como la comprensión filosófica del contenido del dogma. Pero al intentar esta tarea, el teólogo no puede buscar ayuda en la filosofía moderna con su interminable confusión, sino en el glorioso pasado de su propia ciencia. Los modernos sistemas de filosofía, crítica escéptica, positivismo, panteísmo, monismo, etc., ¿qué son más que errores antiguos vaciados en moldes nuevos? La teología católica se adhiere corrtamente a la única filosofía verdadera y eterna del sentido común, que fue establida por la Divina Providencia en la Escuela Socrática, llevada a su perfción suprema por Platón y Aristóteles, purificada de las más pequeñas trazas de error por los escolásticos del Siglo XIII.
Ésta es la filosofía aristotélico-escolástica, que ha logrado una posición cada vez más fuerte en las instituciones eclesiásticas de enseñanza. Guiados por sólidos principios pedagógicos, los Papas León XIII y Pío X prescribieron oficialmente esta filosofía como preparación para el estudio de la teología, y la romendaron como método modélico para el tratamiento espulativo del dogma. Mientras que en su famosa Encíclica "Pascendi" de 8 de Septiembre de 1907, Pío X alaba la teología positiva y ronoce francamente su nesidad, aún así hace sonar una nota de advertencia en ella para que no se llegue a estar tan absorto en ella que se descuide la teología escolástica, que es la única que puede dar una base científica al dogma. Estos rescriptos papales fueron inspirados por la triste experiencia de que cualquier otra filosofía escolástica, en vez de elucidar y clarificar, sólo falsifica y destruye el dogma, como lo demuestra claramente la historia del Nominalismo, la filosofía del Renacimiento, el Hermesianismo, el Güntherianismo y el Modernismo. También el desarrollo de la teología protestante, que, al entrar en estrha unión con la filosofía moderna, osciló aquí y allá entre los extremos de la fe y la increencia y ni siquiera sintió repugnancia ante el Panteísmo, es un ejemplo que advierte al teólogo católico. Esto no significa que la teología católica no haya ribido algún estímulo de la moderna filosofía desde los tiempos de Kant (muerto en 1804). Como cuestión de hecho, la tendencia crítica ha acelerado el sentido histórico-crítico de los teólogos católicos respto al método y demostración, ha dado más amplitud y profundidad a su exposición de los problemas, y ha mostrado plenamente el valor de la "duda teórica" como punto de partida de toda investigación científica. Todos estos avances, en cuanto señalan un progreso real, han ejercido también una influencia saludable en la teología. Pero nunca pueden reparar los daños materiales causados a la sagrada ciencia, cuando, abandonando a Santo Tomás de Aquino, iban de la mano de Kant y demás campeones de nuestra época. Pero puesto que la filosofía aristotélico-escolástica es también capaz de un desarrollo continuo, hay razones para esperar en el futuro una mejora progresiva de la teología espulativa.
Otro método de llegar a las verdades de la fe es el misticismo, que apela más bien al corazón y sentimientos que al intelto, y comunica sensiblemente un conocimiento de las cosas divinas a través de la meditación piadosa. En tanto que el misticismo se mantiene en contacto con el escolasticismo y no excluye completamente al intelto, tiene derecho a la existencia por la simple razón de que la fe arraiga en el hombre entero, y penetra sus pensamientos, deseos y sentimientos. Los más grandes místicos, como Hugo de St.Victor, Bernardo de Clairvaux y Buenaventura, fueron al mismo tiempo distinguidos escolásticos. Un corazón que ha conservado la fe y simplicidad de su infancia, se deleita incluso ahora con los escritos de Enrique Suso (muerto en 1365). Pero cuando el misticismo se emancipa de la guía de la razón y no da importancia a la autoridad doctrinal de la Iglesia, enseguida cae presa del Panteísmo y del pseudomisticismo, que son la ruina de toda religión verdadera. Meister khart, cuyas proposiciones fueron condenadas por el Papa Juan XXII en 1329, es un ejemplo. Hay poco en la actual tendencia de pensamiento que sea favorable al misticismo. El escepticismo que ha envenenado las mentes de nuestra generación, la incontrolada avaricia de riquezas, el febril apresuramiento en empresas comerciales, incluso la embotadora costumbre de leer los diarios - todas estas cosas sólo son demasiado apropiadas para estorbar la serena atmósfera de la contemplación divina, y causan estragos en la vida interior, la condición nesaria bajo la cual únicamente puede florer la tierna flor de la piedad mística. El Modernismo pretende poseer en su sentido inmediato e inmanente de Dios un suelo aduado para el crimiento del misticismo; este suelo, sin embargo, no ribe sus aguas de la fuente incontaminada de la piedad católica, sino de las cisternas del pseudomisticismo protestante liberal, que están corrompidas, sreta o confesadamente, por el Panteísmo.
Relación de la teología dogmática con otras disciplinas
Al principio, era algo completamente desconocido tener las diferentes ramas teológicas como ciencias independientes. La teología dogmática era la única disciplina, y comprendía la apologética, la teología moral y dogmática y el derecho canónico. Esta unidad interna se señalaba también externamente por el nombre global de ciencia de la fe (scientia fidei), o sagrada ciencia (scientia sacra). El primero en afirmar su independencia fue el derecho canónico, que, junto con la teología dogmática, fue el principal objeto de estudio en las universidades medievales. Pero puesto que los principios subyacentes al derecho canónico, tales como la constitución divina de la Iglesia, la jerarquía, el poder de ordenar, etc., eran al mismo tiempo doctrinas de fe que debían ser probadas por la teología dogmática, había poco peligro de que la relación interna y la dependencia de la ciencia principal se rompiera. Mucho más duró la unión entre la teología dogmática y la teología moral. Fueron tratadas en los "Libros de Sentencias" y las "Summae" teológicas medievales como una ciencia. No fue hasta el Siglo XVII, y entonces sólo por razones prácticas, cuando la teología moral se separó del cuerpo principal del dogma católico. No degeneró esta división en una separación formal de dos disciplinas estrictamente coordinadas. La teología moral siempre ha sido consciente de que las leyes de la moralidad reveladas son tanto artículos de fe como dogmas teóricos, y que toda la vida cristiana se basa en las tres virtudes teologales, que son parte de la doctrina dogmática de la justificación. De ahí el rango superior de la teología dogmática, que no es sólo el centro alrededor del cual se agrupan las demás disciplinas, sino también el tronco del que se ramifican. Pero la nesidad de una ulterior división del trabajo tanto como el ejemplo de los métodos no católicos conduce al desarrollo independiente de las demás disciplinas: apologética, exégesis, historia de la iglesia.
La relación existente entre la apologética, o teología fundamental como ha sido llamada últimamente, y la teología dogmática no es la que hay entre una ciencia particular y una general; es más bien la del vestíbulo con el templo o de los cimientos con su superestructura. Pues tanto el método como la finalidad de la demostración difieren totalmente en las dos ramas. Mientras la apologética, resuelta a colocar los fundamentos de la religión cristiana o católica, utiliza argumentos históricos y filosóficos, la teología dogmática, por otro lado, hace uso de la Escritura y la Tradición para probar el carácter divino de los diferentes dogmas. La duda sólo puede existir en cuanto a si la discusión de las fuentes de la fe, la regla de fe, la Iglesia, la primacía, la fe y la razón, pertenen a la apologética o a la teología dogmática. Aunque un tratamiento dogmático de estas importantes cuestiones tiene sus ventajas, aun así desde un punto de vista práctico y por razones puliares a la materia, deberían ser separadas de la teología dogmática y referidas a la apologética. La razón práctica es que las diferencias de denominación religiosa existentes piden un tratamiento apologético más completo de estos problemas; y además, la propia materia no contiene nada más que cuestiones preliminares y fundamentales de la teología dogmática propiamente dichas. Una rama de la máxima importancia, desde la Reforma, es la exégesis con sus disciplinas conexas, porque esa ciencia estable el significado de los textos nesario para el argumento de las Escrituras. Como las ciencias bíblicas suponen nesariamente el dogma de la inspiración de la Biblia y la institución divina de la Iglesia, que sola, por la asistencia del Espíritu Santo, es la propietaria legítima e intérprete autorizada de la Biblia, es manifiesto que la exégesis, aunque disfrutando de plena libertad en todos los asptos, nunca debe perder su relación con la teología dogmática. Ni siquiera la historia de la iglesia, aunque usando los mismos métodos críticos de la historia profana, es del todo independiente de la teología dogmática. Como su objeto es exponer la historia del reino de Dios en la tierra, no puede repudiar o ignorar ni la Divinidad de Cristo ni la fundación divina de la Iglesia sin perder su derecho a ser considerada como una ciencia teológica. Lo mismo es aplicable a otras ciencias históricas, como la historia del dogma, de los concilios, de las herejías, patrología, simbólica y arqueología cristiana. La teología pastoral, que abarca la liturgia, la homilética y la catequesis, procede de, y guarda estrha relación con la teología moral; su dependencia de la teología dogmática no nesita, por tanto, prueba adicional.
La relación entre la teología dogmática y la filosofía mere atención espial. Para empezar, incluso cuando tratan el mismo asunto, como Dios o el alma, hay una diferencia fundamental entre las dos ciencias. Pues, como se dijo más arriba, los principios formales de las dos son totalmente diferentes. Pero esta diferencia fundamental no debe exagerarse hasta el punto de afirmar, como los filósofos del Renacimiento y los modernistas, que algo falso en filosofía pueda ser verdadero en teología, y viceversa. La teoría de la "doble verdad", en teología y en historia, que es sólo una variante del mismo principio falso, es por tanto expresamente abjurada en el juramento antimodernista. Pero no menos fatal sería el otro extremo de identificar la teología con la filosofía, como se intentó por los gnósticos, después por Escoto Eriúgena (muerto hacia 877), Raimundo Lulio (muerto en 1315), Pico della Mirandola (muerto en 1463) y por los racionalistas modernos. Para contrarrestar este audaz plan, el Concilio Vaticano (Sesión III, cap. iv) dlaró solemnemente que las dos ciencias difieren esencialmente no sólo en su principio cognitivo (fe, razón) y su objeto (dogma, verdad racional), sino también en su motivo (autoridad divina, evidencia) y su fin último (visión beatífica, conocimiento natural de Dios). Pero, ¿cuál es la relación prisa entre estas ciencias? El origen y dignidad de la teología revelada nos prohíbe asignar a la filosofía un rango superior o incluso coordinado. Ya Aristóteles y Filón de Alejandría, al determinar la relación de la filosofía con esa parte de la metafísica que se refiere dirtamente a Dios, dlararon que la filosofía era la "sirvienta" de la teología natural. Cuando la filosofía entró en contacto con la revelación, esta subordinación se subrayó aún más y finalmente cristalizó en el principio: Philosophia est ancilla theologiae. Pero ni la Iglesia ni los teólogos que insistían en este axioma, pretendieron nunca de ese modo limitar la libertad, independencia y dignidad de la filosofía, rortar sus derechos o rebajarla a la posición de mera esclava de la teología. Sus mutuas relaciones son mucho más honorables. La teología puede ser concebida como una reina, la filosofía como la noble dama de la corte que realiza para su señora los más dignos y valiosos servicios, y sin cuya asistencia la reina se quedaría en una situación desvalida y embarazosa. Que la Iglesia, al examinar los diversos sistemas, selcionara la filosofía que armonice con su propia doctrina revelada y demuestre ser la única filosofía verdadera por ronocer un Dios personal, la inmortalidad del alma, y la ley moral, era tan natural y obvio que no requiere defensa. Tal filosofía, sin embargo, existió entre los paganos desde antiguo, y fue llevada a un eminente grado de perfción por Aristóteles.
División y contenido de la teología dogmática
No sólo para los no católicos, sino también para los laicos católicos puede ser de interés hacer un breve examen de las cuestiones y problemas que generalmente se discuten en la teología dogmática.
Dios (de Deo uno et trino)
Como Dios es la idea central alrededor de la cual gira la teología, la teología dogmática debe empezar con la doctrina de Dios, esencialmente uno, cuya existencia, esencia y atributos han de ser investigados. Mientras que los argumentos, en sentido estricto, de la existencia de Dios se dan en la filosofía o en la apologética, la teología dogmática insiste en la doctrina revelada según la cual Dios puede ser conocido a partir de la creación por la sola razón, esto es, sin revelación externa o iluminación interna por la gracia. De esto se sigue inmediatamente que el Ateísmo debe ser calificado como herejía y que el Agnosticismo no puede alegar circunstancias atenuantes. Ni se pueden conciliar el Tradicionalismo y el Ontologismo con el dogma de la cognoscibilidad natural de Dios. Pues si, como afirman los tradicionalistas, la conciencia de la existencia de Dios, que se encuentra en todas las razas y épocas, se debe solamente a la tradición oral de nuestros antepasados y últimamente a la revelación hecha en el Paraíso, el conocimiento de Dios derivado de la creación visible enseguida se descarta. Lo mismo debe dirse de los ontologistas, que imaginan que nuestra mente disfruta de una visión intuitiva de la esencia de Dios, y se asegura así de su existencia. Del mismo modo, suponer con Descartes una idea innata de Dios (idea Dei innata) está fuera de cuestión; por consiguiente, la cognoscibilidad de Dios por la mera razón significa, en último análisis, que su existencia puede ser demostrada, como afirma expresamente el juramento antimodernista prescrito por Pío X. Pero este método de llegar al conocimiento de Dios es fatigoso; pues debe proceder por la vía de negar la imperfción en Dios y de atribuirle en excelencia suprema (eminenter) cualquier perfción que se encuentre en las criaturas; ni la luz de la revelación y de la fe eleva nuestro conocimiento a un plano esencialmente superior. De ahí que nuestro conocimiento de Dios en esta tierra implique dolorosas deficiencias que no pueden ser colmadas salvo por la visión beatífica.
Se dice generalmente que la esencia metafísica de Dios es la auto-existencia, que significa, sin embargo, la plenitud del ser (en griego, autousia) y no meramente la negación de origen (ens a se - ens non ab alio). La así llamada aseidad positiva del profesor Schell, que quiere dir que Dios se realiza y se produce a sí mismo debe ser rhazada sin transigencia como la confusión panteísta del ens a se con el impersonal ens universale. La relación existente entre la esencia de Dios y sus atributos no pude llamarse una distinción real (Realismo teórico, Gilbert de la Porrée), ni siquiera una distinción lógica de la mente (Nominalismo). Intermedia entre estos dos extremos objetables está la distinción formal de los escotistas. Pero la distinción virtual de los tomistas mere la preferencia en todos los sentidos, porque es la única que no compromete la simplicidad del Ser Divino. Si la auto-existencia es el atributo fundamental de Dios, los atributos tanto del ser como de operación deben proceder de
Teología Moral
La Teología moral, es una rama de la teología, la ciencia de Dios y cosas divinas. La distinción entre teología natural y sobrenatural queda en una sólida fundación. Teología natural es la ciencia de Dios mismo, tan lejos como la mente humana puede por sus propios esfuerzos alcanzar una conclusión definitiva acerca de Dios y su naturaleza, esto es siempre designado por el adjetivo natural. Teología, sin ninguna modificación adicional es invariablemente entendida para significar teología sobrenatural, que es la ciencia de Dios y cosas divinas, tan lejos como esta basado en la revelación sobrenatural. Este materia asunto embaraza no solo a Dios y su esencia, pero también sus acciones y sus trabajos de salvación y la guía con la que estamos guíados a Dios, nuestro fin sobrenatural. Consuentemente extiende mas lejos que la teología natural, para que importa los últimos informes nuestros de la esencia de Dios y sus atributos, ahora puede dirnos nada acerca de su libre trabajo de salvación. El conocimiento de estas verdades es nesariamente para cada hombre, al menos en los bastos esbozos y adquisición de la fe cristiana. Pero esto no es ciencia. Lo profundizado, expandido y fortalido de artículos de fe es entendible y defendido por sus razones y es siempre con sus conclusiones, arreglado sistemáticamente.
El campo entero de la teología propiamente esta dividida en teología dogmática y moral, que difieren en materia asunto y en método. Teología dogmática tiene teología moral y preptos de la moral. Los preptos de cristianos morales son también parte de las doctrinas de la fe, para ellos fueron anunciados o confirmados por la revelación divina. La materia asunto de teología dogmática es esas doctrinas que sirven para enriquer el conocimiento nesario o conveniente para el hombre, cuyo destino es sobrenatural. Teología moral de la otra mano esta limitada a esas doctrinas que discuten las relaciones del hombre y sus acciones libres para Dios y su fin supernatural y propone el significado instituido por Dios para el logro del fin. Consuentemente teologías dogmática y moral son dos cercanas partes relacionadas de teología universal. Considerando como un numero considerable de doctrinas individuales puede ser llamada por otras disciplinas, ninguna línea aguda de demarcación puede ser dibujada entre la materia asunto de dogma y moral. En la practica actual sin embargo, una división y limitación debe ser hecha en acuerdo con nesidades practicas. De una naturaleza similar entre teología moral y ética. El sujeto materia de moral natural o etica, como contenido en el Dálogo, ha sido incluido en positivo, Divina revelación y así paso en teología moral. No obstante los procesos argumentativos difieren en dos ciencias, y para esta razón una porción larga del asunto no es visto en teología moral y refiere a la ética. Por instancia, el rhazo de los sistemas falsos de éticos modernos es generalmente tratado bajo éticos, espialmente porque estos sistemas son rhazados por argumentos dibujados no mucho para fe como para razón. Solo tan lejos como la teología moral requiere defensa y revela doctrinas, concierne ella misma con falsos sistemas. Sin embargo debe discutir los requerimientos variados de la ley natural, no solo porque esta ley ha sido confirmada y definida por revelación positiva, pero también porque cada violación de los vínculos de disturbio del orden moral sobrenatural, el tratamiento del cual es una parte esencial de la teología moral.
El campo de la teología moral, sus contenidos y sus términos que separan de las materias de parentesco, puede ser brevemente indicado como sigue, teología moral incluye cada cosa relacionada a las acciones libres del hombre y el último o supremo fin a ser alcanzado a través de ellos, tan lejos como nosotros sabemos por la misma revelación divina. En otras palabras, incluye el fin sobrenatural, la regla o norma, de orden moral, acciones humanas como su armonía o desarmonía con las leyes de orden moral, sus consuencias, las divinas ayudas por su verdadero cumplimiento.
Un tratamiento detallado de estas materias puede ser encontrado en la segunda parte de Santo Tomas, Suma teológica, como trabajo aun sin igual, como el tratado de teología moral.
La posición de teología moral en teología universal es brevemente esbozada por San Agustín en la Suma Teológica, I Q i, a. 7 y Q ii en el premio y en el prólogo de I II, como por Fr. Suárez en el premio de sus comentarios en I, II de Santo Tomas, la Materia asunto de la segunda parte entera de la Suma teológica, es hombre como agente libre. Hombre fue hecho después de la imagen de Dios por su intelto, su libre deseo y un cierto poder de actuar por su propio acuerdo. Así, después nosotros hemos hablado de un patrón, frente a Dios y esos cosas que proceden de su Divino poder, de acuerdo con su deseo, nosotros ahora volteamos nuestra atención a su imagen, eso es, considerado hombre, como también es el principio o sus acciones en virtud de esa libertad deseada y su poder sobre nuestras acciones. Incluye todo esto en teología, no solo porque es visto como el objeto de la positiva divina revelación ( I, Q. I, a 3) pero también porque Dios siempre es el principal objeto para tratados de teología todas las cosas en su relación con Dios, también como tan lejos ellos son Dios el mismo o son dirigidos hacia Dios, como su origen o ultimo fin ( I , Q, i, a. 7) Desde que es el jefe dirige la teología hacia comunicar el conocimiento de Dios no solo como el es en el mismo pero también como el comienzo y el fin de todas las cosas y particularmente de las criaturas racionales..., nosotros debemos hablar primero de Dios, segundamente de la tendencia a la criatura racional hacia Dios, etc ( I, Q, ii, proem) Estas palabras apuntan hacia el espacio y la materia asunto de la moral parte de la teología. Suárez, quien embarazadamente llama este esptáculo que hay no es contradicción en designar el hombre creado después de la imagen de Dios, dotada con razón y libertad de deseo y ejercitando estas facultades como el objeto de moral teológica y Dios como el objeto de teología " Si nosotros somos preguntados del hombre del próximo objeto de la moral teológica, nosotros deberíamos indudablemente dir eso es hombre como libre agente, quien ve su felicidad por sus libres acciones, pero si nosotros somos preguntados en lo que respta a eso, este objeto debe ser tratado principalmente nosotros debemos contestar esto, debe ser hecho con respto a Dios como su ultimo fin.
Una cuenta detallada del amplio rango de teología moral debe ser encontrado en el índice analítico de Pares segunda de Santo Tomas "Suma Teológica" Nosotros debemos confinarnos nosotros mismos a un sumario breve. La primera cuestión, trata del fin ultimo del hombre, felicidad eterna. Su naturaleza y posesión, entonces sigue un examen de los actos humanos en ellos mismos y sus subdivisiones variadas, de actos voluntarios e involuntarios, de la moral justicia o malicia de ambos actos interiores o exteriores y sus consuencias. Las pasíones en general y en particular, los hábitos o cualidades permanentes del alma humana y preguntas generales sobre virtudes, vicios y pados, Bajo este ultimo titulo mientras preguntando las causas del pado, el autor envuelve la doctrina en pado original y sus consuencias. Esta porción puede sin embargo ser con igual derecho asígnada a teología dogmática en el sentido estricto de la palabra. A pesar de eso Santo Tomar mira el pado principalmente como una trasgresión de la ley y en particular de "ley eterna" ( Q ii. A. 6) Aun el coloca los capítulos sobre las leyes después de la sción sobre pado, porque pado, un hombre humano actúa como un ser humano actúa, es primero discutido del punto de partida de sus principios subjetivos, ejemplo, conocimientos, deseos y la tendencia del deseo. Solo después están las acciones humanas vistas con mirada hacia objetivo o principios exteriores y el principio exterior, por lo cual las acciones humanas son juzgadas no meramente como humanas pero como acciones morales, también moralmente bueno o moralmente mala es la ley. Desde que la moralidad es concebida por el como moralidad sobrenatural, que excede la naturaleza y las facultades del hombre, Divina gracia, el otro principio exterior de la moralidad del hombre, buenas acciones, es discutido después de la ley. En el exordio a Q, xc Santo Tomas instituye una breve división como sigue. "El principio exterior que nos mueve a buenas acciones es Dios. El nos instruye como su ley y nos ayuda con su gracia. He aquí que nosotros deberíamos hablar primero de la ley y después de la gracia.
Los siguientes volúmenes están totalmente dedicados a preguntas espiales, en el orden dado por Santo Tomas en el prologo " Después de la pripitada mirada de las virtudes, vicios, y los principios morales en general, es obligatorio en nosotros considerar los puntos variados en detalle. Discusiones morales, si satisfhas con generalidades, son de pequeño valor porque tocan acciones particulares, cosas individuales. Cuando hay preguntas de moral, nosotros podemos considerar acciones individuales en dos caminos, uno por examinar el asunto, i. E., discutiendo las diferentes virtudes y vicios. Otro inquiriendo en avocaciones variadas de individuos y sus estados desde ambos estos puntos de vista. Primero, el cercano escudriño de virtudes varias cuidando en vista de ayudas divinas y los pados y vicios opuestos de las resptivas virtudes. El examina primero las tres virtudes divinas como son totalmente sobrenaturales y abrazan el basto campo de la caridad y su practica actual, entonces el pasa a las virtudes cardinales con su auxiliar y virtudes aliadas. El volumen concluye con una discusión de los estados particulares de vida en la Iglesia de Dios, incluyendo esos que suponen un extraordinario, guía divina.
Esta ultima parte de ahí, discusiones de materias que espíficamente pertenen a la teología mística o ascética, como una profía y modos extraordinarios de rezos, pero sobre todo la vida activa y contemplativa, perfción cristiana y estado religioso en la iglesia. Los contenidos de un trabajo moderno sobre teología moral, como por instancia, eso de Slater (Londres 1909) son actos humanos, conciencia, ley, pado, virtudes de fe, esperanza, caridad, los preptos del dálogo, incluyendo un tratado espial de justicia, los mandamientos de la iglesia, deberes ligados en particular a estados u oficios, los sacramentos no tan lejos como su administración y repción están con un significado de reforma moral y rtitud, leyes eclesiásticas y penalidades, solo tan lejos como ellas aftan la conciencia, estas leyes formando propiamente la materia asunto de la ley canónica, y así tan lejos como ellos gobiernan y regulan la iglesia como una organización, su membresía, ministros, relaciones entre la jerarquía, clérigos, ordenes religiosas, laicidad o autoridad espiritual y temporal.
Una circunstancia no debe ser sobrevista. Teología moral considera acciones humanas libres, solo en su relación al supremo orden y al ultimo y alto fin, no en su relación a los próximos fines cuyo hombre puede y debe perseguir, como por instancia política, social, onómica. onomía, política y ciencias sociales son campos separados de la ciencia, no subdivisiones de la ciencia moral. Sin embargo estas ciencias espiales deben también ser guíadas por la moral y deben subordinarse a los principios espíficos de esta moral teológica, al menos tan lejos como para no chocar con lo moderno. El hombre es un ser y todas sus acciones deben finalmente permitirle su ultimo y alto fin. De ahí variados próximos fines deben guíarlo hacia el fin, pero debe ser hecho subsirviendolo hacia su logro. He ahí la moral teológica deslinda toda relación individual del hombre y pasa juicios sobre las preguntas políticas, onómicas y sociales, no mirando su situación en política y onomía, pero con la mirada a su influencia sobre la vida moral. Esto es también la razón que hay fuertemente otra ciencia que toca otras esferas tan cercanas como hace la moral teológica y porque esa esfera es más extensa en eso y cualquier otro. Esta es verdad considerando como teología moral tiene la eminencia practica de la esfera de instrucción y formación espiritual de dirtores y confesores, quienes deben ser familiares con las condiciones humanas en su relación de la ley moral y aconsejar personas en cada estado y situación.
La forma en la que la teología moral trata esta materia asunto, debe ser como teología general, principalmente positiva, eso es dibujando desde la revelación y fuentes teológicas. Empezando desde la fundación positiva, razón también viene en juego casí extensivamente, espialmente desde toda la materia asunto de ética natural, ha sido promovida hasta el grado de moral sobrenatural. Esta razón verdadera debe ser iluminada por fe sobrenatural, pero cuando ilumino esta obligación es para explicar, probar y defender la mayoría de los principios de teología moral.
Desde lo que ha sido dicho es manifiesto que la fuente principal de la moral teológica es escritura sagrada y tradición juntas que enseña la iglesia.
Sin embargo, los siguientes puntos deben ser observados mirando el antiguo testamento.
No todos los preptos contienen en ellos que son universalmente validos, como muchos pertenen al ritual y espialmente ley de los judíos. Estos estatutos nunca obligaron al mundo no judío y tiene simplemente han sido abrogados por el nuevo pacto, así ahora las observancias rituales propiamente son ilícitas. El Dálogo sin embargo con el exclusivo cambio en la ley juntando la celebración del Sabath, ha pasado al nuevo pacto una positiva confirmación divina de la ley natural y ahora constituye el principal sujeto materia de la moralidad cristiana. Sin embargo nosotros debemos rordar el viejo pacto no pone en grado de alta moral lo que Cristo elevo al nuevo pacto. Jesús el mismo menciona cosas que permitieron a los judíos "una cuenta de fortaleza a sus corazones".pero contra lo cual el solicita nuevamente la ley al principio impuesta por Dios. He aquí que no siempre fue tolerado en el viejo testamento y sus escritos, es tolerado ahora, en el contrario, muchos de los usos aprobados y establidos serian contados a la perfción cristiana como aconsejada por Cristo. Con estas limitaciones, los escritos del viejo testamento son fuentes de moral teológica, conteniendo ejemplos y exhortaciones de virtudes heroicas, desde lo cual los moralistas cristianos siguen la huella de Cristo y sus apóstoles, pueden bien dibujar modelos superbos de santidad.
Aparte de la Sagrada escritura, la iglesia ronoce también la tradición como una fuente de verdades reveladas, e ahí, morales cristianas. Asume una figura principalmente en los escritos de los Padres. Además, las disiones de la iglesia son vistas como una fuente, desde que fueron basadas en la Biblia y Tradición, ellas son aproximadamente fuente de moral teológica, porque ellas contienen el juicio final acerca del significado de las Sagradas escrituras, tan bien como las enseñanzas de los padres. Estas incluyen una larga lista de proposiciones condenadas, que deben ser consideradas como señales de peligro entre los términos entre lo permitido e ilícito, no solo cuando la condenación ha sido pronunciada por virtud de la alta autoridad apostólica, pero también cuando la congregación instituyo por el Papa fue en general, disión doctrinal en preguntas apoyadas en moral. Lo que Pio IX escribió concerniendo a los encuentros de escolares en Munich en el año 1863 puede también ser aplicado aquí. " Desde que hay una pregunta de ese sometimiento al que se atan los católicos en conciencia quien desea avanzar los intereses de la iglesia por devoción de ellos mismos a las ciencias espulativas. Deja a los miembros de esta asamblea volver a llamar que no es suficiente para los católicos escolares aceptar y estimar lo arriba mencionado de dogmas, pero eso ellos están también obligados a someter a las disiones de las congregaciones papales tan bien como a esas enseñanzas que son, por el constante y universal consentimiento de católicos, a llevar como verdades teológicas y conclusiones ciertas que la opinión opuesta aun cuando no herética, aun mere alguna censura teológica. Si esto es cierto de las doctrinas dogmáticas en el estricto sentido de la palabra, podría dir eso es aun mas verdad de preguntas morales porque de ellas no solo absoluta e infalibilidad cierta, pero también moralidad, cierta disión debe ser contada como norma obligatoria.
Las palabras de Pio IX, casí citada, apunta otra fuente de doctrinas teológicas, he ahí, de morales, a saber, las enseñanzas universales de las escuelas católicas. Para estas son los canales, para los cuales las doctrinas católicas sobre fe y moral deben ser transmitidas sin error y lo cual tiene consuentemente la naturaleza de la fuente. Desde la inanimada doctrina de las escuelas católicas sigue naturalmente la convicción de la iglesia universal. Pero desde que es un principio dogmático, eso, toda la iglesia no puede desviarse en asuntos de fe y moral, el consentimiento de varias escuelas católicas debe ofrecer la garantía de infalibilidad en estas preguntas.
La moral teológica, para ser completa en cada respeto, debe realizar preguntas morales que la teología dogmática hace en preguntas perteniente al dogma. Lo ultimo fue explicado claramente, las verdades fe y prueba ellas ser semejantes, también debe tan lejos como posible, enseñar su acuerdo con la razón, defenderlas contra objiones, trazar su conexión con otras verdades y por significados de argumentación teológica deduce mas allá verdades. La teología moral debe seguir el mismo proceso de preguntas de moral. Es evidente que esto no puede ser hecho en todas las ramas de la moral teológica en cuyo camino tan exhausto la materia exceptúa por una serie de monografías. Tomaría volúmenes de esbozo pero lo bello y lo armónico de las disposiciones de Dios, que trascienden la ley natural, pero cuando Dios eftúa una orden para elevar al hombre al plano alto y conducirlo al fin sobrenatural en la futura vida, y ahora todo esto abraza en la materia de moral sobrenatural. Ni la teología moral confinada a la exposición de estos deberes y virtudes que no pueden ser evitados si el hombre desea para conseguir su ultimo fin, incluye todas las virtudes, aun esas que marcan la elevación de la perfción cristiana y su practica, no solo en grado ordinario, pero también en vida ascética y mística. He ahí, esto enteramente corrto para designar el asceticismo y misticismo, como partes de la teología moral cristiana, a pesar de que ellas son tratadas ordinariamente como ciencias distintas.
La tarea de la teología moral es por no significado completo cuando ha explicado las preguntas indicadas. La teología moral, en mas que uno, respeta, es esencialmente una ciencia practica. Sus instrucciones deben ser extendidas a carácter moral, comportamiento moral, el complemento y éxito de aspiraciones morales, así que puede ofrecer una norma definitiva para situaciones complejas de la vida humana. Para este propósito debe examinar los casos individuales que cren y determinan los limites y la gravedad de la obligación en cada uno. Particularmente esos cuyo oficio y posición en la iglesia demanda el culto de la ciencia teológica y que son llamados a ser maestros y consejeros, pero encuentran en la guía practica. Como la jurisprudencia debe ser permitida al juez futuro y abogado administrar justicia en casos individuales, así la teología moral debe permitir al dirtor espiritual o confesor didir asuntos de conciencia en casos variados de la vida diaria. Para pesar las violaciones de la ley natural en el balance de la justicia divina, debe permitir la guía espiritual distinguir corrtamente o advertir a otros como que es pado y que no, que es aconsejado y que no, que es bueno y que es mejor, debe proveer un entr3enamiento científico para el pastor del rebaño que pueda dirigir todo a la vida de deberes y virtudes, advirtiéndoles contra el pado y peligro, guiando desde bueno a mejor, esos que son dotados con luz nesaria y poder moral, criendo fuertemente esos que caen desde el grado moral. Muchas de estas tareas son asignadas a ciencia colateral de teología pastoral, pero esto también trata una espial parte de deberes de moral teológica y pierde, de ahí, entre la esfera de la moral teológica en su sentido amplio. La teorética pura y espulativa, tratado de cuestiones morales debe ser suplementada por la casuística. De ahí debería ser hecha separadamente, eso es cuando la materia asunto debería tomar casusticamente antes o después el tratamiento teorético o cuando el método debería ser al mismo tiempo ambos, teorético y casuístico, no es importante para la materia misma, la posibilidad practica didirá este punto mientras para trabajos escritos de teología moral en espial apunta el autor determinarlo. Sin embargo, el que enseña o escribe teología moral para el entrenamiento de padres católicos, no debería hacer justicia completa al final al que guía, si el no une la casuística y la teorética y elemento espulativo.
Lo que ha sido dicho mas lejos suficientemente fuera del concepto de moral teológica en el amplio sentido. Nuestra nueva tarea es seguir esta actual formación y desarrollo.
La teología moral corrtamente entendida, significa la ciencia de moralidad sobrenaturalmente revelada. De ahí, ellos no pueden hablar de moral teológica quien rhaza la revelación sobrenatural, lo mas ellos pueden hacer es conversar sobre ética natural. Pero para distinguir entre teología moral y ética es pronto o tarde para admitir una ciencia de ética sin Dios y religión. Eso esto contiene una contradicción esencial, es pleno para cada quien analizar las ideas de rtitud moral y perversión moral o el concepto de un absoluto deber que forza a el mismo a una inflexible persistencia sobre todo quien tiene esperado el uso de la razón. Sin Dios, una obligación absoluta es inconcevible, porque no hay nadie que imponga obligación. Yo no puedo obligarme a mi mismo porque yo no puedo ser impropio superior, menos aun puedo yo obligar a toda la raza humana y ahora yo me siento yo mismo obligado a muchas cosas y no puedo, pero me siento yo mismo absolutamente obligado como hombre y de ahí que no puedo pero miro todos esos que comparten la naturaleza humana con migo como también obligados. Es igual entonces que esta obligación puede proceder de un algo ser que es superior a todos lo hombres, no solo para esos que viven el presente, pero para todos los que han sido y quieren ser, de ningún modo en un cierto sentido aun esos quienes son meramente posibles, este ser superior es Señor de todos, Dios. Es también igual eso a pesar este supremo dador de leyes puede ser conocido por razón natural, tampoco El sino su ley, puede ser suficientemente conocida sin una revelación de su parte. De ahí si es esta teología moral el estudio de esta ley divina es actualmente cultivada solo por esos quienes fidedignamente suenan a revelación divina y por las denominaciones que sirven su conexión con la iglesia, solo tan largo como ellos retienen la creencia en la revelación sobrenatural a través de Jesucristo.
Sin embargo el protestantismo ha tirado esta creencia al agua, ahí el estudio de la teología moral como ciencia ha sufrido un naufragio. Ahora podría ser meramente trabajo perdido mirar para un avance sobre el en la parte de la denominación no católica. En el siglo diisiete y diiocho, hay aun hombres para ser encontrados quienes hicieron un intento a eso. J. A. Dornes estatuye en Herzog, "Enciclopedia Real" IV, 364sqq (s.v. "Ética") ese prominente escritores protestantes apoyándose en "teologías morales" han crido muy escasamente desde el siglo diiocho. Sin embargo esto no es ciertamente corrto. De esos quienes aun suenan a un protestantismo positivo, nosotros podemos llamar Martensen, quien rientemente entro las listas con profunda convicción de ¡Éticas cristianas" lo mismo, a través de su propia materia puliar, es hecho por Lemme en su "Ética Cristiana" (1905) amos atribuyen a la esfera mas amplia y objetivamente otros entonces de ética natural. Unos pocos nombres desde el siglo diisiete y diiocho pueden aquí ser suficientes. Hugo Grotius ( d 1645) Oufendorf (d 1694) Christian Thomasius ( d 1728) todos ven la diferencia entre teología y moral natural en eso los formadores es también positivo i, e,, Divinamente revelada, pero con la misma materia asunto como la ultima. Esta ultima aserción pudo hacer volar solo de la vista protestante que ha expuesto esto todo sobre "FIDES fiducialis" pero puede fuertemente ronocer un rango de deberes extendidos por Cristo y el cristianismo. Otros escritores de la teología moral, basados en el " FIDES fiduacialis" son Budeus, Chr. A. Crusius y Jerem. Fr. Reuss. Un resultado lógico de Kantianismo, fue la negación de cada posibilidad de moral teológica desde Kant ha hecho razón autónoma la sola fuente de obligación. En este punto Dorner dice (cita local) " esto es verdad que la autonomía y la autocracia de la moral siendo morales separadas y religión" el hubiera estado cercano a la marca que dijo "ellos destruyen toda moral" generalmente hablando de liberales modernos protestantes fuertemente conocidos y otros tan morales autónomos, aun cuando ellos hablan de "religión" morales, ellos encuentran la ultima explicación en el hombre, religión y Dios o divina revelación siendo llevados en su modernístico sentido , eso es nociones subjetivas de cuyos valores objetivos no tenemos conocimiento ni certitud.
Siendo el caso, ahí queda solo una pregunta a ser discutida, Que ha sido el desarrollo actual y método de moral teológica en la iglesia? Y aquí nosotros debemos primero que todo rordar que la iglesia no es una institución educativa o escuela para el avance de las ciencias. Verdad, ella estima y promueve las ciencias, espialmente teología y escuelas científicas están encontradas por ella, pero esto no es lo único suyo, o aun su principal tarea, Ella es la institución autoritaria fundada por Cristo para la salvación de la forma humana, ella habla con poder y autoridad a toda la raza humana, a todas las naciones, a todas las clases de sociedad y toda edad, comunicándoles la doctrina de salvación no adulterada y les ofre su ayuda. Es su misión urgir sobre educar y no educar a personas semejantes la aceptación de la verdad sin mirar al estudio científico y establido. Después esto ha sido aceptado en fe, ella también promueve y urge, de acuerdo a los tiempos y circunstancias, la investigación científica de la verdad, pero ella retiene la supervisión sobre ella y esta sobre todas las aspiraciones y trabajos científicos. Como resultado, nosotros vemos que la materia asunto de moral teológica, a través de extender positivamente comunicar por la iglesia, trata diferentemente por escritores eclesiásticos de acuerdo a los requerimientos de los tiempos y circunstancias.
En los primeros años de la temprana iglesia, cuando la divinidad vio nutrida por la sangre de los mártires fue visto germinar en lugar de resfriadas escarchas de persución, cuando la amenaza del mundo hostil, crió en un estudio de la doctrina cristiana. Ahí morales, fueron los primeros tratados en moral popular, preguntas, fueron en voga, a través del método podría consistir ahora en una exposición concisa, ahora en mas detallada discusión de virtudes individuales y deberes. Uno de los tempranos trabajos de tradición cristiana, no es la mas temprana después de la sagrada escritura, la "didache", o "enseñanza de los apóstoles, es principalmente de una naturaleza moral teológica. Es fuertemente mas que un código de leyes, un alargamiento del dálogo que agrega los principales deberes crientes de la institución divina de los significados de salvación y de instituciones apostólicas de un trabajo común, en este respto validos para teología dogmática en su cercano sentido. El Pastor de Hermas compuesto un poco mas tarde, es de carácter moral, eso es contiene una exhortación ascética a la moralidad cristiana y penas serias, si uno ha raído en el pado.
Existe una larga seria de escritores ocasionales situando en teología moral, desde el primer periodo de la era cristiana. Su propósito fue también romendar una cierta virtud o exhortar la fe en general para ciertos tiempos y circunstancias. Esto desde Tertuliano ( d. Acerca 240) nosotros tenemos " de esptáculos" " de idolatría" " de militancia corona" " de paciencia" " de oración" " de penitencia" " ad uxorem" no tomar en consideración los trabajos que el escribió después de su abandono del montanismo y que esta dentro del interés de la historia de las morales cristianas, pero no puede servir como guía en el. Del origen ( d254) nosotros aun poseemos dos trabajos menores cuya conducción en nuestra pregunta a saber " de martirio" entre paréntesis en carácter y " de oración" moral y dogmática en contenido, los últimos encuentros de objiones que son avanzadas o aun reiteradas aun hoy contra la eficacia de rezar.
Ocasionalmente escritos y monografías nos son ofridas en trabajos priosos de San Cipriano (d. 258) entre los formadores pueden ser numerados " De mortalidad" y " de Martirio" en un cierto sentido también " Delapsis" aunque conduce mas a un carácter disciplinario y judicial, a la ultima clase que pertene " de habito virginal" " De oración" " de opera y caridad" " de buena paciencia" y " de zelo et livore" Un titulo mas claro para ser clasificado entre teología moral, libros paren pertener a un trabajo temprano de " pedagogos" de Clemente de Alejandria (d acerca 217) Es una cuenta detallada de una vida diaria cristiana, en la que ordinaria y acciones diarias son medidas por el estandar de moralidad sobrenatural. El mismo autor toca sobre morales cristianas también en sus otros trabajos particularmente en el "Stromata" pero este trabajo es principalmente escrito desde el punto de vista apologético, desde que el fue intentado a sostener la doctrina cristiana entera, ambas, fe y morales, contra filosofías paganas y judías.
En los subsuentes años, cuando las persuciones cesaron y la literatura patrística empezó a florer nosotros no encontramos solo escritores exegéticos y apologías escritas para defender la doctrina cristiana contra las diversas herejías, pero también numerosos trabajos de teología moral, principalmente sermones, homilías y monografías. Primero de estos son las oraciones de San Gregorio de Nazianzus (d 391) de San Gregorio de Nyssa ( d 395) o San Juan Crisóstomo ( d. 406), o San Agustín (d 430) y sobre todas las "Catequesis" de San Cirilo de Jerusalem ( d 386) o San Juan Crisóstomo tenemos " El sacerdocio", de San Agustín "confesiones" " hablar en soledad" Soliloquia" " De catequizar indoctos" " De paciencia" " De continencia" " Del buen conyuge" " De los conyuges adulteros" " de la santa virginidad" " del buen viudo" "del mendigo" "el cuidado con relación a la muerte" , así eso los títulos solos son suficientes para dar una intimidad de riqueza de temas discutidos con no menos unción que originalidad y profundidad de pensamiento. Un separado tratado de moral sobrenatural de cristianos fue esperado por San Ambrosio ( d 397) en su libro" de oficios" un trabajo que imitando "de officiis" de Cicerón, formo una contraparte cristiana de las puras naturales discusiones de los paganos. Un trajo de una estampa enteramente diferente y largas proporciones es la "exposición en Job, seu moralium lib. XXV" de Gregorio el Grande ( de 604) No es un arreglo sistemático de varios deberes cristianos, pero una colción de instrucciones morales y exhortaciones basadas en el libro de Job.
Alzog (libro de mano der patrologie 92) llamado un justamente repertorio completo de morales" Mas sistemático es este trabajo " de cura pastoral" que fue intentado primariamente por el pastor y que es considerado aun hoy un trabajo clásico en la teología pastoral.
Teniendo extensamente delineado el progreso general de teología moral durante la era patrística propiamente, nosotros debemos suplementarla detallando el desarrollo de una muy espial rama de moral teológica y su aplicación practica.
Para la teología moral debe nesariamente asumir una forma puliar cuando su propósito es restrictivo a la administración del sacramento de penitencia. El principal resultado a ser obtenido fue una clara noción de varios pados y sus espies, o sus dolores relativos e importancia y de su pena a ser imp
Teología Pastoral
La teología pastoral es la ciencia del cuidado de las almas. Este artículo dará la definición de teología pastoral, sus relaciones con otras ciencias teológicas, su historia, fuentes, y contenido.
A. Definición
La teología pastoral es una rama de la teología práctica; es esencialmente una ciencia práctica. Todas las ramas de la teología, ya sean teóricas o prácticas, se proponen , de una u otra manera, hacer de los sacerdotes "los ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios" (I Cor., 4, 1). La teología pastoral presupone otras diversas ramas; acepta las conclusiones de la apologética, la dogmática, la exegética, la moral, la jurídica, la ascética, la litúrgica, y otras conclusiones alcanzadas por los estudiosos eclesiásticos, y aplica científicamente estas diversas conclusiones al ministerio sacerdotal.
B. Relación con otras Ciencias Teológicas
La teología dogmática estable a la Iglesia como depositaria de la verdad revelada y sistematiza el depósito de la fe que Cristo confió a su Iglesia para transmitirla a todas las generaciones; la teología pastoral enseña al sacerdote su papel en esta obra de la tradición cristiana y católica de la verdad revelada. La teología moral explica las leyes de Dios y las de la Iglesia, los medios para la gracia y los obstáculos a ella; la teología pastoral enseña el comportamiento práctico de estas leyes, medios y obstáculos en la vida diaria del sacerdote, solo y en contacto con su gente. El derecho canónico roge, relaciona entre sí y coordina las leyes de la Iglesia; la teología pastoral aplica esas leyes al cuidado de las almas. En resumen, la teología pastoral comienza donde las demás ciencias teológicas terminan; toma los resultados de todas ellas y hace estos resultados eficaces para la salvación de las almas a través del ministerio del sacerdocio establido por Cristo.
C. Historia
El nombre de teología pastoral es nuevo; la ciencia es tan antigua como la propia Iglesia, como apare en las múltiples instrucciones dadas por Jesús a sus Apóstoles para el cuidado de las almas (Mt. 10, 6 y ss.; Mc., 6, 8 y ss.; Lc., 9, 3 y ss.; 22, 35) y en las cartas pastorales de San Pablo y las detalladísimas instrucciones que dan a Timoteo y a Tito respto al sagrado ministerio. Los escritos de los Padres, desde la época apostólica en adelante, están repletos de instrucción pastoral. San Ignacio de Antioquia [año 110 (Harnack)] incluye en todas sus cartas tales consejos - ver, por ejemplo, "Ad Magnesios" (edición de Harnack, "Patres apostolici", II, 29). Las cartas de San Cipriano (año 248) son, muchas de ellas, escritos en todo o en parte sobre el cuidado de las almas (cf. P.L., IV, 194 y s.)-"Qui Antistites in clesia eligendi?", "Qualis esse debeat vita sacerdotum?" etc.. Su "De lapsis" (p:L., IV, 477) es un clásico entre las instrucciones pastorales. San Gregorio Nacianceno (año 389) explicando su huida a Ponto, cuenta sus ideas acerca del pastor de almas en "Oratio apologetica de fuga sua", una obra a ves llamada "De sacerdotio" (P.G., XXXV, 408), y juzga el cuidado pastoral como una gran ciencia y arte, "Ars quaedam artium et scientia scientiarum mihi esse videtur hominem regere". Otros hitos en la historia de la teología pastoral son San Ambrosio, "De officiis ministrorum" (P.L., XVI, 25); San Juan Crisóstomo, "De sacerdotio" (P.G., XLVIII, 623); San Isidoro de Sevilla, "De institutione clericorum", "De institutionibus monachorum", "De regulis clericorum" (P.L., LXXXIV, 25, 45, 77); las cartas y tratados de San Bernardo "De consideratione", "De moribus episcoporum", "De conversione ad clericos" (P.L., CLXXXII, 727, 809, 833). El gran clásico entre las obras patrísticas sobre el cuidado de las almas es "Regulae pastoralis liber" (p.L., LXXVII, 13), escrito por San Gregorio Magno (ca. 590) a Juan, obispo de Ravena.
Durante la Edad Media, aún no hubo una ciencia separada y sistematizada de teología pastoral. El Escolasticismo no ronocía esta ciencia separada de otras ramas de la teología. El dogma y la moral se enseñaban así incluyendo la aplicación de sus conclusiones al cuidado de las almas. Aun así, incluso los escritos de los grandes Doctores de la Iglesia eran a ves puramente pastorales; tales fueron los "Opuscula", 17-20, de Santo Tomás de Aquino; el "De sex alis seraphim", "De regimini animae" y "Confessionale" de San Buenaventura; la "Summa theologica" (libros II, III), junto con la "Summa confessionalis" de San Antonino, obispo de Florencia. Al mismo tiempo, autores de teología mística (ver MÍSTICA, TEOLOGÍA) han entrado a menudo en el dominio de la teología pastoral. Hasta el periodo de la Contrarreforma no tomó la teología pastoral su actual forma sistemática. Durante la segunda mitad del Siglo XV, en ciertos lugares, las tareas pastorales fueron muy descuidadas. Para el comienzo del Siglo XVI, el cuidado de las almas era para muchos sacerdotes y no pocos obispos un arte perdido o nunca adquirido, con el resultado de que los laicos estaban dispuestos a deshacerse de lo que creían era un inútil yugo clerical. En tales lugares, una reforma del clero era dolorosamente nesaria. El Concilio de Trento se dispuso a llevar a cabo una verdadera reforma del sacerdocio. Los obispos y teólogos católicos siguieron la dirción del concilio. El resultado fue el tratamiento del cuidado de las almas como una ciencia en sí misma. Durante los siglos siguientes de verdadera reforma y de combate con la falsa reforma, se escribieron los tratados más científicos y corrtos sobre tareas pastorales. Juan de Ávila, Luis de Granada, Pedro de Soto, Claude le Jay (Institutiones practicae), Neumayr (Vir apostolicus), Possevin (Praxis curae pastoralis), Segneri, Olier, Molina, Toledo (De instructione sacerdotum), el cardenal Cayetano, San Carlos Borromeo, (Instructio pastorum), las obras de San Francisco de Sales, de Rodríguez, de Scaramelli -- tales son algunos de los tratados científicos que hicieron mucho por iluminar y fortaler a los pastores de la Contrarreforma. En 1759, San Alfonso de Ligorio publicó su gran teología pastoral, "Homo apostolicus". Resumió las conclusiones obtenidas por él en su "Teología moral", aplicó prácticamente estas conclusiones a la tarea de oír confesiones, y añadió cuatro apéndices que tratan espíficamente de tareas tales como la dirción de almas, la asistencia a los moribundos, el examen de los que van a ser ordenados sacerdotes, y las tareas de los confesores y pastores tanto en relación consigo mismos como con la santificación de su rebaño. Esta obra, junto con la legislación de Benedicto XIV en materia de sínodos diocesanos, dio un gran ímpetu a la ciencia de la teología pastoral.
D. Fuentes
La Tradición y la Sagrada Biblia, en cuanto retratan al Sacerdote, Maestro y Pastor ideal, y nos transmiten sus ideas para el cuidado de las almas, son las primeras fuentes de la teología pastoral. Como prueba de la Tradición, los dretos de los concilios generales son de la mayor importancia. Después vienen las Constituciones pontificias - Bulas, Breves, y Motu Proprios; los dretos de las Congregaciones romanas; las obras citadas en Sanford-Drum, op. cit. más abajo; las diversas fuentes de la teología moral y dogmática y del derecho canónico, en cuanto tratan de manera dirta o indirta del cuidado de las almas. Los dretos de los diferentes concilios provinciales y sínodos diocesanos junto con las cartas pastorales de arzobispos y obispos están entre las fuentes de donde procede la teología pastoral. Para la legislación lesiástica, se debe seguir las "Acta Apostolicae Sedis", un boletín mensual oficial publicado en Roma; la promulgación de leyes, las interpretaciones auténticas, disiones y rescriptos de la Curia romana se lleva a cabo ahora ipso facto mediante la publicación en este periódico. Para disiones pasadas se han de consultar los diversos dreta authentica de las diferentes Congregaciones romanas. Tales son "Thesaurus resolutionum Sacrae Congregationis Concilii", desde 1718 (Roma), "Dreta authentica Congregationis Sacrorum Rituum" (Roma, 1898), "Dreta authentica sacrae Congregationis Indulgentiis Sacrisque Reliquiis Praepositae", desde 1668 a 1882 (Ratisbona); Pallottini, "Colltio omnium dretorum Sacrae Congregationis Concilii" (Roma, 1868); Bizzarri, "Colltanea Sacrae Congregationis Episcoporum et Regularium" (Roma, 1863, 1885); "Colltanea Sacrae Copngregationis de Propaganda Fide" (Roma, 1893, 1907). Una obra de referencia manejable en esta materia es la de Ferraris, "Prompta bibliotha", junto con su suplemento editado por Bucceroni (Roma, 1885). La "Synopsis rerum moralium et juris pontificii" de Ojetti (Prato, 1904) es también útil. Para el cuidado pastoral de las comunidades religiosas, se puede obtener la información nesaria de Vermeersch, "De religiosis et missionariis supplementa et monumenta", junto con los periódicos suplementos a la misma (Brujas, 1904), y de Dom Bastien, "Constitution de Léon XIII sur les instituts à voeux simples et leur relations av les autorités diocésaines" (Brujas), una obra que ha sido traducida al inglés por Lanslots (Pustet, Nueva York). Los periódicos que dan la dirción e información actual respto al cuidado de las almas son: "Acta Sanctae Sedis" (Roma, desde 1865), ahora interrumpido; "Analta juris pontificii" (Roma, 1833; París, 1869), sustituido por "Analta clesiastica" (Roma, 1893-1911); "Il Monitore clesiatico"(Roma, 1876); "The American clesiastical Review" (Filadelfia, 1889); "The Irish clesiatical Rord" (Dublín, 1865); "Nouvelle Revue Théologique" (Tournai, 1869) "Theologischpraktische Quartalschrift" (Linz); "Zeitschrift für katholische Theologie" (Innsbruck, 1877).
E. Contenido
Desde los días en que San Gregorio Magno escribió su clásico "Regulae pastoralis liber", las tareas a las que se dirige el cuidado de las almas han sido convenientemente divididas en las de maestro, de ministro de los sagrados misterios, y de pastor; la teología pastoral se propone impartir el conocimiento de estas tareas y del tratado conocido como "medicina pastoral", el conocimiento médico requerido para el apropiado cuidado de las almas.
En el capítulo del maestro se trata de la tarea de enseñar, de las cualidades del maestro, su formación, los modelos de enseñanza que nos han dejado tanto los Padres y Doctores de la Iglesia, como distinguidos predicadores y catequistas, y las ocasiones y formas de instrucción adaptadas a las diversas nesidades de los fieles, jóvenes y viejos, cultos e iletrados. El Concilio de Trento, en la quinta sesión, estable una doble tarea del maestro, predicar los domingos y festivos, y dar instrucción catequética a los niños y a los demás que tienen nesidad de tal instrucción. Benedicto XIV en su Constitución "Etsi Minime", llama espialmente la atención sobre esta muy importante última tarea. Pío X, en su encíclica sobre la enseñanza de la doctrina cristiana (15 de Abril de 1905), insiste una vez más en la suprema nesidad de la instrucción catequética. Todos los párrocos y todos los demás a los que se confía el cuidado de las almas, deben ense&nt eilde;ar el catismo a sus jóvenes por espacio de una hora todos los domingos y fiestas del año sin excepción, y deben explicarles lo que se está obligado a creer y practicar para salvarse. Estos niños deben, en épocas establidas durante cada año, prepararse con una instrucción más extensa para el Sacramento de la Penitencia y la Confirmación. La instrucción diaria durante Cuaresma, e incluso después de Pascua, dispondrá a los jóvenes de ambos sexos para su Primera Comunión. Además, una hora cada domingo y festivo se dedicará a la instrucción catequética de adultos. Esta lción de catismo, en lenguaje claro y sencillo, debe darse además de la homilía del domingo y de la instrucción de los niños en la doctrina cristiana.
Como ministro de los sagrados misterios, el sacerdote debe no sólo conocer la naturaleza de los sacramentos, tal como los explica la teología dogmática, aparte de lo que se nesita para su administración válida, como enseña la teología moral, pero debe también tener un conocimiento adicional tal que pueda servirle en su ministerio espiritual - por ejemplo, al atender a los enfermos, al aconsejar lo que es lícito o ilícito en operaciones críticas, espialmente las que pueden aftar a los partos; al ordenar a otros, cuando sea nesario, cómo bautizar al niño nonato; al didir si administra la extremaunción u otros sacramentos en casos de muerte aparente, etc.
Finalmente, como pastor, tiene que dominar una diversidad de tareas, que siguen criendo en número y variando constantemente con las complicadas condiciones de la vida moderna, espialmente donde hay tendencia a concentrarse en grandes ciudades, o donde la emigración aquí y allí causa fruentes cambios. Ésta es, quizá, la parte principal de la teología pastoral. La organización de las parroquias; el mantenimiento de una iglesia y otras instituciones que cren a su alrededor; la dirción de las escuelas parroquiales; la formación de asociaciones para hombres y mujeres, jóvenes y mayores; el vasto número de obras sociales a las que un sacerdote en una ciudad moderna se ve casi obligatoriamente arrastrado - todos estos puntos proporcionan material para la instrucción, que, como fruto de la experiencia, raramente puede ser transmitida por los libros. Habitualmente el sacerdote adquiere suficiente conocimiento de todas estas cosas de dirtores prudentes mientras pasa sus cursos en el seminario, o de su propia experiencia bajo un pastor competente; pero gradualmente una extensa literatura sobre estas materias se ha acumulado durante el último medio siglo, y la sistematización de tales escritos es lo que constituye la teología pastoral.
Las principales autoridades desde la época del Homo apostolicus de SAN ALFONSO (1759), ya han sido mencionadas en el artículo. Desde 1759 han aparido las Teologías Pastorales de GOLLOWITZ-WIEDEMANN (Ratisbona, 1836); AMBERGER (1850); STANG (Nueva York, 1897); SCHULZE (Milwaukee, 1906); ALBERTI (Roma, 1901-1904); POEY (Montrejeau, 1912); NEUMAYR, ed. DE AUER, Vir Apostolicus (Schaffhausen, 1853); REUTER, ed. LEHMKUHL, Neo-confessarius (Friburgo de Br., 1905); ZENNER, Instructio practica confessarii (Viena, 1840); FRASSINETTI, Parish Priests’ Manual; BERARDI, Praxis confessarii (Faenza, 1899); HEUSER, The Parish Priest on Duty (Nueva York); KRIEG, Wissenscheft der Seelenleitung (Friburgo de Br.). Para cuestiones de medicina pastoral, son útiles las siguientes obras: ESCHBACH, Disputationes physiologico-theologicoe (Roma, 1901); ANTONELLI, De conceptu impotentiae et sterilitatis relate ad matrimonium (Rome, 1900); DEBREYNE-FERRAND, La théologie morale et les sciences medicales (París, 1884); SURBLED, La morale dans ses rapports av la médicine et I’hygiène (París, 1897); Pastoral Medicine por STÖHR (Friburgo de Br., 1878); VON OLFERS (Friburgo de Br., 1881); CAPELLMANN (Aquisgrán, 1901); O’MALLEY Y WALSH (Nueva York, 1907); SANFORD-DRUM (Nueva York, 1905); ANTONELLI (Roma, 1909).
WALTER DRUM
Transcrito por Douglas J. Potter
Dedicado al Sagrado Corazón de Jesús
Traducido por Francisco Vázquez
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