Metafísica
I. El nombre.
II. La definición.
III. El rhazo de la metafísica.
IV. Relación de la metafísica con otras ciencias.
V. Relación de la metafísica con la teología.
VI. El método de la metafísica.
VII. Historia de la metafísica.
(1) Filosofía hindú.
(2) Filosofía griega.
(3) Filosofía cristiana primitiva.
(4) Filosofía medieval.
(5) Filosofía moderna.
VIII. Doctrina del Ser.
Metafísica es la porción de la filosofía que trata de los más generales y fundamentales principios subyacentes de toda realidad y todo conocimiento..
I. EL NOMBRE
La palabra metafísica es formada del griego meta ta phusika, un título que, alrededor del año 70 d. C.., fue relacionado por Andrónico de Rodas con la colción de tratados aristotélicos que desde entonces lleva el nombre de "Metafísica". Aristoteles mismo se hubo referido a esa porción de la filosofía como "la ciencia teológica" (theologikê), debido a que culminaba con la consideración de la naturaleza de Dios, y como "filosofía primera" (prôtê philosophia), tanto porque ella considera las causas primeras de las cosas, y porque, a su parer, es primera en importancia. El editor, sin embargo, desestimó ambos títulos, y, porque él creía que esa parte del corpus aristotélico seguía naturalmente a los tratados de física, la intitulo "más allá de la física". Éste es el origen histórico del nombre. Sin embargo, una vez dado el nombre, los comentadores buscaron encontrar razones intrínsas para su pertinencia. Por ende, se entendió significar "la ciencia del mundo más allá de la naturaleza", esto es, la ciencia de lo inmaterial.De nuevo, se entendió que se refería al orden cronológico o pedagógico entre nuestros estudios filosóficos, de modo que "las ciencias metafísicas significaran, aquellas que estudiamos después de haber dominado las ciencias que tratan con el mundo físico" (St. Tomás, "In Lib, Boeth. de Trin.", V, 1). En el difundido, aunque erróneo, uso del término en la actual literatura popular, hay un remanente de la noción de que metafísico significa ultra-físico: así, "sanidad metafísica" significa sanidad mediante medios de curación que no son físicos.
II. DEFINICIÓN
El término metafísica, como se usa por una escuela de filósofos, se estrha para significar la ciencia de los fenómenos mentales y de las leyes del pensamiento. En este sentido es empleado, por ejemplo, por Hamilton ("Ltures on Metaph.", Lt. VII) como sinónimo de psicología. Hamilton sostiene que la psicología empírica, o fenomenología de la mente, trata de los hhos de conciencia; la psicología racional, o nomología de la mente, trata de las leyes de los fenómenos mentales; y la metafísica, o psicología inferencial, trata de los resultados derivados del estudio de los hhos y las leyes de la mente. Este uso del término metafísica es infortunado porque descansa en la falsa suposición de Descartes en cuanto a que el método de la metafísica es subjetivo, en otras palabras, que todas las conclusiones de la metafísica están basadas en el estudio de fenómenos subjetivos, o mentales.
Tomando un panorama y método más amplio de metafísica, los seguidores de Aristóteles y muchos otros quienes no ronocen a Aristóteles como un líder en la filosofía definen la ciencia en términos de toda la realidad, tanto subjetiva como objetiva. Aquí se ofren cinco formas de definición que ultimadamente significan una y la misma cosa:
(1) Metafísica es la ciencia del ser en cuanto ser.
Ésta es la definición de Aristóteles (peri tou ontos ê on) - (Met., VI, 1026 a, 31). En esta definición metafísica esta colocada en el género "ciencia".Como ciencia tiene, en común con otras ciencias, esta característica de buscar el conocimiento de las cosas en sus causas. Lo que es puliar en la metafísica es la diferencia "del ser en cuanto ser". En esta frase están combinados de una vez el objeto material y el objeto formal de la metafísica. El objeto material es ser, el completo mundo de la realidad, ya sea objetivo o subjetivo, posible o actual, abstracto o concreto, inmaterial o material, finito o infinito. Todo lo que existe entra dentro de la visión del preguntar metafísico. Otras ciencias están restringidas a uno o varios departamentos de ser: la física tiene su limitado campo de investigación, las matemáticas están concertadas sólo con aquellas cosas que tienen cantidad. La metafísica no conoce tales restricciones. Su dominio es toda la realidad. Por ende, el alma humana y Dios, puesto que no tienen ni color ni peso, ni propiedades térmicas o eléctricas, no caen dentro de la visión del físico; porque están exentas de cantidad, no entran dentro del campo de investigación del matemático. Pero, puesto que son seres, sí entran en el dominio de la investigación metafísica. El objeto material de la metafísica es, luego, todo ser. Como dice Aristóteles (Met., IV, 1004 a, 34): "Es la función del filósofo el poder investigar todas las cosas.".Su objeto formal también es "ser", o "ser-idad" (lo que hace que las cosas sean, ’beingness’ en el original, N. del T.). El objeto formal de cualquier ciencia es aquella particular fase, cualidad, o aspto de las cosas que interesa a esa ciencia de un modo espífico. Hombre, por ejemplo, es el objeto material de la psicología, la ética, la sociología, antropología, filología, y varias ciencias más. El objeto formal, sin embargo, de cada una de éstas es diferente. El objeto formal de la psicología son los fenómenos mentales y sus sujetos; el objeto formal de la ética es la relación del hombre con su destino último; aquella de la sociología es la relación del hombre con sus colegas-hombres dentro de instituciones, leyes, costumbres, etc.; aquella de la filología es el uso del hombre del discurso articulado. El objeto formal del grupo de la física en general son las llamadas propiedades físicas de los cuerpos, como lo son luz, sonido, calor, constitución molular, en general, etc. El objeto formal del grupo matemático es la cantidad; lo que interesa a los matemáticos no es el color, el calor, etc. de un objeto, sino su tamaño o volumen. De manera similar el metafísico está interesado de un modo espífico, no en las cualidades físicas o matemáticas de los objetos, sino en su entidad o existencia. Si, luego, la física es la ciencia del ser como aftado por las propiedades físicas, y las matemáticas es la ciencia del ser como poseedor de cantidad, la metafísica es la ciencia del ser en cuanto ser. Puesto que el objeto material de la metafísica es todo ser, el metafísico está interesado en todo lo que es o puede ser. Puesto que el objeto formal de su estudio es, de nuevo, el ser, el punto de vista de la metafísica es diferente del de otras ciencias. El metafísico estudia toda la realidad; de cualquier modo, la ciencia resultante no es la suma de las ciencias departamentales que tratan con porciones de la realidad, porque su punto de vista es diferente de aquel del estudiante de las ciencias departamentales.
(2) La metafísica es la ciencia del ser inmaterial.
La ciencia primera", dice Aristóteles (Met., VI, 1026 a, 16), "trata con cosas que están tanto separadas (de la materia) e inmóviles." En está conexión los escolásticos (Cf. St. Thom., ibid.) distinguían dos clases de inmaterial: immaterial quoad esse, o seres inmateriales, tales como Dios o el alma humana, los cuales existen sin materia;
immaterial quoad conceptum, o conceptos, tales como substancia, causa, cualidad, en la comprensión en la que la materia no tiene lugar.
La metafísica, en tanto que trata de los seres inmateriales, es llamada metafísica espial y está dividida en psicología racional, la cual trata del alma humana, teología racional, que trata de la existencia y atributos de Dios, y cosmología, que trata de los ulteriores principios del universo. La metafísica en tanto que trata con los conceptos inmateriales, de aquellas nociones generales entre los cuales la material no está incluida, es llamada metafísica general, u ontología, esto es, la ciencia del ente. Tomando ahora el término en su sentido más amplio, de modo que incluya la metafísica general y espial, cuando dimos que la metafísica es la ciencia del inmaterial, queremos dir que lo que sea que exista ya sea un ser inmaterial o un ser material mientras que nos ofrezcan conceptos inmateriales, tales como substancia o causa, es el objeto de investigación metafísica. De este modo, se hace evidente que está definición coincide con lo dado en el párrafo predente.
(3) La metafísica es la ciencia de las concepciones más abstractas.
Toda ciencia, de acuerdo con los escolásticos, trata con lo abstracto. El conocimiento de los objetos concretos individuales de nuestra experiencia, con sus siempre cambiantes cualidades y las particulares características individualizadoras que las hace un individuo (por ejemplo, el conocimiento de este árbol, de aquella flor, de este animal y persona particular) puede ser conocimiento muy útil, pero no es científico. El conocimiento científico empieza, cuando abstraemos de lo que hace que la cosa sea individual, cuando la conocemos en los principios generales que la constituyen. El primer grado de abstracción está en las ciencias físicas que abstraen meramente de las características que particularizan e individualizan, y considera las leyes generales, o principios, del movimiento, luz, calor, cambio substancial, etc. Las ciencias matemáticas ascienden más en la escala de abstracción. Ellas dejan fuera de consideración no sólo las cualidades que individualizan sino también las cualidades físicas de las cosas, y consideran sólo la cantidad y sus leyes. Las ciencias metafísicas alcanzan el punto más alto de abstracción. Ellas prescinden, o abstraen, no sólo de aquellas cualidades de los físicos, sino también dejan fuera de consideración la determinación de la cantidad. Sólo consideran Ser y sus más altas determinaciones, tales como substancia, causa, cualidad, acción, etc. "Hay una ciencia", dice Aristóteles (Met. IV 1003 a, 21), "la cual investiga el ser en cuanto ser, y los atributos que pertenen a esta virtud de su propia naturaleza." (ta toutô huparchonta kath hauto). Luego la objión de que la metafísica es una ciencia abstracta militaría, en estimación de los escolásticos, no sólo en contra de la metafísica sino también de las otras ciencias. La puliaridad de la metafísica no es que sea abstracta, sino que lleva el objeto de abstracción más allá de lo que lo hacen las otras ciencias. Esto, sin embargo, no la hace ser irreal. Al contrario, lo que es dejado fuera de consideración en la metafísica propiamente las cualidades que individualiza, el movimiento físico y la cantidad espífica, deriva cualquier realidad tengan como concepciones del concepto, Ser, que es el objeto de la metafísica. La metafísica, de hecho, es la más real de todas las ciencias prisamente porque abstrayendo de todo lo demás, ha centrado, por dir, su pensamiento en el Ser, que es la fuente y raíz de realidad en todo otro lugar de las otras ciencias.
(4)La metafísica es la ciencia de las concepciones más universales.
Esto se seguiría de la consideración ofrida en el parágrafo predente porque, por una bien conocida ley de la lógica, a menor comprensión mayor extensión de un término o concepto. La ciencia que trata con las ideas más abstractas debe, luego, ser la ciencia de las concepciones más universales. Entre nuestras ideas las más universales deben ser el ser, y las determinaciones de él que son llamadas trascendentales, dígase la unidad, verdad, bondad, y belleza, cada cual es co-extensiva de ser eso mismo, de acuerdo con las fórmulas, "Cada ser es uno", "Cada ser es verdadero", etc. En seguida sigue en universalidad las más altas determinaciones del ser en los géneros supremos, substancia y accidente, o, si el ser es analizado en el orden de su constitución metafísica, esencia y existencia, potencia y actualidad. Muy arriba en la escala de la extensión estarán causa y efto. Todas estas están incluidas en el rango del preguntar metafísico, y son enfrentadas en todo manual escolástico de metafísica."Ser en sus más altas determinaciones" es, entonces, otro modo de describir el objeto de la metafísica. ¿Dónde, sin embargo, debemos poner un límite? ¿Qué determinaciones no son las más altas? Por ejemplo, ¿son el espacio y el tiempo determinaciones del ser, que son lo suficientemente generales para ser consideradas en la metafísica? La respuesta a estas preguntas debe ser didida acorde con las exigencias de la conveniencia práctica. Muchos de los problemas incluidos en la metafísica general pueden ser convenientemente tratados en partes espiales, tales como la cosmología y la psicología.
(5) La metafísica es la ciencia de los principios primeros.
Esta definición también es dada por Aristóteles (Met. IV, 1003 a, 26). Toda ciencia es un preguntar hacia las causas y los principios de las cosas; esta ciencia pregunta hacia los primeros principios y las causas más altas, no sólo en el orden de la existencia, sino también en el orden del pensamiento. Pertene, entonces, a la metafísica el preguntar hacia la naturaleza de causa y principio en general y determinar el significado de los diferentes tipos de causalidad, formal, material, eficiente y final; investigar los primeros principiasen el orden del conocimiento, y establer la validez, por ejemplo, de los principios de identidad y contradicción.
Todas estas definiciones son expresiones de la doctrina aristotélica de la metafísica, como la física y la matemática, es una ciencia de la realidad, estando más allá de la visión de la metafísica si es que la realidad es, o no, dada por la experiencia. Esta pregunta, que es fundamentalmente importante en la filosofía moderna, era discutida por los escolásticos en esa porción de la lógica a la cual llamaban lógica crítica, mayor, o aplicada, pero que ahora se llama epistemología (véase LOGICA). Hoy en día sin embargo, el problema epistemológico, por un fatal error de método, es asignado a la metafísica, y el resultado es la confusión entre dos ramas de la filosofía, en efto, la metafísica y la epistemología. En trabajos como "System of Metaphysics" (Nueva York, 1906) de Fullerton y "Metaphysics of Experience" (London, 1898) de Hodgson no se hace el intento de separarlas.
III. EL RHAZO DE LA METAFÍSICA
El rhazo de la metafísica por muchas escuelas de filosofía en los tiempos modernos es uno de los más notables desarrollos de la filosofía post-cartesiana. Una diferencia en el punto de vista resulta en una gran divergencia en la estimación basada en los estudios metafísicos. Por un lado tenemos el veredicto de que la metafísica no es sino "resplandor trascendental", por el otro, la opinión de que es "sentido común organizado", o "un esfuerzo inusualmente obstinado de pensar atinadamente". El materialismo, naturalmente, objeta dlarar la metafísica como una ciencia de lo inmaterial. Si nada existe excepto la materia, una ciencia de lo inmaterial no tiene justificación. Los materialistas, sin embargo, olvidan que la aseveración "Nada existe excepto la materia", es o la sumatoria de la experiencia individual del materialista mismo, significando que nunca ha experimentado él nada a excepción de la materia y sus manifestaciones, y luego la aseveración es solo de interés biográfico; o es una afirmación concerniendo posible experiencia humana, una dlaración de la imposibilidad de existencia inmaterial, y en ese sentido es una dlaración que en ella misma tiene una traza metafísica. El materialismo es, de hecho, una teoría metafísica de la realidad y es una contribución a la ciencia que profesa rhazar. El gnosticismo filosófico, que se deriva ultimadamente de la doctrina de Kant de lo inconocible de la realidad nouménica (Ding an sich), rhaza la metafísica sobre la base de que mientras que lo inmaterial, en efto, existe, de cualquier modo es desconocido y debe permaner inconocible para la razón espulativa. Kant sostenía que todo razonar metafísico, puesto que intenta mediante la razón espulativa ir más allá de la experiencia, está condenado a fracasar, porque las formas a priori que el entendimiento impone sobre los datos empíricos del conocimiento modifican la calidad de ese conocimiento haciéndolo ser trascendental, pero no lo extienden más allá del dominio del sentido experimental actual. Los seguidores de Kant estigmatizan como formalismo inteltual la visión de que la razón espulativa de facto ataña conocimiento ultra-empírico. Ésta es la contención de los modernos y otros escritores católicos que están más o menos influenciados por Kant. Estos desestiman la metafísica racional y ofren como substituto una metafísica basada en sentimientos, actividad vital, o algún otro fundamento no racional.
La respuesta a esta línea del pensamiento es una negación de su principio fundamental, la doctrina de que la facultad racional no puede adquirir un conocimiento de la naturaleza esencial o nouménica de las cosas. La dlaración gratuita es de continuo mejor refutada por negación categórica. El rhazo de la metafísica desde el materialismo y el agnosticismo kantiano no encuentra la aprobación completa del idealismo. En vez de aniquilar la metafísica de la república de las ciencias, el idealista, habiéndola privado de su carácter científico, la eleva al rango de preeminencia estética codo a codo con la poesía. Considera que ella adorna un punto de vista desde el cuál contemplar la belleza, armonía, y el valor de aquellas cosas que las ciencias meramente explican. Considera que no es la provincia de la metafísica asignar razones o causas, sino adornar motivos para la acción y habilitar el valor de la realidad. Para él, su animosa y regeneradora función es enteramente independiente de su alegada habilidad para explicar: Considera a la metafísica, no como una ontología, o ciencia de la realidad, sino como una teleología, o aplicación del principió de propósito. Que ésta es una función de la metafísica nadie lo negará. Es sólo una función, sin embargo, y a menos que la doctrina de las causas finales tenga su fundamento en una doctrina de causas formal y eficiente, la metafísica teleológica es un castillo en el aire. Finalmente, el positivista, y el científico, a quien el positivista ha influenciado, rhazan la metafísica porque todo nuestro conocimiento está confinado a hhos, y la relación entre esos hhos. Intentar ir más allá de los hhos y la sucesión o concomitancia de los hhos es orquestar lo imposible. Causas, esencias, y lo restante, son términos que abrigan en ropajes ficticios nuestra ignorancia de la explicación científica real. La idea general del positivismo está contenida en el veredicto de Hume "es imposible ir más allá del experiencia". Este dictum psicológico es aceptado por el positivismo filosófico, como la sentencia de muerte de la metafísica. Con el científico, sin embargo, otras consideraciones pesan más que el argumento psicológico. El científico apunta a la condición presente de la metafísica; llama la atención al hecho de que, mientras que las ciencias físicas han avanzado mediante saltos y rebotes, la metafísica todavía está ligada a los más fundamentales problemas y no ha siquiera establido las cuestiones de las que su misma existencia depende. La condición de la metafísica es, eftivamente, tal como invitar al desprio y provocar al desdén de los científicos; la culpa, sin embargo, puede no descansar tanto en las dlaraciones de la metafísica como en las bagatelas de los metafísicos
IV. RELACIÓN DE LA METAFÍSICA CON OTRAS CIENCIAS
La consideración de la relación que la metafísica sostiene, o debe sostener, con las otras ciencias debe resultar de una refutación de la contención positivista de que la metafísica es inservible. En primer lugar, la metafísica es la ciencia natural coordinadora que corona los esfuerzos unificadores de las otras ciencias. Cumple en el más alto plano del conocimiento ese proceso de unificación hacia el cual la mente humana tiende irresistiblemente. Sin ella, las explicaciones y coordinaciones resultantes de las ciencias menores serían, quizás, satisfactorias entre los límites de esas ciencias, pero fallarían en lograr los requerimientos de ese instinto unificador que la mente tiende a aplicar al conocimiento en general. En tanto que la mente del conocedor es una, es imposible no intentar traer bajo las más generales concepciones y principios las conclusiones de las varias ciencias. Ése es el trabajo de la metafísica. En cualquier momento que miremos alrededor, entre los contenidos de la mente, y tratemos de descubrir orden y arreglo jerárquico entre ellos, estamos intentando un sistema metafísico. En segundo lugar, el proceso de explicación que pertene a cada una de las ciencias menores, si se persigue suficientemente, nos trae cara a cara con la petición de una explicación metafísica. Así, el problema químico de la constitución atómica o proto-atómica de los cuerpos empuja inevitablemente a la pregunta, "¿Qué es la materia?" El problema biológico de la naturaleza y el origen de la vida nos trae al punto en el que es imperativo responder a la pregunta, "¿Qué es la vida?" Las preguntas: "¿Qué es substancia? ¿Qué es causa? ¿Qué es cantidad?" son ejemplos adicionales de los problemas a los cuales la física, matemáticas, etc. finalmente llevan. En efto, el mundo de la ciencia está completamente rodeado por el mundo de la metafísica, y todo camino de investigación nos lleva a la autopista del preguntar, que tarde o temprano cruza la frontera y nos lleva hacia la metafísica. Cuando luego, es científico rhaza la metafísica, suprime una tendencia natural e inextinguible de la mente individual a la unificación y, al mismo tiempo, trata de levantar en toda autopista y sendero de su propia ciencia una barrera contra el progreso posterior en dirción de la explicación racional. Además, el cultivar el hábito metafísico de la mente es productivo en excelentes resultados en la esfera de la cultura general. La facultad de apriar principios tanto como a los hhos es una cualidad que no puede estar ausente de la mente sin detrimento a esa simetría del desarrollo en que la verdadera cultura consiste. Es científico que objeta la metafísica, en seguida condena al metafísico que desdeña considerar los hhos. Él mismo, a menos que cultive las potencias metafísicas de la mente, está en peligro de alcanzar el punto en donde es incapaz de apriar los principios. Ambos el talento empírico de acertar en los hhos, y el atino metafísico de los principios y las leyes, son nesarios para el redondeo de las potencias mentales del hombre, y no hay razón por la cual ambas deban de no ser cultivadas.
V. RELACIÓN DE LA METAFÍSICA CON LA TEOLOGÍA.
La naturaleza de la metafísica determina su esencial e íntima relación con la teología. La teología, sin mucha nesidad de dirlo, deriva sus conclusiones de premisas que son reveladas, y en tanto que hace esto se eleva por encima de todas las escuelas de filosofía o metafísica. Al mismo tiempo es una ciencia humana, y, como tal, debe formular sus premisas en terminología exacta y debe emplear procesos del raciocinio humano al obtener sus conclusiones. Para esto, depende de la metafísica. Algunas ves, en efto, como cuando enfrenta los misterios supernaturales de la fe, la teología ronoce que las concepciones metafísicas son inaduadas y las fórmulas metafísicas incompetentes para expresar las verdades discutidas. De cualquier modo, si la teología no tuviera formularios metafísicos en los cuales confiar, no podría ni expresar sus premisas ni deducir sus conclusiones de un modo científico. De nuevo, la teología confía en la metafísica para probar ciertas verdades, llamadas los preambula, los cuales no son revelados sino de cualquier modo presupuestos antes de la revelación y pueden ser considerados razonables o posibles. Estas verdades no son los cimientos en los que descansamos nuestra fe supernatural. Si ellos fallaran, la fe no sufriría, aunque la teología debería ser ronstruida en otros cimientos. Más allá, la metafísica, como Aristóteles señaló, culmina en la discusión de la existencia y naturaleza de Dios. Dios es el objeto de la teología. Es completamente natural, por lo tanto, que la metafísica y la teología deban de tener muchos puntos de contacto, y que ésta deba de descansar en aquella. Finalmente, puesto que toda verdad es una, tanto en la fuente desde la cual se deriva, y en el sujeto, la mente humana, a la cual adorna, debe haber una relación entre dos ciencias que, como la teología y la metafísica, tratan de las más importantes concepciones de la mente humana. La diferencia en el método de tratamiento, la teología confiando en la revelación, y la metafísica en la pura razón, no afta la unidad de propósito y la final armonía de las conclusiones de estas dos ciencias.
Pero, mientras la teología así obtiene asistencia de la metafísica, no pueda haber duda que la metafísica ha adquirido ventajas de su cercana asociación con la teología. La filosofía pre-cristiana fallaba en adquirir prisas determinaciones metafísicas de las nociones de sustancia y persona. Este defto fue corregido en parte por Orígenes, Clemente, y Atanasio, y en parte por sus sucesores, los escolásticos; el impulso en ambos casos fue dado a la definición filosófica por los requerimientos de la espulación teológica concerniente a la Sagrada Trinidad. La filosofía pre-cristiana fallaba en dar coherente y satisfactoria cuenta del origen del mundo: los mitos de Platón y la doctrina de la eternidad de la materia de Aristóteles no podían por largo tiempo continuar satisfaciendo la mente cristiana. Fue, una vez más, la escuela alejandrina de metafísica cristiana la que, elaborando la concepción bíblica de la creación ex nihilo, dio una explicación del origen del universo tan satisfactoria a los metafísicos como a los teólogos. Finalmente, la doctrina católica de la transubstanciación, como fue discutida por los escolásticos, dio ocasión para una más definida y detallada determinación de la concepción metafísica de accidente en general y de cantidad en lo particular.
VI. EL MÉTODO DE LA METAFÍSICA
Entre las objiones más fruentes usadas contra metafísica, espialmente contra metafísica escolástica, es el carácter acientífico de su método. El metafísico, se nos dice, busca el camino a priori del conocimiento; rhaza o hasta condena el uso del método empírico a posteriori que es empleado con tanta ganancia en la investigación de la naturaleza; teje como dice Bacon , los hilos de la tela metafísica desde los contenidos de su propia mente, como la araña teje su red de la substancia de su cuerpo, en vez de roger de cada fuente del mundo alrededor de él los materiales de su estudio, y después trabajarlos todos juntos hasta llegar a principios metafísicos, como la abeja roge néctar de las flores y elabora de él su miel. De modo que sea posible aclarar el malentendido en el cual subyace esta objión, es nesario señalar que hay tres clases del método metafísico:
El a priori, que, asumiendo ciertos postulados auto evidentes, máximas, y definiciones como verdaderas, proceder deductivamente a esbozar conclusiones implicadas en esas suposiciones; el método subjetivo a posteriori, que, del examen de los phenomena de la conciencia construye empíricamente, esto es, inductivamente, conclusiones basadas en aquellos phenomena; el método objetivo a posteriori, que construye de los hhos de la experiencia en general del mismo modo en que el método subjetivo construye con los hhos de la introspción.
El segundo método es pre-eminentemente el método de los cartesianos, quienes, como su líder, Descartes, buscaron construir todo el edificio de la filosofía sobre el fundamento de la reflexión de nuestros procesos mentales: Cogito, ergo sum. También es el método de los kantianos, quienes, negando la base psicológica de la metafísica como insegura, construyen en la base moral, el imperativo categórico, su línea de razonamiento es: "Yo debo, luego soy libre", etc.. El tercer método es de aquellos quienes, negando las concepciones aristotélica, esencia, substancia, causa, etc., las substituyen por las llamadas concepciones empíricas de fuerza masa y demás, sobre las cuales intentan subsumir las concepciones puliares a varias ciencias en un sistema de metafísica critico-empírica. El primer método es completamente acientífico (en el sentido popular de la palabra) y es adoptado sólo por aquellos filósofos quienes, como Platón, consideran que la verdadera fuente del conocimiento filosófico está por encima de nosotros, no en el mundo alrededor y debajo de nosotros. Si la fórmula universalia ante rem (ver UNIVERSALES) es tomada el sentido exclusivo, entonces no buscaremos en la experiencia, sino a la intuición de un más alto orden de verdad, es por nuestros principios metafísicos. Es una calumnia que se originó en la ignorancia quizá, más que en el prejuicio, que los escolásticos seguían este método a priori en la metafísica. Cierto, el filósofo escolástico de continuo invoca ciertos principios tales como "Agere sequitur esse" "Quidquid ripitur per modum ripientis ripitur" etc. y por tanto deduce conclusiones metafísica. Si, sin embargo, examinamos más de cerca, si volvemos de la "Summa", o libro de texto, donde el adagio es citado sin prueba, al "Comentario a Aristóteles" donde el axioma es introducido por primera vez, encontraremos que se prueba mediante argumentos inductivos o empíricos, y luego se hace una premisa legítima de la cual deducir otras verdad. A dir verdad, los escolásticos usan un método que es a la vez a priori y a posteriori, y el último en sentido objetivo y subjetivo a la vez. En su exposición de la verdad naturalmente usan el método a priori, o deductivo. Es investigación a la verdad exploran empíricamente tanto el mundo de los phenomena mentales entre nosotros, y los phenomena del mundo físico sin nosotros, con el propósito de construir inductivamente aquellos principios metafísicos desde los cuales proceden. Puede concederse que muchos de los escolásticos posteriores son prestos a invocar autoridad en vez de investigar; puede concederse, incluso, que los más grandes escolásticos fueron muy dependientes de los libros, espialmente de las obras aristotélicas, para su conocimiento de la naturaleza. Pero, en principio, al menos los mejores representantes de la escolástica ronocieron que en la filosofía el argumento de autoridad es el más débil, y si en las circunstancias en las que vivieron y escribieron les hicieron imperativo dominar los contenidos de las obras aristotélica sobre la ciencia natural, se debe, de cualquier modo, conceder por todo medianamente educado critico que al menos en metafísica ellos mejoraron las doctrinas del Estagirita.
VII. HISTORIA DE LA METAFÍSICA
La historia de la metafísica naturalmente cae en las mismas divisiones que la historia de la filosofía en general. En un breve apartado del curso que la espulación metafísica ha seguido, sólo será posible considerar las etapas principales, sean éstas (1) filosofía hindú, (2) filosofía griega, (3) filosofía cristiana temprana, (4) filosofía medieval, (5) filosofía moderna.
(1) Filosofía Hindú
De todas las civilizaciones de la antigüedad, los hindis fueron los más exitosos en levantarse rápidamente de las explicaciones mitológicas del universo hacia explicaciones en términos metafísicos. Aparentemente sin pasar por la etapa intermedia de la explicación científica, alcanzaron de una vez las alturas del punto de vista metafísico. Desde el politeísmo o monoteísmo procedieron tempranamente al panteísmo, de eso a una concepción monacal metafísica de la realidad. Su punto de partida fue darse cuenta que el hombre nace en un estado de rudeza y que es su principal deber en la vida salir de esa condición por medio del conocimiento. El conocimiento, enseñaban, que vale más en la lucha por la libertad es este: el mundo de los phenomena sensibles es una ilusión (mâya), todas las cosas reales son idénticas en una substancia suprema, el alma es parte de esta substancia real, y ulteriormente regresará al Todo. La sustancia real es, como señala Max Müller, dicha como un neutro, y en esta doctrina "está contenida in nuce todo sistema de filosofía" ("Six Systems of Indian Philosophy", London, 1899, p. 60) la primera, y la más importante de todas las verdades, luego, es que la realidad es u
Metempsicosis
(Gr. meta empsychos, Lat. metempsychosis: Fr. metempsychose: Alemán. seelenwanderung).
Metempsicosis, en otras palabras la doctrina de la transmigración de las almas, enseña que la misma alma habita en sucesión los cuerpos de diferentes seres, tanto hombres como animales. Era uno de los principios comunes a muchos sistemas de pensamiento filosófico y creencia religiosa grandemente separados entre si tanto geográficamente como históricamente. Aunque en tiempos modernos es asociado entre las razas civilizadas casi exclusivamente con los países de Asia y particularmente de la India, hay evidencia que en uno u otro período ha florido casi en todas partes del mundo; y en una u otra forma es prevaliente aún en varias formas entre las naciones salvajes regadas por el mundo. Esta universalidad pare marcarla como una de esas creencias espontáneas e instintivas por las cuales la naturaleza del hombre responde a los profundos y urgentes problemas de existencia; las numerosas y variadas formas que asume en los diferentes sistemas, y la colorida mitología de que se ha revestido la muestran capáz de apelar poderosamente a la imaginación y de adaptarse con gran versatilidad a muy diferentes tipos de mentes. La explicación de este éxito pare radicar parcialmente en que es una expresión de la creencia fundamental en la inmortalidad, y parcialmente en su facilidad de comprensión, juntando todas las existencias , como mayormente pare hacerlo, en un solo esquema sin fracturas; en parte también en la irrestricta libertad que deja a la mitologizante fantasía.
I. Historia
A. Egipto
Herodoto nos dice en un bien conocido pasaje que "los egipcios fueron los primeros en afirmar la inmortalidad del alma, que a la muerte del cuerpo pasa a otro animal; y que cuando ha hecho la ronda de todas las formas de vida en la tierra, en el agua y en el aire, entonces entra nuevamente en un cuerpo humano nacido para ella; y este ciclo del alma tiene lugar en tres mil años " (ii. 123). Es improbable que la doctrina se halla originado con los egipcios. Casi ciertamente pasó de Egipto a Gria, pero la misma creencia aparió independientemente en muchas naciones desde fechas muy tempranas. Las descripciones de la metempsicosis egipcia varían considerablemente: de hecho, una doctrina así tenía que sufrir modificaciones de acuerdo a los cambios en la religión nacional. En el "Libro de los Muertos ", está contada con la noción de un juicio después de la muerte, siendo la transmigración a formas infrahumanas un castigo por el pado. Ciertos animales eran ronocidos por los egipcios como la residencia de personas espialmente malas y según Plutarco eran por tanto preferidos para propósitos de sacrificio. En la relación de Herodoto dada arriba, esta ausente esta nota ética, y la transmigración es un proceso cósmico puramente natural y nesario. La versión de Platón media entre estas dos visiones. El representa a los egipcios como enseñando que los mortales ordinarios regresan a la forma humana después de un ciclo de diez mil años, pero que un adepto a la filosofía puede lograr el proceso en tres mil años. Había también una forma panteísta de metempsicosis egipcia según la cual el ser individual era considerado como una emanación de un solo principio universal al que estaban destinados a regresar después de completar su "ciclo de nesidad". Hay rastros de esta doctrina de un ciclo cósmico en la Cuarta Égloga de Virgilio. Se ha pensado que la costumbre de embalsamar a los muertos estaba contada con esta forma de doctrina, siendo el fin preservar el cuerpo intacto para el retorno del alma. Es probable que la creencia en tal retorno ayudara a confirmar la práctica, pero difícilmente pudo haber sido el único motivo ya que encontramos que otros animales eran fruentemente embalsamados también.
B. Gria
Gria, como ya se dijo, probablemente tomó prestada de Egipto la teoría de la transmigración. Según la tradición, había sido enseñada por Musaeus y Orpheus, y era un elemento de la doctrina Orfeica y otras doctrinas místicas. Pindar la representa en esta relación (cf. 2nd Ol. Ode). La introducción de la metempsicosis como doctrina filosófica se debe a Pitágoras, quien según nos cuentan, se dijo idéntico al héroe troyano Euforbo, y agregó copiosos detalles de las ulteriores vagancias de su alma. El vegetarianismo y un respeto general por los animales fue la deducción práctica pitagórica de la doctrina. La metempsicosis de Platón fue aprendida de los pitagóricos. Le dio a la doctrina una posición filosófica que nunca antes había poseído; ya que Platón exhibe el más elaborado intento en la historia de la filosofía por encontrar justificación en los hhos de la experiencia para la teoría de la preexistencia del alma. En particular, varios argumentos adoptados más tarde para probar la inmortalidad fueron empleados por él para establer su preexistencia. Tales eran las pruebas del conocimiento universal y la natural atracción del alma hacia el Uno, el Permanente y el Hermoso. Platón atribuye a estos argumentos una fuerza retrosptiva a la vez que prosptiva. Busca demostrar que aprender no es sino una forma de reminiscencia, y que el amor no es sino el deseo de reunión con un bien poseído previamente. El hombre es un espíritu caído, "lleno de olvidos". Su única esperanza es, a través de la educación y la filosofía, ruperar la memoria de si mismo y de la verdad, y así liberarse de las cadenas de la irracionalidad que lo atan. Por tanto solo él puede apresurar su retorno a su "verdadera patria " y su perfta asimilación al Divino. Descuidar ésto puede conducir a mayor y tal vez permanente degradación del mundo del más allá. El hombre sabio tendrá una transmigración ventajosa porque ha practicado la prudencia, y la elección de su siguiente vida será puesta en sus propias manos. El hombre vicioso, ignorante cegado por la pasión , por la razón contraria se encontrará atado a una miserable existencia en alguna forma de vida inferior. El esquema de la metempsicosis de Platón es llamativo por el ámbito que otorga a la libertad humana. La transmigración del alma individual no es un mero episodio de un movimiento mundial universal, predestinado e inmutable. Su curso es realmente influenciado por el carácter, y el carácter es determinado por la conducta. Un objetivo principal de esta teoría era garantizar continuidad personal de la vida del alma, el punto en que falla la mayoría de los otros sistemas de transmigración. Además de Platón y Pitágoras, entre los griegos los principales maestros de esta doctrina fueron Empédocles, Timaeus de Locri, y los Neoplatonistas, ninguno de los cuales amerita nota detallada. Apollonio de Tyana también la enseñó.
C. India
La doctrina de la transmigración no se encuentra en los libros mas antiguos de la India, v.gr., el Rig-Veda; pero en obras más rientes apare como incuestionable dogma, y así ha sido ribido por las dos grandes religiones de la India.
1. Brahmanismo
En el Brahmanismo encontramos la doctrina de ciclos mundiales, de aniquilaciones y restauraciones destinadas a suceder a enormes intervalos de tiempo; y de este movimiento general las fortunas el alma no son más que un incidente. Al mismo tiempo, las transmigraciones son determinadas por el valor moral. Cada acto tiene su rompensa en alguna vida futura. Por ley irreversible, actos malos producen infelicidad, tarde o temprano son éstos nada menos que la lentamente madurada fruta de la conducta, que todo hombre debe comer. Por tanto explican las anomalías de la experiencia presentadas en los infortunios del bien y la prosperidad de los malos: cada uno está "comiendo la fruta de sus actos pasados ", actos cometidos tal vez en alguna muy remota existencia. Tal creencia podría mantener la paciencia y resignación en el presente sufrimiento, pero tiene un sucinto efto desagradable en la visión brahamánica del futuro. Un brahman pío no puede asegurarse de la felicidad en su siguiente encarnación; puede haber el castigo de enfrentar un gran pado aún desconocido. Beatitud es unión con Brahma y emancipación de la serie de nacimientos, pero ningún grado de santidad real puede garantizarlo, puesto que uno está siempre expuesto al peligro de ser arrojado de regreso ya sea por pados pasados o pados futuros, el fruto de los cuales tendrá que ser comido, y repitiéndose, podemos vernos tentados a imaginar, ad infinitum. Permane por ende, un gran temor de la reencarnación.
2. Budismo
El Brahamanismo está ligado a las castas, y es por tanto fuertemente aristocrático insistiendo mucho en las superioridades innatas. El Budismo por el contrario, cruza las divisiones de castas y afirma la importancia cumbre de "obras", de esfuerzo individual, aunque siempre con un trasfondo de fatalismo que es implicado por la negación de la providencia personal. De acuerdo a la doctrina budista, la ambición de ascender hasta la cumbre de la existencia debe ser satisfha infaliblemente, y la misión de Gautama era enseñar el camino para su logro, i.e., a la Budancia y Nirvana. Es solo a través de una larga serie de existencias que se alcanza esta consumación. Gautama mismo tuvo tantas como quinientas cincuenta transmigraciones en varias formas de vida.
El rasgo característico en la metempsicosis budista es la doctrina del Karma, que es un sutil substituto de la concepción de la continuidad personal. De acuerdo a esta concepción no es la individualidad concreta del alma la que sobrevive y emigra a una nueva vida, sino solo el karma, o acción, i.e., la suma de los hhos del hombre, sus meritos, la resultante ética de su vida anterior, su valor total, privado de su individuación anterior, que es considerada como accidental. Conforme el karma sea más o menos, así la siguiente transmigración será una promoción o una degradación. A ves la degradación puede ser tan extrema que el karma se incorpora en un objeto inanimado, como en el caso de un discípulo de Gautama quien por negligencia en el servicio de su maestro fue reducido a la forma de palo de escoba después de su muerte.
D. La más riente enseñanza judía
La noción de la emigración del alma es familiar a los Rabinos judíos. Ellos distinguen dos formas de transmigración,
Gilgul Neshameth, en el que el alma estaba amarrada a la tenencia por vida de un solo cuerpo:
Ibbur, en el que las almas pueden habitar cuerpos por tenencia temporal sin pasar por nacimiento y muerte.
Josephus nos dice que la transmigración era una doctrina de los fariseos, que enseñaban que a los justos debía permitírseles retornar a la vida, mientras que los malos estaban condenados a prisión eterna. Fue su sombría concepción de Sheol, como la sombría concepción griega de Hades, la que los forzó a cambiar a una compensación a la virtud. Por otra parte, algunos de los talmudistas invocan interminables transmigraciones como castigo por crímenes. Las descripciones de los viajes del alma por mar y tierra son elaboradas con riqueza de imaginación, fruentemente rayando en lo grotesco. El propósito redistributivo era mantenido rigurosamente. "Si un hombre había cometido un pado más que sus buenas obras, era condenado a su transformación en alguna forma de vida inferior." No solo ésto, también si la culpa había sido extrema, podría ser condenado a existencia inanimada. Lo que sigue es un ejemplo de lo que aguarda al "más culpable de los culpables ". "Los obscuros atormentadores los persiguen con puyas y látigos de fuego; su persución es incesante; los cazan de los llanos a la montaña, de la montaña al río, del río al océano, del océano alrededor de la circunferencia de la tierra. Así los atormentados huyen aterrorizados, y los atormentadores continúan en la venganza hasta que se agote el tiempo dretado. Entonces los condenados se desmoronan en polvo y cenizas. Les espera otro principio de existencia, el comienzo de un segundo juicio. Se convierten en barro, toman la naturaleza de la piedra y el mineral; son agua, fuego, aire; ruedan en el trueno; flotan en la nube; se apresuran en el remolino. Cambian de nuevo; entran en las formas de las variedades vegetales; viven en el arbusto, la flor, el árbol. Pasan eras y eras. Viene otro cambio. Entran en la forma de la bestia, el pájaro, el pez, el insto. . . . Entonces finalmente son sometidos a entrar una vez más en la clase de los seres humanos." Después de aún más pruebas en varios grados de vida humana, el alma por fin vendrá a habitar en un niño de Israel. Si llegara a fallar en este estado, se pierde eternamente.
Hasta que punto eran creídas estas descripciones, hasta donde eran consideras fábula, es difícil de determinar. Que hubiera una creencia muy extendida de la doctrina de la preexistencia en alguna forma, pare suficientemente probable.
E. Eras cristianas
San Jerónimo nos dice que la metempsicosis era una doctrina sreta de ciertos starios de su tiempo, pero era demasiado evidentemente opuesta a la doctrina católica de la Redención como para establerse alguna vez. Era sostenida, empero, en una forma platónica por los gnósticos, y fue enseñada por Origen en su gran obra Peri archon. La existencia corporal, según Origen, es una situación penal y antinatural, un castigo por el pado cometido en un estado previo de euforia, siendo la gravedad del pado la medida de la caída. Otro efto del pado es la desigualdad; todos fueron creados iguales. Habla solo de creaturas racionales, v.gr., hombres y demonios, las dos clases de los caídos. No pare haber considerado nesario extender su teoría a incluir formas de vida inferiores. El castigo por el pado cometido en el cuerpo no es vengativo o eterno, sino temporal y de remedio. De hecho, la teoría de Origen excluye tanto el castigo eterno como la gloria eterna; ya que el alma que por fin ha sido puesta nuevamente en unión con Dios dlinará inefablemente de nuevo de su elevado estado por la saciedad del bien, y será relegada a la existencia material; y así sucesivamente a través de ciclos de apostasía, destierro, y regreso (ver ORIGEN). Los maniqueos (q. v.) combinan la metempsicosis con la creencia en el castigo eterno. Después de la muerte, el pador es arrojado en el lugar de castigo hasta que halla sido parcialmente limpiado. Entonces es llevado a la luz y se le da otra oportunidad en este mundo. Si después de diez semejantes experimentos es aún impropio para la máxima gloria, es condenado para siempre. El sistema maniqueo de metempsicosis era extremadamente consistente y escrupuloso; San Agustín en su "De Moribus Manichaeorum" ridiculiza las absurdas observancias que originó. Para rastros de la doctrina de la Edad Media ver artículos sobre los Albigensianos y los Cathari. Estas stas heredaron muchas de las doctrinas cardinales del maniqueanismo, y pueden ser consideradas, de hecho, como neomaniqueas.
En tiempos modernos no faltan los que abogan por la metempsicosis, pero no hay ninguno que hable con mucha convicción. El nombre más grande es Lessing, y su mente crítica pare haber sido atraída a la doctrina principalmente por su ilustre historia, el olvido en que había caído, y la falta de inclusividad de los argumentos usados contra ella. También fue sostenida por Fourier en Francia y Soame Jenyns en Inglaterra. Leibnitz y otros han sostenido que todas las almas fueron creadas desde el principio del mundo; pero esto no involucra migraciones.
F. Razas Salvajes
Queda por tocar muy brevemente sobre los abundantes datos provistos por la moderna investigación antropológica. La creencia en la transmigración se ha encontrado, como se dijo arriba, en todas partes del mundo y en todas las etapas de cultura. En algún tiempo debió haber sido casi universal entre las tribus de Norte América, y ha sido encontrada en México, Brasil y otras partes del continente americano; igualmente entre los aborígenes de Australia y Nueva Zelanda, en la Islas Sandwich y muchas partes de Africa. Fruentemente toma la forma de una creencia en el retorno de ancestros que murieron hace mucho, y así provee una explicación de los extraños hhos de la herencia. Al nacer un niño los padres lo examinan ávidamente en busca de rasgos de su identidad, que al descubrirlos, determinarán el nombre del niño y su lugar entre sus aftos. A ves la madre es informada de antemano en un sueño cual ancestro de la casa está por nacer de ella. La creencia en el alma como una realidad independiente es común entre las razas salvajes. El alma del muerto se pensaba que sobrevolaba el lugar del sepulcro al menos por algún tiempo después de la muerte. Por tanto, entre los Algonquins, por ejemplo, si se deseaba un rápido retorno, como en el caso de los niños pequeños, el cuerpo era enterrado al lado del camino para que pudiera encontrar una madre entre los que pasaran. Un curioso fenómeno de superstición es la creencia de muchas razas obscuras, como en Australia, que los semejantes de piel clara de Europa son reencarnaciones de gente de su propia raza. Entre las clases no educadas de la India, como Sir A. Lyall nos narra, aún existe la noción de que brujas y hhiceros, vivos o muertos, tienen el poder de poseer los cuerpos de animales. Una idea similar hizo que los isleños de las Sandwich arrojaran los cuerpos de sus muertos a los tiburones con la esperanza de hacerlos menos hostiles a los humanos.
De cara a una creencia a primera vista tan descabellada y sin embargo tan ampliamente difundida, nos inclinamos a anticipar algunas grandes causas que han actuado juntas para producirla. Pueden mencionarse unas pocas de esas causas: (1) La prácticamente universal convicción de que el alma es una entidad real distinta del cuerpo y que sobrevive a la muerte; 2) contado con ésto, está la imperativa demanda moral de una equitativa retribución futura de premios y castigos de acuerdo a la buena o mala conducta aquí. La doctrina de la transmigración satisface en algún grado estas fes virtualmente instintivas. (3) Como se menciona arriba, ofre una explicación plausible del fenómeno de la herencia. (4) Provee también una explicación de algunos rasgos de la creación infraracional que pare remedar en tantos puntos las buenas y malas cualidades de la naturaleza humana. Pare una descripción natural de tales fenómenos dir que esas creaturas son, de hecho, nada más que corporeizaciones de los caracteres humanos que tipifican. De esta manera el mundo pare volverse, de principio a fin, moral y humano. En realidad, donde la creencia en una Providencia personal no es familiar o apenas débilmente comprendida, , alguna forma de metempsicosis es casi un nesario sustituto, entendida como una espie de proceso evolutivo ético.
HARDY, Manual of Buddhism (Londres, 1853); BEAUSOBRE, Histoire du Manicheisme (Amsterdam, 1734 - 9); DUBOIS, People of India; BASNAGE, History of the Jews, tr. TAYLOR (Londrees, 1883); Traditions of the Rabbins (Quarterly Review, Abril, 1833); MAX MUELLER, Chips from a German Workshop (Londres, 1857); ALGER, Doctrine of a Future Life (Nueva York 1866); STOCKL, History of Philosophy, tr. FINLAY (Dublin, 1887); TYLOR, Primitive Culture (Londres, 1871); WILKINSON, Ancient Egyptians (Londres, 1841); LYALL, Asiatic Studies (Londres, 1882); MACDONNELL, The Ancient Indian Conception of the Soul in Journal of Theological Studies (1900).
MICHAEL MAHER
Transcrito por Kenneth M. Caldwell
Dedicado a San Andrés Kim Taegon
Traducido por Javier L. Ochoa Medina
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