secreto
El secreto (del Latín Sreta, sc. Oratio sreta) es la oración dicha en voz baja por el celebrante al final del Ofertorio en la Liturgia Romana. Es la oración original y por mucho tiempo fue la única oración del ofertorio. Es dicha en voz baja solamente porque al mismo tiempo el coro canta el Ofertorio, y heredó el nombre espial de secreto por ser la única oración dicha en esa forma desde el principio. El rital silencioso del Canon (el cual es llamado a ves "Sreta" como por ejemplo, por Durandus, "Rat. div. off.", IV, xxxv), no comenzó antes del siglo sexto o séptimo, el Cardenal Bona piensa que no fue sino hasta el siglo décimo (Rer. Liturg., II, 13 §1). Más aún, todas nuestras presentes oraciones del ofertorio son adiciones posteriores no realizadas en Roma sino hasta el siglo catorce (ver OFERTORIO). Hasta entonces, el acto del Ofertorio era realizado en silencio, y la oración correspondiente que le seguía, fue nuestro secreto. Ya en la Constitución Apostólica, VIII, XII, 4, el celebrante ribía el pan y el vino y oraba "en silencio" (Brightman "Liturgias Orientales", p. 14), sin duda por la misma razón, porque se cantaba un salmo. Dado que es dicha en silencio, el secreto no es introducido por una invitación al pueblo: "Oremus". Es parte de la Formalidad de la Misa, que cambia en cada fiesta u ocasión y se construye de la misma forma que la Colta (q. v.). El secreto, también alude al santo u ocasión del día. Pero conserva su carácter espial en tanto que casi siempre (siempre en el caso de los antiguos) piden a Dios ribir los dones presentes para santificarlos, etc. Todo esto se encuentra exactamente como hoy en los primeros secretos que conocemos, aquellos Sacramentales Leoninos. Ya, la Colta, secreto, Postcomunión, y "Oratio ad populum" forman un grupo contado y homogéneo de oraciones. De manera que la multiplicación de las Coltas en una Misa (ver COLTA) se vincula una multiplicación correspondiente de secretos. Por cada Colta, se dice el correspondiente secreto. El nombre "Sreta" es utilizado en el "Sacramental Gelasiano"; en el libro Gregoriano, estas oraciones tienen el título de "Super Oblata". Ambos nombres son utilizados fruentemente en los primeros tiempos de la Edad Media.
En "Ordo Rom. II" son: "Oratio super oblationes sreta" (P.L., LXXVIII, 973). En el Rito Galiciano, hubo también una oración variable del ofertorio introducida por una invitación al pueblo (Duchesne, "Origines du culte", Paris, 1898, pp. 197-8). No tiene un nombre espial. En Milán, la oración fue llamada "Oratio super sindomen" (Sindon por el velo que cubre la oblata) es dicha mientras se hace el Ofertorio y otra "Oratio super oblate" le sigue luego del Credo, justo antes del Prefacio. En el Rito Mozarábico, luego de una invitación al pueblo, a la que responden: "Præsta æterne omnipotens Deus", el celebrante dice una oración que corresponde a nuestro secreto y continua inmediatamente con la memoria de los santos y la oración de intercesión. No tiene un nombre espial (P.L., LXXXV, 540-1). Pero, en estos otros Ritos occidentales, esta oración es dicha en voz alta. Todos los ritos orientales tienen oraciones, dicha ahora en silencio, luego de la Gran Entrada, cuando los dones son llevados al altar y ofridos a Dios, pero son invariables todo el año y ninguno de ellos puede compararse con nuestro secreto. Solo en general alguien podría dir que los ritos Orientales tienen oraciones que corresponden mas o menos a nuestra idea del ofertorio, que se repite cuando el pan y el vino son llevados al altar.
Ya sea en la alta o baja Misa, el celebrante, habiendo respondido "Amen" a la oración "Suscipiat Dominus sacrificium", dice en voz baja el secreto o secretos en el mismo orden que dice las Coltas, encontrando cada una su lugar en el Misa propiamente. Termina la primera y última solo bajo la forma "Per Dominum nostrum" (como en las Coltas). La última cláusula de la última Sreta: "Per omnia sæcula sæculorum" es dicha y cantada en voz alta, formando la "ekphonesis" antes del Prefacio.
DURANDUS, Rationale divinorum officiorum, IV, xxxii: GIHR, El, Santo Sacrificio de la Misa (tr. St. Louis, 1908), 547-9.
ADRIAN FORTESCUE
Transcrita por Tony de Melo
Traducido por Carolina Eyzaguirre Arroyo.
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