Jerusalén (71 - 1099 d.C)
I. Hasta el Tiempo de Constantino (71-312 d.C.)
II. Constantino y los Santos Lugares (312-337)
III. El Patriarcado (325-451)
IV. Desde juvenal hasta la Conquista Serracenea (458-636)
V. Desde la Conquista Arabe hasta la primera Cruzada
I. HASTA EL TIEMPO DE CONSTANTINO (71-312 d.C.)
Cuando Tito tomó Jerusalén (abril - septiembre, 70 d.C.) ordenó a sus soldados destruir la ciudad (Josefo, "De bello Jud.", VI, ix). Sólo salvaron las tres grande torres al norte del palacio de Herodes (Hipicus, Fasael, Mariamne) y la pared occidental. Pocos judíos sobrevivieron. La Décima Legión Romana retuvo la parte superior de la ciudad y el castillo de Herodes como fortaleza; Josefo dice que Tito se apropió de los campos alrededor para sus solados ("Vita", 76). La presencia de estos paganos repelería naturalmente a los judíos, aunque en este periodo no había leyes en contra de su presencia en Jerusalén. Los rabinos judíos se reunieron en Jabne (o Jamnia, actualmente Jebna) en el valle, al noroeste de la ciudad, a dos horas de Ramla.
Mientras tanto, la comunidad cristiana había huido a Pel-la en Perea, al este del Jordán (sureste de Jenin), antes de que comenzara el sitio. Los cristianos eran casi todos conversos del judaísmo (Eusebio, "Hist. l.". IV, v). Después de la destrucción regresaron y se congregaron en la casa de Juan Marcos y su madre María, donde se habían encontrado antes (Hch., xii, 12, sg.) Aparentemente fue en esta casa donde estaba el Cuarto Superior, donde se celebró la Última Cena y donde se realizó la asamblea de Pentostés. Epifanio (m. 403) dice que cuando el Emperador Adriano llegó a Jerusalén en el 130 encontró el Templo y toda la ciudad destruida salvo algunas casas, entre las cuales aquella en donde los Apóstoles habían ribido al Espíritu Santo. Esta casa, dice Epifanio, está "en aquella parte de Sión que se salvó cuando la ciudad fue destruida" - es dir en la "parte superior" ("De mens. Et pond.", cap. xiv). Desde los tiempos de Cirilo de Jerusalén, quien habla de "la Iglesia superior de los Apóstoles, donde el Espíritu Santo bajó sobre ellos" (Cath., ii, 6; P. G., XXXIII), existen abundantes testigos del lugar. Una gran basílica fue construida sobre el terreno en el siglo cuarto; los cruzados construyeron otra iglesia cuando la antigua fue destruida por Hakim en el 1010. Es el famoso Coenaculum o Cenáculo - actualmente una capilla musulmana - cerca de la Puerta de David, y se supone que es la tumba de David (Nebi Daud). Durante los primeros siglos del cristianismo la iglesia en este lugar fue el centro de la cristiandad en Jerusalén, "Santa y gloriosa Sión, madre de todas las iglesias" (Intercesión en "La Liturgia de Santiago", ed. Brightman, p. 54). Ciertamente, ningún lugar de la cristiandad puede ser más venerado que el sitio de la Última Cena, el cual se convirtió en la primera iglesia cristiana. El uso constante del nombre Sión para el Cenáculo ha llevado a considerables discusiones en cuanto a la topografía de Jerusalén. Muchos escritores concluyen que está en el Monte Sión, el cual sería por lo tanto la colina suroeste de la ciudad (Meistermann, "Nouveau Guide de Terre Sainte", Paris, 1907, p. 121, plan). Otros (Baedeker, "Palaestina u. Syrien", 6th ed., 1904, p. 27) oponen a esta tradición la fuerza de los pasajes del Antiguo Testamento que claramente distinguen Sión de Jerusalén y afirman que el Señor habita en Sión y que el palacio del rey está allí (Is., x, 12; viii, 18; Joel iii, 21; etc.). De tal manera que Sión sería la colina al occidente, el lugar del Templo y del palacio de David. Fue más tarde que el nombre de Sión comenzó a utilizarse para toda Jerusalén. Josefo nunca lo utiliza; ya en el Antiguo Testamento el camino estaba preparado para su uso extendido. Jerusalén es la "hija de Sión" (Jr., vi, 2, etc.). Todos sus habitantes sin distinción son "Sión" (Za., ii, 7, etc.). En los primeros años de la cristiandad Sión pare haber perdido su significado, en el sentido de una determinada colina, para convertirse simplemente en otro nombre para Jerusalén. Naturalmente ellos llamaron su centro allí por el nombre de la ciudad, aunque no se encontraba en el Monte Sión original. La peregrina Eteria (Silvia), a finales del siglo cuarto, siempre habla del Cenáculo como Sión, de la misma manera que el Santo Sepulcro siempre es Anástasis.
Desde el cenáculo los primeros obispos cristianos regían la Iglesia de Jerusalén. Todos eran conversos del judaísmo, como lo eran también sus compañeros. Eusebio (Hist. l., IV, v) da la lista de estos obispos. De acuerdo con la tradición universal, el primero fue el Apóstol Santiago el Menor, el "hermano del Señor". Su lugar predominante y de residencia en la ciudad está implícito en Ga., i, 19. Eusebio dice que él fue nombrado obispo por san Pedro, Santiago (el Mayor), y Juan (II, i). Naturalmente los otros Apóstoles cuando estaban en Jerusalén compartían el gobierno con él. (Hch., xv, 6, etc.; Eus., "Hist. l.", II, xxiii). Fue lanzado por los judíos desde una roca y luego lapidado hasta morir cerca del año 63 (Eus., ib.; Josefo, "Antiq. Jud.", XX, ix, 1; ed. cit., p. 786). Después de su muerte los Apóstoles sobrevivientes y otros discípulos que estaban en Jerusalén escogieron a Simeón, el hijo de Cleofás (también llamado hermano de Nuestro Señor, Mt., xiii, 55), como su sucesor. Él era el obispo en la época de la destrucción (70) y probablemente fue a Pel-la con los otros. Cerca del año 106 o 107 fue crucificado bajo Trajano (Eus., "Hist. l.", III, xxxii). La línea de obispos de Jerusalén continuó como sigue:
Judas (Justo), 107-113;
Zaqueo o Zacarías:
Tobias;
Benjamín;
Juan;
Matías (m. 120);
Felipe (murió c. 124);
Séna;
Justo;
Leví;
Efraín;
José;
Judas Quiríaco (m. entre 134-148).
Todos ellos eran judíos (Eus., "Hist., cl.", IV, v). Fue durante el episcopado de Judas Quiríaco que ocurrió la segunda gran calamidad, la revuelta de Barcokebas y la destrucción final de la ciudad. Incitados por la tiranía de los romanos, por la ronstrucción de Jerusalén como colonia romana y el establimiento de un altar a Júpiter en el lugar del Templo, los judíos se lanzaron a una desesperanzada rebelión liderados por el famoso falso Mesías Barcokebas cerca del año 132.
Durante esta rebelión él persiguió a los judíos cristianos, quienes naturalmente se negaron a ronocerlo (Eus., "Cron.", por el dimoséptimo año de Adriano). El Emperador Adriano sofocó la rebelión, después de un sitio que duró un año, en 135. Como resultado de esta última guerra todo el vindario de la ciudad se convirtió en un desierto. Sobre las ruinas de Jerusalén se construyó una nueva ciudad, llamada AElia Capitolina (Aelius era uno de los nombres de Adriano), y un templo a Júpiter Capitolino fue edificado en el Monte Moira. A ningún judío (por lo tanto a ningún judío cristiano) se le permitió la entrada a la ciudad bajo pena de muerte. Esto trajo un cambio completo en las circunstancias de la Iglesia de Jerusalén. La vieja comunidad judeocristiana llegó a su fin. En su lugar se formó una Iglesia de cristianos gentiles, con obispos gentiles, quienes dependían mucho menos de las memorias sagradas de la ciudad. De ahí que la Iglesia de Jerusalén, por algunos siglos, no tomó el lugar entre la jerarquía de las sedes que podríamos esperar. AElia era un pueblo sin importancia en el imperio; el gobernador de la provincia residía en Cesarea, en Palestina. El uso del nombre AElia entre los cristianos de esa época marca la insignificancia de la pequeña iglesia gentil, mientras que la restauración del viejo nombre de Jerusalén, tiempo después, marca el renacimiento de su dignidad.
Tan tarde como el años 325 (Nicea I, can. vii) la ciudad es llamada todavía tan sólo AElia. El nombre permanió entre los árabes en la forma de Ilia hasta muy entrada la Edad Media. Como el rango de las diferentes sedes era arreglado gradualmente de acuerdo a las divisiones del imperio, Cesarea se convirtió en la sede metropolitana; el Obispo de AElia era simplemente uno de sus sufragantes.
Los obispos desde el sitio bajo Adriano (135) hasta Constantino (312) fueron:
Casiano;
Publio;
Máximo;
Julián;
Cayo;
Símmaco;
Cayo II;
Julián II, (ordenado en 168);
Cápito (m. 185);
Máximo II;
Antonio;
Valentín;
Doliquiano (m. 185);
Narciso (Eus., "Hist. l.", V, xii)
Narciso fue un hombre famoso por sus virtudes y milagros, pero odiado por ciertas personas viciosas de la ciudad que temían su severidad. Lo acusaron de diferentes crímenes y él, en nombre de la paz, se retiró a un lugar desconocido (Eus., "Hist. l.", VI, ix). Los obispos vinos, al no volver a oír nada de él, procedieron a elegir y a consagrar a Dius como su sucesor. Dius fue sucedido por Germanión y Gordius. Luego, repentinamente, Narciso reaparió, un anciano de 110 años. Los otros obispos lo persuadieron para que volviera a ocupar su cargo como obispo. Muy viejo para hacer cualquier cosa diferente de orar por su pueblo, nombró como su coadjutor a un obispo capadocio, Alejandro, quien había llegado en peregrinación a Jerusalén. De esta manera, Alejandro se convirtió prácticamente en obispo diocesano aún antes de la muerte de Narciso en 212. Alejandro fue amigo de Orígenes y fundó una bibliota que Eusebio utilizó para su "Historia" (VI, x). Murió en prisión durante la persución de Dio (250). Luego siguieron:
Mazabanes o Megabezes (m. 266);
Himeneo (m. 298);
Zabdas;
Hermón (m. 311);
Macario (m. 333)
II. CONSTANTINO Y LOS SANTOS LUGARES (312-337)
Durante el episcopado de Macario un gran cambio llegó a todo el imperio que incidentalmente aftó la Sede de Jerusalén de manera profunda. La Fe cristiana fue ronocida como una religión lícita y la Iglesia se convirtió en una sociedad ronocida (Edicto de Milán, Enero, 313). A la muerte de Constantino (337) el cristianismo se había convertido en la religión de la Corte y el Gobierno. Como resultado natural la Fe se esparció rápidamente por todas partes. La misma generación que había visto la persución de Diocliano ahora veía al cristianismo como la religión dominante y al viejo paganismo reducido gradualmente a aldeas del campo y pueblos aislados. Hubo entonces un gran movimiento de organización entre los cristianos; las iglesias se construyeron en todas partes. Un resultado posterior de la libertad y el dominio de la cristiandad fue el resurgimiento del entusiasmo por los santos lugares donde la nueva religión había nacido, donde habían tenido lugar los eventos acerca de los que ahora todos habían leído u oído en sermones. Ya en el siglo cuarto comenzaron aquellas grandes olas de peregrinaciones a Tierra Santa que han continuado desde entonces. Fue en el siglo cuarto cuando el peregrino de Burdeos y Eteria hicieron sus famosos viajes (Peregrinatio Silviae). San Jerónimo (m. 420) dice que en su época los peregrinos llegaban a Tierra Santa de todas partes del mundo, aún de la distante Bretaña (Ep. xliv ad Paulam; lxxxiv, ad Oceanum). También llegó un gran número de monjes de Egipto y Libia y se establió en el desierto cerca del Jordán. Esto llevó a un incrementado respeto por el obispo que gobernaba sobre los lugares donde Cristo había vivido y muerto. Estos peregrinos, a su llegada, se encontraban bajo su jurisdicción; tomaron parte en los sacrificios de su iglesia y animosamente siguieron los ritos que se realizaban en el Monte de los Olivos, el Cenáculo y el Santo Sepulcro. El cuidadoso relato de Eteria acerca de todo lo que vio en las iglesias de Jerusalén durante la Pascua es típico de ese interés. Cuando los peregrinos regresaron a casa y le contaron a sus amigos acerca de los servicios que habían visto en los lugares más sagrados de la cristiandad y comenzaron a imitarlos en sus propias iglesias. De esta manera un gran número de nuestras bien conocidas ceremonias (el Domingo de Ramos, más tarde el Vía Crucis, etc.) fueron originalmente imitaciones de los ritos locales en Jerusalén. Todo esto no podía fallar en traerle al obispo local un avance en el rango. Desde la liberación de la Iglesia y su desarrollo fue inevitable que cambiara el Obispo de AElia de simple sufragante de Cesarea, a gran "Patriarca de la Ciudad Santa de Jerusalén y de toda la Tierra Prometida".
A la vez, otro de los descubrimientos de estas peregrinaciones fue el de los Santos Lugares. Naturalmente, cuando los peregrinos llegaron querían ver los verdaderos puntos donde habían ocurrido los eventos acerca de los cuales habían leído en los Evangelios. También, lógicamente, cada uno de estos lugares, cuando se conocían o eran supuestos, se convirtió en un santuario con una iglesia construida sobre él. De estos santuarios los más famosos son aquellos construidos por Constantino y su madre santa Helena. Cuando santa Helena, en su año octavo (326-327) llegó en peregrinación, hizo construir iglesias en Belén y sobre el Monte de los Olivos.
Constantino construyó la famosa iglesia del Santo Sepulcro (Anástasis). Eusebio (Vita Constantine, III, xxvi) dice que el lugar del Calvario, alrededor del año 326, estaba cubierto con polvo y basura; sobre él había un templo a Venus. El Emperador Adriano había construido una gran terraza alrededor del lugar encerrada en un muro, sobre esta había plantado un bosque para Júpiter y Venus (ver san Jerónimo. Ep. 58). Cuando llegó santa Helena y le mostraron el lugar, ella didió restaurarlo como santuario cristiano. Por orden del emperador todos los soldados de la guarnición fueron empleados en limpiar el templo, el bosque y la terraza. Debajo encontraron el Gólgota y la tumba de nuestro Señor. Constantino le escribió al Obispo Macario diciéndole: "no tengo nada más en mi corazón que adornar con el debido esplendor ese lugar sagrado", etc. (Vita Const., III, xxx). Dos grandes edificaciones fueron erigidas en este punto una cerca de la otra. Al oeste la roca que contenía la tumba tallada, dejándola como un pequeño altar o capilla colocado sobre el suelo. Sobre ella se construyó una iglesia circular cubierta por un domo. Esta es la Anástasis, la cual todavía tiene la forma de una rotonda con domo y que contiene el Santo Sepulcro en la mitad. Muy cerca, al este, estaba una gran basílica con el ábside hacia la Anástasis, una nave larga y cuatro naves laterales separadas por filas de columnas. Encima de las naves había galerías; todo el conjunto estaba cubierto por un tho de dos agujas. Alrededor del ábside había doce columnas coronadas con plata, al este había un nártex, tres puertas y una columnata enfrente de la entrada. Esta basílica era el Martirium; cubría el suelo ahora ocupado en parte por el Katolikon y la capilla de santa Helena. Eteria habla de ella como "la gran iglesia que es llamada el Martirium" (Per. Silv., ed. Cit., p. 38). Debajo de ella estaba la cripta de la Exaltación de la Cruz. El Monte Calvario no estaba adjunto a la basílica. Estaba justo al sureste del ábside. Eteria siempre distingue tres santuarios, Anástasis, Cruz y Martirium. El lugar de la Cruz (Calvario) estaba en su época abierto al cielo y rodeado por una balaustrada de plata (op. cit., p 43). La gente subía a ella por unas escaleras (Eus., "Vita Const.", III, xxi-xl). Más tarde en el siglo quinto santa Melania la Joven (439), una mujer romana que llegó a Jerusalén con su esposo, Piniano, donde ambos ingresaron a órdenes religiosas, construyó una pequeña capilla en el lugar de la Crucifixión. Estos edificios fueron destruidos por los persas en 614. No es posible entrar allí debido a la interminable discusión que todavía se lleva a cabo acerca de la autenticidad de este santuario. La primera cuestión que surge está relacionada con el lugar del muro de Jerusalén en tiempos de Cristo. Es verdad que Él fue crucificado fuera de la muralla de la ciudad. Ninguna ejución tenía lugar dentro de la ciudad (Mt., xxvii, 33; Jn., xix, 17; Hb. xiii, 12, etc.). Si entonces se pudiera mostrar que el sitio tradicional estaba dentro del muro (el segundo muro construido por Nehemías) se probaría que es falso. Es, sin embargo, muy cierto que todos los intentos para probar esto han fallado. Por el contrario, Conder encontró otras tumbas contemporáneas cerca del Santo Sepulcro tradicional, las cuales muestran que estaban fuera de la ciudad, ya que los judíos nunca enterraban dentro de sus pueblos. Suponiendo que esto fuera posible, tenemos esta cadena de evidencia: si Adriano realmente construyó su templo de Venus intencionalmente en el lugar, la autenticidad está probada.
La basílica de Constantino se erigió donde estaba ese templo; que la iglesia actual fue construida en el lugar donde estaba la basílica de Constantino no es puesto en duda por nadie. Varios escritores (como Eusebio, op. cit.) del siglo cuarto describen el templo como construido en el lugar del Calvario para detener su veneración por los cristianos, de la misma manera que el templo de Júpiter fue construido donde se encontraba el Templo de los judíos. Hemos visto que una invariable comunidad cristiana vivió en Jerusalén a los largo del tiempo de Adriano (revuelta de Barcokebas) Sería extraño si ellos no hubiesen rordado el lugar de la Crucifixión y no lo hubieran reverenciado. La analogía de la profanación del Templo por Adriano no deja ninguna dificultad con relación a una profanación similar del santuario cristiano. La teoría de Fergusson, quien pensaba que la cueva bajo el Qubbet-es-Sachra, en el lugar del Templo, era el Santo Sepulcro de la época de Constantino, y el sitio de Conder y Gordon afuera de la Puerta de damasco (Conder, "The City of Jerusalem", London, 1909, pp. 151-158) difícilmente meren mención. Con el hallazgo del Santo Sepulcro y la construcción de la Anástasis y el Martirión está contada la historia de la Exaltación de la Santa Cruz. Como lo cuentan Rufino (Hist. cl. X, viii, P. L. XXI, 477 - cerca del año 402), Paulino de Nola (Ep. xxi, v; P. L. LXI, 329; A.D. 403) y otros. Cuando los soldados estaban removiendo la vieja balaustrada y excavando el Santo Sepulcro encontraron al este de la tumba tres cruces con la inscripción separada de ellas. El Obispo Macario descubrió cuál era la Cruz de nuestro Señor al colocar cada una de ellas en una mujer enferma. La Tercera Cruz la sanó milagrosamente (ver las enseñanzas del segundo nocturno de la fiesta, 3 de mayo). Paulino (op. cit.) añade que un hombre muerto fue vuelto a la vida por la Cruz de Cristo.
La fama de los grandes santuarios, Anástasis y Martirión, comenzó entonces a lipsar la del Cenáculo. Desde esta época el Obispo de Jerusalén celebraba la mayoría de las funciones solemnes en el Martirión. Pero Constantino tenía una nueva "Iglesia de los Apóstoles" construida sobre el Cenáculo. Otros santuarios que van al menos hasta su época son el lugar de la Ascensión en la cima del Monte de los Olivos, donde construyó una iglesia, y la todavía existente magnífica basílica de Belén.
III. EL PATRIARCADO (325-451)
Desde el tiempo de Constantino comenzó entonces el avance de la Sede de Jerusalén. El primer Concilio General (Nicea I, 325) didió ronocer la dignidad única de la Ciudad Santa sin inquietar su dependencia canónica de la metrópolis, Cesarea. De esta manera, el séptimo canon dlara: "ya que la costumbre y la tradición antigua han hecho que el obispo de AElia sea honrado, que tenga la sucesión de honor (heto ten akolouthian tes times) salvando, sin embargo, el derecho doméstico de la metrópolis (te metropolei sozomenou tou oikeiou axiomatos)". El canon está en el "Dretum" de Graciano, dist. 65, vii. La "sucesión de honor" significa un lugar espial de honor, una predencia honorífica inmediatamente después de los Patriarcas (de Roma, Alejandría, Antioquía); pero esto sin interferir con los derechos metropolitanos de Cesarea en Palestina. La situación de un obispo sufragante que tiene predencia sobre su metropolitano era anómala y obviamente no podía durar. Los sucesores de Macario fueron: Máximo II (333-349); san Cirilo de Jerusalén (350-386); Eutiquio (impuesto 357-359); Ireneo (impuesto 360-361); Hilarión (impuesto 367-378); Juan II (386-417); Prailos (417-421); Juvenal (421-458). Ya en tiempos de san Cirilo surgieron dificultades acerca de su relación con su metropolitano.
Mientras él estaba defendiendo la Fe contra los arianos, Acacio de Cesarea, un ariano extremo, convocó a un Sínodo (358) para tratar a Cirilo por varias ofensas, de las cuales la principal era que había desobedido o se había insubordinado contra Acacio, su superior. Es difícil tener la certeza de cuál era exactamente la acusación. Sozómeno (IV, xxv) dice que Cirilo había desobedido y se había rehusado a aceptar a Cesarea como su metrópolis;
Teodoro dice que era solamente acerca de su rlamo muy legal de predencia. El caso muestra qué tan difícil era la posición. Cirilo rehusó presentarse al sínodo y fue depuesto en su ausencia. Su rhazó abrió de nuevo la cuestión relacionada con su posición. ¿Se rehusó simplemente porque sabía que Acacio era un ariano determinado y con certeza lo condenaría, o fue porque pensó que su excepcional "sucesión de honor" lo exentaba de la jurisdicción de cualquiera diferente a un sínodo patriarcal? Los tres usurpadores, Eutiquio, Ireneo e Hilarión eran arianos impuestos en su sede por su partido durante sus tres exilios.
Fue Juvenal de Jerusalén (420-458) quien finalmente tuvo éxito en cambiar la posición anómala de su sede en un verdadero patriarcado. Desde el principio de su reino asumió una actitud que era muy incompatible con su posición canónica de sufragante de Cesarea. Cerca del año 425 una determinada tribu de árabes fue convertida al cristianismo. Esta gente fijó su campamento en los vindarios de Jerusalén. Juvenal procedió entonces a fundar un obispado para ellos. Ordenó a un Pedro como "Obispo del Campamento" (episkopos parembolon). Este Pedro (aparentemente el jeque de la tribu) firmó en Éfeso en 425 con ese título. La acción de Juvenal puede explicarse quizás como la simple ordenación de un coadjutor de habla árabe para esta gente cuya lengua él mismo no conocía; pero el título de Pedro y su presencia en Éfeso ciertamente sugieren que él se consideraba a sí mismo un obispo diocesano. Juvenal no tenía ningún derecho para fundar una nueva diócesis ni para ordenar un sufragante para su propia sede. La "Sede del Parembolai" desaparió de nuevo en el siglo sexto. Por las Actas de Éfeso pare que Juvenal había ordenado otros obispos en Palestina y Arabia. Varios obispos del patriarcado de Antioquía escribieron una carta al Emperador Teodosio II en la cual pare que tuvieran ciertas dudas acerca de la regularidad de su posición ya que, como dicen, habían "sido ordenados anteriormente por el más piadoso Juvenal" (Mansi, IV, 1402), Ahora, el derecho de ordenar a un obispo siempre significaba en Oriente tener jurisdicción sobre él. Vemos un ejemplo de esto en las Actas del Concilio. Saidas, Obispo de Fanio en Palestina, describe a Juvenal como "nuestro obispo" (ho episkopos meon ="nuestro metropolitano", aparentemente). Claramente, aún antes del concilio, Juvenal había hecho esfuerzos tentativos para asumir al menos derechos metropolitanos. En el concilio dio un golpe cuya audacia es asombrosa. Trató de que su sede fuera ronocida no sólo como independiente e igual a Cesarea, sino superior al gran Patriarcado de Antioquía. Antioquía, pretendía él, debía someterse a la sede que canónicamente (a pesar de su posición honorífica) era el sufragante de Antioquía. Su intento falló por completo. Pudo haber conmocionado quizás la autoridad de Cesarea; pero esto era bastante asombroso. A pesar de todo, la oportunidad fue espléndida para él. Vemos la astucia de Juvenal al aprovharla. En Éfeso él fue el segundo obispo en presentarse. Celestino de Roma fue representado por sus delegados; Cirilo de Alejandría era residente, pero ya tenía problemas con Candidiano, el Comisionado Imperial; Juan de Antioquía llegó tarde y entonces armó un concilio rival a favor de los herejes, Nestorio de Constantinopla era el acusado. El propio metropolitano de Juvenal (de Cesarea) no estaba presente. La actitud cismática de Juan de Antioquía espialmente, le dio la oportunidad a Juvenal. Con seguridad, el concilio de Cirilo no apoyaba a Juan. Juvenal, entonces, bajo la bandera de apoyar a Cirilo y al papa, trato de obtener del concilio su ronocimiento para nada menos que su propia jurisdicción sobre Antioquía. En un discurso explicó a los Padres que Juan de Antioquía debió haber aparido en el concilio para dar al sínodo uménico una explicación de lo que había pasado (su llegada tardía y el anti-concilio que estaba montando) y para mostrar obediencia y reverencia a la Sede Apostólica de Roma y a la Iglesia Santa de Dios en Jerusalén. "Ya que era espialmente la costumbre, de acuerdo a la orden Apostólica y la tradición, que la Sede de Antioquía fuese corregida y juzgada por la de Jerusalén. Contrario a esto, Juan con su habitual insolencia ha despriado al concilio" (Mansi, IV, 1312). Mezclar su propio rlamo insolente con la justa queja de los otros Padres fue un golpe maestro. Pero Cirilo no obtendría nada de él. La pretensión era ampliamente absurda. León el Grande, escribiendo después a Máximo de Antioquía, dice que Juvenal había tratado de confirmar su insolente intento con documentos falsos; pero Cirilo le había advertido no apresurar tales rlamos poco legales (Ep. 119, ad Max.). Así que este primer intento no tuvo éxito. Durante los siguientes veinte años las cosas permanieron como habían estado. Juvenal continuó actuando sobre su rlamo y comportándose como la autoridad en jefe de Palestina. Después del Concilio ordenó al Obispo de Jamnia ("Vita S. Euthymii", P.G., CXIV, c. 57).
Cuando comenzó la herejía monofisita, Juvenal estaba al principio del lado de los herejes. Estaba presente en el sínodo Ladrón de 449, al lado de Dioscuro, y se unió en la destitución de Flaviano de Constantinopla. El hecho debió haber arruinado su oportunidad de obtener alguna ventaja de Calcedonia (451). Sin embargo, fue lo suficientemente astuto para cambiar aún esta posición en su ventaja. Al final, Calcedonia le dio gran parte de lo que él quería. Al comienzo aparió en el concilio con los otros monofisitas como un acusado. Pero de inmediato vio en qué dirción iba la marea, se alejó de sus antiguos amigos, giró completamente y firmó la carta dogmática del Papa León a Flaviano. Los padres ortodoxos estaban asombrados. En un concilio general el rango titular dado a Jerusalén en Nicea naturalmente se habría hecho sentir. La adherencia de una sede tan venerable fue ribida con deleite, el ilustre converso mería alguna rompensa. Juvenal explicó entonces que él había llegado al principio a un entendimiento amistoso con Máximo de Antioquía, por el cual la larga disputa entre sus sedes debería terminar. Antioquía quería, por supuesto, mantener su predencia sobre Jerusalén y la gran mayoría del patriarcado. Pero estaba dispuesta a sacrificar un pequeño territorio, Palestina en el sentido estricto (las tres provincias romanas así llamadas), y aparentemente Arabia, para hacer un pequeño patriarcado para Jerusalén. El emperador (Teodosio II) ya había intervenido en la disputa y había pretendido quitarle un territorio más grande a Antioquía para beneficio de Jerusalén. Así que este arreglo paría una clase de compromiso. El concilio aceptó la propuesta de Juvenal en la séptima y octava sesión (La correspondencia de Máximo con León el Grande muestra que él no estaba del todo satisfho) y convirtió a Jerusalén en un patriarcado con un pequeño territorio. Desde esta época Jerusalén es una sede patriarcal, la última (la quinta) en orden y la más pequeña. Así fue como se establió el número, sagrado después de todo, de cinco patriarcados. El Quincuagésimo sexto Concilio (692) admite este orden. Enumera los patriarcados de Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y añade: "después de estos aquel de la ciudad de Jerusalén" (can. xxxvi), Este también es el orden proclamado por el Cuarto Concilio de Constantinopla (869) en el Canon xxi e incorporado en nuestra ley canónica (C.I.C., dis. 22, c. 7). Desde Calcedonia nadie ha disputado el lugar de Jerusalén en la jerarquía de los patriarcados. Pero se notará cuán tarde se le dio este rango, cuán poco constructiva la conducta del obispo que lo obtuvo. Como el otro comparativamente moderno Patriarcado de Constantinopla (hecho finalmente por el mismo concilio, can. xxviii) representa una concesión tardía que molesta el ideal más viejo y más venerable de tres patriarcados solamente - Roma, Alejandría y Antioquía. Jerusalén le debe su lugar no a Santiago, el hermano del Señor, sino al astuto e inescrupuloso Juvenal. Nada, por lo tanto, puede mostrar una mayor ignorancia de toda la situación que la ingenua proposición de los anglicanos en diferentes épocas (por ejemplo, los No-Juramentados en su carta a los patriarcas, 1720) de que todos deberían admitir a Jerusalén "madre de todas la Iglesias" como la primera sede de todas.
Las fronteras de este nuevo patriarcado, establidas por Calcedonia, son al norte el Líbano, al oeste el Mediterráneo, al sur el Sinaí (el Monte Sinaí estaba originalmente incluido en estos límites), al este Arabia y el desierto. Bajo el patriarcado estaban estos metropolitanos:Cesarea en Palestina (quien ahora tenía que obeder a su antiguo súbdito), Metrópolis de Palestina I, con 29 sufragantes;
Escitópolis (en la Vulgata Bethsan, Jos. xvii, 11; Juéces i, 27; actualmente Besán, a siete horas al sur de Tiberíades), Metrópolis de Palestina II con catorce sufragantes;
Petra (Sela’ en el hebreo, 2 R., xvi, 7; Is., xvi, 1; en el Wadi Musa, medio camino entre el Mar Muerto y el Mar Rojo), Metrópolis de Palestina III con tre sufragantes.
IV. DESDE JUVENAL HASTA LA CONQUISTA SARRACENA (458-636)
Los patriarcas de esta época fueron: Teodosio (monofisita usurpador, 452); Anastasio (458-478); Martirio (479-486); Salustio (486-494); Elías (494-513) (ver ELÍAS DE JERUSALÉN) Juan III (513-524); Pedro (524-544) ; Macario (544-574) ; (Eustaquio, Origenista, usurpador -563); Juan IV (574-593); Neamo (593-601); Isaac (601-609); Zacarías (609-631); Moderato (631-634); Sofronio (634-638 o 644). Un importante evento para la ciudad fue la residencia allí de la Emperatriz Eudoxia, esposa de Teodosio II. Llegó primero en 438 y luego se asentó en Jerusalén desde 444 hasta su muerte cerca del año 460 (ver EUDOXIA). Pasó la última parte de su vida en ardiente devoción en los Santos Lugares, embelliendo la ciudad y construyendo iglesias. Ronstruyó las murallas a lo largo del sur e incluyó al Cenáculo dentro de la ciudad. Al norte construyó la iglesia de san Esteban en el lugar tradicional de su martirio (actualmente el famoso convento dominico y la ole Biblique). Justiniano I (527-565) también añadió a la belleza de la ciudad muchos edificios espléndidos. De estos el más famoso era una gran basílica dedicada a al Santísima Virgen con una casa para peregrinos. Se construyó en medio de la ciudad, pero ahora ha desaparido completamente. También construyó otra gran iglesia de la Santísima Virgen en la punta sur del área del viejo Templo (actualmente la mezquita de Al-aqsa). El famoso mapa mosaico de Jerusalén descubierto en Madeba (Guthe y Palmer, "Die Mosaikkarte von Madeba", 1906) da una idea del estado de la ciudad en tiempos de Justiniano. Durante este periodo la Sede de Jerusalén, como las de Alejandría y Antioquía, era perturbada constantemente por el cisma monofisita. Bajo Juvenal la gran multitud de monjes que se habían asentado en Palestina irrumpieron en una revolución regular en contra del gobierno y en contra del patriarca, cuyo cambio de frente en Calcedonia resentían amargamente. Eligieron a uno de sus miembros, Teodosio, como anti-patriarca. Por un corto tiempo (en 452) Juvenal tuvo que ceder espacio a esta persona. Por lo tanto, en otras sedes del patriarcado los obispos ortodoxos fueron expulsados y los monofisitas (como Pedro el Ibero en Majuma-Gaza) fueron elegidos en su lugar. La Emperatriz Eudoxia fue al comienzo una dlarada monofisita y ayudó a ese partido casi todo el tiempo en que estuvo en la ciudad. Juvenal viajó a Constantinopla e imploró la ayud
Jerusalen (Antes del 71 d. C.)
Este artículo trata sobre la ?Ciudad de Dios?, el centro político y religioso del Pueblo de Israel, y su destrucción por los Romanos después de haber sido el escenario de la Redención.
Este tema se dividirá como sigue:
Nombres
Topografía
Historia
Desarrollo urbano de la Ciudad y sus principales monumentos
• NOMBRES
Según la tradición judía (Josefo, ?Antiq. Jud.?, I, 10, 1; Tárgum Onkelos, Génesis 14, 18), Jerusalén se llamó, originalmente, Salem (Paz), y fue la capital del rey Melquised (Génesis 14, 18). Esta tradición ha sido confirmada por las tablillas cuneiformes descubiertas en 1888 en Tell Amarna, en Egipto (Véase abajo, en Historia III). Cinco de estas tablillas (cartas, n.d.t.), escritas en Jerusalén alrededor del año 1400 antes de Cristo, nos informan que la ciudad, por aquel entonces, se llamaba U-ru-sa-lim. Apare en algunas inscripciones asirias bajo el nombre de Ur-sa-li-im-mu.
De acuerdo con los silabarios asirios, uru y ur significan ?ciudad? (Hebreo ir). En varias tablillas de Tell Amarna la palabra salim se usa en el sentido de ?paz?. Ursalim, por lo tanto, quiere dir ?Ciudad de Paz?. El salmista, también, relaciona Salem con Sión: ?su tienda está en Salem, su morada en Sión? [Salmo 75 (76), 3] (BJ, nueva edición Desclée de Brouwer, Bilbao, 1984 ?n.d.t.). Cuando los israelitas entraron en la Tierra Prometida, Jerusalén, estaba en poder de los Jebuseos, y llevó el nombre de Jebús. Los Hebreos, sin embargo, no ignoraban su antiguo nombre; a menudo la llamaron Jerusalén ( Josué 10, 1; Jues 19, 10; 2 Samuel 5, 6, etc.). En otros pasajes de la Biblia también se le llama Jerusalén (1 Crónicas 3,5; Jeremías 26, 18; Ester 2, 6. etc.). Los Setenta escriben su nombre Ierousalem. Bajo las influencias helenizantes que invadieron Palestina, Salem se convirtió en Solyma (Antiq. Jud., I, x, 2), y Jerusalén ta Ierosolyma (La Santa Solyma) (1 Macabeos 1, 14.20; 2 Macabeos 1, 10; Bell. Jud., VI, 10; etc.). El Nuevo Testamento emplea a ves la forma de los Setenta y otras ves aquella de los Macabeos, lo que la Vulgata traduce por Jerusalén y Jerosolyma. La Versión Siríaca muestra Uris lem, una forma muy cercana a la Asiria. Cuando el Emperador Adriano ronstruyó la ciudad, año del Señor 136, le dio el nombre de Aelia Capitolina. Desde la conquista mahometana de Palestina, en el siglo séptimo, hasta nuestros tiempos, los Árabes la llaman El Quds, ?La Santa? ?la ir haq qodes, o ?Ciudad Santa?, de II Esd., xi, 18 (Nehemías, n.d.t.) (cf. Mateo 4, 5, etc.).
Entre todos los demás pueblos el nombre Jerusalén se sigue usando hasta hoy.
• TOPOGRAFÍA
• Situación geográfica
Jerusalén está situada en 31º 46’ 45? de latitud Norte y 35º 13’ 25? de longitud Este, Greenwich, unas 32 millas inglesas (51,49 Km.) (ésta anterior y todas las mediciones del sistema métrico dimal que en adelante aparen, entre paréntesis, son n.d.t.) en línea rta desde el Mediterráneo al oeste, y 13 (20,92 Km.) desde el Mar Muerto al este. Se encuentra en la cima de una cadena de montañas que atraviesa Palestina de norte a sur, estando su punto más alto, en la esquina noroeste de la ciudad, a 2577 pies (785,46 metros) sobre el nivel del Mediterráneo, y 3865 pies (1178,05 metros) sobre el nivel del Mar Muerto. Debido a esta diferencia de nivel la ladera oeste de estas montañas, hacia el Llano de la Sefela, que se extiende hacia el Mediterráneo, es suave, mientras que la del este es empinada. Un cinturón de altas colinas rodea la ciudad, formando una espie de terraplén natural. Al norte está el Monte Scopus (2705 pies) (824,48 metros), cerca de él, al este, el Monte de los Olivos (2665 pies) (812,29 metros), más allá del cual se encuentra también el Monte de la Ofensa (2410 pies) (734,56 metros) (1 Reyes 11, 7; 2 Reyes 23, 13). Al sur está el Monte del Mal Consejo (2549 pies) (776,93 metros), el cual constituye el límite este del Llano de Refaím, y cerca, al sudoeste, se sitúa una colina (2577 pies) (785,47 metros) a la que no se le ha dado nombre alguno. Hacia el noroeste la ciudad está más descubierta; a cierta distancia en esa dirción está dominada por el Nebi Samwil, el antiguo Maspha, el cual tiene una altitud de 2935 pies (894,58 metros). No obstante la dificultad del acceso en su situación natural, Jerusalén es el centro de una red de antiguos caminos que la contan, al este, con Jericó y el Jordán; al sur, con Hebrón y Gaza; al oeste, con Jaffa y Cesarea; al norte con Samaría y Galilea. Estuvo, sin embargo, situada al otro lado de las grandes rutas militares y comerciales entre Egipto y Asiria.
• Terreno; colinas y valles.
La antigua ciudad ocupaba la misma posición que al presente, exceptuando el extremo sur que ha permanido fuera de los muros desde el reinado de Adriano (año del Señor, 136). Sin embargo, gracias a las excavaciones sistemáticas realizadas por ingenieros ingleses, americanos y alemanes, gran parte del viejo muro sur ha sido sacado a la luz. Mientras que en muchos lugares montones de ruinas han cambiado la apariencia del terreno, es cierto que las excavaciones y perforaciones verticales hhas en los últimos cincuenta años, han permitido a los investigadores dibujar mapas suficientemente exactos de la primitiva configuración. El suelo en que Jerusalén se asienta, dentro de este anillo de montañas a su alrededor, de ninguna manera es uniforme en sus características: en tres de sus lados ?este, sur y oeste- se levanta sobre alturas abancaladas limitadas por profundos valles que le dan la apariencia de un promontorio sobresaliendo hacia el sur. La ciudad misma está surcada por algunas quebradas que la cortan en un cierto número de pequeñas colinas. El más largo de estos valles mide escasamente dos millas y media (unos 4000 metros); todos ellos se han formado por erosión, debido a las lluvias torrenciales del período cuaternario. Al norte de la ciudad toman la forma de simples depresiones del suelo y a medida que descienden, sumiéndose enseguida en la roca calcárea de las montañas, se convierten pronto en profundos cañones, cayendo todos juntos en el ángulo sudeste de la ciudad a un nivel 600 pies (183 metros) por debajo del punto de partida. Las dos colinas principales se encuentran al sudoeste y al este resptivamente. La primera de estas colinas se llama Monte Sión porque, según Josefo (Antiq. Jud., XVI, vii, 1), Eusebio y todos los escritores judíos y cristianos que les han seguido, la ciudad de Jebús, o Sión ?la ciudad de David- estuvo aquí. Esta idea, sin embargo, es negada por ciertos modernos palestinólogos, que localizarían a Sión en el dlive norte de la segunda de estas colinas, Monte Moria (2 Crónicas 3, 1), donde estuvo el Tempo de Yahvéh.
(a) El Monte Sión está limitado al oeste por un valle que comienza cerca de la antigua piscina llamada Birket Mamilla (véase abajo, D), alrededor de 1000 pies (304,80 metros) al noroeste de la propia colina. Este valle, siguiendo la dirción sudoeste hasta la Puerta de Jaffa, la antigua puerta de los jardines (Gennath) (Bell. Jud., V, iv, 2) gira allí al sur y forma un embalse de agua llamado Birket es Sultán, con un sólido dique, que fue rehho en los siglos doce y diesiséis. Esta es la Fuente del Dragón (tannin) a la que vino Nehemías cuando salió de la ciudad por la puerta oeste (D.V., ?fuente dragón?, Nehemías 2, 13). Josefo la llama Piscina de la Serpiente (Bell. Jud., V, iii, 2); la palabra hebrea Tannin expresa tanto ?dragón? como ?serpiente?. Los nativos lo llaman Wadi Rababi; en la Biblia apare bajo el nombre de Ge Hinnom, o Ge Ben Hinnom, ?Valle de Ennom? (en A. V., Hinnom) o ?del hijo de Ennom? ?un personaje desconocido- (Josué 15, 8; 18, 16; Nehemías 11, 30; Jeremías 19, 2). Debajo de Birket es Sultán, se vuelve al este, pasa por debajo de Haceldamá (q.v.), y llega al Valle de Cedrón. En el entronque de los dos valles se halla el vergel ?el jardín del rey? (o, en D.V., ?la guardia del rey?) citado en IV Reyes, xxv, 4 (2 Reyes 25, 4, n.d.t.); Jer., xxxix, 4 (Jeremías 29, 4, n.d.t.); II Esd., iii, 15 (Nehemías 3, 15, n.d.t.). También, en la entrada del Valle de Hinnom se sitúa Tofet, el alto donde Acaz y Manasés establieron el culto de Baal-Moloch (2 Crónicas 28, 3; 33, 6). Josías, el rey justo, profanó este exrable lugar, desparramando huesos humanos sobre él (2 Crónicas 34, 3-5), a pesar de lo cual Joaquín restauró el infamante culto a Moloch. Desde el tiempo de los nefastos fuegos que se mantuvieron ardiendo en ese lugar durante cerca de un siglo y medio ?fuegos a través de los cuales los Judíos apóstatas hicieron pasar a sus hijos para consagrarlos o inmolarlos a Moloch- Ge Hinnom (en Arameo, Gehennam) ribió el nombre de Geenna tou pyros, ?Gehenna de Fuego?, y llegó a ser símbolo del infierno (en el texto griego, Mateo, v, 22, 29, 30; Marcos, ix, 43, 45). El Valle de Cedrón, desde Hinnom hasta el Mar Muerto, todavía se le conoce como Wadi en Nar, ?Valle del Fuego?.
Al norte, el Monte Sión limita con un valle, hoy día relleno en gran parte, que va en línea rta desde la Puerta de Jaffa al este a los pies del Monte Moria. En la pendiente de este valle hay un gran embalse con el nombre árabe de Birket Hamman el Batrak, ?Piscina de los Baños del Patriarca?, y en los itinerarios de los peregrinos ?Piscina de Ezequias?. Josefo lo llama Amygdalon, nombre que, según Conder, puede razonablemente venir derivado de ham migdalon, ?de cara a la gran torre?, ya que el embalse mira hacia la Torre de Phasael. Este valle, como todos los que pasan por la ciudad, no tiene nombre propio en la Biblia; ni tampoco en Árabe; convencionalmente se le conoce como el Valle Transversal. Un tercer valle empieza fuera de la Puerta de Damasco (Bab el Amoud) y baja hacia el sur, con una ligera curva al este, dividiendo la ciudad en dos; hasta unirse al Valle de Hinnom. Después de pasar el principio del Valle Transversal, forma una garganta de cierta profundidad que separa el Monte Sión del Monte Moria. Los ingenieros ingleses han encontrado su lho de roca 69 pies (21,03 metros) por debajo de la superficie actual del suelo cerca de la Wailing Place, y a 85 pies (25,90 metros) del ángulo sudoeste del Templo. Incluye, cerca de su final, la Piscina de Siloé, la cual ribe por un canal subterráneo las aguas de la Fuente de la Virgen que sale de la depresión de Cedrón. Un poco más adelante, en el valle, se ha construido una presa con un muro de 233 pies (71,01 metros), la cual, embalsando toda el agua de lluvia del valle, formaba una alberca conocida por Nehemías como ?la piscina del rey? (en D. V., ?el acueducto del rey?, Nehemías 2, 14). En la Escritura este valle figura bajo el nombre de Nahal, ?barranco?, o ?torrente de invierno? (Nehemías 2, 15). Josefo lo designa en un lugar como ?el valle ancho? (Bell. Jud. V, iv, 1), y los árabes lo llaman simplemente El Wad, ?el valle?. En los trabajos de Tierra Santa lleva la etiqueta de ?el valle central?.
Rodeado por todos sus lados por estos hondos barrancos, el Monte Sión presenta una superficie de cuatro lados que mide alrededor de 2600 pies (792,48 metros) de norte a sur y 2000 pies (609,60 metros) de este a oeste. Es la más espaciosa de las colinas de Jerusalén, la más alta y la única completamente aislada. Su punto más alto alcanza una altitud de 2558 pies (779,67 metros) y se eleva 531 pies (161,85 metros) sobre su base en el ángulo sudeste. Su superficie es considerablemente variada, estando realmente dividida por una pequeña depresión que se bifurca hacia la mitad del Valle Transversal y desciende de forma oblicua hasta la Piscina de Siloé. Por consiguiente, el Monte Sión consiste en dos altiplanicies contadas entre sí, una (la más baja) se alarga en dirción oeste, la otra (la más corta) en dirción noroeste. La primera es claramente uniforme y mide 2300 pies (701,04 metros) de largo de norte a sur, y 920 pies (280,41 metros) de ancho. Después de bajar unos 100 pies (30,48 metros) hacia el noroeste, el suelo se levanta unos 20 pies (6,09 metros) formando un promontorio redondeado frente al Templo, acabando en un pripicio de 195 pies (59, 43 metros) encima del lho del anterior El Wad.
(b) El Monte Moria, la Colina del Este, es un promontorio estrho que conta con el Monte Bezetha, cuyo punto más alto es la Colina de Jeremías, con una altitud de 2556 pies (779.06 metros). Esta lengua de tierra acaba al sur cerca de la Piscina de Siloé; El Wad lo cierra por su lado oeste, y el Valle de Cedrón por el este. En su cima (2443 pies) (744,62 metros) estuvo la propiedad de Ornan (Arauná), el Jebuseo, donde Salomón construyó el Templo y sus palacios. Esta es la cumbre llamada Moria; sur del barrio real, la colina (2300 a 2050 pies) (701,04 a 624,84 metros) tiene el nombre de Ofel (2 Crónicas 27, 3). Cedrón, que desde el siglo tercero después de Cristo ha sido nombrado también el Valle de Josafat, empieza cerca de las así llamadas Tumbas de los Jues, y desciende, bajo el nombre de Wadi ed Djoz (Valle de los Nogales), al sudoeste, al pie de Scopus, y entonces al sur, convirtiéndose en una garganta que separa el Monte Moria del Monte de los Olivos y del Monte de la Ofensa. 1300 pies (396,24 metros) más allá del ángulo nordeste de la ciudad, está cruzado por un puente que reemplazó a otro del período Judío. Este antiguo puente Judío daba acceso, a su derha, a una escalera tallada en la roca que se encamina al lado norte del Templo, y, a su izquierda, a otra escalera similar que se dirige al Monte de los Olivos. A la izquierda del puente está el Huerto de Getsemaní (véase), con la Tumba de la Bendita Virgen, de donde los Árabes llaman a esta parte del Cedrón Wadi sitti Mariam, o ?Valle de la Señora María? (la traducción es literal para respetar el origen no cristiano del nombre dado por los árabes, si bien se expresaría mejor como Valle de Nuestra Señora ?María-, n.d.t.). Enseguida vienen dos magníficos monumentos de estilo Gro-Romano-Judío (segundo al primer siglo antes de Cristo) excavados en la roca. El primero se ha llamado, desde el siglo cuarto después de Cristo, la Tumba de Absalom; el segundo, la Tumba del Profeta Zacarías. Entre ambos se halla una grandiosa tumba Judía del mismo período, perteniente a la familia de Beni Hezir. Un poco más adelante, sobre el sitio del Monte de la Ofensa, se puede ver una tumba labrada en la roca, de arquittura Egipcia. En la misma pendiente se cuelga el pueblo de Silwan, con sus casas construidas frente a largas filas de sepulcros, la mayoría de los cuales están tallados en un vasto espacio de roca calcárea, popularmente conocido como Ez Zehwele. Enfrente, al pie de Ofel, un tramo de treinta y dos escalones desciende a una caverna, en la que hay una fuente de agua ligeramente salada. Esta fuente presenta el fenómeno de un sifón natural (subterráneo) que produce un flujo intermitente; el agua sale a intervalos ?de tres a seis ves al día- con un extraño murmullo, de una hendidura de la roca. El agua de esta fuente va a la Piscina de Siloé por un túnel curvo. Los Árabes llaman a la fuente Ain Sitti Mariam, en honor de la Virgen Bendita, y también Ain Oumm Daradj, ?Fuente de la Madre de las Escaleras?; su nombre Bíblico es, de acuerdo con unos, En Rogel; según otros, Gihon de Arriba (ver abajo, D). Cedrón aquí comienza a ensancharse y se cubre con fértiles huertos, los ?huertos del rey?, mencionados en la Biblia. Ribe el Hinnom, junto con El Wad y el pequeño valle que baja, de forma oblicua, desde el Monte Sión. Su descenso a lo largo de alrededor de dos millas y media (4,022 Km.) es de 550 pies (167,64 metros) aunque en su segunda mitad se encuentra lleno, entre quince y cincuenta pies (4,57 a 15,24 metros), de residuos.
Al norte del Monte Moria un valle más comienza cerca de la Puerta de Herodes (Bab Zahira), pasa, al sur sudeste, bajo el ángulo nordeste de la explanada del Templo, y termina en el puente de Cedrón. Las numerosas albercas de esta depresión, cerca de la iglesia de Santa Ana, el lugar de nacimiento de la Virgen Bendita según la tradición, han sido excavadas (no naturales, n.d.t.). Aquí debió estar situada la Piscina Probática, o Piscina de Bethsaida (A. V. Bethesda), con sus cinco pórticos (Juan 5, 2). También se ha localizado al norte la Birket Israil, una represa de 359 pies (109,42 metros) de largo por 126 pies (38,40 metros) de ancho, frente al muro exterior del Templo.
(c) El Monte Gareb (en D. V., ?la colina Gareb? ?Jeremías 31, 39) (?la cuesta de Gareb?, según BJ, n.d.t.) se alarga entre el Valle Transversal, al sur, y el curso superior de El Wad, al este. Es un tanto abrupto hacia el noroeste pero no tiene prominencias particularmente altas exceptuando la roca del Calvario (2518 pies) (767,48 metros). En el Año del Señor 70, Gareb estaba todavía cubierto, fuera de los muros, por huertos regados por fuentes (Bell.Jud., V, ii, 2)
Todavía se discute si Sión, la Ciudad de David, ocupaba el tradicional Monte Sión u Ofel; pero por todos se admite que antes del reino de Ezequias (727 antes de Cristo) la ciudad de Jerusalén se extendía sobre ambas colinas, dentro de los límites de ?los primeros muros?.
• HISTORIA.
La historia de Jerusalén, hasta un cierto punto, no se puede distinguir de la de Israel. Será suficiente para ello prestar atención a los acontimientos más memorables de la ciudad.
• De los orígenes a la Conquista por David.
Como hemos visto más arriba, Jerusalén es la antigua Salem, capital de Melquised, rey y sacerdote del Altísimo. Teniendo conocimiento de la vuelta de Abraham (entonces llamado Abram), quien había vencido a Kedorlaomer y sus aliados, Melquised se presentó ante el patriarca (Hebreos 7, 1) ?en el valle de Savé, que es el valle del rey? (Génesis 14, 17). El valle del rey es el Valle del Cedrón, que nace al norte de la ciudad (2 Samuel 18, 18; Antiq. Jud., I, 10:2. Cf. 2 Reyes 25, 4; Jeremías 39, 4). Como toda la tierra de Canaán, Jerusalén estuvo sometida a Caldea durante muchos siglos; después del tiempo de Abraham pasó al dominio de Egipto. Alrededor del año 1400 (ésta y las sucesivas fechas son antes de Cristo, n.d.t.) mientras Israel soñaba con la liberación del yugo egipcio, cierto pueblo Cosseano, llamado Khabiri, invadió Palestina, probablemente por instigación de los Caldeos o los Hititas, y tomó posesión de las plazas fuertes. Abd Hiba, rey de U-ru-sa-lim, viendo su ciudad amenazada, despachó seis cartas sucesivas a su señor feudal, Amenofis III, implorando ayuda. Pero fue en vano; Egipto mismo estaba en su propia crisis. Probablemente fue en este período cuando Jerusalén cayó bajo el poder de los Jebuseos, que la llamaron Jebús.
Cuando los Hebreos entraron en la Tierra Prometida, el Rey de Jebús era Adonised (Señor de Justicia) un nombre que, tanto en la forma como en el sentido, ruerda a Melquised (Rey de Justicia). Aunque Adonised perió con la coalición de los cinco reyes de Canaán contra Israel (Josué 10, 26; 12, 10), Jerusalén mantuvo largamente su independencia gracias a su fuerte posición. En la distribución de la tierra entre los hijos de Israel, le fue asignada a los descendientes de Benjamín. La frontera entre esta tribu y la de Judá corre desde En Semés, en el camino de Jericó, hasta En Rogel, en el valle del Cedrón, entonces, siguiendo ?el valle del hijo de Ennom? (Josué 15, 7-8) o ?de los hijos de Ennom? (Josué 18, 15, 16) de los Jues, Judá y Benjamín intentaron tomar posesión de ella, pero en vano, aunque pasaron a sus habitantes por la espada e incendiaron la ciudad (Jues 1, 8)ir¿OËÒ; la ciudad de la que aquí se habla, como señala Josefo (Antiq. Jud., v, ii, 2) es, solamente, la ciudad baja o suburbios. Jerusalén permanió (Jues 19, 12) independiente de Israel hasta el reinado de David.
• Desde David hasta la cautividad de Babilonia.
Habiendo llegado a ser rey de las Doce Tribus de Israel, David contempló el hacer de Jerusalén el centro religioso y político del pueblo de Dios. Reunió todas las fuerzas de la nación en Hebrón, y avanzó contra Jebús. Después de largos y penosos esfuerzos, ?David conquistó la fortaleza de Sión? y ?se instaló en la fortaleza y la llamó ciudad de David. Y construyó una muralla en derredor desde Mil-ló hacia el interior? (2 Samuel 5, 7.9). Esto ocurrió hacia el año 1058 antes de Cristo (No obstante, la BJ sitúa la conquista sobre el año 1000, y que el reinado de David duró de 1010 al 970 antes de Cristo, n.d.t.). El rey ordenó traer del Líbano madera de cedro y obreros de Tiro, para construirse un palacio. Poco después el Arca de la Alianza fue traída solemnemente a la ciudad de David y colocada en un tabernáculo. Un día el rey vio al ángel exterminador planeando sobre el Monte Moria, dispuesto a atacar la Ciudad Santa. El Señor detuvo su brazo, y David, en acción de gracias, compró la era de la cima de la colina, propiedad de Arauná (A.V. Araunah), u Ornan, el Jebuseo, y construyó allí un altar sobre el que ofreció holocaustos (2 Samuel 24; 1 Crónicas 21). A partir de entonces el Monte Moria fue destinado a ribir el templo del Altísimo. David preparó los materiales y dejó a su hijo la ejución del proyto.
En el cuarto año de su reinado, Salomón comenzó la construcción del Templo bajo la dirción de artesanos enviados por Juram, Rey de Tiro. Juram también aportó madera de cedro y de ciprés; 70,000 hombres se emplearon para transportar madera desde Joppe (Jaffa) a Jerusalén y 80,000 más en sacar piedra de canteras de las cercanías y tallarla. El grandioso monumento estuvo terminado, en sus asptos esenciales, en siete años y medio, y el Arca de la Alianza, con gran pompa, fue traída desde la Ciudad de David al nuevo santuario (2 Samuel 6). Las edificaciones se levantaron sobre una gran plataforma construida con inmensos muros de contención. Al oeste se levantó el Santo de los Santos, rodeado por una serie de cámaras en varios niveles, enfrente del cual, al este, estuvo una monumental fachada formada por dos altas torres adosadas. Enfrente de esta entrada levantaron dos grandes columnas de bronce, como obeliscos. Hacia el este estaba el gran patio de los sacerdotes, cuadrado, rodeado de porches, con el altar de los holocaustos, el ?mar de bronce?, y otros utensilios para los sacrificios. Este patio estaba rodeado de otros que también estaban embellidos con galerías y soberbios edificios (ver TEMPLO DE JERUSALÉN). Salomón, después, dedicó treinta años a erigir, al sur del Templo, ?la casa del Bosque del Líbano?, su palacio real, con el de su reina, hija del Faraón, así como los edificios destinados a su numerosa familia, a su guardia, y a sus esclavos. Entonces unió el Templo y el nuevo barrio real con la Ciudad de David con un muro envolvente, fortificó el Mil-ló (en D. V., Mello ? 1 Reyes 9, 15), y ?cerró la brha de la Ciudad de David? (1 Reyes 11, 27). El pueblo comenzó a protestar por los impuestos y los trabajos forzados.
Estalló la insurrción cuando el orgulloso Roboam, hijo de Salomón, comenzó su reinado (981-65). Diez tribus se le sublevaron y se unieron para formar el Reinado del Norte, o de Israel, y Jerusalén dejó de ser algo más que la capital de las tribus de Benjamín y Judá. Por invitación de Jeroboam, elegido soberano del nuevo reino en Judá (976), Sosac (Seshonq) tomó
Jerusalén y saqueó los inmensos tesoros del Templo y del palacio real (1 Reyes 14, 25, 26). Asa (961-21) y Josafat (920-894) enriquieron el Templo después de sus numerosas victorias sobre los pueblos vinos. Bajo Joram (893-888) los Filisteos, aliados con los Árabes del Sur, a su vez, saquearon el Templo y se llevaron todos los hijos del rey excepto el más joven, Ocozías, o Joacaz, el hijo de Atalía (2 Crónicas 21, 16, 17). Al asesinato de éste, Atalía eliminó a sus nietos, y se apropió del poder. Sólo Joás, un niño de un año, fue salvado de la masacre por el Sumo Sacerdote Yehoyadá y criado en secreto en el Templo. A la edad de seis años fue proclamado rey por el pueblo, y Atalía fue apedreada hasta morir. Joás (886-41) restauró el Templo y abolió el culto de Baal; pero más tarde se pervirtió e hizo que el Profeta Zacarías, hijo de Yehoyadá su salvador, fuese muerto. Él mismo perió a manos de sus sirvientes (2 Reyes 12; 2 Crónicas 22) (En realidad la historia sigue en el capítulo 24 del libro segundo de las Crónicas. n.d.t.). Bajo Amasías los Israelitas del Norte derrotaron a los del Sur, atacaron Jerusalén, y ?abrieron brha de cuatrocientos codos en la muralla de Jerusalén desde la puerta de Efraín hasta la puerta del Ángulo?. Los tesoros del Templo y del palacio real fueron llevados a Samaría (2 Reyes 14, 13, 14). Ozías, o Azarías (811-760), reparó la brha y fortificó la muralla con sólidas torres (2 Crónicas 26, 9). Su hijo Jotán (759-44), un sabio y justo rey, reforzó la ciudad construyendo ?la puerta superior de la casa de Yahvéh, e hizo muchas obras en los muros de Ofel.? ? sur del barrio real (2 Crónicas 27, 3; 2 Reyes 15, 35).
Mientras los Reyes de Siria e Israel marchaban contra Jerusalén, Dios envió al Profeta Isaías al Rey Ajaz (743-27), que se encontraba ?al final del caño de la alberca superior?. Allí el Profeta le predijo el rhazo del enemigo y al mismo tiempo le anunció que el Mesías Emmanuel, nacería de una virgen (Isaías 7, 3-14), Ajaz gastó los bienes del Templo en pagar tributo a Teglatfalasar, Rey de Asiria, cuya protción había buscado contra los Reyes de Israel y Siria; fue lo suficientemente impío como para sustituir el culto de Yahvéh poniendo en su lugar el culto de Baal-Moloc.
Ezequias (727-696) aceleró la abolición del culto de los ídolos. Alarmado por la caída del Reino de Israel (721), levantó un segundo muro para proteger los suburbios que habían sido construidos al norte del Monte Sión y del Templo. Hizo alianza con Egipto y con Merodac Baladán, Rey de Babilonia, y rehusó pagar tributo a Asiria. Por esto, Senaquerib, Rey de Nínive, que estaba en guerra con Egipto, invadió Palestina desde el sur, y envío a su jefe de oficiales (Copero mayor, BJ, n.d.t.) desde Lakís a Jerusalén, con un numeroso ejército, para emplazar al rey a la rendición sin condiciones. Pero, por consejo de Isaías, el rey rehusó la rendición. A fin de cortar el agua al enemigo, cegó la salida superior del Guijón y trajo el agua al oeste de la ciudad de David (2 Crónicas 32, 3, 4 y 30). Una tablilla Asiria (Prisma de Taylor, col. 3) informa que Senaqueríb, después de derrotar a los Egipcios en Altaka y habiendo tomado cuarenta y seis poblaciones de Judea, encerró a Ezequías en Jerusalén ?como un pájaro en una jaula? (Inscripciones Cuneiformes de Asia Oeste, I, PI. 39). Esto coincide con la narración de la Biblia; en el momento en que Senaquerib iba a asaltar Jerusalén, fue informado que Tharaca, Rey de Etiopía, avanzaba contra él, y de seguida, dejando la Ciudad Santa, se puso en marcha para Egipto; pero su ejército fue milagrosamente destruido por la peste (2 Reyes 18, 13; 19, 35-37; 2 Crónicas 32, 9-22; Isaías 36 y 37). Senaquerib organizó otro ejército en Nínive y derrotó a Merodac Baladán de Babilonia, prottor de Ezequias. Por consiguiente resultó que, según las inscripciones Asirias, Manasés, hijo de Ezequias, se encontró a sí mismo como tributario de Assaradon y de Asurbanipal, Reyes de Nínive (Prisma de Assaradon, obra citada, III, p. 16; G. Smith, ?Historia de Asurbanipal?, p. 30). Manasés, poco después, intentó sacudirse el yugo Ninivita. El año 666 los generales de Asurbanipal vinieron a Jerusalén, encadenaron al rey y lo llevaron a Babilonia, como vasallaje a Nínive (II Par., xxxiii, 9-11) (2 Crónicas 33, 9-11. n.d.t.). Sin embargo Manasés obtuvo pronto su libertad y volvió a Jerusalén, donde reparó los males que había causado. También restauró los muros de la ciudad que habían sido construidos por su padre (2 Crónicas 33, 12-16).
Amón, uno de los peores reyes de Judá, fue asesinado después de dos años de reinado. Josías, su hijo (641-08), aconsejado por el Profeta Jeremías, destruyó los altares idolátricos y restauró el Templo (621). En esas circunstancias el Sumo Sacerdote Jilquías encontró en un salón del santuario una vieja copia de la Ley de Yahvéh dada por medio de Moisés (2 Reyes 22, 8-14; 2 Crónicas 34, 14-21). El año 608 el Faraón, Nekó II, marchó contra Asiria. Movido por un escrúpulo de conciencia, el buen rey intentó cerrar el paso al adversario de su prottor, y fue muerto en la batalla de Meguiddó (2 Reyes 23, 29-30). Joacaz, o Sellum, su sucesor, después de reinar tres meses, fue depuesto por Nekó, y llevado cautivo a Egipto, mientras que Elyaquim, a quien el conquistador dio el nombre de Yoyaquím (D. V. Joakim) fue puesto en su lugar (607-600). El año 601 Nabucodonosor (Nebuchadnezzar) entró en Judea para consolidar el poder de su padre. Se llevó cautivos a Babilonia cierto número de notables de Jerusalén, junto al joven Profeta Daniel. Yoyaquín se sublevó contra el yugo de Babilonia, pero su hijo Joaquín (Jehoiachin), se rindió a Nabucodonosor. La ciudad fue saqueada y 10,000 de sus habitantes, incluido el rey, fueron deportados a Babilonia (2 Reyes 24, 1-16; cf. 2 Crónicas 36, 1-10). Sedías, tercer hijo de Josías, sucedió a su sobrino (596-587). Impulsado por los partidarios de Egipto, él, también, se rebeló contra su prottor. Nabucodonosor volvió a Siria y envió a su general, Nabuzardán, contra Jerusalén con un formidable ejército. La ciudad se rindió después de un asedio de más de diiocho meses. El Templo, los palacios reales y otros edificios importantes fueron incendiados, y la ciudad desmantelada. Los vasos sagrados, y cualquier otra cosa de valor, fueron llevados a Babilonia; sólo el Arca de la Alianza pudo ser ocultada por los Judíos. Sedías, quien, en el último momento, se dio a la fuga con su ejército por la puerta del sur, fue alcanzado en la llanura del Jordán, y le fueron arrancados los ojos. El sumo sacerdote, los jefes militares, y los notables del país fueron masacrados, y el resto de los habitantes transportados, con su rey ciego, a Babilonia. Solamente agricultores y pobres quedaron en el país, con un gobernador Judío llamado Godolías (Gedaliah), quien puso su residencia en Mispá (2 Reyes 24, 18-20; 24 y 25; 2 Crónicas 36, 11-21).
• Desde la vuelta de la Cautividad a la Dominación Romana.
El año 536 antes de Cristo, Ciro, Rey de Persia, autorizó a los Judíos a volver a Palestina y ronstruir el Tempo del Señor (Esdras 1, 1-4). La primera expedición, con 42,000 Judíos, fue despachada bajo el liderazgo de Zorobabel, un príncipe de Judá. Se apresuraron a restaurar el altar de los holocaustos, y en el segundo año pusieron los cimientos para otro templo, el cual, sin embargo, debido a las dificultades puestas por los Samaritanos y otros pueblos vinos, no se completó hasta el sexto año del reinado de Darío (514). Los ancianos no pudieron contener sus lágrimas al ver el carácter modesto de la nueva edificación. El año 458, bajo Artajerjes I, Esdras vino a Jerusalén con 1500 Judíos como gobernador de Judea y terminó la restauración política y religiosa de Israel. Treinta años más tarde, Nehemías, con el permiso de Artajerjes, completó definitivamente la restauración de la Ciudad Santa.
Por la victoria de Issus y la toma de Tiro, Alejandro el Grande, Rey de Macedonia, se convirtió en el dueño de Asia Occidental. El año 332 marchó contra Jerusalén, que había permanido fiel a Darío III. El Sumo Sacerdote Jaddus, creyendo que la resistencia no serviría para nada, salió al encuentro del gran conquistador, y lo indujo a dejar a salvo a los Judíos (Antiq. Jud., XI, viii, 3-6). Después de Alejandro, Jerusalén sufrió mucho por el largo forcejeo entre los Seleúcidas de Siria y los Tolomeos de Egipto. Palestina cayó ante Nicanor Seleúcida, pero en el 305 Soter Tolomeo consiguió entrar en Jerusalén gracias a una estratagema en el día del Sábado, y se llevó un cierto número de Judíos a Egipto (Antiq. Jud., XII, i, 1). Un siglo más tarde (203) Antíoco el Grande, otra vez, arrancó la Ciudad Santa de las garras de Egipto. Cuando, el 199, cayó una vez más en el poder de Scopas, un general de Tolomeo Epifanes, los Judíos ayudaron a las tropas de Antíoco, que acababa de derrotar al ejército de Scopas, para sacar definitivamente la guarnición Egipcia fuera de la ciudadela de Jerusalén (Antiq. Jud., XII, iii, 3). Los Seleúcidas concibieron la infeliz idea de introducir modos y conceptos helénicos ?es dir, paganos- en el pueblo Judío, espialmente en los sacerdotes y la aristocracia civil. El sumo sacerdocio llegó a ser un cargo corrupto; Jasón fue suplantado por Menelao, y Menelao por Lisímaco. Estos indignos sacerdotes, al final,
Jerusalén (después de 1291)
(1) Historia Política
El dominio latino sobre Jerusalén llegó realmente a su fin el 2 de octubre del 1187, cuando la ciudad abrió sus puertas a Saladino (Yusuf ibn Ayyub, Salah-ed-din, emir de Egipto, 1169-93), aunque algunos fragmentos del reino latino en Palestina duraron otro siglo más. Federico II obtuvo posteriormente mediante un tratado una breve posesión de Jerusalén y hasta prácticamente nuestros días el título de "Rey de Jerusalén" confería cierto esplendor vacuo a los nombres de varios soberanos europeos. No obstante lo anterior, después de 1187 se cerró el episodio del gobierno cristiano y latino sobre la Ciudad Santa. A partir de esta fecha la ciudad regresó a su antiguo estatus bajo un gobierno musulmán, en el cual los peregrinos cristianos eran cuando más, solamente tolerados.
Tan pronto como el ejército de Saladino ocupó la ciudad comenzó la destrucción de todo indicio del gobierno cristiano. Arrancaron la gran cruz dorada de la Cúpula de la Roca, rompieron las campanas, saquearon las iglesias y conventos, restauraron todas las edificaciones que habían sido mezquitas (espialmente la Cúpula de la Roca y la mezquita de El-Aqsa), convirtieron iglesias en establos y graneros, fundaron escuelas y hospitales musulmanes así como todas las demás instituciones piadosas que se agrupan bajo el nombre de waqf. Mientras Europa quedaba atónita por la perdida de la Ciudad Santa y preparaba una nueva cruzada para la raptura, se enviaron a todos los rincones del mundo musulmán cartas anunciando la grata noticia de que El-Quds había sido purificado y devuelto a los verdaderos creyentes. Sin embargo, debido a una promesa realizada por Omar, Saladino permitió que el Santo Sepulcro y algunas pocas iglesias quedaran en manos de los cristianos (ortodoxos), aunque para el uso de las mismas tenían que pagar un fuerte tributo. La iglesia de los Caballeros de San Juan fue convertida en hospital (en el lugar que todavía se llama Muristán, del farsi "hospital", donde se encuentra ahora la iglesia protestante alemana). Saladino reforzó las murallas de la ciudad al conocer de la aproximación y amenaza de la tercera cruzada en 1191 (con el rey Ricardo de Inglaterra o Ricardo Corazón de León, 1157-1199 N.de T.). En 1219 el sultán Malik-el-Mu’azzam (m. 1227, virrey de El-Mansur en Damasco) ordenó el derribo de las murallas por miedo que sirvieran de protción a los francos. En 1229 comenzaría otro pequeño interludio. El emperador Federico II (1212-50) llevó a cabo la quinta cruzada y obtuvo mediante un tratado con el sultán de Egipto, El-Kamil (1219-38) la posesión de Jerusalén, Belén, Nazaret y las rutas de peregrinación provenientes de Jaffa y Akka (San Juan de Acre N.del T.) durante un período de diez años y medio. La ciudad no fue fortificada y el Haram esh-sherif (el área del Templo) quedó como una posesión exclusiva de los musulmanes. En 1239 el emir de Kerak, En-nasir Daud, conquistó una vez más Jerusalén, destruyó la Torre de David y en 1243 retiró los derechos de los latinos sin que mediara ningún tipo de estipulación. Esto condujo a la pérdida definitiva de la ciudad porque Essalih Ayyub, califa de Egipto (1238-49), convocó a las tribus salvajes del Jorezm o Jwarizm (Mesopotamia) para ronquistarla. Estas tribus que se volcaron sobre Siria saqueando y asesinando, asolaron Jerusalén en septiembre de 1244. En la masacre que tuvo lugar perieron 7000 cristianos; siendo la ciudad restituida una vez más y de forma definitiva al imperio del califa. Desde este momento las propiedades que le restaban a los latinos en Palestina se perdieron una tras otra en rápida sucesión. El último reducto, Akka (San Juan de Acre) cayó en 1291.
El título de "Rey de Jerusalén" pasó de Gui de Lusignan (rey de Jerusalén y Chipre, 1186-92) a Enrique II de Champaña (1192-97), para quién el título era ya algo meramente simbólico puesto que los musulmanes gobernaban la ciudad. Amaury (Amalarico) de Lusignan (hermano de Gui), rey de Chipre (1194-1205) fue elegido rey por el ejército cruzado en Tiro y se casó con Isabel, hermana de Amaury I de Jerusalén (1162-73). De este modo pudo añadir a su título de rey de Chipre el de rey de Jerusalén (Amaury II). Desde entonces los reyes de Chipre de la línea de Lusignan utilizaron el título de Jerusalén y cuartelaron su escudo de armas (en plata una cruz potenzada rodeada de cuatro cruces menores en oro) con el escudo de armas de la familia (10 barras de azur y plata, un león rampante o corona de gules. Ver el blasón "die conine von cipers" en el Armorial de Gelre, 1334-72). El "Reino de Jerusalén y Chipre" de la dinastía Lusignan llegó a su fin en 1474 cuando Caterina Cornaro, viuda del último rey (Juan III) abdicó a favor de la República de Venia con lo que cualquier derecho que hubieran pensado tener respto al título de Jerusalén pasó a manos de la Casa de Saboya. Por otra parte, a la muerte de Amaury II (1205), Juan de Brienne que se había casado con María, la hermana de Isabel y Conrado de Montferrato, comenzó una línea rival de reyes titulares de Jerusalén. Su hija Isabel (Iolanthe o Yolanda N.del T.) se casó con el emperador Federico II, quien entonces asumió el título y (como hemos visto) realmente reinó, aunque por corto tiempo, en Jerusalén. Federico se coronó a si mismo en la iglesia del Santo Sepulcro el 17 de marzo de 1229 y después de su muerte el título fue portado por sus descendientes hasta Conradin (m. 1268). Entonces Hugo III, príncipe de Antioquía (1267-80) y regente de las dispersas posesiones latinas en Palestina, debido a la ausencia de reyes descendientes del linaje de Federico, dio inicio a otra serie de reyes titulares de Jerusalén. Hugo fue coronado en Tiro en 1269 y su disión fue mantenida por su hijo Enrique en Acre. Sin embargo, María de Antioquía, que también descendía de Isabel, establió una rlamación a esta corona utópica y finalmente la vendió a su sobrino-nieto Carlos de Anjou, rey de Sicilia (1285-1309, que ya tenía derechos sobre ella por haberse casado con Margarita, nieta de Juan de Brienne. De esta forma, mientras los musulmanes ganaban terreno y hacían retroceder cada año más los restos dispersos del Reino Latino, los sicilianos y el partido de Hugo de Antioquía continuaban una pelea por un título vacío. Eventualmente los reyes de Sicilia lo añadieron a su título y "Jerusalén y las dos Sicilias" perduró como un título de la realeza hasta la revolución italiana (1860). Finalmente la casa de los Habsburgo también le añadió este nebuloso reino a su larga lista de títulos. Yolanda, hija de René el Bueno (m. 1480), rey titular de Jerusalén y Nápoles, desposó al duque Federico de Lorena, pasando con ella el título a los duques de Lorena y más adelante, debido al casamiento de María Teresa con Francisco de Lorena (1736) el título pasó a la Casa de Austria. El escudo de armas de Jerusalén pasó a ser uno de los cincuenta y ocho cuarteles del Escudo de Armas Imperial de Austria y "Koening von Jerusalen" fue uno más en la larga serie de títulos de los emperadores hasta Fernando I (1835-48) quien tuvo el suficiente sentido común como para reducir el número de cuarteles y títulos a solo aquellos que realmente tenían sentido. La historia del título de Rey de Jerusalén ha trazado una curiosa senda y es un ejemplo típico de aquellas pretensiones que amaron los heraldos medievales. Mientras todo esto ocurría los musulmanes gobernaban sobre la Ciudad Santa y los ideales de los cruzados persistieron en Occidente durante siglos. El Papa Pío II (1458-64) todavía tenía esperanzas de poder renovar la empresa comenzada por Urbano II, pero nada resultó de sus intentos. Jerusalén se perdió para la Cristiandad en 1187 y nunca más pudo ser ruperada.
Hasta el siglo diesiséis Siria pertenió a los califas de Egipto, aunque varias ves fue conquistada por cortos períodos de tiempo por los diferentes enemigos del califato. En el siglo tre los mongoles, que habían destruido la línea dinástica de los califas de Bagdad, cayeron sobre Siria saqueando y destruyendo bajo las órdenes de su jefe Hulagu (capturó Alepo en 1260). El califa Kutuz, (1259-60) envió a su famoso general, Beibars el-bundukdari, que expulsó a los mongoles. Beibars hizo entonces, asesinar a Kutuz y reinó en su lugar como califa (1260-77). Tuvo éxito en rhazar a los cruzados hasta las cercanías de lo que sería su última plaza fuerte, Acre, aplastó a los "Asesinos" (Hashishiye), ismaelitas fanáticos que habían sembrado el terror en Siria por más de dos siglos, y conquistó una gran parte de Asia Menor. El nombre de Beibars (Ez sultan el-malik ez-zahir, rukn-ed-dunga wa-din; "El Sultán, el rey manifiesto, pilar del universo y de la fe") puede ser visto en numerosos monumentos de Jerusalén. Kala’un (1279-90) depuso al hijo de Beibars, se autoproclamó califa y mas tarde hostigó a los cruzados y construyó monumentos espléndidos por toda Siria. En 1400 los mongoles volvieron a devastar la región bajo el mando de Timur.
Mientras tanto los turcos osmanlíes (otomanos N. del T.) se habían convertido en el grupo dominante dentro del Islam. En 1516 durante el sultanato de Selim I (1512-20), después de haber aplastado a los persas (1514) comenzaron una expansión hacia el sur, hacia Siria. El 14 de agosto de 1516 Selim derrotó al ejército egipcio y mató al califa Kansuh el-Ghuri. Mutawekkil, el último califa egipcio murió cautivo de los turcos en 1538, legando su título a la conquistadora Casa de Osmán. Es en base de esta (bastante ilegal) herencia que el sultán turco se comenzó a titular como Califa del Islam y desde esta época los turcos comenzaron a gobernar en Jerusalén. En 1799 Napoleón I invadió Siria alcanzando Nazaret. En 1831 el ejército egipcio bajo el mando de Ibrahim Pasha derrotó a los turcos cerca de Homs (Emesa) y mantuvo la posesión de Siria y Jerusalén hasta que Inglaterra y Austria las ronquistaron devolviéndolas a los turcos en 1840. Durante el siglo diinueve Siria fue beneficiada por varias de las reformas turcas. Jerusalén y los Santos Lugares, por ser los sitios de mayor interés para los cristianos dentro del imperio y escenario de continuas peregrinaciones, fueron los lugares donde los turcos se esforzaron más en demostrar que las reformas realmente eran eftivas. El gran número de instituciones cristianas pertenientes a varias denominaciones así como la importante población cristiana de Jerusalén habían tomado de la ciudad la apariencia de los pueblos orientales. En esta época también comenzó un incremento notable de la población judía, quienes a pesar de los intentos repetidos de las autoridades por mantenerlos fuera de la ciudad, se fueron establiendo en sus alrededores formando grandes colonias, conformando junto a los cristianos europeos el elemento predominante (en la década de 1860 se fundaron los primeros barrios extramuros con la donación del filántropo judío Moisés Montefiori. N. del T.). No existieron ciudades en el Imperio Turco donde la influencia musulmana fuera menos evidente que en Jerusalén, Belén y Nazaret.
En 1917 Jerusalén fue ocupada por las fuerzas militares británicas al mando del general Allenby con lo que se ponía fin al dominio del Imperio Otomano sobre la ciudad. En 1922 la Sociedad de Naciones ratificó la dlaración de Balfour con lo que confiaba al Reino Unido la administración del Mandato de Palestina y la creación de un estado judío en la región. Los británicos no pudieron calmar las crientes hostilidades entre la población civil judía y árabe a lo que se sumó la oposición de los grupos paramilitares judíos que rlamaban un estado judío independiente. En 1946, el grupo paramilitar Etzel, liderado por Menahem Beguin, destruyó con explosivos las oficinas británicas de la ciudad, en el Hotel Rey David, en el que es considerado uno de los mayores atentados ocurridos Palestina. El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó un Plan de Partición donde se establían dos estados, uno árabe y otro judío y romendaba la "creación de un régimen internacional espial en la ciudad de Jerusalén, constituyéndola como un corpus separatus bajo la administración de las Naciones Unidas". Este plan fue aceptado por los judíos, pero fue rhazado por los palestinos y los países árabes de la región.
Los enfrentamientos que se produjeron entre judíos y árabes y la posterior Guerra de Independencia de Israel (1948), durante la cual Jerusalén fue sometida a un intenso asedio por parte de las tropas árabes, impidieron que la partición se llevara a efto. Durante el conflicto la ciudad quedó dividida en dos: la parte oeste quedó del lado israelí, mientras que la parte este quedó en manos de Jordania, incluyendo la Ciudad Vieja, con excepción de un pasillo con el que se comunicaban con Tel Aviv-Yafo en la costa. Mediante el armisticio firmado el 3 de abril de 1949 entre Israel y Jordania, ambas partes ronocieron la partición de la ciudad. En 1950 el stor occidental fue dlarado la capital de Israel y se instalaron allí la sede de la residencia presidencial, el Parlamento israelí (Kneset), la Corte Suprema y otras instituciones administrativas. A pesar de los términos del armisticio de 1949 entre Israel y Jordán, a los israelitas les fue negado el acceso a los sitios sagrados judíos, situados en la parte occidental, muchos de los cuales fueron desacralizados. Solo se permitió un acceso extremadamente limitado a los sitios sagrados cristianos.
En junio de 1967 estalló la tercera guerra Árabe-Israelí o "Guerra de los seis días" y las fuerzas israelitas tomaron la zona oriental de la ciudad que fue anexionada inmediatamente, de facto, al resto del municipio. A pesar de las protestas de los países árabes, el parlamento israelí dlaró en 1980 la Jerusalén reunificada como capital eterna de Israel mediante la Ley de Jerusalén. Esta ley fue dlarada nula por el Consejo de Seguridad de la ONU, sin eftos prácticos hasta hoy.
Durante las décadas de 1980 y 1990, mientras que Israel seguía manteniendo su rlamación sobre la totalidad de su territorio, los palestinos exigían la devolución de Jerusalén Este, incluyendo la Ciudad Antigua y los Santos Lugares. En septiembre de 1993 Israel y la Organización para la Liberación de Palestina firmaron un tratado de paz que incluía la nesidad de negociar un acuerdo sobre el futuro estatutos político de la ciudad. En septiembre de 1996, la construcción de un túnel bajo la Ciudad Antigua de Jerusalén durante la administración de Benjamín Netanyahu, condujo a la resurrción de la intifada palestina en la ciudad. En 1997 la creación de un barrio judío en una colina árabe de Jerusalén supuso el inicio de nuevas revueltas, dificultando el proceso de paz en la zona.
(2) El Santo Sepulcro
Los cruzados encontraron el grupo de construcciones tal y como fueron dejadas por la restauración de Constantino IX (1048; ver arriba). Desde 1140 hasta 1149 se llevó a cabo bajo la dirción de un arquitto, el maestro Giordano, una reparación capital de todo el conjunto y la construcción de una gran catedral de estilo franco-románico. Al este de la rotonda ubicada sobre la Anastasis se construyó el transepto, y algo más alejados, rodeados por un pasillo, se fabricaron el coro, el ábside y un arco de triunfo en la unión con la rotonda. La iglesia central se comunicada con numerosas capillas. Desde los escalones del ábside se llegaba a la capilla de Santa Elena. La entrada estaba dirigida hacia el sur, dirción en la cuál el Santo Sepulcro se transformaba en una gran construcción. Desde el coro se podía observar tanto la Anastasis como el interior de todas las capillas. Es esta iglesia levantada por los cruzados la que todavía se puede observar: las hermosas puertas de estilo románico, espialmente las orientadas en el lado sur le confieren al templo un estilo oriental. Se realizaron ligeras reparaciones en 1244, 1310, 1400 y 1719. En 1808 la rotonda se quemó hasta los cimientos y los ortodoxos convencieron al gobierno turco de que se les permitiera llevar a cabo la ronstrucción. El arquitto clausuró el arco de triunfo destruyendo de esta forma la unidad del conjunto, y reemplazó las viejas columnas de la rotonda por toscos pilares, también encerró la tumba en una cubierta de mármol. El coro de la Iglesia cruzada se trasformó en el actual Katholikon Ortodoxo, los arcos del pasillo que rodeaban al coro fueron tapados convirtiéndolo en un pasaje oscuro y la cúpula que se levanto sobre la rotonda amenazó con desplomarse en 1869. En una acción conjunta Francia y Rusia sustituyeron esta cúpula por la cubierta de hierro que todavía existe. Fue la disputa entre católicos y ortodoxos por la posesión de las llaves del Santo Sepulcro la causa inmediata de la Guerra de Crimea (1853). Debido a la mutua desconfianza entre ambas iglesias y al temor de que se violaran sus antiguos privilegios no se realizaron las reparaciones de aquellas partes del templo que lo nesitaban, espialmente en el interior de la cúpula de la Anastasis donde era ostensible el grado de deterioro. Lo más problemático de todo fue la reparación del tho porque en la ley turca el derecho a reparar implicaba posesión y la posesión del tho implicaba la posesión de todo lo que este cubre. A pesar de que la construcción actual está erigida y dividida en un complejo amasijo de oscuros pasajes y capillas rargadas de ornamentaciones, todavía es posible trazar el plano del gran templo cruzado.
(3) El Patriarcado Ortodoxo
A pesar de todos los cambios políticos ocurridos bajo los sarracenos, los egipcios y los turcos la antigua línea de los Patriarcas de Jerusalén (que siguieron a la Iglesia de Constantinopla durante el cisma del siglo once) se mantuvo, aunque hay poco que contar de su historia. La línea se interrumpió a menudo y ocurrieron numerosas y discutidas sucesiones. La lista completa de los patriarcas desde Sofronio se puede encontrar en Le Quien "Oriens Christianus", III, 498-516. Cuando los cruzados tomaron Jerusalén (1099) el patriarca ortodoxo (Simon II) huyó hacia Chipre y mientras aquellos pudieron mantener el control de la ciudad, les fue imposible a los rivales cismáticos de los patriarcas latinos vivir en Jerusalén. En 1142 los ortodoxos continuaron su línea mediante la elección de Arsenio II que residió en Constantinopla. Después que los musulmanes rapturaran la ciudad los patriarcas ortodoxos regresaron y se asentaron en sus alrededores. A partir de este momento, el único evento digno de mención en la historia del Patriarcado Ortodoxo de Jerusalén es el Sínodo de Jerusalén (a menudo erróneamente nombrado como Sínodo de Belén) en 1672. Este sínodo representa el clímax de la reacción ortodoxa contra las herejías de Cirilo Lucaris (m.1638). Cirilo fue Patriarca de Constantinopla (Cirilo I) en cinco períodos diferentes (1620-3, 1623-30, 1630-4, 1634-5 y 1637-8) y se había permeado de las ideas protestantes de sus amigos en Alemania e Inglaterra. Como Patriarca organizó, o más bien trató de organizar, un partido reformista y en 1629 escribió la famosa "Confesión" (Confesión Oriental de la Fe Cristiana), la cual estaba llena de las más puras ideas calvinistas. Finalmente Lucaris fue acusado de traición contra el sultán y estrangulado por los jenízaros en 1638. Dejó un cierto número de discípulos protestantes pero la inmensa mayoría de los ortodoxos abjuraron de las nuevas doctrinas. En los años que siguieron a su muerte se realizaron cuatro sínodos: Constantinopla (1639), Iasi, en Moldavia (actualmente pertene a Rumanía N. del T.) (1643), Jerusalén (1672) y nuevamente en Constantinopla (1672) donde la fe ortodoxa se reafirmó de la manera más radical frente al protestantismo. De todos estos sínodos el celebrado en Jerusalén fue, con mucho, el más importante. De hecho ha sido uno de los pronunciamientos oficiales más relevantes de la Iglesia Ortodoxa, pudiendo ser comparado con nuestro Concilio de Trento. Fue Dositeo, Patriarca de Jerusalén (1669-1707) y ciertamente el obispo más distinguido en este último período, quien convocó a dicho sínodo. Él es considerado uno de los teólogos ortodoxos modernos más importantes y estudiados. Como Patriarca disuadió al gobierno turco de expulsar a los latinos y armenios de los Santos Lugares y reorganizó los monasterios de su patriarcado sobre bases más estrictas. Como teólogo escribió obras contra los católicos y roltó evidencia de escritores antiguos acerca de algunos de los temas que se discutían en su tiempo: la eterna cuestión del papado y la procedencia del Espíritu Santo, la controversia del hesicasmo, etc. y sobre todo trató las cuestiones introducidas por Lucaris y sus discípulos. Sus obras principales fueron: Tomos katallages (1692), Tomos agapes (1699), Tomos charas (1705). En la primera publicó las actas de un pretendido Sínodo de Constantinopla contra los latinos en 1540 aunque ni este sínodo ocurrió ni las actas son verídicas. Dositeo también escribió una "Historia de los Patriarcas de Jerusalén", publicada después de su muerte (Bucarest, 1715). Este trabajo contiene más de lo que su título sugiere y casi puede ser considerada una historia de la Iglesia vista desde el punto de vista ortodoxo, incluyendo polémicas vehementes en contra de otras Iglesias.
Sin duda alguna la obra maestra de Dositeo fue el Sínodo de Jerusalén, convocado en ocasión de la consagración de una iglesia en Belén en 1672 (de ahí el nombre de "Sínodo de Belén"). El Sínodo se celebró ese mismo año en Jerusalén. Las actas están firmadas por Dositeo, su predesor, el expatriarca Ntario, seis metropolitanos y obispos, el Archimandrita del Santo Sepulcro, Josafat, y un gran número de otros archimandritas, sacerdotes, monjes y teólogos para un total de sesenta ocho. La Iglesia de Rusia estaba representada por el monje Timoteo. Las actas tienen fecha del 20 de marzo de 1672 y portan el título: "Cristo guía. Una defensa de la Fe Ortodoxa, o la Apología compuesta por el Sínodo de Jerusalén bajo la autoridad del Patriarca de Jerusalén, Dositeo, contra los herejes calvinistas, quienes falsamente dicen que la Iglesia Oriental piensa de forma herética acerca de Dios y de las cosas divinas de la misma forma en que ellos lo hacen". La primera parte comienza citando la frase: "Existe un tiempo para hablar y un tiempo para callar", frase que es en seguida explicada y desarrollada. También narra como fue convocado el sínodo y niega vehementemente que la Iglesia Ortodoxa Oriental hubiera apoyado alguna vez las opiniones atribuidas a Lucaris. Para enfatizar esto se citaron las relaciones entre los luteranos y Jeremías II de Constantinopla, así como las actas de los sínodos anteriores (Constantinopla e Iasi). Se realizó entonces un intento muy elaborado para demostrar que Lucaris no había escrito realmente las famosas "Confesiones". Para lograr esto se compararon, cláusula por cláusula, las "Confesiones" con otras dlaraciones realizadas por Lucaris en sus sermones y escritos. Este intento de negación, debe ser interpretado como un ejemplo de manipulación de los hhos por parte del sínodo puesto que no existe ninguna duda de la autenticidad de las "Confesiones" de Lucaris. El que él utilizara otro tipo de lenguaje en otras ocasiones, espialmente durante las predicaciones, es bien conocido y completamente natural. En el capítulo II el sínodo dlara que en cualquier caso Lucaris no le enseñó las "Confesiones" a nadie (lo cual es completamente falso) y trata de encontrar razones adicionales que permitan dudar de su autoría. En el capítulo III sostiene que: incluso en el caso de haberlas escrito, no por esto se volverían una Confesión de Fe de la Iglesia Ortodoxa, simplemente quedarían como la opinión personal de un hereje. Esto les permite a los Padres moverse en un terreno seguro. En el capítulo IV defiende, no a Cirilo, sino a la Iglesia Ortodoxa al citar sus fórmulas. Contiene también una lista de anatemas contra las herejías de las "Confesiones". El capítulo V trata nuevamente de defender a Cirilo al enumerar varios de sus hhos y sentencias. También transcribe completamente el dreto del Sínodo de Constantinopla de 1639 y el de Iasi (Giaision) en 1641. El capítulo VI contiene el dreto del sínodo en la forma de las "Confesiones de Dositeo". Tenía diiocho dretos (horoi), y además cuatro "preguntas" (eroteseis) con largas respuestas. En estas, todos los puntos negados por las "Confesiones" de Lucaris (Iglesia y Biblia, predestinación, culto a los santos, sacramentos, la Real Presencia, la liturgia, el sacrificio real, etc.) son reafirmados ampliamente y de forma categórica. Un corto epílogo finaliza las actas seguido de la fecha, las firmas y los sellos.
Por su marcado antiprotestantismo (los protestantes son presentados como herejes evidentes y airetikon koryphaiotatoi) los escritores protestantes han descrito este sínodo como si fuera obra de los jesuitas, del embajador francés, Olivier de Nointel y de otros católicos que habrían estado socavando a la Iglesia Oriental. Si bien es cierto que el Sínodo de Jerusalén representó una fuerte reacción equivalente a la católica, frente a los problemas planteados por Lucaris (por ejemplo acepta y defiende el término transubstanciación - metousiosis) lo más significativo es que todos sus dretos fueron aceptados sin reservas por toda la Iglesia Ortodoxa. Estos fueron aprobados por los otros patriarcas, la Iglesia de Rusia, etc. Sus textos completos se encuentran impresos entre los libros simbólicos de la Iglesia Ortodoxa y forman un credo oficial, o dlaración en su sentido más estricto, que todo Cristiano Ortodoxo está obligado a aceptar.
Un asunto que involucró al Patriarcado Ortodoxo de Jerusalén fue el de la independencia del gran monasterio del Monte Sinaí. Este monasterio, uno de los más ricos y famosos de la cristiandad oriental (En 1859 Tischendorf encontró allí el Codex Sinaiticus de la Biblia N.del T.) estuvo en su momento sujeto a la jurisdicción del Patriarca de Jerusalén. En 1782, después de una gran disputa, el Abad del Monte Sinaí tuvo éxito en hacer valer su independencia de cualquier patriarcado. Como arzobispo de Sinaí el abad gobernaba ahora sobre la pequeña iglesia autocéfala de su congregación aunque todavía tenía que ordenarse en Jerusalén y los patriarcas constantemente trataban de ejercer alguna autoridad sobre la pequeña e independiente iglesia-hija. La última gran pelea fue en 1866 cuando el arzobispo (Cirilo el Bizantino) tuvo una disputa con sus monjes. En lugar de apelar a Jerusalén escribió a Constantinopla pidiendo ayuda. Sofronio III de Constantinopla (1863-67) tomó en sus manos su causa contra los monjes. Como consuencia el Patriarca de Jerusalén convocó a un sínodo (1867) en el cual protestó duramente contra la interferencia de Constantinopla. Las otras Iglesias Ortodoxas apoyaron a Jerusalén, no tanto por aprobar los dudosos derechos de esta sobre el Sinaí, sino por ser esta una buena y siempre bienvenida oportunidad de oponerse a la arrogante interferencia de Constantinopla. De esta forma Cirilo fue depuesto y el Patriarca de Constantinopla tuvo que renunciar. Este fue el último intento que realizó Jerusalén de interferir en los asuntos de la que es hasta ahora universalmente ronocida como la Iglesia Autocéfala del Sinaí. En la actualidad el único vínculo jerárquico del monasterio con el Patriarcado de Jerusalén es la disposición antes mencionada de que el abad tiene que ser ordenado obispo por el Patriarca de Jerusalén, quién también es rordado en la liturgia del monasterio. La comunidad monástica está conformada por unos veinte monjes quienes junto a unos cientos de beduinos y pescadores habitan en el Sinaí (N. del T.).
Con el paso de los siglos el patriarcado, que nunca fue muy rico, sufrió un empobrimiento constante y ya en su época, Dositeo se quejaba de esta tendencia. Día que las peregrinaciones eran escasas y que además los peregrinos traían poco dinero y constantemente se vio obligado a viajar hasta Constantinopla, Rusia, Moldavia, etc. roltando limosnas. Una consuencia de la conquista turca fue que desde 1517 los Patriarcas de Jerusalén quedaron sujetos en cuestiones civiles a sus hermanos de Constantinopla, al menos en lo que concernía a las relaciones con los gobernantes. Los turcos nombraron al Patriarca uménico cabeza civil de toda la "nación romana" (rum millet), que no era más que la Iglesia Ortodoxa. Los demás patriarcas podían acercarse a la Sublime Puerta solamente a través de este Patriarca. Esa autoridad civil no debe confundirse con la jurisdicción lesiástica. En el código de derecho canónigo ortodoxo la iglesia de Jerusalén es autocéfala por lo que no ronoce más autoridad que la de Cristo y la de los Siete Consejos. Jerusalén como el resto de las ramas independientes en las Iglesias Orientales siempre resistió indignada los numerosos intentos de Constantinopla de ejercer una espie de autoridad papal, y defendió tenazmente el axioma de que el obispo uménico no tiene jurisdicción lesial fuera de su patriarcado. A pesar de esto, desde aquella época y hasta principios del siglo XX la independencia de Jerusalén fue meramente teórica. Durante mucho tiempo todos los patriarcas han sido griegos. Originalmente, bajo el gobierno egipcio los patriarcas fueron árabes que salían del clero nativo de Palestina hasta que en 1534, Germano, un griego del Peloponeso, logró ser elegido y desde ese momento sus sucesores han sido todos griegos. Germano también consiguió helenizar toda la administración de su patriarcado: los monjes del Santo Sepulcro, los obispos, archimandritas y oficiales de la corte patriarcal también eran todos griegos. Se establió entonces un principio ronocido de que ningún nativo de Arabia pudiese ser nombrado para cargo alguno dentro del patriarcado. Lo anterior trajo como consuencia que durante más de tres siglos la curia patriarcal de Jerusalén permaniera como una colonia extranjera completamente separada del clero árabe nativo (de menor jerarquía) y del pueblo. Sin embargo, este estado de cosas pronto llegaría a su fin. Siguiendo el ejemplo triunfante de Antioquía se fomentó un estado de gran agitación entre los árabes ortodoxos para asegurarse un lugar dentro de su patriarcado. Como estaban apoyados por Rusia paría que podían tener éxito. El patriarca de entonces, Damianus, quien por supuesto era griego, no era mal visto por los agitadores árabes. Por otro lado, los monjes, la "Fraternidad del Santo Sepulcro" se mantuvieron firmes como el baluarte de la ortodoxia frente a la situación creada y trataron a los árabes como revolucionarios cismáticos. Todo el mundo escuchó acerca de los escandalosos disturbios que tuvieron lugar en 1908, que culminaron con la pretendida deposición del patriarca. Además, hasta fines del siglo XIX, la mayoría de los patriarcas griegos ni siquiera se habían molestado en residir en su ciudad titular. Simples sirvientes del obispo uménico y sin ningún interés en su rebaño árabe, se contentaban desperdiciando sus vidas en Constantinopla, en el Fanar (barrio griego de Estambul N. del T.), como ornamentos inservibles. Esta situación se enmendó desde la llegada de Cirilo II (1845-72) y los patriarcas comenzaron a residir cerca del monasterio del Santo Sepulcro.
Mientras tanto la sede del patriarcado había desaparido prácticamente. En los tiempos de Juvenal (420-458) obedían al nuevo patriarca cincuenta y nueve obispos de las tres Palestinas. La conquista musulmana, los cruzados y los problemas de la Iglesia Ortodoxa en Siria, redujeron gradualmente este número hasta dejar un puñado de obispos titulares que residían en Jerusalén en vez de en sus diócesis y un grupo de sedes cuyos títulos están registrados, pero que en realidad se encontraban vacantes. En 1913 solamente un obispo (el Metropolitano de Acre) vivía en su diócesis. El listado completo de los Patriarcas de Jerusalén durante este período se puede encontrar en Le Quien, "Oriens Christianus", III, o en Williams, "Holy City", I, pp. 487-8. Los patriarcas del siglo diinueve son: Antemio, 1787-1808; Policarpo, 1808-27; Atanasio V, 1827-45, Cirilo II, 1845-72. Este último rehusó a firmar la excomunión de los búlgaros en 1872 y fue depuesto ese mismo año. Procopio fue elegido mientras Cirilo todavía dlaraba ser el patriarca. Rusia y los árabes nativos ronocieron a Cirilo; el Fanar y prácticamente todo el mundo ortodoxo a Procopio. Rusia depuso a Procopio en 1875 y Cirilo murió poco después. Rusia nombró entonces a Hieroteo, quien para sorpresa de todos se puso de parte del Fanar en la disputa búlgara, de modo que Rusia se sintió traicionada y aprovhó la oportunidad para confiscar las propiedades del Santo Sepulcro en Besarabia. Hieroteo murió
Jesu Dulcis Memoria
Un poema de entre 42 y 53 estrofas (en varios manuscritos), que forman los tres himnos del Oficio del Santo Nombre: "Jesu dulcis memoria" (Vísperas), "Jesu rex admirabilis" (Maitines), "Jesu dus angelicum" (Laudes).
Jesu dulcis memoria,
Dans vera cordis gaudia,
Sed super mel et omnia
Ejus dulcis præsentia.
La adscripción de la autoría a San Bernardo es general y, según Mearns, (Dict. Of Hymnology, 1892) probable, una opinión por la que aún se inclinó en la segunda edición del ?Diccionario? (1907). Guéranger pensaba que determinados manuscritos ?muestran más allá de la duda? que fue compuesto en el siglo XIV por una abadesa benedictina, opinión contradicha por el manuscrito citado por Mearns, de aproximadamente 1200. Blume (véase Hymnody and Hymnology ) niega la autoría de San Bernardo, y Dom Pothier (Revue bénèdictine, X, 147) lo encontró en un manuscrito del siglo XI, adscrito a una abadesa benedictina (San Bernardo nació en 1090)
Bibliografía
Mearns, ? Dictionary of Hymnology ? (2ª ed., Londres, 1907), 585, 1536, 1656; a la lista deben añadirse traducciones de Bagshawe, ? Breviary Hymns and Missal Sequences ? (Londres, 1900); Donahoe, ? Early Christian Hymns ?, serie I (New York, 1908); Henry en la ? American clesiastical Review ? (Enero., 1900), Textos latinos, traducciones y comentarios, y (Feb., 1900), notas sobre la autoría.
Escrito por H.T. Henry.
Trascrito por Mary Thomas.
Traducido al castellano por José Ponce.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.