Hermeneútica
Derivada de una palabra Griega relacionada con el nombre del dios Hermes, el supuesto mensajero e intérprete de los dioses. Sería incorrto inferir de esto que la palabra denota la interpretación o la exégesis de la Escritura Sagrada. El uso ha restringido el significado de la hermenéutica a la ciencia de la exégesis Bíblica, es dir, a la colción de las reglas que gobiernan la corrta interpretación de la Escritura Sagrada. Exégesis por lo tanto se relaciona con la hermenéutica, como la lengua está a la gramática, o como el razonamiento a la lógica. Los hombres hablaron y razonaron antes de que hubiera cualquier gramática o lógica; pero es muy difícil hablar corrtamente y razonar debidamente siempre y bajo cualquier circunstancia sin un conocimiento de la gramática y de la lógica. De la misma manera nuestros primeros escritores Cristianos explicaron la Escritura Sagrada --como es interpretado en casos particulares incluso en tiempo extra por estudiantes de talento extraordinario-- sin confiar en cualquier principio formal de la hermenéutica, pero tales explicaciones, si están corrtas, estarán siempre de acuerdo con los cánones de nuestra ciencia actual de la exégesis.
I. NESIDAD DE LA HERMENÉUTICA
El lector no debe inferir que se ha dicho que la hermenéutica es una mera realización del exegeta Bíblico, ese conocimiento no es nesario para el estudiante de la Biblia. Es verdad que en la primera Iglesia la ciencia de la exégesis no fue desarrollada; pero debe ser rordado que las supuestas lenguas sagradas eran las lenguas vernáculas de los escritores Sirios y Griegos, a quienes les eran tan familiares como nosotros a las antigüedades Bíblicas, y que también fueron imbuidos en las primeras tradiciones orales que contenían la verdadera explicación de los muchos pasajes difíciles de la Sagrada Escritura. Tan pronto como estas ayudas naturales del intérprete Cristiano comenzaron a disminuir, los principios de la hermenéutica comenzaron a convertirse. Incluso en el tiempo de San Agustín fueron rogidos en un solo libro, de modo que pudieran ser dados a conocer y poner en práctica sin mucha dificultad. Cualquier persona familiarizada con una gran variedad de opiniones concerniente al significado de algunos de los pasajes más importantes de la Biblia se preguntará como explicar la Escritura sin la ayuda de la hermenéutica, entonces su demanda es una nesidad urgente. Ni puede ser dicho que la variedad de resultados exegéticos de parte de los escritores bien-versados en los principios de la interpretación científica demuestra la inutilidad de la hermenéutica en la explicación de la Sagrada Escritura. Los principios no científicos, con todo el desacuerdo de científicos siempre han desarrollado cualquier rama del conocimiento; además, en el caso de la Escritura, la hermenéutica ha disminuido el número de las opiniones de intérpretes eliminando aquellas no apoyadas por cualquier principio científico sólido. Tales principios son aún más nesarios para el intérprete Bíblico que un estudio de la lógica está para el pensador; mientras que las leyes del pensamiento se basan en una tendencia innata de la mente, el resto de las reglas de la hermenéutica se extienden en gran parte sobre los hhos externos de la mente. Y los resultados que fluyen de la aplicación de los principios de la hermenéutica no son menos importantes que aquellos derivados por medio de las leyes formales de la lógica, desde las controversias entre los Judíos y los Cristianos, entre los Cristianos y los Racionalistas, entre los Católicos y Protestantes, finalmente están de nuevo en las preguntas de la hermenéutica.
II. LÍMITES DE LA HERMENÉUTICA
Aunque la influencia de la hermenéutica es de tan gran envergadura, su eficacia no debe ser sobrestimada. La fuente de la gama de la Hermenéutica no suministra una deficiencia de la capacidad natural, ni rtifica falsos principios filosóficos o perversas pasiones, tampoco imparte la nesidad de erudición filosófica e histórica. En segundo lugar, la hermenéutica en sí misma no investiga la verdad objetiva del significado de un escritor, el cuál ha sido establido por sus cánones; no se pregunta que es verdadero o falso, pero solamente que intentó dir el escritor. Por lo tanto una verdad hermenéutica puede ser una falsedad objetiva, a menos que la escritura este sujetada a las reglas de la hermenéutica y este dotada con la prerrogativa de la inerrancia. En tercer lugar, la hermenéutica no se pregunta de la autenticidad de una escritura, ni en la autenticidad de su texto, ni tampoco en su carácter espial, por ejemplo, si sea de una naturaleza profana o sagrada. La hermenéutica Bíblica presupone, por lo tanto, un conocimiento de la historia del Canon del Antiguo y Nuevo Testamento, de un conocimiento con los resultados bajo la crítica textual, y de un estudio del tratado dogmático sobre la inspiración. El número de limitaciones de la hermenéutica no rendirá la impaciencia del lector, si él tiene presente en su mente, que lleva con paciencia los límites que circunscriben el campo de otras ramas del aprendizaje; nadie culpa a la gramática, por ejemplo, porque no confiere ninguna aptitud lingüística espial al gramático, o porque no mejora la melodía o la estructura sintáctica del lenguaje.
III. OBJETO DE LA HERMENÉUTICA
Después de quitar qué es exterior a la hermenéutica, nos permite entender más a fondo su apropiado objeto. Su objeto material es el libro o la escritura que debe ser explicada; su objeto formal se preocupa con el sentido expresado por el autor del libro en cuestión. De esta manera, la hermenéutica Bíblica trata sobre la Sagrada Escritura como su objeto material, suministrando un sistema complejo de reglas para encontrar y expresar el sentido verdadero de los escritores inspirados, mientras que el descubrimiento y la presentación del sentido genuino de la Sagrada Escritura podrían ser su objeto formal.
IV. DIVISIÓN DE LA HERMENÉUTICA
El método más dirto y simple de determinar el significado de un autor consiste en la última dlaración del sentido que él intentó transmitir. Tal dlaración, si procede del mismo autor o de otra persona que tenga cierto conocimiento de la mente del autor, es llamada una interpretación auténtica. La interpretación legal difiere en su proceder de la auténtica, no del legislador mismo sino de su sucesor, o de esté en igual poder legislativo o de la autoridad legal suprema. La interpretación científica difiere de la auténtica y de la legal; su valor no se derivó de la autoridad, sino de la información fidedigna y del aprendizaje del comentarista, del peso de sus argumentos, y de su adherencia fiel a las reglas de la hermenéutica.
La autoridad como tal no considera en el campo de la hermenéutica general las reglas de la hermenéutica, así delimitada, podrían ser de aplicación universal o particular, es dir, podrían ser válidas para la corrta explicación de cualquier libro o escritura, o pueden ser adaptadas para una clase particular de los libros, por ejemplo, Sagrada Escritura o Derecho Canónico. La hermenéutica Bíblica pertene a esta segunda clase, no porque las reglas universales de la exégesis son inaplicables a los Libros Sagrados, pero porque el carácter Sagrado de la Biblia exige las reglas adicionales de la interpretación, que no son aplicables a las escrituras profanas. Finalmente, la Hermenéutica Bíblica es cualquiera de las dos, general o espial, según el carácter de las reglas exegéticas que contiene: es general si sus reglas son aplicables a la Biblia entera; es espial si se piensan solamente para la explicación de libros particulares, por ejemplo, los Salmos o las Epístolas Paulinas. Pero, como en la lógica la espie contiene todas las notas esenciales del género, así que la hermenéutica espial contiene todas las reglas exegéticas de la hermenéutica general, y la hermenéutica particular adopta todas las leyes de la interpretación impuestas por la hermenéutica universal.
V. PRIMER PRINCIPIO DE LA HERMENÉUTICA
Puesto que las leyes hermenéuticas más espiales no contradicen las leyes más generales, pero solo las determinan más corrtamente para adaptarlas a las escrituras particulares, las cuales son explicadas; debería ser posible determinar el primer y más alto principio o ley de la hermenéutica, de la cual se derivan todas las reglas exegéticas espiales. El lector rordará que tales primeros principios existen en otras ciencias, también; en lógica, por ejemplo, y en la ética, nosotros tenemos el principio de la contradicción un principio de hacer lo bueno resptivamente. Volviendo a la hermenéutica, el pensamiento se debe derivar del lenguaje según la misma ley que regula la expresión del pensamiento en el lenguaje, el proceso solamente sería invertido. Respto a esto, el lenguaje en general no difiere de un mensaje de la clave que se deba leer según el código en el cual fue escrito. Ahora un escritor utiliza comúnmente el código de su día y de sus propias circunstancias puliares; él emplea el lenguaje de acuerdo con sus usos puliares y sus reglas de la gramática; él sigue en la expresión de sus pensamientos la suencia de la lógica, y sus palabras reflejan su mentalidad así como también sus condiciones físicas y sociales. Si los deseos del intérprete de entender completamente al escritor, él debe guiarse por estos cuasi-criterios del significado del autor: su lenguaje, su hilo de pensamiento o el contexto, y de su condición psicológica e histórica a la hora de la escritura. Por lo tanto fluye el primer y más alto principio de la hermenéutica: Encontrar el sentido de un libro por su lenguaje (gramatical y filológicamente), por las reglas de la lógica (desde del contexto), y por la condición mental y externa del escritor. Expresando la misma verdad negativamente, podemos dir que ningún significado de un pasaje que no este de acuerdo con su gramática, su contexto, y las condiciones internas y externas de su autor, no puede ser el sentido verdadero del escritor. En el caso de la Escritura, el hecho de su inspiración y de su interpretación auténtica por la Iglesia, se debería agregar a los tres criterios comunes de la interpretación; por lo tanto ningún significado sin armonía con la gramática Bíblica, el contexto, o las condiciones concretas de los escritores bíblicos, o sin armonía con el hecho de la inspiración y el espíritu de la interpretación de la Iglesia, no puede ser el sentido verdadero de la Escritura. Respeto solamente al primero de estos tres criterios hace racionalista a la exégesis; la observancia de los primeros cuatro es un ronocimiento de la doctrina Cristiana espífica de la inspiración Bíblica; pero es solamente la conjunción del quinto con los otros cuatro que da vida a la verdadera exégesis Católica sin destruir el carácter racional y simplemente Cristiano de la interpretación.
VI. FUENTES DE LOS PRINCIPIOS DE LA HERMENÉUTICA
Las observaciones predentes revelan las fuentes de las cuales la hermenéutica deriva sus principios sundarios. Presupone un conocimiento gramatical y filológico del lenguaje en la cual se escribió el trabajo, de un conocimiento con las leyes de la lógica y de la retórica, y de una familiaridad con los datos de la psicología y de los hhos de la historia. Éstas son las fuentes de las reglas de la hermenéutica universal; en el caso de las Sagradas Escrituras, el intérprete científico debe estar bien versado en el llamado lenguaje Sagrado o Bíblico; él debe estar bien versado en historia Bíblica, arqueología, y geografía; él debe conocer los distintos dogmas Cristianos relacionados sobre la Biblia y su historia; finalmente él debe estar bien instruido en patrología, historia lesiástica, y literatura Bíblica. Antes de entrar en la explicación de cualquier libro particular de la Escritura, el comentarista también debe estar versado en las preguntas dogmáticas, morales, filosóficas, y científicas contadas con su tema particular. A la luz de estos muchos requisitos, uno entiende fácilmente porqué es tan difícil encontrar los comentarios que son completamente satisfactorios, y uno también se da cuenta de la nesidad de leer varios comentarios antes de que uno pueda demandar completamente entender las Escrituras o cualquier parte de la misma.
VII. DESARROLLO HISTÓRICO DE LA HERMENÉUTICA
Viendo la importancia de la hermenéutica Bíblica, puede parerse a una cuestión de sorpresa que esta rama del estudio no fue desarrollada previamente. Pero la historia de cada ciencia demuestra que la práctica prede de la teoría. El Lenguaje, por ejemplo, había estado en el uso para muchas generaciones antes de que las gramáticas sistemáticas fueran escritas, la salud había sido el objeto del cuidado por siglos antes del crimiento de la ciencia de la medicina. De una manera similar, los libros de la Sagrada Escritura fueron leídos y explicados por medio de lo qué podría ser llamada la hermenéutica natural antes de que en la ciencia de la exégesis fuera pensada. Deut., xvii, 8-12, 18; xxi, 5; xxxi, 9-13, 24-26, podrían ser mirados por lo menos como su contenido del testimonio implicado en favor de la práctica de la exégesis, aunque es imposible determinar las leyes hermenéuticas entonces vigentes.
A. Desarrollo Judío
Al poco tiempo después de los días de Cristo, R. Hillel establió siete reglas de la hermenéutica (middoth), entre las cuales se encuentran la inferencia del más grande al menor contexto, de lo general a lo particular para los pasajes paralelos. Al principio del segundo siglo R. Yishma ’el ben Elisha’ aumentó el número de las reglas de Hillel a tre, tratando entre otras preguntas la manera de armonizar los pasajes contradictorios. Cerca de la mitad del segundo siglo R. Eli’ezer deribó treinta y dos reglas de la hermenéutica desde entonces prevale el método de la interpretación, y éstas todavía son encontradas en las ediciones del Talmud después del tratado "Berakhoth". En la Edad Media Aben Ezra y Maimonides explicaron ciertas reglas de la hermenéutica, pero ningún escritor rabínico ha escrito ex profeso cualquier tratado completo sobre hermenéutica Bíblica.
Desarrollo Cristiano
Los Primeros Tres Siglos
Entre los primeros Cristianos, también, las Escrituras fueron leídas y explicadas sin la orientación de cualquier regla ronocida de la hermenéutica. Podemos deducir de los refranes de los Padres que la tradición y la analogía de la fe eran las leyes soberanas de los primeros intérpretes Cristianos. En el segundo siglo Melito de Sardis compuso un tratado de la hermenéutica, titulado "La Llave", en la cual él explicó los tropos Bíblicos. Los Padres de los siglos tercero y cuarto sugirieron muchas reglas de la interpretación sin ropilarlas en algún trabajo distinto. Además de Tertuliano y Clemente de Alejandría, Orígenes propuso y defendió contra Judíos y heréticos sus reglas de la exégesis en su trabajo "De principiis", lib. IV; Diodoro de Tarso (días antes del 394 d.C.) escribió sobre la diferencia entre el tipo y la alegoría, pero su trabajo "Quomodo differt theoria ab allegoriâ" había sido perdido; San Juan Crisóstomo impulsa al comentarista a estudiar el contexto, el autor, los ltores, la intención del interlocutor, la ocasión, el lugar, la época, y la manera de escribir (Hom. en Jer. x, 33; Hom. xv en Juan.) San Jerónimo, ha dejado también muchas pistas sobre el método apropiado de la interpretación ("Ep. ad Pammach."; "De optimo genere interpretandi"; "Lib. quaest. Hebr. in Gen."; "De nominibus et loc. Hebr."; "Praef. in 12 prophet."; "In quat. evang.", etc.).
Desde el Siglo Cuarto al Dimocuarto
Alrededor del 390 A. D. (Anno Domini) el Donatista Ticonius publicó un trabajo titulado "Septem regulae ad inquirendum et inveniendum sensum S. Scripturae", los cuales eran incompletos y contaminados con errores; estaba en este relato que San Agustín (d. 430 d.C.) escribió en su trabajo "De doctrinâ Christianâ libri quatuor", en el cual él trató las reglas de la interpretación más satisfactoriamente que había sido hhas antes de su tiempo. Los principios de la hermenéutica se pueden encontrar dispersos también en otros trabajos del gran Doctor Africano, por ejemplo, en su "De Genes.", su "Exposit. Psalm.", y su "De civit. Dei". San Isidoro de Pelusium (d. cerca del 440-450 d.C.) dejó las cartas que explicaban los principios de la hermenéutica de la escuela de Antioquia, y también un trabajo titulado "De interpretatione divinae scripturae". A Eucherius de Lyons (d. cerca de 450 d.C.) le estamos agradidos por dos trabajos hermenéuticos, "Formularum spiritualis intelligentiae ad Uranium liber unus: y "Instructionum ad Salonium filium libri duo". En el siglo quinto, también, o al principio del sexto, el monje Adrián explicó las expresiones figuradas de la Sagrada Escritura, espialmente del Viejo Testamento, según los principios de la escuela de Antioquia en un trabajo titulado "Introductio ad divinas scripturas". Cerca de la mitad del siglo sexto Julius Africanus escribió su carta célebre a Primasius, "De partibus divinae legis" en la cual él expone las reglas de la interpretación Bíblica, como él las ribió de un adherente de la escuela de Edessa. Aproximadamente en la misma época M. Aurelio Casiodoro (d. cerca de 565-75 d.C.) escribió, entre otros trabajos: "De institutione divinarum litterarum", "De artibus et disciplinis liberalium litterarum", y "De schematibus et tropis".
El Concilio de Trento
Aunque conocemos algunos trabajos hermenéuticos completos durante el período de la Edad Media, todavía tenemos copiosas reglas exegéticas en los comentarios y las introducciones de San Beda el Venerable, Alcuino, Rabano Mauro, Hugo de San Víctor, y espialmente Santo Tomás (Summ. theol., I, Q. i, n. 9 sq.). Había varias razones espiales que condujeron a la promoción de estudios Bíblicos y hermenéuticos en los siglos dimocuarto y dimoquinto. El Concilio de Viena (1311) ordenó que la cátedra de idiomas Orientales debían ser anexadas en las universidades; los estudios humanísticos comenzaron a prosperar de nuevo y reaccionaron favorable en la búsqueda de idiomas Bíblicos; el descubrimiento del arte de la impresión (1440-1450) facilitó la extensión de las Escrituras; la toma de Constantinopla por los Turcos (1453) ocasionó la emigración que va hacia el oeste de los Griegos doctos numerosos, que llevaron con ellos sus tesoros literarios así como su aprendizaje y habilidad artística. Durante este período, también, fue que Nicolás de Lyra (d. 1340 d.C.) escribió sus trabajos, "Tractatus de differentiâ nostrae translationis ab Hebr. litterâ y "Liber differentiarum V. et N. Testamenti", y Juan Gerson (d. 1429 d.C.) produjo su tratado de hermenéutica titulado "Propositiones de sensu litterali Scripturae Sacrae", en el cual él considera las diversas clases del sentido de la Escritura, y expresa su preferencia para que el sentido literal sea determinado según la enseñanza de la tradición y de las dlaraciones de la Iglesia. En el siglo dimosexto la llamada Reforma comenzó con mirar la analogía de la fe y los símbolos como los criterios de la exégesis Bíblica, pero finalmente tuvieron que caer detrás de las reglas del Cristianismo e incluso de la hermenéutica racionalista, de modo que prepararan naturalmente la manera para el racionalismo Bíblico del siglo dimoctavo. La literatura hermenéutica Católica también crió durante estos siglos, en parte debido a la rivalidad entre los eruditos Católicos y Protestantes. Como esto tendía a agrandar los trabajos hermenéuticos, la claridad y la minuciosidad exigieron la separación de la hermenéutica de la crítica, de lo histórico, y de las preguntas dogmáticas, y la prueba sólida del desarrollo de los principios estrictamente hermenéuticos.
VIII. RELACIONES DE LA HERMENÉUTICA CON OTRAS RAMAS DE LOS ESTUDIOS SAGRADOS
Podría ser de interés el considerar la relación en la cual la hermenéutica, reducida a sus propios límites espíficos, dedicarse a las otras ramas de los estudios de la Escritura. Se excusa dir, la primer intervención en el estudio científico de la Biblia consiste en conocerse a sí misma con fundamentos y la extensión de la autoridad Divina y humana con la cual la Escritura esta dotada; la llamada introducción histórico-crítica de la Sagrada Escritura nos enseña todo esto. El segundo paso nos conduce a la llave para la corrta comprensión de esta doble colción autoritaria de libros, es dir, al estudio propio de la hermenéutica. La etapa final del estudio de la Biblia es la exégesis, que abre en nosotros los tesoros íntimos de las escrituras inspiradas. Todo esto estaría muy simple y claro, si la segunda etapa no exigió el conocimiento adicional: filología sagrada, historia, y arqueología sagrada. Sería absolutamente imposible aplicar las reglas de la hermenéutica sin poseer este conocimiento. Finalmente, quienes ordenan estos estudios teológicos sistemáticamente ponen la filosofía y el estudio de la Biblia, junto con la historia y la patrología eclesiásticas, entre los preámbulos que nos preparan para la teología teórica (fundamental, dogmática, y apologética), la teología práctica (moral), la teología pastoral, y el derecho canónico.
IX. CONTENIDO DE LA HERMENÉUTICA
Después de considerar a la hermenéutica en relación a sus ramas cognadas del estudio, podemos volver a un escrutinio más exacto de su propio contenido. Hemos visto que la ciencia de la interpretación tiene para su objeto formal el descubrimiento y la presentación del sentido de la Sagrada Escritura. A partir de este hecho, podemos deducir que
· un tratado completo de la hermenéutica debería tratar primero del sentido de la Escritura en general;
· debe poner las reglas definidas para encontrar este sentido;
· debe enseñarnos cómo presentar este sentido a otros.
Estas tres preguntas se han explicado completamente en el artículo EXÉGESIS, de modo que sea innesario repetir sus progresos resptivos aquí. Será útil, sin embargo, para que el lector tenga ante sus ojos un resumen de los puntos principales tratados en ese artículo.
X. RESUMEN DE LOS PRINCIPIOS DE LA HERMENÉUTICA
(1) El escritor comienza dividiendo el sentido genuino de la Escritura Sagrada como:
· el sentido literal
o su naturaleza
o su división
o su ubicuidad
o su unidad y multiplicidad
o Las dos clases de un sentido supuesto de la Escritura que en el mejor de los casos llevan solamente una analogía al sentido Bíblico verdadero:
§ el derivativo o el sentido consiguiente,
§ y la comodidad bíblica.
· el sentido típico
o su naturaleza
o sus divisiones
o su existencia
o su ocurrencia en el Viejo y en el Nuevo Testamento
o su criterio
o su valor teológico.
(2) En seguida el escritor trata de encontrar en el método el sentido genuino de la Escritura, considerando:
· el carácter humano de la Biblia, que exige una interpretación histórico-gramatical de modo que el comentarista deba tener presente
o la significación de la expresión literaria de su lengua sagrada y de la Escritura;
o el sentido de su expresión literaria, que es determinada a menudo por el tema de la escritura, por su ocasión y propósito por el contexto gramatical y lógico, y por los pasos paralelos;
o el ajuste histórico del libro y de su autor.
· El carácter divino o inspirado de la Biblia requiere una interpretación Católica supuesta, que implica las dirciones adicionales de
o un carácter negativo que previene (a) toda la irreverencia y (b) la admisión de cualquier error y
o de una naturaleza positiva, que fue ordenada por el intérprete al respto (a) las definiciones de la Iglesia, (b) la interpretación patrística, y (c) la analogía de la fe.
(3) Después de que el sentido genuino de la Escritura Sagrada se haya encontrado, tuvo que ser presentado a otros por medio de:
· la versión,
· la paráfrasis,
· la glosa y el escolio
· la disertación,
· finalmente del comentario.
La homilía también puede ser clasificada entre el método más popular de exposición Bíblica.
(4) Las páginas concluidas del artículo EXÉGESIS están dedicadas a una breve historia del tema:
· La exégesis Judía se divide en (a) Palestino y (b) Helenístico;
· La exégesis Cristiana comprende,
o el período patristico
§ los Padres Apostólicos y los apologistas,
§ los Padres Griegos de las dos tendencias Alejandrinas y Antioquenas,
§ los Padres Latinos
o el tiempo de la edad Patrística (en su sentido más estrho) al Concilio de Trento, donde satisfacemos otra vez con (a) a escritores Griegos, y (b) de los eruditos Latinos, pre-Escolásticos o Escolásticos;
o el período después del Concilio de Trento con:
§ sus escritores Católicos de la edad de oro, del período de transición, y de épocas rientes, y
§ de los exegetas no-Católicos, si están en el número del primeros Reformadores, o de sus sucesores inmediatos, u otra vez de los racionalistas.
Hemos agregado este examen de la historia de la exégesis porque lanza la luz en el desarrollo histórico de la hermenéutica.
XI. DOS PREGUNTAS ESPIALES
Ningunas dificultades serían planteadas contra el intérprete Bíblico mientras él permane dentro de la esfera de las reglas que gobiernan su exégesis gramático-histórico; pero se levantarán protestas tan pronto como él impulse el principio de la inerrancia Bíblica, y el deber de reverenciarse a la autoridad de la Iglesia. Algunas observaciones adicionales respto a estos dos puntos por lo tanto no estarán fuera de lugar.
A. INERRANCIA
Naturaleza de la Inerrancia
La inerrancia de la Escritura significa que su verdad hermenéutica es también objetivamente verdad, y que su sentido genuino es presentado aduadamente por su expresión literal, por lo menos por su expresión literal completa, basada en el texto original interpretado a la luz del propósito espial del Espíritu Santo y de su previsto círculo de ltores. Pero esta perfción de la presentación literaria no quita la oscuridad y la ambigüedad de la expresión, los deftos que fluyen naturalmente de los autores humanos de los diversos libros de la Escritura Sagrada, y fue prevista, y por las buenas razones permitidas o aún previstas, por el Espíritu Santo. Ni la veracidad absoluta de la Escritura Sagrada implica que la Biblia siempre presenta toda la verdad bajo todos sus asptos, ni exige que todo lo dicho textualmente por la Biblia como hhos históricos son objetivamente verdaderos. Las palabras textuales en la Escritura según lo hablado como interlocutores son infaliblemente veraces, por ejemplo, por Dios Mismo, o los buenos ángeles, o los profetas y los apóstoles inspirados realmente, o por el mismo escritor sagrado mientras que bajo la influencia de la inspiración, todas estas palabras no están ni simple e históricamente, pero también objetivamente, verdad; pero las palabras citadas en la Escritura como procediendo de los interlocutores abiertos al error no son nesariamente verdades objetivas, aunque son históricamente verdades. Si sin embargo tales palabras profanas son expresamente aprobadas por los escritores inspirados, son también objetivamente verdades.
Consuencias que fluyen de Inerrancia
Se sigue diciendo que no puede haber contradicciones en la Biblia, y que no puede haber oposición verdadera entre las dlaraciones Bíblicas y las verdades de la filosofía, la ciencia, o la historia.
Sin contradicciones en la Escritura Sagrada
La imposibilidad de cualquier contradicción existente en la misma Biblia fluyen del hecho de que Dios es el autor de la Escritura Sagrada, y sería el supuesto responsable de cualquier discrepancia. Pero ¿cómo podemos remediar de las aparentes contradicciones de la Escritura, la existencia de la cual no puede ser negada?
En algunos casos es prácticamente cierto que nuestro presente texto ha sido corrompido. I Reyes, xiii, I, dicen que Saúl era un niño de un año en que empezó a reinar, y él reinó dos años sobre Israel, aunque, según Hhos, xiii, 21 (y José, Antiq., VI, xiv) Saúl reinó cuarenta años, empezando en la edad de veintiuno. En el caso anterior, las cartas del texto Hebreo indican cuarenta y veinte resptivamente mas deben haberse perdido. Una corrupción similar debe ser admitida en III Reyes, iv, 26, en la cual Salomón cedió un establo para 40,000 caballos de carrera en vez de los 4000 que le asignaron en II Par., IX, 25 (texto Hebreo).
En otros casos las contradicciones aparentes en la Biblia son debido a una exégesis errónea de uno o ambos pasajes en cuestión. Tales interpretaciones incorrtas son causadas fácilmente por el cambio del significado de una palabra; por la suposición de un nexo incorrto de las ideas (cronológico, verdadero, o psicológico); por una restricción o una extensión del significado de un pasaje más allá de sus límites naturales; por un intercambio figurativo apropiado, con absoluto, lenguaje hipotético; por una concesión de la autoridad Divina a las meras citas de fuentes profanas, o por una negligencia de la diferencia entre el Viejo y Nuevo Testamento. Así la palabra "tentar" tiene un sentido en Gen, xxii, 1, y absolutamente otro sentido en Santiago, i, 13; las expresiones "fe" y "trabajos" no tienen el mismo sentido en Rom, iii, 28, y Santiago, ii, 14, 24; el "compañero sincero" de Fil., iv, 3, no significa "esposa", y no pone este pasaje en oposición de I, Cor., vii, 8; el "odio de los padres" inculcado en Lucas, xiv, 26, no es el odio prohibido por el mandamiento del dálogo; los nexos de los acontimientos en el Primer Evangelio no es cronológico y no estable una oposición entre San Mateo y los otros Evangelistas; en I Reyes, xxxi, 4, el escritor inspirado atestigua que Saúl se matara el mismo, mientras que en II Reyes, i, 10, el Amalita mentiroso se jacta que él mata bruscamente a Saúl; en Juan, i, 21, el Bautista niega que él es "el profeta", sin la contradicción de la dlaración de Cristo en Mateo, xi, 9, que Juan es un profeta; etc.
Las contradicciones aparentes en la Biblia pueden tener su fuente en una identificación errónea de palabras o de hhos distintos, en una negligencia de la diferencia del punto de vista de diversos escritores o interlocutores, o finalmente en una suposición errónea de la oposición entre dos pasajes realmente concordantes. Así el Gen, xii, 11 sqq., refiere a los hhos enteramente diferentes de ésos relacionados en el Gen, xx, 2, y xxvi, 7; la curación del criado del centurión relatado en Mateo, viii, 5 sqq., es enteramente distinta de la curación del hijo del rey mencionado en Juan, iv, 46 sqq.; la multiplicación de los panes en Mateo, xiv, 15 sqq., es distinta de la descrita en Mateo, xv, 32 sqq., la limpieza del templo relacionado en Juan ii, 13 sqq., no es idéntica con el acontimiento dicho en Mateo, xxi, 12 sqq.; la unción descrita en Mateo, xxvi, 6 sqq., y Juan, xii, 3 sqq., difiere de lo dicho en Lucas, vii, 37 sqq.; los profetas vieron la venida de Cristo desde un punto de vista histórico, moral, y escatológico, etc.
Sin Oposición entre la Verdad Bíblica y la Profana
Prueba -- hasta el momento hemos considerado las aparentes contradicciones entre diferentes dlaraciones de la Escritura Sagrada; una palabra se debe agregar sobre la oposición que puede aparer de existir entre la enseñanza de la Biblia y los principios de la filosofía, de la ciencia, y de la historia. El estudiante de la Biblia debe estar convencido de que no puede haber una oposición verdadera. El Concilio Vaticano dlara expresamente: "aunque la fe está sobre la razón, nunca podría haber una discrepancia verdadera entre la fe y la razón, desde el mismo Dios, que revela los misterios e infunde la fe, implantado en la mente humana la luz de la razón" (Sess. III, Constit. de fide cath., cap. iv). La misma verdad es mantenida por León XIII en la Encíclica "Providentissimus Deus": "Deje el docto mantener firmemente que el Dios el creador y las reglas de todas las cosas sea también el autor de las Escrituras, y que por lo tanto nada se puede roltar de la naturaleza, nada de documentos históricos, que realmente contradicen las Escrituras." Consuentemente, cualquier contradicción e
Hermón
Santo irlandés anterior a San Patricio, que trabajó en el actual condado de Wexford desde 425 hasta 450, ronoció la jurisdicción de San Patricio y fue confirmado en el episcopado. Pese a haber sido misionero antes de la llegada del gran apóstol nacional de Irlanda, San Ibar fue contemporáneo de San Patricio y es considerado como el patrono de Begerin, en el puerto de Wexford. Aunque al principio no estaba dispuesto a ceder ante San Patricio, finalmente se sometió y se convirtió en su discípulo. Existe poca claridad respto de su etapa de aprendizaje, pero el 480 se establió en Begerin, donde construyó un oratorio y una celda. En la "Vida de San Abban" se señala que el retiro de San Ibar se vio colmado por numerosos discípulos de todas partes de Irlanda, y las "Letanía de Aengus" invoca los tres mil confesores que se pusieron bajo las dirciones de San Ibar. Su sobrino, San Abban, llegó a Begerin a los 12 años durante la vejez de San Ibar, a quien acompañó a Roma. Su nombre apare escrito de diversas maneras Ibar, Iberius e Ivor, y su muerte ha sido registrada por las crónicas el año 500 un 23 de abril, día en que su fiesta se celebra.
W.H. GRATTAN-FLOOD
Transcrito por Christine J. Murray
Traducido O.A
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