San Pedro
(Príncipe de los Apóstoles)
La vida de San Pedro puede, por conveniencia, considerarse bajo los títulos siguientes:
I. Hasta la Ascensión de Cristo
II. San Pedro en Jerusalén y Palestina luego de la Ascensión
III. Viajes Misioneros en Oriente; El Concilio de los Apóstoles
IV. Actividad y Muerte en Roma; Sepulcro
V. Fiestas de San Pedro
VI. Representaciones de San Pedro
I. HASTA LA ASCENCIÓN DE CRISTO
Betsaida
El nombre verdadero y originario de San Pedro era Simón, que apare a ves como Simeón. (Hhos 15:14; II Pedro 1:1). Era hijo de Jonás (Juan) y nacido en Betsaida (Juan 1:42, 44), un pueblo junto al Lago de Genesaret, de cuya ubicación no hay certeza, aunque generalmente se lo busca en el extremo norte del lago. El Apóstol Andrés era su hermano, y el Apóstol Felipe provenía del mismo pueblo.
Cafarnaúm
Simón se establió en Cafarnaúm, donde vivía con su suegra en su propia casa (Mateo 8:14; Lucas 4:38) al tiempo de comenzar el ministerio público de Cristo (alrededor del 26-28 D.C.). Por ende, Simón era casado y, según Clemente de Alejandría (Stromata, III, vi, ed. Dindorf, II, 276), tenía hijos. Por el mismo escritor nos llega la tradición sobre que la esposa de Pedro sufrió el martirio (ibid., VII, xi ed. cit., III, 306). Respto de estos hhos, adoptados por Eusebio (Hist. cl., III, xxxi) a partir de Clemente, la antigua literatura Cristiana que ha llegado hasta nosotros guarda silencio. Simón se dedicó en Cafarnaúm al lucrativo quehacer de pescador en el Lago de Genesaret, poseyendo su propio barco (Lucas 5:3).
Encuentro de Pedro con Nuestro Señor
Al igual que tantos de sus contemporáneos Judíos, a él lo atraía la prédica de penitencia del Bautista y junto a su hermano Andrés, estaba entre los seguidores de Juan en Betania, sobre la margen oriental del Jordán. Cuando, luego que el Alto Consejo hubo mandado por segunda vez enviados al Bautista, éste señaló a Jesús que pasaba, diciendo, "He ahí al Cordero de Dios", siguiéndolo Andrés y otro discípulo al Salvador a su residencia y permaniendo por un día con Él.
Más tarde, encontrando a su hermano Simón, Andrés le dijo "Hemos hallado al Mesías", y lo llevó hasta Jesús, quien, fijando su mirada en él, le dijo: "Tú eres Simón el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas, que se interpreta como Pedro". Ya en este primer encuentro, el Salvador anticipó el cambio del nombre de Simón por Cefas (Kephas; Arameo Kipha, roca), que es traducido como Petros (Latín, Petrus), probando que Cristo tenía ya miras espiales respto de Simón. Más adelante, probablemente al tiempo de su llamado definitivo al Apostolado junto a los otros once Apóstoles, Jesús dio a Simón el nombre de Cefas (Petrus), tras lo cual era llamado generalmente Pedro, en espial por Cristo en la ocasión solemne que siguió a la profesión de fe de Pedro (Mateo 16:18; cf. abajo). Los Evangelistas suelen combinar ambos nombres, mientras que San Pablo usa el nombre Cefas.
Pedro se convierte en discípulo
Luego del encuentro inicial, Pedro y los otros primitivos discípulos permanieron con Jesús por algún tiempo, acompañándolo a Galilea (Bodas de Caná), Judea y Jerusalén, para volver por Samaría a Galilea (Juan, ii-iv). Aquí Pedro retomó su tarea de pescador por un breve lapso, pero pronto ribió el llamado definitivo del Salvador para ser uno de Sus discípulos permanentes. Pedro y Andrés estaban trabajando en el momento de ser convocados cuando Jesús los halló y dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres". En la misma ocasión fueron convocados los hijos de Zebedeo (Mateo 4:18-22; Marcos 1:16-20; Lucas 5:1-11; se asume que Lucas aquí se refiere a la misma ocasión que los otros Evangelistas). Desde entonces Pedro permanió siempre en la vindad inmediata de Nuestro Señor. Luego del Sermón de la Montaña y de curar al hijo del Centurión en Cafarnaúm, Jesús vino a casa de Pedro y sanó a la madre de su esposa, que estaba enferma de una fiebre (Mateo 8:14-15; Marcos 1:29-31). Poco después Cristo eligió a Sus Doce Apóstoles como compañeros constantes al predicar el Reino de Dios.
Criente elevación de entre los Doce
Pedro pronto sobresalió de entre los Doce. Aunque de carácter indiso, se aferra al Salvador con la mayor fidelidad, firmeza de fe y amor íntimo; atropellado tanto de palabra como en sus actos, está lleno de fervor y entusiasmo, aunque de momento fácilmente accesible a influencias externas e intimidable por las dificultades. Cuanto mayor relieve toman los Apóstoles en la narrativa Evangélica, tanto más se destaca Pedro como el primero entre ellos. En la lista de los Doce en ocasión de ser llamados solemnemente al Apostolado, no sólo apare siempre a la cabeza Pedro, sino que se enfatiza el apodo Petrus que Cristo le diera (Mateo 10:2): "Duodim autem Apostolorum nomina ha: Primus Simon qui dicitur Petrus. . ."; Marcos 3:14-16: "Et fit ut essent duodim cum illo, et ut mitteret eos praedicare . . . et imposuit Simoni nomen Petrus"; Lucas 6:13-14: "Et cum dies factus esset, vocavit discipulos suos, et elegit duodim ex ipsis (quos et Apostolos nominavit): Simonem, quem cognominavit Petrum . . .". En varias ocasiones Pedro habla en nombre de los demás Apóstoles (Mateo 15:15; 19:27; Lucas 12:41, etc.). Cuando las palabras de Cristo son dirigidas a todos los Apóstoles, Pedro responde en nombre de ellos (e.g., Mateo 16:16). Con fruencia el Salvador se dirige en espial a Pedro (Mateo 26:40; Lucas 22:31, etc.).
Muy característica es la expresión de verdadera fidelidad a Jesús que Pedro le dirige en el nombre de los otros Apóstoles. Luego de haber hablado sobre el misterio de la repción de Su Cuerpo y de Su Sangre (Juan 6:22 sqq.) y de ver que muchos de Sus discípulos lo dejaban, Cristo preguntó a los Doce si ellos también lo abandonarían; La respuesta de Pedro surge de inmediato "Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tu tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Vulg. "tú eres el Cristo, el Hijo de Dios "). Cristo mismo inconfundiblemente acuerda una predencia espial a Pedro y el primer lugar entre los Apóstoles, designándolo así en varias ocasiones. Pedro fue uno de los tres Apóstoles (con Santiago y Juan) que estuvieron con Cristo en ciertas ocasiones espiales, la elevación de la hija de Jairo de entre los muertos (Marcos, v, 37; Lucas, viii, 51); la Transfiguración de Cristo (Mateo., xvii, 1; Marcos, ix, 1; Lucas, ix, 28), la Agonía en el Huerto de Getsemaní (Mateo. xxvi, 37; Marcos, xiv, 33). También en varias ocasiones Cristo lo prefirió por encima del resto: sube a la barca de Pedro en el Lago Genesaret para predicar a la multitud en la orilla (Lucas, v, 3); cuando Él caminaba milagrosamente sobre las aguas, llamó a Pedro para que cruzase hacia Él por el Lago (Mateo, xiv, 28 sqq.); Él lo mandó al lago a capturar el pez en cuya boca Pedro encontró el estáter para pagar como tributo (Mateo, xvii, 24 sqq.).
Pedro se vuelve Cabeza de los Apóstoles
De una manera espialmente solemne, Cristo acentuó la predencia de Pedro entre los Apóstoles cuando, luego que Pedro lo ronoció como el Mesías, Él le prometió que encabezaría a Su rebaño. Jesús moraba entonces con Sus Apóstoles en la proximidad de Cesarea de Filipo, ocupado en su tarea de salvación. Como la venida de Cristo coincidía tan poco en poder y gloria con las exptativas del Mesías, circulaban muchos criterios respto de Él. Al viajar con Sus Apóstoles, Jesús les pregunta: "Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre" Los Apóstoles contestaron: "Unos, que Juan el Bautista, otros, que Elías, otros que Jeremías, o uno de los profetas". Jesús les dijo: "Pero ¿quién dicen ustedes que soy yo?" Simón dijo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús replicando le dijo: "Bienaventurado eres Simón Bar-Jona, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro [Kipha, una roca], y sobre esta piedra [Kipha] edificaré mi iglesia [ekklesian], y las puertas del Hades no prevalerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo (Mateo, xvi, 13-20; Marcos, viii, 27-30; Lucas, ix, 18-21).
Mediante la palabra "piedra" el Salvador no debe haberse referido a Sí mismo, sino sólo a Pedro, como es mucho más evidente en Arameo, donde la misma palabra (Kipha) se usa para "Pedro" y "roca". Su expresión sólo admite entonces una sola explicación, que es, que Él desea hacer de Pedro la cabeza de toda la comunidad de aquéllos que creyeran en Él como el verdadero Mesías, que por este cimiento (Pedro) el Reino de Cristo sería inconquistable; la guía espiritual de los fieles fue puesta en manos de Pedro, como el representante espial de Cristo. Este significado se torna tanto más claro cuando rordamos que las palabras "atar" y "desatar" no son metafóricas, sino términos jurídicos Judíos. También queda claro que la posición de Pedro entre los otros Apóstoles y en la comunidad cristiana era la base del Reino de Dios en la tierra, es dir, la Iglesia de Cristo. Pedro fue instalado por Cristo en Persona como Cabeza de los Apóstoles. Este fundamento creado para la Iglesia por su Fundador no podía desaparer con la persona de Pedro, sino que la intención era que continuase, y continuó (como lo demuestra la historia real) en el primado de la Iglesia Romana y sus obispos. Es completamente incongruente e insostenible en sí misma la posición de los Protestantes que (a la manera de Schnitzer en tiempos rientes) afirman que la primacía de los obispos Romanos no puede ser deducida de la predencia que Pedro guardaba entre los Apóstoles. Así como la actividad esencial de los Doce Apóstoles de construir y extender la Iglesia no desaparió completamente con sus muertes, es seguro que tampoco se desvanió por completo la Primacía Apostólica de Pedro. Según la intención de Cristo, debe haber continuado su existencia y desarrollo en una forma apropiada al organismo lesiástico, así como el oficio de los Apóstoles continuó de una manera apropiada. Se han levantado objiones respto de la autenticidad de las palabras en el pasaje, pero el testimonio unánime de los manuscritos, los pasajes paralelos en los otros Evangelios, y el credo firme en la literatura pre-Constantina aportan las pruebas más seguras de autenticidad y de lo inalterable del texto de Mateo (cf. "Stimmen aus MariaLaach", I, 1896,129 sqq.; "Theologie und Glaube", II, 1910,842 sqq.).
Su dificultad con la Pasión de Cristo
No obstante su fe firme en Jesús, Pedro no tenía aún claro conocimiento de la misión y labor del Salvador. En espial los padimientos de Cristo, contradictorios con su concepción mundana del Mesías, le resultaban inconcebibles, y esta concepción errónea produjo ocasionalmente la aguda reprobación de Jesús (Mateo, xvi, 21-23, Marcos, viii, 31-33). El carácter indiso de Pedro, que continuó no obstante su fidelidad entusiasta a su Maestro, se reveló claramente en conexión con la Pasión de Cristo. El Salvador ya le había dicho que Satanás había deseado que fuese él cribado como trigo. Pero Cristo había rogado por él, para que su fe no desfallezca y, habiendo sido convertido, confirme a sus hermanos (Lucas, xxii, 31-32). La afirmación de Pedro, sobre que estaba listo para acompañar a su Maestro a prisión y muerte, provocó que Cristo predijera que Pedro lo negaría (Mateo, xxvi, 30-35; Marcos, xiv, 26-31; Lucas, xxii, 31-34; Juan, xiii,3338). Cuando Cristo procedió a lavar los pies de Sus discípulos antes de la Última Cena y se dirigió primero a Pedro, éste protestó al principio, pero al dlarar Cristo que de otro modo no tendría parte con Él, dijo de inmediato: "Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza " (Juan, xiii, 1-10). En el huerto de Getsemaní Pedro debió soportar el reproche del Salvador por haber dormido como los otros, mientras su Maestro sufría una angustia mortal (Marcos, xiv 37). Al ser prendido Jesús, en un arranque de ira Pedro quiso defender a su Maestro por la fuerza, pero se le prohibió. De manera que al principio huyó con los otros Apóstoles (Juan, xviii, 10-11; Mateo, xxvi, 56); entonces volviendo siguió a su Señor cautivo al patio del Sumo Sacerdote, negando allí a Cristo, afirmando en forma explícita y jurando que no lo conocía (Mateo, xxvi, 58-75; Marcos, xiv, 54-72; Lucas, xxii, 54-62; Juan, xviii, 15-27). Esta negativa se debía, por cierto, no a una falta de fe interior en Cristo, sino a miedo y cobardía exterior. Su pesar fue de esta forma mayor, cuando al dirigirle la mirada su Maestro, ronoció claramente lo que había hecho.
El Señor Resucitado confirma la predencia de Pedro
A pesar de su debilidad, su lugar como cabeza de los Apóstoles fue confirmado más adelante por Jesús, y su predencia no fue menos destacada luego de la Resurrción que antes. Las mujeres que fueron primeras en hallar el sepulcro de Cristo vacío, ribieron del ángel un rado espial para Pedro (Marcos, xvi, 7). Sólo a él de entre los Apóstoles se le aparió Cristo en el primer día luego de la Resurrción (Lucas, xxiv,34; I Cor., xv, 5). Pero lo más importante de todo, cuando se aparió junto al Lago de Genesaret, Cristo renovó la comisión espial a Pedro de alimentar y defender a su rebaño, después que Pedro hubo afirmado por tres ves su amor espial por su Maestro (Juan, xxi, 15-17). En conclusión, Cristo predijo la muerte violenta que habría de sufrir Pedro y, de esta manera, lo invitó a seguirlo de un modo espial (ibid., 20-23). De este modo Pedro fue llamado y entrenado para el Apostolado, e investido con el primado entre los Apóstoles, que ejerció de manera inequívoca luego de la Ascensión de Cristo al Cielo.
II. SAN PEDRO EN JERUSALÉN Y PALESTINA LUEGO DE LA ASCENSIÓN
Nuestra información sobre la temprana actividad Apostólica de San Pedro en Jerusalén, Judea y los distritos hacia el norte hasta Siria, se deduce principalmente de la primera parte de los Hhos de los Apóstoles, y es confirmada por las incidentales menciones colaterales en las Epístolas de San Pablo. De entre los muchos de Apóstoles y discípulos que, luego de la Ascensión de Cristo a los Cielos desde el Monte de los Olivos, retornaron a Jerusalén para aguardar el cumplimiento de Su promesa de enviar al Espíritu Santo, Pedro se destaca inmediatamente como el líder de todos, y es constantemente ronocido en adelante como cabeza de la comunidad Cristiana en Jerusalén. Él toma la iniciativa en la designación al Colegio Apostólico de otro testigo de la vida, muerte y resurrción de Cristo para sustituir a Judas (Hhos, i, 15-26). Luego de la venida del Espíritu Santo en la fiesta de Pentostés, Pedro imparte a la cabeza de los Apóstoles el primer sermón público para proclamar la vida, muerte y resurrción de Jesús, y gana un gran número de Judíos como conversos a la comunidad Cristiana (ibid. ii, 14-41). El primero de los Apóstoles en operar un milagro público, cuando entró al templo y curó a un hombre tullido en la Puerta Hermosa. A la gente que se amontonaba en su asombro alrededor de los dos Apóstoles, les predica un largo sermón en el Pórtico de Salomón y trae un nuevo incremento en el rebaño de creyentes (ibid., iii, 1-iv, 4).
En los subsiguientes interrogatorios a los dos Apóstoles ante el Gran Sanedrín de los Judíos, Pedro defiende de manera intrépida e impresionante la causa de Jesús y la obligación y libertad de los Apóstoles de predicar el Evangelio (ibid., iv, 5-21). Cuando Ananías y Safira intentan engañar a los Apóstoles y a la gente, Pedro se presenta como juez de su acción y Dios ejuta la sentencia de castigo dictada por el Apóstol, causando la muerte súbita a los dos culpables (ibid., v, 1-11). Mediante numerosos milagros Dios confirma la actividad Apostólica de los creyentes en Cristo, habiendo también aquí mención espial de Pedro, ya que se registra que los habitantes de Jerusalén y ciudades vinas llevaban a sus enfermos en sus lhos a las calles para que pudiese caer sobre ellos la sombra de Pedro y por ello ser curados (ibid., v 12-16). El siempre criente número de fieles provocó que el supremo consejo Judío adoptara nuevas medidas contra los Apóstoles, pero "Pedro y los Apóstoles" responden que "Hay que obeder a Dios antes que a los hombres" (ibid., v, 29 sqq.). No sólo en Jerusalén mismo fue que Pedro trabajó para cumplir la misión que le confió su Maestro. También retuvo conexión con otras comunidades Cristianas en Palestina y predicó el Evangelio tanto allí como en las tierras ubicadas más al norte. Cuando Felipe el Diácono había ganado una gran cantidad de creyentes en Samaría, Pedro y Juan fueron enviados a dirigirse allí desde Jerusalén para organizar la comunidad e invocar al Espíritu Santo que descendiera sobre los fieles. Pedro de presenta por segunda vez como juez en el caso del mago Simón, que desea adquirir de los Apóstoles el poder de invocar también él al Espíritu Santo (ibid., viii, 14-25). En el camino de regreso a Jerusalén los dos Apóstoles predicaban las gozosas nuevas del Reino de Dios. En adelante, luego de la partida de Pablo de Jerusalén y su conversión antes de Damasco, las comunidades Cristianas en Palestina fueron dejadas en paz por el consejo Judío.
Pedro encaró ahora un extenso viaje misionero, que lo llevó a las ciudades marítimas Lida, Joppe y Cesarea. En Lida curó al paralítico Eneas, en Joppe elevó a Tabitá (Dorcás) de entre los muertos, y en Cesarea, instruido por una visión tenida en Joppe, bautizó y ribió en la Iglesia a los primeros Cristianos no Judíos, al Centurión Cornelio y a su gente (ibid., ix, 31-x, 48). Al regreso de Pedro a Jerusalén un poco más adelante, los Judeo Cristianos estrictos que consideraban la adhesión estricta a la ley Judía como obligatoria para todos, le preguntaron por qué había entrado y comido en la casa de los incircuncisos. Pedro habla de su visión y defiende su acción, que fue ratificada por los Apóstoles y los fieles de Jerusalén (ibid., xi, 1-18).
Una confirmación del lugar acordado por Lucas en los Hhos a Pedro, lo aporta el testimonio de San Pablo (Gál. i, 18-20). Luego de su conversión y de tres años de residencia en Arabia, Pablo fue a Jerusalén "a conocer a Pedro". Aquí el Apóstol de los Gentiles claramente designa a Pedro como la cabeza autorizada de los Apóstoles y de la temprana Iglesia Cristiana. La larga residencia de Pedro en Jerusalén y Palestina pronto tocó a su fin. Herodes Agripa I inició (A.D. 42-44) una nueva persución a la Iglesia en Jerusalén; después de la ejución de Santiago, el hijo de Zebedeo, este gobernante hizo poner a Pedro en prisión, con la intención de también hacerlo ejutar cuando hubiere pasado la Pascua Judía. Pedro, no obstante, fue liberado de manera milagrosa, y dirigiéndose a casa de la madre de Juan Marcos, donde muchos de los fieles estaban reunidos para la oración, les informó sobre su liberación de manos de Herodes, les mandó que comunicasen el hecho a Santiago y los hermanos y entonces salió de Jerusalén para marchas "a otro lugar" (Hhos 12:1-18). Sobre la posterior actividad de San Pedro no ribimos más información desde las fuentes existentes, aunque poseemos breves noticias sobre ciertos episodios individuales de su ulterior vida.
III. VIAJES MISIONEROS EN ORIENTE; EL CONCILIO DE LOS APÓSTOLES
San Lucas no nos dice adónde fue Pedro luego de su liberación de la prisión en Jerusalén. De comentarios casuales sabemos que subsuentemente él hizo largas giras misioneras en Oriente, aunque no se nos da pista alguna sobre la cronología de sus viajes. Es seguro que permanió durante un tiempo en Antioquía; hasta puede haber retornado más allá varias ves. La comunidad Cristiana de Antioquía fue fundada por Judíos Cristianizados que habían sido sacados de Jerusalén por la persución (ibid., xi, 19 sqq.). La residencia de Pedro entre ellos se prueba mediante el episodio que concierne a la observancia de la ley aún entre paganos Cristianizados, relatado por San Pablo (Gál., ii, 11-21). Los Apóstoles principales en Jerusalén-los "pilares", Pedro, Santiago y Juan-habían aprobado sin reservas el Apostolado de San Pablo a los Gentiles, mientras ellos por su parte tenían la intención de trabajar principalmente entre los Judíos. Mientras Pablo vivía en Antioquía (la fecha no puede ser determinada con certeza), San Pedro fue allá y se mezcló libremente con los Cristianos no-Judíos de la comunidad, fruentando sus hogares y compartiendo sus comidas. Pero cuando los Cristianos Judíos llegaron a Jerusalén, Pedro, por temor a que por ello se escandalizasen estos rígidos observantes de la ley ceremonial Judía y su influencia con los Cristianos Judíos peligrase, evitó en lo sucesivo comer con los incircuncisos.
Su conducta impresionó grandemente a los otros Cristianos Judíos de Antioquía, al punto que hasta Bernabé, el compañero de San Pablo, ahora evitó comer con los paganos Cristianizados. Por ser esta acción totalmente opuesta a los principios y prácticas de Pablo y podría llevar a confusión entre los paganos conversos, este Apóstol reprochó públicamente a San Pedro, porque su conducta paría indicar un deseo de impulsar a los conversos paganos a hacerse Judíos y aceptar la circuncisión y la ley Judía. Todo el incidente es otra prueba de la ubicación autoritaria de San Pedro en la temprana Iglesia, desde que su ejemplo y su conducta eran considerados disivos. Pero Pablo, que acertadamente vio la incoherencia en la conducta de Pedro y los Cristianos Judíos, no titubeó en defender la inmunidad de los paganos conversos ante la ley Judía. Respto de la actitud subsiguiente de Pedro en este tema, San Pablo no nos proporciona información explícita. Aunque es altamente probable que Pedro haya ratificado la contención del Apóstol de los Gentiles y se haya, en adelante, comportado como al principio hacia los paganos Cristianizados. Como principales opositores de su visión al respto, Pablo menciona y combate en todos sus escritos solamente a los Cristianos Judíos extremos venidos "de Santiago" (i.e., de Jerusalén). Mientras que la fecha de este suceso, si antes o después del Concilio de los Apóstoles, no puede determinarse, es probable que haya ocurrido después (ver abajo).
La tradición tardía que existió tan atrás como a fines del siglo segundo (Orígenes, "Hom. vi in Lucam"; Eusebio, "Hist. cl.", III, xxxvi), sobre que Pedro fundó la Iglesia de Antioquía, indica el hecho que él trabajó por un largo período allí y quizá, vivió allí hacia el fin de sus días y entonces designó cabeza de la comunidad a Evodrius, el primero de la línea de obispos de Antioquía. Esta última versión explicaría de la mejor manera la tradición que se refiere a la fundación de la Iglesia de Antioquía por San Pedro.
Es también probable que Pedro haya proseguido sus trabajos Apostólicos en varios distritos del Asia Menor, porque sería raro suponer que pasó todo el período entre su liberación de la prisión y el Concilio de los Apóstoles ininterrumpidamente en una ciudad, fuere Antioquía, Roma u otra. Y dado que después dirigió la primera de sus Epístolas a los fieles en las Provincias del Ponto, Galacia, Capodocia y Asia, uno puede razonablemente presumir que él había trabajado personalmente en al menos ciertas ciudades de estas provincias, dedicándose principalmente a la Diáspora. La Epístola, no obstante, es de un carácter general y da poco indicio de relaciones personales con las personas a quienes a quienes está dirigida. No puede ser totalmente rhazada la tradición relatada por el Obispo Dionisio de Corinto (en Eusebio, "Hist. cl.", II, xxviii) en su carta a la Iglesia Romana bajo el Papa Sotero (165-74), sobre que Pedro (al igual que Pablo) había vivido en Corinto y plantado allí la Iglesia. Aún cuando la tradición debiera no ribir apoyo de la existencia del "bando de Cephas", que Pablo menciona entre otras divisiones de la Iglesia de Corinto (I Cor., i, 12; iii, 22), la estada de Pedro en Corinto (hasta en conexión con el plantar y gobierno de la Iglesia por Pablo) no es imposible. Que San Pedro realizó varios viajes Apostólicos (sin duda en este tiempo, espialmente ciando él no residía ya permanentemente en Jerusalén) se estable claramente por la afirmación genérica de San Pablo en (I Cor., i, 12; iii, 22), respto del "resto de los apóstoles, y los hermanos [primos] del Señor, y Cephas", que estaban viajando por los alrededores en el ejercicio de su Apostolado.
Pedro retornó ocasionalmente a la inicial Iglesia Cristiana de Jerusalén, cuya guía fuera encomendada a Santiago, el pariente de Jesús, luego de la partida del Príncipe de los Apóstoles (A.D. 42-44). La última mención de San Pedro en los Hhos (xv, 1-29; cf. Gál., ii, 1-10) surge en la reseña del Concilio de los Apóstoles en ocasión de una visita tan efímera. Como consuencia de los problemas causados a Pedro y Bernabé por los extremos Cristianos Judíos en Antioquía, la Iglesia de esa ciudad envió a estos dos Apóstoles con otros enviados a Jerusalén para obtener una disión definitiva respto de las obligaciones de los paganos conversos (ver JUDAIZANTES). Además de Santiago, estaban entonces (A.D. 50-51) en Jerusalén, Pedro y Juan. En el tratamiento y la disión de esta importante cuestión, Pedro ejerció naturalmente una influencia disiva. Cuando se había manifestado en la asamblea un gran divergencia de opiniones, Pedro pronunció la palabra disiva. Mucho antes, de acuerdo al testimonio Divino, él había anunciado el Evangelio a los gentiles (conversión de Cornelio y los suyos); ¿por qué, entonces, intentar aplicar el yugo Judío al cuello de los paganos conversos? Después que Pablo y Bernabé relataron cómo Dios había trabajado entre los Gentiles a su alrededor, Santiago, el principal representante de los Cristianos Judíos, adoptó el criterio de Pedro y de acuerdo con él hizo propuestas que fueron expresadas en una encíclica a los paganos conversos.
Los sucesos de Cesarea y Antioquía, así como el debate en el Concilio de Jerusalén, revelan claramente la actitud de Pedro hacia los conversos del paganismo. Lo mismo que los otros once Apóstoles originales, él se consideraba llamado a predicar la Fe en Jesús primero entre los Judíos (Hhos, x, 42), de manera que el pueblos elegido por Dios pudiera compartir la salvación en Cristo, prometida primariamente a ellos y surgiendo de su seno. La visión en Joppe y la efusión del Espíritu Santo sobre Cornelio, el pagano convertido y su gente, determinaron que Pedro los admitiese de inmediato en la comunidad de los creyentes sin imponerles la ley Judía. En sus viajes Apostólicos fuera de Palestina, él ronoció en la práctica la igualdad entre los conversos Judíos y los Gentiles, tal como lo prueba su proceder original en Antioquía. Su distanciamiento de los conversos Gentiles, por consideración a los Cristianos Judíos de Jerusalén, de ninguna manera fue un ronocimiento oficial del criterio de los Judaizantes extremistas, tan opuestos a San Pablo. Esto es clara e indiscutiblemente establido por su actitud en el Concilio de Jerusalén. Entre Pedro y Pablo no había diferencias dogmáticas en su concepción de la salvación para los Cristianos Judíos y Gentiles. El ronocimiento de Pablo como el Apóstol de los Gentiles (Gál., ii, 1-9) fue totalmente sincero y excluye todo interrogante sobre una divergencia fundamental de criterios. San Pedro y los otros Apóstoles ronocían a los conversos del paganismo como hermanos Cristianos en un pié de igualdad; Cristianos Judíos y Gentiles formaban un solo Reino de Cristo. Si Pedro dedicó la parte preponderante de su actividad Apostólica a los Judíos, esto surgió principalmente de consideraciones prácticas y de la posición de Israel como el pueblo elegido. La hipótesis de Baur sobre la existencia de corrientes opuestas de "Pedrismo" y de "Paulismo" en la primitiva Iglesia es absolutamente insostenible y totalmente rhazada hoy por los Protestantes.
IV. ACTIVIDAD Y MUERTE EN ROMA; SEPULCRO
Es un hecho histórico indisputablemente establido que San Pedro trabajó en Roma durante la última parte de su vida y finalizó su vida terrenal por el martirio. En cuanto a la duración de su actividad Apostólica en la capital Romana, la continuidad o no de su residencia allí, los detalles y éxito de sus trabajos y la cronología de su arribo y de su muerte, todas estas cuestiones son inciertas y pueden resolverse solamente mediante hipótesis más o menos bien fundadas. El hecho esencial es que Pedro murió en Roma: esto constituye el fundamento histórico del rlamo de los Obispos de Roma sobre el Primado Apostólico de Pedro.
La residencia y la muerte de San Pedro en Roma son establidas más allá de toda disputa como hhos históricos por una serie de claros testimonios, que se extienden desde el final del primer siglo hasta el final del segundo, proviniendo de varios países.
* Que el modo y, por ende, el lugar de su muerte hayan sido conocidos en círculos Cristianos muy extendidos hacia el final del siglo primero, resulta claro a partir de la observación introducida en el Evangelio de San Juan, respto de la profía de Cristo sobre que Pedro le estaba ligado a Él y sería conducido adonde no quisiera -- "Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios" (Juan, xxi, 18-19, ver arriba). Tal observación presupone el conocimiento de la muerte de Pedro por los ltores del Cuarto Evangelio.
* La Primera Epístola de San Pedro fue escrita casi indudablemente en Roma, dado que el saludo final reza: "Os saluda la (iglesia) que está en Babilonia, elegida como vosotros, así como mi hijo Marcos" (v, 13). Babilonia debe ser identificada aquí como la capital Romana, desde que no puede referirse a Babilonia sobre el Eufrates, que yacía en ruinas o a la Nueva Babilonia (Seleucia) sobre el Tigris, o a la Babilonia Egipcia cerca de Menfis, o a Jerusalén, debe referirse a Roma, la única ciudad que es llamada Babilonia en otra parte por la antigua literatura Cristiana (Apoc., xvii, 5; xviii, 10; "Oracula Sibyl.", V, versos 143 y 159, ed. Geffcken, Leipzig, 1902, 111).
* A partir del Obispo Papias de Hierápolis y de Clemente de Alejandría, ambos quienes apelan al testimonio de los antiguos presbíteros (i.e., los discípulos de los Apóstoles), conocemos que Marcos escribió su Evangelio en Roma a pedido de los Cristianos Romanos, que deseaban un memorial escrito de la doctrina predicada a ellos por San Pedro y sus discípulos (Eusebio, "Hist. cl.", II, xv; III, xi; VI, xiv); esto es confirmado por Irineo (Adv. haer., III, i). En conexión con esta información relativa al Evangelio de San Marcos, Eusebio, fiándose quizá de una fuente anterior, dice que Pedro en su Primera Epístola describió a Roma en forma figurada como a Babilonia.
* Otro testimonio sobre el martirio de Pedro y Pablo es proporcionado por Clemente de Roma en su Epístola a los Corintios (escrita alrededor del A.D. 95-97), donde afirma (v): "Mediante el ardor y la astucia, los mayores y más rtos sustentos [de la Iglesia] han sufrido la persución y han sido guerreados hasta la muerte. Coloquemos ante nuestra mirada a los buenos Apóstoles-San Pedro, quien a consuencia de un injusto ardor sufrió, no uno o dos, sino numerosos agravios y, habiendo dado así testimonio (martyresas), ha ingresado al merido lugar de gloria". Después menciona a Pablo y un número de elegidos, que estaban reunidos con los otros y sufrieron el martirio "entre nosotros" (en hemin, i.e., entre los Romanos, sentido que la expresión también tiene en el capítulo iv). Indudablemente habla, como lo prueba el párrafo completo, de la persución Nerónica, refiriendo de esa manera el martirio de Pedro y Pablo a esa época.
* En su carta escrita a comienzos del siglo segundo (antes del 117), mientras era llevado a Roma para ser martirizado, el venerable Obispo Ignacio de Antioquía procura por todos los medios refrenar a los Cristianos Romanos de pugnar por lograr el perdón para él, señalando: "Ninguna cosa les mando, como Pedro y Pablo: ellos eran Apóstoles, mientras que yo soy sólo un cautivo" (Ad. Rom., iv). El significado de esta expresión debe ser, que los dos Apóstoles trabajaron personalmente en Roma, predicando allí el Evangelio con autoridad Apostólica.
* El Obispo Dionisio de Corinto en su carta a la Iglesia
San Pedro Canisio
(Kannees, Kanys, probablemente también De Hondt).
Nacido en Nimega en Holanda, el 8 de Mayo de 1521; muerto en Friburgo el 21 de Noviembre de 1597. Su padre era el rico burgomaestre, Jacobo Canisio; su madre, Egidia van Houweningen, muerta poco después del nacimiento de Pedro.
En 1536 Pedro fue enviado a Colonia, donde estudió artes, derecho civil, y teología en la universidad; pasó parte de 1539 en la Universidad de Lovaina, y en 1540 ribió el grado de Licenciado en Letras en Colonia. Nicolás van Esche fue su consejero espiritual, y estuvo en términos de amistad con Católicos de tal firmeza como Jorge de Skodborg (el Arzobispo expulsado de Lund), Johann Gropper (canónigo de la catedral), Eberhard Billick (el monje Carmelita), Justo Lanspergio, y otros monjes Cartujos. Aunque su padre deseaba casarlo con una joven mujer rica, el 25 de Febrero de 1540 él se prometió a sí mismo al celibato.
En 1543 visitó a Pedro Fabro, y habiendo hecho los "Ejercicios Espirituales" bajo su dirción, fue admitido en la Compañía de Jesús en Mainz, el 8 de Mayo. Con la ayuda de Leonardo Kessel y otros, Canisio, trabajando con grandes dificultades, fundó en Colonia la primera casa Alemana de la orden, al mismo tiempo predicó en la ciudad e inmediaciones, y debatió y enseñó en la universidad. En 1546 fue admitido al sacerdocio, y poco después fue enviado por el clero y la universidad para obtener asistencia del Emperador Carlos V, el nuncio, y el clero de Liege contra el Arzobispo apóstata, Hermann von Wied, quien había intentado pervertir la diócesis. En 1547, como teólogo del Cardenal Otto Truchsess von Waldburg, Obispo de Augsburgo, participó en el concilio lesiástico general (que se reunió primero en Trento y luego en Bolonia), y habló dos ves en la congregación de los teólogos. Después de esto pasó varios meses bajo la dirción de Ignacio en Roma. En 1548 enseñó retórica en Mesina, Sicilia, predicando en Italiano y Latín. En esta época el Duque Guillermo IV de Baviera solicitó a Pablo III enviarle algunos profesores de la Compañía de Jesús para la Universidad de Ingolstadt; Canisio estuvo entre los selcionados. En Septiembre de 1549, hizo su profesión solemne como Jesuita en Roma, en la presencia del fundador de la orden. En su viaje hacia el norte ribió, en Bolonia, el grado de doctor de teología.
El 13 de Noviembre, acompañado por los Padres Jauis y Salmeron, llegó a Ingolstadt, donde enseñó teología, catequizó, y predicó. En 1550 fue elegido rtor de la universidad, y en 1552 fue enviado por Ignacio al nuevo colegio en Viena; allí también enseñó teología en la universidad, predicó en la Catedral de San Esteban, y en la corte de Fernando I, y fue confesor en el hospital y la prisión. Durante Cuaresma, en 1553 visitó muchas parroquias abandonadas en la Baja Austria, predicando y administrando los sacramentos. El hijo mayor del rey (más tarde Maximiliano II) había designado al cargo de predicador de la corte, a Phauser, un sacerdote casado, que predicaba la doctrina Luterana. Canisio amonestó a Fernando I, verbalmente y por escrito, y se opuso a Phauser en debates públicos. Maximiliano fue obligado a destituir a Phauser y, con motivo de esto, éste albergó un resentimiento contra Canisio. Fernando le ofreció tres ves el Obispado de Viena, pero él rehusó. En 1557, Julio III lo designó administrador del Obispado por un año, pero Canisio tuvo éxito en liberarse de esa carga (cf. N. Paulus en "Zeitschrift für katholische Theologie", XXII, 742-8). En 1555 estuvo presente con Fernando en la Dieta de Augsburgo, y en 1555-56 predicó en la catedral de Praga. Después de largas negociaciones y preparaciones pudo abrir colegios Jesuitas en Ingolstadt y Praga. En el mismo año Ignacio lo designó primer superior provincial de Alemania Alta (Suabia, Baviera, Bohemia, Hungría, Alta y Baja Austria). Durante el invierno de 1556-57 actuó como consejero para el Rey de los Romanos y la Dieta de Ratisbona, y pronunció muchos sermones en la catedral. Por designación de los príncipes Católicos y la orden del papa, tomó parte en las discusiones religiosas en Worms. Como defensor de los Católicos habló repetidamente en oposición a Melanchthon. El hecho de que los Protestantes discordaran entre ellos y fueran obligados a abandonar el campo se debió en gran medida a Canisio.
El también predicó en la catedral de Worms. Durante el Adviento y la Navidad visitó al Obispo de Estrasburgo en Saverne, inició negociaciones para la construcción de un colegio Jesuita allá, predicó, explicó el catismo a los niños, y escuchó sus confesiones. También predicó en la catedral de Estrasburgo y fortalió en su fe a los Católicos de Alsacia y Friburgo. Fernando, en su camino a Francfort para ser proclamado emperador, se encontró con él en Nuremberg y le confió sus aflicciones. Luego el Duque Alberto V de Baviera aseguró sus servicios; en Straubing, los pastores y predicadores habían huido después de haber persuadido a la gente de apartarse de la fe Católica. Canisio permanió en el pueblo por seis semanas, predicando tres o cuatro ves diarias, y por su gentileza deshizo mucho daño. De Straubing fue llamado a Roma para estar presente en la Primera Congregación General de su orden, pero antes de su terminación Pablo IV lo envió con el Nuncio Mentuati a Polonia a la Dieta Imperial de Pieterkow; en Cracovia dirigió al clero y miembros de la universidad. En el año de 1559 fue convocado por el emperador para estar presente en la Dieta de Augsburgo. Allí, al llamado urgente del capítulo, llegó a ser predicador en la catedral y mantuvo este puesto hasta 1566. Sus manuscritos muestran el cuidado con el que escribía sus sermones. En una serie de sermones trata del fin del hombre, del Dálogo, la Misa, las profías de Jonás; al mismo tiempo raramente omitió explicar el Evangelio del día; él hablaba en armonía con el espíritu de la época, explicaba la justificación del hombre, la libertad Cristiana, la forma apropiada de interpretar las Escrituras, defendía la veneración de los santos, las ceremonias de la Iglesia, los votos religiosos, las indulgencias. Romendaba con insistencia obediencia a las autoridades de la Iglesia, confesión, comunión, ayuno, dar limosnas, censuraba las faltas del clero, a ves quizás demasiado ásperamente, en cuanto sintiera que fueran públicas y que él debía evitar exigir solamente la reforma de los laicos. Contra la influencia de los espíritus malignos él romendaba los medios de defensa que habían estado en uso en la Iglesia durante los primeros siglos --fe viva, oración, bendiciones eclesiásticas, y actos de penitencia. Desde 1561-62 predicó alrededor de doscientos diez sermones, además de dar retiros y enseñar el catismo. En la catedral, su confesionario y el altar en el que celebraba Misa eran rodeados por muchedumbres, y se colocaban limosnas en el altar. Se despertó la envidia de algunos del clero de la catedral, y Canisio y sus compañeros fueron acusados de usurpar los derechos parroquiales. El papa y los obispos favorieron a los Jesuítas, pero la mayoría del capítulo se les opusieron. Canisio se vio obligado a firmar un convenio según el cual él retenía el púlpito pero cedía el derecho de administrar los sacramentos en la catedral.
En 1559 abrió un colegio en Munich; en 1562 comparió en Trento como teólogo papal. El concilio estaba discutiendo la cuestión de si la comunión se administraría bajo las dos espies a aquellos laicos que lo solicitaran. Lainez, el general de la Compañía de Jesús, se oponía a ello incondicionalmente. Canisio opinaba que el cáliz podía ser administrado a los Bohemios y a algunos Católicos cuya fe no era muy firme. Después de un mes partió de Trento, pero continuó apoyando el trabajo de los Padres instando a los obispos a comparer en el concilio, dando su opinión experta sobre el Indice y otras cuestiones, con informes sobre el estado de la opinión pública, y sobre libros rientemente publicados. En la primavera de 1563 hizo un servicio espialmente importante a la Iglesia; el emperador había venido a Innsbruck (cerca de Trento), y había convocado allí varios eruditos, incluyendo a Canisio, como consejeros. Algunos de estos hombres fomentaban el disgusto del emperador con el papa y los cardenales que presidían el concilio. Durante meses Canisio hizo lo posible por ronciliarlo con la Curia. El ha sido culpado injustamente por comunicar a su general y a los representantes del papa algunos de los planes de Fernando, que de otra forma pudieran haber concluido, contra de la intención de todos los interesados, en la disolución del concilio y en una nueva apostasía nacional. El emperador finalmente concedió todas las solicitudes del papa y el concilio pudo proceder y terminar pacíficamente. Toda Roma elogió a Canisio, pero poco después perdió el favor de Fernando y fue denunciado como desleal; en esta época él también modificó sus opiniones respto a dar del cáliz a los laicos (en lo cual el emperador veía un medio de mitigar todas sus dificultades), diciendo que tal concesión solamente terminaría por confundir a los Católicos fieles y fomentar la desobediencia de los ralcitrantes.
En 1562 fue abierto por Canisio el Colegio de Innsbruck, y en ese entonces actuó como confesor de la "Reina" Magdalena (dlarada Venerable en 1906 por Pío X; hija de Fernando I, vivía con sus cuatro hermanas en Innsbruck), y como consejero espiritual de sus hermanas. A solicitud de ellas, él les envió un confesor de la compañía, y, cuando Magdalena presidía el convento que ella había fundado en Hall, él expidió sus dirciones completas para alcanzar la perfción Cristiana. En 1563 predicó en muchos monasterios en Suabia; en 1564 envió los primeros misioneros a la Baja Baviera, y romendó al sínodo provincial de Salzburgo no permitir la copa a los laicos, así hubiera faculdad para hacerlo; Su consejo, sin embargo, no fue aceptado. En este año, Canisio abrió un colegio en Dilinga y asumió, en nombre de la orden, la administración de la universidad que había sido fundada por el Cardenal Truchsess. En 1565 tomó parte en la Segunda Congregación General de la orden en Roma. Mientras estaba en Roma visitó a Felipe, hijo del filólogo Protestante Joaquín Camerario, en ese entonces prisionero de la Inquisición, y lo instruyó y consoló. Pío IV lo envió como su nuncio secreto para entregar los dretos del Concilio de Trento a Alemania; el papa también lo comisionó para estimular su cumplimiento forzoso, para solicitar a los príncipes Católicos defender a la Iglesia en la próxima dieta, para negociar la fundación de colegios y seminarios. Canisio negoció más o menos exitosamente con los Eltores de Mainz y Trier, con los obispos de Augsburgo, Würzburg, Osnabrück, Münster, y Paderborn, con el Duque de Jülich-Cleves-Berg, y con el Municipio y la Universidad de Colonia; también visitó Nimega, predicando allí y en otros lugares; su misión, sin embargo, fue interrumpida por la muerte del papa. Pío V deseaba su continuación, pero Canisio solicitó ser relevado; él día que había despertado sosphas de espionaje, de arrogancia, y de interferencia en política (para un relato detallado de su misión ver "Stimmen aus Maria-Laach", LXXI, 58, 164, 301).
En la Dieta de Augsburgo (1566), Canisio y otros teólogos, por orden del papa, dieron sus servicios al cardenal delegado Commendone; con la ayuda de sus amigos tuvo éxito, aunque con gran dificultad, en persuadir al delegado de no publicar su protesta contra la paz religiosa, y previno así una nueva guerra fratricida. Los miembros católicos de la dieta aceptaron los dretos del concilio, los planes de los Protestantes fueron frustrados, y desde esa época comenzó una nueva y vigorosa vida para los Católicos en Alemania. En el mismo año Canisio fue a Wiesensteig, donde visitó y trajo de regreso a la Iglesia al Luterano Conde de Helfenstein y todo su condado, y donde preparó para la muerte a dos brujas que habían sido abandonadas por lo predicadores Luteranos. En 1567 predicó los sermones de Cuaresma en la catedral de Würzburg, dio instrucción en la iglesia Franciscana dos ves por semana a los niños y los criados del pueblo, y discutió con el obispo la fundación de un colegio Jesuita en Würzburg. Luego siguieron el sínodo diocesano de Dilinga (en el cual Canisio era el principal consejero del Obispo de Augsburgo), viajes a Würzburg, Mainz, Speyer, y una visita al Obispo de Estrasburgo, a quien aconsejó, si bien sin éxito, a tomar un coadjutor. En Dilinga ribió la solicitud de Estanislao Kostka para entrar a la Compañía de Jesús, y lo envió con fuertes romendaciones al general de la orden en Roma. En esta época zanjó una disputa en la facultad de filosofía de la Universidad de Ingolstadt. En 1567 y 1568 fue varias ves a Innsbruck, donde en nombre del general consultó con el Archiduque Fernando II y sus hermanas acerca de los confesores de las archiduquesas y acerca del establimiento de una casa Jesuita en Hall. En 1569 el general didió aceptar el colegio en Hall.
Durante Cuaresma de 1568 Canisio predicó en Ellwangen, en Würtemberg,; de allí fue con el Cardenal Truchsess a Roma. La provincia de la orden de Alta Alemania había elegido el provincial y su representante al encuentro de los procuradores; esta elección era ilegal, pero Canisio fue admitido. Por meses él colcionó en las bibliotas de Roma, material para un gran trabajo que estaba preparando. En 1569 regresó a Augsburgo y predicó sermones de Cuaresma en la Iglesia de San Mauricio. Habiendo sido un provincial durante tre años (un tiempo inusualmente largo) fue relevado del oficio por solicitud propia, y fue a Dilinga, donde escribió, catequizó, y escuchó confesiones; su descanso, sin embargo, fue corto; en 1570 fue obligado de nuevo a ir a Augsburgo. Un año más tarde fue compelido a moverse a Innsbruck y aceptar el cargo de predicador de la corte del Archiduque Fernando II. En 1575 Gregorio XIII lo envió con mensajes papales al archiduque y al Duque de Baviera. Cuando llegó a Roma para hacer su informe, fue convocada la Tercera Congregación General de la orden y, por favor espial, Canisio fue invitado a estar presente. A partir de este momento fue predicador en la iglesia parroquial de Innsbruck hasta la Dieta de Ratisbona (1576), a la que asistió como teólogo del cardenal delegado Morone. En el siguiente año, supervisó en Ingolstadt la impresión de un importante trabajo, e indujo a los estudiantes de la universidad a fundar una fraternidad de la Bienaventurada Virgen. Durante Cuaresma, 1578, predicó en la corte del Duque Guillermo de Baviera en Landshut. El nuncio Bonhomini deseaba tener un colegio de la compañía en Friburgo; la orden inicialmente se rehusó debido a la carencia de hombres, pero el papa intervino y, al final de 1580, Canisio colocó la primera piedra. En 1581 establió una fraternidad de la Santa Virgen entre los paisanos y, al poco tiempo, fraternidades para mujeres y estudiantes; en 1582 se abrieron escuelas, y él predicó en la iglesia parroquial y en otros lugares hasta 1589.
La región no había ajena a la influencia del movimiento Protestante. Canisio trabajó infatigablemente con el preboste Pedro Schnewly, el Franciscano Juan Miguel, y otros, para la revivificación de los sentimientos religiosos entre la gente; desde entonces Friburgo se ha mantenido una plaza fuerte de la Iglesia Católica. En 1584, mientras iba en camino para tomar parte en una reunión de la orden en Augsburgo, predicó en Lucerna e hizo una peregrinación a la imagen milagrosa de la Bendita Virgen en Einsiedeln. De acuerdo a su propio relato, fue entonces cuando San Nicolás, el santo patrón de Friburgo, le hizo conocer su deseo de que Canisio no dejara Friburgo nuevamente. Muchas ves los superiores de la orden planearon transferirlo a otra casa, pero el nuncio, el consejo de la ciudad, y los ciudadanos mismos se opusieron a la medida; ellos no consentirían perder a este renombrado y santo hombre. Los últimos años de su vida los dedicó a la instrucción de conversos, a hacer dirciones espirituales a los hermanos de la orden, a escribir y reeditar libros. Las autoridades de la ciudad ordenaron que su cuerpo fuera sepultado delante del altar mayor de la iglesia principal, la Iglesia de San Nicolás, desde la cual fue trasladado en 1625 a la de San Miguel, la iglesia del colegio Jesuita.
Canisio sostenía que defender las verdades Católicas era ni más ni menos tan importante como convertir a los Hindúes. En Roma y Trento él romendó vigorosamente el compromiso en el concilio, en la corte papal, y en otras partes de Italia, de los teólogos competentes para escribir en defensa de la fe Católica. Pidió a Pio V enviar anualmente subsidios a los impresores Católicos de Alemania, y permitir a los eruditos Alemanes editar manuscritos Romanos; indujo al consejo de la ciudad de Friburgo a erigir un establimiento de imprenta, y aseguró espiales privilegios para los impresores. También se comunicó con los principales impresores Católicos de su tiempo - Plantin de Antwerp, Cholin de Colonia, y Mayer de Dilinga - y trabajos extranjeros de importancia fueron reimpresos en Alemania, por ejemplo, los trabajos de Andrada, Fontidonio, y Villalpando en defensa del Concilio de Trento.
Canisio aconsejó a los generales de la orden crear un colegio de autores; pidió a eruditos como Bartolomé Latomus, Federico Staphylus, e Hierónimo Torensis publicar sus trabajos; ayudó a Onofrio Panvivio y al polémico Estanislao Hosius, leyendo sus manuscritos y corrigiendo pruebas; y contribuyó al trabajo de su amigo Surius en los concilios. A solicitud suya las "Briefe aus Indien", las primeras narraciones de misioneros Católicos, fueron publicadas (Dilinga, 1563-71); "Canisio", escribía el predicador Protestante, Witz, "por esta actividad dio un impulso que mere ronocimiento unánime, en verdad que despierta nuestra admiración" ("Petrus Canisius", Viena, 1897, p. 12).
La bibliografía riente de la Compañía de Jesús dedica treinta y ocho páginas de cuarto a una lista de los trabajos publicados por Canisio y sus diferentes ediciones, y debe agregarse que esta lista es incompleta. Los más importantes de sus trabajos se describen abajo; el asterisco significa que el trabajo no lleva el nombre de Canisio ni en la portada ni en el prefacio. Su principal trabajo es su triple "Cathism". En 1551 el Rey Fernando I solicitó a la Universidad de Viena escribir un compendio de doctrina Cristiana, y Canisio escribió (Viena, 1555), primero para estudiantes avanzados, su "Summa doctrinæ christianæ . . . in usum Christianæ pueritiæ", doscientas once proposiciones en cinco capítulos (la primera edición aparió sin el nombre del autor, pero más tarde, todos los tres catismos llevaban su nombre); luego un corto extracto para niños de escuela, "Summa . . . ad captum rudiorum accommodata" (Ingolstadt, 1556), fue publicado como un apéndice a los "Principia Grammatices"; su catismo para estudiantes de los grados bajos y medios, "Parvus Cathismus Catholicorum" (más tarde conocido como "Institutiones christianæ pietatis" or "Cathismus catholicus"), es un extracto del catismo más grande, escrito en el invierno de 1557-58. De la primera edición Latina (Colonia, 1558), no se conoce que exista copia; la edición Alemana aparió en Dilinga en 1560. La "Summa" solo ribió su forma definitiva en la edición de Colonia de 1556; contiene doscientas veintidós proposiciones, y dos mil citas de las Escrituras, y alrededor de mil doscientas citas de los Padres de la Iglesia están inscritas en los márgenes; más tarde todas estas citas fueron compiladas en el original por Pedro Busæus, S.J., y aparió en cuatro volúmenes de cuarto bajo el título "Authoritates Sacræ Scripturæ et Sanctorum patrum" etc. (Colonia, 1569-70); en 1557 Juan Jasio, S.J., publicó el mismo trabajo en un gran volumen de folio, titulado "Opus cathisticum", para el que Canisio escribió una introducción. El catismo de Canisio es notable por sus enseñanzas lesiásticamente corrtas, sus sentencias positivas, claras, su forma suave y mesurada. Hoy es ronocido como una obra maestra aún por los no-Católicos e, v.gr., los historiadores Ranke, Menzel, Philippson, y los teólogos Kawerau, Rouffet, Zerschwitz.
Pio V confió a Canisio la refutación de los Centuriadores de Magdeburgo. Canisio se comprometió a probar la deshonestidad de los centuriadores desenmascarando su forma de tratamiento de los principales personajes en el Evangelio -Juan el Bautista, la Madre de Dios, el Apóstol San Pedro- y publicó (Dilinga, 1571) su siguiente trabajo más importante, "Commentariorum de Verbi Dei corruptelis liber primus: in quo de Sanctissimi Præcursoris Domini Joannis Baptistæ Historia Evangelica . . . pertractatur". Aquí la refutación de los principales errores del Protestantismo es exegética e histórica mejor que escolástica; en 1577 "De Maria Virgine incomparabili, et Dei Genitrice sacrosancta, libri quinque" fue publicado en Ingolstadt. Más tarde él unió estos dos trabajos en un libro de dos volúmenes, "Commentariorum de Verbi corruptelis" (Ingolstadt, 1583, y después París y Lyon); el tratado sobre San Pedro y su primacía fue solamente comenzado; el trabajo sobre la Virgen María contiene algunas citas de los Padres de la Iglesia que no habían sido impresas previamente, y trata de la veneración de María por la Iglesia. Un renombrado teólogo de la actualidad llamó este trabajo una defensa clásica de toda la doctrina Católica acerca de la Bienaventurada Virgen (Scheeben, "Dogmatik", III, 478); en 1543 publicó (bajo el nombre de Petrus Nouiomagus) "Des erleuchten D. Johannis Tauleri, von eym waren Euangelischen leben, Göttliche Predig. Leren" etc., en el cual varios escritos del místico Dominico aparen impresos por primera vez. Este fue el primer libro publicado por un Jesuita. "Divi Cyrilli archiepiscopi Alexandrini Opera" (Traducción Latina, 2 vols. de folio, Colonia, 1546); "D. Leonis Papæ huius nominis primi . . . Opera" (Colonia, 1546, después reimpreso en Venia, Lovaina, y Colonia), León surge como un testimonio para las enseñanzas Católicas y la disciplina de la Iglesia contra los innovadores; "De consolandis ægrotis" (Viena, 1554), exhortaciones (Latín, Alemán, e Italiano) y oraciones, con un prefacio por Canisio; "Ltiones et Prationes clesiasticæ" (Ingolstadt, 1556), un devocionario para estudiantes, reimpreso más de treinta ves bajo los títulos de "Epistolæ et Evangelia" etc.; *"Principia grammatices" (Ingolstadt, 1556); Gramática Latina de Aníbal Codrett, adaptada por Canisio para estudiantes Alemanes, reimpresa en 1561, 1564 y 1568; *"Ordnung der Letaney von vnser lieben Frawen" [Dilinga (1558)], la primera impresión conocida de la Letanía de Loreto, la segunda (Macerata, 1576) fue muy probablemente arreglada por Canisio; *"Vom abschiedt des Coloquij zu Wormbs" (s. l. a., 1558?).
*"Ain Christlicher Bericht, was die hailige Christliche Kirch . . . sey" (Dilinga, 1559), traducción y prefacio por Canisio (cf. N. Paulus en "Historischpolit. Blätter", CXXI, 765); "Epistolæ B. Hieronymi . . . seltæ" (Dilinga, 1562), una edición escolar arreglada y prologada por Canisio y posteriormente reimpresa alrededor de cuarenta ves; *"Hortulus Animæ" (q.v.), un devocionario Alemán arreglado por Canisio (Dilinga, 1563), reimpreso más tarde, probablemente publicado también en Latín por él. El "Hortuli" fue colocado después en el Indice nisi corrigantur; *"Von der Gesellschaft Jesu Durch. Joannem Albertum Wimpinensem" (Ingolstadt, 1563), una defensa de la orden contra Chemnitz y Zanger, la mayor parte del cual fue escrito por Canisio; "Institutiones, et Exercitamentas Christianæ Pietatis" (Antwerp, 1566), reimpreso muchas ves, en el cual Canisio combinó el catismo para los grados medios y las "Ltiones et Prationes clesiasticæ" (revisado en Roma); "Beicht und Communionbüchlein" [Dilinga, 1567 (?), 1575, 1579, 1582, 1603; Ingolstadt, 1594, etc.]; "Christenliche . . . Predig von den vier Sontagen im Aduent, auch vonn dem heiligen Christag" (Dilinga, 1570).
A solicitud de Fernando II de Tirol, Canisio supervisó la publicación de *"Von dem hoch vnd weitberhümpten Wunderzeichen, so sich . . . auff dem Seefeld . . . zugetragen" (Dilinga, 1580), y escribió un largo prefacio para él; luego aparió "Zwey vnd neuntzig Betrachtung vnd Gebett, dess . . . Bruders Clausen von Vnterwalden" (Friburgo, 1586); "Manuale Catholicorum. In usum pie prandi" (Friburgo, 1587); "Zwo . . . Historien . . . Die erste von . . . S. Beato, ersten Prediger in Schweitzerland. Die andere von . . . S. Fridolino, ersten Prediger zu Glaris vnd Skingen" (Friburgo, 1590): en esta, la primera de las biografías populares de los santos venerados espialmente en Suiza, Canisio no presenta un ensayo en forma erudita, sino que se esfuerza por fortaler en su fe a la Suiza Católica y despertar su piedad; "Notæ in Evangelicas ltiones, quæ per totum annum Dominicis diebus . . . ritantur" (Friburgo, 1591), un gran volumen de cuarto, valioso para el clero por los sermones y meditaciones.; "Miserere, das ist: Der 50. Psalm Davids . . . Gebettsweiss . . . aussgelegt" (Munich, 1594, Ingolstadt, 1594); "Warhafte Histori . . . Von Sanct Moritzen . . . vnd seiner Thebaischen Legion . . . Auch insonderheit von Sanct Vrso" (Friburgo, 1594); *"Catholische Kirchengesäng zum theil vor vnd nach dem Cathismo zum teil sonst durchs Jahr . . . zusingen" (Friburgo, 1596); "Enchiridion Pietatis quo ad prandum Deum instruitur Princeps" (s. l., 1751), dedicado por Canisio en 1592 al futuro emperador Fernando II (Zeitschrift für katholische Theologie; XIV, 741); "Beati Petri Canisii Exhortationes domesticæ", principalmente bosquejos cortos, colcionados y editados por G. Schlosser, S.J. (Roermond, 1876); "Beati Petri Canisii Epistulæ et Acta": 1541-65, editado por O. Braunsberger, S.J. (4 vols., Friburgo de Brisgovia, 1896-1905). Todavía permanen sin publicar cuatro o cinco volúmenes que contienen mil ciento noventa y cinco cartas y regesta escritas para o por Canisio, y seiscientos veinticinco documentos relacionados con sus trabajos. "Pedro Canisio", dice el profesor Protestante de teología, Krüger, "fue un noble Jesuita; ninguna culpa mancha su carácter" ("Petrus Canisius" en "Geschichte u. Legende", Giessen, 1898, 10). La característica principal de su carácter era el amor por Cristo y por su trabajo; dedicó su vida a defender, propagar, y fortaler la Iglesia. De ahí su devoción al papa. El no negaba los abusos que existían en Roma; él exigía remedios rápidos; excepto el poder supremo y total del papa sobre toda la Iglesia, y la infalibilidad de sus enseñanzas como Cabeza de la Iglesia, Canisio la defendió tan vigorosamente como los hermanos Italianos y Españoles de la orden. El no puede ser llamado un "Episcopaliano" o "Semi-Galicano"; su lema era "cualquiera que adhiera a la Silla de San Pedro es mi hombre. Con Ambrosio I deseo seguir a la Iglesia de Roma en todo". Pío V quiso hacerlo cardenal. Los obispos, Brendel de Mainz, Brus de Praga, Pflug de Naumburgo, Blarer de Basilea, Cromer de Ermland, y Spaur de Brixen, lo tenían en gran estima. San Francisco de Sales solicitó su consejo por carta. El disfrutaba de la amistad de los más distinguidos miembros del Colegio de Cardenales - Borromeo, Josio, Truchsess, Commendone, Morone, Sirlet; de los nuncios Delfino, Portia, Bonhomini y otros; de muchos exponentes principales de la enseñanza lesiástica; y de hombres tan prominentes como el Canciller de la Universidad de Lovaina, Federico Staphylus, Franz Sonnius, Martin Rithovius, Wilhelm Lindanus, los vice-cancilleres imperiales Jacob Jonas y Jorge Segismundo Seld, el canciller Bávaro Simon Thaddaeus k, y los Fuggers y Welsers de Augsburgo. "La vida completa de Canisio", escribe el teólogo suizo Protestante Gautier, "está animada por el deseo de formar una generación de clérigos devotos capaces de servir en forma valiosa a la Iglesia" ("Etude sur la correspondance de Pierre Canisius, Génova, 1905, p. 46). En Ingolstadt mantuvo controversias y ejercicios de predicación entre los clérigos jóvenes, y procuró elevar el nivel religioso y científico del Georgiano. Reunió y envió discípulos al Colegio Alemán en Roma e hizo provisión para los discípulos que habían regresado a casa. También exhortó a Gregorio XIII a hacer donaciones y a fundar instituciones similares en Alemania; pronto se construyeron seminarios papales en Praga, Fulda, Braunsberg, y Dilinga. En Ingolstadt, Innsbruck, Munich, y Viena, se construyeron escuelas bajo la dirción de Canisio para la nobleza y los pobres, las primeras para educar al clero de las catedrales, y las últimas para el clero de los grados inferiores. Los reglamentos reformados publicados en ese tiempo por las Universidades de Colonia, Ingolstadt y Viena tuvieron que acreditarse en lo fundamental a sus sugerencias.
Con celo apostólico amaba la Compañía de Jesús; el día de su admisión a la orden lo llamó su segundo nacimiento. Obediencia a sus superiores era su primera regla. Como superior cuidaba con amor paternal de las nesidades de sus subordinados. Poco antes de su muerte él dlaraba que nunca se había arrepentido de llegar a ser un Jesuita, y rordó los abusos que los opositores de la Iglesia habían amontonado sobre la orden y su persona. Johann Wigand escribió un ruin panfleto contra su "Catismo"; Flacio Ilirico, Juan Gnypheus, y Paul Scheidlich escribieron libros contra él; Melanchthon dlaró que él defendía errores caprichosamente; Chemnitz lo llamó un cínico; el satírico Fischart se mofaba de él; Andreæ Dathen, Gallus, Hesshusen, Osiander, Platzius, Roding, Vergerio, y otros escribieron vigorosos ataques contra él; en Praga los Husitas arrojaron piedras dentro de la Iglesia donde él estaba celebrando Misa; en Berna fue ridiculizado por un populacho Protestante. En Domingo de Resurrción, 1568, fue obligado a predicar en la Catedral de Würzburg con el fin de refutar el rumor de que él había llegado a ser un Protestante. Sin amargura por todo esto, él día, "mientras más nos calumnian nuestros adversarios, más debemos amarlos". El solicitaba a los autores Católicos defender la verdad con modestia y dignidad, sin mofarse o ridiculizar. Los nombres de Lutero y Melanchthon nunca fueron mencionados en el "Catismo". Su amor por el pueblo alemán es característico; romendaba a los hermanos de la orden practicar diligentemente el alemán, y le gustaba escuchar el canto de los himnos nacionales Alemanes. Por deseo suyo, San Ignacio dretó que todos los miembros de la orden ofrieran mensualmente Misas y oraciones por el bienestar de Alemania y el Norte. Siempre leal defensor de los Alemanes ante la Santa Sede, obtuvo clemencia para ellos en asuntos de censuras eclesiásticas, y permiso para dar absoluciones extraordinarias y para dispensar de la ley del ayuno. El también deseaba que el Indice fuera modificado para que los confesores Alemanes pudieran ser autorizados para permitir la lectura de algunos libros, pero en sus sermones él advertía a los fieles abstenerse de leer tales libros sin permiso. Mientras fue rtor de la Universidad de Ingolstadt, fue aprobado un acuerdo que prohibía el uso de textos Protestantes y, a solicitud suya, el Duque de Baviera prohibió la importación de libros contrarios a la religión y la moral. En Colonia solicitó al consejo municipal prohibir la impresión y venta de libros hostiles a la Fe o inmorales, y en el Tirol el Archiduque Fernando II había suprimido tales libros. También aconsejó al Obispo Urbano de Gurk, el predicador de la corte de Fernando I, no leer tantos libros Protestantes, sino estudiar en cambio las Escrituras y los escritos de los Padres. En Nimega buscaba las bibliotas de sus amigos, y quemaba todos los libros heréticos. En medio de todas estas preocupaciones Canisio se mantuvo esencialmente un hombre de oración, fue un ardiente defensor del Rosario y sus fraternidades. Fue también uno de los prursores de la moderna devoción al Sagrado Corazón.
Durante su tiempo de vida su "Catismo" aparió en más de 200 ediciones en por lo menos veinte idiomas. Este fue uno de los trabajos que influenció a San Aloisio Gonzaga a entrar en la Compañía de Jesús; convirtió entre otros, al Conde Palatino Wolfgang Wilhelm de Neoburgo; y tan rientemente como el siglo diiocho, en muchos lugares, las palabras "Canisi" y catismo eran sinónimos. La base y modelo se mantuvieron para los catismos impresos posteriormente. Su predicación también tenía gran influencia; en 1550 los clérigos de la catedral de Augsburgo atestiguaron que por sus sermones, noventa y nueve personas habían regresado a la Iglesia, y en Mayo de 1562, se reportó que en la Pascua de Resurrción se con
San Pedro Chruysologus
Nació en Imola, en 406; murió allí en 450. Su biografía fue primero escrita por Agnellus (Liber pontificalis clessi ravennatis) en el Siglo IX. La misma no da mucha información sobre el personaje. Fue bautizado, educado y ordenado diácono por Cornelius, Obispo de Imola, y fue elevado al Obispado de Ravenna en 433.
Existen indicios de que Ravenna tuvo el rango de metrópoli antes de sus tiempos. Su piedad y devoción le ganaron admiración universal, y por su oratoria, se le dio el nombre de Chrysologus. Fue confidente de León el Grande, y gozó del patronato de la Emperatriz Galla Placidia. Luego de su condena por el Sínodo de Constantinopla (448), los euticos monofisitas, se tomaron la tarea de apoyarlo, sin haber obtenido éxito.
Una colción de sus homilías, las que se numeran en 176, fue realizada por Félix, Obispo de Ravenna (707-17). Algunas son interpolaciones, y otras son ronocidas al haber sido escritas por el santo. Las mismas están incluidas en otras colciones y bajo diferentes nombres. Ellas explican, en gran medida, textos bíblicos y son breves y concisas. El había explicado de manera bella los misterios de la Encarnación, las herejías de Arios y Eutyches, el Credo de los Apóstoles, y dedicó series de homilías a la Santísima Virgen y a Juan El Bautista.
Sus trabajos fueron inicialmente editados por Agapitus Vicentinus (Boloña, 1634) y más tarde por D. Mita (Boloña, 1634), y San Pauli (Venia, 1775). Esta última colción ha sido reimpresa en P.L., LIL. Fr. Liverani ("Spicilegium Liberianum"), Florencia, 1863, 125 y sqq. Se editaron nueve homilias y se publicaron de los manuscritos, varias lturas diferentes de otros sermones. Varias homilias fueron traducidas al alemán por M. Held (Kempten, 1874).
BARDENHEWER, Patrology, tr. SHAHAN, 526 sqq.; DAPPER, Der hl. Petrus von Ravenna Chrysologus (Posen, 1871); LOOSHORN, Der hl. Petrus Chrysologus und seine Schriflen in Zeitschrift f. kathol. Theol., III (1879), 238 seq.; WAYMAN, Zu Petrus Chrysologus in Philologus, LV (1896), 464 seq.
IGNATIUS SMITH
Trascripción de Joseph C. Meyer
Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.