Pado
El tema será tratado bajo los siguientes títulos:
I. Naturaleza del Pado.
II. División
A. Pado Material y Formal
B. Pados Internos
C. El Pado Capital o Vicios
III. Pado mortal.
A. Descripción Bíblica del Pado
B. Sistemas que niegan el pado o distorsionan su Verdadera Noción
C. Errores Protestantes
D. El Pado Filosófico
E. Condiciones de Pado Mortal: Conocimiento, libre voluntad, materia grave
F. Imputabilidad
G. Malicia
H. Gravedad
I. Distinción Espífica y numérica del Pado
J. Materia que causa Pado
K. Causas de Pado
L. Efectos del Pado
IV. Pado venial.
A. Definición
B. Malicia del pado venial
C. Condiciones
D. Efectos
V. Permisos y Remedios.
VI. El Sentido del Pado.
I. Naturaleza del Pado
Dado que el pado es un mal moral, es nesario en primer lugar determinar qué entendemos por mal y particularmente por mal moral. El Mal, es definido por Santo Tomás (De malo, 2:2) como una privación de forma u orden o de medida debida. En el orden físico, una cosa es buena en la proporción que posee entidad. Solo Dios es esencialmente ser y Solo El es bien esencial y perfto. Todo lo demás posee entidad pero limitada y, en la medida que posee entidad, es bueno. Cuando tiene su debida proporción de forma, orden y medida es, en su propio orden y grado, bueno (ver BIEN). El Mal implica una deficiencia en la perfción, por lo tanto, no puede existir en Dios, quien es esencialmente y por naturaleza, bueno; sólo se encuentra en seres finitos los cuales, debido a sus orígenes de la nada, son sujetos a la privación de forma u orden o debida medida y, por la oposición que encuentran, son sujetos a un aumento o disminución de la perfción que tienen: "en sentido amplio, el mal puede ser descrito como la suma de oposición, la cual la experiencia demuestra que existe en el universo, en los deseos y nesidades de los individuos; por consiguiente surgen, entre los seres humanos al menos, el sufrimiento el cual abunda en la vida" (ver MAL).
De acuerdo a la naturaleza de la perfción con la cual limita, el mal es metafísico, físico o moral. El mal metafísico no es mal propiamente tal; no es sino la negación de un bien superior, o la limitación de los seres finitos por otros seres finitos. El mal físico priva al sujeto aftado de algún bien natural y es adverso al bienestar del sujeto, como dolor y sufrimiento.
El mal moral sólo se encuentra en los seres inteligentes; los priva de algún bien moral. Aquí trataremos solamente con el mal moral. Este puede ser definido como una privación de conformidad con la rta razón a la ley de Dios. Dado que la moralidad de un acto humano consiste en su concordancia o no concordancia a la rta razón y a la ley eterna, un acto es bueno o malo en el orden moral de acuerdo a si involucra esta concordancia o no concordancia. Cuando la creatura inteligente, conociendo a Dios y Su ley, deliberadamente rehúsa obederla, resulta el mal moral.
El pado no es mas que un acto moralmente malo (Santo Tomás, "De Malo", 8:3) un acto en discordia con la razón informada por la ley Divina. Dios nos ha dotado de razón y libre voluntad, y un sentido de responsabilidad; Nos ha hecho sujetos de Su ley, la cual es dada a conocer a nosotros por los dictados de la conciencia, y nuestros actos deben conformarse a estos dictados, de lo contrario, pamos (Rom. 14.23). En todo acto pador, deben considerarse dos cosas, la sustancia del acto y el deseo de rtificación o conformidad (Santo Tomás, I-II: 72:1) El acto es algo positivo. El pador intenta aquí y ahora actuar de determinada forma, desmedidamente eligiendo ese particular bien desafiando la ley de Dios y los dictados de la rta razón. La deformidad no es dirtamente intencionada como tampoco está involucrada en el acto al parer y en la medida que éste es físico, pero si en cuanto el acto procede de la voluntad que tiene el poder sobre sus actos y es capaz de escoger este o aquel bien particular contenido dentro de la visión de su objeto aduado, es dir, el bien universal (Santo Tomás, "De Malo", Q3, a.2, ad2um). Dios, como primera causa de toda la realidad, es la causa del acto físico como tal, la libre voluntad de la deformidad (Santo Tomás I-II:84:2; "De malo", 3:2). El acto malo considerado aduadamente tiene por sus causas, la libre voluntad eligiendo deftuosamente un bien mutable en lugar de un bien eterno, Dios, y por lo tanto, desviándose de su verdadero destino último.
En todo pado se encuentra una privación del debido orden o conformidad a la ley moral, pero el pado no es una pura o total privación de todo bien moral (Santo Tomás, "De Malo", 2:9; I-II: 73:2). Hay una privación en dos sentidos; una, total que no deja nada de su opuesto, como por ejemplo, la oscuridad que no deja nada de luz; otra, no total, que deja algo del bien del cual se opone como por ejemplo, la enfermedad que no destruye totalmente las aún equilibradas funciones del cuerpo nesarias para la salud. Una privación pura o total privación de bien puede ocurrir en un acto moral sólo bajo el supuesto que la voluntad puede inclinarse al mal como tal, así como por un objeto. Esto es imposible porque el mal como tal no está contenido dentro del punto de vista de un objeto aduado de la voluntad, la cual es buena. La intención del pador termina en algún objeto en el cual hay una participación de la bondad de Dios, y este objeto está dirtamente encaminado por El. La privación del debido orden, o la deformidad, no está dirtamente propuesta, aunque es aceptada al punto que los deseos del pador tienden a un objeto en el cual este deseo de conformidad está involucrado, de manera que el pado no es una pura privación, sino un acto humano carente de su debida rtitud. Del defto emerge el mal del acto, del hecho, que es voluntario, su imputabilidad.
II. División del Pado
En relación al principio por el cual procede el pado, éste puede ser original o actual. La voluntad de Adán, como cabeza de la raza humana para la conservación o pérdida de la justicia original es la causa y fuente del pado original. El pado actual es cometido por un acto personal libre de la voluntad del individuo. Se divide en pados de comisión y de omisión. Un pado de comisión es un acto positivo contrario a algunos preptos prohibitivos; un pado de omisión es una falta de hacer lo que ha sido ordenado, o al menos desear algo incompatible con su cumplimiento (I-II:72:5) En cuanto a su malicia, los pados se distinguen en pados de ignorancia, pasión o dolencia, y malicia; en cuanto a las actividades que involucran, en pados del pensamiento, palabra o hecho (cordis, oris, operis); en cuanto su gravedad, en mortales o veniales. Esta última división es, sin dudas, la más importante de todas y requiere un tratamiento espial. Aunque, previo a entrar en los detalles, resulta útil mostrar algunas distinciones posteriores que ocurren en teología así como en el uso general.
A. Pado Material y Formal:
Esta distinción está basada en la diferencia entre los elementos objetivos (el objeto en sí mismo, circunstancias) y los subjetivos (advertencia del pado en el acto). Una acción que, de hecho, es contraria a la ley Divina pero no es conocida como tal por el agente, constituye un pado material; mientras que el pado formal es cometido cuando el agente libremente trasgrede la ley tal como se lo ha mostrado su conciencia, ya sea que tal ley realmente exista o si sólo se cree que existe por aquel que actúa. Por lo tanto, una persona que toma algo ajeno mientras piensa que es suyo, comete un pado material; pero el pado sería formal si toma lo ajeno en la creencia que pertene al prójimo, sea ésta su creencia corrta o no.
B. Pados Internos.
Pado que puede ser cometido no solo por actos externos sino también por la actividad interna de la mente fuera de cualquier manifestación externa, son simplemente los preptos del Dálogo: " No codiciarás los bienes ajenos" y del reproche de Cristo a los escribas y fariseos a quienes asemejó como "sepulcros blanqueados...llenos de inmundicia" (Mateo 23:27). De ahí que, el Concilio de Trento (Sess. XIV, c.v), al dlarar que todos los pados mortales deben ser confesados, hace espial mención a aquellos que son más secretos y que violan sólo los últimos dos preptos del Dálogo, sumando que ellos "a ves hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los pados cometidos abiertamente". Usualmente, podemos distinguir tres tipos de pados internos:
· deltatio morosa, i.e. el placer logrado en un pensamiento paminoso o imaginación incluso sin desearlo;
· gaudium, i.e. vivir complacido con pados ya cometidos; y
· desiderium, i.e. el deseo por aquello que es paminoso.
Un deseo efficacious ej. Uno que incluya la intención deliberada de realizar o satisfacer el deseo, tiene la misma malicia, mortal o venial, como la acción que tiene en vista. Un deseo inefficacious es aquel que conlleva una condición de tal forma que la voluntad está preparada para realizar la acción en caso que la condición se verificara. Cuando la condición es tal que elimina todo pado de la acción, el deseo no involucra pado. Ej. Con gusto comería carne los Viernes si tuviera la dispensa; y en general este es el caso ya sea que la acción sea prohibida sólo por ley positiva.
Cuando la acción es contraria a la ley natural y sin embargo dadas las circunstancias permitida, o en un estado particular de la vida, el deseo, si incluye aquellas circunstancia o ese estado como condiciones, no es pado en sí mismo. Ej. Yo mataría así o asa si tuviera que hacerlo en defensa propia. Usualmente, sin embargo, tales deseos son peligrosos y por lo tanto ameritan reprimirlos. Si, por otro lado, la condición no elimina el pado de la acción, el deseo es también paminoso. Este es claramente el caso donde la acción es intrínsamente y absolutamente mala, ej. Blasfemia: uno no podría sin cometer pado, tener el deseo - Blasfemaría contra Dios si no fuera malo; la condición es un imposible y por lo tanto, no afta al deseo mismo. El placer tomado de un pensamiento paminoso (deltatio, gaudium) es, en términos generales, un pado del mismo tipo y gravedad como la acción de la que es pensamiento. Sin embargo, mucho depende de los motivos por los cuales uno piensa en acciones padoras. El placer, por ejemplo, que se puede experimentar al estudiar la naturaleza de un asesinato o de cualquier otro crimen, en lograr ideas claras sobre el caso, trazando sus causas, determinando culpabilidad, etc, no es un pado; por el contrario, a menudo es tanto útil como nesario. El caso es por su puesto distinto cuando el placer significa gratificación por el objeto paminoso o la acción en sí misma. Y, es evidentemente un pado cuando uno se jacta de sus proezas malvadas y aún más por el escándalo otorgado.
C. El Pado Capital o Vicios.
De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) "un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal". Entonces, no es la gravedad del vicio en sí mismo que lo torna en capital sino el hecho que da origen a muchos otros pados. Estos son enumerados por Santo Tomás (I-II:84:4) como vanagloria (orgullo), avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia, ira. San Buenaventura (Brevil., III,ix) enumera los mismos. Escritores anteriores habían distinguido 8 pados capitales: Así también San Cipriano (De mort., iv); Cassian (De instit. cænob., v, coll. 5, de octo principalibus vitiis); Columbanus ("Instr. de octo vitiis princip." in "Bibl. max. vet. patr.", XII, 23); Alcuin (De virtut. et vitiis, xxvii y sgtes.) El número siete, sin embargo, fue dado por San Gregorio el Grande (Lib. mor. in Job. XXXI, xvii), y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media.
Es nesario hacer notar que "pado" no se predica unívocamente de todos los tipos de pado. "La división de pados en veniales y mortales no es una división de género y espies que participan igualmente de la naturaleza del género, sino la división de un análogo en cosas de las cuales se predica primera y sundariamente". (St. Thomas, I-II:138:1, ad 1um). "Pado, no se predica unívocamente de todos los tipos, sino primariamente como pado actual mortal...y por lo tanto no es nesario que la definición de pado en general deba verificarse excepto en aquel pado en el cual se encuentra perftamente, la naturaleza del género. La definición de pado puede ser verificado en otros pados en cierto sentido" (Santo Tomás, II, d. 33, Q. i, a. 2, ad 2um). El pado actual consiste principalmente en un acto voluntario repugnante al orden de la rta razón. El acto pasa, pero el alma del pador se mantiene manchada, privada de gracia, en estado de pado, hasta que el desorden se haya restaurado por penitencia. Este estado es llamado pado habitual, maccula pcati, reatus culpae (I-II:87:6). La división del pado en original y actual, mortal y venial no es una división de género y espies porque el pado no tiene la misma significación cuando se aplica al pado original y personal, moral y venial. El pado mortal nos desgarra completamente de nuestro verdadero destino final; el pado venial sólo nos impide en sus logros. El pado actual personal es voluntario por un acto propio de la voluntad. El pado original es voluntario no por un acto personal voluntario nuestro, sino por un acto de la voluntad de Adán. El pado original y actual se distinguen por la forma bajo la cual son voluntarios (ex parte actus); el pado mortal y venial por la forma bajo la cual afta nuestra relación con Dios (ex parte deordinationis). Siendo que un acto voluntario y sus desórdenes son la esencia del pado, es imposible que el pado pueda ser un término genérico respto al pado original y actual, mortal y venial. La verdadera naturaleza del pado se encuentra perftamente sólo en un pado personal mortal, en otros pados imperftamente, de manera que el pado se predica principalmente del pado actual y sólo sundariamente de los otros. Por lo tanto, debemos considerar: primero, el pado personal mortal; segundo, el pado venial.
III. El Pado Mortal
El pado mortal es definido por San Agustín (Contra Faustum, XXII, xxvii) as "Dictum vel factum vel concupitum contra legem æternam", ejemplo, algo dicho, hecho o deseado contrario a la ley eterna, o pensamiento, palabra o acto contrario a la ley eterna. Esta es una definición de pado en tanto acto voluntario. En tanto defto o privación, debería ser definido como una aversión a Dios, nuestro verdadero destino final, en razón de una preferencia dada a algún bien mutable. La definición de San Agustín es aceptada generalmente por los teólogos como principalmente una definición del pado actual mortal. Explica muy bien los elementos materiales y formales del pado. Las palabras "dictum vel factum vel concupitum" muestra el elemento material del pado, el acto humano: "contra legem æternam", el elemento formal. El acto es malo porque transgrede la ley Divina. San Ambrosio (De paradiso, viii) define el pado como una "prevaricación (dolo*) de la ley Divina".
La definición de San Agustín, estrictamente considerada, es dir el pado como un impedimento a nuestro verdadero fin último, no comprende el pado venial, sino en tanto que el pado venial es, de alguna manera, contrario a la ley divina, aunque no es impedimento de nuestro fin último, se puede dir que está incluido en la definición tal como está. Mientras que en primer lugar una definición de pados de comisión, los pados de omisión pueden estar incluidos en la definición porque ellos presuponen algún acto positivo (Santo Tomás, I-II:71:5) y la negación y la afirmación se reducen al mismo género. Los pados que violan la ley humana o la ley natural también están incluidos, por cuanto lo que es contrario a la ley humana o natural, es también contrario a la ley Divina, en tanto cada ley humana justa se deriva de la ley Divina y no lo es, sino estando en conformidad con la ley Divina.
A. Descripción Bíblica del Pado.
En el Antiguo Testamento, el pado es establido como un acto de desobediencia (Gen., ii, 16-17; iii, 11; Is., i, 2-4; Jer., ii, 32); como un insulto a Dios (Num., xxvii, 14); como algo detestado y castigado por Dios (Gen., iii, 14-19; Gen., iv, 9-16); como injurioso al pador (Tob., xii, 10); como algo expiable por penitencia (Ps. 1, 19). En el nuevo Testamento, es claramente enseñado en San Pablo que el pado es una trasgresión de la ley (Rom., ii, 23; v, 12-20); una esclavitud de la cual somos liberados por la gracia (Rom., vi, 16-18); una desobediencia (Heb., ii, 2) castigada por Dios (Heb., x, 26-31). San Juan describe el pado como una ofensa a Dios, un desorden de la voluntad (Juan, xii, 43), una iniquidad (I Juan, iii, 4-10).
Cristo, en muchas de Sus dlaraciones enseña la naturaleza y extensión del pado. El vino a promulgar una nueva ley mas perfta que la antigua, que se pudo extender a ordenar no solo los actos externos sino internos a un grado desconocido anteriormente y, en Su Sermón de la Montaña condena como padores muchos actos que eran juzgados como honestos y corrtos por los doctores y maestros de la Antigua Ley. Denuncia de modo espial la hipocresía y el escándalo, la infidelidad y el pado contra el Espíritu Santo. El enseña en particular, que los pados vienen del corazón (Mat., xv, 19-20).
B. Sistemas que niegan el pado o distorsionan su Verdadera Noción.
Todos los sistemas, religiosos o éticos, ya sea que niegan, por un lado, la existencia de un creador personal y legislador distinto y superior a su creación, o por otro lado, la existencia de la voluntad libre y la responsabilidad en el hombre, distorsionan o destruyen la verdadera noción bíblica-teológica del pado. En los comienzos de la era Cristiana, los Gnósticos, aunque sus doctrinas variaban en sus detalles, negaban la existencia de un creador personal. La idea del pado en el sentido Católico no estaba contenida en su sistema. Para ellos, no hay pado, salvo el pado de ignorancia que no nesita expiación; Jesús no es Dios (Ver GNOSTICISMO). El Maniqueísmo (q.v.) con sus dos principios eternos, bien y mal, en guerra perpetua entre ellos, es también destructivo de la verdadera noción de pado. Todo mal, y consuentemente todo pado, viene del principio de mal. El concepto Cristiano de Dios como dador de ley se destruye. El pado no es un acto voluntario conciente de desobediencia a la voluntad Divina. Los sistemas panteístas que niegan la distinción entre Dios y Sus creaturas, hacen que el pado sea imposible. Si el hombre y Dios son uno, el hombre no es responsable de ninguno de sus actos, donde la moralidad es destruida. Si él es su propia regla de acción, no se puede desviar del bien como enseña Santo Tomás (I:63:1). La identificación de Dios y el mundo por el Panteísmo (q.v.) no da lugar al pado.
Debe haber alguna ley donde el hombre es sujeto, superior y distinto de él, la cual puede ser obedida y trasgredida, donde el pado puede entrar dentro de sus actos. Esta ley debe ser mandato de un superior, porque las nociones de superioridad y sujeto son correlativas. Este superior solo puede ser Dios, quien es el único autor y señor del hombre. El Materialismo, negando como lo hace la espiritualidad y la inmortalidad del alma, la existencia de absolutamente ningún espíritu, y consuentemente de Dios, no admite el pado. No hay voluntad libre, todo está determinado por las inflexibles leyes del movimiento. La "Virtud" y el "vicio" son calificaciones de actos, sin sentido. El Positivismo coloca el fin último del hombre en algún bien sensible. Su ley suprema de acción es buscar el máximo de placer. El Egotismo o el altruismo es la norma suprema y criterio de los sistemas Positivistas, y no la ley eterna de Dios como revelada por El y dictada por conciencia. Para los materialistas evolucionistas, el hombre no es sino un animal altamente desarrollado, y la conciencia, un producto de la evolución. La Evolución ha revolucionado la moralidad y ya no existe el pado.
Kant en su "Crítica a la Razón Pura", habiendo rhazado todas las nociones esenciales de la verdadera moralidad, es dir, libertad, el alma, Dios y una vida futura, intentó en su "Crítica de la Razón Práctica" reestablerlas en la medida que eran nesarias para la moralidad. La razón práctica, nos dice, nos impone una idea de ley y deber. El principio fundamental de la moralidad de Kant es "el deber por el bien del deber", no Dios ni Su ley. El deber no puede ser concebido en sí mismo como una cosa independiente. Trae consigo ciertos postulados, el primero de los cuales es la libertad. En su doctrina, el hombre, en virtud de su razón práctica "Yo debo, luego yo puedo" tiene conciencia de la obligación moral (imperativo categórico). Esta conciencia supone tres cosas: libre voluntad, inmortalidad del alma, y la existencia de Dios, de otro modo el hombre no sería capaz de cumplir sus obligaciones, no podría haber suficiente sanción por la ley Divina, ningún premio o castigo en la vida futura. El sistema moral kantiano se maneja entre oscuridades y contradicciones y es destructivo de muchas de las enseñanzas de Cristo. La dignidad personal es la regla suprema de las acciones del hombre. La noción de pado como oposición a Dios, es suprimida. De acuerdo a las enseñanzas del materialismo Monista hoy en día tan diseminado, no hay ni puede haber voluntad libre. De acuerdo a esta doctrina solo existe un cosa y que produce todos los fenómenos, incluido el pensamiento; no somos sino muños en sus manos, llevados de aquí para allá a su voluntad y finalmente llevados a la nada. En tal sistema, no hay lugar para el bien y el mal, una libre observancia o una trasgresión voluntaria de la ley. El pado en su sentido verdadero, es imposible. Sin ley y libertad y un Dios personal no hay pado.
Que Dios existe y puede ser conocido por Sus creaciones visibles, que El ha revelado sus dretos de Su eterna voluntad al hombre y es distinto de Sus creaturas (Denzinger-Bannwart, "Enchiridion", nn. 178 2, 1785, 1701), son materias de fe y enseñanzas Católicas. El hombre es un ser creado dotado de libre voluntad (ibid., 793), hecho el cual, puede ser probado en las Escrituras y en razón del pado de Adán quien ha perdido su inocencia primitiva, y mientras la voluntad libre permane, sus poderes han sido disminuidos. (Ver PADO ORIGINAL)
C. Errores Protestantes.
Lutero y Calvino muestran como su error fundamental que propiamente hablando no queda voluntad libre en el hombre luego de la caída de nuestros primeros padres; que el cumplimiento de los preptos de Dios es imposible aún con la asistencia de la gracia, y que el hombre pa en todos sus acciones. La Gracia no es un don interno, sino algo externo.
A algunos no se les imputa pado, porque están cubiertos con el velo del mérito de Cristo. La sola fé salva y no hay nesidad de buenas obras. En la doctrina de Lutero, el pado no puede ser una trasgresión deliberada de la Ley Divina. Jansenio en sus "Agustinos" enseñó que, de acuerdo a los poderes presentes en el hombre, algunos preptos de Dios son imposibles de cumplir incluso para el justo que se esfuerza por cumplirlos, y luego enseña que la gracia por medio de la cual es posible el cumplimiento es deseada incluso por el justo. Su error fundamental consiste en enseñar que la voluntad no es libre sino que está guiada nesariamente ya sea por la concupiscencia o la gracia. La libertad interna no es nesaria para el mérito o demérito. Basta la Libertad de coerción. Cristo no murió por todos los hombres. Baio enseñaba una doctrina semi luterana. La libertad no está enteramente destruida, sino que tan debilitada que sin la gracia no puede sino par. La verdadera libertad no se requiere para par. Un acto malo cometido involuntariamente vuelve al hombre responsable (proposiciones 50-51 en Denzinger-Bannwart, "Enchiridion", nn. 1050-1). Todos los actos hhos sin caridad son pados mortales y meren la condenación porque proceden de la concupiscencia. Esta doctrina niega que el pado sea una trasgresión voluntaria de la Ley Divina. Si el hombre no es libre, los preptos no tienen ningún sentido en la medida que a él le corresponda.
D. El Pado Filosófico.
Aquellos que construyen un sistema moral independiente de Dios y Su Ley, distinguen entre el pado teológico y el pado filosófico. El pado filosófico es un acto moralmente malo que viola el orden natural de la razón y no la Ley Divina. El pado teológico es una trasgresión a la ley eterna. Aquellos que tienen tendencias ateas y sostienen esta distinción, ya sea que niegan la existencia de Dios o mantienen que El no ejuta providencia alguna en relación a los actos humanos. Esta posición es destructiva del pado en su sentido teológico, en tanto Dios y Su Ley, premio y castigo, son hhos fuera de Él. Aquellos que admiten la existencia de Dios, Su Ley, la libertad humana y la responsabilidad, y aún así afirman una distinción entre el pado filosófico y el teológico, mantienen que en el orden presente de la providencia de Dios son actos moralmente malos, los cuales, mientras violan el orden de la razón, no ofenden a Dios en tanto que el pador puede ser ignorante de la existencia de Dios o no pensar actualmente en El y en Su Ley cuando actúa. Sin el conocimiento de Dios o consideración de El, es imposible ofenderlo. Esta doctrina fue censurada como escandalosa, temeraria y errónea por Alejandro VIII (24 de Agosto de 1690) y la siguiente proposición, fue condenada: "El pado filosófico o moral es un acto humano en desacuerdo con la naturaleza racional y la rta razón, el pado teológico y mortal es una trasgresión libre a la ley Divina. Por muy doloroso que parezca el pado filosófico en alguien ya sea ignorante de Dios o no está actualmente pensando en Dios, es un pado sin duda penoso, pero no es una ofensa a Dios, tampoco un pado mortal que disuelve la amistad con Dios, ni tampoco meredor del castigo eterno". (Denzinger-Bannwart, 1290).
Esta proposición fué condenada porque no hace una distinción entre la ignorancia vencible y la invencible, más aún, supone la ignorancia invencible como suficientemente común, en vez de solo metafísicamente posible y porque en la dispensa presente de la providencia de Dios se nos enseñó claramente en las Escrituras que Dios castigará todo mal que venga de la libre voluntad del hombre. (Romanos ii, 5-11). No hay acto moralmente malo que no incluya una trasgresión a la ley Divina. Desde el hecho que una acción es concebida como moralmente mala, es concebida como prohibida. Una prohibición es ininteligible sin la noción de alguien prohibiendo. Quien prohíbe en este caso y liga la conciencia del hombre solo puede ser Dios, Quien es el único que tiene el poder sobre la voluntad libre del hombre y sus acciones, de manera que del hecho que cualquier acto sea percibido como moralmente malo y prohibido por conciencia, Dios y Su ley son percibidos, al menos confusamente, y una trasgresión voluntaria al dictado de la conciencia es nesariamente también una trasgresión a la ley de Dios. Cardenal de Lugo (De incarnat., disp. 5, lt. 3) admite la posibilidad del pado filosófico en aquellos que son inculpablemente ignorantes de Dios, aunque el sostiene que actualmente no ocurre, porque en el orden presente de la providencia de Dios no puede haber ignorancia invencible de Dios y su Ley. Esta enseñanza no cae nesariamente dentro de la condena de Alejandro VIII, aunque es comúnmente rhazada por teólogos por que un dictado de conciencia nesariamente involucra un conocimiento de la ley Divina como un principio moral.
E. Condiciones de Pado Mortal: Conocimiento, libre voluntad, materia grave.
Contrario a la enseñanza de Baio (prop. 46, Denzinger-Bannwart, 1046) y a los Reformistas, un pado debe ser un acto voluntario. Aquellas acciones en sí mismas son llamadas propiamente humanas o acciones morales las cuales proceden de la voluntad humana actuando deliberadamente con conocimiento del fin por el cual se actúa. El hombre difiere de toda creatura irracional prisamente que el es dueño de sus acciones en virtud de su razón y voluntad libre. (I-II:1:1). Siendo que el pado es un acto humano deftuoso de la debida rtitud, debe tener en tanto es un acto humano, los constituyentes esenciales de un acto humano. El intelto debe percibir y juzgar la moralidad del acto y la voluntad libremente elegir. Para que haya un pado deliberadamente mortal debe haber advertencia total de parte del intelto y consentimiento total de parte de la voluntad en una materia grave. Una trasgresión involuntaria de la ley incluso en una materia grave, no es formalmente, sino un pado material. La gravedad de la materia es juzgada por las Enseñanzas en las Escrituras, las definiciones de concilios y papas, y también de la razón. Aquellos pados juzgados como mortales son los que contienen en sí mismos algún desorden grave en relación a Dios, nuestro prójimo, nosotros mismos o a la sociedad. Algunos pados no admiten liviandad material, como por ejemplo, la blasfemia, odio de Dios; son siempre mortales (ex toto genere suo), a no ser que se vuelva venial por nesidad de total advertencia por parte del intelto o consentimiento total por parte de la voluntad. Otros pados admiten materia liviana; son pados graves (ex genere suo) en tanto su materia en sí misma es suficiente para constituirse en pado grave sin la suma de ninguna otra materia, aunque es de tal naturaleza que, en un caso dado, debido a su pequeñez, el pado puede ser venial, por ejemplo, el hurto.
F. Imputabilidad
Para que el acto del pador pueda serle imputado no es nesario que el objeto en el cual termina y espifica el acto, esté dirtamente querido como fin o medio. Es suficiente que sea querido indirtamente o en su causa, es dir, si el pador prevee, al menos confusamente, qué se seguirá del acto el cual libremente realiza o de la omisión de un acto. Cuando la causa produce un efto doble, uno de los cuales es dirtamente querido, y el otro indirtamente, el efto que se sigue indirtamente es moralmente imputable al pador cuando se verifican estas tres condiciones:
· Primero, el pador debe preveer al menos confusamente los eftos malos que se siguen de aquello que causa,
· Segundo, debe ser capaz de abstenerse de ser causa;
· Tercero, debe estar bajo la obligación de prevenir el efto malo.
El error y la ignorancia en relación al objeto o circunstancias del acto causado, aftan el juicio del intelto y consuentemente, la moralidad e imputabilidad del acto. La ignorancia invencible excusa totalmente de pado.
La ignorancia vencible no excusa aunque hace al acto menos libre (ver IGNORANCIA). Las pasiones, mientras ellas perturban el juicio del intelto, aftan más dirtamente a la voluntad. La pasión antedente aumenta la intensidad del acto, el objeto es más intensamente deseado, aunque menos libremente, y la perturbación causada por la pasión puede ser tan grande al punto de hacer del juicio libre un imposible, dejando al agente, por el momento, fuera de sí (I-II:6:7 al 3um.) La pasión consuente, la cual surge del comando de la voluntad, no disminuye la libertad, sino que mas bien es un signo de un intenso acto volitivo. El miedo, la violencia, la herencia, los estados temperamentales y patológicos, en tanto aftan la volición libre, aftan la malicia e imputabilidad de pado. De la condenación de los errores de Baio y Jansenio (Denz-Bann, 1046, 1066, 1094, 1291-2) queda claro que para que haya pado actual y personal son nesarios y se requieren el conocimiento de la ley y un acto personal voluntario y libre de coerción. Ningún pado mortal es cometido bajo estado de ignorancia invencible o en un estado de media conciencia. No se requiere la advertencia actual de lo paminoso de un acto, basta la advertencia virtual. No es nesario que esté presente la explícita intención de ofender a Dios y romper su Ley, basta el total y libre consentimiento de la voluntad a un acto malo.
G. Malicia.
La verdadera malicia del pado mortal consiste en la trasgresión conciente y voluntaria de la ley eterna e implica un desprio de la voluntad Divina, un total alejamiento de Dios, nuestro verdadero fin último y la preferencia por
Pado Original
I. Significado
II. Principales Adversarios
III. El Pado Original en las Escrituras
IV. El Pado Original en la Tradición
V. El Pado Original frente a las objiones de la razón humana
VI. Naturaleza del Pado Original
VII. Grado de voluntariedad
I. SIGNIFICADO
Pado original puede significar: (1) el pado cometido por Adán; (2) la consuencia de ese primer pado, la mancha hereditaria con la que todos nacemos a causa de nuestro origen o descendencia de Adán. Desde los primeros tiempos ha sido más común el segundo significado, como se puede ver en la frase de San Agustín: "el pado deliberado del primer hombre es la causa del pado original" (De nupt. et concup., II, xxvi, 43). Aquí hablamos de la mancha hereditaria. En referencia al pado de Adán, no nos toca examinar las circunstancias en las que se cometió, como tampoco nos toca hacer una exégesis del tercer capítulo del Génesis.
II. PRINCIPALES ADVERSARIOS
Teodoro de Mopsuestia inició esta controversia al negar que el pado de Adán fuera el origen de la muerte. (Vea "Excerpta Theodori" de Marius Mercator; cf. Smith, "A Dictionary of Christian Biography", IV, 942). Un amigo de Pelagio, Celestius, siguiendo a Teodoro, fue el primero en sostener esas proposiciones en Occidente: "Pasara lo que pasara, Adán debía morir, sin importar si para o no. Su pado lo aftó a él solo y no a la raza humana" (Mercator, "Liber Subnotationem", prefacio). Esta, que fue la primera posición sostenida por los pelagianos, fue también la primera condenada en Cartago (Denzinger, "Enchiridion", No. 101- No. 65 en el antiguo). Para rebatir ese error fundamental los católicos citaron en forma espial a Romanos 5, 12, donde se muestra a Adán transmitiendo la muerte con su pado. Luego de un tiempo los pelagianos admitieron la parte referente a la transmisión de la muerte- que se entiende fácilmente al ver que los padres transmiten a sus hijos enfermedades hereditarias- pero continuaron atacando violentamente la transmisión del pado (San Agustín, "Contra duas epist. Pelag.", IV, iv, 6). Ellos entendían las palabras de San Pablo sobre la transmisión del pado como si se tratara de la transmisión de a muerte. Ello constituyó su segunda posición, condenada por el Concilio de Orange [Denz., n. 175 (145)], y después otra vez en el primer Concilio de Trento [Sess. V, can. II; Denz., n. 789 (671)]. Interpretar la palabra pado como si significara muerte era evidentemente una falsificación del texto, de modo que los pelagianos pronto la abandonaron y admitieron que Adán había causado el pado en nosotros. Sin embargo, ellos no entendieron como pado la mancha heredada por nacimiento, sino el pado que los adultos cometen a imitación de Adán. Ello fue su tercera posición, a la que se opone la definición de Trento que el pado original se transmite a todos por generación (propagatione), no por imitación [Denz., n. 790 (672)]. Más aún, en los siguientes cánones se citan las palabras del Concilio de Cartago, en el que se trata de un pado contraído por generación y borrado por generación [Denz., n. 102 (66)]. Los líderes de la Reforma admitían el dogma del pado original, pero el día de hoy hay muchos protestantes influidos por la doctrina Sociniana (correspondiente a un grupo religioso racionalista del siglo XVI que seguía el pensamiento del teólogo italiano Fausto Socinus, y que enseñaba que sólo se pueden aceptar aquellas doctrinas y partes de la Escritura que no contradigan la razón humana. N.T.) cuyas teorías constituyen un renacimiento del pelagianismo.
III. EL PADO ORIGINAL EN LAS ESCRITURAS
El texto clásico es Rom. 5, 12 y siguientes. En la parte predente el Apóstol habla de la justificación a través de Jesucristo, y para dar realce al hecho de que Él es el único salvador, estable un contraste entre la cabeza divina de la humanidad con la cabeza humana que causó su ruina. La cuestión del pado original, por tanto, apare como algo incidental. San Pablo supone que los fieles ya se han formado una idea de él a través de sus explicaciones orales y sólo lo menciona para hacerles entender el trabajo de la redención. Esto explica la brevedad de su desarrollo y la obscuridad de algunos versículos. Las tres posiciones de los pelagianos quedan refutadas en el texto, como vamos a mostrar:
1. El pado de Adán ha lesionado la raza humana por lo menos en el sentido de que ha introducido la muerte- "Así que como por un hombre entró el pado en el mundo, y por el pado la muerte, así la muerte llegó a todo hombre". Se habla ahí de la muerte física. Ante todo, se debe presumir el sentido literal de la palabra mientras no haya una razón en contrario. Segundo, se alude en el texto a un pasaje del libro de la Sabiduría en el que, como se deduce del contexto, se trata de la muerte física. Sab. 2,24: "Por la envidia del diablo entró la muerte al mundo". Cf. Gn. 2,17; 3, 19, y otro pasaje paralelo del mismo San Pablo, I Cor. 15, 21: "Por un hombre llegó la muerte y por un hombre llegó la resurrción de los muertos". Aquí sólo se puede tratar de la muerte física, opuesta a la resurrción corporal, sujeto de todo el capítulo.
2. Por su falta, Adán nos transmitió no sólo la muerte sino el pado- "porque así como por la desobediencia de uno muchos [i.e. todos los] hombres fueron hhos padores" (Rom. 5,19). ¿Cómo pueden entonces los pelagianos, y más tarde Zwinglio, dir que San Pablo se refiere únicamente a la transmisión de la muerte física? Si, como dicen ellos, debemos leer muerte donde el Apóstol escribió pado, deberíamos también leer que la desobediencia de Adán nos ha hecho mortales donde el Apóstol escribe que nos ha hecho padores. Pero la palabra pador nunca ha significado mortal. También en el versículo 21, correspondiente al 19, vemos que a través de un solo hombre dos cosas les han acontido a todos los hombres: el pado y la muerte. Una es consuencia de la otra y, por tanto, no son idénticas entre si.
3. Como Adán transmite la muerte a sus descendientes, al engendrarlos mortales, también por generación les transmite el pado. El Apóstol presenta ambos eftos como producidos simultáneamente y por la misma causa. La explicación de los pelagianos difiere de la de San Pablo. Según ellos, el niño, que ribe la mortalidad al nacer, no ribe el pado de Adán sino posteriormente, cuando conoce el pado del primer hombre y se inclina a imitarlo. La causalidad de Adán ante la mortalidad sería completamente distinta de la que tiene ante el pado. Más aún, esta supuesta influencia del mal ejemplo de Adán es casi quimérica. Los mismos fieles, cuando pan, no pan a consuencia del mal ejemplo de Adán; a fortiori los no creyentes, totalmente ignorantes de la historia del primer hombre. Y sin embargo todos los hombres, bajo la influencia de Adán, somos padores y condenados (Rom. 5, 18-19). La influencia de Adán no puede ser, por tanto, la del ejemplo que imitamos en él (San Agustín, "Contra Julian", VI, xxiv, 75)
En este sentido, varios protestantes rientes han modificado la explicación pelagiana del siguiente modo: "Sin ser conscientes de ello los hombres imitan a Adán en cuanto meren la muerte como castigo por sus propios pados tal como Adán la merió como castigo del suyo". Esto se separa más y más del texto de San Pablo. Adán sería simplemente el término de una comparación. No tendría ni influencia ni causalidad en referencia al pado o la muerte. El Apóstol, es más, no afirma que todos los hombres, imitando a Adán, son mortales a causa de los pados que hayan cometido. Los niños que mueren antes de llegar al uso de razón no han cometido ningún pado. Pero San Pablo afirma lo contrario en el versículo catorce: "Pero reinó la muerte". No sólo sobre quien imita a Adán, sino "aún sobre aquellos que no han pado siguiendo la transgresión de Adán". El pado de Adán, por tanto, es la única causa de la muerte de toda la raza humana. No sólo eso, sino que no podemos distinguir ninguna conexión natural entre el pado y la muerte. Para que un determinado pado merezca la muerte hace falta una ley positiva. Pero, excepto la ley dada a Adán (Gen 2,17), antes de la ley de Moisés no había ley positiva de Dios que determinara la muerte como castigo. Fue únicamente la desobediencia del hombre lo que pudo haber merido y traído la muerte al mundo (Rom. 5, 13-14). Estos escritores protestantes ponen el acento en las últimas palabras del versículo doce. Sabemos que algunos de los Padres Latinos entendían las palabras "en el que todos hemos pado" como significando que todos hemos pado en Adán. Esta interpretación sería prueba ulterior de la tesis del pado original, pero no es nesaria. La exégesis modera, al igual que los Padres Griegos, prefieren traducir "y así la muerte pasó a todos los hombres porque todos hemos pado". Nosotros aceptamos esta segunda traducción que nos muestra la muerte como efto del pado. Pero ¿de qué pado?. Nuestros adversarios responden: "Los pados personales de cada uno. Ese es el sentido natural de las palabras ’todos han pado’". Sería el significado natural si el contexto no fuera totalmente opuesto a él. Las palabras "todos han pado" del versículo doce, obscuras a causa de su brevedad, se desarrollan más en el verso diinueve: "porque por la desobediencia de un hombre muchos han sido hecho padores". No se trata aquí de pados personales, diferentes entre si en número y espie, cometidos por las personas durante su vida, sino del primer pado que fue suficiente para transmitir a todos los seres humanos tanto el pado como el título de padores. De modo semejante, las palabras del verso doce, "todos han pado", debe significar: "todos han participado en el pado de Adán", "todos han contraído su mancha". Esta interpretación también elimina la aparente contradicción entre el verso doce, "todos han pado", y el catorce, "quienes no han pado", ya que en el primero se trata del pado original, y del pado personal en el último. Quienes dicen que en ambos casos se trata del pado personal no pueden ronciliar estos dos versículos.
IV. EL PADO ORIGINAL EN LA TRADICIÓN
A causa de una semejanza superficial entre la doctrina del pado original y la teoría maniquea de la maldad innata de nuestra naturaleza, los pelagianos acusaron a los católicos y a San Agustín de ser maniqueos. Respto a la acusación y a su respuesta véase "Contra duas epist. Pelag.", I, II, 4; V, 10; III, IX, 25; IV, III. Esta acusación ha sido reiterada en nuestros días por varios críticos e historiadores del dogma, influenciados por el hecho de que, antes de su conversión, San Agustín era maniqueo. No identifican el maniqueísmo con la doctrina del pado original, pero sí dicen que San Agustín, a causa de los restos de sus anteriores prejuicios maniqueístas, creó la doctrina del pado original, desconocida antes de su época. Es falso que la doctrina del pado original no aparezca en las obras de los Padres preagustinianos. Al contrario, ellos dieron testimonio de ello en trabajos espiales al respto. Tampoco se puede dir, como afirma Harnack, que el mismo San Agustín ronoce la ausencia de esta doctrina en los escritos de los Padres. San Agustín invoca el testimonio de once Padres, tanto griegos como latinos (Contra Jul., II, x, 33). Igualmente infundada es la aseveración que afirma que hasta San Agustín esa doctrina era desconocida para judíos y cristianos. Como ya se demostró, fue enseñada por San Pablo. Se encuentra en el cuarto libro de Esdras, escrito por un judío un siglo después de Cristo y ampliamente leído por los cristianos. Esta obra presenta a Adán como el autor de la caída de la raza humana (VII, 48), como quien transmitió a toda su posteridad la enfermedad permanente, la malignidad, la mala semilla del pado (III, 21-22; IV, 30). Los mismos protestantes admiten la doctrina del pado original en este libro y otros del mismo período (véase Sanday, "The International Critical Commentary: Romas", 134, 137; Hastings, "A Dictionary of the Bible", I, 841). Es imposible, por tanto, hacer de San Agustín, quien pertene a una fecha muy posterior, el inventor del pado original.
La práctica de la Iglesia de bautizar a los niños es muestra de que esta doctrina existía desde antes de la época de San Agustín. Los pelagianos sostenían que el bautismo se les daba a los niños no para perdonarles sus pados sino para hacerlos mejores, darles vida sobrenatural, hacerlos hijos adoptivos de Dios y herederos del reino de los cielos (véase San Agustín "De pcat. meritis", I, xvii). Los católicos respondían citando el credo de Nicea, "Confiteor unum baptisma in remissionem pcatorum". Y reprochaban a los pelagianos el que inventaran dos bautismos, uno para perdonar el pado, otro, sin propósito alguno, para los niños. También argumentaron los católicos a partir del ceremonial del bautismo, que supone que el niño está bajo el poder del mal. De ahí los exorcismos, el rhazo a Satanás que hace el padrino del niño en nombre de este último [Aug., loc. Cit., XXXIV, 63; Denz., n. 140 (96)].
V. EL PADO ORIGINAL FRENTE A LAS OBJIONES DE LA RAZÓN
No pretendemos probar la existencia del pado original solamente con argumentos de razón. Santo Tomás utiliza un argumento filosófico que prueba la existencia de cierto tipo de dadencia más que la del pado, y la considera solamente como probable, satis posibiliter probari potest (Contra gent., IV, lii). Muchos protestantes y jansenistas, y hasta algunos católicos, sostienen que la doctrina del pado original es nesaria en la filosofía si es que se quiere probar la existencia del mal. Esto es una exageración imposible de probar. Basta mostrar que la razón humana no tiene ninguna objión seria en contra de esta doctrina fundada en la revelación. Las objiones de los racionalistas generalmente tienen su origen en un concepto falso de nuestro dogma. Lo que atacan es o la transmisión del pado o la idea de una falta cometida por el primer hombre en contra de su misma raza, la dadencia de la raza humana. Aquí responderemos exclusivamente la segunda clase de objiones. Las otras serán consideradas más abajo bajo otro capítulo (VII).
(1) La ley del progreso se opone a la hipótesis de la dadencia. Esto sería válido si el progreso fuera algo nesariamente continuo, pero la historia nos muestra lo contrario. La línea que representa el progreso tiene sus altas y bajas, períodos de dadencia y retroceso, como lo fue el período- nos dice la revelación- que siguió al primer pado. La humanidad, sin embargo, comenzó a levantarse de nuevo poco a poco, ya que el pado original no destruyó ni la inteligencia ni la voluntad libre; la posibilidad de progreso material permanió intacta. Y Dios, por otra parte, nunca abandonó al hombre, a quien había prometido la redención. La teoría de la dadencia no tiene conexión alguna con nuestra revelación. Todo lo contrario. La Biblia nos muestra incluso cierto progreso espiritual en el pueblo del que nos habla: la vocación de Abraham, la ley de Moisés, la misión de los profetas, la llegada del Mesías, una revelación que es cada vez más clara y que termina con el Evangelio, su difusión entre todos los pueblos, sus frutos de santidad y el progreso de la Iglesia.
(2) Otra objión dice que es injusto que a causa del pado de un hombre se haya originado la dadencia de toda la humanidad. Esto tendría peso si tomamos la dadencia en el mismo sentido en que Lutero la tomó, i.e., una razón humana incapaz de entender incluso las verdades morales, el libre albedrío destruido, la substancia misma del hombre transformada en algo malo. Pero de acuerdo a la teología católica, el hombre no ha perdido sus facultades naturales. Por su pado, Adán únicamente fue privado de los dones divinos a los que su naturaleza no tenía derecho en sentido estricto: el dominio total de sus pasiones, la exención de la muerte, la gracia santificante y la visión de Dios en la vida futura. El Creador, cuyos dones no son debidos a la humanidad, tenía perfto derecho de otorgarlos en las condiciones en que quisiera y hacer depender su conservación de la fidelidad del jefe de la familia. Un príncipe puede conferir honores hereditarios bajo la condición de que quien los ribe se mantenga fiel y de que, en caso de rebelarse, se le despojará de tal dignidad, y en consuencia, también a sus descendientes. No es, sin embargo, comprensible, que se ordene la mutilación de las manos y pies de los descendientes inmediatamente después de su nacimiento a causa de una falta cometida por el padre. Esta comparación representa la doctrina de Lutero y que no podemos defender. En el caso de los niños que mueren teniendo en sus almas exclusivamente el pado original, fuera de la privación de la vista de Dios, la doctrina de la Iglesia no ronoce para ellos castigos sensibles en la vida futura [Denz. N. 1526 (1389)] (Se ha suscitado en años rientes un intenso debate teológico sobre la verdadera situación de los niños que mueren sin bautismo antes de la edad de ser responsables de sus actos- y por tanto, únicamente bajo el pado original- pero hasta el momento presente el Magisterio de la Iglesia no ha hecho una dlaración definitoria al respto.N.T.)
VI. NATURALEZA DEL PADO ORIGINAL
Este es un punto difícil y se han inventado muchos sistemas para explicarlo. Bastará dar la explicación teológica más común ahora. El pado original es la privación de la gracia santificante como consuencia del pado de Adán. Esta solución, que es la de Santo Tomás, se remonta a San Anselmo e incluso a las tradiciones de la Iglesia primitiva, como se desprende de las dlaraciones del Segundo Concilio de Orange (529 D.C.): un hombre ha transmitido a toda la humanidad no sólo la muerte corporal, castigo del pado, sino el pado mismo, que es la muerte del alma [Denz. N. 175 (145)]. Así como la muerte es la privación del principio de la vida, la muerte del alma es la privación de la gracia santificante que, según todos los teólogos, es el principio de la vida sobrenatural. De ese modo si el pado original es "la muerte del alma", también es la privación de la gracia santificante.
El Concilio de Trento, aunque no impuso esta solución obligatoriamente con una definición, sí la vio favorablemente y autorizó su uso (cf. Pallavicini, "Historia del Concilio di Trento", VII-IX). Se describe el pado original no solamente como la muerte del alma (Ses. V., can. II), sino también como "privación de la justicia, contraida por cada niño al momento de su concepción" (Ses. VI., cap. III). Claro que el Concilio llama "justicia" a lo que nosotros llamamos gracia santificante (Ses. VI), y así como cada niño debería tener su propia justicia personal, así ahora, luego de la caída, sufre su propia privación de justicia. Podemos añadir otro argumento, basado en el principio ya citado de San Agustín, "el pado deliberado del primer hombre es la causa del pado original". Este principio es desarrollado posteriormente por San Anselmo: "el pado de Adán fue una cosa pero el pado de los niños al nacer es algo distinto; el primero fue la causa, el segundo es el efto" (De conceptu virginali, XXVI). El pado original en un niño es distinto de la falta de Adán; es uno de sus eftos. Pero ¿cuál de todos los eftos es? Debemos examinar varios eftos del pado de Adán y rhazar aquellos que no pueden ser el pado original.
1. Muerte y sufrimiento- Estos son puramente males físicos y no pueden ser llamados pado. San Pablo, y luego de él los concilios, ven la muerte y el pado original como dos cosas distintas transmitidas por Adán.
2. Concupiscencia- Esta rebelión del apetito inferior, transmitida de Adán a nosotros, es una ocasión de pado y en ese sentido se acerca al mal moral. Sin embargo, la ocasión de pado no es nesariamente un pado y aunque el pado original queda borrado por el bautismo, la concupiscencia permane en la persona bautizada. Por ello el pado original y la concupiscencia no pueden ser la misma cosa, como sostuvieron los primeros protestantes. (véase Concilio de Trento, Ses. V., can. V).
3. La ausencia de la gracia santificante en los niñoir¿1ËAs rién nacidos es también efto del primer pado, ya que Adán, habiendo ribido de Dios la santidad y la justicia, no sólo la perdió para él, sino para nosotros (loc. Cit., can. II). Y si lo perdió para nosotros, quiere dir que deberíamos haberlo ribido de él al nacer, junto con las otra prerrogativas de nuestra raza. La ausencia de la gracia santificante en los niños es una privación real; es la carencia de algo que, según el plan divino, debería estar en el niño. Si ese don no es algo simplemente físico, sino algo del orden moral, la santidad, su privación podría ser llamada pado. Y la gracia santificante es santidad y así es llamada por el Concilio de Trento, pues la santidad consiste en la unidad con Dios y la gracia nos une íntimamente con Dios. La bondad moral consiste en que nuestra acción es congruente con la ley moral, pero la gracia es deificación, como dicen los Padres, una conformidad perfta con Dios quien es la regla primaria de toda moralidad. (Véase GRACIA). La gracia santificante, por tanto, pertene al orden moral no como un acto pasajero sino como una tendencia permanente que existe aun cuando el sujeto que la posee no realice acto alguno. Es una vuelta hacia Dios, conversio ad Deum. Consuentemente, la privación de esa gracia, aún sin que se dé ningún otro acto, constituye una mancha, una deformidad moral, un volverse lejos de Dios, aversio a Deo, y tal carácter no se encuentra en ningún otro de los eftos del pado de Adán. Esta privación, entonces, es la mancha hereditaria.
VII. ¿QUÉ TAN VOLUNTARIO?
No puede haber pado que no sea voluntario. Tanto el educado como el ignorante ronocen esta verdad evidente", escribe San Agustín (De vera relig., XIV, 27). La Iglesia ha condenado la solución opuesta dada por Baius [prop. XLVI, XLVII, en Denz., n. 1046 (926)]. El pado original no es un acto sino, como ya se explicó, un estado, una privación permanente, y esto puede ser voluntario indirtamente- tal como un ebrio está privado de razón e incapaz de usar su libertad, sin embargo está en ese estado por su libre voluntad y por ello su ebriedad, su falta de razón, son voluntarias y le son imputables. Pero ¿cómo se puede considerar el pado original como algo voluntario, aún indirtamente, en un niño que nunca ha utilizado su libre albedrío personal? Algunos protestantes sostienen que un niño al llegar al uso de razón consentirá en su pado original. Pero nunca nadie ha pensado siquiera en dar tal consentimiento. Además, el pado ya existe en el alma aún antes del uso de razón, según los contenidos de la Tradición sobre el bautismo de niños y el pado contraído por generación. Algunos teosofistas y espiritistas admiten la preexistencia de las almas que han pado en una vida anterior de la que ya no se acuerdan. Pero aparte de lo absurdo de esta metempsicosis, contradice la doctrina del pado original; substituye muchos pados particulares con un pado de un padre común que transmite pado y muerte a todos (cf. Rom, 5, 12 ss). Toda la religión cristiana, dice San Agustín, puede resumirse en la intervención de dos hombres, uno que nos arruinó y otro que nos salvó (De pc. orig. XXIV). Se debe buscar la solución corrta en la voluntad libre de Adán y su pado, y tal voluntad libre era nuestra: "todos estabamos en Adán", dice San Ambrosio, citado por San Agustín (Opus imperf. IV, civ). San Basilio nos atribuye la acción del primer hombre: "Puesto que nosotros no ayunamos (cuando Adán comió de la fruta prohibida) hemos sido expulsados del paraíso" (Hom. I de jejun., IV). Más antiguo aún es el testimonio de San Ireneo: "Nosotros ofendemos a Dios en la persona del primer Adán al desobeder su prepto". (Haeres., V, xvi,3).
De ese modo explica Santo Tomás la unidad moral de nuestra voluntad con la voluntad de Adán. "Un individuo puede ser considerado o como individuo o como parte de un todo, como un miembro de una sociedad. Considerada de esta segunda manera, una acción puede ser propia aunque no la haya realizado uno mismo, ni por su propia voluntad, sino en el resto de la sociedad o en su cabeza, si se piensa que una nación hace algo cuando su príncipe lo hace. Esto se debe a que una sociedad se considera como una sola persona de la que los individuos son miembros diferentes (San Pablo, I Cor., XII). La multitud de hombres que riben su naturaleza de Adán se puede considerar como una sola comunidad o un solo cuerpo... Si el hombre, que debe a Adán su privación de la justicia original, es considerado una persona privada, tal privación no es su "pado" puesto que el pado es esencialmente algo voluntario. Sin embargo, si lo consideramos miembro de la familia de Adán, como si todos los hombres fueran uno solo, entonces su privación participa de la naturaleza de pado a causa de su origen voluntario, pues tal fue el pado de Adán" (De Malo, IV, l). Es esta ley de solidaridad, admitida por el sentimiento común, la que atribuye a los infantes parte de la vergüenza resultante del crimen de los padres. No es un crimen personal, objetan los pelagianos. "No", respondió San Agustín, "pero sí es un crimen paternal" (Op. Imperf., I, cxlvii). Siendo yo una persona distinta, estrictamente no soy responsable de los crímenes de otra persona; su acto no es mío. Sin embargo, siendo yo miembro de la familia humana, se considera que actúo a una con el cabeza de esa familia, quien la representa en lo tocante a la conservación o pérdida de la gracia. Soy, en ese sentido, responsable de mi privación de la gracia, aceptando mi responsabilidad en el sentido más amplio de la palabra. Esto, empero, es suficiente para hacer de mi estado de privación de la gracia algo hasta cierto punto voluntario y, por ende, "sin caer en el absurdo, se puede dir que es voluntario" (San Agustín, "Retract.", I,xiii). De ese modo se responden entonces las principales dificultades de los no creyentes respto a la transmisión del pado. "El libre albedrío es esencialmente incomunicable." Físicamente, sí; moralmente, no. La voluntad del padre es como si fuera la de sus hijos. "Es injusto hacernos responsables de un pado cometido antes de nuestro nacimiento." Eso es cierto si se trata de una responsabilidad en sentido estricto; si se trata del sentido amplio de la palabra, no. El crimen cometido por el padre marca con la vergüenza a los hijos aún no nacidos, y les hace cargar una parte de la responsabilidad del padre. "Su dogma nos hace estrictamente responsables de la falta de Adán." Ello constituye una concepción errónea de nuestra doctrina. Nuestro dogma no atribuye a los hijos de Adán ninguna responsabilidad propiamente dicha por el acto de su padre, ni dice que el pado original es voluntario en el sentido estricto de la palabra. Es verdad que, considerado como una "deformidad moral", una "separación de Dios", "la muerte del alma", el pado original es un pado real que priva al alma de la gracia santificante. Es tan pado como lo es el pado habitual, que es el estado en el que queda colocado un adulto a causa de una falta grave y personal, la "mancha" que Santo Tomás define como "privación de la gracia" (I-II:109:7; III:87:2, ad 3), y es prisamente desde ese punto de vista que el bautismo, al poner fin a la privación de la gracia, "borra todo aquello que constituye un pado real y propiamente dicho", ya que la concupiscencia que permane "no es un pado real y propiamente dicho", aunque su transmisión es igualmente voluntaria (Concilio de Trento, Ses. V, can. V). Considerado prisamente como voluntario, el pado original es únicamente la sombra de un pado propiamente dicho. Según Santo Tomás, (In Sent., dist. XXV, q. I, a. 2, ad 2um), no se le llama pado en el mismo sentido, sino sólo en sentido análogo. Varios teólogos de los siglos diisiete y diiocho exageraron esta participación al menospriar la importancia de la privación de la gracia en la explicación del pado original, e intentar explicarlo exclusivamente por nuestra participación en el acto de Adán. Exageran la idea de lo voluntario en el pado original por considerar que es la única forma de explicar de qué modo se le puede considerar propiamente un pado. Tal opinión, diferente de la de Santo Tomás, dio pie a problemas innesarios e insolubles, y ha sido totalmente abandonada hoy día.
S. HARENT
Transcrito por Sean Hyland
Traducido por Javier Algara Cossío.
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