Hhos de los Apóstoles
Siguiendo el orden aceptado de los libros del Nuevo Testamento, el quinto libro es llamado Hhos de los Apóstoles (praxeis Apostolon). Algunos han pensado que el título del libro fue diseñado personalmente por el autor. Tal es la opinión de Cornely en su "Introduction to the Books of the New Testament" (Segunda edición, página 315). Pero pare más probable que el título haya sido añadido posteriormente, del mismo modo como fueron añadidos los encabezados de varios evangelios. Basta pensar que el nombre "Hhos de los Apóstoles" no da una idea prisa acerca del contenido del libro y que difícilmente el autor hubiera utilizado tal título.
I. Contenido
II. Los orígenes de la Iglesia
III. División del Libro
IV. Objeto
V. Autenticidad
VI. Objiones contra la autenticidad
VII. Fecha de composición
VIII. Textos de los Hhos
IX. La Comisión Bíblica
I. Contenido
El libro no contiene los hhos de todos los apóstoles, ni tampoco todos los hhos de algún apóstol en particular. El texto comienza aportando una breve información de los cuarenta días que sucedieron a la resurrción de Cristo y durante los cuales Él se aparió a los apóstoles "hablándoles del Reino de Dios". Enseguida se mencionan brevemente la promesa del Espíritu Santo y la Ascensión de Cristo. San Pedro aconseja que se elija a un sucesor para que tome el lugar de Judas Iscariote; Matías es selcionado a base de har suertes. En Pentostés, el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles y les da el don de lenguas. San Pedro explica el gran milagro a los asombrados testigos, probándoles que es por el poder de Jesucristo que dicho milagro se realiza. Como resultado de ese maravilloso discurso muchos se convirtieron a la religión de Cristo y fueron bautizados, "y aquel día se les unieron unas tres mil personas". Esto marcó el comienzo de la Iglesia Judeo-cristiana. "Y el Señor agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando". Junto a la puerta del templo que llamaban "la Hermosa", Pedro y Juan sanan a un hombre que era paralítico desde el vientre de su madre. La población estaba llena de azoro y admiración ante el milagro y corrieron tras Pedro y Juan en el pórtico llamado de Salomón. De nueva cuenta, Pedro predica a Jesucristo, afirmando que la fe en el nombre de Jesús era la que había sanado al tullido. "Muchos de los que habían oído el discurso creyeron y el número, contando sólo a los hombres, llegó a unos cinco mil". Pero "se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos, indignados porque enseñaban al pueblo y anunciaban en la persona de Jesús la resurrción de los muertos. Les haron mano y los pusieron bajo custodia hasta el día siguiente". A la mañana siguiente Pedro y Juan fueron llamados ante los gobernantes, los ancianos y los escribas, entre los que se encontraban Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, y todos los parientes del Sumo Sacerdote. Habiendoles puesto en medio de ellos, les preguntaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?". A lo cual, Pedro, lleno del Espíritu Santo, respondió pronunciando una de las más sublimes profesiones de fe cristiana que haya hecho persona alguna: "Sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo, el Nazoreo, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante de vosotros. Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despriado y que se ha convertido en piedra angular (Is . 28; Mt 21, 42) y no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos". Los miembros del Consejo hubieron de enfrentar dirtamente la evidencia más positiva de la verdad de la religión cristiana. Ordenaron a los dos apóstoles que abandonaran el salón y entonces el Consejo deliberó, diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres?. Es evidente para todos los habitantes de Jerusalén que ellos han realizado un milagro manifiesto y no podemos negarlo". He aquí uno de los grandes cumulus de evidencia sobre los que descansa la fe cristiana. El consejo de los jefes judíos de Jerusalén, amargamente hostil, se ve obligado a dlarar que ha sucedió un notable milagro, innegable y manifiesto a los habitantes de esa ciudad.
Con toda astucia, el Consejo intenta frenar el gran movimiento del cristianismo. Amenazan a los apóstoles y les ordenan que no hablen ni enseñen a nadie en el nombre de Jesús. Pedro y Juan cuestionan la orden, invitando al Consejo a que juzgue si es corrto obeder a éste antes que obeder a Dios. Por temor a la población, que estaba glorificando a Dios por el gran milagro, los miembros del Consejo no pudieron imponer ningún castigo a los dos apóstoles. Puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron a donde estaban los otros apóstoles. Todos alabaron a Dios y le pidieron fortaleza para anunciar su palabra. Después de la oración, el lugar tembló y todos quedaron llenos del Espíritu Santo. En aquella época, el fervor de los cristianos era muy grande. Todos tenían un solo espíritu y un solo corazón. Todo lo tenían en común. Los que tenían tierras o casas las vendían y daban el prio a los apóstoles para que éstos lo distribuyeran entre los que tenían nesidad. Pero un cierto Ananías, en complicidad con su esposa Safira, vendió una posesión y guardó parte del dinero. El Espíritu Santo reveló a San Pedro la verdad del engaño por lo que el apóstol regañó a Ananías por mentir al Espíritu Santo. Enseguida el hombre cayó muerto. Poco después llegó Safira, sin conocer aún la muerte de su esposo, y fue interrogada por San Pedro acerca del negocio. También ella había guardado una parte del dinero y mentirosamente afirmó que ya se había entregado la cantidad completa a los apóstoles. San Pedro la amonestó y también ella murió ahí mismo. La multitud vio en la muerte de Ananías y Safira un castigo de Dios y el temor se apoderó de todos. Este milagro del castigo de Dios también confirmó la fe de los creyentes y atrajo más discípulos. Los milagros eran nesarios en esta etapa de la vida de la Iglesia para dar testimonio de la verdad de su enseñanza, por lo que el poder de los milagros fue abundantemente derramado sobre los apóstoles. Tales milagros no son detallados minuciosamente en los Hhos, pero sí se afirma: "Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en el pueblo..." (Hh 5, 12). Multitudes de hombres y mujeres se añadían a la comunidad cristiana. La población de Jerusalén llevaba a los enfermos y los ponía en literas y camillas a lo largo de las calles para que la sombra de San Pedro pudiera cubrirlos. Traían incluso a los enfermos de las ciudades vinas de Jerusalén, y todos quedaban curados.
La sta más poderosa entre los judíos de esa época era la de los saduceos. Ellos se oponían duramente a la religión cristiana a causa de la doctrina sobre la resurrción de los muertos. La verdad cardinal de la enseñanza de los apóstoles era: la vida eterna a través de Jesús, crucificado por nuestros pados y resucitado de entre los muertos. El Sumo Sacerdote Anás favoría a los saduceos y su hijo Anano, quien después se convertiría en Sumo Sacerdote, era un saduceo (Josefo, Antigüedades de los Judíos, XX, 8). Estos terribles starios hicieron causa común con Anás y Caifás en contra de los apóstoles de Cristo y los metieron a la cárcel. El libro de los Hhos no deja duda alguna respto al motivo- "Llenos de envidia"- que inspiró al Sumo Sacerdote y sus starios. Los líderes religiosos de la antigua Ley veían cómo disminuía su influencia entre el pueblo ante el poder que actuaba a través de los apóstoles de Cristo. Por la noche, un ángel del Señor abrió las puertas de la prisión, liberó a los apóstoles y les ordenó ir a predicar en el Templo. El Consejo de los judíos, a no encontrar en la cárcel a Pedro y a Juan, y habiendo oído de su milagrosa liberación, se quedaron perplejos. Al saber que estaban en el Templo, enseñando, enviaron a los soldados a que los trajeran ante ellos, sin violencia, por temor a pueblo. Queda evidente que la gente común estaba dispuesta a seguir a los apóstoles; la oposición venía de los sacerdotes y de las clases dirigentes, mayormente configuradas por los saduceos. El Consejo acusó a los apóstoles de que, lejos de obeder la prohibición de predicar en nombre de Cristo, habían llenado a Jerusalén con sus enseñanzas. La respuesta de Pedro fue que ellos debían obeder a Dios antes que a los hombres. Y valientemente reiteró la doctrina de la redención y de la resurrción. El Consejo, desde entonces, andaba buscando cómo matar a los apóstoles. En ese punto, Gamaliel, un doctor de la Ley judía, tenido en mucho por todo el pueblo, se levantó en medio del Consejo para defender a los apóstoles. Argumentó que si la nueva enseñanza era de los hombres, terminaría cayendo por si misma, pero si fuera de Dios, sería imposible de aniquilar. Prevalió la opinión de Gamaliel y el Consejo, habiendo llamado a los apóstoles, luego de tortirarlos, los dejó ir, ordenándoles que no hablasen más en nombre de Jesús. Al partir los apóstoles, lo hacen llenos de regocijo de saberse dignos de sufrir afrentas a causa del Nombre. Y diariamente, en el Templo o en privado, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús el Cristo.
Habiéndose levantado un rumor entre los judíos griegos de que sus viudas eran menospriadas en el reparto diario, los apóstoles considerando indigno que ellos se tuvieran que ocupar del servicio a las mesas y descuidar con ello la palabra de Dios, nombraron a siete diáconos para ocuparse de ello. Entre ellos hacía cabeza Esteban, un hombre lleno del Espíritu Santo. El realizó muchas señales maravillosas entre la gente. Los judíos anti cristianos trataron de resistirle, pero no podían ante su sabiduría y el espíritu con el que hablaba. Entonces rurrieron al soborno de algunas gentes para que afirmaran que él había hablado en contra de Moisés y del Templo. Esteban fue aprehendido y llevado ante el Consejo. Los falsos testigos afirmaron que ellos habían escuchado a Esteban dir que "Jesús, ese Nazoreo, destruiría este lugar y cambiaría las costumbres que Moisés nos transmitió". Los que estaban en el Consejo vieron el rostro de Esteban que paría el de un ángel. Esteban se defiende, repasando los eventos de la primera alianza y su relación a la nueva Ley. Es después arrastrado fuera de la ciudad, donde es apedreado a muerte. Antes de morir, de rodillas, ora: "Señor, no les tengas en cuenta este pado". A partir del martirio de Esteban se desató una gran persución en contra de la Iglesia de Jerusalén. Excepción hecha de los apóstoles, los fieles hubieron de dispersarse en Samaria y Judea. El líder de la persución era Saulo, quien después se convertiría en el gran San Pablo, el Apóstol de los Gentiles. El diácono Felipe primero predicó exitosamente en Samaria. Como todos los predicadores de los primeros días de la Iglesia, Felipe confirmaba su predicación con milagros. Pedro y Juan subieron a Samaria para confirmar a los convertidos por Felipe. Este, guiado por un ángel, va de Jerusalén a Gaza, y en el camino convierte al eunuco de Candace, la reina de Etiopía. Enseguida es conducido Felipe por la fuerza de Dios a Azoto desde donde comenzó a predicar en todas las ciudades costeras hasta llegar a Cesárea.
Saulo, respirando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, parte para Damasco a arrestar a cuanto cristiano pudiera encontrar ahí. Ya cerca de Damasco, el Señor Jesús le habla desde el cielo y lo convierte. San Pablo es bautizado en Damasco por Ananías y continúa viviendo en esa ciudad durante un tiempo, predicando en la sinagoga que Jesucristo es el Hijo de Dios. Se retiró posteriormente a Arabia, para retornar a Damasco y, tres años después, viajar a Jerusalén. Ahí, Pablo fue originalmente ribido con desconfianza por los discípulos de Jesús. Pero, luego que Bernabé describió cómo Pablo había sido maravillosamente convertido, aquellos terminaron por aceptralo. Enseguida se dedicó a predicar valientemente en el nombre de Jesús, disputando espialmente con los judíos helenistas. Ellos planeaban matar a Pablo, pero los cristianos lo llevaron a Cesárea y de ahí a Tarso, su ciudad natal.
Los Hhos describen la Iglesia de esta época en Judea, Samaria y Galilea diciendo que "gozaban de paz...; se edificaban y progresaban en el temor del Señor y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo". Pedro va entonces a todas partes para confortar a los fieles. En Lida curó al paralítico Eneas y en Joppe levantó de entre los muertos a la piadosa viuda Tabitá (Dorcás, en griego). Tales milagros confirmaban aún más la fe en Jesucristo. En Jope, Pedro tuvo la gran visión de la sábana que era bajada del cielo conteniendo toda clase de animales a los que, en trance, se le ordenó matar y comer. Pedro se rehusó, basado en que era ilícito comer lo que era impuro. Como respuesta Dios lo hizo saber que Él había purificado lo que para los judíos era impuro. Tal visión, repetida en tres ocasiones, era la manifestación de la voluntad celestial de que debía terminarse la ley ritual de los judíos y que la salvación debía ser ofrida a judíos y gentiles sin distinción. El significado de esa visión le fue explicada a Pedro cuando un ángel le ordena ir a Cesárea a visitar al centurión Cornelio, cuyos enviados ya estaban en camino para llevarlo a casa de este último. Pedro obede y, llegado a casa de Cornelio, escucha de éste su propia visión. Pedro le predica a él y a cuantos se reunieron allí. El Espíritu Santo desciende sobre ellos y Pedro ordena que sean bautizados. De regreso en Jerusalén, los judíos alegaban que Pedro había ido a los incircuncisos y comido con ellos. Pedro les explicó la visión de Jope y la Cornelio, y cómo éste había ribido órdenes de un ángel para que enviara a roger a Pedro a Jope, y para que él y su familia ribieran de Pedro el Evangelio. Los judíos ronocieron la obra de Dios y lo glorificaban dlarando que "también a los gentiles les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida". Quienes se habían dispersado saliendo de Jerusalén en tiempos del martirio de Esteban habían llegado a lugares tan lejanos como Fenicia, Chipre y Antioquía, pero exclusivamente predicaban a los judíos. No habían entendido aún la llamada a los gentiles. Pero luego algunos conversos de Chipre y Cirene llegaron a Antioquía y comenzaron a predicar a los gentiles. Muchos creyeron y se convirtieron al Señor. Los informes del trabajo en Antioquía llegaron a oídos de la Iglesia en Jerusalén y entonces se didió enviar allá a Bernabé, "un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe". Él se llevó consigo a Pablo de Tarso y ambos permanieron en Antioquía un año enseñando a muchas personas. Los discípulos de Cristo comenzaron a ser llamados cristianos en Antioquía.
El resto de los Hhos narra la persución sufrida por los cristianos a manos de Herodes Agripa; la misión encomendada por el Espíritu Santo a Pablo y Bernabé de salir de Antioquía e ir a predicar en las naciones gentiles; los trabajos de Pablo y Bernabé en Chipre y Asia Menor; su retorno a Antioquía; la disusión en Antioquía en torno a la circuncisión; el viaje de Pablo y Bernabé a Jerusalén; la disión del Concilio Apostólico de Jerusalén; la separación de Pablo y Bernabé, a quien suplió Silas o Silvano; la visita de Pablo a las iglesias de Asia; la fundación de la iglesia de Filipo; los sufrimientos de Pablo en nombre de Jesucristo; la visita de Pablo a Atenas; la fundación de las iglesias de Corinto y Éfeso; la vuelta de Pablo a Jerusalén; la persución de los judíos en contra de Pablo; la prisión de Pablo en Cesárea; la apelación al Cesar por parte de Pablo; su viaje a Roma; el naufragio; la llegada de Pablo a Roma; su vida en esa ciudad. Por lo dicho, pensamos que un nombre más apropiado para este libro hubiera sido "Los comienzos de la Religión Cristiana". Se trata de una totalidad, artística, la historia más completa que poseemos de la manera en que se desarrolló la Iglesia.
II. Los orígenes de la Iglesia
En los Hhos vemos el cumplimiento de las promesas de Cristo. Jesús, en Hh 1,8, había prometido que los apóstoles serían investidos de poder cuando el Espíritu Santo descendiera sobre ellos, y que serían sus testigos tanto en Jerusalén como en Samaria, Judea y en los fines más remotos de la Tierra. Jesús había dlarado, en Jn 14, 12: "El que crea en mi, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre". En esos pasajes se encuentra la clave del origen de la Iglesia. La Iglesia se desarrolló según el plan trazado por Cristo. Indudablemente que en la narración se nota el desarrollo de un plan maestro. El autor detalla el desenvolvimiento del gran plan de Cristo, elaborado por su infinita sabiduría y llevado a cabo con un poder omnipotente. A lo largo de la obra se percibe, a través de su orden sistemático de narración, una prisa descripción de los detalles. Luego de la vocación de los primeros doce apóstoles, no hay otro evento de tanta importancia en la Iglesia que la conversión de San Pablo y el mandato de enseñar en nombre de Cristo. Hasta el momento de la conversión de San Pablo, el historiador inspirado de los Hhos nos había dado una versión condensada del crimiento de la Iglesia entre los judíos. Pedro y Juan eran los actores más destacados. Pero el gran mensaje debería salir de los confines del judaísmo; toda carne deberá ver la salvación de Dios. Y San Pablo será el gran instrumento por el que Cristo será predicado a los gentiles. En términos de desarrollo de la Iglesia Cristiana, San Pabló aportó más que todos los demás apóstoles y es por ello que en los Hhos él brilla como el agente más prominente de Dios para la conversión del mundo. Su designación como Apóstol de los Gentiles no impedía que él predicara a los judíos, pero sus frutos más abundantes saldrán de entre los gentiles. Él llena con el Evangelio de Cristo el Asia Proconsular, Macedonia, Gria y Roma, y la mayor parte de los Hhos está dedicada a describir su trabajo.
III. División del Libro
El autor no visualizó divisiones en la narración de los Hhos. La división la hacemos nosotros según vemos nesario. Sin embargo, la naturaleza de la historia ahí narrada fácilmente sugiere una división general de los Hhos en dos partes:
* El comienzo y propagación de la religión cristiana entre los judíos (1-9)
* El comienzo y la propagación de la religión cristiana entre los gentiles (10-28). San Pedro es el protagonista de la primera parte; San Pablo, de la segunda.
IV. Objeto
Los Hhos de los Apóstoles no deben ser vistos como un escrito aislado, sino como una parte integral dentro de una serie bien ordenada. Los Hhos presuponen que sus ltores ya conocen los Evangelios; es una continuación de los mismos. Los cuatro evangelistas concluyen con la narración de la resurrción y ascensión de Jesucristo. San Marcos es el único que trata de sugerir la continuación de la historia y resume su narración en una breve frase: "Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Mc 16, 20). Los Hhos toman la narración en ese punto y registra sucintamente los eventos que fueron realizados por el Espíritu Santo a través de los agentes humanos que Él eligió. Es el registro condensado del cumplimiento de las promesas de Jesucristo. Los evangelistas reportan las promesas que Cristo hizo a sus discípulos referentes a la institución de la Iglesia y a su misión (Mt 16, 15-20); el don del Espíritu Santo (Lc 24, 49; Jn 14, 16-17); la vocación de los gentiles (Mt 28, 18-20; Lc 24, 46-47). Los Hhos reportan su cumplimiento. La historia comienza en Jerusalén y termina en Roma. Con una simplicidad que se antoja divina, los Hhos nos muestran el crimiento de la religión de Cristo entre las naciones. La revelación hecha a San Pedro elimina la distinción entre judíos y gentiles; Pablo es llamado para dedicarse espialmente al ministerio de los gentiles; el Espíritu Santo opera maravillas para confirmar las enseñanzas de Cristo; los hombres sufren y mueren pero la Iglesia cre, y de esa manera todo el mundo llega a ver la salvación de Dios. En ninguna otra parte de la Sagrada Escritura se ve al Espíritu Santo actuando con tanta fuerza como en los Hhos de los Apóstoles. Él llena a los apóstoles de conocimiento y poder en Pentostés. Ellos dicen lo que el Espíritu Santo les indica. El Espíritu Santo impulsa a Felipe el diácono para que se dirija al eunuco de Candace. El mismo Espíritu toma a Felipe, después del bautismo del eunuco, y lo lleva a Azoto. El Espíritu Santo le dice a Pedro que vaya a casa de Cornelio y cuando le está predicando a este último y a su familia, es el Espíritu Santo quien desciende sobre ellos. El Espíritu Santo dirtamente ordena que Pablo y Bernabé sean destinados al ministerio de los gentiles. Es el Espíritu Santo quien prohíbe a Pablo y a Silas que prediquen en Asia. Por la imposición de manos, el Espíritu Santo constantemente viene a los fieles. En todos los asuntos Pablo es dirigido por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo le advierte que le esperan cadenas y aflicciones en cada ciudad. Cuando Agabo profetiza el martirio de Pablo, le dice: "Así dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al hombre de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles". Los Hhos afirman que la gracia del Espíritu Santo es derramada sobre los gentiles. En la espléndida narración del martirio de Esteban, se dice de él que estaba lleno del Espíritu Santo. Fruentemente se afirma que los apóstoles están llenos del Espíritu Santo. Cuando Pedro hace su defensa ante los gobernantes, escribas y ancianos, él está lleno del Espíritu Santo. Felipe es elegido como diácono porque está lleno de fe y del Espíritu Santo. Al ser enviado Ananías a Pablo en Damasco, dice que el motivo es que Pablo robre la vista y sea lleno del Espíritu Santo. De Jesucristo se dice que fue ungido por el Espíritu Santo. Bernabé también es descrito como lleno del Espíritu Santo. Los samaritanos riben el Espíritu Santo por la imposición de las manos de Pedro y Juan. Esta historia revela el verdadero carácter de la religión cristiana: sus miembros son bautizados en el Espíritu Santo y sostenidos por su poder. El Espíritu Santo es la fuente de la infalibilidad en la enseñanza de la Iglesia, de la gracia, y del poder que resiste las puertas del infierno. Fue por la fuerza del Espíritu Santo que los apóstoles establieron la Iglesia en los grandes centros del orbe: Jerusalén, Antioquía, Chipre, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe, Filipo, Tesalónica, Berea, Atenas, Corinto, Efeso y Roma. Desde esos lugares partió el mensaje a las naciones vinas. Vemos en los Hhos el cumplimiento de las promesas hhas por Cristo justo antes de la ascensión: "Vosotros ribiréis una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y de este modo seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra". En el Nuevo Testamento los Hhos actúan como vínculo entre los evangelios y las epístolas de San Pablo; proveen la información nesaria acerca de la conversión de San Pablo y su apostolado, y acerca de la formación de las grandes iglesias a las que Pablo dirigió sus cartas.
V. Autenticidad
La autenticidad de los Hhos de los Apóstoles queda probada por su evidencia intrínsa y es atestiguada por la voz concordante de la tradición. La unidad de estilo y la perfción artística de los Hhos nos llevan a aceptar que se trata de la obra de un solo autor. Tal cosa no sucedería si se tratara de una colción de obras de diferentes autores. El autor escribe dejando ver que es un testigo presencial y compañero de San pablo. Los pasajes 16,10.17; 20, 5-15; 21, 1-8; 27, 1; 28, 16 son conocidos como los pasajes nosotros. En ellos el autor siempre utiliza la primera persona de plural, identificándose como alguien muy cercano a San Pablo. Ello excluye la teoría de que Hhos es obra de un redactor. Como bien dice Renan, el uso del pronombre de primera persona de plural es incompatible con cualquier teoría de redacción. Sabemos por muchas fuentes que Lucas fue compañero y colaborador de Pablo. En el saludo de su escrito a los Colosenses, Pablo asocia consigo a "Lucas, el médico querido" (4, 14). En II Tim 4, 11 Pablo dlara "El único que está conmigo es Lucas". A Filemón (24) Pablo le menciona a Lucas entre sus su colaboradores. En este artículo podemos suponer como probada la autoría lucana del tercer evangelio. En su frase inicial el autor de los Hhos implícitamente se confiesa como el autor de ese evangelio. Dirige su trabajo a Teófilo, destinatario del tercer evangelio; menciona su trabajo anterior y substancialmente da a conocer su intención de continuar la historia que, en su anterior trabajo, había dejado en el momento en que el Señor Jesús había sido ribido en el Cielo. Hay identidad de estilo entre los Hhos y el tercer evangelio. Si se examinan los textos griegos de ambas obras se percibe una notable identidad en la manera de pensar y escribir. En ambas existe la misma mirada tierna hacia los gentiles, el mismo respeto respto al Imperio Romano, el mismo tratamiento de los rituales judíos, y la misma concepción amplia de que el Evangelio es para todos los hombres. También se nota la identidad de autoría al examinar las formas de expresión del tercer evangelio y de los Hhos. Muchas expresiones comunes en ambas obras rara vez son usadas en el resto del Nuevo Testamento. Otras incluso únicamente aparen en esas dos obras. Comparemos las siguientes expresiones griegas; nos convenceremos que ambas son del mismo autor:
* Lc 1,1 y Hh 15, 24-25
* Lc 15 y Hh 1, 5; 27, 14; 19, 11
* Lc 1, 20, 80 y Hh 1, 2, 22; 2, 29; 7, 45
* Lc 4, 34 y Hh 2, 27; 4, 27, 30
* Lc 23, 5 y Hh 10, 37
* Lc 1, 9 y Hh 1, 17
* Lc 12, 56; 21, 35 y Hh 17, 26
La última de las expresiones paralelas citadas, to prosopon tes ges, solamente es usada en el tercer evangelio y en los Hhos. La evidencia de la autoría de los Hhos es acumulativa. La evidencia intrínsa queda corroborada por los testimonios de muchos testigos. Debe ronocerse, sí, que en los Padres Apostólicos apenas se menciona el libro de los Hhos de los Apóstoles. Los Padres de ese tiempo escribieron muy poco, y los eftos del paso del tiempo nos han robado de mucho de lo que escribieron. Los evangelios eran más importantes en la enseñanza de aquellos días y consuentemente poseen testigos más abundantes. El canon de Muratori contiene el canon de las Escrituras de la Iglesia de Roma del siglo II. De los Hhos dice: "Pero los hhos de todos los Apóstoles fueron escritos en un libro, escrito por Lucas para el excelente Teófilo, porque él fue testigo ocular de todo". En "La Doctrina de Addai", que contiene la antigua tradición de la Iglesia de Edesa, se ronocen los Hhos como parte de las Sagradas Escrituras (Doctrina de Addai, ed. Phillips, 1876, 46). Los capítulos 12, 13, 14 y 15 del tercer libro de San Ireneo, "Contra los herejes", están basados en los Hhos de los Apóstoles. Ireneo defiende convincentemente la autoría lucana del tercer evangelio y los Hhos de los Apóstoles diciendo: "Que Lucas fue inseparable de Pablo, y su colaborador en el Evangelio, él mismo lo señala claramente, no para presumir sino como obligado por la verdad misma... Y narra el resto de los acontimientos en los que estuvo con Pablo... Como Lucas hubiese estado presente en todos ellos, él los anota cuidadosamente en sus escritos, de modo que no se le puede acusar de falsedad o presunción, etc.". Ireneo unifica en si mismo ser testigo de la Iglesia Cristiana del Este y del Oeste del segundo siglo. Él da inalterada continuidad a las enseñanzas de los Padres Apostólicos. En su tratado "Del ayuno", Tertuliano acepta los Hhos como escritura sagrada y los apoda "Comentarios de Lucas". En su tratado "Sobre las normas acerca de los herejes", XXII, Tertuliano defiende fuertemente la canonicidad de los Hhos: "Definitivamente Dios cumplió su promesa, pues en los Hhos de los Apóstoles se prueba que el Espíritu Santo había descendido. Aquellos que rhazan las Escrituras no pueden pertener al Espíritu Santo, pues no pueden ronocer que el Espíritu Santo ya fue enviado a los discípulos, ni pueden presumir que son una iglesia quienes no tienen forma de probar positivamente cuándo y con cuáles cuidados maternales fue establido este cuerpo". En el capítulo XXIII del mismo tratado Tertuliano lanza un reto a aquellos que rhazan los Hhos: "Puedo dir aquí a quienes rhazan los Hhos de los Apóstoles: Hace falta que primeramente nos demuestren quién era Pablo, tanto antes de convertirse en apóstol como después de su conversión, y cómo llegó a ser apóstol", etc. Clemente de Alejandría es otro claro testigo. En "Stromata", V, 11, afirma: "Muy instructivamente, pues, dice Pablo en los Hhos de los Apóstoles: `El Dios que hizo el mundo y todo cuanto hay en él, que es el Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos de hombres`" (Hh 17, 24-25). Y en el capítulo 12 sentencia: "Como Lucas en los Hhos de los Apóstoles relata que Pablo dijo: `Varones de Atenas, yo percibo que ustedes son muy supersticiosos en todo`". En su Homilía XIII, sobre el capítulo 2 del Génesis, Orígenes afirma que la autoría lucana de los Hhos de los Apóstoles es una verdad aceptada mundialmente. Eusebio (Historia clesiastica III, XXV) ubica los Hhos entre los ta homologoumena, los libros de los que nadie ha dudado. La autenticidad de los Hhos ha quedado tan bien demostrada que aún el escéptico Renan se vio forzado a dlarar: "Algo fuera de duda es que los Hhos tienen el mismo autor del tercer evangelio y son una continuación del mismo. No es nesario probar ese hecho, que nunca ha sido cuestionado seriamente. Los prefacios de ambas obras, su dedicación a Teófilo, la similitud perfta entre sus ideas y maneras de expresión proveen una demostración convincente de esa realidad" (Les Apôtres, Introduction, p. x). Y agrega: "El tercer evangelio y los Hhos forman una obra bien ordenada, escrita reflexivamente y aún con arte, por la misma mano y con un plan bien definido. Las dos obras forma una totalidad, teniendo el mismo estilo, presentando las mismas expresiones características y citando las escrituras de la misma manera" (ibid. p. XI).
VI. Objiones contra la autenticidad
A pesar de todo, hay quien contradice esta bien probada verdad. Baur, Schwanbk, De Wette, Davidson, Mayerhoff, Schleiermacher, Bleek, Krenkel y otros han objetado la autenticidad de los Hhos. Una de las objiones se debe a la discrepancia entre Hh 9, 19-28 y Gal 1, 17-19. En la Epístola a los Gálatas, 1, 17-18, San Pablo dlara que, inmediatamente después de su conversión, él se fue a Arabia y luego volvió a Damasco. "Luego, de ahí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas". En los Hhos no se hace mención del viaje de Pablo a Arabia, y el viaje a Jerusalén se ubica inmediatamente después de la noticia sobre la predicación de Pablo en las sinagogas. Hilgenfeld, Wendt, Weizäcker, Weiss y otros alegan que existe ahí una contradicción entre el autor de los Hhos y San Pablo. Es una acusación insostenible. Lo que queda patente ahí es lo que fruentemente pasa entre dos autores inspirados que narran eventos sincrónicos. Ningún autor, en cualquiera de los dos testamentos, tuvo nunca en mente escribir una historia completa. Simplemente buscaban entresacar de entre un cúmulo de palabras y acciones aquellas cosas que ellos consideraban importantes y agruparlas según sus nesidades. La concordancia entre ellos se da en las grandes líneas doctrinales y en los acontimientos importantes, aunque alguien omita lo que otro narra. Los escritores del Nuevo Testamento escriben convencidos de que el mundo ya ha ribido el mensaje por medio de la transmisión oral. No todos podían tener a su alcance un manuscrito con la palabra escrita, pero todos habían escuchado las palabras de quienes predicaban a Cristo. La intensa actividad de los primeros maestros de la Nueva Ley hizo de ella una realidad nueva en cada nación. Los pocos escritos que llegaron a ver la luz eran considerados como suplementos de la gran onomía de la predicación. De ahí que encontremos notables omisiones en todos los escritores del Nuevo Testamento y cosas que son propias y únicas de cada escritor. En el caso que nos ocupa, el autor de los hhos o
Hhos Dogmáticos
Definición
Por hecho dogmático, en sentido amplio, se entiende cualquier hecho relacionado con un dogma y del cual depende la aplicación del dogma en un caso particular. Las siguientes cuestiones implican hhos dogmáticos en sentido amplio: ¿Es Pío X, por ejemplo, real y verdaderamente el Romano Pontífice [1909], debidamente elegido y ronocido por la Iglesia Universal? Esto se relaciona con un dogma, pues es un dogma de fe que todo pontífice debidamente elegido y ronocido por la Iglesia universal es sucesor de Pedro. Otro, ¿fue esto o aquello un concilio uménico? Esto, también, se relaciona con un dogma, pues todo concilio uménico esta dotado de infalibilidad y jurisdicción sobre la Iglesia Universal. La cuestión de si santos canonizados realmente murieron en olor de santidad se relaciona con un dogma, pues todo el que muere en olor de santidad se salva. En sentido estricto la expresión hecho dogmático se limita a libros y discursos pronunciados, y su significación se explicará en relación con la condena por Inocencio X de cinco proposiciones sacadas del libro póstumo de Jansenio titulado "Augustinus". Se puede preguntar, por ejemplo, si el Papa podía definir que Jansenio era realmente el autor del libro titulado "Augustinus". Se admite que no podía. Puede hablar de él como la obra de Jansenio, porque, según la opinión general, al menos, se le considera obra de Jansenio. La autoría prisa de un libro se llama hecho personal. La cuestión se centra ahora en la doctrina del libro. Los Jansenistas admitían que la doctrina enunciada en las proposiciones condenadas era herética; pero mantenían que la doctrina condenada no se enseñaba en el "Augustinus". Esto nos lleva a lo que se llaman "hhos particulares de doctrina". Así es un hecho que Dios existe, y que hay Tres Personas en Dios; aquí la misma cosa es hecho y dogma. Los Jansenistas admitían que el Papa es competente para tratar sobre hhos particulares de doctrina, pero no para determinar el significado de un libro. La controversia se trasladó entonces a la interpretación del libro. Ahora se admite que el Papa no puede definir el significado puramente interno, subjetivo, quizá singular, que un autor puede dar a sus palabras. Pero el Papa puede, en ciertos casos, determinar el significado de un libro juzgado según las leyes generales de la interpretación. Y cuando se condena un libro o proposiciones de un libro, "en el sentido del autor", se condenan en el sentido en el que el libro o las proposiciones se entenderían al interpretarse según las leyes ordinarias del lenguaje. La misma fórmula puede ser condenada en un autor y no en otro, porque, interpretada en el contexto y argumento general del autor, puede ser heterodoxo en un caso y en otro no. En sentido estricto, por tanto, un hecho dogmático puede definirse como "el significado ortodoxo o heterodoxo de un libro o proposición"; o como un "hecho que está tan relacionado con un dogma que es nesario un conocimiento del hecho para enseñar y conservar la sana doctrina". Cuando dimos que un libro contiene doctrina heterodoxa, damos a entender que cierta doctrina es heterodoxa; aquí tenemos una estrha relación entre hecho y dogma.
La Iglesia y los Hhos dogmáticos
Los Jansenistas distinguían entre "hecho" y "dogma". Sostenían que la Iglesia es infalible al definir la verdad revelada y al condenar los errores opuestos a la verdad revelada; pero que la Iglesia no es infalible al definir hhos que no se contienen en la revelación divina, y que por consiguiente la Iglesia no era infalible al dlarar que una doctrina particular, en un sentido particular, se encontraba en el "Augustinus" de Jansenio. Esto limitaría la enseñanza infalible de la Iglesia a meras doctrinas abstractas, una opinión que no puede ser aceptada. Los teólogos son unánimes al enseñar que la Iglesia, o el Papa, es infalible, no sólo al definir lo que formalmente se contiene en la revelación divina, sino también al definir verdades virtualmente reveladas, o con carácter general en todas las definiciones y condenas que son nesarias para salvaguardar el cuerpo de verdades reveladas. Se discute entre los teólogos si ha de considerarse como doctrina definida, como una doctrina de fide, que la Iglesia es infalible en sus definiciones sobre hhos dogmáticos. La razón de esta diferencia de opinión apare más abajo (3). La Iglesia, en todas las épocas, ha ejercido el derecho de pronunciarse con autoridad sobre los hhos dogmáticos; y este derecho es esencial a su función de enseñar. Siempre ha rlamado el derecho de definir que la doctrina de los herejes, en el sentido en que se contiene en sus libros o en sus discursos, es herética; que la doctrina de un autor ortodoxo, en el sentido que se contiene en sus escritos, es ortodoxa. Apenas podemos imaginar que una teoría como la de los Jansenistas se presentara en la esfera de la autoridad civil. Apenas podemos concebir que se sostuviera que un juez y un jurado pueden pronunciarse sobre una proposición abstracta de libelo, pero que no puedan encontrar que un párrafo particular de un libro o un periódico es difamatorio en el sentido en que está escrito. Si la Iglesia no pudiera definir con carácter general el sentido ortodoxo o heterodoxo de libros, sermones, conferencias y discursos, podría ser todavía infalible respto a la doctrina abstracta, pero no podría cumplir su tarea de maestra práctica de la humanidad, ni proteger a sus hijos de los peligros concretos y reales para su fe y su moral.
Fe y Hhos dogmáticos
Los Jansenistas más extremados, distinguiendo entre dogma y hecho, enseñan que el dogma es el objeto propio de la fe pero que en cuanto a la definición del hecho sólo se debe guardar un silencio un respetuoso. Rehusaron suscribir la fórmula de condena del Jansenismo, o la habrían suscrito sólo con una reserva, sobre la base de que la suscripción implicaba asentimiento interno y aquiescencia. El partido menos extremado, aunque limitando la infalibilidad de la Iglesia a la cuestión del dogma, pensaba que la fórmula podía ser firmada absolutamente y sin reserva, sobre la base de que, por costumbre generalizada, la suscripción implicaba asentimiento al dogma, pero, en relación con el hecho, sólo reverencia externa. Pero la definición de los hhos dogmáticos pide un asentimiento interno real; aunque sobre la naturaleza del asentimiento y su relación con la fe los teólogos no son unánimes. Algunos teólogos sostienen que las definiciones de hhos dogmáticos, y espíficamente las de hhos dogmáticos en la acepción más amplia del término, se creen por fe divina. Por ejemplo, la proposición, "todo Papa debidamente elegido es el sucesor de Pedro", está formalmente revelada. Luego, dicen estos teólogos, la proposición "Pío X ha sido debidamente elegido Papa", sólo demuestra que Pío X está incluido en la proposición general revelada de que "todo Papa debidamente elegido es el sucesor de Pedro". Y concluyen que la proposición, "Pío X es sucesor de Pedro", es una proposición formalmente revelada; que es creída por fe divina; que es una doctrina de fe, de fide; que la Iglesia, o el Papa, es infalible al definir tales doctrinas. Otros teólogos sostienen que las definiciones de hhos dogmáticos, en la acepción más amplia y más estricta, se riben, no por fe divina, sino por fe lesiástica, que algunos llaman fe divina mediata. Sostienen que en un silogismo tal como éste: "Todo pontífice debidamente elegido es sucesor de Pedro; pero Pío X, por ejemplo, es un pontífice debidamente elegido; por tanto es un sucesor de Pedro", la conclusión no está formalmente revelada por Dios, sino que es inferida de una proposición revelada y otra no revelada, y que por consiguiente se cree, no por fe divina, sino por fe lesiástica. Se sostendría entonces también que no ha sido formalmente definida de fide que la Iglesia sea infalible en la definición de los hhos dogmáticos. Técnicamente se diría que es teológicamente seguro que la Iglesia es infalible en estas definiciones, y esta infalibilidad no puede lícitamente ser cuestionada. Que todos están obligados a dar asentimiento interno a las definiciones de hhos dogmáticos de la Iglesia es evidente a partir de las tareas correlativas de maestro y personas enseñadas. Como es propio de la tarea de pastor supremo definir el significado de un libro o proposición, correlativamente es tarea de los sujetos enseñados aceptar este significado.
DANIEL COGHLAN
Transcrito por el Rev. Paul J. Macdonald
Traducido por Francisco Vázquez
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.