San Pablo
I. Cuestiones Preliminares;
A. Los Hhos Apócrifos de San Pablo;
B. Cronología;
II. Vida y Obras de San Pablo;
A. Su Nacimiento y su Educación;
B. Su Conversión y Primeras Empresas;
C. Sus Trabajos Apostólicos;
(1) Primera Misión;
(2) Segunda Misión;
(3) Tercera Misión;
D. La Cautividad;
E. Los Últimos Años;
F. Retrato Físico y Moral de San Pablo;
III. Teología de San Pablo;
A. Pablo y Cristo;
B. La Idea de Base de la Teología de San Pablo;
C. La Humanidad sin Cristo;
D. La Persona del Redentor;
(1) Cristo en su Preexistencia;
(2) Jesucristo como Hombre;
E. La Redención Objetiva en tanto Obra de Cristo;
F. La Redención Subjetiva;
G. Doctrina Moral;
H. Escatología;
I. CUESTIONES PRELIMINARES
A. Los Hhos Apócrifos de San Pablo
El profesor Schmidt publicó una fotocopia, una transcripción, una traducción alemana, y un comentario de un papiro copto compuesto por 2000 fragmentos que él clasificó, yuxtapuso y descifró a costa de una ardua labor. ("Acta Pauli aus der Heidelberger koptischen Papyrushandschrift Nr. 1", Leipzig, 1904, y "Zusatze" etc., Leipzig, 1905). La mayor parte de los críticos tanto católicos (Duchesne, Bardenhewer, Ehrhard etc.) como protestantes (Zahn, Harnack, Corssen etc.), creen que los fragmentos constituyen los verdaderos "Hhos de San Pablo" si bien el texto publicado por Schmidt, con numerosas lagunas, no representa sino una pequeña parte del trabajo original. Este descubrimiento modificó las ideas, generalmente aceptadas, sobre los orígenes, el contenido y el valor de estos Hhos apócrifos, y legitima además la conclusión de que las tres antiguas redacciones que han llegado hasta nosotros formaban parte integrante de la "Acta Pauli" o, más exactamente, "Acta Pauli et Thlae", de la que la mejor edición es la de Lipsius, ("Acta Apostolorum apocrypha", Leipzig, 1891, 235-72), un "Martyrium Pauli" conservado en griego con un fragmento que también existe en latín (op.. cit., 104-17), y una carta de los Corintios a Pablo con su correspondiente respuesta, cuya versión armenia ha sido conservada (cf. Zahn, "Gesch. des neutest. Kanons", II, 592-611), y el texto latino descubierto por Berger en 1891 (d. Harnack, "Die apokryphen Briefe des Paulus an die Laodicener und Korinther", Bonn, 1905). Con gran sagacidad, Zahn previó este resultado con respto a estos dos últimos documentos y, la manera con la que San Jerónimo habla de los periodoi Pauli et Thlae (De viris ill., vii) podría permitir la misma conjetura con respto al primero.
Otra consuencia del descubrimiento de Schmidt’s es no menos interesante. Lipsius sostuvo y, hasta ahora fue la opinión más extendida, que junto a los Hhos canónicos hubieran existido previamente otros "Hhos de San Pablo" gnósticos, bien que ahora todo tiende a probar que esto últimos nunca existieron. De hecho, Orígenes cita como autoridad los "Hhos de San Pablo" dos ves ("In Joann.", XX, 12; "De princip.", II, i, 3); Eusebio (Hist. cl., III, iii, 5; XXV, 4) los coloca entre los libros dudosos, al igual que el "Pastor" de Hermas, el "Apocalipsis de Pedro", la Epístola de Bernabé y la Didaché. La esticometría del "Codex Claromontanus" (fotografiada en Vigouroux, "Dict. de la Bible", II, 147) lo coloca después de los libros canónicos. Tertuliano y San Jerónimo, bien que poniendo de relieve el carácter legendario de estos escritos, no ponen en duda su ortodoxia. El propósito priso de la correspondencia de San Pablo con los corintios (que forma parte de los "Hhos") fue el oponerse a los gnósticos Simón y Cleobio. Pero no hay razón para admitir la existencia de unos "Hhos" heréticos que hubieran sido perdidos después sin esperanza, puesto que todos los detalles dados por los autores antiguos se encuentran verificados en los "Hhos" que han llegado hasta nosotros o por lo menos coinciden bastante bien con ellos. He aquí una posible explicación del malentendido: Los maniqueos y los priscilianos hicieron circular una colción de cinco "Hhos" apócrifos de los que cuatro se encontraban viciados de herejía mientras que el quinto correspondía prisamente con los "Hhos de San Pablo". Los "Acta Pauli" debieron su mala fama de heterodoxia a su asociación con los otros cuatro como atestiguan autores más rientes tales como Filastro (De haeres., 88) y Focio (Cod., 114). Tertuliano (De baptismo, 17) y San Jerónimo (De vir. ill., vii) denuncia el carácter fabuloso de los "Hhos" apócrifos de San Pablo; este juicio severo se confirma ampliamente examinando los fragmentos publicados por Schmidt. Se trata de un trabajo en el que lo improbable rivaliza con lo absurdo. El autor, que conocía bien los Hhos canónicos de los Apóstoles, coloca la acción en los sitios que realmente visitó San Pablo (Antioquía, Iconio, Mira, Perge, Sidón, Tiro, Efeso, Corinto, Filipo, Roma), pero, por otro lado, da rienda libre a su fantasía. Su cronología es totalmente imposible. De las sesenta y seis personas mencionadas pocas son conocidas y, las que se conocen, se comportan de una manera totalmente irronciliable con las afirmaciones de la Hhos canónicos. En dos palabras, si los Hhos canónicos son verdaderos, los apócrifos son falsos. Ello no implica que todos los detalles de los mismos lo sean, pero para afirmar que tengan fundamento histórico se nesita una autoridad independiente del texto.
B. Cronología
Si, de acuerdo con una opinión casi unánime, admitimos que los Hhos XV y Gal., ii, 1-10, se refieren al mismo hecho, se verá que transcurre un intervalo de diisiete años incompletos (o al menos de diesiséis) entre la conversión de San Pablo y el Concilio Apostólico, pues que Pablo visitó Jerusalén tres años después de su conversión. (Gal., i, 18) y volvió después de catorce años para la reunión tenida según las observancias legales (Gal., ii, 1: "Epeita dia dekatessaron eton"). Es verdad que algunos autores incluyen los tres años previos a la visita en el total de catorce, pero esta explicación pare forzada. Por otro lado, doce o tre años pasaron entre el Concilio Apostólico Por otra parte, pasaron doce o tre años después de Concilio Apostólico hasta el fin de la cautividad, dado que la cautividad duró casi cinco años (más dos en Cesárea, Hhos, xxiv, 27, seis meses de viaje incluyendo la parada de Malta, dos años en Roma, Hhos, xxviii, 30); la tercera misión duró no menos de cuatro años y medio (de los que tres pasaron en Efeso, Hhos, xx, 31, y uno entre la salida de Efeso y la llegada a Jerusalén, I Cor., xvi, 8; Hhos, xx, 16, y seis meses como mínimo para el viaje a la tierra de los Gálatas, Hhos, xviii, 23); Mientras que la tercera misión duró algo más de tres años (diiocho meses en Corinto, Hhos, xviii, 11, y el resto para la evangelización de Galacia, Macedonia y Atenas, Hhos, xv, 36-xvii, 34). Así es que desde su conversión hasta el final de la primera cautividad tenemos un total de veintinueve años. Así pues, su pudiéramos encontrar un punto de sincronismo entre un hecho de la vida de San Pablo y un acontimiento cualquiera de la historia profana fhada, nos sería sencillísimo ronstruir completamente la cronología paulina.. Desgraciadamente, este deseo no ha sido nunca realizado con seguridad, a pesar de los muchos intentos hhos por los expertos, espialmente en los tiempos rientes. No están desprovistos de interés algunos intentos fallidos, porque el descubrimiento de una inscripción o de una moneda podría un día transformar una fecha aproximada en un punto absolutamente cierto. Podría tratarse de los contactos de Pablo con Sergius Paulus, procónsul de Chipre, al rededor del año 46 (Hhos, xiii, 7), el encuentro en Corinto con Aquila y Priscila, que había sido expulsada de Roma hacia el 51 (Hhos, xviii, 2), el encuentro con Galio, procónsul de Acaya, hacia el 53 (Hhos, xviii, 12), el discurso de Pablo ante el gobernador Félix y su mujer Drusila hacia el 58 (Hhos, xxiv, 24). Todos estos acontimientos coinciden con la cronología general del apóstol en cuanto se trata de fechas aproximadas, pero no dan resultados de prisión. Sin embargo, tres sincronismos paren fundamentar una base firme:
(1) La ocupación de Damasco por el enarca del rey Aretas y la huida del apóstol tres años después de su conversión. (II Cor., xi, 32-33; Hhos, ix, 23-26).- Existen monedas damascenas con la efigie de Tiberio del año 34 que prueban que en aquel tiempo la ciudad pertenía a los romanos. Es imposible pensar que Aretas la hubiera ribido como un regalo de Tiberio, dado que este último, espialmente en sus últimos días, fue hostil al rey de los nabatenses al que Vitellius, gobernador de Siria, se le ordenó atacar (Joseph., "Ant.", XVIII, v, 13); tampoco Aretas podría haberla conquistado él mismo por la fuerza dado que, aparte lo inverosímil de una agresión dirta contra los romanos, la expedición de Vitellius no fue dirigida en primer lugar contra Damasco sino contra Petra. No fue pues descabellado imaginar por un momento que Calígula la hubiera cedido en el momento de su accesión, dado como era a tales caprichos. (10 de marzo del 37). De hecho, no se sabe nada sobre las monedas imperiales de Damasco con fechas entre Calígula y Claudio. De acuerdo con esta hipótesis, la conversión de San Pablo no habría sido anterior al año 34, ni tampoco su fuga de Damasco, ni su primera visita a Jerusalén habrían sido anteriores al año 37.
(2) La muerte de Agripa, la hambruna en Judea, la misión de Pablo y Bernabé en Jerusalén para llevar allá las limosnas de la iglesia de Antioquía (Hhos, xi, 27-xii, 25).- Agripa murió poco después de pascua (Hhos, xii, 3, 19), cuando estaba celebrando en Cesárea las solemnes festividades en honor de Claudio por su riente retorno de Bretaña en el tercer año de su reino, que había empezado en el 41 (Josefo, "Ant.", XIX, vii, 2). Estos hhos combinados nos llevan al año 44, año en el que prisamente Orosio (Hist., vii, 6) sitúa la hambruna que desoló Judea. Josefo la sitúa algo después, bajo el procurador Tiberio Alejandro (alrededor del 46), pero es bien conocido que el entero reinado de Claudio estuvo caracterizado por las malas coshas. (Suet., "Claudius", 18) y que una hambruna general era predida normalmente por un periodo de escasez. También es posible que el alivio de la escasez predicha por Agabus (Hhos, xi, 28, 29) prediera a la aparición del azote o coincidiera con sus primeros síntomas. Por otro lado, la simultaneidad de la muerte de Herodes y la misión de Pablo no puede ser sino aproximado, dado que los dos hhos están estrhamente relacionados en los Hhos, la narración de la muerte de Agripa podría ser un mero episodio para proytar alguna luz sobre la situación de la Iglesia en Jerusalén en el momento de la llegada de los delegados de Antioquía. En cualquier caso, el año 45 pare el más satisfactorio.
(3) La substitución de Félix por Festo dos años después de la detención de Pablo (Hhos, xxiv, 27).- Hasta hace poco, los cronologistas fijaban de común acuerdo esta fecha tan importante en el año 60-61. Harnack, 0. Holtzmann, y McGiffert sugirieron avanzar esta fecha tres o cuatro años por las siguientes razones: (1) En su "Chronicon", Eusebio sitúa la llegada de Festo en el segundo año de Nerón (octubre del 55-octubre del 56, o si, como se ha dicho, Eusebio hizo empezar los reinados de los emperadores en Septiembre después de su accesión, septiembre del 56-septiembre del 57). Mas no debemos olvidar que las crónicas estaban siempre obligadas a dar fechas exactas por lo que estaban forzadas a conjeturarlas y quizá Eusebio, por falta de información prisa, dividió en dos partes iguales la duración de los dos mandatos de Félix y Festo. (2) Josefo afirma (Ant., XX, viii, 9) que, como Félix había sido llamado a Roma y había sido acusado por los judíos ante Nerón, tuvo que asegurar su salvación solamente a causa de su hermano Pallas que entonces gozaba de su favor. Pero, de acuerdo con Tácito (Annal., XIII, xiv-xv), Pallas fue destituido un poco antes del cuarenta aniversario de Británico, es dir en enero del 55. Estas dos afirmaciones son contradictorias, dado que Pallas fue destituido tres meses después de la accesión al trono de Nerón (13 de octubre del 54) El no podría haber asistido a la cumbre de su poder cuando su hermano Félix, rlamado en Palestina al mando de Nerón hacia Pentostés, llegó a Roma. Pallas conservó su poder y su influencia después de su destitución dado que su gestión no fue objeto de pesquisas y, así, fue capaz de asistir a su hermano hasta el año 62, cuando Nerón lo envenenó para apoderarse de sus posesiones.
Los partidarios de una fecha posterior aducen las razones siguientes: (1) Dos años antes de que Félix fuera llamado a Roma, Pablo le rordó que había sido durante muchos años juez de la nación judía (Hhos, xxiv, 10-27). Esta expresión no puede querer dir menos de seis o siete años y como, de acuerdo con Josefo y Tácito, Félix fue nombrado procurador de Judea en el 52, el principio de la cautividad debería caer en el 58 o en el 59. Es verdad que el argumento pierde su fuerza si se admite con algunos críticos que Félix antes de ser procurador había tenido un puesto de subordinado en Palestina. (2) Josefo (Ant., XX, viii, 5-8) sitúa bajo Nerón todo lo que pertene al gobierno de Félix y, aunque la larga serie de acontimientos no implica muchos años, es evidente que Josefo consideró el gobierno de Félix como algo coincidente con la mayor parte de los años de Nerón, que empezó el 13 de Octubre del 54. Al fijar así las fechas clave de en la vida de Pablo, todas la fichas conocidas con certeza o con probabilidad coinciden: Conversión, en el 35; primera visita a Jerusalén en el 37; estancia en Tarso en el 37-43; apostolado en Antioquía en el 43-44; segunda visita a Jerusalén en el 44 o en el 45; primera misión en el 45-49; Tercera visita a Jerusalén en el 49 o en el 50; segunda misión en el 50-53; cartas I y II a los tesalonicenses en el 52; cuarta visita a Jerusalén en el 53; tercera misión en el 53-57; cartas I y II a los corintios y a los gálatas en el 56; a los romanos en el 57; quinta visita a Jerusalén, arresto en el 57; llegada de Festo, salida para Roma en el 59; cautivo en Roma en el 60-62; cartas a Filemón, a los colosenses, a los efesios, a los filipenses en el 61; segundo periodo de actividad en el 62-66; carta I a Timoteo; a Tito, segundo arresto en el 66; carta II a Timoteo, martirio en el 67. (Verse Turner, "Chronology of the N. T." in Hastings, "Dict. of the Bible" Hönicke, "D Chronologie des Lebens des Ap. Paulus", Leipzig, 1903.
II. VIDA Y OBRAS DE SAN PABLO
A. Su nacimiento y su educación
De San Pablo mismo sabemos que nació en Tarso, en Cilicia (Hhos, xxi, 39), de un padre que era ciudadano romano (Hhos, xxii, 26-28; cf. xvi, 37), en el seno de una familia en la que la piedad era hereditaria (II Tim., i, 3) y muy ligada a las tradiciones y observancias fariseas (Fil., iii, 5-6). San Jerónimo nos dice, no se sabe con qué razones, que sus padres eran nativos de Gischala, una pequeña ciudad de Galilea y que lo llevaron a Tarso cuando Gischala fue tomada por los romanos ("De vir. ill.", v; "In epist. ad Fil.", 23). Este último detalle es ciertamente un anacronismo mas los orígenes galileos de la familia no son en absoluto improbables. Dado que pertenía a la tribu de Benjamín, se le dio el nombre de Saúl (o Saulo) que era común en esta tribu en memoria del primer rey de los judíos. (Fil., iii, 5). En tanto que ciudadano romano también llevaba el nombre latino de Pablo (Paulo). Para los judíos de aquel tiempo era bastante usual tener dos nombres, uno hebreo y otro latino o griego entre los que existía a menudo una cierta consonancia y que yuxtaponían en el modo usado por San Lucas (Hhos, xiii, 9: Saulos ho kai Paulos). Véase en este punto Deissmann, "Bible Studies" (Edinburgh, 1903, 313-17.) Fue natural que, al inaugurar su apostolado entre los gentiles, Pablo usara su nombre romano, espialmente porque el nombre de Saulo tenía un significado vergonzoso en griego. Puesto que todo judío que se respetase había de enseñar a su hijo un oficio, el joven Saulo aprendió a hacer tiendas de lona (Hhos, xviii, 3) o más bien a hacer la lona de las tiendas (cf. Lewin, "Life of St. Paul", I, London, 1874, 8-9). Era aún muy joven cuando fue enviado a Jerusalén para ribir una buena educación en la escuela de Gamaliel (Hhos, xxii, 3). Parte de su familia residía quizá en la ciudad santa puesto que más tarde se haría mención de una hermana cuyo hijo le salvaría la vida (Hhos, xxiii, 16). A partir de este momento resulta imposible seguir su pista hasta que tomó parte en el martirio de San Esteban (Hhos, vii, 58-60; xxii, 20). En ese momento se le califica de "joven" (neanias), pero esta era una apelación elástica que bien podía aplicarse a cualquiera entre veinte y cuarenta años.
B. Su Conversión y primeras empresas
Leemos en los hhos de los apóstoles tres relatos de la conversión de San Pablo. (ix, 1-19; xxii, 3-21; xxvi, 9-23) que presentan ligeras diferencias que no son difíciles de armonizar y que no aftan para nada la base del relato, perftamente idéntica en substancia. Verse J. Massie, "The Conversion of St. Paul" en "The Expositor", 3ª serie, X, 1889, 241-62. Sabatier de acuerdo con los críticos más independientes ha dicho (L’Apotre Paul, 1896, 42): "Estas diferencias no pueden en absoluto alterar el hecho, el objeto narrado es extremadamente remoto no tratan ni siquiera de las circunstancias que rodearon el milagro sino con las impresiones subjetivas que los compañeros de San Pablo ribieron en esas circunstancias..." Utilizar esas diferencias para negar el carácter histórico del hecho es hacer violencia al texto adoptando una actitud arbitraria. Todos los esfuerzos hhos para explicar la conversión de San Pablo sin rurrir al milagro han fracasado. Las explicaciones naturalísticas se reducen a dos: o San Pablo creyó verdaderamente ver a Cristo mientras sufría una alucinación o creyó verlo solo a través de una visión espiritual que la tradición, rogida en los Hhos de los Apóstoles, convirtió luego en visión material. Renan lo explica todo por una alucinación debida a la enfermedad, y acaida a causa de una combinación de causas morales como la duda, el remordimiento, el temor, y algunas causas físicas como la oftalmía, la fatiga, la fiebre, la transición rápida del desierto tórrido a los jardines frescos de Damasco, quizá en medio de una tormenta repentina acompañada de rayos y relámpagos. Esta combinación múltiple habría producido, según Renan, una conmoción cerebral con fase de delirio que San Pablo tomó de buena fe como la aparición de Cristo.
Los otros partidarios de la explicación natural evitan la palabra alucinación pero caen, pronto o tarde, en la explicación de Renan la cual hacen más complicada. Por ejemplo Holsten, para el que la visión de Cristo es simplemente la conclusión de una serie de silogismos por los que Pablo se persuadió a sí mismo de que Cristo había verdaderamente resucitado. También Pfleiderer, para el que la imaginación juega un papel más importante: "Un temperamento nervioso, excitable; un alma violentamente agitada por las más terribles dudas; una fantasía de lo más vívido, llena de las terribles escenas de persución por un lado, y por el otro con la imagen ideal del Cristo celeste; la proximidad de Damasco que implicaba la urgencia de la disión, la intransigencia que lleva a la soledad, el calor cegador y dolorosísimo del desierto. De hecho, todo esto combinado, produjo un estado de éxtasis en los que el alma cree ver las imágenes y los conceptos que violentamente la agitan como si fueran fenómenos del mundo externo" (Ltures on the influence of the Apostle Paul on the development of Christianity, 1897, 43). Hemos citado a Pfleiderer palabra por palabra porque su explicación "sicológica" se considera la mejor que se haya desarrollado nunca. Y sin embargo, se ve fácilmente que es insuficiente e incluso en total contradicción con el documento escrito de los Hhos en tanto que testimonio expreso de San Pablo mismo. (1) Pablo está seguro de haber "visto a" Cristo como los otros apóstoles lo hicieron (I Cor., ix, 1); él mismo dlara que Cristo se le "aparió" (I Cor., xv, 8) como a Pedro, Santiago o a los doce después de su resurrción. (2) Él sabe bien que su conversión no es el fruto de ningún razonamiento humano, sino de un cambio imprevisto, repentino y radical debido a la gracia omnipotente (Gal., i, 12-15; I Cor., xv, 10). (3) Es falso atribuirle dudas, perplejidades o remordimientos antes de su conversión. Pablo fue detenido por Cristo cuando su furia alcanzaba el máximo furor (Hhos, ix, 1-2); perseguía a la Iglesia "con celo" (Fil., iii, 6), y fue acreedor de la gracia porque actuó con "ignorancia en su creencia de buena fe" (I Tim., i, 13). Todas la explicaciones sicológicas o no, caren de valor ante estas afirmaciones, puesto que todos suponen que la causa de su conversión fue su fe en Cristo mientras que, según los testimonios concordantes de los Hhos y las Epístolas, fue la visión de Cristo la que motivó su fe.
Después de su conversión, de su bautismo y de su cura milagrosa Pablo empezó a predicar a los judíos (Hhos, ix, 19-20). Después se retiró a Arabia, probablemente a la región al sur de Damasco. (Gal., i 17), indudablemente menos a predicar que a meditar las escrituras. A su vuelta a Damasco, las intrigas de los judíos le obligaron a huir de noche (II Cor., xi, 32-33; Hhos, ix, 23-25). Fue a Jerusalén a ver a Pedro (Gal., i, 18), pero se quedó solamente quince días porque las celadas de los griegos amenazaban su vida. A continuación pasó a Tarso y allá se le pierde de vista durante seis años (Hhos, ix, 29-30; Gal., i, 21). Bernabé fue en busca suya y lo trajo a Antioquía donde trabajaron juntos durante un año con un apostolado fructífero. (Hhos, xi, 25-26). También juntos fueron enviados a Jerusalén a llevar las limosnas para los hermanos de allá con ocasión de la hambruna predicha por Agabus (Hhos, xi, 27-30). No paren haber encontrado a los apóstoles allí esta vez ya que se encontraban dispersos a causa de l persución de Herodes.
C. Sus trabajos apostólicos
Este periodo de doce años (45-57) fue el más activo y fructífero de su vida. Comprende tres grandes expediciones apostólicas de las que Antioquía fue siempre el punto de partida y que, invariablemente, terminaron por una visita a Jerusalén.
(1) Primera misión (Hhos, xiii, 1-xiv, 27)
Enviado por el Espíritu para la evangelización de los gentiles, Bernabé y Saulo embarcaron con destino a Chipre, predicaron en la sinagoga de Salamina, cruzaron la isla de este a oeste siguiendo sin duda la costa sur y llegaron a Pafos, residencia del procónsul Sergio Paulo, donde tuvo lugar un cambio repentino. Después de la conversión del procónsul romano, Saulo, repentinamente convertido en Pablo, es citado por San Lucas antes de Bernabé y asume ostensiblemente la dirción de la misión que hasta entonces había ejercido Bernabé. Los resultados de este cambio son rápidamente evidentes. Pablo comprende que, al depender Chipre de Siria y Cilicia, la isla entera se convertiría cuando las dos provincias romanas abrazaran la fe de Cristo. Escogió entonces el Asia Menor como campo de su apostolado y se embarcó en Perge de Panfilia, once kilómetros por encima del puerto de Cestro. Fue entonces cuando Juan Marcos, primo de Bernabé, desanimado quizás por los ambiciosos proytos del apóstol, abandonó la expedición y volvió a Jerusalén, mientras que Pablo y Bernabé trabajaban solos entre las arduas montañas de Pisidia, infestadas de bandidos y atravesaron profundos pripicios. Su destino era la colonia romana de Antioquía, situada a siete días de viaje desde Perge. Aquí, Pablo habló del destino divino de Israel y del providencial envío del Mesías, un discurso que San Lucas reproduce en substancia como ejemplo de una predicación en la sinagoga. (Hhos, xiii, 16-41). La estancia de los dos misioneros en Antioquía fue lo suficientemente larga como para que la palabra del Señor fuera conocida a través de todo el país. (Hhos, xiii, 49). Cuando los judíos consiguieron con sus intrigas un dreto de destierro, continuaron hacia Iconium, distante tres o cuatro días de viaje, donde encontraron la misma persución por parte de los judíos y la misma acogida por parte de los gentiles. La hostilidad de los judíos los forzó a buscar refugio en la colonia romana de Listra, distante como unos veinticinco kilómetros. Aquí, los judíos de Antioquía y de Iconium dejaron celadas para Pablo y, habiéndolo apedreado lo dejaron por muerto, mientras que él logró una vez más escapar buscando esta vez refugio en Derbe, situada alrededor de sesenta kilómetros de la provincia de Galacia. Después de completar su circuito, los misioneros volvieron sobre sus pasos para visitar a los nuevos cristianos, ordenaron algunos sacerdotes en cada una de las iglesias fundadas por ellos y al fin volvieron a Perge, donde se detuvieron a predicar de nuevo el Evangelio, mientras que esperaban quizá la oportunidad de embarcar para Atalia, un puerto a diiocho kilómetros de allá. Al volver a Antioquía de Siria, después de una ausencia que había durado tres años, fueron ribidos con muestras de gozo y de acción de gracias pues que Dios les había abierto las puertas de la fe al mundo de los gentiles.
El problema del estatuto de los gentiles en la Iglesia se hizo entonces sentir en toda su agudeza. Algunos judeocristianos que venían de Jerusalén rlamaron el que los gentiles fueran sometidos a la circuncisión y tratados como los judíos trataban a los prosélitos. Contra esta opinión, Pablo y Bernabé protestaron y se didió convocar una reunión en Jerusalén para resolver el asunto En esta asamblea, Pablo y Bernabé representaron a la comunidad de Antioquía. Pedro defendió la libertad de los gentiles, Santiago insistió en lo contrario, pidiendo al mismo tiempo que se abstuvieran de algunas de las cosas que más horrorizaban a los Judíos. Al fin se didió que los gentiles estaban exentos de la ley de Moisés primeramente. En segundo lugar, que los de Siria y Cilicia deberían abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la fornicación. En tercer lugar, que su disión no era promulgada en virtud de la ley de Moisés sino que era dada en nombre del Espíritu Santo, lo que significaba el triunfo de las ideas de San Pablo. La restricción impuesta a los gentiles convertidos procedentes de Siria y Cilicia no se aplicaba a sus iglesias y Tito, su compañero, no fue apremiado a circuncidarse, a pesar de las protestas de los judaizantes (Gal., ii, 3-4). Se asume aquí que Gal., ii, y Hhos, xv, relatan el mismo hecho puesto que, de un lado, los actores son los mismos Pablo y Bernabé, y por el otro Pedro y Santiago; la discusión es la misma, la cuestión de la circuncisión de los gentiles; la escena idéntica Antioquía y Jerusalén; y la fecha idéntica: Alrededor del 50 d.d.J.C.; y el resultado uno solo: la victoria de Pablo sobre los judaizantes. Sin embargo, la disión no fue adelante sin dificultades. El asunto no concernía solamente los gentiles y, mientras que se les exoneraba de la ley de Moisés, se dlaraba al mismo tiempo que hubiera sido más meritorio y más perfto para ellos el observarla, puesto que el dreto pare haber complacido a los prosélitos judíos de la segunda generación. Además, los judeocristianos, que no habían sido incluidos en el veredicto, podían seguir considerándose como ligados por la observancia de la ley. Este fue el origen de la disputa que surgió inmediatamente después en Antioquía entre Pedro y Pablo. Este último enseñó abiertamente que la ley había sido abolida para los judíos mismos. Pedro no pensaba de otro modo, pero consideró oportuno evitar la ofensa a los judaizantes e impedirles que comer con los gentiles que no observaban las prescripciones de la ley. Así, influenció moralmente a los gentiles a vivir como los judíos lo hacían, Pablo hizo ver que esta restricción mental y este oportunismo preparaban el camino de futuros malentendidos y conflictos, y que, incluso, tenía entonces, tendría nefastas consuencias. Su forma de relatar estos incidentes no deja la menor duda de que Pedro fue persuadido por sus argumentos. (Gal., ii, 11-20).
(2) Segunda misión (Hhos, xv, 36-xviii, 22)
El principio de la segunda misión se caracterizó por una discusión a propósito de Marcos, que Pablo rhazó como compañero de viaje. Así pues, Bernabé partió con Marcos el de Chipre y Pablo escogió a Silas o Silvano, un ciudadano romano como él y miembro influyente de la Iglesia de Jerusalén, y partió para Antioquía a fin de llevar el dreto del consejo apostólico. Los dos misioneros fueron primero de Antioquía a Tarso, con un alto en el camino para promulgar el dreto del primer Concilio de Jerusalén, y luego fueron de Tarso a Derbe a través de las puertas de Cilicia, de los desfiladeros de Tarso y de las llanuras de Licaonia. La visita de las iglesias fundadas en la primera misión se realizó sin incidentes si no es a propósito de la elección de Timoteo, que los apóstoles en Lisistra persuadieron para que se circuncidara para mejor llegar a las colonias de judíos, numerosos en estas plazas. Fue probablemente en Antioquía de Pisidia, aunque los Hhos no mencionan tal lugar, donde el itinerario de la misión fue cambiado por intervención del Espíritu Santo. Pablo pensó en entrar en la provincia de Asia por el valle del Meandro, lo que le permitiría un solo día de viaje, y sin embargo, pasaron a través de Frigia y Galacia pues el Espíritu les prohibió predicar la palabra de Dios en Asia. (Hhos, xvi, 6). Estas palabras (ten phrygian kai Galatiken choran) pueden interpretarse de forma diversa, dependiendo de si se quiere dir Gálatas del norte o del sur (véase GALATAS). Sea como sea, los misioneros hubieron de viajar hacia el norte en la región de Galacia llamada así en propiedad y cuya capital era Pesinonte, y la única cuestión pendiente es si predicaron o no en ella. No pensaron en hacerlo aunque sabemos que la evangelización de los Gálatas fue debida a un accidente, el de la enfermedad de San Pablo (Gal., iv, 13); lo que va muy bien si se trata de los gálatas del norte. En cualquier caso, los misioneros después de alcanzar la Misia Superior (kata Mysian), intentaron llegar a la rica provincia de Bitinia, que se extendía ante ellos pero el Espíritu Santo se lo impidió (Hhos, xvi, 7). Así es que atravesaron Misia sin pararse a predicar (parelthontes) y llegaron a Alejandría de Tróade, donde la voluntad de Dios les fue revelada por la visión de un macedonio que los llamaba pidiendo auxilio para su país.
Pablo continuó a utilizar sobre suelo europeo los métodos de predicación que había utilizado desde el principio. Hasta donde fue posible, concentró sus esfuerzos en metrópolis desde las que la fe se extendería hacia ciudades de segundo rango y, finalmente a las áreas rurales. Allí donde encontraba una sinagoga, empezaba por predicar en ella a los judíos y prosélitos que estaban de acuerdo en escucharle. Cuando la ruptura con los judíos era irreparable, lo que ocurría más pronto o más tarde, fundaba una nueva iglesia con sus neófitos en tanto que núcleo. Permanía entonces en la misma ciudad a no ser que una persución se dlarase, normalmente a causa de las intrigas de los judíos. Existían, sin embargo, algunas variantes del plan. En Filipo, donde no había sinagoga, la primera predicación tuvo lugar en un puesto llamado el proseuche lo que los gentiles tomaron como motivo de persución. Pablo y Silas, acusados de alterar el orden público, ribieron palos, fueron arrojados en prisión y finalmente exilados. Pero en Tesalónica, y Berea, donde se refugiaron después de lo de Filipo, las cosas se desarrollaron según el plan previsto. El apostolado de Atenas fue absolutamente excepcional. Aquí no se planteaba el problema de los judíos o de la sinagoga, y Pablo, en contra de su costumbre, estaba solo. (I Thess., iii,1 ). Desarrolló de cara al areópago una espie de discurso del que se conserva un resumen en los Hhos. (xvii, 23-31) como un modelo en su género. Pare haber dejado la ciudad de grado, sin haber sido forzado a ello por la persución. La misión de Corinto, por otro lado, puede ser considerada como típica. Pablo predicó en la sinagoga todos los sábados y cuando la oposición violenta de los judíos le negó la entrada, se retiró a una casa próxima, propiedad
San Pablo de la Cruz
Pablo Francisco Danei nació en Ovada, Génova, Italia, el 3 de enero de 1694 y murió en Roma el 18 de octubre de 1775.
Sus padres, Lucas Danei y Ana María Massari fueron ejemplarmente católicos. Desde sus primeros años el crucifijo fue su libro y el Crucificado su modelo. Pablo ribió su educación temprana de un sacerdote que mantenía una escuela para jóvenes en Cremolino, Lombardía. Hizo grandes avances en el estudio y la virtud; dedicaba mucho tiempo a la oración, escuchaba misa diariamente, ribía los sacramentos con fruencia, atendía fielmente sus deberes escolares y dedicaba su tiempo libre a la lectura de buenos libros y a la visita de iglesias, donde pasaba mucho tiempo frente al Santísimo Sacramento, hacia el cuál tenía una ardiente devoción. A la edad de quince años dejó la escuela y regresó a su casa en Castelazzo y desde ese tiempo su vida estuvo llena de pruebas. En su juventud renunció a la posibilidad de un honorable matrimonio; también a una buena herencia que le fue dejada por un tío, que era sacerdote. Únicamente conservó su Breviario.
Inflamado por un deseo de dar gloria a Dios, tuvo la idea de instituir una orden religiosa dedicada a la Pasión de Nuestro Señor. Vestido con una túnica negra por el Obispo de Alejandría, su consejero, portando el emblema de la Pasión de Nuestro Señor, descalzo y con la cabeza descubierta, se retiró a una estrha celda donde preparó las Reglas de la nueva congregación, conforme al plan que se le dio a conocer en una visión, la cuál relata en la introducción a la copia original de las Reglas. Para más información sobre el relato de su ordenación sacerdotal, la fundación de la Congregación de la Pasión, y la aprobación de las Reglas, véase PASIONISTAS. Tras la aprobación de las Reglas y la institución del primer capítulo general fue mantenido en el Retiro de la Presentación en el Monte Argentario el 10 de abril de 1747. En este cabildo, San Pablo, contra sus deseos, fue elto unánimemente como primer superior general, oficio que ejerció hasta el día de su muerte. En todas las virtudes y en la observancia de la disciplina regular, se convirtió en un modelo a seguir para sus compañeros. "Aunque ocupado continuamente con las tareas de la dirción de su sociedad religiosa y en la fundación de nuevas casas para ella por todas partes, nunca dejó de predicar la Palabra de Dios, que bullía en él con un maravilloso deseo por la salvación de almas" (Brief of Pius IX for St. Paul’s Beatification, 1 Oct., 1852). Fueron instituidas misiones sagradas y se hicieron numerosas conversiones. Fue incansable en su labor apostólica y nunca, ni siquiera en su última hora, moderó en algo la austeridad de su modo de vida, finalmente sucumbió a una severa enfermedad, empeorada en mucho por sus prácticas austeras y por su avanzada edad.
Entre los distinguidos asociados de San Pablo, en la formación y extensión de la congregación estuvieron: Juan Bautista, su hermano menor y constante compañero desde la niñez, quien compartió todos sus trabajos y sufrimientos y lo igualó en la práctica de la virtud; el padre Marco Aurelio (Pastorelli), el padre Tomás Struzzieri (subsuentemente Obispo de Amelia y de Todi) y el padre Fulgencio de Jesús, todos ellos sobresalientes en el aprendizaje, la piedad y el celo misionero; el venerable Strambi, Obispo de Macerata, y Tolentino, su biógrafo. La unión personal con la Cruz y la Pasión de Nuestro Señor fue el rasgo característico de la santidad de San Pablo. Pero la veneración a la Pasión no fue lo único, porque llevó a un grado heroico todas las otras virtudes de la vida cristiana. Numerosos milagros, además de aquellos tan espiales que se presentaron en su beatificación y canonización, fueron testimonio del favor de que gozaba con Dios. Abundaron los milagros de gracia, como los atestiguados en la conversión de padores que parían difíciles y sin esperanza. A lo largo de cincuenta años, pidió por la conversión de Inglaterra y dejó la devoción como un legado para sus hijos. El cuerpo de San Pablo yace en la Basílica de San Juan y San Pablo en Roma. Fue beatificado el 1 de octubre de 1852 y canonizado el 29 de junio de 1867. Su fiesta se celebra el 28 de abril. La fama de su santidad que durante su vida se había difundido a lo largo y ancho de Italia, aumentó después de su muerte y llegó a todos los países. Gran veneración hacia él se practica por la fidelidad dondequiera que los Pasionistas están establidos.
ARTHUR DEVINE
Transcrito por John Coleman
Traducido por EMG
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