Persución
I. GENERAL
La persución puede definirse en términos generales como la coerción ilegal de la libertad de otro o su castigo ilegal, ya que no todo castigo puede ser tomado como persución. Para nuestro propósito, debe estar aún más limitada a la esfera de la religión, y en ese sentido, la persución implica una coerción ilegal o un castigo en nombre de la religión.
La Iglesia ha sufrido muchas clases de persución. El crimiento y la continua existencia de la cristiandad han sido obstaculizados por el paganismo culto y la barbarie salvaje. Y, en tiempos más rientes, el agnosticismo ha perseguido a la Iglesia en los diferentes estados de América y Europa. Pero la más deplorable de todas las persuciones han sido aquellas que el catolicismo ha sufrido de otros cristianos. Con relación a esto debe considerarse que la propia Iglesia ha apelado a la fuerza, y que lo ha hecho no solamente en su propia defensa, si no también en ataque no provocados. Por ejemplo por medio de la Inquisición (q. v.) o de las guerras religiosas ella misma fue el agresor en muchos ocasiones durante la Edad Media y en tiempos de la Reforma. Y aún si la explicación era que ella estaba defendiendo su propia existencia, la replica pare bastante plausible de que los poderes paganos y bárbaros estaban actuando solamente en su propia defensa cuando prohibían la propagación de la Cristiandad. La Iglesia podría de esta manera parer extrañamente inconsistente, ya que mientras rlamaba tolerancia y libertad, ella había sido y aún permane intolerante a todas las demás religiones.
En respuesta a esta objión, podemos admitir el hecho y también negar la conclusión. La Iglesia rlama llevar un mensaje o mejor un mandamiento de Dios y ser el único mensajero de Dios. En realidad es sólo en años rientes cuando se supone que la tolerancia se ha convertido en dogma, que los otros "campeones de la Revelación" han abandonado sus rlamos similares. Que ellos hayan abandonado su derecho a ordenar lealtad es una consuencia natural del Protestantismo; mientras es el derecho de la Iglesia el ser el embajador acreditado e infalible de Dios el que justifica su aparente inconsistencia. Dicha intolerancia, sin embargo, no es lo mismo que persución, por la cual entendemos el ejercicio ilegal de coerción. Toda corporación legalmente constituida tiene el derecho a forzar a sus subordinados dentro de límites debidos. Y aunque la Iglesia ejerce ese derecho en gran parte por sanciones espirituales, nunca ha renunciado al derecho de utilizar otros medios. Antes de examinar este último derecho a la coerción física, debe introducirse la importante distinción entre paganos y cristianos. Regularmente, la fuerza no se ha empleado contra los paganos o los judíos: "Pues ¿por qué voy a juzgar yo a los de fuera?" (I Cor., v, 12); ver JUDÍOS Y JUDAÍSMO: El Judaísmo y la Legislación de la Iglesia.
Ejemplos de conversiones forzadas como tales que han ocurrido en diferentes periodos de la historia de la Iglesia deben atribuirse al celo impropio de individuos autocráticos. Pero la Iglesia sí rlama el derecho de coaccionar a sus propios miembros. Sin embargo, de nuevo debe hacerse una diferenciación. Los católicos no cristianos de nuestros días son, estrictamente hablando, miembros de la Iglesia; pero en su legislación ella los trata como si no fueran sus miembros. El "Ne temere", por ejemplo, de Pío X (1907), ronoce el matrimonio de los protestantes como válido, aunque no sea contraído de acuerdo a las condiciones católicas: y las leyes de abstinencia no son consideradas obligatorias para los protestantes. Así, con relación a su derecho de usar la coerción, la Iglesia solamente ejerce su autoridad sobre aquellos a quienes considera personal y formalmente apóstatas. Un protestante moderno no está en la misma categoría con los albigenses o wickliffitas. Estos fueron retenidos por ser personalmente responsables de su apostasía; y la Iglesia ejerció su autoridad sobre ellos: es cierto que en muchos casos los herejes también se rebelaban contra el Estado; pero el rlamo de la Iglesia de usar la coerción no está limitado a los casos de desorden social. Aún más, su propósito no era solamente proteger la fe de los ortodoxos, si no también castigar a los apóstatas. La apostasía formal era vista entonces como una traición contra Dios - un crimen mucho más atroz que la traición contra un gobernante civil, el cual, hasta tiempos rientes, era castigado con gran severidad. (ver: APOSTASÍA; HEREJÍA.) Era un envenenamiento de la vida del alma en otros (Santo Tomás de Aquino, II-II, Q. xi, artículos 3, 4)
No cabe duda, entonces, de que la Iglesia reclamó su derecho a la utilización de la coerción física en contra de los apóstatas formales. Por supuesto, ella no ejercería su autoridad de la misma manera en la actualidad, aún si hubiese un Estado católico en el cual los cristianos fuesen personal y formalmente apóstatas. Ella adapta su disciplina a los tiempos y circunstancias para que sea posible cumplir su propósito beneficioso. Sus propios hijos no son castigados con multas, prisión, u otros castigos temporales, si no a través de dolores espirituales y sanciones, y los herejes son tratados del mismo modo como ella trató a los paganos: : "Fides suadenda est, non imponenda" (la Fe es un asunto de persuasión, no de fuerza) - un sentimiento que se remonta a san Basilio ("Revue de l’Orient Chrétien", 2a serie, XIV, 1909, 38) y a san Ambrosio, en el siglo cuarto, este último lo aplico incluso al tratamiento de apóstatas formales. También debe rordarse que cuando la Iglesia ejerció su derecho a hacer uso de la fuerza física sobre los apóstatas formales, tal derecho era universalmente admitido. El clero tenía, naturalmente, las ideas de su época acerca de por qué y cómo deberían inflingirse las sanciones. Además, la Inquisición Romana (q. v.) fue muy diferente de aquella de España, y los papas no aprobaron los severos procedimientos de esta última. Más aún, tales ideas de coerción física en asuntos espirituales no fueron característicos de los católicos (ver: TOLERANCIA). Los Reformistas no fueron menos, si no tal vez, más intolerantes (ver INQUISICIÓN). Si la intolerancia del clero es censurable, entonces la de los Reformistas lo es doblemente. Desde su propio punto de vista, fue injustificada. Primero, se rebelaron contra la autoridad establida de la Iglesia, y segundo, ellos difícilmente podrían hacer uso de la fuerza para obligar a los reacios a someterse a su propio principio de juicio privado. Con esta clara demarcación del juicio privado de los Reformistas de la autoridad católica, difícilmente sirve a nuestros propósitos estimar la violencia relativa de los gobiernos católicos y protestantes durante la época de la Reforma. Y también conviene rordar que los métodos de la difamada Inquisición en España e Italia fueron mucho menos destructivos de la vida que las guerras religiosas de Francia y Alemania. Sin embargo, lo que sí sirve a nuestros propósitos es hacer notar la abierta intolerancia de los líderes protestantes; ya que ella le dio a la Iglesia un derecho adicional para apelar a la fuerza. Ella estaba castigando sus miembros rebeldes y, al mismo tiempo, defendiéndose contra sus ataques.
De esta manera, tal coacción al ser utilizada por una autoridad legítima no puede llamarse persución, ni sus víctimas llamarse mártires. No es suficiente que aquellos que son condenados a muerte pudieran estar sufriendo por sus opiniones religiosas. Un mártir es un testigo de la verdad; mientras que aquellos que sufrieron el castigo extremo de la Iglesia eran, a lo sumo, testigos de su propia sinceridad, y, por lo tanto, infelizmente, nada más que pseudo-mártires. No nesitamos extendernos sobre la segunda objión, la cual pretende que un gobierno pagano pueda estar justificado al perseguir misioneros cristianos al punto de considerar a la cristiandad como subversiva a la autoridad establida. La revelación cristiana es el mensaje sobrenatural del Creador a Sus criaturas, contra la cual no puede haber resistencia legal. Sus misioneros tienen el derecho y el deber de predicarla en todas partes. Aquellos que murieron en la propagación o mantenimiento del Evangelio son testigos de Dios para la verdad, sufriendo persución en Su nombre.
II. RESUMEN DE LAS PRINCIPALES PERSUCIONES
El pequeño resumen de las persuciones contra la Iglesia presentado aquí sigue un orden cronológico, y es poco más que un catálogo de los ataques violentos formales y públicos contra el catolicismo. No toma en cuenta otras formas de ataque, por ejemplo, persución social y literaria, alguna forma de sufrimiento en nombre de Cristo siendo una nota segura de la Verdadera Iglesia (Juan, xv, 20; II Tm., iii, 12; Mat., x, 23). Para un ruento popular general de las persuciones de católicos previas al siglo IXX ver Llercq, "Les Martyrs" (5 vols., París, 1902-09).
Persuciones Romanas (52-312)
Las persuciones de este periodo son ampliamente tratadas bajo MÁRTIR. Ver también MÁRTIRES, ACTA DE LOS, y los artículos acerca de los mártires individuales o grupos de mártires (MÁRTIRES, LOS DIEZ MIL; CUARENTA MÁRTIRES; AGAUNUM, por la Legión Tebana).
Bajo Juliano el Apóstata (361-63)
El edicto de tolerancia de Constantino había acelerado el triunfo final de la cristiandad. Pero las medidas extremas aprobadas contra la antigua religión del imperio, espialmente por Constantino, y aún a pesar de que no fueron estrictamente cumplidas, levantaron considerable oposición. Y cuando Juliano el Apóstata (361-63) llegó al trono, apoyó a los defensores del paganismo, aunque se esforzó por fortaler la vieja religión romendando trabajos de caridad y un sacerdocio de vida moral Estricta el cual, algo sin predentes, debería predicar e instruir. La protción del Estado fue retirada de la cristiandad y ninguna sción de la Iglesia se favoría más que otra, de tal manera que los donatistas y los arrianos pudieron regresar.
Todos los privilegios concedidos anteriormente a los clérigos fueron revocados; se les retiró la jurisdicción civil a los obispos y los subsidios a las viudas y a las vírgenes se cancelaron. También se les arrebató a los cristianos la educación superior al prohibir a cualquiera que no fuese pagano enseñar literatura clásica. Y finalmente, las tumbas de los mártires fueron destruidas. El emperador temía proceder a una persución dirta, pero fomentó la discordia entre los cristianos, y no sólo toleraba sino que alentaba las persuciones originadas por las comunidades y los gobernadores paganos, espialmente en Alejandría, Heliópolis, Maioima, el puerto de Gaza, Antioquia, Aretusa, y Cesárea en Capadocia (cf. Grergory of Nazianzus, Orat. IV, 86-95; P. G., XXXV, 613-28). Muchos, en lugares diferentes, sufrieron y aún murieron por la Fe, aunque se encontraron otros pretextos para su muerte, al menos por el emperador. De los mártires de este periodo se debe mencionar a Juan y Pablo (q. v.), quienes sufrieron en Roma; los soldados Juventinus y Maximian (cf. El sermón de San Juan Crisóstomo sobre ellos en P. G., L, 571-77); Macedonio, Titán y Teodulio de Meros en Frigia (Sócrates, III, 15; Sozomen, V, 11); Basilio, un sacerdote de Ancyra (Sozomen, V, 11). El mismo Juliano pare haber ordenado las ejuciones de Juan y Pablo, el ayudante y el Secretario resptivamente de Constancia, la hija de Constantino. Sin embargo, reinó sólo por dos años y su persución fue, según las palabras de san Atanasio: "sólo una nube pasajera".
En Persia Cuando el gobierno romano abandonó la persución de la cristiandad, esta fue tomada por un enemigo tradicional de Roma, los persas, aunque formalmente ellos habían sido más o menos tolerantes de la nueva religión. Al estallido de la guerra entre los dos imperios, Sapor II (310-80), bajo la instigación de los sacerdotes persas, inició una persución severa de los cristianos en 339 o 340. Esta comprendía la destrucción o confiscación de las iglesias y una masacre general, espialmente de obispos y sacerdotes. El número de víctimas, de acuerdo con Sozomen (Hist. cl., II, 9-14), no fue menor a 16 mil, entre ellos estaba Simeón, Obispo de Seleucia; hubo un respiro de la persución general, pero fue reiniciada y aún con mayor violencia por Bahram V (420.38), quien persiguió de manera salvaje por un año y no se le pudo impedir que causara numerosos martirios individuales a pesar del tratado que hizo (422) con Teodosio II, garantizando la libertad de conciencia de los cristianos. Yazdgard II (438-57), su sucesor, comenzó una fiera persución en 445 0 446, rastros de la cual se pueden encontrar poco antes de 450. La persución de Cosroes I desde 541 hasta 545 fue dirigida principalmente contra los obispos y el clero. Él también destruyó iglesias y monasterios y encarceló nobles persas que se habían convertido al cristianismo. La última persución de los reyes persas fue la de Cosroes II (590-628), quien le hizo la guerra a todos los cristianos sin distinción durante 627 y 628. Hablando en general, la época más peligrosa para la Iglesia en Persia fue cuando los reyes estaban en guerra con el Imperio Romano.
Entre los Godos
La cristiandad fue introducida entre los godos cerca de la mitad del siglo tercero, y "Theophilus Episcopus Gothiæ" fue presentada en el Concilio de Nicea (325). Pero, debido a los esfuerzos del Obispo Ulfilas (340, muerto en 383), un arriano, el arrianismo fue profesado por la gran mayoría de los visigodos de Dacia (Transilvania y Hungría del Oeste), convertidos del paganismo; y pasó con ellos al interior de la Baja Mesia a través del Danubio, cuando un jefe godo, después de una cruel persución, saco de sus tierras a Ulfilas y sus conversos, probablemente en 349. Y en consuencia, cuando en 370 los visigodos, presionados por los hunos, cruzaron el Danubio y entraron en el Imperio Romano, el arrianismo era la religión practicada por el emperador Valentiniano. Este hecho, junto con el carácter nacional dado al arrianismo por Ulfilas (q. v.), moldearon la forma de cristianismo adoptado también por los ostrogodos, de quienes se expandió a los burgundianos, los suevos, los vándalos y los lombardos.
La primera persución de la que tenemos noticia, fue dirigida por el rey visigodo pagano Atanarico. Comenzó cerca del 372 y duró dos, tal vez seis, años después de su guerra con Valentiniano. San Sabas fue ahogado en el 372, otros fueron quemados, algunas ves en masa dentro de las tiendas que eran utilizadas como iglesias. Cuando, en los siglos quinto y sexto, los visigodos invadieron Italia, Galia y España, las iglesias fueron destruidas y los obispos católicos y el clero fueron asesinados; pero la actitud normal era de tolerancia, Eurico (483), el rey visigodo de Toulouse, es mencionado espialmente por Sidonio Apolinar (Ep. Vii, 6) como aborredor del catolicismo y perseguidor de los católicos, aunque no es claro que los persiguiera a muerte. En España hubo persuciones al menos de vez en cuando, durante el periodo desde 476 a 586, comenzando con el mencionado Eurico, quien ocupó Cataluña en 476. Hemos oído de persuciones por Agila (549-554) y finalmente por Leovigildo (573-86). Los obispos fueron exiliados y los bienes de la iglesia incautados. Su hijo, Hermenegildo, un converso a la Fe católica, es descrito en el siglo séptimo (por ejemplo, por san Gregorio Magno) como un mártir. Un cronista contemporáneo, Juan de Biclaro, quien había sufrido él mismo por la Fe, dice que el príncipe fue asesinado en prisión por un arriano, Sisberto; pero no dice que Leovigildo aprobó el asesinato (ver HERMENEGILDO; y Hodkin, "Italia y sus Invasores", V, 255). Con el asenso de Raredo, quien se había convertido al catolicismo, el arrianismo dejó de ser el credo de los visigodos españoles.
En cuanto a los ostrogodos, ellos paren haber sido bastante tolerantes, después de los primeros actos violentos de la invasión. Una excepción notable fue la persución de Teodorico (524-26). Fue impulsada por las medidas represivas que Justino I había promulgado contra los arrianos del Imperio del Este, entre los que se incluían, por supuesto, los godos. Una de las víctimas de la persución fue el papa Juan I, quien murió en prisión.
Entre los Lombardos
San Gregorio Magno, en apartes de sus "Diálogos", describe los sufrimientos que los católicos tenían que soportar en la época de la invasión lombarda bajo el mando de Alboíno (568) y después. Pero en conjunto, después de la muerte de Autaris (590) los lombardos no causaron problemas, excepto tal vez en los Ducados de Benevento y Espoleto. La reina de Autaris, Teudelinda, una princesa católica de Baviera, pudo utilizar su influencia con su segundo marido, Agiluf, el sucesor de Autaris, de tal manera que él, aunque probablemente todavía permanía como arriano, fue amistoso con la Iglesia y le permitió a su hijo ser bautizado como católico (ver LOMBARDÍA).
Entre los Vándalos
Los vándalos, arrianos como los visigodos y los otros, fueron los más hostiles de todos hacia la Iglesia. Durante su periodo de dominio en España (422-29) la Iglesia sufrió una persución, los detalles de la cual son desconocidos. En 429, bajo el liderazgo de Genserico, los godos cruzaron sobre África, y para el 455 se habían apoderado del África romana. En el norte, los obispos fueron expulsados de sus sedes y enviados al exilio. Cuando Cartago fue tomada en 439, las iglesias le fueron dadas al clero arriano, y el obispo Quodvultdeus (un amigo de san Agustín) y la mayor parte del clero católico fueron despojados de cuanto tenían, embarcados en naves inseguras y enviados a Nápoles. La confiscación de propiedad de la Iglesia y el exilio del clero era la regla a lo largo de todas las provincias del norte, donde todo culto público fue prohibido para los católicos. En las provincias del sur, sin embargo, la persución no fue tan severa. Algunos oficiales católicos de la corte, que habían acompañado a Genserico desde España, fueron torturados, exiliados y, finalmente, sentenciados a muerte debido a que se rehusaron a renunciar a su Fe. Sin embargo, a los no católicos, de hecho, se les permitía mantener cualquier oficio.
El hijo de Genserico, Hunerico, quien lo sucedió en 477, aunque al principio se mostró de alguna manera tolerante, arrestó y desterró bajo circunstancias de gran crueldad a cerca de cinco mil católicos, incluyendo obispos y clérigos, y finalmente, por un edicto del 25 de febrero de 484, abolió el culto católico, transfirió todas las iglesias y las propiedades de la iglesia a los arrianos, exiló a los obispos y clérigos y privó de derechos civiles a todos aquellos que no ribieran el bautismo arriano. Grandes cantidades de personas sufrieron un tratamiento salvaje, muchas murieron, otras fueron mutiladas o lisiadas de por vida. Su sucesor, Guntamundo (484-96), no suavizó la persución hasta 487. Pero en 494 los obispos fueron llamados, aunque después tuvieron que sufrir alguna persución de Trasamundo (496-523). Y la completa paz llegó a la Iglesia después del asenso del hijo de Genserico, Hilderico, con quien la invasión vándala terminó (ver ÁFRICA).
En Arabia
La cristiandad penetró en el sur de Arabia (Yemen) en el siglo cuarto. En el siglo sexto los cristianos fueron brutalmente perseguidos por el rey judío Dunaan, se dice que no menos de cinco mil, incluyendo al príncipe Aretas, fueron ejutados en 523 después de la captura de Nagra. La Fe se salvó de su posterior extinción en este periodo únicamente por la intervención armada del rey de Abisinia. Y, de hecho, desaparió ante las fuerzas invasoras del Islam.
Bajo los Mahometanos
Con la expansión del mahometanismo en Siria, Egipto, Persia y el norte de África, hubo una subyugación gradual del cristianismo. Al comienzo de la invasión, en el siglo octavo, muchos cristianos fueron masacrados por rehusarse a renegar de su religión; más tarde, fueron tratados como ilotas, sujetos a impuestos espiales, y con la posibilidad de perder sus bienes o la vida misma al capricho del califa o del pueblo. En España, el primer gobernante mahometano que instauró la persución violenta de los cristianos fue el virrey Abderrahmán II (812-52). La persución comenzó en 850, fue continuada por Mohamed (852-87) y continuó sin interrupciones hasta el 960, cuando los cristianos eran lo suficientemente fuertes para intimidar a sus perseguidores. El número de mártires fue pequeño, Eulogio, Arzobispo de Toledo (11 de marzo de 859), quien nos ha dejado un ruento de la persución, es el más famoso de ellos (ver MAHOMA Y EL MAHOMETANISMO).
Bajo los Iconoclastas
Los problemas traídos al seno de la Iglesia del Este por los emperadores iconoclastas cubren un periodo de 120 años. León III (el isáurico) publicó dos edictos contra las imágenes cerca de los años 726 y 730. La ejución de estos edictos resistida tajantemente. Los papas Gregorio II y Gregorio III protestaron con un lenguaje vigoroso contra el reformista autocrático, y la gente rurrió a la violencia abierta. Pero Constantino V (Copronymus, 741-75) continuó con la política de su padre, convocando a un concilio en Constantinopla en 745 y luego persiguiendo al partido ortodoxo. Los monjes formaron un objeto espial de su ataque. Los monasterios fueron demolidos, y los mismo monjes fueron vergonzosamente maltratados y ejutados. Bajo Constantino IV (780-97), a través de la influencia de su madre, la regente Irene, el Séptimo Concilio uménico fue convocado en 787, y se anularon los dretos del Concilio de Copronymus. Pero hubo un resurgimiento de las persuciones bajo León V (813-20), los obispos que permanieron firmes, al igual que los monjes, fueron los objetivos espiales de su ataque, mientras que muchos otros fueron asesinados dirtamente o murieron a consuencia del tratamiento cruel que sufrían en las cárceles. La persución, que continuó bajo Miguel II (820-29), alcanzó su fase más fiera bajo Teofilo (829-42). Un gran número de monjes fueron condenados a muerte por este monarca; pero a su muerte (842), las persuciones terminaron (ver ICONOCLASIA).
III. PERIODO MODERNO
Hemos revisado las persuciones sufridas por la Iglesia durante su primer milenio de existencia. Durante su segundo milenio ha continuado sufriendo persuciones en su misión de difundir el Evangelio, y espialmente en Japón y China (ver MÁRTIRES, JAPONESES; MÁRTIRES EN CHINA). También ha tenido que enfrentar los ataques de sus propios hijos, que culminaron en los excesos y las guerras religiosas de la Reforma.
En relación a las persuciones de católicos irlandeses, ingleses y escoceses, ver INGLATERRA; IRLANDA; ESCOCIA; LEYES PENALES; y los numerosos artículos sobre los mártires individuales, por ejemplo, EDMUND CAMPION, BENDITOBEATO; PLUNKETT, OLIVER, VENERABLE.
Polonia
Durante el último siglo, Polonia ha sufrido la que es tal vez la más notable de las persuciones rientes. El catolicismo había continuado establiéndose como religión del país hasta la intervención de Catalina II de Rusia (1762-96). Por medio de intrigas políticas y hostilidad abierta, primero que todo aseguró una posición de soberanía política sobre el país, y luego eftuó la separación de los rutenos de la Santa Sede, y los incorporó a la Iglesia Ortodoxa de Rusia. Nicolás I (1825-55) y Alejandro II (1855-81), reactivaron su política de intimidación y supresión forzada. EL último monarca espialmente, se mostró a sí mismo como un violento perseguidor de los católicos, las barbaridades que fueron cometidas en 1863 fueron tan salvajes como para que se produjera una protesta unida de los gobiernos de Francia, Austria y Gran Bretaña. Después de su muerte, se le concedió a los católicos una cierta medida de tolerancia, y en 1905 Nicolás II le otorgó completa libertad de culto (ver POLONIA; RUSIA).
Para la persución de los católicos durante el Imperio Otomano, ver TURQUÍA.
En tiempos modernos, sin embargo, un nuevo elemento ha sido añadido a las fuerzas que se oponen a la Iglesia. De hecho ha habido rrudimientos ocasionales de los "reformistas", la violencia dictada por un temor frenético al progreso católico. Tales fueron, por ejemplo, los disturbios ocurridos en Charleston y Filadelfia en 1834 y 1844, y el grito de "no papismo" contra el establimiento de la jerarquía católica en Inglaterra y Holanda en 1850 y 1853. Pero este no era más que el fantasma de la Reforma. Para la posición de las repúblicas Suramericanas durante el siglo IXX, ver los artículos de esos países.
Liberalismo
Un nuevo espíritu de oposición apare en el llamado "liberalismo" y el Libre Pensamiento, cuya influencia ha caído sobre los países católicos al igual que sobre los protestantes. Su origen se puede buscar en la filosofía infiel del siglo XVIII. A finales de ese siglo había crido tan fuertemente que podía amenazar a la Iglesia con violencia armada. En Francia, seiscientos eclesiásticos fueron asesinados por Jourdan, "el Dapitador", en 1791, y el año siguiente trescientos eclesiásticos, incluyendo un arzobispo y dos obispos, fueron cruelmente masacrados en la cárcel de París. El Reino del Terror terminó en 1795. Pero el espíritu de infidelidad que triunfó entonces, siempre ha visto y encontrado oportunidades para la persución. Y ha sido asistido por los empeños de los llamados gobiernos católicos para subordinar la Iglesia al Estado, o para separar los dos poderes. En Suiza, los católicos tan encolerizados por los ataques del partido liberal sobre su libertad religiosa que ellos resolvieron apelar a las armas. Su Sonderbund (q. v.) o "Liga Separada" triunfó al principio en la guerra de 1843, y a pesar de su derrota final por las fuerzas de la Dieta en 1847, el resultado fue asegurar la libertad religiosa a lo largo de Suiza. Desde entonces, la excitación causada por el dreto sobre Infalibilidad Papal encontró nuevo aliento en otro periodo de legislación hostil; pero los católicos han sido lo suficientemente fuertes para mantener y reforzar su posición en el país.
En los otros países el liberalismo no se ha encaminado en una guerra tan dirta contra la Iglesia; aunque los defensores de la Iglesia se han puesto con fruencia en contra de los revolucionarios que estaban atacando el altar junto con el trono. Pero la historia del siglo 19 revela una constante oposición contra la Iglesia. Su influencia se ha visto reducida por legislaciones adversas, las órdenes monásticas han sido expulsadas y su propiedad confiscada, y, lo que es tal vez más característico de las persuciones modernas, la religión ha sido excluida de las escuelas y las universidades. El principio subyacente ha sido siempre el mismo, aunque la forma que asume y la oportunidad para su desarrollo son puliares a las diferentes épocas y lugares. El Galicanismo en Francia, el Josefismo en Austria, y las Leyes de Mayo del Imperio Alemán tienen el mismo principio de subordinar la Iglesia al Gobierno, o separar los dos poderes por medio de un divorcio sular y antinatural. Pero la solidaridad de los católicos y las protestas enérgicas de la Santa Sede con fruencia triunfan al establer Concordatos para salvaguardar los derechos independientes de la Iglesia. Los términos de estas concesiones no siempre se han observado por los gobiernos absolutistas o liberales. Sin embargo, han salvado a la Iglesia en tiempos de peligro. Y la separación obligatoria de la Iglesia del Estado, la cual siguió a la renuncia de los Concordatos ha enseñado a los católicos en los países Latinos los peligro del sularismo (q. v.) y cómo ellos deben defender sus derechos como miembros de una Iglesia que trasciende los límites de los estados y naciones, y ronocen una autoridad más allá del alcance de la legislación política. En los países teutones, por otro lado, la Iglesia no se perfila como blanco de los misiles de sus enemigos. Largos años de persución han hecho su trabajo, y dejaron a los católicos con un nesidad muy grande y un sentido aún mayor de solidaridad. Hay menos riesgo de confundir al amigo y al enemigo, y el progreso de la Iglesia se hace más evidente.
GENERAL: SYDNEY SMITH, The Pope and the Spanish Inquisition in The Month, LXXIV (1802), 375-99; cf. Dublin Review, LXI (1867), 177-78; KOHLER, Reform und Ketzerprocess (Tübingen, 1901); CAMUT, La Tolérance protestante (Paris, 1903); RUSSELL, Maryland; The Land of Sanctuary (Baltimore, 1907); PAULUS, Zu Luthers These über die Ketzerverbrennung in Hist. Polit. Blätter, CXL (1908), 357-67; MOULARD, Le Catholique et le pouvoir coercitif de l’Eglise in Revue pratique de l’Apologétique, VI (1908), 721-36; KEATING, Intolerance, Persution, and Proselytism in The Month, CXIII (1909), 512-22; DE CAUZOUS, Histoire de l’Inquisition en France, I (Paris, 1909).
ROMAN MARTYRS: An exhaustive and reliable work is Allard, "Les Persécutions" (5 vols., Paris, 1885); also his "Ten Ltures on the Martyrs" (New York, 1907); and for an exhaustive literature see Healy, "The Valerian Persution" (Boston).
JULIAN THE APOSTATE: SOZOMEN, Hist. cl., V, 11; SOCRATES, III, 15; AMMIANUS MARCELLINUS, XXI-XXV; TILLEMONT, Mémoires, VII, 322-43; 717-45; LLERCQ, Les Martyrs, III (Paris, 1904); ALLARD, Le Christianisme et l’empire romain de Néron à Théodore (Paris, 1897), 224-31; IDEM, Julien l’Apostat, III, 52-102; 152-158 (Paris, 1903); DUCHESNE, Histoire ancienne de l’Eglise, II (Paris, 1907), 328-35.
PERSIA: SOZOMEN, op. cit., 9-14; Acta Sanctorum Martyrum, ed. ASSEMANI, I (Rome, 1748), Syriac text with Lat. tr.; Acta Martyrum et Sanctorum, II, III, IV, ed. BEDJAN (Leipzig, 1890-95), Syriac text (for discussion of these two authorities See DUVAL, Littérature syriaque (Paris, 1899), 130-43). A list of martyrs who suffered under Sapor II was first published by WRIGHT and reproduced in the Martyrologium Hieronymianum by DE ROSSI AND DUCHESNE in Acta SS., Nov., II, part I, lxiii (Brussels, 1894); HOFFMANN, Auszüge aus syrischen Akten persischer Martyrer, text, tr., and notes (Leipzig. 1886); LLERCQ, op. cit., III; DUVAL, Littérature syriaque (Paris, 1897), 129-47; LABOURT, Le Christianisme dans l’empire perse (Paris, 1904); DUCHESNE, op. cit. (Paris, 1910), 553-64.
GOTHS: KAUFFMAN, Aus der Schule des Wulfila: Auxentii Dorostorensis Epistola de fide, vita et obitu Wulfila (Strasburg, 1899). AUXENTIUS’S account is also found in WAlTZ, Ueber das leben und die lehre des Ulfila (Hanover, 1840); HODGKIN, Italy and her Invaders, I (Oxford, 1892). 80-93; DUCHESNE, op. cit., II (Paris, 1908); SCOTT, Ulfilas, Apostle of the Goths (Cambridge, 1885). For general account of Goths and Catholicism, See UHLHORN, Kampfe und Siege des Christentums in der germanischen Welt (Stuttgart, 1898).
FOR VISIGOTHS: SOCRATES, op. cit., IV, 33; Contemporary letter on St. Sabas, Acta SS., 12 April; see also later document on St. Nicetas, ibid., 15 Sept., and HODGKIN, op. cit., I, 1, 175; DAHN, Urgeschichte der germanischen und romanischen Volker, I (Berlin, 1881), 426 sq., for Athanaric’s persution; SIDONIUS APOLLINARIS, ep. vii, 6 in Mon. Germ. Hist.: Auct. Antiq., VIII, HODGKIN, op. cit., II, 484, for Euric; JOHN OF BICLARO in Mon. Germ, Hist,: Auct. Antiq., XI, 211; GORRES, Kirche und Staat im Westgotenreich von Eurich bis Leovigild in Theol, Stud. u. Krit. (Gotha, 1893), 708-34; GAMS, Kirchengeschichte Spaniens, I, II (Augsburg, 1862), 4; LLERCQ, L’Espagne chrétienne (Paris, 1906); ASCHBACH, Gesch. der Westgoten (Frankfort, 1827).
FOR OSTROGOTHS: Vita S. Severini in Mon. Germ, Hist.: Auct. Antiq., 1; PAPENCORDT, Gesch, der stadt Rom. (Paderborn, 1857), 62 sq.; PFEILSCHRIFTER, Der Ostrogotenkönig Theodoric der Grosse und die Katholische Kirche in Kirchengeschichtliche Studien, III (Münster, 1896), 1, 2; GRISAR, Geschichte Roms und der Papste im Mittelalter, I (Freiburg im Br., 1901), 86, 481.
AMONG THE LOMBARDS: ST. GREGORY THE GREAT, Dialogues, III, 27, 28, 37, 39; iv, 21-23, see HODGKIN, op. cit., VI, 97, 104; PAUL THE DEACON, Historia Langobardorum, I-IV in Mon. Germ. Hist.: Script. Langob. et Ital. (Hanover, 1878), 45 Sq., see HODGKIN, op. cit., V. 68-80; DAHN, op. cit.; GRISAR, op. cit.
AMONG THE VANDALS: IDATIUS in Mon. Germ, Hist.: Auct. Antiq., XI, 13-36; MIGNE, P. L., LI; VICTOR VITENSIS, Historia persutionis Africanœ provinciœ, ed, HALM in Mon. Germ. Hist., loc. cit., III; PETSCHENIG, Corpus Script. cles. lat., VII (Vienna, 1881); MIGNE, P. L., LVII; PROSPER, Chronicon in Mon. Germ. Hist., loc. cit.. IX; MIGNE, P. L., LI; RUINART, Hist. pers. Vand. in P. L., LVIII; PAPENCORDT, Gesch. der Van
Perú
República localizada en la costa occidental de Sudamérica. Fue colonia española hasta 1821 cuando obtuvo su independencia. Es difícil fijar el origen de la palabra ?Perú?, ya que las opiniones son vagas, numerosas y conflictivas. Casi todas, sin embargo, tienen su origen en los términos ?Berú?, ?Pelú? y ?Birú? que eran los nombres de una tribu indígena, un río y una región, resptivamente. Prescott afirma que ?Perú? era un término desconocido para los indígenas y que el nombre fue dado por los españoles.
El territorio de Perú se sitúa entre 1°29’ norte y 19°12’30? de latitud sur y 61°54’45? y 81°18’39? de longitud oeste. Al norte limita con uador, al este con Brasil y Bolivia, al sur con Chile y el Océano Pacífico al oeste. Su territorio cubre una extensión de 679,000 millas cuadradas (1,758,602 kilómetros cuadrados). La cordillera de los Andes atraviesa Perú de sureste a noroeste, describiendo una curva paralela a la costa.
HISTORIA
Aún cuando se considere veraz el hecho de que el oro era el objetivo principal en las mentes de los conquistadores españoles del Nuevo Mundo, es un hecho histórico que en dicha conquista, desde el extremo norte de México hasta el extremo sur de Chile, la religión jugó siempre un papel muy importante, y la marcha triunfal del estandarte de Castilla, también estuvo al frente del avance glorioso de la cruz del Salvador. Que el aspto religioso fue la nota primordial de las ?Cruzadas? en América es evidente por medio de la historia de sus orígenes; la aprobación que les diera el Supremo Pontífice, la multitud de misioneros que siguieron a los conquistadores para salvar las almas de los conquistados; las reiteradas instrucciones de la Corona, cuyo propósito principal era la conversión de los indígenas; y por las actuaciones de los mismos soldados (Prescott, ?Conquista del Perú?, II, iii). Las primeras noticias de la existencia del gran imperio de los Incas fue del conocimiento de los españoles en el año 1511, cuando Vaso Núñez de Balboa , el descubridor del Océano Pacífico, se puso al frente de una expedición contra algunas tribus indígenas en el interior del Darién. Posiblemente la gloria de la conquista del Perú habría raído sobre Balboa si no se hubiesen interpuesto los celos de su jefe, Pedro Arias de Avila, Gobernador de Panamá quien interrumpió su brillante y corta carrera. El segundo intento de llegar a los apetidos dominios de los Incas fue hecho en 1522, cuando Pascual de Andagoya salió desde el sur de Panamá; pero que, por su mala salud, se vio obligado a regresar. Francisco Pizarro , después de dos expediciones infructuosas (1524-25 y 1526-27) y un viaje a España con el propósito de convencer a Carlos V para que respaldara la empresa, dio comienzo finalmente a la invasión de Perú, zarpando de Panamá en enero de 1531 (véase PIZARRO FRANCISCO )
Cuando el persistente comandante finalmente llegó al país en 1532, se día que el inmenso imperio Inca se extendía a más de la mitad del continente suramericano. Encontró un pueblo muy civilizado, con excelentes instituciones políticas y sociales que habían desarrollado la agricultura a un grado asombroso por medio de un magnífico sistema de irrigación. Adoraban el sol porque encarnaba su idea de un ser supremo que gobernaba el universo. Esta adoración estaba presidida por un sistema sacerdotal muy elaborado, ritos y sacrificios de animales y otras solemnidades. Después de que la conquista se completara (1534), el Padre Vicente Valverde, uno de los cinco dominicos que habían acompañado al conquistador desde España, fue nombrado Obispo de Cuzco y seguidamente confirmado por el Papa Pablo III . Su jurisdicción se extendió por todo el territorio rientemente conquistado. Fue asesinado por los indios Puna, cerca de Guayaquil, en 1541, cuando regresaba a España. Después de tomarse Cuzco, la capital del imperio, Pizarro creó un gobierno municipal para la ciudad y fomentó su desarrollo por medio de generosas concesiones de tierra y viviendas. El 5 se septiembre de 1538, el Obispo Valverde sentó las fundaciones de la catedral y más tarde se construyó un monasterio dominico sobre el lugar donde estaba el templo incaico del Sol; se establió un convento de monjas y se construyeron varias iglesias y monasterios. Los dominicos, los hermanos de la Misericordia y otros misioneros iniciaron activamente la propagación de la Fe entre los nativos. Además de los sacerdotes que Pizarro estaba obligado a llevar en sus propias naves, las naves subsiguientes trajeron misioneros adicionales quienes se dedicaron con mucho celo y desinteresadamente a la tarea de llevar el cristianismo a los indígenas. La conducta de estos misioneros contrastaba notablemente con la de los conquistadores, cuya sed por el oro nunca se satisfacía; después de saquear las villas y despojar los templos de sus ornamentos de oro y plata, esclavizaron a los indios obligándolos a trabajar en las minas para beneficio propio.
Desde el inicio y durante varios años subsiguientes, los misioneros tuvieron que llevar a cabo su tarea misionera bajo obstáculos invencibles, como la sublevación del Manco Inca (hermano de Atahualpa, a quien Pizarro había puesto en el trono vacante) y las primeras guerras civiles entre los mismos conquistadores. Estas concluyeron con la ejución de Diego de Almagro (1538) por orden de Pizarro y el asesinato del hijo de este último seguido de otros conflictos no menos sangrientos entre Cristóbal Vaca de Castro (el gobernador rientemente nombrado) el hijo de Almagro (1547), Gonzalo Pizarro, y Blasco Núñez de Vela, el primer virrey (1544-45). Las noticias de esta rebelión, la más formidable que hasta ese momento se había registrado en la historia de España, causó un gran revuelo en la Corte. El P. Pedro de la Gasca fue escogido para llevar a cabo la delicada tarea de pacificar la colonia; llegó al Perú en julio de 1546 provisto de poderes ilimitados y escasamente tres años después logró completar el gran objetivo de su misión. Habiéndose restablido la paz, su próximo paso fue mejorar las condiciones de opresión a la que estaban sometidos los indígenas. Durante este proceso Gasca fue mucho más allá de los deseos de los colonos. El sacerdote introdujo, con una visión a largo plazo, otras reformas colocando de esta manera la administración sobre bases sólidas y haciendo posible un gobierno estable y ordenado para sus sucesores. A su regreso a España fue elevado al obispado de Palencia, cuya diócesis administró hasta 1561 cuando fue promovido a la Sede de Sigüenza, vacante en ese momento. Murió en 1567 a la edad de 71 años.
Desafortunadamente, los disturbios se reanudaron a la salida de Gasca. La rebelión más seria fue la de Francisco Fernández Girón (1550-54) durante el régimen del segundo virrey, Antonio de Mendoza. La ejución de Girón (diciembre de 1554) dio término a las guerras civiles entre los conquistadores. Gracias a las medidas conciliatorias y enérgicas de Andrés Hurtado de Mendoza, el tercer virrey, se logró la pacificación del país y la autoridad de España se restablió firmemente.
Los dominicos fueron los primeros ministros del Evangelio en llegar al Perú y llevaron a cabo una espléndida y eficiente labor para la cristianización de los indígenas. Construyeron muchas iglesias, monasterios, conventos y universidades lograron una prominencia considerable en asuntos eclesiásticos durante el Siglo XVII. Santa Rosa de Lima (1586-1617), Patrona de la capital peruana, fue educada en uno de sus conventos en donde vivió hasta su muerte. Los padres franciscanos también estuvieron entre los pioneros de los misioneros en Perú y se destacaron por sus ingentes trabajos en las remotas regiones selváticas de Sur América. Uno de ellos, San Francisco Solano , hizo la travesía desde Perú hasta el Chaco paraguayo, predicándoles a las tribus en sus propios dialtos (1588-89). Las iglesias y edificios franciscanos eran los más hermosos del país. Igualmente, la buena labor de la Orden de San Agustín sobresale en los anales de la historia de la Iglesia en el Perú. De los varios templos y conventos construidos por la orden durante el virreinato, la iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia es una de las más hermosas en Lima. En 1567, ante el empeño de Felipe II , San Francisco Borgia , entonces General de la Compañía de Jesús , envió los primeros jesuitas al Perú bajo la guía del Padre Jerónimo Ruiz Portillo, quien, con sus seis compañeros arribó al Callao el 28 de marzo de 1568 y llegó a Lima el 1° de abril. Al igual que en Paraguay y otras partes de Sur América, la labor de los jesuitas en Perú fue muy eficaz para propagar la fe entre los indígenas como también en su educación. Después de fundar un convento, un seminario y una iglesia en Lima, construyeron templos y escuelas en casi todos los pueblos. En Juli, a las orillas del Lago Titicaca, fundaron una escuela para preparar misioneros (1577) donde se les enseñaba a los novicios los dialtos nativos. En ese tiempo, los jesuitas introdujeron la primera imprenta en Sur América. Entre sus miembros se encontraban algunos de los más famosos educadores, historiadores, científicos, geógrafos, naturalistas y literatos del período. Sus centros educativos pronto adquirieron renombre no solo entre las colonias de América, sino también en España y Europa. La gran tarea de los jesuitas estaba floriendo cuando el dreto de Carlos III de 1769 en el que se dretaba su expulsión de los dominios españoles, llegó a Perú y fue implantado por el Virrey Manuel de Amat.
El dominico Jerónimo de Loayza, primer Obispo de Lima (1546-1575) fue sucedido por San Toribio de Mogrovejo (1538-1606). Propuesto para la Sede de Lima en 1578, entró en esa capital el 14 de mayo de 1581. Aprendió la lengua quhua fluidamente para poder conocer de primera mano la condición y nesidades reales de los indígenas cuyos intereses protegió y promovió con el mayor celo y cuidado. Tal era su actividad que dentro de un período de pocos años llevó a cabo catorce sínodos y tres concilios a través de los cuales se logró poner en marcha muchas reformas beneficiosas; personalmente visitó dos ves todo el territorio bajo su jurisdicción que, en aquél entonces, comprendía la mayor parte del continente sudamericano. Estas giras de inspción las eftuaba a pie y solamente lo acompañaban dos de sus Secretarios. Escasamente había iniciado su tercer viaje cuando la muerte lo sorprendió el 23 de marzo de 1606. Entre las otras obras que sobresalen como un monumento permanente a su memoria se encuentran el Seminario de San Toribio y el Convento de Santa Clara en Lima.
El Santo Oficio se fundó en Perú en 1570, durante el virreinato de Francisco de Toledo; el tribunal de la Inquisición estaba situado en Lima y su jurisdicción se extendía hasta la Capitanía General de Chile, la Presidencia de Quito, el Virreinato de Buenos Aires y parte del Virreinato Nueva Granada. Fue disuelto el 23 de septiembre de 1813, cuando el Virrey Abascal ejutó la orden en ese sentido, dictada por las Cortes de Cádiz el 22 de febrero de ese mismo año. Poco tiempo después de que Fernando VII fuese restituido en el trono de España, la Inquisición fue reincorporada en Perú (el 16 de enero de 1815) y estuvo funcionando hasta que fue abolida definitivamente en 1820, cuando la lucha por la libertad tomó fuerza. Por disposición expresa, la jurisdicción del Santo Oficio nunca incluyó a los indígenas, quienes continuaron bajo la autoridad de los obispos y las cortes ordinarias.
Durante cerca de tres siglos, Perú estuvo gobernado por treinta y ocho virreyes; o, en su lugar, el gobierno estuvo ejercido temporalmente por la Audiencia Real de Lima, fundada en 1544. Como representante del Rey de España, el virrey tenía delegados poderes casi absolutos, y además de sus funciones ejutivas, ejercía también las de Vice-Benefactor de la Iglesia, Presidente de la Audiencia, capitán general del ejército, y Superintendente de la Tesorería Real. El movimiento separatista en Perú se inició muy temprano en el siglo XIX, pero los intentos fueron sofocados severamente y no fue hasta el 28 de julio de 1821 cuando se dlaró la independencia. La derrota de los monárquicos en la batalla de Ayacucho (el 9 de diciembre de 1824) puso fin al dominio español. Bajo el gobierno independiente, el ejutivo asumió los mismos derechos conferidos al virrey, y las cinco diferentes constituciones prohijadas desde la fundación de la república ronocieron la religión Católica Romana como la oficial del país, con exclusión de cualquier otra.
POBLACIÓN
Según el censo del Perú que se llevó a cabo en 1876 la población era de 2 millones 676 mil habitantes. En 1906 se hizo un estimado e indica que aproximadamente la población ha aumentó a 3 millones 547mil 829. De este total 50% lo conforman indígenas; 15% , blancos, mayormente descendientes de españoles; 3% negros; 1% chinos y japoneses; y el 31% restante por descendientes de matrimonios interraciales. De acuerdo con el Anuario lesiástico de Roma (1909), la población católica de Perú es de 3 millones 133 mil 830, distribuida entre las varias diócesis así: Lima 606 mil 900; Arequipa 270 mil 460; Ayacucho 200 mil 610; Chachapoyas, o Maynas 95 mil 370; Cuzco 480 mil 680; Huánuco, 288 mil100; Huaraz 350 mil; Puno 260 mil 810; Trujillo 580 mil 900.
DIVISIONES LESIÁSTICAS
La provincia lesiástica de Perú comprende: una arquidiócesis, Lima, fundada en 1534 y elevada a rango metropolitano en 1546; nueve diócesis con derecho a voto, enumeradas en orden de antigüedad: Cuzco, 1536, Arequipa, 1609, Ayacucho, originalmente Huamanga, 1615; Trujillo, 1616; Chachapoyas o Maynas, 1843; Huánuco, 1865; Puno, 1865; Huaraz, 1900; y tres prefturas apostólicas: San León de Amazonas, 1900; San Francisco del Ucayali, 1900; y Santo Domingo del Urubamba, 1900. La catedral y residencias episcopales están situadas en la ciudad capital, Lima. Existen 66 iglesias parroquiales en la Arquidiócesis de Lima, 85, en Cuzco, 71 en Arequipa, 102 en Trujillo, 87 en Ayacucho, 44 en Chachapoyas, 58 en Huánuco, 52 en Puno, y 48 en Huaraz. El número de iglesias adicionales y capillas públicas quizás es tres ves este número, ya que cada parroquia tiene tres o cuatro iglesias en adición a la iglesia parroquial. El número de curas seglares corresponde al número de parroquias, aproximadamente una cuarta parte del total, cuando se toma en cuenta el número de párrocos coadjutores, capellanes, y curas sin nombramientos regulares. Las órdenes religiosas, tanto masculinas como femeninas, están muy bien representadas. En la Arquidiócesis de Lima, los franciscanos tienen tres conventos, y los lazaristas, redentoristas, padres de los Sagrados Corazones de Jesús y María, jesuitas, mercedarios, agustinos, y padres de San Camilo, uno cada uno. Entre las monjas, las terciarias de San Francisco tienen cinco conventos; las hermanos de San José de Cluny, cuatro; las dominicas, carmelitas, concepcionistas, salesianas, religiosas del Sagrado Corazón, y los Sagrados Corazones de Jesús y María, dos cada una; las Clarisas Pobres, Bernardinas, Capuchinas, y Agustinas, una cada una.
En las varias diócesis se encuentran muchas residencias de religiosas. Cuzco: franciscanas, dos; dominicas, mercedarias, Clarisas Pobres, carmelitas, hermanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, un convento de cada una; Trujillo: franciscanas, dos; lazaristas, concepcionistas, carmelitas, Clarisas pobres, terciarias de Santo Domingo, un convento cada una; Ayacucho: redentoristas, franciscanas, terciarias de San Francisco, concepcionistas, un convento de cada una. La diócesis de Chachapoyas y Puno tienen dos conventos. Las tres prefturas apostólicas en el norte, centro y sur de la república, están bajo el cuidado de agustinos, franciscanos y dominicos, quienes trabajan principalmente en favor de la conversión de las tribus indígenas paganas. El Gobierno concede un pequeño subsidio para el mantenimiento de estas misiones, pero su principal fuente de ingresos proviene de ?Propagación de la Fe en el Oriente del Perú.? Esta asociación piadosa se ha extendido a lo largo de toda la república y ribe contribuciones de los fieles quienes son, relativamente, muy abundantes. Cada diócesis tiene su propio seminario diocesano para la educación de sus presbíteros. Los franciscanos tienen a su cuidado los seminarios de la diócesis de Cuzco y Ayacucho, los lazaristas las de Trujillo y Arequipa, los padres de los Sagrados Corazones de Jesús y María, las de Huaraz y el resto está bajo el cuidado de los seglares. El Gobierno no ejerce supervisión sobre los seminarios, los cuales están bajo la vigilancia de los resptivos obispos.
INSTITUTOS DE BENEFICENCIA
Existen alrededor de treinta hospitales en Perú administrados por diversas asociaciones de beneficencia, un asilo para ancianos, un asilo para huérfanos, y varias congregaciones espialmente dedicadas a trabajos de beneficencia, aparte de un gran número de asociaciones privadas dedicadas a la educación gratuita, visita a los pobres en sus hogares, la legalización de uniones de hecho, etc.
LEGISLACIÓN
Religión
La constitución, promulgada el 10 de diciembre de 1860, estable expresamente que la nación profesa la religión Católica Romana; que el Estado la protege y no permite que se practique públicamente ninguna otra (Art. 4). Sin embargo, no hay ninguna interferencia con las creencias religiosas personales, y existen iglesias protestantes en la República. Bajo la Ley Orgánica del 17 de septiembre de 1857 (Arts. 49-54), a los preftos de los departamentos les son conferidos ciertos poderes de supervisión sobre los asuntos eclesiásticos relacionados con la beneficencia nacional. El Artículo 94 de la Constitución, relativo a los deberes del Presidente de la República, estable que el jefe del ejutivo deberá: ejercer el padrinazgo lesiástico de conformidad con la ley; designar los arzobispos y obispos, con la aprobación del Congreso, aquellos que han sido escogidos de conformidad con la ley; designar dignatarios de la iglesia, canónigos, párrocos, y titulares de emolumentos eclesiásticos; llevar a cabo concordatos con la Sede Apostólica, de conformidad con las instrucciones dadas por el Congreso; otorgar o rhazar, con el consentimiento del Congreso, dretos de concilios, o bulas pontificias, sumarios y edictos; pero en el caso de que éstos aften asuntos que se encuentren en litigio, deberá conocerse, previamente, la opinión de la corte suprema de justicia de la república.
El Artículo 1358 del Código Civil vigente, en el cual se estable que la Iglesia y las órdenes religiosas se les prohíbe disponer de sus propiedades sin el consentimiento del Gobierno, fue revocado el 30 de septiembre de 1901. Desde entonces, la Iglesia en el Perú, como ente jurídico, puede adquirir y poseer propiedades de todo tipo, como también contraer obligaciones, y ejercer acciones civiles o criminales, de acuerdo con las leyes del país, el concordato, y los cánones eclesiásticos y disciplinar. Los templos y todos los lugares de culto están exentos de impuestos, pero otras propiedades de la Iglesia que produzcan ingresos de $100 o más está sujeta al impuesto lesiástico de conformidad con la Reglamentación del 20 de diciembre de 1886. Los Artículos 83 al 94 del Código Civil se refieren al clero y religiosos, definiendo quiénes son éstos; las calificaciones nesarias para ejercer la profesión; su exclusión de prestar servicios públicos; la ruperación de sus derechos civiles una vez se sularicen, etc. Las órdenes religiosas están regidas por el Reglamento de Regulares, aprobado por la Resolución del 12 de enero de 1872. Aun cuando la legislación moderna obliga a todos los ciudadanos a prestar servicio militar, nunca se ha dado el caso de que se hubiese aplicado a presbíteros o seminaristas. No se concede ninguna excepción a clérigos con relación a juicios; son juzgados en las cortes públicas, civiles, o criminales, según el caso. No existe ninguna ley que obligue a observar días de fiesta religiosa, aun cuando en la capital hay una ordenanza particular que ordena que las tiendas permanezcan cerradas los Domingos y Fiestas de Guardar. Las procesiones y otras manifestaciones públicas de culto pueden realizarse sin interferencia del Gobierno. La administración de las diferentes ramas de la Iglesia en el Perú, en lo que se refiere a la beneficencia nacional, está delegada al Ministerio de Justicia, Culto, y Educación Pública. El presupuesto fiscal asigna la suma de $100,000 al sostenimiento de la Iglesia, incluyendo los salarios de los prelados, rtores, etc.
TESTAMENTOS
Los procedimientos vigentes en Perú son similares a los de España: se fundamentan en el derecho Romano. De acuerdo con el Código Civil, los testamentos pueden ser abiertos o cerrados. Un testamento abierto puede ejutarse en un instrumento público, esto es, ante un notario público, en un documento privado, o verbalmente (Artículos 651-656). Existen, además formas espiales de testamentos, tales como el militar, el marítimo, y otros, en los cuales, debido a las circunstancias poco comunes que presentan dichos casos, se eximen de las formalidades usuales que rigen la materia, y se aplican otras de naturaleza menos restrictivas. El testamento cerrntado debe ser sellado por el mismo testador. Un extranjero con propiedades en Perú debe testar de conformidad con lo que estable el Código Civil (Artículo 692) y si tiene propiedades en el extranjero, puede disponer de ellos por medio de un testamento ejutado de conformidad con las leyes del país donde se encuentren dichas propiedades, las de su país de origen (Artículo 693), siempre y cuando no tenga herederos o herederas legítimos en Perú (Artículo 695). La ley substantiva que gobierna los testamentos, sucesiones, etc. Están estipuladas en los Artículos 651 al 954 del Código Civil.
Los cementerios están bajo la autoridad de las asociaciones caritativas y los curas párrocos. De acuerdo con la Resolución del 20 de noviembre de 1868 y del 19 de enero de 1869, los Consejos Municipales de la república se les requiere que construyan y mantengan cementerios laicos para la sepultura de personas que no pertenezcan a la Iglesia Católica.
Matrimonio y Divorcio
El Código Civil peruano expresamente ordena que los matrimonios en la República deben realizarse de conformidad con las normas dretadas por el Concilio de Trento; pero con el propósito de permitir a los no católicos contraer matrimonio en el país, se aprobó una ley el 23 de diciembre de 1897 en la que se faculta a los alcaldes de los consejos provinciales formalizar los matrimonios. El divorcio en Perú, como lo establen los Artículos 191 y siguientes del Código Civil no pone término a los vínculos de la unión. El matrimonio solamente puede ser anulado por medio de un procedimiento lesiástico regular si, por razones de inhabilitaciones canónicas, o por medio de las cortes ordinarias de justicia, en caso de impedimentos civiles. La Sción III del Código Civil (Artículos 120-217) trata sobre el tema del matrimonio, incluyendo el divorcio.
Escuelas
La Educación en el Perú está reglamentada por el Departamento de Justicia, Educación Pública y Culto; pero también es impartida por establimientos privados, varios de los cuales son regentados por órdenes religiosas. Se divide en primaria, sundaria y académica. La educación primaria estuvo en manos de las municipalidades hasta 1905, cuando entró en vigencia la nueva legislación de educación pública; en vista de los limitados rursos, el Gobierno nacional vio que era nesario que se hiciera cargo de la misma. Es gratis y obligatoria y se lleva a cabo en más o menos 2500 escuelas públicas, con 3105 maestros, y una asistencia de 162 mil 298 (1909). La educación sundaria es impartida por medio de 32 colegios del gobierno y varias instituciones privadas. La instrucción académica es suministrada por los universidades de la república. La principal de éstas es la Universidad de San Marcos, fundada en Lima en 1574, que tiene facultades de teología, leyes, medicina, letras, ciencias y onomía política. También están las Universidades de Santo Tomás en Cuzco, Santo Tomás, en Trujillo, y San Agustín, en Arequipa. Las escuelas normal, de agricultura y artes manuales tienen una gran asistencia.
Bibliografía
LORENTE, Historia del Perú (Lima, 1863-76): PRESCOTT, History of the Conquest of Peru (Boston 1859); RAIMONDI, El Perú (Lima, 1890-1902); BERMUDEZ, Anales de la Catedral de Lima (Lima, 1903); ENOCK, The Andes and the Amazon (London, 1908); IDEM, Perú (New York, 1908); WRIGHT, The Old and New Peru (Philadelphia, 1908); GARLAND, Peru in 1906 (Lima, 1907); SEEBEE, Notes on Peru (London, 1901; Bulletin of the Pan-American Union (Agosto, 1910).
Escrito por J. Moreno-Lacalle.
Trascrito por John Looby.
Traducido por Domingo Latorraca Donato ? Panamá, agosto de 2007.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.