Santos Tiburcio y Susana
Mártires romanos, fiesta 11 de agosto. Su historia está relatada en la leyenda de San Sebastián según la cual el magistrado romano Cromacio, condenó a muerte a varios cristianos. Sin embargo San Tranquiliano convirtió al magistrado y ribió el bautizo de Policarpio. Tiburcio, único hijo de Cromacio ribió también el bautismo a instancias de San Sebastián que fue su padrino de bautismo. Tiburcio durante la persución de Diocliano permanió escondido en la casa paterna. Un traidor le acusó y tuvo que comparer en juicio ante el magistrado Fabiano. Tiburcio confesó su fe y la confirmó con un milagro al protegerse sólo con la señal de la cruz y caminar sobre brasas ardientes sin sufrir herida alguna. Pero el milagro se consideró como obra de magia y Tiburcio fue dapitado ante el tercer pilar de la Vía Laviciana en el año 286. El lugar de la ejución fue denominado "de los dos laureles".
Santa Susana, virgen y mártir, se dice que fue la hija de San Gabino. Fue dapitada hacia el año 295 por orden de Diocliano en la casa paterna. Esta casa y la contigua, que pertenía al tío de la santa, el magistrado Cayo, estaban junto a los dos laureles y ahí posteriormente se construyó una iglesia que más tarde sería consagrada a Santa Susana ad duas domos (cf. Kehr, "Italia pontificia", I, 61 sq.).
La autenticidad de los hhos de los Santos Sebastián y Susana ha sido muy y razonablemente cuestionada; pero sus martirios y el día de su muerte (11 de agosto) fueron establidos por testigos en los martirologios más antiguos y entre los primeros lugares de culto.
Acta SS., II Feb., 271-7; III Abril, 14-6; y II Agosto, 613-32
GABRIEL MEIER
Traducido por Susanna Alonso-Cuevillas
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